HISTORIA DE LA FILOSOFÍA EN ESPAÑA


MANUEL CLAROS YULE

Historia de la filosofía en España
hasta el siglo XX

 

 

Mario Méndez Bejarano

 

 

Madrid

 

 

 

 

[1927]
Mario Méndez Bejarano
Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX

Índice

Prólogo.

Capítulo primero. Tiempos primitivos

Orígenes de la nación española. Civilización tartesia. Leyes, poemas, opulencia, alfabeto, creencias religiosas, ritos, monoteísmo. Antigüedad, de la cultura turdetana. Latinización de la Bética. Sus progresos. Su influjo en la versificación y el gusto artístico. 1.

Capítulo II. Época pagana

Predominio español en la edad de plata de la literatura latina. Lucio Anneo Séneca: sus obras filosóficas, su carácter, su originalidad, su relación con otras escuelas, su obra científica. Moderato: su doctrina. Quintiliano. Anneo Sereno y Deciano: su insignificancia. Juicio de esta etapa. 9.

Capítulo III. Época cristiano-romana

Primeras manifestaciones. Heterodoxias. Los agapetas. Prisciliano: descubrimiento de opúsculos suyos. Sus doctrinas. Juicio de ellas. Baquiario. Origenismo: los Avitos. 15.

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OPUS DEI CONSTITUCIÓN –


CONSTITUCIONES DEL OPUS DEI
PARTE PRIMERA: DE LA NATURALEZA
Y MIEMBROS DEL INSTITUTO
Capítulo I: De la estructura y finalidad del Instituto
Capítulo II: De los miembros del Instituto
Capítulo III: De la admisión en el Instituto
Capítulo IV: De la incorporación al Instituto
Capítulo V: De la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz
Capítulo VI: De la separación del Instituto
Capítulo VII: Del despido de los socios
PARTE SEGUNDA: DE LA VIDA DE LOS MIEMBROS EN EL INSTITUTO
Capítulo I. De la instrucción de los miembros
Capítulo II: De las obligaciones comunes
artículo1: De la obediencia
artículo 2: De la castidad
artículo 3: De la pobreza
artículo 4: De la observancia de las constituciones
Capítulo III: Del espíritu del Instituto
Capítulo IV: De la observancia de las costumbres piadosas
Capítulo V: De los deberes de devoción de los socios
Capítulo VI: De la promoción a las órdenes sagradas
Capítulo VII: De los enfermos y los difuntos
PARTE TERCERA: DE LA DIRECCIÓN DEL INSTITUTO
Capítulo I. Del régimen general
Artículo 1: De la elección del Presidente del Instituto y de los Congresos
Generales
http://opusdei.port5.com
Artículo 2: Del Padre
Artículo 3: Del Vicepresidente
Artículo 4: Del Consejo del Presidente
Artículo 5: De la administración general
Capítulo II: De la dirección regional
Capítulo III: De la dirección local
Capítulo IV: De las Semanas de trabajo
PARTE CUARTA: DE LA SECCIÓN DE MUJERES
Capítulo I: De su modalidad, su fin y sus miembros
Capítulo II: De la dirección
* * * * * * * * * *
* * * * * * * * * *
PARTE PRIMERA: DE LA NATURALEZA
Y MIEMBROS DEL INSTITUTO
Capítulo I: De la estructura y finalidad del Instituto
Capítulo II: De los miembros del Instituto
Capítulo III: De la admisión en el Instituto
Capítulo IV: De la incorporación al Instituto
Capítulo V: De la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz
Capítulo VI: De la separación del Instituto
Capítulo VII: Del despido de los socios
Capítulo I: De la estructura y finalidad del Instituto
1. El Instituto, cuyo título es Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei, pero con
nombre abreviado Opus Dei, es un Instituto Secular consagrado a la adquisición de la perfección
cristiana en el mundo y al ejercicio del apostolado. La denominación de Opus Dei corresponde
al Instituto en su totalidad; sin embargo, hay en él una cierta agrupación de miembros, a
la que se da el nombre de Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que consta de sacerdotes
del Instituto y algunos laicos que a juicio del Padre seconsideran mejor dispuestos para recibir
en su día el sacerdocio.
2. La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz con el espíritu que le es propio vivifica al Opus Dei
en su totalidad y lo informa de tal modo que lo hace clerical en el sentido de que las principales
funciones de la dirección se reservan en general a sacerdotes; [de que] la categoría de los
sacerdotes, como verdadero Instituto clerical en cuanto a todo aquello que ataña a la vida clerical,
y en fin, todo el cuerpo del Opus Dei queda equiparado a los Institutos clericales, atendiendo
solamente a las normas de estas Constituciones y juntamente a las especiales prescripciones
e indulgencias de la Santa Sede que fueron concedidas al Instituto o que más adelante
puedan concedérsele, y aún más, que por la misma causa los socios laicos disfrutan como individuos
de los derechos y privilegios de los clérigos y no están subordinados a los cargos clericales.
3. § 1. El objetivo general de la finalidad del Instituto es la santificación de los miembros por
medio del ejercicio de los consejos evangélicos y por la observancia de estas Constituciones.
§ 2. Pero lo específico sea esforzarse con todo empeño en que la clase que se llama intelectual
y aquella que, o bien en razón de la sabiduría por la que se distingue o bien por los cargos
que ejerce, bien por la dignidad por la que se destaca, es directora de la sociedad civil, se
adhiera a los preceptos de Nuestro Señor Jesucristo y los aplique in praxim; y asimismo favorecer
y difundir entre todas las clases de la sociedad civil la vida de perfección en el siglo e informar
a hombres y mujeres para el ejercicio del apostolado en el siglo.
4. § 1. Este fin se consigue por medio de la santificación del trabajo ordinario y por medio del
ejercicio del cargo profesional o de otro equivalente, cargo que los miembros no abandonan, ya
que justamente persiguen por medio de él la santificación.
§ 2. Por ello el Instituto exige de sus propios alumnos un exquisito cultivo del espíritu, así en
los deberes de la devoción como en las disciplinas ya eclesiásticas ya profanas; fomenta en
ellos un perfecto cumplimiento de las funciones profesionales y sociales, incluidas las de la
Administración pública, por las cuales ha de perseguirse la perfección del propio status; promueve
y dirige las instituciones y las obras que miran al cultivo de la mente y al perfeccionamiento
del espíritu, como las casas y residencias para estudiantes, las casas de ejercicios espirituales
y otras instituciones por el estilo.
§ 3. Así pues, los medios que los miembros del Opus Dei prefieren y de los que deben valerse
con preferencia son: la vida de oración y sacrificio, según el espíritu del Instituto, y una fidelidad
la mayor posible en el cumplimiento de la actividad o profesión social propia de cada uno.
5. Los miembros del Instituto profesan la perfección evangélica, de tal modo sin embargo que
no han de pronunciar votos religiosos ni llevar consigo en sus personas o casas signo alguno
externo que indique una familia religiosa sino e los clérigos llevan el vestido clerical común del
lugar en que residen y los laicos las vestimentas acostumbradas entre las clases de la misma o
semejante profesión o condición social.
6. El Opus Dei profesa una humildad colectiva, por lo cual no puede editar hojas ni publicaciones
de cualquier género con el nombre de la Obra, a no ser internamente para uso de los
socios; sus miembros no llevan signo alguno distintivo; hablan cautamente del Opus Dei con
los extraños; pues la acción debe ser modesta y no ostentosa; el Opus Dei, como pluralidad,
no interviene en ningún acto social ni es en él representado.
7. El Opus Dei no tiene en general una forma específica de actividad colectiva externa. Ante
todo, debe procurar la formación espiritual y apostólica de los miembros. En cuanto al apostolado,
los miembros lo realizan por medio del ejercicio de las funciones y de los cargos públicos o
bien por medio de asociaciones legítimamente constituidas, según parezca que lo exigen las
circunstancias de tiempos y lugares, y guardan suma reverencia también para con las leyes
legítimas de la sociedad civil.
8. Los socios del Opus Dei emplean su actividad en tres obras, cada una de las cuales está
constituida bajo patronos, a saber:
1.p Obra de San Rafael y de San Juan, para cultivar a los jóvenes; este trabajo es el más propio
del Opus Dei y como semillero del Instituto.
2.p Obra de San Gabriel y de San Pablo, para instruir a los socios Supernumerarios y fomentar
la observancia por parte de éstos, para fortalecería y para hacerla más profunda cada día, así
como también, con ayuda de los mismos miembros Supernumerarios, para imbuir a las diversas
clases de la sociedad civil de un criterio católico, profesional y social.
3.p Obra de San Miguel y de San Pedro, para promover la formación de los Numerarios y de
los Oblatos, y para buscar la solución más oportuna a las cuestiones académicas, sociales,
profesionales, etc., con vistas al bien de las almas.
9. Los socios del Opus Dei actúan ya individualmente, ya por medio de asociaciones que pueden
ser bien culturales o bien artísticas, pecuniarias, etc., y que se llaman sociedades auxiliares.
Estas sociedades están igualmente, en su actividad, sujetas a obediencia a la autoridad
jerárquica del Instituto.
10. § 1. El Instituto, a no ser que otra cosa se estime necesaria, para sostener o fomentar los
servicios y las obras, no tendrá ninguna Iglesia propia, no fomentará ninguna asociación de fieles
propia; no recibirá estipendios por misas ni pago alguno por el ejercicio del ministerio sacerdotal,
incluso cuando haya sido ofrecido espontáneamente, ni compensación de los gastos que
por razón de viaje haya de soportar alguno de los miembros. Solamente pueden los sacerdotes
del Instituto recibir hospedaje y alimentación con ocasión de algún servicio espiritual. Sin
embargo, el Opus Dei acepta legados de cualquier género destinados a perseguir la finalidad
del Instituto; pero él de por sí no posee bienes inmobiliarios ordinariamente.
§ 2. Si entre todas estas cosas pareciere oportuno en el Señor admitir por graves causas alguna
excepción, el Padre según voto deliberativo del Consejo, hasta tanto que perdure la necesidad
o la gran utilidad, puede decretar esa excepción.
11. Si las circunstancias del caso exigen que el Opus Dei o la Sociedad Sacerdotal de la Santa
Cruz, en las diversas regiones, se constituya en sociedad civil, el Consiliario regional podrá
designar a su arbitrio un órgano directivo 0 consejo nacional, constituido por un director, un
secretario y tres vocales. De la incumbencia de este Consejo será procurar que el Opus Dei
observe siempre fielmente las leyes de la región o nación y que se mantenga o actúe dentro de
los límites por ellas establecidos; recoger y proporcionar los medios económicos necesarios
para atender a los gastos anuales del Opus Dei; asimismo cumplir con diligencia y fielmente
otros deberes que puedan serle impuestos por el propio Consiliario regional.
12. La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y el Opus Dei tienen como patronos, a los que
veneran con singular devoción: a la Bienaventurada siempre Virgen María a quien el Instituto
adora como Madre; a San José esposo de la citada Bienaventurada Virgen María; a los Santos
Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael; a los Santos Apóstoles Pedro, Pablo y Juan, a quienes se
consagran especialmente la Institución entera y cada uno de los tipos de actividad de la misma.
Capítulo II. De los miembros del Instituto
13. § 1. El Opus Dei consta de clérigos y laicos, que sin embargo en modo alguno constituyen
clases diversas en el sentido del estatuto jurídico de los religiosos; más aún, la condición laical
puede considerarse como escalón para la sacerdotal por el hecho de que los sacerdotes se
seleccionan de entre ella y en ella se preparan. Así pues, los laicos ni son ni se les llama conversos:
pues no hay en el Instituto una clase de conversos.
§ 2. El tránsito de la condición laical a la condición clerical no se prohíbe, sino que por el contrario
se aprueba enteramente.
§ 3. Hay también en el Instituto una Sección de mujeres, de la cual se trata especialmente en
la parte IV de estas Constituciones.
14. § 1. Los sacerdotes Numerarios, aparte de los diversos cargos de dirección en el Instituto,
cuidarán con especial diligencia ante todo de la formación espiritual y eclesiástica de los demás
miembros.
§ 2. Por otro lado, con los extraños ejercerán los otros ministerios propios del orden sacerdotal.
§ 3. Sin embargo, no se les prohíbe ejercer funciones profesionales que, según norma del
derecho y de las prescripciones e instrucciones de la Santa Sede, no estén opuestas al carácter
sacerdotal.
§ 4. Cargos y deberes eclesiásticos cualesquiera, aun cuando sean compatibles con su propia
situación en el Instituto, no pueden aceptarlos sin venia expresa del Padre.
§ 5. Los títulos honoríficos que suelen ser concedidos por las autoridades eclesiásticas o seglares,
ya sea a los clérigos (c. 110), ya sea a los laicos, no les están prohibidos a los nuestros.
Sin embargo, no han de intrigar por ellos y no pueden aceptarlos sino con la venia del Padre o
según la mente y criterios del mismo.
§ 6. Nada impide que, si así le parece al Padre que es conveniente en el Señor, los sacerdotes
Superiores del Instituto puedan distinguirse con alguna insignia o distintivo modesto, en razón
de su cargo.
15. En cuanto a los miembros laicos Numerarios, asumen o conservan funciones o cargos, ya
de Administración pública, ya de la enseñanza en las universidades o instituciones civiles, o
también profesionesprivadas de abogados, médicos y otras similares; asimismo también se
ocupan de comercio o de asuntos financieros. En el ejercicio de todas estas funciones han de
procurar proponerse antes que nada una verdadera actividad apostólica, que justamente realizan
con un perfecto cumplimiento de su profesión o cargo, con el ejemplo, con la amistad, o
con el trato.
16. § 1. En el Instituto, los miembros tomados en el sentido estricto, a saber, todos los miembros
Numerarios, clérigos y laicos, se consagran a la adquisición de la perfección evangélica, y
se ocupan con todas sus fuerzas en las obras de apostolado peculiares del Instituto; igualmente
llevan en el Instituto una vida de familia, de lo cual no pueden ser dispensados a no ser de
acuerdo con lo prescrito en estas Constituciones.
§ 2. La categoría de los clérigos está compuesta de socios Numerarios del Opus W y de
Oblatos y Supernumerarios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, la de los laicos, de
socios Numerarios, Oblatos y Supernumerarios.
§ 3. Entre los Numerarios algunos se llaman Inscritos, y se destinan a los cargos de dirección
del Instituto. A su vez, de estos miembros, aquellos que disfrutan de voz activa en la elección
del Presidente General del Instituto, se llaman Electores.
§ 4. Sin que se adhieran al Instituto con vínculo jurídico pueden ser agregados a éste asociados
cooperadores, acerca de los cuales [se trata] en el número 29.
17. No hay un tiempo definido de admisión al grado de Inscrito o de Elector, esto es, nadie ha
de ser promovido a tal grado a no ser que satisfaga plenamente los Superiores del Instituto. No
cabe, sin embargo,regresión desde una categoría la otra, como no sea a título de castigo,
impuesto por el Presidente con voto deliberativo de su propio Consejo.
18. El apostolado específico de los socios Numerarios consiste en:
1.p La santificación del propio trabajo profesional;
2.p Ofrecer a los demás ejemplo de vida cristiana en el propio servicio social;
3.p Esforzarse en la formación espiritual, religiosa y profesional de los jóvenes, y en especial
de los alumnos de los Estudios de las Universidades;
4.p Ejercer los cargos públicos con ejemplar fidelidad, en caso de que les sean confiados por el
Estado;
5.p Propagar la doctrina de la fe católica de palabra, por escrito y por todos los medios apropiados
para ello;
6.p Divulgar las obras de los católicos de las diversas naciones;
7.p Pretender especialmente aquellos lugares en que la Iglesia de Dios perseguida por sus
enemigos necesite del esfuerzo y leal auxilio de los socios.
19. Los socios Inscritos son nombrados directamente por el Padre con voto deliberativo del
Consejo general y oídos el Consiliario y el Defensor de la región. La designación se realiza con
la ceremonia descrita en el Ceremonial, la cual celebra el Consiliario o un sacerdote delegado
por él.
20. Cuando los socios Inscritos tienen capacidad para ser destinados a cargos principales de la
dirección del Instituto, antes de que se lleve a cabo la designación de cada uno de los Inscritos
para el grado, el Inscrito designado, a fin de que el Instituto pueda conservarse en su buena
situación y recibir aumento, tocando los Santos Evangelios e invocando el nombre de Cristo,
con juramento que refuerza la obligación de conciencia según la gravedad del mismo bajo vínculo
de temor religioso, debe prometer lo que sigue:
1.p Mantener firmemente la práctica de la corrección fraterna como uno de los puntales del
Opus Dei, y en la medida de sus fuerzas procurar que se conserve íntegra y viva; ejercitarla
siempre fielmente según nuestro espíritu, cuando deba considerarse necesario o sumamente
conveniente, ya para el alma de los miembros, ya para el bien del Instituto;
2.p No intrigar ni por alcanzar ni por conservar los cargos del Instituto, sean de formación, sean
de dirección;
3.p Conservar fielmente en mí mismo el espíritu de la prístina pobreza, y en modo alguno permitir
ni de ningún modo cooperar a que se desvirtúe la práctica de esta nuestra rígida pobreza,
sino por el contrario esforzarme con todo empeño en que ella se conserve, según fue profesada
por los nuestros desde los orígenes del Instituto íntegra e intacta sin ninguna apariencia
cualquiera de peculio personal.
21. Realizada ya la designación con el rito del Ceremonial, el nuevo Inscrito queda a disposición
del Presidente General, en cuanto a su primera o sus ulteriores adscripciones a las diversas
regiones del Instituto.
22. Los socios Electores son nombrados, de acuerdo con el consenso del Consejo, por el
Padre o Presidente General. Ordinariamente los socios reciben su designación por epístola
autógrafa del Padre, que les es transmitida por el Consiliario de su región. En un plazo de tres
meses como máximo, el nuevo Elector, dando previo aviso al Consiliario y proporcionándole
éste los medios oportunos, acudirá personalmente a visitar al Padre, para recibir su bendición y
para realizar ejercicios espirituales en el lugar por él designado.
23. Nade ha de ser promovido al cargo de Elector si no es con las siguientes condiciones:
1.p Que sea socio Inscrito;
2.p Que tenga al menos treinta años;
3.p Que esté incorporado por Fidelidad al Opus Dei al menos desde nueve años atrás;
4.p Que sea hombre probado en sus determinaciones, prudente, destacado por una sólida piedad;
5.p Que se distinga por su cultura religiosa y profesional;
6.p Que conozca la historia, espíritu, costumbres y tradiciones del Instituto;
7.p Que haya prestado al Instituto servicios extraordinarios;
8.p Que hayan precedido informaciones, secretas y confirmadas con juramento de verdad y
sinceridad, del Consiliario regional, de los Electores de la región y del Director local.
24. Los Electores deben ser al menos en número bastante para que pueda proveerse, no sólo
de un modo suficiente sino con facilidad, a los cargos que para ellos están reservados.
25. § 1. Miembros Oblatos pueden ser nombrados en las propias secciones, a juicio del
Superior, aquellos hombres o mujeres que, aunque tal vez no reúnan todos los requisitos que
para los miembros en sentido estricto se exige en estas Constituciones, sin embargo, siendo
solteros y libres o liberados de todo vínculo, quieren de una manera sólida y animosa consagrar
plenamente su vida entera al Señor y a las almas a la manera de los Numerarios, movidos
a ello por divina vocación.
§ 2. Los Oblatos, a no ser que oca cosa se prevenga especialmente para ellos en estas
Constituciones, reciben todos los cargos u obligaciones que los Numerarios, y deben usar de
idénticos medios ascéticos que éstos para conseguir la perfección.
§ 3. Cuando reúnen todos los requisitos para la consagración de la vida como miembros en
sentido estricto de los Institutos seculares, los Oblatos están en estado completo de adquisición
de la perfección, aunque en el Instituto hayan de ser distinguidos convenientemente de los
miembros en sentido estricto.
§ 4. Pueden vivir privadamente, separados de los otros miembros del Instituto, lo cual en general
se estima más oportuno; pero también, a indicación del Consiliario, juntamente con el
Defensor o Secretario regional, pueden llevar vida de familia en el Instituto, en Centros o casas
especiales designadas, en las cuales ordinariamente ejercen las labores del apostolado entre
las personas de su propia clase social (n., 27, § 4).
§ 5. No tienen cargo de dirección en el Instituto; pero el Consiliario regional, juntamente con el
Defensor o Secretario de la región, puede seleccionar entre ellos a los que se llaman
Consultores, para que desarrollen mejor las labores apostólicas en el ambiente social propio de
cada uno de los Consultores.
§ 6. En la medida que sea posible, al servicio de la Santa Iglesia, intentan dirigir y organizar las
labores (tanto oficiales como privadas) sociales, profesionales, económicas, etc., de aquellos
que pertenecen a su propia clase y condición social.
26. Si bien miembros del Opus Dei en sentido estricto son los socios Numerarios, a quienes
siguen inmediatamente los socios Oblatos, aparte de ellos pueden pertenecer al Opus Dei
como Supernumerarios todos aquellos hombres y mujeres, solteros y también casados, que,
movidos por una vocación apostólica y un deseo de perfección, quieren cooperar a los fines del
Instituto de acuerdo con las normas de estas Constituciones. Los casados, sin embargo, no
pueden pertenecer al Opus Dei más que como Supernumerarios o Cooperadores (n.p 29).
27. § 1. Los miembros supernumerarios se consagran parcialmente al servicio del Instituto y
como medios propios de santificación y apostolado aportan sus propios deberes y ocupaciones
familiares, profesionales y sociales, de tal modo que, permaneciendo en su propia ciudad y
familia, según la posición social que tienen, realizan principalmente el trabajo apostólico de
acuerdo con las posibilidades de cada uno. De esta manera, los Supernumerarios se esfuerzan
en fomentar y difundir en el siglo la vida de perfección y en procurar especialmente la multiplicación
de las vocaciones de Numerarios, y procuran cuidar diligentemente de los servicios de
apostolado que se les han prescrito.
§ 2. Viven con el mismo espíritu y en la medida de sus fuerzas guardan las mismas costumbres
que los socios Numerarios; pero solamente podrán ser destinados a aquellas obras que
sean compatibles con sus funciones en su propia familia natural y en la sociedad civil.
§ 3. Estos miembros no sólo no llevan vida de familia en el Instituto, sino que tanto pública
como privadamente, su vida se desenvuelve tal como la de un laico cualquiera.
§ 4 Pueden, sin embargo, en casos de excepción hacer vida de familia en e Instituto, y entonces
están sometidos a él en todo lo que lo están los Numerarios.
28. § 1. Cada uno de los Supernumerarios procurará promover y celebrar amigablemente
periódicas y frecuentes reuniones con personas más o menos pertenecientes a la propia profesión
o también ámbito social con el ánimo de difundir prudente y perseverantemente la doctrina
y el sentido de la Iglesia Católica acerca de las cuestiones que sean de actualidad en aquel
momento.
§ 2. Los Supernumerarios deben desempeñar papeles eficaces, individualmente en asociaciones
civiles, culturales, profesionales, económicas, etc., para infundir el espíritu cristiano en la
vida privada y social de aquellos con los que está asociados, y de este modo en la sociedad
entera.
§ 3. Los socios Supernumerarios que, mediando siempre los legítimos Superiores del Instituto,
recibieren de los Ordinarios de los lugares libremente, a tenor del número 27, § 2, alguna labor
o comisión, en el cumplimiento de éstas está obligados a seguir las normas de dichos
Ordinarios con espíritu de obediencia filial.
29. § 1. Los Cooperadores, con oraciones asiduas dirigidas a Dios, con limosna y en cuanto
sea posible también con su propio trabajo, prestan su colaboración a las obras que les sean
aconsejadas por los Superiores del Instituto; asimismo participan de los bienes espirituales de
la Institución.
§ 2. Los hay también que de diversos modos están grandemente alejados de casa paterna o
que no profesan la verdad católica, los cuales, sin embargo, prestan ayuda al Instituto con su
trabajo propio 0 con limosnas. Estos en razón y derecho pueden llamarse Cooperadores del
Instituto. Todos los socios del Instituto con oración, con sacrificio, con conversación, deben trabajar
con estos Cooperadores de tal modo que, intercediendo la Santísima Virgen, consigan de
la misericordia divina para ellos la luz de la fe que nunca falta y los atraigan con suavidad y eficacia
a las costumbres cristianas.
30 §. Acerca del orden de precedencia entre las varias personas del Instituto se guardan las
normas que siguen: el Padre o Presidente General siempre y todas partes ocupa el primer
lugar y todos le atienden con honor y reverencia filial; le sigue el Vicepresidente si lo hay; a
continuación el Secretario General el Procurador General, el Sacerdote Secretario Central, los
Vicesecretarios, Prefecto de Estudios, los Enviados [missí] y el Administrador General.
§ 2. Igualmente en la región correspondiente van en el siguiente orden: el Consiliario regional,
el Defensor, el Sacerdote Secretario regional, de la Comisión, los Vocales, el Delegado de
Estudios y el Administrador regional.
§ 3. Finalmente, en cada una de las sedes, el Director, el Subdirector y el Secretario. Por otra
parte, el Director en su propia casa precede a todos, exceptuados el Padre, el Vicepresidente,
el Secretario General el Procurador General, el Consiliario regional y el Visitador. Este, mientras
desempeña el cargo que le corresponde, ocupa el lugar que ocuparía aquel en nombre del
cual realiza la visita.
31. § 1. Entre los demás miembros del Instituto, el orden de precedencia se deriva de la incorporación
realizada por Oblación al Opus Dei, o bien de la edad si la Oblación se hubiese hecho
el mismo día. Aparte de esto, los Electores preceden a los demás Inscritos; los Inscritos simplemente,
a los Numerarios; y los Numerarios a los Oblatos y Supernumerarios.
§ 2. No obstante, los sacerdotes o clérigos siempre preceden a los laicos que no deban ejercer
sobre ellos potestad de gobierno, y a ellos han de rendirles todos el mayor honor y reverencia.
§ 3. Dondequiera que haya dos miembros del Instituto, a fin de no verse privados del mérito de
la obediencia ha de guardarse siempre una cierta subordinación, por medio de la cual el uno
quede sometido al otro según orden de precedencia, a no ser que estuviere presente una delegación
especial de los Superiores, y salva siempre la dependencia del respectivo Superior.
Capítulo III. De la admisión al Instituto
32. La adscripción comprende tres grados: el de la simple admisión, que la realiza el
Consiliario; después de oír a la comisión; el de la Oblación.
33. En el Instituto puede ser admitido cualquier católico que no esté retenido por ningún impedimento
legal y que se sienta movido por intención recta y sea apropiado para soportar las cargas
del Instituto y ejercer las obras peculiares del mismo.
34. Para poder ser admitido en el Opus Dei se requiere además:
1.p Esforzarse por la propia santificación por medio de la observancia de los consejos evangélicos
que sean conformes a la propia situación;
2.p Atender a la vida espiritual por medio del ejercicio de la oración mental cotidiana y otras
normas de devoción del Instituto;
3.p Haberse antes en periodo de prueba ejercitado en el apostolado propio de los socios del
Instituto, al menos durante seis meses, bajo la guía de los Directores.
35. Para la admisión de los Numerarios se requiere aparte de esto:
1.p Que el candidato esté en posesión de un título académico secular en una Universidad
pública civil o civilmente reconocida o en una Facultad del mismo rango, ya del Estado ya de
una entidad pública, o por lo menos que esté en condiciones de obtenerlo en el Instituto;
2.p Que humildemente solicite por escrito al Presidente del Instituto que tenga a bien aceptarlo
como miembro.
36. § 1. Sería sin validez la admisión en el Instituto como Numerario de aquellos que: abandonando
la fe católica, se hayan adherido a una secta acatólica; no hayan cumplido aun quince
años de edad; entren en el Instituto por fuerza, inducidos por miedo grave o por engaño, así
como aquellos a los que el Superior reciba inducido del mismo modo; los que estén ligados o
hayan estado ligados por un vínculo de profesión religiosa o consagración en algún Instituto
secular aquellos sobre quienes pese una pena por grave delito que hayan cometido, en razón
del cual sean acusados o puedan serlo; asimismo los casados, mientras dure el matrimonio.
§ 2. Sería ilícita, pero válida, la admisión de aquellos que estén cargados de deudas que no
sean capaces de satisfacer; o que estén sujetos a rendición de cuentas o implicados en otros
negocios a consecuencia de los cuales pueda el Instituto tener litigios o molestias.
§ 3. En virtud de la condición jurídica del Instituto, están excluidos del Opus Dei: los sacerdotes
seculares; los alumnos de seminarios; el que fuere novicio de alguna Religión o Sociedad, postulante
o alumno de una Escuela apostólica; el que en algún Instituto secular se encuentre en
periodo de prueba o haya solicitado la admisión.
37. De los impedimentos de que se trata en el numero 36, § 1 y § 2 puede dispensar la Santa
Sede; de los derivados de la condición jurídica peculiar del Instituto reseñados en el número
36, § 3, el Presidente General, después de oído su Consejo.
38. La admisión de los Numerarios se hace con la ceremonia descrita en el Ceremonial, la cual
realiza un sacerdote por delegación, que también puede ser habitual, del Consiliario regional,
estando presente el Director local o su delegado.
39. Por medio del Director local, el Consiliario, antes de la admisión de cualquier miembro, no
ha de dejar de investigar las noticias, incluso las secretas, si lo juzgare oportuno, que acerca
de la índole, talento, cultura, devoción, aptitud para las actividades del aspirante puedan contribuir
a dar un conocimiento más profundo. Pero acerca de esas noticias ha de guardar un absoluto
silencio y secreto.
40. § 1. El candidato que haya escrito una carta para solicitar la admisión al Opus Dei como
Numerario u Oblato, cuando ordinariamente le fuere indicado por el Director local que su petición
se ha estimado digna de ser examinada, por ello sólo queda admitido y adscrito entre los
Supernumerarios, hasta que se le conceda la admisión que ha demandado.
§ 2. Si alguno antes de su incorporación como Numerario u Oblato se considera que carece de
esta vocación, puede ser retenido en el Instituto como Supernumerario, con tal de que tenga
las condiciones requeridas.
41. § 1. Las vocaciones de Oblatos y Supernumerarios pueden buscarse y recogerse entre personas
pertenecientes a cualquier grupo social.
42. § 1. En general, para llevar a cabo la admisión de los Supernumerarios ésta se propone en
una reunión del Grupo; después cada uno de los socios al presidente del Grupo y a él solo le
aporta en secreto su voto acerca de la concesión o denegación de la admisión del candidato.
Nada se le comunicará al candidato acerca de este asunto, a no ser que el presidente del
Grupo haya dado la facultad de hacerlo.
§ 2. El candidato está obligado a solicitar su admisión mediante carta que ha de dirigirse al
Consiliario regional.
§ 3. Después de seis meses por lo menos, a contar del día de la admisión, el socio
Supernumerario permanece adscrito a aquel Grupo que lo ha propuesto.
43. Ninguna ceremonia especial se prescribe para la admisión de los socios Supernumerarios y
Cooperadores asociados. Basta con su anotación en la lista propia de cada clase; los
Cooperadores han de ser agregados al Instituto por el Consiliario juntamente con el Defensor.
44. § 1. Cuando los Supernumerarios son admitidos, han de ser instruidos acerca de la vocación
más plena y más profunda de los Numerarios, que viven separados de su propia familia
de sangre, siempre dispuestos a trabajar sin limitación en los lugares y en las obras que les
fueren encomendadas por los Superiores.
§ 2. Ha de dárseles a conocer a los Supernumerarios que las clases persiguen solamente un
