Ningunear


Antes de que sin querer la tormenta llegue, que por allí suena me coja y me ponga empapado y lleno del barro en esta calle sin asfaltar. Antes de que el semáforo se ponga en rojo. Antes de que la sirena del principio de la jornada en la fábrica suene como lo hace cada amanecer. Antes incluso de que ese gallo cante y antes de que la suerte se reparta como el roció en esta madrugada que retoma los olores del otoño remojando la tierra. Ya ha comenzado a llover. Por allí a lo lejos donde alcanza la vista el cielo esta gris y parece como si un velo de niebla se acercará a las casas del pueblo y las visitara de nuevo como cada cierto tiempo, como el hijo pródigo, cual esencial método de supervivencia y de salvajes totems de existencia. La lluvia ya suena en el silencioso vallecillo que llega hasta la playeta del río.

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