fin: a saber, enseñar a cada uno de los socios las obligaciones y ocupaciones propias de cada
uno, de acuerdo con su disposición de ánimo, las circunstancias de su vida y la vocación especial
recibida de Dios; que sin embargo todos los socios están ligados por el mismo vínculo, el
de tender a la perfección en su propio estado y cooperar, según las fuerzas de cada uno, a la
propagación del Reinado de Cristo.
45. Pueden los Supernumerarios ser recibidos entre los Numerarios u Oblatos con tal de que
estén dotados de las cualidades requeridas.
Capítulo IV. De la incorporación al Instituto
46. El periodo de prueba, que todos deben cumplir después de realizada la admisión bajo la
guía del Director local, ha de prolongarse por lo menos hasta un año, antes de venir a la incorporación.
47. Si en el periodo de prueba el candidato se comporta de tal modo que brilla la esperanza de
que venga a convertirse en un miembro digno y útil en el Instituto, se tratará de su incorporación.
48. § 1. El candidato, en cualquier momento del periodo de prueba, puede abandonar el
Instituto, sin que esté obligado a dar cuentas a nadie de la razón de esta renuncia.
§ 2. Por su parte el Superior, mediando justa causa, puede no admitir a un candidato sin que
esté obligado a manifestarle la causa de la negativa (núm. 97).
49. Habiéndose cumplido felizmente el periodo de prueba, el aspirante se incorpora al Instituto
temporalmente por Oblación, que ha de renovarse cada año; pasado un quinquenio, se incorpora
por Fidelidad a perpetuidad.
50. § 1. Para la validez de la incorporación se requiere:
1.p Que el candidato a la Oblación haya cumplido los dieciséis años de edad; el que lo sea a la
Fidelidad, los veintiuno;
2.p Que sea admitido por Superior competente y sea recibido por el mismo o por delegado
suyo;
3.p Que se realice sin fuerza, miedo grave ni engaño;
4.p Que sea expresa.
§ 2. En cuanto a la validez de la Fidelidad, se requiere además que haya precedido la incorporación
temporal realizada por Oblación.
51. § 1. Transcurrido el tiempo hasta el que la Oblación se ha realizado, sin demora alguna, o
ha de renovarse ésta de la manera dicha o ha de pronunciarse la Fidelidad.
§ 2. Está, sin embargo, en la potestad del Presidente General y, en la región propia, del
Consiliario junto con el Defensor diferir la Oblación y la Fidelidad, ya sea para una prueba más
firme de la vocación y aptitud del candidato, ya sea en atención al bien del mismo Instituto.
52. § 1. En la pronunciación de la Oblación o Fidelidad se observa para los Numerarios el rito
descrito en nuestro Ceremonial, y no se redacta documento de la realización de incorporación,
esto es, de la pronunciación de la Oblación y Fidelidad; basta con la anotación en el registro de
la región.
§ 2. Ninguna ceremonia especial se prescribe para la incorporación de los Supernumerarios al
Instituto; éstos, sin embargo, al ir a pronunciar la Oblación o la Fidelidad, están obligados a
recitar la fórmula de los votos en presencia por lo menos de dos testigos.
53. § 1. Para los Numerarios, la incorporación al Instituto, llevada a cabo por Oblación, exige la
pronunciación de los votos propios de la Sociedad de pobreza, de castidad y de obediencia.
§ 2. Estos votos de la sociedad, aunque no son públicos según la norma jurídica (e 1308, § l),
son sin embargo reconocidos por la Iglesia, por lo cual pueden también llamarse votos privados
reconocidos. Se anulan estos votos en caso de dimisión o relajación del vínculo por el que el
Numerario estaba ligado al Instituto, concedida por la Santa Sede o por el Padre según los
casos.
54. § 1. A la Oblación de los Numerarios es el Consiliario el que admite con voto deliberativo de
la Comisión y oído el Director local con su Consejo.
§ 2. Para la renovación de la Oblación se requiere y basta la licencia del Consiliario regional, el
cual, en caso de duda, puede oír a la Comisión y al Director local con su Consejo. Si ninguna
duda razonable se presenta respecto a una voluntad del Consiliario contraria a la renovación y
nada falta por parte del Director, hay razón para presumir la licencia y la Oblación puede renovarse.
Pero dicha renovación de la Oblación se somete a una condición resolutiva si el
Consiliario, enterado de ella, juntamente con el Defensor y después de oída la Comisión, a ella
se opone.
§ 3. Acerca de la realización de la renovación, el que la renueva está obligado a dar fe al
Director inmediatamente o cuanto antes.
55. Antes de la Oblación, por la que los miembros se incorporan al Instituto, deben los socios
Numerarios ceder la administración de sus bienes a quien mejor les parezca, y asimismo disponer
libremente de su uso yusufructo.
56. § 1. La Fidelidad, para los Numerarios, debe contener expresamente una pronunciación
perpetua de los mismos votos de pobreza, castidad y obediencia.
§ 2. Estos votos son privados reconocidos, o sea propios de la Sociedad, y de ellos, según los
casos, puede dispensar la Santa Sede o el Padre (núm. 99).
57. A la Fidelidad de los Numerarios es el Consiliario regional el que admite, con voto deliberativo
de la propia Comisión, y dando su confirmación el Padre.
58. Para que mejor se observe en el Instituto la vida espiritual, todos los socios Numerarios y
Supernumerarios, inmediatamente después de pronunciada la Fidelidad, tocando los Santos
Evangelios e invocando el nombre de Cristo con juramento que confirma la obligación de
conciencia según la gravedad del mismo bajo vínculo de temor religioso, deben prometer lo
que sigue de la manera más abajo descrita:
1.p En cuanto al Instituto: evitar de mi parte sinceramente todos aquellos dichos o hechos que
puedan atentar de cualquier modo que sea a la unidad espiritual, moral o jurídica del Instituto.
Y si tales hechos o dichos proceden de otros miembros, resistirles y corregirlos, según parezca
oportuno en el Señor;
2.p En cuanto a todos y cada uno de los Superiores del Instituto: a) evitar por mi parte cuidadosamente
las murmuraciones que pudieran disminuir la fama de éstos o quitar eficacia a su
autoridad, e igualmente reprimir las murmuraciones de los otros miembros y no confabularme
con ellos de ningún modo; b) Ejercer con mi Superior inmediato la corrección fraterna de acuerdo
con el espíritu del Opus Dei, siempre que, después de considerado el asunto en presencia
de Dios, parezca que la corrección es conveniente al bien del Instituto. Si después de un espacio
de tiempo prudente viere que mi corrección ha resultado en vano, comunicaré el asunto
desde su comienzo, si un claro bien del Instituto así lo exige o persuade, a mi Superior Mayor
inmediato o al Padre y lo pondré plenamente en sus manos;
3.p En cuanto a mí mismo: consultaré siempre con mi Superior Mayor inmediato o con el
Supremo, según la gravedad del caso o la seguridad o eficacia de la decisión, cualesquiera
cuestiones profesionales, sociales u otras, aun cuando no constituyan materia directa del voto
de obediencia, sin pretender transferir a dicho Superior la obligación de responder de ello.
59. Los miembros Numerarios antes de la Fidelidad han de redactar testamento de los bienes
presentes o que puedan corresponderles.
60. La Oblación y la Fidelidad exigen para los Oblatos todos y los mismos deberes y obligaciones
que para los Numerarios según la norma n.p 25, § 2 y el vínculo por el que dichos miembros
se ligan con el Instituto es igualmente mutuo y pleno.
61 § 1. Para los Supernumerarios, la incorporación al Instituto por Oblación o por Fidelidad
requiere la pronunciación de los votos de pobreza, castidad y obediencia, según el modo de
que se trata en los números 152, 157, 164 y s.
§ 2. Estos votos son privados, pero aceptados y reconocidos por el Instituto. Se anulan por dispensa
concedida por el Padre o por sus Delegados, al mismo tiempo que liberan del vínculo
contraído por la incorporación.
62. § 1. Los Supernumerarios renovarán cada año indefinidamente la Oblación; pero puede
concedérseles que, una vez pasado un quinquenio de la Oblación, pronuncien la Fidelidad.
§ 2. Tanto a la Oblación como a la Fidelidad es el Consiliario regional el que los admite. Para la
Oblación basta el voto consultivo de la Comisión, después de oído el Director del Centro del
candidato; para su renovación se aplican las normas núm. 54 § 2 Para la Fidelidad se requiere
voto deliberativo de la misma comisión, después de oído el Director del candidato y dando su
confirmación el Padre.
63. Cuando algún Supernumerario viniere a ser Oblato o Numerario, puede ser dispensado
total o parcialmente en lo referente al tiempo requerido para la Oblación o la Fidelidad, que ha
de pronunciar en su nueva categoría; pero la formación especial en ningún respecto se les dispensa.
Capítulo V. De la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz
64. La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, de la que se trata en el núm. 1 siendo algo intrínseco
al Opus Dei, tiene los mismos Superiores, que ejercen en la Sociedad Sacerdotal las mismas
funciones que en el Opus Dei.
65. § 1. Para que alguien venga a ser miembro Numerario de la Sociedad Sacerdotal de la
Santa Cruz, conviene que durante algún tiempo haya militado en el Opus Dei y haya cumplido
el periodo de prueba y formación que en el Opus Dei todos los socios Numerarios están obligados
a realizar; más aún, que sea miembro incorporado a perpetuidad al Instituto por medio de
la Fidelidad, de tal modo que a nadie le sea permitido entrar a la Sociedad inmediatamente en
cuanto Numerario.
§ 2. En cuanto a qué espacio de tiempo debe pasar en el Opus Dei, se deja a determinar al
arbitrio del Presidente; y no será el mismo para todos, sino que más bien habrá de ser medido
según las circunstancias y condiciones propias de cada uno.
66. Dado que los miembros Numerarios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se seleccionan
entre los miembros del Opus Dei, en el cual han sido general instruidos y ejercitados
durante varios años, no se requiere ningún periodo de prueba especial para admitirlos a la
Sociedad.
67. La admisión de los Numerarios a la Sociedad atañe al Presidente General, con voto deliberativo
de su Consejo y después de ser oído el Conciliario junto con el Defensor de la región del
candidato.
68. Los Numerarios que se destinan al sacerdocio, aunque antes no hubieren sido elegidos
para la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, desde el momento que reciben la tonsura clerical,
quedan por ello mismo adscritos a la Sociedad, Y quedan a disposición del Presidente en
lo que toca a su primero o posteriores destinos a una u otra región del Instituto.
69. Para recibir la admisión de los Numerarios a la Sociedad no está prescrita ninguna ceremonia
especial: basta la inscripción de los miembros en el libro.
70. De entre los Numerarios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz algunos, llamados a
ello por el Padre, con voto deliberativo del Consejo propio, pueden además pronunciar una
nueva y peculiar Fidelidad dentro de la Sociedad misma.
71. Si bien no hay prescrita una ceremonia especial para pronunciar la Fidelidad de los
Numerarios dentro de la Sociedad, sin embargo, los socios, inmediatamente después de realizada
la Fidelidad, deben firmar la fórmula descrita en el Ceremonial.
72. Aparte de los miembros Numerarios del Opus Dei que pertenezcan a la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz como miembros en sentido estricto, pueden también ser adscritos
inmediatamente a dicha Sociedad como miembros en sentido lato o más lato tanto los socios
Oblatos como los socios Supernumerarios.
73. Los socios Oblatos y Supernumerarios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz son
sacerdotes, o al menos ordenados in sacris, adscritos al clero diocesano, que quieren consagrarse
al Señor en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, sin que sin embargo su condición
diocesana y la plena sujeción a los Ordinarios sea afectada en modo alguno por esa consagración,
sino que por el contrario sea incluso confirmada en diversos respectos, según lo que más
abajo ha de decirse.
74. Aparte de los fines generales del Instituto, que estos socios hacen suyos dentro de su propia
condición, reivindican como peculiar y propio el siguiente: a saber, promover con todo
empeño entre el clero diocesano la vida de perfección y el sentido de una plena entrega y sujeción
de jerarquía al Ordinario, y fomentar entre los sacerdotes del clero diocesano la vida
comunitaria, según le parezca conveniente al Ordinario del lugar (c. 134).
75. El espíritu de que los sacerdotes Oblatos y Supernumerarios de la Sociedad Sacerdotal de
la Santa Cruz deben estar informados en todo está contenido en los siguientes puntos:
1.p Nada sin contar con el Obispo […]
2.p Han de actuar siempre y en todas partes por supuesto con la mayor discreción entre los
sacerdotes hermanos, pero en modo alguno han de mostrarse secretos, dado que no debe
encontrarse en ellos nada que así tenga que ser ocultado;
3.p No han de querer en modo alguno distinguirse de los sacerdotes hermanos, sino esforzarse
con todo empeño en estar con ellos unidos;
4.p Han de estar llenos de tal calidad fraterna para con todos los demás sacerdotes de la diócesis,
que eviten de raíz cualquier sombra de divisiones y promuevan entre todos los sacerdotes
absolutamente la máxima unión.
79. Para que un sacerdote pueda ser admitido entre los Oblatos o Supernumerarios:
1.p Deben requerirse y exigirse de ellos todas las cosas que se exigen para los Oblatos y
Supernumerarios del Opus Dei;
2.p Deben ser sacerdotes, u ordenados in sacris, del clero diocesano;
3.p Es necesaria la venia del Ordinario respectivo.
77. Los alumnos de seminarios no ordenados in sacris no pueden ser admitidos como socios
Oblatos o Supernumerarios propiamente dichos. Si perciben una profunda vocación antes de
ser ordenados in sacris, pueden solamente ser considerados o admitidos como Aspirantes.
78. Para la admisión e incorporación de los sacerdotes entre los Oblatos o Supernumerarios de
la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz deben guardarse las mismas normas y modo de proceder
que se prescriben para la admisión o incorporación de los Oblatos y Supernumerarios
del Opus Dei.
79. Los vínculos que deben necesaria y expresamente ser contraídos por los sacerdotes
Oblatos y Supernumerarios en la incorporación son:
l.p Voto de obediencia, por el que se confirma por voto la obediencia canónica debida al
Obispo y se extiende a todos aquellos puntos que atañen al ejercicio de la labor sacerdotal en
la diócesis. En virtud de este tipo de voto de obediencia los Oblatos quedan obligados por vínculo
de temor religioso a poner en manos del Ordinario todos los honores y dignidades de que
disfruten, de modo que éste pueda libremente usar de ellos para mayor servicio de Dios y bien
de la diócesis. Por otra parte todos los Oblatos y Supernumerarios necesitan la venia del
Ordinario para ejercer cualquier trabajo colectivo de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz,
en caso de que dicho trabajo pueda de hecho estorbar sus ministerios diocesanos;
2.p Voto de obediencia a los Superiores internos, en virtud del cual quedan ligados a obediencia
a los Superiores en todos aquellos puntos que, salva siempre la obediencia debida al
Ordinario, tocan a la disciplina interna, la formación y la vida espiritual;
3.p En cuanto a otros votos y vínculos, han de aplicarse a los Oblatos y Supernumerarios de la
Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz aquellas disposiciones que se estatuyen para los
Oblatos y Supernumerarios del Opus Dei.
80. La pronunciación de los votos y la contracción de vínculos que son comunes a los Oblatos
y Supernumerarios del Opus Dei han de realizarse de la manera descrita en las Constituciones
y el Ceremonial para la incorporación de dichos miembros al Instituto. En cuanto a la pronunciación
del voto de obediencia al Ordinario debe realizarse en presencia del Ordinario mismo o
de su delegado.
81. Los medios que han de aplicarse para la formación son principalmente los que siguen:
1.p Reuniones espirituales con los sacerdotes designados por el Consiliario, que se llaman
Confidencias;
2.p Círculos especiales de estudios, a los que han de presidir Celadores elegidos por el
Consiliario, con asistencia, en la medida que pueda ser, de algún sacerdote Numerario;
3.p Periodos anuales de vida comunitaria, que se denominan Convivencias
4.p Todos los demás medios, industrias, instrumentos ascéticos y prácticas piadosas del Opus
Dei;
5.p El pulimento, la intensificación oportuna, según parezca conveniente en el Señor, y la
ampliación de la cultura y de la formación científica.
82. § 1. Absoluta y cuidadosamente ha de estarse en la diócesis en lo que a estos sacerdotes
incluso la especial jerarquía externa propia del Instituto; pues lo único que se pretende debe
ser lo siguiente: la perfección de la vida sacerdotal por una diligente fidelidad a la vida interior,
por un tenaz y constante afán de formación y por una mente, criterio y ardor apostólicos.
§ 2. Para regir a los Oblatos y Supernumerarios de la región, el Consiliario se vale del ministerio
de un sacerdote Prefecto de los Asuntos espirituales, a quien ayudan en cada diócesis un
Admonitor y un Director espiritual con sus correspondientes sustitutos.
83. Para tratar o resolver con el Obispo u Ordinario del lugar todos los asuntos que atañen a
los sacerdotes Oblatos y Supernumerarios en la diócesis respectiva de cada uno, el Instituto de
regla se vale del Admonitor o de su sustituto, a no ser que el Consiliario de la región prefiera
llevar o resolver algún negocio directamente por sí mismo o por medio de un especial delegado
suyo.
84. § 1. El Consiliario, después de oída la Comisión y de interpelado también el Director del
Centro local, designa para un trienio a los Admonitores, Directores espirituales y sus sustitutos.
§ 2. Estos cargos deben evitar radicalmente cualquier forma o apariencia externa de dirección
o de potestad.
§ 3. El Consiliario ha de procurar comunicar lo más pronto posible las designaciones que se
hayan hecho al Obispo u Ordinario del lugar.
85. Los sacerdotes Oblatos y Supernumerarios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se
organizan y ordenan en Grupos, que dependen de los Centros especiales. Uno y el mismo
Centro puede tener adscritos y dependientes diversos Grupos de esta clase, incluso distribuidos
entre varias diócesis, según parezca ser más conveniente.
86. Los Centros especiales que tienen adscritos sacerdotes Oblatos o Supernumerarios están
además compuestos necesariamente de socios Numerarios del Opus Dei Los Directores de
estos Centros han de ser siempre de regla sacerdotes Numerarios.
87. Los Grupos sacerdotales no deben tener ninguna administración económica peculiar. Se
sirven de la administración general de los socios del Opus Dei, si de alguna necesitan.
88. En cuanto a la salida y dimisión, tienen vigencia y han de ser guardados los mismos principios
que están estatuidos para la salida y dimisión de los Oblatos y Supernumerarios del Opus
Dei.
89. En aquellos puntos que no están aquí expresamente prescritos, refiriendo lo correspondiente
a los casos correspondientes, y con tal de que convengan a la dignidad sacerdotal, se aplican
a los sacerdotes Oblatos y Supernumerarios todas aquellas disposiciones que en estas
Constituciones están ordenadas para los Oblatos y Supernumerarios del Opus Dei o que en
adelante puedan ordenarse en estatutos o colecciones de estas normas.
90. Sin que queden adheridos id Instituto por vínculo jurídico, pueden ser agregados a la
Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, según la norma número 43, como Cooperadores asociados
los sacerdotes adscritos al clero diocesano que presten su ayuda a la finalidad del
Instituto con oración, limosnas y, si puede ser, también con el propio ministerio sacerdotal de
cada uno.
91. El Presidente Genera¡ después de oído su Consejo (al Consejo regional se lo propondrán
[el Consiliario] con el Defensor y con voto deliberativo de su Comisión), tiene potestad para
conceder Cartas de Fraternidad de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, sin que por ello
queden convertidos en miembros del Instituto, a sacerdotes que se destaquen por su amor
para con el Instituto, por la colaboración prestada a las Obras encomendadas a los cuidados
de los socios y principalmente por su afán en promover la vocación hacia el Opus Dei.
92. Por estas Cartas de Fraternidad se les atribuye a dichos sacerdotes la participación en
todos los bienes espirituales del Instituto; en la medida que sea posible, se les concede también
la participación en los privilegios; una vez fallecidos tendrán derecho a los sufragios estatuidos
para los Supernumerarios.
93. § 1. Hay también Asistentes eclesiásticos designados por el Consiliario de k región para
uno a para varios Grupos (núm. 94), estando de acuerdo el Defensor y después de oída la
Comisión de la región.
§ 2. La designación y el conocimiento del hecho será comunicada oralmente cuando se presente
la ocasión, por el Consiliario o por otra persona a indicación suya.
§ 3. Del mismo modo conviene que el Ordinario sea enterado oportunamente de que va a
hacerse la designación, para que conceda su venia.
94. Todos los sacerdotes de quienes se trata en los números 90-93 están obligado., a elevar
asiduas preces a Dios por la santificación de los miembros de la Obra y en la medida que las
obligaciones de su propio ministerio o cargo se h permitan, a ayudar también a sus hermanos
de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en el cumplimiento de las labores apostólicas junto
con los Supernumerario del Opus Dei, sean hombres o mujeres, siempre que el consiliario de
la región as se lo demandare. Y en este caso procuran en la medida de sus fuerzas: fortalece:
la autoridad de los Superiores del Instituto; fomentar la unidad y el espíritu fraterno entre los
socios; secundar la dirección espiritual, tanto común como personal, que los socios reciben de
los Superiores, Mayores y locales; proporcionar al Consiliario regional aquellas informaciones
que estimen más oportunas para cumplir las labores apostólicas.
95. Tanto los sacerdotes a quienes han sido concedidas Cartas de Fraternidad como también
los Asistentes antedichos, para alimentar y fomentar la propia vida interior, pueden recibir del
Instituto, si lo desean y solicitan, aquella ayuda que se proporciona a los Supernumerarios.
96. Finalmente, estos sacerdotes procurarán estar presentes a una Semana de Convivencia
una vez por año, en el lugar que determine el Consiliario; pero no a los Ejercicios espirituales,
dado que están obligados a realizarlos con los demás sacerdotes de la propia diócesis.
Capítulo VI. De la separación del Instituto
97. § 1. Antes de ligarse temporalmente al Opus Dei, esto es, durante el periodo de prueba,
puede uno en cualquier momento abandonarlo libremente.
§ 2. Asimismo los Superiores, por causas juras y razonables, pueden no admitirlo, o darle el
consejo de que se separe. Esas causas son principalmente la falta del espíritu propio del
Instituto y de aptitud para las obras específicas de los socios (núm. 48).
98. § 1. Después de pronunciada la Oblación, para que pueda un miembro abandonar el
Instituto durante el plazo para el que aquélla se pronunció, necesitará de dispensa, que sólo el
Padre puede conceder, después de oído el Consejo propio y la Comisión regional.
§ 2. Pero una vez cumplido el plazo de la Oblación, les está a todos libremente permitido despedirse
del Instituto, así como también al Superior denegar por justas causas la renovación de
la Oblación o la pronunciación de la Fidelidad.
99. § 1. Después de pronunciada la Fidelidad, si se trata de una separación voluntaria del
Instituto por parte de los socios, sólo el Padre puede dar dispensa.
§ 2. En cuanto a aquellos miembros del Opus Dei que estén a perpetuidad incorporados a la
Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, no puede llevarse a cabo una salida legítima sino
habiendo obtenido dispensa de la Sede Apostólica.
100. El que, de la manera que fuere, haya salido del Instituto no puede exigir nada de éste por
los servicios prestados al mismo ni por aquellos ingresos que, ya sea por industria, ya por ejercicio
de la propia profesión, le haya proporcionado.
101. § 1. La separación legítima del Instituto lleva consigo la anulación de los votos que son
consiguientes a la incorporación.
§ 2. En cuanto al que esté ordenado de órdenes menores, si no encuentra en el Obispo benévola
acogida a sus peticiones, por ese mismo hecho, al cabo de un mes de la separación legítima,
queda reducido al estado laical; pero el que lo esté en órdenes mayores no puede abandonar
el Instituto hasta tanto que haya encontrado en el Obispo benevolencia para recibirlo en su
propia diócesis. Y si, sin hallar tal benevolencia en el Obispo, se saliere, no podrá ejercer sus
Ordenes hasta tanto que la Santa Sede provea de otro modo.
102. § 1. El miembro Numerario u Oblato que hace vida de familia en el Instituto y que sin
licencia legítima de los Superiores abandona la casa a la que está por obediencia destinado, o
que a ella no regresare sin justa causa, aunque con ánimo de regresar, ha de ser considerado
fugitivo según la norma de estas Constituciones. Está obligado a volver cuanto antes a la casa
o Centro, y entre tanto no queda absuelto de las obligaciones que asumiera por la incorporación.
El Superior Mayor debe solícitamente buscarlo, y, si movido por verdadero arrepentimiento
regresa, recibirlo paternalmente.
§ 2. Sepan los tales fugitivos que por ese solo hecho incurren en la privación de cualquier
cargo que puedan tener en el Instituto, y en la suspensión reservada al Superior Mayor, en
caso de que estén ordenados in sacris, aparte de otros castigos, proporcionados a la culpa,
que han de serles infligidos al arbitrio del propio Superior.
103. § 1. Apóstata del Instituto se llama al miembro que, después de pronunciada la Fidelidad,
se separa ilegítimamente del Centro al que pertenece, con el ánimo de sustraerse a la obediencia.
Se presume en todo derecho ese ánimo malicioso si el socio dentro del plazo de un mes
no ha manifestado al Director la voluntad de regresar o de someterse.
§ 2. El socio apóstata queda por ello mismo privado de todos los privilegios del Instituto; y si
volviere carece, según arbitrio del Padre, de voz activa y pasiva, y además debe ser castigado
por los Superiores con otras penas según la gravedad de la culpa. Y si se trata de un clérigo
ordenado in sacris, incurre también en la suspensión reservada al Padre.
104. En lo referente a la separación voluntaria de los Supernumerarios, vale, aplicando lo
correspondiente a lo correspondiente, lo mismo que queda dicho acerca de los socios
Numerarios.
105. § 1. Si un Numerario u Oblato abandonare legítimamente el Instituto, tenida cuenta de sus
circunstancias, puede ser recibido en la categoría de los Cooperadores.
§ 2. Excepcionalmente y transcurrido un notable espacio de tiempo, puede también ser elegido
como socio Supernumerario.
106. Los Supernumerarios, atendidas maduramente sus circunstancias, pueden también, siempre
que se separen legítimamente de su propia categoría, ser admitidos entre los
Cooperadores.
Capítulo VII. Del despido de los socios
107. El miembro Numerario incorporado temporalmente por Oblación no puede durante el tiempo
de la Oblación ser despedido, a no ser por causas graves, que pueden ser ya de la parte
del Instituto, ya de parte del miembro. La falta del espíritu del Instituto, que pueda producir en
otros escándalo, es causa suficiente para el despido, si la advertencia repetida, junto con una
saludable penitencia, resultare en vano; no, en cambio, la mala salud, a no ser que conste de
cierto que ésta, anterior a la Oblación, ha sido dolosamente callada o disimulada.
108. El despido, si fuere necesario, ha de llevarse a cabo con la máxima caridad; antes, sin
embargo, se ha de persuadir al socio a que se separe espontáneamente.
109. Puede despedir a cualquier Numerario incorporado por Oblación al Instituto el Presidente,
con sufragio deliberativo de su Consejo.
110. Si bien los motivos deben serle con certeza conocidos al Superior que realiza el despido,
no es sin embargo necesario que se prueben en juicio formal. Pero al miembro deben en todo
caso manifestársele, dándole plena licencia de responder, y sus respuestas han de someterse
fielmente al Superior que realiza el despido y a su Consejo.
111. Contra la decisión de despido séale permitido al miembro recurrir ante la Santa Sede; y si
el recurso se interpusiere dentro de un plazo de diez días, el efecto jurídico del despido queda
en suspenso hasta que de Ella haya dimanado respuesta.
112. El que ya está incorporado al Instituto por Fidelidad no puede ser despedido de él si no
por tres delitos, externos, graves, ya contra el derecho común de los Institutos Seculares, ya
contra el derecho propio del Instituto. Estos delitos han de ser de la misma especie o, diversos,
tales quo tomados en conjunto, manifiesten una voluntad perversa obstinada en el mal.
También un solo delito puede bastar para el despido, si es permanente, con la condición de
que por una advertencia repetida se convierta virtualmente en triple.
113. Se requieren además dos advertencias, una por cada uno de los delitos; en los delitos
permanentes o continuados es necesario que transcurra entre la primera y la segunda advertencia
un intervalo al menos de tres días.
114. Para hacer las advertencias es preciso que el delito sea notorio o que haya constancia de
él por confesión extrajudicial del reo o por otras pruebas suficientes que una previa investigación
haya proporcionado.
115. Las advertencias se hacen por el inmediato Superior Mayor, por sí mismo o por otro por
encargo suyo, el cual, una vez dado para la primera, vale también para la segunda. No ha de
darse sin embargo el encargo si no después de una previa información del hecho según la
norma del número precedente.
116. A las advertencias añada el Superior las oportunas exhortaciones y correcciones, prescribiéndose
además penitencias y otros remedios penales que se consideren aptos para la
enmienda del reo; está además obligado el Superior a apartar al reo de las ocasiones de reincidir,
incluso por traslado, si fuere necesario, a otra casa o Centro del Instituto, donde sea más
fácil la vigilancia y más remota la ocasión de delinquir. En fin, a la doble advertencia añádase la
amenaza de despido.
117. Finalmente, para infligir el despido se requiere la falta de enmienda. Se considera que no
se ha enmendado el que, después de la segunda advertencia, cometiere un nuevo delito o persistiere
permanentemente en el mismo; después de la última advertencia, habrá de esperarse
al menos seis días antes de dar el paso hacia el despido.
118. Derecho del miembro es exponer libremente sus explicaciones, que han de ser fielmente
recogidas en las actas.
119. Si llegaren a constar estos delitos, el Presidente del Instituto en su Consejo, tenida cuenta
de todas las circunstancias del hecho, ha de deliberar si debe llegarse hasta el despido. Si la
mayor parte de los votos resultare a favor del despido, presente el Presidente el decreto de
despido; el cual sin embargo, para que pueda surtir su efecto propio, debe ser confirmado por
la Sede Apostólica.
120. El miembro despedido queda por ello mismo liberado de todas las obligaciones consiguientes
a la Fidelidad. Si es clérigo de órdenes menores, queda reducido al estado laical; si
de mayores, suspendido hasta que consiguiere la absolución de la Santa Sede o encontrare
benévola acogida en algún Obispo (c. 671).
121. En caso de grave escándalo exterior o de gravísimo daño que amenace al Instituto, puede
el socio ser inmediatamente separado del Instituto por el Superior Mayor con consenso de su
Consejo o, si hubiere peligro en la tardanza y no hubiere tiempo para acudir al Superior, por el
Director local según consenso de su Consejo propio, a condición sin embargo de que el asunto
sea sometido sin demora por medio del Presidente del Instituto al juicio de la Santa Sede.
122. En fin, el miembro que cometiere alguno de los delitos reseñados en el canon 646 por ello
mismo ha de ser considerado como legítimamente despedido. En estos casos basta con que el
Superior Mayor con su Consejo emita una declaración del hecho; cuídese no obstante de conservar
todos los documentos de la prueba del hecho en el archivo de la región.
123. Al miembro, si estuviere ordenado in sacris, que ha sido despedido por algún delito de los
que se trata en el citado canon 646, o por otro que esté en derecho castigado con infamia jurídica
o deposición o degradación, se le prohíbe a perpetuidad llevar el hábito eclesiástico.
124. § 1. Para los Supernumerarios, el despido ha de ser decidido por el Consiliario regional
con voto deliberativo de la propia Comisión, siempre que los socios descuiden la disciplina
interna o el espíritu del Instituto, después de haber hecho en vano dos advertencias de cada
vez, quedando siempre a salvo el derecho de los miembros de recurrir al Presidente General.
Si el recurso fuere interpuesto dentro de un plazo de diez días, el efecto jurídico del despido
queda suspendido hasta que dimanare respuesta del Padre.
§ 2. Con motivo de algún hecho grave, el Director local con voto de su Consejo decidirá la
separación. Si el asunto es urgente, puede el Director separar inmediatamente al socio, dando
aviso cuanto antes al Consiliario; en todos los casos ha de requerirse del Consiliario la confirmación
de la separación.
125. El Consiliario puede despedir del Opus Dei a los Cooperadores en atención a justas causas.
Pero el despido debe llevarse a la práctica con la máxima caridad.
PARTE SEGUNDA: DE LA VIDA DE LOS MIEMBROS EN EL INSTITUTO
Capítulo I. De la instrucción de los miembros
Capítulo II: De las obligaciones comunes
artículo1: De la obediencia
artículo 2: De la castidad
artículo 3: De la pobreza
artículo 4: De la observancia de las constituciones
Capítulo III: Del espíritu del Instituto
Capítulo IV: De la observancia de las costumbres piadosas
Capítulo V: De los deberes de devoción de los socios
Capítulo VI: De la promoción a las órdenes sagradas
Capítulo VII: De los enfermos y los difuntos
Capítulo I. De la instrucción de los miembros
126. El Opus Dei, dado que pretende sobre todo trabajar entre hombres dotados de estudios
liberales, procura atender con la máxima diligencia a la instrucción así literaria como científica
de sus hijos, en las disciplinas tanto sagradas como también profanas, ya que para nuestro
Instituto el cultivo de las ciencias y de las artes es el apoyo fuerte ante todos de su apostolado.
127. En cualquiera de las Circunscripciones regionales han de ser erigidos por el Consiliario
con asenso de la Comisión y confirmación del Padre, según lo que hiciere falta, Centros de
estudios para todos los miembros Numerarios del Instituto de cada región, a fin de proporcionarles
la formación propia para los ministerios apostólicos.
128. Los Centros regionales de estudios dependen del Consiliario de la misma región, el cual
con el Defensor, y oída la Comisión regional, designará a los socios que han de enviarse a realizar
esos estudios. Sin embargo, los miembros no han de ser enviados a los Centros de estudios
si no están ya elegidos por Oblación para su entrada en el Opus Dei y tienen experiencia
en el apostolado propio de los socios del Instituto.
129. En lo que toca a todos aquellos miembros que en el futuro se destinen al sacerdocio, los
estudios realizados en estos colegios según la norma jurídica de las instrucciones de la Santa
Sede han de ser considerados como públicos.
130. § 1. Al frente de los Centros regionales de estudios han de ponerse Directores, designados
por el Consiliario de la propia región, junto con el Defensor y oída la Comisión. Han de ser
socios por lo menos Inscritos, de no menos de treinta años de edad. Cesan en su cargo al
cabo de tres años.
§ 2. En la dirección de la casa, el Director se vale de la ayuda de un Subdirector y un
Secretario, nombrados del mismo modo, y de un Director del espíritu (núm. 131).
131. § 1. Para la instrucción científica y religiosa de los miembros en los Centros de estudios,
elíjanse socios destacados en devoción y en doctrina; y para el cargo de Director del espíritu
desígnense sacerdotes que además se distingan no sólo por su doctrina, sino por sus virtudes
y prudencia, que puedan con su palabra y con su ejemplo ser de provecho a los alumnos.
§ 2. El Director del espíritu y los profesores son nombrados por el Consiliario, después de oída
la Comisión de la región y estando de acuerdo el Defensor, observándose la norma núm. 297.
132. § 1. Puede además el Presidente General, oído su Consejo, erigir Centros de estudios
inter-regionales, dependientes de él, para que en ellos se instruyan miembros del Opus Dei
seleccionados por el Padre mismo, ya directamente, ya a propuesta de los Consiliarios respectivos.
§ 2. Para estos Centros interregionales los socios destinados a los cargos locales (núm. 130, §
2) y los profesores son nombrados por el Padre, oído su Consejo. Los Directores deben ser
miembros por lo menosInscritos, y duran por un quinquenio.
133. En los Centros de estudios el tiempo se dedicará sobre todo a la formación espiritual de
los miembros, en especial para imbuir los ánimos de los alumnos del espíritu de las
Constituciones del Instituto, a las meditaciones piadosas, a la oración asidua y a los ejercicios
oportunos para extirpar de raíz las semillas de los vicios, para reprimir los movimientos perversos
del ánimo, para adquirir virtudes, principalmente aquellas que constituyen como una marca
de carácter de dicho Instituto.
134. § 1. El plan de los estudios de formación comprende, para todos aparte de un aprendizaje
más profundo en las letras latinas y griegas, filosofía, teología, canto eclesiástico, y también
conocimiento de nuestro Instituto.
§ 2. Todos los miembros Numerarios adquieren además una cultura específica en las
Universidades o Instituciones civiles.
135. Todos los socios Numerarios han de dedicarse al menos durante un bienio completo al
estudio de la filosofía racional con las disciplinas afines, y han de realizar un curso teológico al
menos por un bienio también completo.
136. Los estudios de filosofía racional y de teología, así como la instrucción de los alumnos en
estas disciplinas, han de llevarlos a cabo los profesores ajustándose por entero al método, doctrina
y principios del Doctor Angélico, y han de tener estos como sagrados.
137. Estos estudios de formación realícenlos los miembros en la medida que sea posible, sin
apartarse de sus ocupaciones propias. Por lo demás, el juicio acerca de si esos ministerios
pueden inferir o no perjuicio a los estudios le atañe al Consiliario.
138. § 1. Los socios de nuestro Instituto pueden cumplir el tiempo de su instrucción fuera de
los Centros de estudios jurídicamente instituidos, si, atendidas las circunstancias y oída la propia
Comisión, el Consiliario de la región así lo dispusiere.
§ 2. Mientras este tiempo dure, reciben su formación de un socio elegido por el Consiliario,
oído el Delegado de estudios.
§ 3. Pero los socios deben luego sufrir examen en algún Censo jurídicamente instituido.
139. § 1. En cuanto a aquellos que se destinan al sacerdocio, hay Centros de estudios especiales
para ellos erigidos por el Presidente General, donde sin embargo deben siempre habitar
otros socios Numerarios del Opus Dei que no sean sacerdotes, recibiendo la misma instrucción
que ellos y haciendo con los primeros vida de familia, ya que en el Opus Dei no hay más que
una clase de socios, y la misma formación espiritual se requiere para todos los Numerarios.
§ 2. Pero sin embargo, durante un año tan sólo de los estudios de sagrada teología, los candidatos
al sacerdocio habitan en una casa especial destinada solamente a dos.
140. Los miembros llamados al sacerdocio han de realizar un curso teológico al menos de un
cuadrienio completo. Este curso teológico, aparte de la teología dogmática y moral, debe comprender
principalmente un estudio de la sagrada Escritura, de la historia eclesiástica, del derecho
canónico, de la liturgia, de elocuencia sagrada y de canto eclesiástico. Han de darse lecciones
de teología pastoral, a las que se añadan ejercicios prácticos principalmente acerca de
la manera de transmitir a los niños y a los demás el catecismo, de oír las confesiones de visitar
a los enfermos, de asistir a los moribundos; y ha tratarse sobre todo de la manera de desarrollar
el ministerio específico propio de los sacerdotes del Instituto.
141. Ha de procurarse que por lo menos de sagrada Escritura, de teología dogmática, de teología
moral y de historia eclesiástica se tengan otros tantos maestros diferentes.
142. Todos los sacerdotes del Instituto conviene que estén en posesión del título de Doctor en
alguna disciplina eclesiástica. También el grado o título académico en alguna disciplina profana
se exige siempre como prerrequisito.
143. Los miembros Oblatos y Supernumerarios, tanto hombres como mujeres, adquieren su
formación por un triple procedimiento, a saber:
1.p La personal, hasta la incorporación al Instituto y, después, principalmente con la ayuda de
la confidencia semanal y de la corrección fraterna;
2.p La colectiva habitual, por medio de los Círculos breves, para los Oblatos (núm. 270-272), o
de los Estudios, para los Supernumerarios, y de conferencias;
3.p La colectiva periódica, mediante cursillos de estudios, algunos días de retiro mensual así
corno por los ejercicios y las Convivencias anuales.
144. § 1. En el Círculo de Estudios que ha de celebrarse para los Supernumerarios, se determinará
un cierto espacio de tiempo, en que se les proporcione a los socios criterios acerca de
aquellas cuestiones de actualidad que tengan relación con la vida de la Iglesia.
§ 2. Al frente del Círculo está algún socio, en general Numerario, designado por el Director
local, y conviene que esté además presente otro Numerario u Oblato, que, si el caso se presenta,
pueda suplir al presidente; a falta de éstos, preside el Círculo un Celador del Grupo de
notoria dignidad.
§ 3. Una vez por mes, en la medida que sea posible, presidirá el Círculo de Estudios algún
sacerdote del Instituto.
§ 4. Antes de la reunión de cada Círculo, el presidente del Círculo tratará del asunto con los
Celadores, comunicándose mutuamente los respectivos pareceres.
§ 5. En cuanto a los Supernumerarios que habiten un lugar donde no haya Grupo, procurarán
asistir a un Círculo con tanta frecuencia como les sea posible.
§ 6. Los Círculos para Supernumerarios y las demás reuniones que persiguen la formación
colectiva habitual habrán de celebrarse, dentro de lo que aconseje la prudencia, guardándose
un turno de rotación, enlas moradas privadas de los socios que constituyan aquel grupo.
145. Para la instrucción de los Cooperadores auxiliares, los Directores locales cuidarán de promover
reuniones periódicas de los Cooperadores activos, cuando oportuno pareciere, a fin de
infundir en ellos el espíritu de nuestro Instituto y de que así en el cumplimiento de ciertos definidos
trabajos apostólicos se conviertan en buenos colaboradores.
146. Las demás cuestiones que atañen a los estudios de los nuestros se determinan en un
plan particular.
Capítulo II. De las obligaciones comunes
Artículo 1. De la obediencia
147. § 1. Todos los alumnos del Instituto están obligados a servir humildement a los Superiores
en todas las cosas que atañan a la finalidad de dicho Instituto.
§ 2. Esta obligación de obedecer liga con fuerte y dulce vínculo a todos nuestroes miembros
ante todo con respecto al Romano Pontífice, primero de todos los Superiores. A los Ordinarios
del lugar están sometidos según la norma del derecho común, y les demostrarán la máxima
reverencia y amor, que además se esforzarán en fomentar entre todos con el mayor empeño.
148. La incorporación al Instituto exige un voto privado comunitario reconocido de obediencia.
En virtud de este voto, todos los miembros del Instituto, Numerarios Y Oblatos, profesan una
obediencia plena y en todos los aspectos al Presidente General y a los propios Superiores; y el
Presidente General, a quien todos reconocen y veneran como Padre, usa libremente de ellos
para los fines del Instituto según la norma de las Constituciones.
149. El Superior puede imponer a los socios Numerarios y Oblatos, de acuerdo con el voto de
obediencia y empleándose una fórmula en que este voto se invoque explícitamente, preceptos
o encargos en conciencia, basados en la fuerza del temor religioso, que, supuesta la gravedad
del asunto, obliguen incluso bajo pena grave, referentes a todo aquello que pertenezca a la
finalidad del Instituto. Los preceptos o encargos hechos en virtud de voto han de pronunciarse
siempre por escrito o delante de dos testigos. Para que cualesquiera preceptos, una vez anulado
el derecho del que los imponía, conserven su validez, han de ser siempre formulados de
ese modo.
150. § 1. Esta obediencia según voto se debe por derecho propio a los Mayores Superiores
según norma de derecho (c. 468, § 8) y a los Directores locales (así como también, en ausencia
o falta de éstos, a aquellos que les sustituyan en sus funciones, según la norma de estas
Constituciones).
§ 2. El subdirector, estando presente el Director carece de potestad de gobierno ausente el
Director, a no ser que en un caso particular los Mayores Superiores decretasen otra cosa, el
Subdirector ocupa ipso facto el lugar del Director, y en lugar de éste, aquél le sigue en orden
de precedencia.
151. § 1. Los sacerdotes, en cuanto al orden interno de la casa, dependen del Director local; en
los demás asuntos deben guardar obediencia tan sólo al Consiliario a quien han de rendir
cuentas de su labor.
§ 2. Si residieren por algún tiempo en alguna casa donde se instruyen eclesiásticos, los sacerdotes
han de estar sometidos en todo al Director de ésta.
152. En cuanto a los Supernumerarios, la incorporación exige la pronunciación del voto de obediencia
tocante a todo aquello que pertenece de cualquier modo que sea al Instituto, tocante a
la formación religiosa de los miembros y tocante a su actividad apostólica como [actividad] que
ellos personalmente cumplan, cualquiera que sea.
153. La obediencia de los nuestros ha de ser totalmente voluntaria, motivada por el amor divino
y con el fin de imitar a Cristo Nuestro Señor que siendo Señor de todas Es cosas se rebajó a sí
mismo tomando la forma de siervo y que se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz.
154. La obediencia de los nuestros ha de ser universal, ha de ser pronta, ha de ser alegre; no
ha de saber distinguir entre mayores y menores, pues no hay poder sino el que procede de
Dios. Por tanto, el que obedece al más bajo de los Superiores, se somete al mando de Dios.
155. El voto de obediencia cesa por legítima separación del Instituto.
Artículo 2. De la castidad
156. El voto de castidad, que se pronuncia para la incorporación de los Numerarios y Oblatos
al Instituto, lleva consigo, aparte de la profesión de celibato, la obligación bajo nuevo título de
carácter religioso de abstenerse de cualquier acto, sea interno sea externo, contra el sexto precepto
del Decálogo.
157. La incorporación de los Supernumerarios al Instituto exige la pronunciación de un voto privado
de castidad de acuerdo con el estado de cada uno.
158. Amen los miembros y guarden con gran diligencia la castidad, que hace a los hombres
muy semejantes a los ángeles y los vuelve muy gratos a Cristo y para su Santísima Madre.
Serán, pues, todos, como ángeles de Dios, teniendo por cierto que la actividad del apostolado
debe estar apoyada en la castidad.
159. Para defensa de este tesoro, que se transporta en vasijas de barro, mucho contribuye la
huida de las ocasiones, la moderación, la templanza, la disciplina del cuerpo, la frecuente
recepción de la Santísima Eucaristía, el recurso asiduo y filial ante la Virgen Madre.
160. El voto de castidad queda anulado no sólo por dispensa sino también por disolución del
vínculo que se contrajo por la incorporación al Instituto.
Artículo 3. De la pobreza
161. § 1. A fin de que los miembros puedan ejercitar mejor la pobreza evangélica, está aneja
también a la incorporación la pronunciación de un voto privado reconocido o comunitario de
pobreza. Por la fuerza de este voto, los miembros Numerarios y Oblatos renuncian:
1.p A la facultad de disponer lícitamente de cualquier bien temporal, valorable en precio, sin
licencia legítima de los Superiores;
2.p A la facultad de adquirir para sí bienes, cualesquiera que sean, de los que adquieren por su
propia industria o trabajo o que, según la organización del Instituto, se les entregan o vienen a
sus manos;
3.p Para cumplir aquellos actos de que se habla en el § 1, proporciona los medios en los asuntos
graves el Presidente o si el asunto urge, así como también en los asuntos ordinarios, el
Superior regional o incluso local.
162. § 1. Los miembros Numerarios y Oblatos conservan la propiedad de sus propios bienes
patrimoniales y la capacidad de adquirir otros bienes del mismo tipo.
§ 2. A todos estos miembros se les exige ceder la administración de sus bienes propios a quien
quieran y disponer de su uso y usufructo. Sin embargo, en virtud de licencia de los Superiores
y bajo la vigilancia de éstos, pueden administrarlos, usar de ellos y gozar de su usufructo,
especialmente cuando no lleven su vida de familia en el Instituto.
§ 3. Una vez roto el vínculo con el Instituto, la cesión de la administración o bien la disposición
del uso y usufructo, en caso de que se hubiere determinado, dejan de tener fuerza.
163. § 1. Todo lo que los socios Numerarios y Oblatos por su propia industria adquieren después
de realizada la incorporación según decisión del Presidente, se dedica a la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz o al Opus Dei o a las Sociedades.
§ 2. El Instituto, por su parte, proporciona a los militantes individualmente todos aquellos elementos
que a juicio de los superiores corresponden a su alimentación vestido y estudios; y
todo aquello que haga falta para ejercer el propio servicio profesional, según lo exijan las condiciones
en las que se desenvuelve. Esto no implica una uniformidad de las vestimentas, de las
cuales el Instituto no tiene ninguna que sea común.
§ 3. En cuanto a los Oblatos, el Instituto proporciona además todo aquello que a juicio de los
Superiores, sopesadas todas las circunstancias de cada uno de los miembros, se estime necesario
para que cada uno de los Oblatos asuman aquellos seguros o fianzas de que se habla en
el número 166, § 1.
§ 4. En fin, el Instituto provee a los padres de los miembros que puedan padecer necesidad
con la caridad y generosidad que corresponde, de modo que de esto no pueda provenir nunca
ninguna especie de obligación jurídica.
164. El voto de pobreza en los Supernumerarios abarca:
1.p En cuanto al uso de los bienes propios y al tenor personal de su vida, en su propia condición,
según la definición práctica de los Superiores en los casos dudosos, de acuerdo con la
norma número 165, comportarse de tal forma que todos los actos estén informados de un espíritu
de pobreza y se adapten a él adecuadamente;
2.p En cuanto a aquellos bienes que pudieren haberles sido confiados por el Instituto o de los
que deban usar en el ejercicio del apostolado, una plena sujeción y dependencia respecto a las
disposiciones del Superior.
165. Los socios Supernumerarios conservan aquella condición económica que pueda corresponder
a la vida social de los mismos; sin embargo, personalmente y con tal de que los derechos
de la propia familia no se vean por ello afectados hasta un cierto límite, se esforzarán en
cultivar la virtud de la pobreza remitiendo el asunto en caso de duda al juicio de los Superiores
del Instituto.
166. § 1. Los Supernumerarios llevan una vida acorde con la propia condición de cada uno,
siendo del todo independiente del Instituto su libertad económica personal: cada uno de ellos
está atenido a regir y ordenar su propia vida económica con el patrimonio familiar, con el trabajo
personal; también con aquellos préstamos económicos, fianzas o seguros que las leyes civiles
prevén para los casos de defecto o imposibilidad de trabajo, de enfermedad, de vejez, etcétera.
§ 2. Todos contribuyen a sostener los gastos del Instituto de grado y espontáneamente con
liberalidad de ánimo, entregando limosnas cada mes, según la capacidad económica de cada
cual.
167. Si alguno (cosa que Dios no quiera) se despide del Instituto o dimite de él, no puede
reclamar de él nada por los servicios que le ha prestado ni por las donaciones voluntarias que
haya podido hacer a la Institución en calidad de miembro ni tampoco por los productos de su
industria o ejercicio profesional que hayan sobre ella revertido.
168. Así pues todos los hijos del Instituto han de hacer profesión con todo empeño de pobreza
evangélica y han de esforzarse en imitar a Cristo Nuestro Señor, que se hizo menesteroso,
siendo como era rico, y que no tenía siquiera donde reclinar la cabeza.
169. Amen la pobreza y cultívenla fielmente, apartados sus ánimos de todas las cosas de que
se valen, no realizando actividad ninguna con miras al lucro, remitiendo a Dios toda preocupación
por las cosas de este siglo, y morando en este mundo como peregrinos que buscan la ciudad
futura.
170. Regocíjense cada vez que experimenten los efectos de la pobreza, sabiendo que nunca
en las cosas necesarias ha de faltarles la providencia del Señor, el cual nos advirtió de que lo
primero busquemos el reino de Dios y su justicia, si queremos que todas las demás cosas se
nos den por añadidura.
171. Tanto para los Numerarios y Oblatos como para los Supernumerarios, el voto de pobreza
cesa por separación legítima del Instituto.
Artículo 4. De la observancia de las Constituciones
172. Estas Constituciones son el cimiento de nuestro Instituto: por tanto, ténganse por santas,
inviolables, perpetuas y únicamente reservadas a la Santa Sede tanto en lo que se refiere a los
cambios como a la introducción de nuevos preceptos.
173. Tan sólo tiene poder para solicitar de la Santa Sede el cambio de alguna prescripción de
las Constituciones o alguna innovación en el cuerpo de éstas, o, en fin, una suspensión o
supresión temporal o perpetua de alguna norma el Congreso General del Instituto, con tal de
que éste tenga la certeza de la necesidad de ese cambio, innovación, suspensión o supresión.
174. Para que esta certeza tenga valor jurídico, en caso de que se trate de una supresión,
innovación o suspensión indefinida del texto, se requiere prolongado experimento, confirmado
por la autoridad de tres Congresos Generales ordinarios, el cual ha de someterse a un cuarto
Congreso General ordinario y ser aprobado al menos por dos tercios de los votos.
175. Ahora bien, si se trata de la suspensión temporal de alguna prescripción de las
Constituciones, el Presidente General, con voto deliberativo de un Congreso General solamente,
tiene poder para solicitarla de la Santa Sede; se requiere, sin embargo, que se manifieste
muy explícitamente a la Santa Sede el tiempo hasta el que ha de prolongarse la suspensión
solicitada.
176. Los Superiores del Instituto están obligados a fomentar por todos los medios la observancia
de las Constituciones y a exigirla de una manera prudente y eficaz, sabiendo que ellas son
un medio cierto de santificación para los miembros del Instituto: por lo cual contra las
Constituciones no podrán nunca prevalecer ni costumbre alguna ni ningún desuso.
177. La facultad de dispensar de la observancia disciplinar de las Constituciones, en los puntos
en que pueden dispensarse, le compete tan sólo al Presidente General, con voto consultivo de
su Consejo, si se trata de asuntos de gran importancia o si ha de concederse la dispensa a
todo el Instituto en pleno; en otro caso, basta un decreto del Consiliario regional de acuerdo
con el consenso de su propia Comisión.
178. Las prescripciones de las Constituciones que contienen leyes divinas o eclesiásticas conservan
la obligación propia que por sí tienen.
179. En cambio, las prescripciones que se refieren a los votos, en el sentido de que definen la
materia remota o próxima de dichos votos y estatuyen la manera de observarlos, reciben su
fuerza de obligar de los propios votos.
180. Las prescripciones de las Constituciones que se refieren al gobierno y así mismo las que
definen las funciones de gobierno necesarias a los cargos y puestos administrativos por los
que aquél se ejerce, en lo que sea por supuesto según las normas cardinales de los mismos, e
igualmente las prescripciones que estatuyen y consagran la naturaleza y el fin especial del
Opus Dei, obligan en conciencia según la gravedad de la materia.
181. En fin, las prescripciones meramente disciplinarias o ascéticas, que no caen bajo los
casos anteriores (números 178-180), por sí mismas no obligan directamente so pena de incurrir
en culpa, aunque ciertamente tengan poder para constituir materia del voto y virtud de obediencia.
Además, violar cualesquiera de ellas, aun de las menos importantes, con desprecio formal,
es pecado; y si la trasgresión se produce de una manera y con un fin no recto, o si mueve a
escándalo, o contribuye a la relajación de la búsqueda de la vida de perfección, [la trasgresión]
lleva consigo un pecado contra las virtudes correspondientes.
Capítulo III. Del espíritu del Instituto
182. Aun cuando los miembros del Opus Dei profesan plenamente la perfección evangélica
sujetándose por una perpetua y definitiva entrega a servidumbre de Cristo Nuestro Señor, sin
embargo el Instituto externamente no presenta en sus casas propias ningún signo que huela a
casa religiosa.
183. Los socios, como ciudadanos comunes cualesquiera, cumplen sus deberes y participan en
sus derechos. Por lo que atañe a la actividad profesional, e igualmente a las doctrinas sociales,
políticas, etc., cada socio del Opus Dei, dentro de los límites en todo caso de la Fe y de la
moral católicas, goza de plena libertad; por lo cual el Instituto no hace suyos los trabajos profesionales,
sociales, políticos, económicos, etc. de ninguno de sus socios como individuo.
184. Imbuidos hasta lo más hondo del espíritu católico, ni sienten envidia de las obras realizadas
por otros cualesquiera para gloria de Dios y salvación de las almas, ni las denigran, alegrándose
con el Apóstol de que también otros tengan don de profecía.
185. La labor apostólica de los miembros se ejerce callada e individualmente o por la acción de
unos pocos; no han de celebrarse de regla Congresos Generales de los socios y cooperadores.
186. Los miembros del Instituto, que deben ser ejemplares selectos dentro de su propia clase
social ejercen su apostolado principalmente entre sus iguales, valiéndose sobre todo de la
amistad y confianza mutua.
187. Nuestro Instituto siente profundamente la catolicidad y la fomenta con todo empeño; por lo
cual nunca prestará su ayuda a negocios que repugnen con el espíritu de la Santa Iglesia.
188. Acuérdense los nuestros de que en la Iglesia existe tan sólo una jerarquía de derecho divino,
a saber, la constituida por el Sumo Pontífice y los Obispos, a quienes puso el Espíritu
Santo para regir la Iglesia de Dios (Hechos XX, 28). Por lo cual tengan todos metida en su
ánimo la idea de que, por supuesto, la jerarquía interna de la Obra está consagrada al servicio
de la Iglesia.
189. Para conseguir más fácilmente el Instituto su finalidad propia, quiere vivir oculto como tal
Instituto: por lo cual se abstiene de actos colectivos, y no tiene un nombre o denominación
común por el que sus miembros puedan ser llamados. Dada la índole del Instituto, que externamente,
como sociedad, no es conveniente que aparezca, los socios del mismo no intervendrán
colectivamente en ciertas manifestaciones del culto, como las procesiones.
190. En virtud de esta humildad colectiva, que es propia de nuestro Instituto, cualquier cosa
que sea por sus socios realizada, no le es a él atribuida, sino que más bien todo lo bueno que
por dichos socios se hace ha de serle atribuido tan sólo a Dios. Consecuentemente, incluso la
misma agregación al Instituto no consiente ninguna manifestación externa; a los extraños se
les oculta el número de los socios; y más aún, los nuestros no han de conversar acerca de
estos temas con extraños.
191. Esta humildad colectiva llevará a los nuestros al extremo de que la vida, que a Dios han
consagrado, la vivan con una cierta discreción, que es en alto grado conveniente a la deseada
fecundidad del apostolado. La falta de esta discreción podría constituir un grave obstáculo para
el ejercicio de la labor apostólica o suscitar alguna dificultad en el ámbito de la propia familia
natural o en el ejercicio del cargo o profesión. Por lo cual los socios Numerarios y
Supernumerarios sepan bien que van a guardar siempre un prudente silencio respecto a los
nombres de los otros miembros; y que a nadie van a velar nunca que ellos mismos pertenecen
al Opus Dei, ni aun siquiera con el fin de la difusión de dicho Instituto, sin licencia expresa del
propio Director local. Esta discreción obliga principalmente a aquellos que hayan sido recibidos
recientemente en el Instituto, así como también a los socios que, por cualquier causa, hayan
abandonado el Instituto. El Instituto [mismo] y algunos de sus miembros, por el contrario, deben
ser conocidos ya que todas nuestras labores apostólicas se desarrollan y cumplen dentro siempre
del ámbito de las leyes civiles, y de igual modo, con igual virilidad de ánimo, evitamos en
absoluto tanto lo uno como lo otro, es decir, el secreto y la clandestinidad, puesto que lo único
que nos mueve a guardar esa discreción es la humildad y una eficacia apostólica más empeñosa
y más fecunda.
192. Por tanto, no se permiten insignias o distintivos ningunos propios del Instituto, por las que
sus miembros, sean clérigos o laicos, puedan distinguirse de los demás.
193. Estas Constituciones, las instrucciones publicadas y las que puedan en lo futuro publicarse,
así como los demás documentos no han de divulgarse; más aún, sin licencia del Padre,
aquellos de dichos documentos que estuvieren escritos en lengua latina ni siquiera han de traducirse
a las lenguas vulgares.
194. En aquellos puntos en que o bien la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz o bien el Opus
Dei caen bajo la ley civil de la región respectiva, sométanse lealmente a la misma [los correspondientes
documentos]. Los demás puntos, que se refieran al régimen interno del Instituto, a
su organización, costumbres, espíritu, ceremonias y método de apostolado sólo sean dados a
conocer de una manera Plena a la autoridad eclesiástica legítima.
195. Todos y cada uno de los miembros del Instituto están obligados con todas sus fuerzas a
procurar y prestar su cooperación a que se perfeccionen y evolucionen los servicios apostólicos
de los demás miembros. De aquí la obligación que a todos incumbe de advertir a los
Superiores internos del Instituto acerca de todos aquellos asuntos que, sea en el método sea
en el modo de actuar de los socios, puedan ocasionar algún perjuicio a la actividad y a la eficacia
de la Institución; y asimismo los socios, teniendo presentes las normas de la caridad y de la
prudencia, están también obligados a practicar la corrección fraterna, de modo que, en su
caso, aparten a los otros miembros de costumbres que repugnen con el espíritu de la
Institución.
196. Todos los miembros constituyen una familia ligada por vínculo sobrenatural. Por ello,
cuando suceda que en cualquier sitio que sea habiten tres o más al mismo tiempo, constituyen
una familia, sin que su vida, llevada en común, sea nunca una vida comunitaria canónica, ni
por ende sometida a las leyes del Código de Derecho Canónico, sino a las normas generales
de los Institutos Seculares y a las peculiares de nuestro Instituto. En cuanto a aquellos que
viven fuera de familia, deben estar adscritos a algún Centro, del que dependan en el ejercicio
del propio cargo, de tal modo que no se admita en ningún caso la existencia de un socio acéfalo
o errabundo.
197. Nuestro Instituto es, ciertamente, una familia, pero es además una milicia. Una familia, sin
cargar con los inconvenientes del afecto carnal; y una milicia, con la fuerza, la más apta para la
lucha, de una disciplina más severa.
198. El modo y la organización de la vida de la Institución imita la organización y modo de la
familia cristiana, más bien que los de una comunidad religiosa formal.
199. Conviene que nuestro Instituto se distinga por una exquisita cultura del entendimiento y
del ánimo y por una extremada caridad y humanidad entre sus miembros.
200. Así como es el rasgo distintivo de la familia natural una simplicidad y llaneza que igualan
entre sí a todos sus miembros, así en el Opus Dei presida todas las actividades esa simplicidad
de la vida de familia. Para mejor conservar ese espíritu, están prohibidos los títulos honoríficos
para designar a los cargos de dirección. En gracia de esa misma simplicidad el Presidente
del Instituto internamente se llama « Padre »; y los documentos se redactan en estilo familiar.
201. El Instituto opera por medio de socios que se expanden, a manera de rayos, a partir de un
centro, alcanzando cada uno su esfera de acción propia según la cultura y la aptitud de cada
cual demanda.
202. Medio de apostolado peculiar de la Institución son los cargos públicos, en especial de
aquellos que implican el ejercicio de una dirección.
203. Para conseguir esto, es necesario que los nuestros se destaquen en autoridad profesional
y sin cesar se afanen en la adquisición de una formación científica.
204. Otro medio propio de nuestro apostolado es la amistad y el trato asiduo con los colaboradores,
sin que se establezcan sin embargo para esto asociaciones especiales de acción religiosa
externa.
205. Acuérdense, por lo demás, los miembros de que la eficacia del apostolado consiste sobre
todo en los medios sobrenaturales; por lo tanto, cultiven animosamente y fomenten la oración y
la penitencia.
206. El Instituto no tiene devociones propias y exclusivas; la raíz de la vida espiritual de los
socios y el centro sacrosanto es el sacrificio de la Misa.
207. La erección de un Centro autónomo Dei Opus Dei lleva consigo la facultad de tener un
Oratorio semipúblico, para uso de la familia del Instituto y de otras personas según norma de
derecho, así como de custodiar en él el Santísimo Sacramento y cumplir las funciones propias
del Instituto. En nuestros oratorios la exposición solemne del Santísimo Sacramento debe
hacerse por lo menos en la noche precedente al primer sábado de cada mes.
208. Nuestro Instituto ha sido creado para el servicio de la Iglesia, por la cual sus miembros
estarán siempre prestos a perder la vida, los bienes, y además también su alma (Lucas XIV,
26); no pretendan nunca que la Iglesia les sirve a ellos. Sea, pues, rasgo distintivo y honra de
nuestro Instituto una absoluta y total adhesión y sumisión a la jerarquía y a la potestad de la
Iglesia.
209. Los miembros sirven al Señor en espíritu de gozo, que proviene de la generosidad de una
entrega omnímoda al servicio divino.
210. Estimen todos ellos y fomenten la humildad, no sólo la privada, sino también la colectiva;
y por ello no busquen nunca gloria para el Instituto, y aun por el contrario, tengan este solo
principio profundamente grabado en su alma: que la gloria suma de nuestra Institución es vivir
sin gloria humana.
211. Todos nosotros somos amigos (« pero a vosotros os he llamado amigos ». Juan XV, 15), y,
más aún, somos hijos de un mismo Padre, y por tanto, en Cristo y de Cristo juntamente hermanos.
212. Las virtudes naturales y humanas cultívenlas diligente y esforzadamente, pero siempre y
en todo procuren fielmente convertirlas en sobrenaturales.
213. La fraternidad, el optimismo, la audacia, la intransigencia en las cosas buenas y rectas, la
alegría, la simplicidad, la nobleza y la sinceridad son cualidades que con especial empeño cultivan
los hijos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei.
214. « En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si tuviereis amor los unos por los
otros» (Juan XIII, 35). Esta caridad nos obliga a enseñar y a amonestar a nuestros compañeros,
dentro sin embargo de los límites de la corrección fraterna.
215. Nuestra ambición suprema sea la de vivir como los cristianos primitivos, sin distinción de
sangre, de nación ni lengua.
216. Los ancianos y los enfermos son principales depósitos o tesoros del Instituto.
217. Para fortalecer el espíritu propio de la Institución, se fomenta la penitencia y la aflicción
del cuerpo, que más bien ha de buscarse en las cosas pequeñas y ordinarias y en un trabajo
cotidiano, constante, ordenado. Sin embargo, todas las penitencias privadas han de someterse
de inmediato a la potestad y prudencia del Superior, el cual, sopesando ante el Señor todas las
circunstancias del hermano, puede y debe moderarlas.
218. Una fe sobrenatural, viva y operante, nos proporciona las fuerzas que hacen superar
todos los obstáculos, hasta el punto de que con el Apóstol también podemos decir nosotros: «
Todo lo puedo en Aquel que me fortalece » (A los Fil. IV, 13).
219. Que nuestra perseverancia sea enteramente voluntaria: no por obligación, sino espontáneamente
militamos a favor de Cristo y no sufrimos constricción ninguna.
220. Somos siervos y propiedad de la Iglesia: por tanto, nada más grato para nosotros, nada
más gozoso que servirle.
221. Seamos sinceros para con Dios, para con nosotros mismos y para con aquellos que están
al frente de nosotros, a fin de que más fácilmente podamos adquirir la perseverancia.
222. Atendamos al ejemplo más que a las palabras: pues es con aquél con lo que Dios construye
o destruye a los enemigos.
223. El celo en el que ardemos pretende una sola cosa: a saber, que todos nosotros, con
Pedro y por medio de María, seamos conducidos hasta Jesús como de la mano.
224. Nuestro corazón, que para amar fue hecho, ame ante todas cosas a Cristo, a María
madre suya y nuestra, y al Romano Pontífice. Este amor nos enseñará el sacrificio, la pureza y
la abnegación, cuyo fruto es el « gozo con paz ».
225. Sea nuestra obediencia como la obediencia de Cristo, que se hizo obediente « hasta la
muerte, y muerte que fue de cruz » (A los Fil. 11, 8).
226. Nada ni a nadie temamos. « El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién voy a temer? El
Señor es el protector de mi vida: ¿de qué voy a temblar? Así se planten contra mí ejércitos en
campaña, no temerá mi corazón » (Salmos XXVI, 1, 2, S).
227. No gastemos nuestro tiempo en construir casas; más bien tomemos por nuestras las que
ya están construidas.
228. La pobreza amémosla hasta lo más posible; que ella sin embargo no aparezca en nuestro
hábito externo, el cual conviene que sea adecuado al cargo social que desempeñamos.
229. En el ejercicio de las virtudes y en la práctica del apostolado rehuyamos las manifestaciones
exteriores. Comportémonos en todo sinceramente, pero con prudencia, trayendo con frecuencia
a nuestra memoria la maravillosa fecundidad de los treinta años de vida oculta de
nuestro Salvador Jesucristo.
230. Los socios del Opus Dei han de llevar a cabo con el máximo cuidado incluso los asuntos
de poca monta, ya que la manera de nuestra vocación consiste en la santificación de la labor
diaria. No siempre se presentan asuntos de importancia; de los pequeños, continuamente: en
los cuales el amor de Jesucristo puede con más frecuencia demostrarse.
231. Tres cosas son las que proporcionan la bienaventuranza en la tierra y el premio en el
cielo: una fidelidad firme, virginal, gozosa e inquebrantable a la fe, a la pureza y a la propia vía
o vocación.
232. El negocio y las razones de nuestra vocación no los comuniquemos con los extraños si no
muy cautamente y muy rara vez: pues ¿cómo podrán aconsejarnos rectamente acerca de esos
asuntos los que ignoran a Institución o se muestran hostiles a ella?
233. La fiel observancia de las costumbres y de las Constituciones engendrarán en nuestros
hermanos el espíritu genuino del Instituto y grabarán profundamente en ellos la fisonomía propia
de nuestra familia.
Capítulo IV. De la observancia de las costumbres piadosas
234. Allí donde tres o más socios vivan en familia, eríjase en lugar conveniente y cómodo una
cruz de color negro sin la imagen del Crucificado. Esta cruz, en los días de la Invención y de la
Exaltación de la misma, desde la hora prima de vísperas, adórnese con coronas de flores.
235. Por la tarde, después del rezo del Rosario mariano, hágase un comentario del Evangelio.
236. Tengan todos en un lugar decente y patente del propio dormitorio una imagen de Nuestra
Señora, que no han de dejar de saludar, al menos con movimiento de los ojos, al entrar y al
salir.
237. Todos los actos comunes de la Sección de varones se cerrarán con esta súplica piadosa:
«Sancta Maria, «Sancta María, Spes nostra, Sedes sapientiae, ora pro nobis » [«Santa María,
Esperanza nuestra, Morada de sabiduría, ruega por nosotros »]; y en la Sección de mujeres:
«Sancta Maria, Spes nostra, Ancilla Domini, ora pro nobis » [« Santa María, Esperanza nuestra,
Sierva del Señor, ruega por nosotras »].
238. Cada año, todos los socios en el mes de mayo hagan un viaje de sagrada peregrinación a
algún Santuario de la Bienaventurada Virgen María, a fin de mostrar nuestro amor hacia dicha
Santísima Virgen.
239. En todos los Centros donde se desarrolla la obra de San Rafael, hágase cada sábado una
colecta para ornar de flores la imagen de la Señora.
240. Lleven todos el escapulario carmelitano, ritualmente impuesto. Y cada día, antes de subir
al lecho por la tarde, recen devotamente las tres Avemarías llamadas de la Pureza, arrodillados
y, si puede ser, con los brazos dispuestos en forma de cruz. Asimismo, recen cada día, por el
socio que se encuentre en más grave necesidad, la oración « Mernorare ».
241. En el día de la fiesta de San José renueven todos los socios su consagración al Instituto.
Se recomienda además que se acostumbren a renovar más frecuentemente dicha consagración
privadamente y por devoción.
242. Las llaves de todos los Tabernáculos de la Institución han de llevar colgando una cadena
de la que penda una medalla de San José; y en la medalla esta inscripción: « Ite ad Ioseph » [
« Id a José »].
243. Al entrar en el Centro del respectivo ministerio, y lo mismo al salir de él, invoquen fiel y
devotamente, en voz alta o por lo menos con el pensamiento, al Angel tutelar de la casa. Al dar
comienzo a los ministerios o trabajos pertinentes al apostolado del Instituto, encomiéndenlos
fervientemente al Patrono peculiar de esos trabajos o ministerios.
244. Aparte de las fiestas del Señor, de la Bienaventurada Virgen María y de San José, se
celebran con especial devoción las festividades: de la Invención y de la Exaltación de la Santa
Cruz; de los Santos Arcángeles y Apóstoles Patronos de las obras del Instituto; de los otros
Apóstoles y Evangelistas; el día dos de octubre, o festividad de los Angeles Custodios; y el
catorce de febrero. Estos últimos días sean, para nuestra Institución, días de acción de gracias.
245. Cada miércoles, después de invocado el Angel Custodio, para que preste su asistencia a
la oración, den un beso al Rosario, en signo de amor para con la Bienaventurada Virgen, y
reciten en lengua latina el salmo 2, que comienza « Quare frernuerunt »; que el texto de este
salmo les proporcione el argumento de una meditación vespertina.
246. Aparte de las oraciones que en las Preces cotidianas se elevan por el Sumo Pontífice y
por el Obispo diocesano, no dejen de encomendar todos al Señor cada día de un modo especial
las intenciones de los mismos.
247. Asimismo, ofrezcan cada día a Dios alguna oración y mortificación por el Padre. Si en el
examen vespertino advirtieren que las han omitido, hagan una breve oración vocal por dicho
Padre antes de subir al lecho.
248. Para fomentar el sentimiento de la presencia de Dios, los miembros usan, al acercarse o
al despedirse, de la siguiente fórmula de salutación: « Pax» ; a la que se responde: « In aeternum
».
249. Por la noche, antes de entregarse al sueño, el Padre recitará postrado el salmo
«Miserere»; y si no Pudiere hacerlo, encomiende a alguno de los Socios que lo haga en sustitución
suya.
250. Tengan todos agua bendita en su dormitorio, con la cual han de salpicar el lecho antes de
la dormida, y en la que han de mojar los dedos al ir a signarse el signo de la cruz.
251. Para demostrar el empeño en la pobreza, cada año en la fiesta de San Francisco de Asís
todos los socios Numerarios han de abandonar patentemente todas las cosas que están en su
usufructo, para que el Director de la casa o del Centro tome de ellas lo que le pareciere. Esto
es lo que se llama « Spolium » [« expolio » o « despojamiento »].
252. Entre los socios están prohibidos los regalos de cualquier género.
253. Para mejor adquirir el espíritu de pobreza, cada mes los socios han de rendir al Director
del Centro o residencia cuentas de lo recibido y de lo gastado, a no ser que a dicho Director le
parezca más conveniente de otro modo.
254. El vínculo de familiaridad espiritual y fraterna que liga a todos los miembros del Instituto
no tiene manifestación externa en la vida social.
255. Tengan todos los socios cada semana familiarmente y en confianza una conversación con
el Director local, a fin de que mejor la acción apostólica se ordene y se fomente.
256. En todas nuestras casas, en lugar apropiado y decoroso, póngase la imagen de San
Nicolás de Bari, con la siguiente inscripción debajo: «Sanete Nicolae, curam domus age » [«
San Nicolás, ten cuidado de la casa »].
257. Para que mejor podamos disfrutar del trato con Dios guárdense entre nosotros dos silencios,
el mayor y el menor: es a saber, aquél: desde el examen vespertino hasta el fin de la
Misa; éste, después del almuerzo por espacio de tres horas.
258. La noche en que se celebra exposición del Santísimo Sacramento, todos los socios, [cada
cual] por su orden, acudan a adorarlo, hasta la reposición del Mismo.
259. Cada día uno de entre los socios, con conocimiento tan sólo del Director, hará la llamada
«vigilia » (« vela » o « vigilancia »): esto es, que procura con el mayor empeño de su alma vivir
en aquel día, de especial manera, el espíritu, las costumbres y las normas del Instituto : se
dedicará a un trato más frecuente con Dios, insistirá en la oración por mayor tiempo, añadirá
alguna mortificación singular, y solicitará de Dios para sus hermanos empeñosamente una
observancia más exacta.
260. La piadosa costumbre, para castigar A cuerpo y reducirlo a servidumbre, de llevar al
menos durante dos horas cada día un pequeño cilicio, de recibir las disciplinas una vez por
semana y dormir en el suelo, sólo con que se haya tenido cuenta de la salud, la conservarán
fielmente.
Capítulo V. De los deberes de devoción de los socios
261. Cada día los miembros por la mañana, después de hecho el ofrecimiento de sus obras a
Dios, dedicarán a la oración mental un espacio de media hora. Asistan además devotísimamente
al sacrificio de la Misa, participando del manjar del Cuerpo de Cristo sacramentalmente o por
lo menos espiritualmente; recen las preces comunes; visiten a Cristo en el Santísimo
Sacramento; dediquen algún espacio de tiempo a la lectura del Evangelio y de otro libro espiritual;
recen el Rosario mariano de quince misterios; hagan examen de conciencia; y no dejen de
honrar a la Bienaventurada Virgen María, según es costumbre, con la salutación « Angelus
Domini » o con la antífona «Regina coeli ».
262. Cuando a juicio del Consiliario regional pueda cómodamente hacerse, sean por todos
rezados en común, de mañana y de tarde, la ‘Prima’ y el ‘Completorio’; pero los socios del
Instituto no rezan en privado las horas canónicas, a no ser que estén ordenados in sacris.
263. Cada semana realicen la confesión sacramental ante los sacerdotes que les sean designados.
Pero sepan todos que a cada cual le está permitido acudir libremente a cualquier sacerdote
aprobado para confesión por el Ordinario del lugar, sin que esté obligado a dar cuentas a
ningún Superior acerca de la confesión con él habida.
264. Por el sábado, hagan alguna mortificación y reciten la antífona « Salve Regina ».
265. Cada mes dediquen un día al retiro espiritual.
266. Cada año conságrense durante algunos días a los ejercicios espirituales.
267. Siempre y dondequiera, renueven la veneración de la presencia de Dios, acuérdense de
su filiación divina; repitan las comuniones espirituales; igualmente las acciones de gracias, los
actos de expiación, las oraciones jaculatorias; fomenten con todo empeño la mortificación, es
estudio, el trabajo, el orden, el gozo.
268. El Opus Dei se vale, para grabar más hondamente su espíritu propio en los ánimos de los
miembros, de métodos peculiares, que se llaman confidencia semanal, Círculo breve y corrección
fraterna.
269. Con el nombre de confidencia se designa en el Opus Dei una singular colación familiar y
un abierto y sincero coloquio con el Director, Consiliario, Mayor Superior o Supremo, o con los
delegados de éstos, cuya finalidad principal será triple, a saber:
1.p Un conocimiento más claro, más pleno y más íntimo de los miembros por parte de los
Superiores, y la comunicación y aplicación a la vida de cada uno de la forma de mentalidad del
Opus Dei;
2.p La corroboración y confirmación de la voluntad para la santidad y el apostolado que responde
al espíritu del Opus Dei;
3.p La íntima efusión de ánimos y compenetración entre los subordinados y los Superiores.
270. Celebren los miembros Numerarios y Oblatos diligentemente cada semana los Círculos
breves, de acuerdo con la manera definida en nuestro ceremonial, en los que se corrijan los
defectos, se propongan medios de apostolado, y se traten familiarmente todos los asuntos convenientes
u oportunos para fomentar nuestro espíritu y actividad específica.
271. El Círculo breve, en cada una de las casas o Centros, es uno distinto para los socios
Numerarios u Oblatos que ya se han consagrado a la Institución y otro distinto para aquellos
que están en el periodo de prueba todavía. Sin embargo, si el Director juntamente con su
Consejo propio lo considerare oportuno, podrá celebrarse un Círculo breve especial para algunos
de los Numerarios solamente o, en los Centros respectivos, para algunos de los Oblatos.
272. El presidente del Círculo anotará oportunamente lo que en el Círculo breve se hubiere
hecho o concluido, para sometérselo al Director, en caso de que éste no haya estado presente.
Por lo demás, a nadie le sea permitido hablar de los defectos de que los socios en el Círculo
breve se hayan acusado o promover censura con motivo de algo que en dicho Círculo se haya
dicho o hecho; sea lícito tan solo conversas acerca de esos puntos con los Superiores.
Capítulo VI. De la promoción a las órdenes sagradas
273. Sean tan sólo promovidos a las Ordenes sagradas aquellos que el Presidente General
haya reconocido como dotados de vocación eclesiástica y haya juzgado que son necesarios o
pertinentes al Instituto y a sus propios ministerios. Por otro lado, los que desean aspirar a las
Ordenes pueden exponer al Padre su deseo, pero deben avenirse a su decisión.
274. La primera tonsura y las Ordenes deben conferirse tan sólo a aquellos que estuvieren ya
incorporados perpetuamente al Opus Dei por la Fidelidad.
275. Para que pueda un miembro ser promovido a las Ordenes, aparte de la carencia de las
irregularidades y demás impedimentos, de que en el derecho común se trata, se requiere que
esté adornado de una especial aptitud para las funciones sacerdotales tales como han de ser
ejercidas en el Instituto. La promoción a las Ordenes sagradas se le reserva al Padre.
276. El título de ordenación para los miembros que deban ser promovidos es el de la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz.
277. Las cartas dimisorias para la ordenación de los alumnos Numerarios de la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei las da el Presidente General del Instituto.
278. Los que son llamados a las Ordenes sagradas no sólo deben tener los requisitos prescritos
por los cánones, sobre todo un especial conocimiento en las disciplinas eclesiásticas, sino
que han de destacarse además por su devoción, por la integridad de su vida, por su celo para
con las almas, por su ardiente amor a la Sagrada Eucaristía, y por el deseo de imitar lo que
cada día van a tener que traer entre las manos.
279. Como quiera que los sacerdotes en el Instituto deben alimentar de modo especialísimo la
vida de todos los socios, para que mejor y más eficazmente puedan poner su esfuerzo en la
misión que les ha sido encomendada, antes de recibir la Orden del Subdiaconado, deben pronunciar
la promesa de que se trata en el número 20. Y aparte de esto, ha de observarse todo
aquello que por la Santa Sede está prescrito para la ordenación lo sacris de los clérigos.
Capítulo VII. De los enfermos y los difuntos
280. Los enfermos y los ancianos son depósitos y tesoros nuestros. De aquí que el Opus Dei
ha de tratarlos con el máximo cuidado, basta el punto de suministrar con la mayor caridad y
generosidad cualquier cosa que para conservar la salud de los Numerarios o para recobrarla,
caso de que la hayan perdido, se estime necesario o conveniente a juicio de los médicos.
281. Pero si propio es de la Institución demostrar un amor materno y generoso para con cualesquiera
de los enfermos, todos están obligados a soportar pacientemente la enfermedad, y
acordándose de la mortificación y la pobreza que han profesado, nada exijan, sino después de
exponer a los Superiores, con la modestia y sinceridad que corresponde, su necesidad, sométanse
confiadamente a los cuidados de aquellos y a la voluntad de Dios.
282. Los demás, por su parte, aunque ciertamente con la debida prudencia y observando las
prescripciones de los mediros y de los Superiores, visiten a los hermanos enfermos, alívienlos
con una conversación alegre, y no se desdeñen dc servirles aun en bajas y humildes atenciones.
283. Es derecho y deber de los Superiores del Instituto, cuando amenace peligro de inminente,
administrar por sí mismos o por otros los Sacramentos a los Numerarios enfermos (canon 514),
lo cual también pueden hacer con los miembros Oblatos. Y al sobrevenir la agonía, hágase la
encomendación del alma, estando presentes, en cuanto sea posible, todos los miembros de la
casa y rezando por que Dios consuele al enfermo, salga a su encuentro sonriente y lo conduzca
hasta el Paraíso.
284. Hágansele al cadáver las honras fúnebres con el debido honor; y cuídese el Director del
Centro o de la casa de que sea envuelto en la mortaja.
285. El Director local ha de informar de la defunción al Presidente del Instituto, así como al
Consiliario regional, los cuales a su vez anunciarán la muerte a las demás regiones y residencias,
para que todos eleven sus preces y súplicas por el Numerario difunto, según a cada uno
le sugiera la caridad. Comuníquese también inmediatamente la defunción a la familia del difunto.
286. Los ritos fúnebres, tanto para los Numerarios como para los Oblatos, han de celebrarse
de regla en la parroquia según norma jurídica. En la propia casa pueden celebrarse siempre
que haya en ella Oratorio público o Centro mayor reconocido por la autoridad eclesiástica.
287. En caso de fallecimiento del Sumo Pontífice, ofrezcan por él una misa cada casa; lo
mismo hagan por el Ordinario del lugar, en el caso de su defunción, las residencias de la jurisdicción
respectiva.
288. En caso de defunción del Padre, aparte del funeral solemne que en cada Centro de la
Institución ha de celebrarse, duplíquense por él los sufragios comunes. Lo mismo se cumpla en
la región respectiva para con el Consiliario de la misma.
289. Por cada uno de los Numerarios difuntos, incluso por aquellos que hayan fallecido en el
periodo de prueba, aparte de la Misa de exequias, se aplicarán treinta Misas gregorianas en la
casa o Centro al que estaba adscrito, así como una Misa en el primer aniversario del óbito. En
las demás casas de la región, celébrese una Misa por el ánima del difunto inmediatamente que
llegare la noticia del fallecimiento. Por los Oblatos han de aplicarse los mismos sufragios que
por los Numerarios.
290. Por cada uno de los Supernumerarios difuntos celébrense tres Misas; y los demás socios
adscritos al respectivo Grupo eleven las preces y súplicas que la caridad fraterna les sugiriere.
Tienen también participación en todos los sufragios comunes.
291. Por el padre y la madre de cada socio Numerario u Oblato, en la residencia del hijo, aplíquense
nueve Misas; y si hubiere varios hijos en el Instituto, multiplíquense los sufragios por
cada uno de los hijos. Por el hermano o la hermana de uno de nuestros miembros Numerario u
Oblato celébrense en su residencia tres Misas.
292. Insistentemente se recomienda a todos la santa y saludable meditación por todos los
difuntos, pero especialmente por los de nuestro Instituto, suplicando y haciendo votos para que
la caridad que nos unió en la tierra también tras de la muerte siga haciendo de nosotros uno
solo. Así pues, por todos los difuntos del Instituto celébrese cada año una Misa de aniversario,
aparte de los otros sufragios que, principalmente en el mes de noviembre, habrán por ellos de
aplicarse.
PARTE TERCERA: DE LA DIRECCIÓN DEL INSTITUTO
Capítulo I. Del régimen general
Artículo 1: De la elección del Presidente del Instituto y de los Congresos Generales
Artículo 2: Del Padre
Artículo 3: Del Vicepresidente
Artículo 4: Del Consejo del Presidente
Artículo 5: De la administración general
Capítulo II: De la dirección regional
Capítulo III: De la dirección local
Capítulo IV: De las Semanas de trabajo
Capítulo I. Del régimen general
293. El Opus Dei tiene un gobierno general, regional y local. El primero afecta a todo el
Instituto y a todas las obras del mismo; el segundo a los socios y a la actividad de una región
determinada; el tercero a los, diversos centros locales.
294. Tanto el Instituto en conjunto como la doble división del mismo a saber, la de hombres o la
de mujeres, están legítimamente representados tan solo por el Padre o sus delegados y por el
Procurador General; y en cuanto a cada región del Instituto también lo está por su propio
Consiliario regional.
295. Los Superiores del Instituto, tanto del gobierno general como del regional y local, disfrutan
de un poder ordinario, societario, dominativo y gubernativo, según la norma de estas
Constituciones.
296. Aparte de aquellos que, de acuerdo con el canon 488, 8.p, se llaman Superiores Mayores,
se equiparan a los Superiores Mayores según la norma y dentro de los límites de estas
Constituciones todos aquellos que desempeñan un cargo de dirección en el Consejo General;
y, en lo que toca a la propia región de cada uno, los que entran en la Comisión regional.
297. Nadie puede ser promovido a un cargo de gobierno, ni aun local, si no interviene consentimiento
expreso del Presidente General. Sin embargo, el Presidente, antes de conceder su
venia ha de procurarse cuidadosas y ciertas informaciones. Y si el Presidente se niega a dar su
consentimiento debe, como máximo explicar las causas de esta decisión al Vicepresidente, si
lo hay, o al Secretario General del Instituto.
298. Excepto el cargo de Presidente General, todos los demás cargos del Instituto son temporales;
se admite, sin embargo, elección repetida de los mismos.
Artículo 1. De la elección del Presidente del Instituto y de los Congresos Generales (subir)
299. Toda la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y el Opus Dei los rige un Presidente
General, que internamente se llama ‘Padre’ se elige entre los electores excluyéndose el compromiso,
según la norma del núm. 304 y s.
300. Para que alguien pueda ser elegido Presidente General se requiere que sea sacerdote
Elector, incorporado por Oblación al Instituto al menos ya desde diez años, hijo de legítimo
matrimonio y de edad por lo menos de cuarenta años.
301. Ha de destacarse además por su prudencia, piedad, devota entrega al Instituto, caridad
para con sus consocios, celo para sus prójimos, obediencia para con la Iglesia.
302. Ha de estar dotado de una especial cultura, también de la profana, y más aún, en cuanto
sea posible, laureado con título doctoral en alguna disciplina eclesiástica, y provisto de otras
cualidades necesarias para la actuación.
303. El cargo es de por vida.
304. Para la elección del Presidente tienen voz activa todos aquellos que constituyen el
Congreso General, esto es, todos los socios Electores.
305. La elección del Presidente se hace en un Congreso General, que ha de convocarse en el
momento que quedare vacante el cargo. El Congreso lo convoca y lo preside el Vicepresidente
o, si no lo hubiere, el Secretario General, y, a falta de éste, el primero entre los miembros del
Consejo General, según las normas de precedencia expuestas en el núm. 30.
306. En las cartas convocatorias ha de expresarse así el plazo dentro del que ha de hacerse la
elección como el lugar en que el Congreso debe reunirse. En lo que atañe a lo primero, el
Congreso debe convocarse en el plazo de un mes ; y celebrarse, dentro de los tres meses a
contar de la vacación del cargo. Por lo que toca a lo segundo, el lugar del Congreso se decide
por el Vicepresidente o por el Secretario General, oído el Consejo. Entre tanto, la dirección de
todo el Instituto la lleva el Vicepresidente, si lo hay; en otro caso, el Secretario General o, a
falta de éste, el miembro del Consejo General de dignidad mayor (núm. 30).
307. La convocación ha de ser comunicada a todos y cada uno de los que tienen derecho de
intervenir. Si alguno fuere olvidado y por ello estuviere ausente, la elección tiene validez, pero a
instancia de dicho miembro, probándose la preterición y la ausencia, puede ser invalidada por
el Superior competente, esto es, por la Sede Apostólica, con tal de que conste que el recurso
ha sido tramitado por lo menos dentro de los tres días a contar del momento en que se tuvo
noticia de la elección.
308. Si hubieren sido olvidados más de la tercera parte de los electores, la elección es de propio
derecho nula. La falta de convocación no obsta a la elección, si los preteridos han intervenido
a pesar de todo.
309. El que ha sido convocado está obligado a intervenir personalmente, si no se opone legítimo
impedimento, que ha de ser aprobado por el Superior que convoca. No está permitido delegar
el derecho de intervención, ni tiene validez el voto enviado por carta.
310. Llevada a cabo legítimamente la convocatoria, el derecho de elegir pertenece a aquellos
que están presentes en el día y lugar en la convocatoria estatuido. Sin embargo, si alguno de
los electores está presente en la casa en que se celebra la elección, pero no puede estar presente
a la elección por mal estado de salud, sea su voto escrito recogido por los escudriñadores
y póngase en urna cerrada, para ser unido después a los demás votos proferidos por los
otros electores.
311. Para que el voto sea válido, ha de ser libre, secreto, decidido, incondicional, preciso y no
hecho a favor del propio votante.
312. Antes de venirse a la elección del Presidente, todos y cada uno de los electores prometan
con juramento, tocando su pecho los sacerdotes, el Evangelio los demás, que van a elegir a
aquel que estimen que según Dios debe ser elegido.
313. Guárdense todos de procura de votos directa o indirecta tanto para sí mismos como para
otros. Lo cual de todos modos no impide que cada uno recoja prudentemente las informaciones
oportunas acerca de las cualidades de las personas que no son para él bien conocidas.
314. Entre las informaciones que el Congreso debe requerir y recibir, antes de poder en derecho
proceder a la elección del Padre, se cuentan aquellas que han de provenir del Asesorado
Central de la Sección de mujeres. Dado que el Padre es cabeza y Superior de una y otra
Sección, es bien que a todos y cada uno de los miembros del Asesorado Central se les dé la
facultad de proponer el nombre o los nombres de aquel o de aquellos que juzguen más dignos
y más aptos para el cargo supremo del Opus DeL Por ello, cada una de las miembros del
Asesorado entregará al Sacerdote Secretario una esquela sellada, no firmada ni rubricada,
cerrada en sobre, en la que propondrá los nombres del candidato o candidatos. Estos sobres,
en la sesión del Congreso, han de abrirse en presencia de todos y ser leídos por el Secretario
del Congreso. Los escritos han de ser después quemados junto con las cédulas de la elección.
315. En la elección desempeñan el papel de escudriñadores, aparte del presidente del
Congreso, el sacerdote mayor en edad y el mayor en edad de entre los laicos; y el cargo de
secretario, el más joven de los laicos: todos los cuales han de interponer juramento de recontar
y registrar fielmente el número y de guardar el secreto sobre lo tratado en el Congreso, aun
después de concluida la elección.
316. A los escudriñadores corresponde cuidar de que los votos sean aportados por cada uno
de los electores en secreto, con diligencia, uno por uno y guardándose el orden de precedencia;
igualmente, una vez recogidos los votos hasta el último, comprobar, delante del presidente
de la elección, si el número de los votos corresponde al número de los electores, examinarlos y
públicamente o en voz bien alta leerlos, ocultando el nombre del elector, de tal modo que a
todos conste cuántos votos ha obtenido cada uno.
317. Si el número de votos supera el número de los que eligen, la actuación es nula y ha de
recomenzarse la votación.
318. Los votos, una vez concluido cada escrutinio o después de la sesión, si en una misma
sesión se hubieren hecho varios escrutinios, sean inmediatamente quemados por los mismos
escudriñadores.
319. Téngase por elegido a aquel que, descontados los votos nulos, haya obtenido una mayoría
al menos de dos tercios de los votos.
320. Si después de un cuarto escrutinio nadie hubiere conseguido la mayoría de que se habla
en el núm. 319, hágase un quinto, en el cual quede elegido como Padre aquel que consiga la
mayoría absoluta. Pero si nadie en el quinto escrutinio hubiere conseguido esta mayoría, hágase
un sexto y último, en el cual disfrutan de voz pasiva, sin tener la activa, solamente aquellos
dos que en el quinto hayan conseguido el mayor número de votos. En caso de igualdad de
votos, para definir el derecho de entrar en el sexto escrutinio y para decidir la elección en el
mismo, se atiende a la antigüedad de la Oblación o de la edad.
321. llevada a cabo la elección canónica, el elegido es proclamado por el presidente del
Congreso; y si hubiere sido elegido el propio presidente, hace la proclamación el siguiente en
orden de precedencia.
322. El elegido proclamado acepte la carga en espíritu de obediencia, confiando en la gracia de
Dios, que, al imponerle la carga, le dará también con la carga provisión de fuerzas para que
pueda sobrellevarla. Sin embargo, si le asisten causas tan graves que parezcan impedir la
aceptación, propóngalas al Congreso que las examinará. Avéngase el elegido a la decisión del
Congreso, que podrá obligar a aceptar al elegido incluso bajo el precepto de obediencia. Una
vez obtenida la aceptación, muestren todos reverencia al elegido, besándole la mano arrodillados.
Hecha la elección, comuníquese a la Santa Sede.
323. De la elección realizada levante acta diligentemente el secretario del Congreso, que ha de
ser firmada por el propio secretario, por el presidente y por los escudriñadores y depositarse en
el archivo del Instituto.
324. Concluido el asunto de la elección, el Presidente electo, que desde entonces será también
presidente del Congreso, someterá a éste las principales cuestiones del Instituto, que se decidirán
por mayoría de votos. Y si los votos estuvieren igualados, después del tercer escrutinio
podrá el Padre con su voto dirimir la paridad.
325. A la elección del Presidente subsigue una renovación de todos los cargos y puestos de la
Dirección general, ya Por designaciones nuevas, ya por confirmación. Esto vale aun para el
caso de que no haya transcurrido todavía el tiempo para el que hubieren sido nombrados los
titulares; el tiempo de la duración en el cargo se contará desde entonces a partir de esa nueva
designación.
326. § 1. Aparte del Congreso electoral, debe haber cada cinco años, un Congreso General
ordinario convocado por el Padre a fin de pronunciar juicio acerca de la situación M Instituto y
para que pueda presentar a persuasión las normas futuras oportunas para la actividad del
gobierno. El Congreso lo preside el Padre o, por delegación suya, la persona de mayor dignidad
del Consejo General.
§ 2. Ha de convocarse extraordinariamente Congreso General cuando la acumulación de
hechos lo exija a juicio del Padre con voto deliberativo del Consejo; también para designar o
revocar vicepresidente, según las normas 341, § 2 y 344, § 2.
Artículo 2: Del Padre
327. El Presidente General de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei recibe
de los socios el nombre de Padre.
328. El Padre tiene potestad sobre todas las regiones, los centros y cada uno de los miembros
y los bienes del Instituto, la cual ha de ejercer de acuerdo con estas Constituciones.
329. La potestad del Padre es ordinaria, social, gubernativa y dominativa sobre sus subordinados;
por lo cual tiene poder para dictar disposiciones, incluso comunes, para imponer penitencias
por las transgresiones y para ordenar todo aquello que estimare necesario u oportuno para
la recta gobernación del Instituto. El se cuida en especial de que se observen escrupulosamente
las Constituciones, y promueve la ejecución de las disposiciones de la Santa Sede que atañen
a los miembros.
330. Aparte de esto, será cuidado principal del Padre vigilar por que se promueva a toda costa
la cultura de los miembros, tanto religiosa como científica; mantener bien dotadas las sedes de
los estudios; evitar que sean promovidos los miembros a las Ordenes sagradas antes de
haberse satisfecho a todas las prescripciones canónicas; prevenir para todos y cada uno de los
miembros del Instituto aquellos medios de que tengan necesidad para ejercer su actividad profesional
y apostólica.
331. Así como el Padre aventaja a todos en autoridad, así es bien que igualmente se destaque
de los demás por sus virtudes y cualidades, principalmente aquellas que son propias del
Instituto y que son consiguientes a su espíritu.
332. Sea, pues, para sus subordinados un maestro y un padre, que a todos en las entrañas de
Cristo ame verdaderamente, a todos con pródiga caridad instruya y aliente y por todos gustosamente
se entregue y se consuma.
333. Para mirar por el bien espiritual del Padre y por su salud, haya dos Custodios o
Guardianes, los cuales sin embargo, por razón de este cargo, no entran en el Consejo General.
Son designados para un quinqueniopor el Padre mismo entre nueve socios Inscritos presentados
por el Consejo General (números 245, § 2 y 346, § l). Conviven en una misma familia con
el Padre.
334. A fin de poder mejor cumplir con sus deberes, el Padre, ya sea por sí mismo, ya por otros
que él haya delegado, ha de emprender visitas de las personas, de los domicilios y de las
obras.
335. Las visitas ordinarias han de verificarse al menos cada cinco años; las extraordinarias,
cuantas veces el Padre, oído el Consejo, las juzgare oportunas.
336. Oficio del visitador es informarse, ante todo, de la vida espiritual de los socios, de su cultura,
de su formación profesional, de su adhesión al espíritu del Instituto, de su actividad apostólica.
Investiga también acerca de las relaciones económicas y de todos aquellos puntos que,
bajo cualquier aspecto, atañen al Instituto.
337. Oye el Visitador a todos y cada uno de los socios, demanda noticias acerca de todos los
asuntos; les aconseja, los amonesta; allí donde es preciso, les reprende, los corrige, los alaba,
los incita a empresas mayores.
338. No deje el visitador de redactar notas de lo que se haya llevado a cabo en la visita, para
formar con ellas una relación que ha de someterse al Padre y al Consejo general, añadiendo
su propia opinión tanto acerca de los remedios que deban aplicarse como de la sugestión de
nuevas obras.
339. El Visitador Delegado durante el tiempo de la visita, sea ésta ordinaria 0 extraordinaria,
precede en dignidad a todos los sometidos a su visita.
340. El Padre puede comunicar directamente con cada uno de los miembros dela Institución, y
aún más: eximir a algunos socios, oído el Consejo, de la potestad ya sea de los Directores ya
de los Consejos y someterlos directamente a su propia potestad, quedando a salvo la disciplina
común. Tiene igualmente poder el Presidente General para, después de oído su propio
Consejo, someter algunos Centros directamente a su potestad.
Artículo 3: Del Vicepresidente
341. § 1. Si el Padre lo estima oportuno o conveniente en el Señor, puede él mismo señalar
libremente, oído el Consejo General, la designación de Vicepresidente según la norma núm.
342. El Consejo General enpleno podrá también sugerir sinceramente al Padre la oportunidad
de la designación de un Vicepresidente, que pueda a perpetuidad ayudarle en la dirección. El
Padre, a no ser que se opongan razones graves, debe acceder llanamente a la sugerencia del
Consejo.
§ 2. Pero si parece que el Padre necesita de aquel Vicepresidente de que se trata en el núm.
343, en ese caso el Consejo en pleno, después de una madura consideración del asunto en el
Señor; podrá convocar el Congreso, al que según la norma núm. 343 se reserva exclusivamente
la designación de tal Vicepresidente. Mas para que el Consejo pueda en derecho convocar
el Congreso para ese fin, se requiere una deliberación formal en la cual las dos terceras partes
del Consejo en pleno soliciten el antedicho nombramiento, así como uno de los dos Custodios
o Guardianes. Al Secretario General corresponde convocar Congreso General extraordinario,
que ha de presidir el mismo Secretario General.
§ 3. En el Vicepresidente, salvo la edad, se requieren las mismas cualidades que en el
Presidente.
342. El Vicepresidente, si le es concedido al Padre estando éste en uso de sus facultades,
ayuda al Padre, lo suple cuando está ausente o impedido; pero otras facultades no tiene, salvo
aquellas que, bien habitualmente, bien para un caso concreto, el Padre haya delegado en él.
De todos los asuntos que se lleven a cabo ha de rendir fielmente cuenta al Padre.
343. § 1. Si el Padre, por vejez, por enfermedad o por otra causa gravísima, parece de cierto
que, aun estando ayudado por un Vicepresidente ordinario (núm. 342), resulta de tal modo
incapaz para llevar el gobierno que la continuación de su dirección vendría a dar prácticamente
en daño Dei Instituto, puede en ese caso ser nombrado por el Congreso un Vicepresidente a
quien se transfieran todos los derechos y deberes del Padre, excepto el título.
§ 2. El juicio acerca de la existencia y gravedad de las causas para la designación de este
Vicepresidente y, si fuere el caso, su nombramiento, o, por el contrario, el juicio acerca de la
oportunidad de la designación de un Vicepresidente ordinario o de su cambio (es a saber, si
esto pareciera que es bastante), está reservado al Congreso, el cual debe por dos tercios de
votos decidir lo que, sopesados todos los puntos, más convenga para el bien del Instituto.
344. § 1. El Vicepresidente ordinario es revocable a voluntad del Padre. Oportunamente podrá
el Padre, lo mismo que en el nombramiento (núm. 341, § 1) así también oír al consejo en la
revocación.
§ 2. En cambio, el Vicepresidente que substituye al Padre en la dirección dura hasta el nuevo
Congreso ordinario. Sin embargo, podrá también un Consejo convocado extraordinariamente
revocarlo; y tanto el Congreso ordinario como el extraordinario, especialmente si las razones
para la suspensión de la dirección del Padre no pueden estimarse perpetuas de necesidad
podrán delegar en el Consejo General (núm. 346, § 1) la facultad de poder, en caso de unanimidad
moral, reinstaurar la dirección del Padre, revocando al Vicepresidente.
Artículo 4: Del Consejo del Presidente
345. § 1. Para ayudar al Presidente en la dirección y gobernación del Instituto hay un Consejo
General, que consta del Vicepresidente, si lo hay, del Secretario General, del Procurador
General, del Sacerdote Secretario Central, de tres Vicesecretarios, de un delegado o Enviado
[Missus] por lo menos de cada región, del Prefecto de Estudios y del Administrador General.
§ 2. Al Consejo General deben siempre ser admitidos, siguiendo sin embargo la norma núm.
346, aquellos Consultores que estén presentes. Pueden ser invitados, a juicio del Presidente, y,
caso de ser invitados, deben asistir también aquellos que estén ausentes por razón de su
cargo.
346 § 1. Para resolver aquellos negocios para los que se requiere según la norma de derecho
y de estas Constituciones voto deliberativo del Consejo General, deben siempre ser invitados
aquellos Consultores que no están ausentes por razón de su cargo; y para una decisión válida
del Consejo, es necesario que estén presentes por lo menos cinco de sus miembros. Si no
pudieren ser invitados cinco consultores o, invitados, no estuvieren en condiciones de asistir, el
Padre junto con los presentes pueden designar a alguno o algunos de entre los Electores, que
sustituyen en derecho a los ausentes por aquella vez.
§ 2. Para las demás cuestiones, el Consejo competente se compone del Presidente General,
del Vicepresidente, si lo hay, del Secretario General, del Procurador General y, según los casos
lo requieran, del Sacerdote Secretario Central o de uno de los Vicesecretarios.
347. § 1. Los cargos generales, a saber, Secretario General, Procurador General, Sacerdote
Secretario Central, Vicesecretarios, Enviados [Missi], Prefecto de Estudios y Administrador
General, deben ser provistos del siguiente modo: el Presidente, inmediatamente después de
ser elegido, recoge cuidadosamente las informaciones que estime que en el Señor se necesitan,
y a partir de ellas propone por orden al Congreso uno por uno los nombres de los candidatos
para esos diversos cargos. Propuesto por el Padre cada uno de los nombres, el Congreso,
guardando las normas del c. 101, hace una votación secreta. Si el nombre propuesto no es
aprobado por el Congreso, debe el Padre proponer otro, hasta alcanzar el fin deseado de la
votación.
§ 2. Transcurrido un quinquenio, con la sola excepción del Padre, los cargos de dirección general,
todos y cada uno, han de ser sometidos, guardando las mismas normas, a la revisión del
Congreso. Pueden ser elegidos los mismos para el mismo o para otro cargo general En ninguna
limitación. Es, sin embargo, de gran conveniencia que de regla sean designados algunos
miembros nuevos para el Consejo General.
348. Al quedar vacante, por cualquier motivo canónico, el cargo de algún Consultor, el Padre
propone al Consejo General para el cargo de consultor un candidato, que por votación secreta
podrá dicho Consejo, de la misma manera que en el Congreso General, aceptar o rechazar.
Con esta ocasión, queda a libre arbitrio del Padre, oído el Consejo, cambiar entre los
Consultores, si parece oportuno, algunos cargos anejos a los de Consultor.
349. Para el cargo de Consultor son hábiles tan sólo los miembros que se cuentan en el número
de los Electores. Entre otras cosas, deben brillar por su prudencia, su cultura y su devoción
al Instituto.
350. Si bien el cargo dura por un plazo de cinco años, pueden no obstante los Consultores por
causas justas y cuantas veces lo requiera el may r bien del Instituto ser destituidos por el
Padre, oídos los otros Consultores. Sean igualmente todos libres de renunciar al cargo; pero la
renuncia no tenga ningún efecto hasta que sea admitida por el Padre.
351. Entre los Consultores el primero es el Secretario General. Es siempre un sacerdote, va en
orden de precedencia después del Padre, si no hay Vicepresidente, y estando aquél ausente o
impedido por cualquier razón lo suple. Aparte de ello, ayuda al Padre especialmente tanto en
aquellas cuestiones que tocan a la dirección y a las obras de todo el Instituto como en aquellas
que atañen a la administración, pero sólo goza de aquellas facultades que el Padre, ya sea
habitualmente, ya para un caso concreto, haya en él delegado. El Secretario General ha de llevar
y resolver los negocios, en la medida que sea posible, de acuerdo con los criterios, la
mente y la práctica del Padre: no ha de tener poder, por tanto, para innovar en nada de lo que
ha sido gestionado u ordenado por el Padre, sino que siempre ha de ser lo más fiel posible al
Padre y al Consejo. A él también le pertenece distribuir los trabajos entre los miembros del
Consejo y exigir de ellos un fiel cumplimiento de su cargo.
352. El Procurador General, que debe ser siempre un sacerdote, representa al Instituto entero,
esto es, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y el Opus Dei, ante la Santa Sede, y es el
único que, bajo la dirección del Padre, trata los asuntos de la una y del otro. Al mismo pueden
sede encomendados por el Padre, según éste estime que en el Señor conviene, negocios a
resolver de cualquier género ante otras autoridades o personas eclesiásticas o civiles. En el
ejercicio de su cargo ha de ser fidelísimo al Instituto y al Padre: en todo, pues, ha de depender
del Padre, actuar continuamente bajo su mano y guía e informarle de la marcha y resultado de
los negocios. Resuelva todos los asuntos que le son encomendados y los demás que a su
cargo atañan con diligencia y con conciencia de sus deberes. Debe hacerse apreciar por su
habilidad en las actuaciones, por su prudencia y buena guarda de los secretos, por la tenacidad
en sus propósitos y abnegación de sí mismo y por la máxima pureza siempre y en todo de
su intención y de su actuación.
353. Para prestar ayuda al Presidente en el gobierno de la Sección de mujeres del Instituto
está el Sacerdote Secretario Central, de quien se trata en el núm. 452.
354. Los Vicesecretarios se dedican de modo peculiar a la acción que se realiza en las obras
de San Miguel, San Gabriel y San Rafael. Dan cuenta acerca de ellas al Padre y al Consejo;
proponen lo que les parece necesario y oportuno para la mejor dirección y el incremento de
tales obras; en el nombre y con la autoridad del Padre, comunican acerca de las ordenaciones,
impulsos y direcciones con los rectores inmediatos de dichas obras, y solicitan de ellos frecuentes
informes.
355. Los Enviados [Missi] se dedican al estudio de los negocios de la respectiva región de
cada uno, con la cual comunican todo lo que el Padre les ordene que comuniquen. De un
modo habitual a ellos queda encomendada la vigilancia de todos los trabajos de la región respectiva,
y acerca de ellos dan cuentas al Padre y al Consejo. Si son varios, este cargo lo divide
entre ellos el Padre: sin embargo a cada uno de los Enviados pueden serle atribuidas diversas
regiones. El Padre, por otra parte, comunica generalmente sus deseos por medio del
Consiliario Regional.
356. Al Prefecto de los Estudios corresponde dirigir, fomentar y unificar la labor intelectual
colectiva de los socios; velar por que nada falte en los Centros de Estudios Inter.-regionales y,
por mediación de los Delegados de Estudios Regionales, en los demás Centros de Estudios,
para que les sea proporcionada a los miembros del Instituto una sólida formación científica; inspeccionar
y visitar todas las casas de formación de] Instituto, ya por sí mismo, ya por otro que
haya sido delegado por o con aprobación del Padre.
357. Para mejor ayudar en su cargo al Prefecto de los Estudios, el Presidente, oído el Consejo,
le asignará algunos Asesores, a los que el Prefecto presidirá y dirigirá.
358. El Consejo tiene voto deliberativo en los casos contemplados y especificados por estas
Constituciones:
1.p En determinar aquellos puntos que tocan a la aplicación práctica y a la observancia de las
Constituciones;
2.p En la creación de las Circunscripciones regionales y en su modificación;
3.p En la promoción de los miembros al rango de socios Inscritos y Electores;
4.p En la dispensa de las condiciones o cualidades requeridas para los cargos y para la promoción
a las diversas clases;
5.p En la transferencia de los bienes del Instituto de una a otra Región o de uno a otro Centro,
cada vez que dichas transferencias le parezcan al Padre necesarias u oportunas.
359. El Consejo General tiene además voto consultivo en los siguientes asuntos principalmente:
1.p En el nombramiento de los auxiliares de los Vicesecretarios y de los otros oficiales adjuntos
al Consejo General;
2.p En la dispensa del plazo de tiempo prescrito para la Admisión, la Oblación y la Fidelidad;
3.p En la concesión de que alguno de los socios Inscritos pueda vivir fuera de familia, ya sea
para ejercer un cargo profesional, ya sea por […];
4.p Asimismo, en la concesión de que alguno de los Supernumerarios lleve vida de familia en
el Instituto, cuando su permanencia tenga que ser habitual o deba prolongarse más allá de seis
meses;
5.p En conceder la facultad de que miembros del Instituto puedan ejercer un cargo de enseñanza
privada colectivamente, ya sea en las Universidades de Estudios que los miembros erijan
o gobiernen, ya en las Escuelas superiores o Colegios que el Instituto sostenga; lo cual, por
lo demás, tan sólo como medio, nunca como fin específico del apostolado de los miembros del
Instituto puede ser admitido;
6.p En fin, en todos aquellos negocios de importancia mayor que el Padre quiera someter al
Consejo.
361. Sin que por razón de su cargo ingrese en el Consejo General, hay también un Sacerdote
Prefecto de los Asuntos Espirituales, que está al frente de la dirección espiritual común de
todos los miembros de una y otra Sección del Instituto, bajo la guía del Presidente General y
del Consejo. Ayuda además al Padre en el gobierno de los Oblatos y Supernumerarios de la
Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, junto con las facultades que habitualmente o para un
caso concreto sean en él delegadas por el Padre. El Prefecto es nombrado para un quinquenio
por el Padre, oído el Consejo.
361. A fin de que pueda darse más pronta solución a las cuestiones sometidas al Consejo por
el Padre, cuantas veces la gravedad de un asunto lo requiera, el Padre nombra un Relator,
que, dedicado especialmente al estudio de dicho asunto, informe acerca de él; y más aún: si la
importancia de la cuestión parece así exigirlo, podrá también nombrarse uno que se oponga de
oficio a la solución propuesta por el Relator, para que, sopesadas las razones de uno y otro,
quede más clara la conclusión. Esta sin embargo resérvese al Padre y al Consejo.
362. El Padre confiere con los miembros del Consejo, ya sea privadamente, ya reunidos en
uno. Reúne el Consejo cada vez que le parece oportuno; de modo más deliberado, una vez por
mes.
363. Las actas de una reunión del Consejo General las firma el Secretario General; a las cuales
se da lectura al comienzo de la sesión siguiente. A su aprobación suscribe el Presidente y
el mismo Secretario. Los libros de actas de las reuniones del Cuajo guárdense precavidamente
y, una vez que estuvieren completos, deposítense en el archivo general.
364. A fin de que pueda mejor el Padre ejercer su cargo de gobierno, hay además un
Asesorado Jurídico Central, que presta su ayuda al Padre y al Consejo, y cuyos miembros son
nombrados por el Presidente, oído el Consejo. El presidente del Asesorado, que debe ser un
socio Elector, dura por un plazo de cinco años.
365. El régimen de las diversas obras comunes y de las diversas Sociedades Auxiliares es por
el Padre encomendado, según el caso lo requiera y oído su Consejo, a alguno de los
Consultores de dicho Consejo General o a otros miembros del Instituto que sean por lo menos
Inscritos.
Artículo 5:De la Administración general
366. El Instituto, las Circunscripciones regionales y los Centros locales pueden adquirir, poseer
y administrar bienes temporales según las normas del derecho y de las presentes
Constituciones.
367. Sin embargo, la propiedad en el Instituto es siempre subordinada. El Presidente General,
por tanto, tiene derecho, según las circunstancias de los asuntos se lo aconsejen y observándose
la norma núm. 358, 5.p, a transferir de Centro a Centro o de región a región los bienes
propios de uno o de una de ellos.
368. § 1. De entre todos los bienes, de dondequiera que provengan, que pueden adscribirse al
Opus Dei, tan sólo han de ser considerados como verdaderamente eclesiásticos según las normas
del derecho aquellos que de hecho hubieren ya sido adscritos legítimamente al Instituto
por el Presidente General.
§ 2. Todos los demás bienes, ya sean poseídos por las Sociedades auxiliares, ya adquiridos
por los miembros por sus industrias o trabajos, antes de su legítima adscripción al Instituto, se
cuentan como profanos.
369 Para la gestión de los asuntos económicos de la Institución en su conjunto, se tiene una
Consulta Técnica General, a la que preside el Administrador General. A ella asisten algunos
socios Inscritos nombrados por el Padre.
370. A poder del Administrador General vienen a parar:
1.p Las contribuciones de las Administraciones regionales;
2.p Los bienes dejados al Instituto en general, donados o legados, los cuales se aplican al fin
general de la Institución y según las voluntades de los donantes;
3.p Una suma notable que, a juicio del Padre con voto deliberativo de su Consejo, le sobra a
una región.
371. Tanto los bienes inmuebles como los muebles son administrados por el Administrador
General, bajo la dirección y la inspección del Padre y del Consejo Será de su incumbencia definir,
de acuerdo con el Padre con voto deliberativo del Consejo, qué gastos pueden hacer los
Administradores inferiores, según las circunstancias y las condiciones de los asuntos lo pidan,
y ejercer sobre ellos vigilancia.
372. § 1. En cuanto a realizar enajenaciones de los bienes eclesiásticos del Instituto y a contraer
obligaciones por parte de éste o de las partes de éste que gocen de personalidad eclesiástica,
deben guardarse las reglas del derecho común (c. 534).
§ 2. Pero en cuanto a la enajenación de los bienes que no están adscritos al Instituto y sin
embargo están sujetos a su potestad y dirección, en cuanto a la realización de gastos con esos
bienes y, en fin, en cuanto a la facultad para que el Padre, el Administrador General, los
Consejeros y los Administradores inferiores puedan disponer de ellos, habrán de observarse
fielmente las normas que, según los tiempos y las circunstancias de los asuntos lo exijan, sean
estatuidos por el Padre con voto deliberativo de su Consejo, de acuerdo con lo dicho en el
núm. 371.
§ 3. En cuanto a la realización de gastos o contracción de obligaciones por parte de las
Sociedades auxiliares, deben guardarse las prescripciones que, asimismo, según los tiempos lo
demanden, sean determinadas por el Padre con voto deliberativo del Consejo General.
373. Si quien contrata es el Instituto, una región o una casa, dicha institución es la que responde;
pero si el que contrata es un miembro, a no ser que realizaré un negocio del Instituto, de la
región o de la casa, por mandato de Superior, es él el que responde.
374. Incumbe al Administrador General inspeccionar y vigilar los libros de los Administradores
inferiores; suministrarles normas para la recta administración; recibir cada trimestre de los
Administradores regionales inferiores rendición de cuentas sumaria; y cada semestre exigir de
ellos rendición de cuentas completa.
375. El Administrador General cada quinquenio, ya por sí mismo o ya por otros, emprenderá
una visita de Es Administraciones regionales. Aprovechando esta oportunidad, inspeccionará
también las Sociedades auxiliares y las Administraciones locales. Ello contribuirá grandemente
no sólo al perfecto conocimiento del estado general de la administración, sino también a la
observación de las actividades y aptitudes de los inferiores.
376. Las cuentas de la Administración General, firmadas por el Administrador General, junto
con una inspección de la caja de caudales, han de ser mostradas cada trimestre al Padre y al
Consejo General.
377. El dinero, los títulos y los valores de género semejante han de depositarse en bancos o en
la caja de caudales general, que se cerrará con doble llave, de las cuales una la retendrá en su
poder el Padre y otra el Administrador. Igualmente los instrumentos acreditativos de aquellas
sumas que están depositadas en las bancas, así como también los contratos y los documentos
de otros créditos y obligaciones, han de ser guardados cuidadosamente por el Padre y por el
Administrador General.
Capítulo II: De la dirección regional
378. El Instituto se distribuye en Circunscripciones regionales (que no son provincias en el sentido
canónico), constituidas o creadas por el Padre con voto deliberativo de su Consejo.
También al Padre corresponde, de acuerdo con el Consejo, modificar dichas Circunscripciones,
delimitarlas de otro modo e incluso suprimirlas.
379. § 1. Al frente de la dirección de cada una de las Regiones está una Comisión, que consta
de un Consiliario, que la preside, de un Defensor, de los Enviados [missi], de un Sacerdote
Secretario Regional, de un Secretario de la Comisión y de otros tres Vocales, de un Delegado
de Estudios y de un Administrador Regional.
§ 2. Los cargos regionales son designados por el Padre, oído el Consejo, pero exceptuándose
el Consiliario, el Sacerdote Secretario de la Región y el Administrador Regional, que deben ser
nombrados según la norma de los números 380, 466, 3 y 392, y duran por un trienio. En cuanto
a los Enviados [missi], vale lo más arriba escrito, núm. 347, § 1 y 2.
§ 3. Aparte de lo que acerca del Consiliario, de los Enviados y del Sacerdote Secretario
Regional se estatuye en los números 380, 349 y 463, todos los demás miembros de la
Comisión deben seleccionarse entre los socios que sean por lo menos Inscritos.
380. El Consiliario, que, como se ha dicho, preside la Comisión Regional, es Propuesto por el
Padre, que lo somete a deliberación del Consejo. Pero si no es aprobado por el Consejo, el
Padre puede proponer otro libremente. Sea siempre Sacerdote y socio Elector.
301 § 1. El Consiliario comunicará frecuentemente con el Padre, informándole fielmente de los
asuntos de mayor importancia de la respectiva jurisdicción, y ejecutará escrupulosamente sus
mandatos.
§ 2. Por otra parte, trata el Consiliario con los miembros de la Comisión privadamente o reunidos
en conjunto; y de regla, convoca una vez por mes a la Comisión. Al cabo de un semestre,
ha de redactar las actas cuidadosamente.
382. El Consiliario debe visitar al menos una vez por trienio todos los Centros de la región
correspondiente.
383. Primero en dignidad después del Consiliario viene el Defensor, cuyo cargo ha de ser
fomentar la observancia de estas Constituciones. El Defensor está obligado a comunicar por sí
mismo o por medio de otros con todos los que solicitan la admisión al Instituto, antes de que se
les conceda; igualmente debe por sí o por delegados hablar con los miembros y examinar diligentemente
voluntad y circunstancias, antes de que se les permita hacer la Oblación o
Fidelidad.
384. § 1. El Enviado [missus1 o delegado de la región en el Consejo General (núm. 355) tiene
derecho de intervenir en la Comisión Regional; se sienta a continuación del Defensor.
§ 2. El Sacerdote Secretario Regional, de quien se trata en el núm. 463, viene detrás del
Enviado o Missus y ayuda al Consiliario en la dirección de la Sección de mujeres en la respectiva
región de cada uno.
385. El Secretario de la Comisión, primero en dignidad detrás del Sacerdote Secretario
Regional, presta ayuda al Consiliario y al Defensor en el gobierno de la región, y en especial
está obligado a distribuir el trabajo de las obras entre los Vocales y los demás miembros de la
Comisión, a los cuales exigirá un fiel cumplimiento de su cargo. Además, suple al Consiliario en
caso de ausencia o impedimento de éste.
386. Cada uno de los Vocales se cuida particularmente de la actividad que se ha de ejercer en
cada una de las obras de San Miguel, San Gabriel y San Rafael.
387. Cargo especial del Delegado de Estudios de la región será: comunicar con el Prefecto de
Estudios y, bajo la guía del Consiliario, llevar a la práctica las disposiciones que el Prefecto le
proponga, e incluso perfeccionarlas; fomentar, dirigir, coordinar la labor intelectual colectiva de
los socios de la Circunscripción; cuidarse con singular diligencia de los Centros Regionales de
Estudios; conocer bien las Universidades, centros de investigaciones, bibliotecas, etc., al punto
de que pueda sugerir a los Superiores dónde hayan de poder los nuestros procurarse una cultura
específica; redactar notas acerca de lo que enseñan en las Universidades y de los que
gozan de autoridad intelectual y profesional, las cuales comunicará con el Padre, el Prefecto y
el Consiliario.
388. Aparte de los otros puntos reseñados en estas Constituciones, corresponde al Consiliario
con voto deliberativo de la Comisión:
1.p Admitir a la Oblación o a la Fidelidad a los socios Numerarios que, habiendo cumplido en la
región el periodo de prueba, están en condiciones de realizar (números 54, § 1 y 57) su definitiva
incorporación al Instituto;
2.p Fomentar nuevas obras apostólicas;
3.p Crear y suprimir Centros para el ejercicio normal de tales obras;
4.p Imponer sanciones a los socios de su Circunscripción, y privar de la condición de socio del
Opus Dei a aquellos socios Supernumerarios que no deban por más tiempo permanecer en él;
5.p Conceder a los Supernumerarios la facultad de poder llevar vida de familia en el Instituto,
con tal de que no se prorrogue por un plazo de más de seis meses;
6.p Transferir bienes de un Centro de la propia región a otro;
7.° Designar los Directores de las diversas Sociedades auxiliares y de las diversas obras comunes
de la región, entre miembros que sean por lo menos Inscritos, guardándose la norma núm.
297.
389 § 1 Al Consiliario junto con 1 Defensor, oída la Comisión, corresponde:
1.p Conceder o denegar a los socios Numerarios la dispensa de la vida de familia;
2.p Aprobar los estatutos internos de cada uno de los Centros en que los socios ejercen el
apostolado;
3.p Encargar a otros negocios de alguna importancia;
4.p Resolver las cuestiones de cierta dificultad, si alguna surge, con la potestad eclesiástica,
académica y civil;
5.p Nombrar los colaboradores que para el régimen de la región parezcan necesarios, y asignarlos
a los diversos cargos, de acuerdo con la norma núm. 297.
6.p Guardar en archivo los testamentos de los socios que se hayan hecho antes de su incorporación
al Instituto; y poner fielmente en ejecución sus disposiciones después de la muerte de
dichos socios.
§ 2. Para estas cuestiones la Comisión competente se compone del Consiliario, el Defensor, el
Secretario de la Comisión y, según los casos lo requieran, el Sacerdote Secretario Regional o
uno de los Vocales.
390. En cada una de las regiones, sin que por razón de su cargo pertenezca a la Comisión,
hay un Sacerdote Prefecto de los Asuntos Espirituales, destinado a fomentar la vida espiritual
de todos los miembros de la región de una y otra Sección bajo la guía del Consiliario. Además,
presta ayuda al Consiliario en la dirección de los Oblatos y Supernumerarios de la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz, de acuerdo con las facultades que habitual-mente o para un caso
determinado haya en él delegado el Consiliario. Es nombrado por el Padre para un trienio,
oídos el Consiliario y el Defensor de la región.
391. El Consiliario junto con el Defensor determinará en cada caso si ha de ser el propio
Consiliario u otros socios Numerarios, en nombre de dicho Consiliario, los que mantengan
directa y continuamente relaciones habituales con los Reverendísimos Ordinarios en cuyas diócesis
tengan su domicilio los socios del Opus Dei, a fin de recibir de dichos Reverendísimos
Ordinarios aquellas opiniones o juicios que los socios del Instituto deban llevar a la práctica con
espíritu filial.
392. Para la gestión de los asuntos económicos en cada una de las Circunscripciones regionales
está formada una Consulta técnica regional, que preside un Administrador nombrado por el
Padre entre los socios que sean por lo menos Inscritos, con voto deliberativo del Consejo. En
la Consulta técnica regional hay también tres Asesores designados por el Consiliario junto con
el Defensor, después de oída la Comisión, entre socios por lo menos Inscritos.
393. El Administrador Regional vigila a los Administradores locales y les imparte normas de
administración; les pide cada mes rendición de cuentas; hace efectivas las contribuciones de
los Centros; administra, de acuerdo con normas transmitidas según la Consulta técnica regional,
los bienes de la Circunscripción regional; y en fin, emprende visitas de todas las administraciones
de la región al menos una vez cada trienio. De la visita que haya realizado ha de dar
cuenta inmediatamente al Consiliario, junto con laComisión, y al Administrador General.
394. En cada uno de los casos, examinadas las circunstancias y las condiciones peculiares de
los asuntos de acuerdo con el Consiliario con voto deliberativo de la Comisión, estatuye los
gastos que pueden hacer los Administradores inferiores, salvo lo prescrito en el núm. 371.
395. Para la guarda y colocación del dinero, de los contratos y de los documentos de la
Administración Regional, vale, [aplicando lo correspondiente a lo que corresponda, lo estatuido
para la Administración Central …]
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . .
[De las cuasi-regiones dependientes]
[400]
§ 2. Al Presidente General corresponde crear, cambiar suprimir las cuasiregiones dependientes,
oído el Consejo General y el Consiliario Regional, junto con su Comisión correspondiente.
§ 3. Los Superiores Mayores de éstas tienen jurisdicción ordinaria, pero vicaria o sustitutiva del
Consiliario Regional, y gozan además de aquellas facultades que les hubieren sido delegadas
por el Consiliario Regional con consentimiento del Padre.
§ 4. Para los cargos de la Comisión y del Asesorado cuasi-regional dependiente hace los nombramientos
el Padre, oído el Consiliario Regional junto con la correspondiente Comisión o
Asesorado.
401. § 1. Delegaciones que dependen del Presidente General directamente pueden crearse
cuantas veces el Presidente General, oído su Consejo, estimare que así conviene.
§ 2. El Moderador de cada una de las Delegaciones es nombrado por el Padre, oído el
Consejo, y el designado tiene aquellos poderes que el Padre, de acuerdo con los casos, aunque
dentro de los límites de lasfacultades de los Consiliarios Regionales, juzgare que se le
deben encomendar.
402. § 1. Hay, en fin, en el Instituto Delegaciones dependientes del Consiliario Regional de
cuya región forman parte. Pueden ser creadas por el Padre, oído el Consejo General y aquellos
que tienen interés en el asunto.
§ 2. Los Moderadores de éstas gozan tan sólo de aquellas facultades que el Consiliario
Regional, con voto deliberativo de su Comisión y aprobación del Padre, hubiere en ellos delegado.
Los Moderadores son nombrados por el Consiliario Regional de acuerdo con la Comisión
o Asesorado de la región.
Capítulo III. De la dirección local
403. El Instituto tiene residencias y Centros, que se agrupan en las Circunscripciones regionales.
404. § 1. La creación canónica de los domicilios no ha de hacerse más que cuando, a juicio del
Consiliario con voto deliberativo de la Comisión Regional, así parezca oportuno. Para esa creación
canónica se requiere la venia del Ordinario del lugar, preferentemente dada por escrito.
§ 2. Mas durante el tiempo que no se lleva a cabo la creación canónica, los miembros viven en
familias, como personas privadas, ejerciendo cada uno su profesión propia y dependiendo del
correspondiente Director local.
405. § 1. El concepto de Centro, en el derecho peculiar del Opus Dei, es más bien personal
que territorial, ya que pueden adscribirse a un mismo Centro miembros que habitan en ciudades
y hasta en diócesis distintas y que constituyen diversas familias del Instituto, dependientes
de dicho Centro; es también ese concepto más bien regional que local.
§ 2. Hay, pues, en el Instituto Centros autónomos y Centros dependientes de otros.
406. Cuando los miembros constituyen un Centro dependiente, para el que no se requiere consentimiento
del Ordinario del lugar, sólo pueden llevar vida común de familia, no jurídicamente,
sino materialmente, y tienen facultad para ejercer libremente el apostolado propio del Instituto,
no corporativamente, sino de manera individual y personal, a no ser que se obtenga venia del
Ordinario del lugar para ejercer el apostolado de otro modo.
407. § 1. La dirección local en los Centros autónomos está constituida por un Director, un
Subdirector y un Secretario; a los cuales puede el Consiliario añadir un sacerdote que habite
en la casa.
§ 2. En cuanto a los Centros dependientes, hay en ellos un Director local delegado: otros cargos,
si parecieren oportunos, deberán tenerse de hecho, no de derecho.
408. El Director es nombrado por el Consiliario Regional, oída la Comisión regional y con consentimiento
del Defensor. La designación es para un trienio.
409. Sea el Director miembro incorporado a perpetuidad al Instituto por Fidelidad; sea, en
general, laico. Sea además hombre verdaderamente adornado de una formación espiritual, que
se a promover en los que le estén subordinados esa misma formación espiritual.
410. Al Director corresponde dirigir todas las obras de sus subordinados, y cuidar de que estas
Constituciones se observen perfectamente. Cuide principalmente de que todas las cosas se
hagan por su orden debido, y que nunca se omitan los ejercicios de devoción, bien que alguna
vez pueda ser conveniente, por el bien del apostolado, diferirlos o anticiparlos.
411. Acuda el Director frecuentemente al Consiliario Regional, por escrito o en presencia, informándole
de todos los asuntos y solicitando de él consejo en los negocios de dificultad mayor.
412. En la dirección de una casa o Centro, el Director recibe la ayuda del Subdirector y del
Secretario. Uno y otro son nombrados por el Consiliario, oída la Comisión y con consentimiento
del Defensor. La designación es para un trienio.
413. El Subdirector ayuda al Director en todos los asuntos, y lo suple en caso de ausencia o
impedimento. Puede tener encomendadas por él facultades especiales, incluso de modo habitual;
y ha de serle sumiso y fiel en el más alto grado.
414. Para la gestión de los asuntos económicos hay un Secretario, que, bajo la guía y autoridad
del Director, se dedica a la administración.
415. Los gastos ordinarios los hace el Secretario, y no necesita de venia especial del Director;
ésta, por el contrario, se requiere para los gastos extraordinarios. Cuáles son los que deben
considerarse extraordinarios se define según la norma núm. 394. Para la guarda y colocación
del dinero del Centro y para la guarda de los contratos y documentos de la administración
local, vale, aplicando lo correspondiente a lo que corresponda, la norma núm. 377.
416. Las cuentas de lo recibido y de lo gastado, junto con una inspección de la caja de caudales,
debe cada mes el Secretario rendirlas al Consejo local por escrito; las cuales cuentas son
a su vez remitidas, firmadas por el Consejo local, a la Consulta Técnica Regional.
417. Proporcionará con la mayor caridad y generosidad cuanto parezca necesario o conveniente
para el alimento, el vestido, los enseres y los gastos profesionales de cada uno de los miembros
de la residencia o Centro.
418. Cuídese con especial diligencia de que los enfermos y viejos y los demás no carezcan de
lo necesario en alimento, en medicamentos y en asistencia de los médicos, para aliviar sus
necesidades y reconfortar sus ánimos, de tal manera que a ninguno de los nuestros le pese de
los bienes que por el Señor ha dejado.
419. § 1. Para la dirección de los Oblatos o Supernumerarios en aquellos lugares en que el
Consiliario, junto con el Defensor y oída la Comisión regional, así le parezca oportuno, se creará
un Centro especial para una u otra categoría de miembros, que tendrá un gobierno local,
nombrado para un trienio por el Consiliario junto con el Defensor, constituido por algunos
socios Numerarios laicos y por un sacerdote Director espiritual.
§ 2. A este Centro estarán subordinados aquellos diversos Grupos de Oblatos o
Supernumerarios de la circunscripción asignada.
420. Lo del Centro para Oblatos o para Supernumerarios ha de entenderse no en el sentido
material, de que exija necesariamente ninguna casa o sede definida, sino en el sentido solamente
moral, social y jurídico.
421. Los Grupos habrán de constituirse con un pequeño número de socios, que, si así conviene,
ejerzan la misma profesión o profesiones afines o pertenezcan a la misma clase social.
422. Para cada uno de los Grupos ha de haber dos Celadores, llamados primero y segundo,
que han de ser seleccionados por el Consiliario, oída la Comisión o el Asesorado y a propuesta
del gobierno local de aquel Centro, entre los Oblatos o Supernumerarios que hayan pronunciado
la Fidelidad. Puede para diversos Grupos establecerse uno y el mismo Celador.
423. Es deber del Celador infundir afanosamente vida espiritual en los socios del Grupo correspondiente,
preguntar por los ausentes, visitar a los enfermos, hacerles saber los asuntos que
se han catado en las reuniones, proporcionarles información respecto a los otros socios pertenecientes
al mismo Grupo.
424. Los Oblatos y Supernumerarios que habitan en un lugar donde no está constituido ningún
Grupo de su propia clase, como quiera que en modo alguno se consiente un socio acéfalo o
errabundo, deben estar adscritos a algún Grupo, del que dependen en el ejercicio de la propia
actividad apostólica.
Capítulo IV. De las Semanas de trabajo
425. Para una más empeñosa formación de los socios del Instituto y para el mejor desarrollo
de la actividad apostólica, cada cinco años, en cada una de las regiones, celébrense las
Semanas de Trabajo, en las cuales se examinarán y valorarán las experiencias habidas en el
quinquenio transcurrido. Aunque se llamen Semanas, no han de limitarse necesariamente a
siete días.
426. Aparte de las Semanas ordinarias, pueden también celebrarse otras extraordinarias, en
una o en varias regiones, cada vez que el Presidente, oído el Consejo y la Comisión regional,
así lo estimare conveniente.
427. La Semana, por orden del Presidente, la convoca el Consiliario, designando lugar y tiempo
de la reunión, al menos tres meses antes de su celebración.
428. A todos los miembros de la región incorporados por Fidelidad al Instituto otórgueseles el
derecho de enviar al presidente de la Semana todo lo que les parezca oportuno. En cuanto a
los que deben asistir a la Semana de Trabajo, son:
1.° Todos los Superiores que en la Comisión desempeñan o han desempeñado algún cargo;
2.p Todos los socios Electores adscritos a la región;
3.p Todos los sacerdotes de dicha región que se encuentren entre los socios Inscritos;
4.p Los Directores de los Centros de Estudios;
5.p Los socios Inscritos que hayan sido designados por el Presidente General, oído el
Consiliario y el Defensor;
6.p Los Directores de Sociedades auxiliares designados por el Presidente General;
7.p Igualmente los Directores locales designados por el Presidente General.
429. La Semana la preside el Padre o un Delegado, a cuyo lado están el Consiliario y el
Enviado [Missus]. De la secretaría se encarga el más joven de los socios laicos presentes.
430. Todos los que hayan sido convocados a una Semana de Trabajo, por lo menos un mes
antes de su celebración, han de enviar al secretario las notas, documentos, observaciones que
les parezca conveniente presentar; a partir de dichas notas, una comisión, nombrada por el
presidente, debe componer un elenco de las cuestiones que han de someterse a los hebdomadarios
o semaneros.
431. Han de tratarse los temas por diversas comisiones, pero por la tarde se hace una reunión
plenaria, en la que se dará cuenta del trabajo realizado por cada una de las comisiones, a no
ser que otra cosa le parezca al presidente.
432. Durante la Semana, llévese una vida espiritual especialmente intensa, por medio de la
cual merezcan todos recibir una más abundante luz y gracia de Dios. En ella se harán los
siguientes actos de devoción:
1.p Antes del comienzo de los trabajos réc5se o cántese la Hora Prima, y celébrese la Santa
Misa, a la que todos han de asistir;
2.p Hágase oración en común;
3.p Antes de cada una de las sesiones recítense las plegarias acostumbradas
4.p Después de la sesión plenaria cántese la antífona « Salve Regina »;
5.p Después de la recreación vespertina de las almas y los cuerpos, delante del Santísimo
solemnemente expuesto, récese o cántese el Completorio.
433. Las conclusiones de la Semana no tienen fuerza preceptiva hasta que no hayan recibido
la aprobación del Presidente General, oído el Consejo, si no es que por la naturaleza del asunto,
de acuerdo con lo dicho en estas Constituciones, se requiera el voto deliberativo del
Consejo. El Padre mismo sugerirá también las instrucciones oportunas por medio de los órganos
ordinarios de la dirección.
434. No sólo las conclusiones, sino también las notas en que se haya llevado el trabajo de la
Semana, han de remitirse al archivo central del Instituto.
435. § 1. Cada diez años, para el Instituto entero, convoca el Padre una Semana General de
Trabajo. En ésta, tocante a la finalidad y modo de actuar, valga lo mismo que queda estatuido
más arriba acerca de las Semanas Regionales de Trabajo.
§ 2. A la Semana General de Trabajo han de ser llamados y deben acudir a ella todos los
socios Electores, los Directores de los Centros de Estudios Interregionales, y los socios
Inscritos que el Padre designe, oído elConsejo.
§ 3. La Semana la preside el Padre, a quien asisten el Secretario General y el Procurador
General. De la secretaría se encarga el más joven de los miembros laicos presentes.
436. Aparte de las Semanas Generales de Trabajo ordinarias, pueden también celebrarse otras
extraordinarias, cuantas veces el Presidente, con el consenso del Consejo General, así lo estimare
conveniente.
PARTE CUARTA: DE LA SECCIÓN DE MUJERES
Capítulo I: De su modalidad, su fin y sus miembros
Capítulo II: De la dirección
* * * * * * * * * *
Capítulo I: De su modalidad, su fin y sus miembros
437. Para que mejor y más abundantemente pueda el Instituto desarrollar su actividad propia,
tiene también una Sección de mujeres, radicalmente separada de la Sección de hombres.
438. Las disposiciones que acerca de los varones en estas Constituciones se estatuyen, aun
cuando estén expresadas con vocablo masculino, valen también con igual derecho acerca de
las mujeres, a no ser que por el contexto del discurso o por la naturaleza del asunto conste de
otro modo o bien explícitamente en esta parte de las Constituciones se aporten prescripciones
especiales.
439. Dado que las miembros no son religiosas, no aportan dote ni usan de vestido o hábito religioso,
sino que externamente en todos los aspectos que son comunes con las mujeres del
siglo y no son ajenos del estado de perfección; se comportan, visten y llevan su vida como las
otras mujeres de su propia condición.
440. § 1 La Sección de mujeres, a semejanza de la Sección de hombres, comprende diversas
clases, a saber:
1.p Las miembros simplemente Numerarias, que se consagran a la actividad apostólica propia
del espíritu del Instituto, y entre las cuales algunas, que se destinan a los cargos de dirección,
se llaman Inscritas. Y aquellas Inscritas que gozan de voz en el Congreso de la Sección de
mujeres se llaman Electrices;
2.p Las Numerarias Sirvientes, que se dedican a los trabajos manuales o al servicio doméstico
en las casas de la Institución;
3.p Las Oblatas, de acuerdo con lo dicho para los socios Oblatos;
4.p En fin, las miembros Supernumerarias, que pueden, por supuesto, ser también casadas.
§ 2. Sin que por ello se conviertan en miembros del Instituto, pueden también ser admitidas
asociadas Cooperatrices (núm. 29).
441. En cuanto a las designaciones de las Inscritas y de las Electrices y en cuanto a la determinación
del número oportuno de éstas, han de guardarse, aplicando prudentemente lo correspondiente
a lo que corresponde, las mismas prescripciones que arriba se han dado en los
números 20-24.
442. Las miembros Numerarias incorporadas ya por Oblación llevan vida de familia en el
Instituto, de la cual no pueden ser dispensadas si no por el Consiliario de la región respectiva
junto con el respectivo Asesorado, o bien por el Padre, oído el Asesorado Central, si son
Inscritas.
443. § 1. Las Numerarias en todo caso, ya estén ocupadas en trabajos domésticos o manuales
cualesquiera, ya dedicadas a profesiones liberales, han de ser consideradas como operarias;
así pues, todas en general prestan servicio o ejercen cargo en las Sociedades auxiliares, y
todas deben percibir la paga o estipendios correspondientes a su trabajo.
§ 2. Aparte de estos deberes y cargos que quedan expuestos, peculiares de las miembros simplemente
Numerarias y de las Sirvientes, dichas Sirvientes deben colaborar con todas sus fuerzas,
con plena sumisión y entrega, en todos los servicios que atañen a las simplemente
Numerarias, según sean llamadas a dichos servicios por los Superiores.
444. El apostolado de las Numerarias se ejerce principalmente de los siguientes modos:
1.p Dirigen las casas de ejercicios;
2.p Se dedican a la propaganda católica escrita con ayuda de Casas editoras, de establecimientos
de librería y de bibliotecas; y también a la propaganda oral del mismo género;
3.p Instruyen a otras mujeres que se preparan para las obras del apostolado;
4.p Fomentan la modestia cristiana entre las mujeres, con los medios que parezcan aptos para
ese fin;
5.p Promueven la educación de las niñas en los colegios destinados para ello; gobiernan residencias
para mujeres que se dedican a los estudios;
6.p Asimismo colonias agrícolas o fincas, en las que las colonas son instruidas tanto en sus
artes propias como en los preceptos cristianos; e igualmente casas para preparar las criadas al
servicio doméstico;
7.p Llevan la administración familiar de todas las casas del Instituto, habitando sin embargo en
lugares radicalmente separados, por tal modo que de derecho y de hecho haya dos casas en
cada uno de los domicilios;
8.p Buscan especialmente aquellos Jugares en que la Iglesia de Dios, perseguida por sus enemigos,
necesite de la obra y del auxilio de los socios.
445. A la Sección de mujeres se le demanda especialmente el cuidado de los oratorios del
Instituto; así pues, séales permitido a las miembros Numerarias y Oblatas tocar los vasos
sagrados.
446. Para lo que atañe a la admisión, periodo de prueba, incorporación, orden de precedencia,
vida de las socias en el Instituto, formación y espíritu, separación y despido, valen, aplicando lo
correspondiente a lo que corresponda, las prescripciones que se han dado cuando se trató de
la Sección de hombres (núm. 438).
447. Aparte de las loables Costumbres del Instituto, las socias simplemente Numerarias, pero
no las Sirvientes, retengan la siguiente: a saber, la de dormir en lecho de tablas, a no ser que
en atención a su mal estado de salud otra cosa dispusiere el Director de la casa.
448. En los Centros de Estudios destinados a instruir a las miembros, ténganse, para los asuntos
espirituales, sacerdotes, que sean de edad de por lo menos cuarenta años.
449. Todas las mujeres del Opus Dei realicen cada semana la confesión sacramental, según la
norma del núm. 263. Mas para seleccionar los confesores que ordinariamente hayan de dirigirlas,
sigan fielmente las normas de los Superiores, de acuerdo con el canon 519.
Capítulo II. De la dirección
450. § 1. La Sección de mujeres es dirigida por el Padre junto con el Secretario General, el
Procurador General, el Sacerdote Secretario Central y el Asesorado Central, que tiene en la
Sección de mujeres el lugar[correspondiente] al Consejo General en la Sección de hombres.
§ 2. El Secretario General, el Procurador General y el Sacerdote Secretario Central tienen voto
deliberativo en el Asesorado Central.
451. § 1. Igual que para la Sección de hombres, también para la Sección mujeres debe cada
cinco años reunirse un Congreso, en el que las socias Electrices examinen el estado de las
obras de la propia Sección y puedan sugerirle al Padre nuevos servicios.
§ 2. En dicho Congreso el Presidente General nombra para un quinquenio socias para los cargos
del Asesorado Central entre las Electrices, de la misma manera que en el Congreso de los
varones llama para los cargos del Consejo General.
452. El Sacerdote Secretario Central es designado por el Padre según la norma núm. 347 entre
los socios Electores; ayuda al Padre especialmente en los puntos que atañen a la Sección de
mujeres; y goza tan sólo de aquellas facultades que, sea habitualmente, sea para un caso concreto,
hubiere en él delegado el Padre. Debe ser de edad al menos de cuarenta años.
453. El Asesorado Central consta de una Secretaria Central, de una Secretaria del Asesorado,
de tres Vicesecretarias, de una Prefecta de Estudios, de una Prefecta de las Sirvientes, de una
Delegada por lo menos de cada Región y de una Procuratriz Central.
454. La Secretaria Central, bajo la guía del Presidente General y del Sacerdote Secretario
Central, consagra sus esfuerzos a todo aquello que mira a la dirección y actividad de la
Sección de mujeres.
455. La Secretaria del Asesorado Central distribuye los trabajos entre las Vice-secretarias y los
demás miembros del Asesorado, y les exige un fiel cumplimiento de sus cargos. Además, suple
a la Secretaria Central en caso de ausencia o de impedimento y redacta las actas del
Asesorado Central (núm. 363).
456. Cada una de las Vicesecretarias se dedica particularmente a la actividad que se ejerce en
cada una de las obras de San Miguel, San Gabriel y San Rafael.
457. A la Prefecta de Estudios competen todos aquellos asuntos que se refieren a la instrucción,
sea espiritual sea intelectual, de las miembros simplemente Numerarias.
458. A la Prefecta de las Sirvientes corresponde gobernar la formación religiosa y específica de
las miembros Sirvientes.
459. Las Delegadas se dedican al estudio de los negocios de la respectiva región de cada una,
a semejanza de los socios que desempeñan el cargo de Enviado [Missus].
460. La Procuratriz Central, cada quinquenio, debe inspeccionar por sí misma o por otras los
libros de la Administración de todas las regiones, de tal modo que se corrijan los defectos y se
lleven fielmente a la práctica las normas transmitidas por la Administración General del
Instituto; y cada trimestre, recibirá de las Procuratrices de las regiones rendición de cuentas,
que ha de ser sometida al examen de la Secretaria Central y del Asesorado.
461. En cada una de las regiones preside la Sección de mujeres, en nombre y sustitución del
Padre y siempre según la mente de éste, el Consiliario. En el ejercicio de esta función recibe
ayuda del Sacerdote Secretario Regional y del Asesorado de la Región.
462. § 1. Al igual que en la dirección de los varones el Consiliario no tiene fuerza para resolver
ninguna cuestión de cierta importancia sin contar con el Defensor, así en la Sección de mujeres
el Consiliario no decidirá nada en la resolución de dichas cuestiones si no contando con el voto
favorable de la Secretaria de la región. El Consiliario, por otra parte, puede delegar sus derechos
propios, ya para un cierto tiempo, ya para un caso determinado, en el Sacerdote
Secretario.
§ 2. Inversamente, las decisiones del Asesorado no tienen fuerza alguna si no después de
dada la confirmación por el Consiliario o, en nombre y delegación de éste, por el Sacerdote
Secretario.
463. El Sacerdote Secretario Regional en cada una de las regiones ayuda al Consiliario en la
dirección de la Sección de mujeres. Es nombrado por el Padre con voto deliberativo de su
Consejo y oído el Asesorado Central. Tiene voto deliberativo en el Asesorado de la región, y
dispone además de aquellas facultades que hubieren sido en él delegadas por el Consiliario.
Ha de ser socio Elector, de edad al menos de cuarenta años.
464. El Asesorado Regional consta de una Secretaria Regional, de las Delegadas, de una
Secretaria del Asesorado, de tres Vicesecretarias, de una Directora de Estudios, de una
Directora de Sirvientes y de una procuratriz.
465. § 1. Las socias que entran en el Asesorado Regional, excepto la Secretaria Regional, las
Delegadas y la Procuratriz, son designadas por el Padre entre socias por lo menos Inscritas,
oídos el Secretario General, el Procurador General, el Sacerdote Secretario Central, el
Asesorado Central, el Consiliario de la región y el Sacerdote Secretario Regional.
§ 2. Todos los cargos son para un trienio. Mas para las Delegadas valen las normas núm. 451,
§ 2, ya en cuanto a la manera de nombrarlas, ya en cuanto a la duración del cargo.
466. Corresponde a la Secretaria Regional dirigir, junto con el Asesorado y bajo la guía del
Consiliario y del Sacerdote Secretario Regional, las actividades de las socias de la región respectiva.
Es nombrado por el Padre, de acuerdo con el Asesorado Central, entre las miembros
Electrices.
467. Oficio propio de la Secretaria del Asesorado Regional es distribuir su trabajo a las
Vicesecretarias y a las otras miembros del Asesorado, y examinar cuidadosamente, bajo la
guía de la Secretaria de la región, el progreso de dichos trabajos, de modo que todo se lleve a
cabo con el debido orden. Además, suple a la Secretaria Regional en caso de ausencia o de
impedimento, y redacta las actas del Asesorado respectivo (núm. 381 § 2).
468. § 1. Las Vicesecretarias de región desarrollan su actividad en cada una de las obras particulares
del Instituto, de San Miguel, de San Gabriel y de San Rafael. § 2. Además, Ya
Vicesecretaria de San Miguel desempeña, en cuanto a la admisión e incorporación de las
socias, el mismo oficio que el Defensor en la región respectiva.
469. Oficio propio de la Directora de Estudios es, aparte de lo dicho, aplicando lo correspondiente
a lo que corresponda, en el núm. 387, recibir por sí misma o por otras a las nuevas
socias simplemente Numerarias de su propia región, y, dado el caso, tratar el asunto con las
familias de cada una de ellas.
470. El mismo oficio que la Directora de Estudios desempeña, en lo que toca a las Sirvientes y
a las familias de cada una de ellas, la Directora de Sirvientes en cada una de las regiones.
471. La Procuratriz Regional, una vez por mes, rinde cuentas a la Secretaria de la región y al
Asesorado, junto con una inspección de la caja de caudales. Y cada trimestre, con aprobación
del Consiliario y del Asesorado, remite todo lo que sobrare a la Administración Regional o bien,
si algo falta, lo solicita de ella. Por lo menos una vez cada trienio emprende una visita de las
administraciones locales y de la visita realizada da cuenta lo antes posible al Consiliario junto
con el Asesorado de la Región y la Procuratriz Central. Es nombrada por el Padre con voto
deliberativo del Asesorado Central entre las socias por lo menos Inscritas.
472. En cada una de las casas o Centros las socias son dirigidas por una Directora local, junto
con una Subdirectora y una Secretaria.
473. Para los cargos locales, así en cuanto a las miembros Numerarias como en cuanto a las
Supernumerarias, las llama para un trienio el Consiliario Regional junto con el Sacerdote
Secretario Regional y la Secretaria de la Región, oído el respectivo Asesorado.
474. Para la gestión de los asuntos económicos locales, se tendrá una Secretaria. A ella
corresponderá administrar los estipendios y los otros bienes de la casa, y de ellos rendir cuentas
cada mes al Consejo local, con una inspección de la caja de caudales. El Consejo local
remite cada mes estas cuentas a la Procuratriz de la región, a la cual también envía la cantidad
de dinero que sobrare y, si algo faltare, de ella lo solicita.
475. § 1. El Padre, por sí mismo o por otros sacerdotes en los que él delegue, ha de emprender
visitas a la Sección de mujeres, ya ordinarias, que deben hacerse por lo menos cada quinquenio,
ya extraordinarias, cuantas veces el propio Presidente General, oídos el Secretario
General, el Procurador General, el Sacerdote Secretario Central y el Asesorado Central, así lo
estimare conveniente.
§ 2. Para emprender y para terminar estas visitas, puede el Padre valerse de los oficios de la
Secretaria Central o de alguna de las Electrices, la cual ha de dar cuenta al Padre y al
Asesorado de la visita realizada.
476. La Secretaria Regional, al menos una vez por trienio, debe visitar todos los Centros o
casas de la región respectiva, y conferenciar acerca de la visita realizada con el Consiliario, el
Sacerdote Secretario y el Asesorado.
477. § 1. Para la Sección de mujeres de cada región, una vez cada cinco años, el Consiliario,
por mandato del Presidente, debe convocar una Semana de Trabajo.
§ 2. Si otra cosa no dispusiere el Presidente General, a la Semana deben asistir, aparte de
aquellas que desempeñan o han desempeñado algún cargo en el Asesorado Regional, todas
las socias Electrices adscritas a la región, las Directoras de los Centros de Estudios, las
Inscritas que fueren nominalmente designadas por el Padre, y en fin, las Directoras locales
designadas por el Presidente General.
§ 3. La Semana la preside el Padre o un Delegado suyo, a cuyo lado se sientan el Consiliario,
el Sacerdote Secretario de la Región y la Secretaria Regional. De la secretaría se encarga la
más joven de las Inscritas presentes.
478. § 1. A las Semanas Generales de Trabajo, que convoca el Padre una vez cada diez años,
deben asistir todas las socias Electrices, las Directoras de los Centros Interregionales de
Estudios y las Inscritas que sean designadas por el Padre, oídos el Secretario General, el
Procurador General, el Sacerdote Secretario Central y el Asesorado Central.
§ 2. Presidente de la Semana es el Padre, a quien prestan su ayuda el Secretario General, el
Procurador General, el Sacerdote Secretario Central y la Secretaria Central. De la secretaría se
encarga la socia más joven de las Inscritas presentes.
479. Por lo demás, celébrense las Semanas de Trabajo, aplicando lo correspondiente a lo que
corresponda, de acuerdo con las normas transmitidas en los números 425 y siguientes.

* – G I G A L M E S H – *


El poema de Gilgamesh

 

LA LEYENDA DE GILGAMESH

Tablilla I

(I)

Aquel que vio todo [hasta los confine]s de la tierra, [Que todas las cosa]s experimentó, [conside]ró todo. […] juntamente […], […] de sabiduría, que todas las cosas.[..]. (5) Lo [o]culto vio, [desveló] lo velado. Informó antes del Diluvio, Llevó a cabo un largo viaje, cansado y [derren]gado. Todo su afán grabó en una estela de piedra. De la terraplenada Uruk el muro construyó, Del reverenciado Eannal, el santuario puro.

¡Contempla su muralla exterior, cuya cornisa es como el cobre! ¡Mira la muralla interior, que nada iguala! ¡Advierte su umbral, que de antiguo viene!

Acércate a Eanna, la morada de Istar, Que ni un rey futuro, ni un hombre, puede igualar. Levántate y anda por los muros de Uruk, Inspecciona la terraza de la base, examina sus ladrillos:

¿No es obra de ladrillo quemado? ¿No echaron sus cimientos los Siete [Sabios]?

Falta el resto de la columna. Un fragmento hitita [cf. J. Friedrich, ZA, XXXIX (1929), 2-5] corresponde en parte a la porción inicial deteriorada de nuestra columna 1l y, por ende, parece contener algo del material del final de la I columna. De tal fragmento se desprende que varios dioses intervienen en la formación de Gilgamesh, al que dotaron de talla sobrehumana. Finalmente, Gilgamesh llega a Uruk.

 

 

(II)

Dos tercios de él son dios, [un tercio de él es humano]. La forma de su cuerpo[…] (3-7) (líneas mutiladas o ausentes) (8) […] como un buey salvaje altivo […]; El empuje de sus armas no tiene par. Mediante el tamborse reúnen [sus] compañeros. Los nobles de Uruk están som[bríos] en [sus cáma]ras:

«Gilgamesh no deja el hijo a [su] padre; [Día] y [noche] es desenfrenada su arro[gancia]. [¿Es éste Gilga]mes, [el pastor de la amurallada] Uruk? ¿Es éste [nuestro] pastor, [osado, majestuoso, sabio]?

[Gilgamesh] no deja [la doncella a su madre], ¡La hija de guerrero, [la esposa del noble]! Los [dioses escucharon] sus quejas. Los dioses del cielo del señor de Uruk [ellos… ]:

«¿No parió [Aruru] este fuerte buey salvaje? [El empuje de sus armas] en verdad no tiene par. Mediante el tambor se reúnen sus [compañeros]. Gilgamesh no deja el hijo a su padre; Día y noche [es desenfrenada su arrogancia].

¿Es éste el pastor de [la amurallada] Uruk? ¿Es éste su […] pastor, Osado, majestuoso (y) sabio?…

Gilgamesh no deja la doncella a [su madre], ¡La hija del guerrero, la esposa del noble!»

Cuando [Anu] hubo escuchado sus quejas, A la gran Aruru llamaron: «Tú, Aruru, creaste [el hombre]; Crea ahora su doble; Con su corazón tempestuoso haz que compita. ¡Luchen entre sí, para que Uruk conozca la paz!»

Cuando Aruru oyó esto, Un doble de Anu en su interior concibió. Aruru se lavó las manos, Cogió arcilla y la arrojó a la estepa. [En la este]pa creó al valiente Enkidu, Vástago de…, esencia de Ninurta. [Hirsu]to de pelo es todo su cuerpo, Posee cabello de cabeza como una mujer. Los rizos de su pelo brotan como Nisabal.

No conoce gentes ni tierra: Vestido va como Sumuqan. Con las gacelas pasta en las hierbas, Con las bestias salvajes se apretuja en las aguadas, Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua.

(Ahora bien) un cazador, un trampero, Se le encaró en el abrevadero [Un] día, un segundo y un tercero Se le encaró en el abrevadero Cuando el cazador le vio, su faz se inmovilizó.

El y sus animales entraron en su casa, [Transido de] miedo, quieto, sin un sonido, (Mientras) su corazón [se turbaba], nublado su rostro. Pues el pesar había [penetrado] en su vientre; Su cara era como la [de un viejero] llegado de lejos.

 

(III)

El cazador abrió [su boca] para hablar, Diciendo a [su padre]:

«Padre mío, hay [un] hombre que [ha venido de las colinas], Es el más poder[oso de la tierra]; vigor tiene. [¡Como la esencia] de Anu, tan tremendo es su vigor! [Siempre] recorre las colinas, [Siempre] con las bestias [se nutre de hierba]. [Siempre planta] los pies en la aguada. [¡Tan espantado estoy, que] no oso acercarme a él! [Cegó] las hoyas que yo había excavado, [Destrozó] mis trampas que yo había [puesto], Las bestias y las criaturas del llano [Hizo escapar de mis manos]. [¡No permite que] me dedique a la caza!»

[Su padre abrió la boca para hablar], Diciendo al cazador:

«[Hijo mío], en Uruk [vive] Gilgamesh. [Nadie hay más fuerte] que él. [¡Como la esencia de Anu, tan tre]mendo es su vigor! [Ve, pues; hacia Uruk dirige] tu faz, [Refiérele] el poder del hombre. [Haz que te entregue una ramera]. Lléva(la) [contigo]; (20) [Prevalecerá sobre él] a causa de [un mayor] poder. [Cuando abreve los animales en] la aguada, [Se quitará] el ves[tido, mostrando desnuda] su madurez. [En cuanto vea] a ella, a ella se acercará. ¡Le rechazarán las bestias [que crecieron] en su estepa!»

[Oyendo] el consejo de su padre, El cazador avanzó [hacia Gilgamesh]. Emprendió el camino, en Uruk puso [el pie]:

«[… ] Gilga[mes… ], Hay un hombre [que ha venido de las colinas], (30) El más poder[oso de la tierra; vigor tiene]. Como la esencia de Anu, tan tremendo es [su vigor]. [Siempre] recorre las colinas, Siempre con las bestias [se nutre de hierba]. Siempre [planta] los pies en la aguada. ¡Tan espantado estoy que no oso acercarme a [él]! Cegó las hoyas que [yo] había excavado, Destrozó mis trampas [que yo había puesto], Las bestias y las criaturas [del llano] Hizo escapar de mis manos. ¡No permite que me dedique a la caza!»

(40) Gilgamesh le dijo, [a]l cazador:

«Ve, cazador mío; lleva contigo una ramera. Cuando abreve los animales en la aguada, Se quitará el vestido, mostrando desnuda su madurez. En cuanto la vea, a ella se acercará. ¡Le rechazarán las bestias que crecieron en su estepa!»

Fuese el cazador, llevando con él una ramera. Emprendieron el camino, yendo rectos en su dirección. Al tercer día al sitio indicado llegaron. El cazador y la ramera se sentaron en sus lugares.

(50) Un día, un segundo día, estuvieron sentados, junto a la aguada. Las bestias salvajes llegaron a la aguada a beber.

 

(IV)

Las criaturas pululantes llegaron, deleitándose su corazón en el agua. En cuanto a él, Enkidu, nacido en las colinas – Con las gacelas pasta en las hierbas, Con las bestias salvajes se abreva en la aguada, Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua –

La moza le contempló, al salvaje, Al hombre bárbaro de las profundidades del llano:

«¡Ahí está, oh moza! ¡Desciñe tus pechos, Desnuda tu seno para que posea tu sazón! ¡No seas esquiva! ¡Acoge su ardor! En cuanto te vea, se acercará a ti. Desecha tu vestido para que yazga sobre ti. ¡Muestra al salvaje la labor de una mujer! Le rechazarán las bestias salvajes que crecen en su estepa, Cuando su amor entre en ti».

La moza libertó sus pechos, desnudó su seno, Y él poseyó su madurez. No se mostró esquiva al recibir su ardor. Desechó su vestido y él descansó en ella. Mostró al salvaje el trato de una mujer, (20) Cuando su amor entró en ella. Durante seis días y siete noches Enkidu se presenta, Cohabitando con la moza. Después que (se) hubo saciado de sus encantos, Volvió el rostro hacia sus bestias salvajes. Al verle, Enkidu, las gacelas huyeron, Las bestias salvajes del llano se alejaron de su cuerpo. Sorprendióse Enkidu, su cuerpo estaba rígido, Sus rodillas inmóviles – pues sus bestias salvajes habían huido.

Enkidu hubo de aflojar el paso – no era como antaño Pero entonces tiene [sa]biduría, más [am]plia comprension. (30) Volvióse, sentándose a los pies de la ramera. Mira a la cara de la ramera, Atento el oído, cuando la ramera habla; [La ramera] le dice, a Enkidu:

«¡Tú eres [sabio], Enkidu, eres como un dios! ¿Por qué con las criaturas silvestres vagas por el llano? ¡Ea!, deja que te lleve [a] la amurallada Uruk, Al santo templo, morada de Anu e Istar, Donde vive Gilgamesh, perfecto en fuerza, Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo».

(40) Mientras le habla, sus palabras encuentra favor, Su corazón se ilumina, ansía un amigo. Enkidu le dice, a la ramera:

«¡Arriba, moza! Escóltame Al puro templo sagrado, morada de Anu e Istar, Donde vive Gilgamesh, perfecto en fuerza, Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo. Le retaré [y osada]mente me dirigiré a él,

 

V

Gritaré en Uruk: “¡Yo soy el poderoso! [Yo soy aquel] que puede alterar los destinos, [(Aquel) que] nació en el llano es poderoso; vigor tiene”».

«[Levanta, pues, y vamos, para que vea] tu rostro. [Te mostraré Gilgamesh; donde] está bien sé. Vamos, pues, oh Enkidu, a la amurallada [Uruk], Donde la gente res[plande]ce en festiva indumentaria, (Donde) cada día es fiesta, Donde […] mozos…. (10) Y mo[z]as […] de figura. Su sazón […] henchida de perfume. ¡Apartan a los grandes de sus lechos! A ti, oh Enkidu, que disfrutas de la vida, Mostraré a Gilgamesh, el hombre jocundo.

Mírale, contempla su faz; Radiante está de virilidad, fuerza tiene. Todo su cuerpo es suntuoso de madurez, Vigor más poderoso que tú tiene, Sin descansar jamás de día o de noche. (20) ¡Oh Enkidu, renuncia a tu presunción! Gilgamesh – a él estima Samas; Anu, Enlil y Ea dilataron su sabiduría. Antes de que bajes de las colinas, Gilgamesh te verá en (sus) sueños en Uruk:…»

Omitidas las restantes líneas de la versión asiria de la tablilla I, por cuanto la babilónica antigua de la tablilla II comienza en este punto.


Tablilla II

 

VERSION BABILONICA ANTIGUA

 

 

 

(II)

Gilgamesh se levantó para revelar el sueño, Diciendo a su madre: «Madre mía, durante la noche Me sentí alegre y anduve En medio de los nobles. Las estrellas aparecieron en los cielos. La esencia de Anu descendió hacia mí. (10) Intenté levantarlo; ¡pesaba demasiado para mí! Intenté moverlo; ¡moverlo no pude! La tierra de Uruk lo rodeaba, Mientras los nobles besaban sus pies. Cuando afirmé mi frente, me dieron soporte. Lo levanté y lo traje a ti».

La madre de Gilgamesh, que todo lo conoce, Dice a Gilgamesh: «Ciertamente, Gilgamesh, uno como tú Nació en la estepa, Y las colinas le criaron. (20) Cuando le veas, [como (de encima de) una mujer] te regocijarás. Los nobles besarán sus pies; Tú le abrazarás y [..]. a él; Tú le conducirás a mí».

Se acostó y vio otro [Sueño]: dice a su madre:

«[Madre mía], vi otro […] en la confusión. En la calle [De] Uruk de amplios mercados Había un hacha, y (30) Se habían reunido alrededor de ella. Singular era la forma del hacha. En cuanto la vi, regocijém. Me gustó, y como si fuera una mujer, Me atrajo. La cogí y la coloqué En mi costado».

La madre de Gilgamesh, que todo lo conoce, [Dice a Gilgamesh]: (laguna breve)

 

 

(II)

«Porque hice que rivalizara contigo». Mientras Gilgamesh revela su sueño, Enkidu se halla sentado ante la ramera.

[… ] ellos dos.

[Enki]du olvida dónde nació. Durante seis días y siete noches Enkidu sale, Cohabitando con la m[oza]. Después la ramera abrió la boca, (10) Diciendo a Enkidu:

«Según te veo, Enkidu, te has hecho como un dios; ¿Por cuál motivo con las criaturas salvajes Tú recorres la llanura? Levántate, te guiaré A Uruk, de amplios mercados, Al templo santo, morada de Anu; Enkidu, levántate, te guiaré A Eanna, morada de Anu, Donde vive [Gilgamesh, cabal] en sus hazañas, (20) Y tú, co[mo…], Amarás [a él como] a ti mismo. ¡En pie, álzate del suelo, Lecho del pastor!»

Escuchó sus palabras, aprobó su alocución; El consejo de la mujer Cayó en su corazón. Ella se quitó (sus) vestidos; Con una (prenda) le ciñó, Con la otra prenda (30) Vistió a sí misma. Tomándole de la mano, Le lleva como una madre A la junta de los pastores, Al sitio del redil.

En torno a él los pastores se apiñaron. (faltan varias líneas)

 

(III)

La leche de las criaturas salvajes Solía mamar. Comida dispusieron ante él; Se atragantó, boqueó Y abrió mucho los ojos. Nada sabe Enkidu De comer manjares; A apurar bebida fuerte No le habían enseñado. (10) La ramera abrió la boca, Diciendo a Enkidu:

«Come el alimento, Enkidu, Porque es deber de vida; Consume la bebida fuerte, porque es costumbre de la tierra». Enkidu comió el alimento, Hasta que se hubo saciado; De bebida fuerte apuró Siete copas. Despreocupado se hizo su talante (y) alegre, Su corazón exultó Y su cara resplandeció. Frotó [la excrecencia velluda], El pelo de su cuerpo, Ungióse con óleo, Se hizo humano. Se puso vestidos, ¡Es como un novio! Empuñó su arma Para espantar los leones, A fin de que los pastores puedan descansar de noche. Apresó lobos, Capturó leones, Los principales ganaderos reposaron sosegados; Enkidu es su centinela, ¡El hombre atrevido, El héroe único!

A […] dijo: (faltan varias líneas)

 

(IV)

Festejó. (faltan unas ocho líneas) Cuando levantó los ojos, Contempló un hombre. Dice a la ramera:

«¡Trae a ese hombre, moza! ¿Por qué vino aquí? Hazme oír su nombre».

La ramera llamó al hombre. Yendo hasta él y diciéndole:

«Señor ¿ a dónde te apresuras ? ¿Cuál es tu afanoso rumbo?»

(20) El hombre abrió la boca, diciendo a En[kidu]:

«En la casa del consejo se ha [entremetido], Que se reserva para la gente, … para himeneo. En la ciudad ha acumulado profanación. Imponiendo extrañas cosas a la infausta ciudad. Para el rey de Uruk, la de amplios mercados, (30) El tambor del pueblo suena para la elección nupcial.

Para Gilgamesh, rey de Uruk, la de amplios mercados, El tambor del pueblo suena Para la nupcial elección, A fin de que con legítimas mujeres se ayunte.

Él es el primero, El marido viene después. Por el consejo de los dioses (así) fue ordenado.

¡Al cortar su cordón umbilical Se decretó así para él!»

A estas palabras del hombre Su rostro palideció.

(faltan unas 3 líneas)

 

(V)

(faltan unas 6 líneas)

[Enkidu] camina [delante] Y la moza en pos de él. Cuando entró en Uruk, la de amplios mercados, (10) La población le rodeó. Cuando se detuvo en la calle De Uruk, la de amplios mercados, El pueblo se juntó, Diciendo de él:

«¡Es como Gilgamesh en persona! Aunque de talla más baja, Tiene los huesos más recios. […] [Es el más fuerte de la tierra]; vigor tiene. (20) La leche de las criaturas salvajes Solía mamar. En Uruk (habrá) un constante (resonar de) armas».

Los nobles se regocijaron:

«¡Un héroe ha aparecido Para hombre del mismo porte! Para Gilgamesh, igual a un dios, Su igual ha comparecido».

Para Ishtar el Se dispone. Gilgamesh. [. . ], De noche . . [ . ], Cuando se acerca, [Enkidu] se yergue en la calle Para cerrar el paso A Gilgamesh [… ] en su poder. (faltan unas 3 líneas)

 

(VI)

(faltan unas 5 líneas)

Gilgamesh […] En la estepa […] Brota […] Se levantó y […] (10) Ante él.

Se encontraron en el Mercado de la Tierra. Enkidu atrancó la puerta Con su pie, Impidiendo que Gilgamesh entrase. Se asieron uno a otro, Enlazados con fuerza, como toros. Destrozaron la jamba, Mientras el muro se estremecía. Gilgamesh y Enkidu (20) Se asieron uno a otro, Enlazados con fuerza, como toros; Destrozaron la jamba, Mientras el muro se estremecía. Cuando Gilgamesh dobló la rodilla – Con el pie en el suelo – Su furia se aplacó Y se volvió para alejarse.

Cuando se volvió, Enkidu a él Habla, a Gilgamesh:

«Por unigénito tu madre Te concibió, ¡La vaca salvaje de las dehesas, Ninsunna! Tu cabeza se alza sobre los hombres. ¡Realeza sobre la gente Enlil te ha concedido!»


Tablilla III

VERSION BABILONICA ANTIGUA

Los fragmentos del texto ponen en evidencia que Gilgamesh se propone salir contra el monstruoso Huwawa [asirio: Humbaba], que vive en la Selva de los Cedros. Enkidu procura disuadirle, pero el empeño de Gilgamesh resulta evidente en las siguientes líneas de la Versión Babilónica Antigua

(3) Gilgamesh abrió la boca, Diciendo a [Enkidu]:

«¿Quién, amigo mío, puede escalar al cie[lo]? Sólo los dioses [viven] eternamente bajo el sol Para la humanidad, contados son sus días; Ecl 1:2 ¡Cuanto ejecuta no es sino viento! Incluso tú temes la muerte. (10) ¿Qué hay de tu poder heróico? Deja que vaya delante de ti, Haz que tu boca me grite, “¡Avanza; no temas! Si yo cayere, habré conquistado nombradía: “Gilgamesh”, dirán, “contra el fiero Huwawa ha caído”. (Mucho) después que Mi estirpe haya nacido en mi casa».

Del texto fragmentario de las tablillas IV y V se colige que la arriesgada expedición de los dos héroes contra Huwawa se remata con éxito.


Tablilla III

Él se lavó la sucia cabellera, acicaló sus armas, La trenza de su pelo sacudió contra su espalda. Arrojó sus manchadas (cosas), se puso otras limpias, Se envolvió en un manto franjeado y se abrochó un ceñidor. Cuando Gilgamesh se hubo puesto la tiara, La gloriosa Istar levantó un ojo ante la belleza de Gilgamesh:

«¡Ven, Gilgamesh, sé tú (mi) amante! Concédeme tu fruto. Serás mi marido y yo seré tu mujer. (10) Enjaezaré para ti un carro de lapislázuli y oro, Cuyas ruedas son áureas y cuyas astas son de bronce. Tendrás demonios de la tempestad que uncir a fuer de mulas poderosas. En la fragancia de los cedros entrarás en nuestra casa. Cuando en nuestra casa entres, ¡El umbral (y) el tablado besarán tus pies! ¡Se humillarán ante ti reyes, señores y príncipes! El producto de colinas y de llano te ofrecerán por tributo. Tus cabras engendrarán crías triples, tus ovejas gemelos, Tu asno en la carga sobrepujará a tu mula. Los corceles de tu carro serán famosos por su carrera, [¡Tu buey] bajo el yugo no tendrá rival!»

[Gilgamesh] abrió la boca para hablar, [Diciendo] a la gloriosa Istar:

«[¿Qué daré] a ti para que pueda tomarte en matrimonio? [¿Te daré aceite] para el cuerpo y vestidos? [¿Daré] pan y vituallas? [… ] comida digna de la divinidad, [… ] bebida propia de la realeza.

(29-31) (mutilado)

[¿… si yo] te tomo en matrimonio? [No eres más que un brasero que se apaga] con el frío; Una puerta trasera [que no] detiene la ráfaga ni el huracán; Un palacio que aplasta al valiente […]; Un turbante cuyo amparo […]; Pez que [ensucia] a los porteadores; Odre que [empapa] al que lo carga; Piedra caliza que [comba] el baluarte de piedra; (40) Jaspe [que … ] país enemigo; ¡Calzado que [oprime el pie] de su propietario! ¿A cuál amante amaste siempre? ¿Cuál de tus pastores plugo [a ti constantemente]?

Vamos, y men[cionaré para ti] tus amantes:

De…[.. ] Para Tammuz, el amante de tu juventud, Has ordenado llantos año tras año. Habiendo amado al pintado pájaro pastor, Le lastimas, rompiendo su ala. (50) En los sotos permanece, chillando: “¡Mi ala”!

Después amaste a un león, perfecto en fuerza; Siete hoyas y siete cavaste contra él. Luego a un garañón amaste, famoso en la batalla; El látigo, el acicate y la brida ordenaste para él. Decretaste para él un galope de siete leguas, Decretaste para él una bebida de agua cenagosa; ¡Para su madre, Silili, ordenaste gemidos!

Después amaste al guardián del rebaño, El cual siempre amontonó para ti pasteles, (60) A diario sacrificó cabritos por ti; Pero tú le afligiste, trocándole en lobo, Para que sus gañanes le ahuyentaran, Y sus perros le mordieran las ancas.

Luego amaste a Isullanu, jardinero de tu padre, Que te ofrecía siempre cestas de dátiles, Y diariamente adornó tu mesa. Tus ojos se levantaron hasta él, tú fuiste a él: “Oh Isullanu mío, ¡probemos tu vigor! ¡Extiende tu «mano» y toca nuestra «modestia»!”

(70) Isullanu te dijo: “¿Qué deseas de mí? ¿Acaso no coció mi madre, no he comido, Para que yo pruebe el manjar hediondo, impuro? ¿Protegen las cañas del frío?”.

Cuando le oíste [hablar] así, Le castigaste y le convertis[te] en un topo. Le colocaste en medio de. . [. ]; No puede subir… no puede bajar… Si me amas, [me tratarás] como a ellos».

Cuando Istar oyó esto, (80) Istar se enfureció y [ascendió] al cielo. Se adelantó Istar ante Anu, su padre, A Antum, su madre, fue y [dijo]:

«Padre mío, ¡Gilgamesh ha acumulado insultos sobre mí! Gilgamesh ha enumerado mis hediondos hechos, Mi fetidez y mi impureza».

Anu abrió la boca para hablar, Diciendo a la gloriosa Istar:

«Pero, en verdad, tú incitarías. [. .], Y por ello Gilgamesh ha citado tus hediondos hechos, (91) Tu fetidez y tu impureza».

Istar abrió la boca para hablar, Diciendo a [Anu, su padre]:

«Padre mío, ¡ hazme el Toro del Cielo [para que castigue a Gilgamesh], [Y ] llene a Gil[games …]! Si tú [no me haces] [el Toro del Cielo], Quebraré [las puertas del mundo inferior], Yo haré [ … ], Yo [levantaré los muertos roídos (y) vivos], (100) ¡Para que los muertos superen a los vivos!»

Anu [abrió la boca para hablar], Diciendo [a la gloriosa Istar]:

«[Si hago lo que me] pides, [Habrá] siete años de cáscaras (hueras). ¿Has cosechado [grano para la gente]? ¿Has cultivado hierba [para las bestias]?»

[Istar abrió la boca] para hablar, [Diciendo a A]nu, su padre:

«[Grano para la gente] he almacenado, (110) [Hierba para las bestias] he proporcionado. [Si ha de haber siete] años de cáscaras, [He reu]nido [grano para la gente], [He cultivado] hierba [para las bestias]».

El estado fragmentario de las líneas 114-128 impide su traducción. Sin embargo, se desprende de ellas que Anu cedió a la petición de Istar, porque el Toro baja y mata centenares de hombres con sus dos primeros resuellos.

Con [su] tercer resoplido [saltó] contra E~lkidu. (130) Enkidu paró su embestida. Brincó a lo alto Enkidu, asiendo al Toro del Cielo por los cuernos. El Toro del Cielo lanzó [su] espuma a [su] cara, Le restregó con lo espeso de la cola.

Enkidu abrió la boca para hablar, Diciendo [a Gilgamesh]:

«Amigo mío, nos hemos preciado […]».

Las líneas 137-151 están mutiladas, pero las incidencias de la lucha se manifiestan en las siguientes.

(152) Entre el cuello y las astas [hincó] su espada. Cando hubieron matado al Toro, arrancaron su corazón, Colocándolo ante Samas. Retrocedieron y rindieron homenaje a Samas. Los dos hermanos se sentaron.

Entonces Istar subió al muro de la amurallada Uruk, Se encaramó en las almenas, pronunciando una maldición:

«¡Ay de Gilgamesh porque me injurió Matando al Toro del Cielo!»

(160) Cuando Enkidu oyó estas palabras de Istar, Arrancó el muslo derecho del Toro del Cielo Y lo lanzó a su cara:

«Si pudiera atraparte, como a él Te trataría. ¡Sus entrañas colgaría a tu lado!»

(A esto) Istar congregó a las consagradas, Las mozas (de placer) y las rameras (del templo). Sobre el muslo derecho del Toro del Cielo lanzó un lamento.

Pero Gilgamesh llamó a los artífices, a los armeros, A todos (ellos). (170) Los artesanos admiraron la grosura de sus cuernos: Cada uno está compuesto de treinta minas de lapislázuli; La capa superior de cada uno tiene dos dedos (de grueso); Seis medidas de aceite, la capacidad de los dos, Ofreció como unción a su dios, Lugalbanda.

(Los) llevó y suspendió en su alcoba principesca. En el Éufrates se lavaron las manos, Se abrazaron a medida que caminaban, Atravesando la calle comercial de Uruk. La gente de Uruk se reúne para contemplar[los].

(180) Gilgamesh a las tañedoras de lira [de Uruk] 1 Sm 18:7 Dice (estas) palabras:

«¿Quién es el más espléndido entre los héroes? ¿Quién el más glorioso de los hombres?» «Gilgamesh es el más espléndido entre los héroes, [Gilgamesh es el más glori]oso de los hombres».

(186-188) (mutilado)

Gilgamesh en su palacio festeja. (190) Yacen los héroes en sus lechos nocturnos. También Enkidu está acostado, viendo un sueño. Se levantó Enkidu a relatar su sueño, Diciendo a su amigo:

«Amigo mío, ¿por qué los grandes dioses se juntan en consejo?»


Tablilla VII

Las dos primeras columnas de esta tablilla, el sueño de Enkidu, faltan en la Versión Asiria.

«[…]… Entonces llegó la luz del día».

[Y] Enkidu respondió a Gilgamesh:

«[O]ye el sueño que tuve anoche: Anu, Enlil, Ea y el celestial Samas [Celebraban consejo].

Y Anu dijo a Enlil: “Porque el Toro del Cielo mataron, y a Huwawa Mataron; por consiguiente”, dijo Anu, “uno de ellos, Aquel que taló los montes del cedro, [Debe morir]”.

Pero Enlil dijo: (10) “¡Enkidu debe morir; Pero Gilgamesh no morirá!

Entonces el celeste Samas respondiá al bravo Enlil:

¿No mataron por orden mía Al Toro del Cielo y a Huwawa? ¿Debe ahora el inocente Enkidu perecer?”

Pero Enlil se enfrentó Iracundo con el celestial Samas: “Porque muy semejante A un camarada suyo, tú bajaste a diario hasta ellos”».

Enkidu cayó (enfermo) ante Gilgamesh. Y mientras susl lágrimas se deslizaban (dijo):

«¡ Oh hermano mío, mi querido hermano! ¡ A mi tenían que Perdonar a expensas de mi hermano!»

(20) Además:

«¿Tengo yo junto al espíritu (de los muertos) Que sentarme, en la puerta del espíritu, (Y) jamás de nuevo [contemplar] a mi querido hermano con (mis) ojos?»

El resto se ha perdido. En una postrera revisión de su existencia, Enkidu parece lamentar los sucesos que le han llevado a tan triste trance, maldiciendo las etapas sucesivas de su vida predestinada. Una de sus maldiciones, conservadas en un fragmento asirio, se dirige contra la puerta que lisió su mano.

(36) Enkidu […] levantó [sus ojos], Hablando a la puerta como si [fuera humana]: «¡Tú, puerta de los bosques, incom[prensiva], No dotada de entendimiento! (40) A veinte leguas de distancia elegí tu bosque, (Mucho) antes de que contemplara el cedro altivo. No tiene igual tu bosque [en la tierra]. Seis docenas de codos es tu altura, dos docenas tu anchura, […] Tu poste, tu poste contera, tu poste tirador […]. Un maestro de artífices de Mppur te construyó […]. Si hubiese sabido, oh puerta, que esto [sucedería] Y que ésta [tu] belleza […], Hubiese enarbolado el hacha, hubiese […], ¡Hubiese colocado un marco de caña sobre [ti]!»

Sigue una extensa laguna. Cuando el texto se restablece, Enkidu, prosiguiendo su amargo balance, invoca la maldición de Samas sobre el cazador.

 

(III)

«¡[…] destruya su riqueza, disminuya su poder! Sea su [camino repugnante] en tu presencia. Escapen [las bestias que quiera apresar] delante de él. ¡[No] con[siga] el cazador la plenitud de su corazón!»

[Después su corazón] urgió(le) a maldecir a la ramera:

«¡Ea, moza!, decretaré (tu) [desti]no, ¡[Un desti]no que no concluirá en toda la eternidad! Te maldeciré con maldición grandes, [Un juramento] cuyas maldiciones pronto te abrumarán. (10) […] exceso de tus encantos.

(11-17) (mutilado)

[…] arrojará en tu casa. [… ] el camino será tu morada, [La sombra de la pared] será tu paradero, [… ] tus pies, [Los fatuos y los sedientos herirán] tu mejilla.

(23-30) (mutilado)

Por mi [tú has … ] Y por […] sobre mí.» Cuando Samas oyó [estas palabras] de su boca, Sin dilación le gritó [desde] el cielo:

«¿Por qué, oh Enkidu, maldices a la ramera, Que te hizo comer manjares dignos de la divinidad, Y te dio vino propio de la realeza, Que te vistió con nobles ropas, Y te hizo poseer el noble Gilgamesh por camarada?

(40) ¿Y Gilgamesh, tu amigo cordial, No te ofreció un lecho preclaro? Te hizo ocupar un lecho de honor, Te colocó en el asiento de la holgura, en el asiento de la izquierda, ¡Para que [los prín]cipes de la tierra besaran tus plantas !

Hará que las gentes de Uruk lloren por ti (y) se lamenten, Que el pueblo [alegre] gima por ti. Y, cuando te hayas ido, Su cuerpo de pelo intenso cubrirá, Pondráse una piel de león y errará por la estepa».

[Cuando] Enkidu [oyó] las palabras del valiente Samas, [… ] su corazón vejado se aquietó.

Laguna breve. Tranquilizándose, Enkidu cambia su maldición en bendición. Habla de nuevo a la muchacha

 

(IV)

«Así [… ] vuelva a tu lu[gar… ] . [Reyes, prínci]pes y nobles [te] amarán. [Ninguno por ti se] golpeará el muslo. [Por ti el anciano] meneará su barba. [… el joven] desceñirá su cinto. […] cornerina, lapislázuli y oro. [Así sea retribuido] quien te mancille, [Quede su casa vacía], su colmado almacén. [A la presencia de] los dioses [el sacerdote] te permitirá entrar, [Por ti] se abandonará la esposa, (10) (aunque sea) madre de siete».

[… Enki]du, cuyo humor es sombrío, […] yace a solas.

Aquella noche [comunica] sus sentimientos a su amigo:

«[Amigo mío], vi un sueño anoche: Los cielos [gemían], la tierra respondió2; [… ] yo estaba [sol]o. [… ] su faz se oscureció. Como en […] era su rostro. [… como] las garras del águila eran sus zarpas. (20) [… ] él me dominó. [… ] él salta. [… ] él me sumergió.

(23-30) (mutilado o ausente)

[ … ] … él me transformó, De forma que mis brazos eran [… ] como los de un ave. Mirándome, me guía a la Casa de las Tinieblas, La mansión de Irkalla, A la casa que no abandona quien entró en ella, Por el camino que no tiene regreso, A la casa cuyos habitantes carecen de luz, Donde el polvo es su vianda y arcilla su manjar. Están pergeñados como pájaros, con alas porvestiduras, Y no ven luz, residiendo en la oscuridad.

(40) En la Casa del Polvo, en que había entrado, Contemplé [gobernantes] sin sus coronas; [Vi príncipes], a los (nacidos) para la corona, Que habían regido la tierra desde días pretéritos. [Estos dobl]es de Anu y Enlil servían carnes asadas; Servían pasteles y escanciaban Agua fresca de los odres.

En la Casa del Polvo, en que había entrado, Reside el sumo sacerdote y el acólito, Reside el encantador y el extático, Residen los lavadores, ungidores de los grandes dioses. Reside Etanal, reside Sumuqan.

(50) Ereskigal [vive allí], Reina del submundo, [Y Belit-]Seri, registrador del mundo inferior, se arrodilla ante ella. [Ella mantiene una tablilla] y la lee. [Levantando] su cabeza, me contempla:

[Diciendo: “¿Quién] trajo a éste aquí?”»

Falta el resto de la tablilla en la Versión Asiria, pero pueden destacarse los siguientes fragmentos

(4) «¡Recuerda todos mis viajes [con él]! Mi amigo vio un sueño cuyos [augurios] eran des [favorables]:

El día en que vio el sueño terminó Abatido está Enkidu.

Un día, [un segundo día]. [El sufrimiento de] Enkidu, en el lecho, [aumenta]. Un tercer día, un cuarto día [… ]. (10) Un quinto día, un sexto y un séptimo; Un octavo, un noveno [y un décimo día], El sufrimiento de Enkidu, en el lecho, [aumenta]. Un undécimo y un duodécimo día [… ]. [Abatido] está Enkidu en su lecho [de dolor].

Al fin llamó a Gilgamesh [y le dijo]:

“Amigo mío, […], ¡me ha maldecido! [No] como el que [cae] en batalla [moriré], Pues temí la batalla [… ]. Amigo mío, el que [muere] en la batalla [es bendecido]. Pero yo, [.. ]”»

 

 

Tablilla VIII (anverso, I)

Al primer resplandor del alba Gilgamesh dijo a su amigo:

«Enkidu, tu [ma]dre una gacela, un onagro tu padre, te [engendraron]. Aquellos cuya señal son sus colas te criaron, y el ganado De la llanura y de todos los pastos. ¡Ojalá las huellas de Enkidu en el Bosque de los Cedros Lloren por ti, jamás callen noche y día! Así los mayores de la amplia y amurallada Uruk lloren por ti. [Llore por ti] El dedo que se extienda detrás de nosotros bendiciendo. Llore por ti Y despierte ecos en la campiña como si fuera tu madre. Llore por ti [… ] En cuyo centro nosotros… Llore por ti oso, hiena, [pantera], (10) Tigre, ciervo, leopardo, león; bueyes, venado, [cabra montés], Y las criaturas salvajes del llano. Llore por ti el río Ula [… ] Por cuyas riberas solíamos pasear. Llore por ti el puro Eufrates, [del que sacábamos] Agua para el odre. Lloren por ti Los guerreros de la amplia y amurallada Uruk [… ] matamos el Toro… Llore por ti [… ]

[Quien] en Eridu ensalzó tu nombre. Llore por ti [… ] [Quien … ] ensalzó tu nombre. Llore por ti [… ] [Quien] proporcionó… grano para tu boca. Llore por ti [… ] [Quien] puso ungüento en tu espalda. Llore por ti [.. ] [Quien] puso cerveza en tu boca. Llore por ti la [meretriz] (20) [Que] te ungió con aceite fragante. Llo[re por ti …] [del ha]rén que [te llevó] La mujer y el anillo de tu elecciónl.

¡Lloren los hermanos por ti como hermanas [… y crezca larga] Su cabellera por ti […]!»

 

(II)

«¡Oídme, oh ancianos, [y prestad oído] a mí! Por Enkidu, mi [amigo], lloro, Gimiendo amargamente como una plañidera. El hacha de mi costado, confianza de mi mano, El puñal de mi cinto, [el escudo] delante de mí, Mi túnica de fiesta, mi más rico tocado– ¡Un demonio [perverso] apareció arrebatándomelos!

[¡Oh mi amigo menor], tú cazaste El onagro de las colinas, la pantera del llano! ¡Enkidu, mi amigo menor, cazaste El onagro de las colinas, la pantera del llano!

(10) ¡Nosotros que [vencimos] todas las cosas, escalamos los montes], Que prendimos el Toro [y lo matamos], ¡Afligimos a Hubaba, que [vivía en el Bosque de los Cedros]! ¿Cuál es el sueño que se adueño [de ti]? ¡Ignoras y no [me] oyes!»

Pero no levanta [sus ojos]; Tocó su corazón, pero no late. Entonces veló (a su) amigo como una desposada[… ], Arrebatado cerca de él como un león, Como una leona privada de [sus] cachorros. (20) Va y viene ante [el lecho], Arrancándose (el pelo) y esparciéndo[lo …], Jer 16:6; 48:37 ¡Desgarrando y diseminando (su) atuendo [Como si estuviera] im[puro]! Al primer arrebol [del alba], Gil[games…].

Entonces Gilgamesh envió un pregón al país: «Oh forjador [… ], Batidor de cobre, aurífice, lapidario: ¡Haced a mi amigo [ … ] ! » [Entonces] formó una estatua para su amigo, El amigo cuya estatura [… ]:

«[…], de lapislázuli es tu pecho, de oro tu cuerpo, [… ]».

 

(III)

«Un lecho [de honor te hice ocupar], Te coloqué [en el asiento de la holgura, en el asiento de la izquierda], Para que los príncipes de la tierra [besaran tus pies]. Haré que las gentes [de Uruk] lloren por ti (y) [se lamenten], Que el pueblo alegre [gima por ti]. Y, cuando te hayas ido, [Cubriré mi cuerpo de pelo intonso] Y, vistiendo una piel [de león, erraré por la estepa].»

Al primer arrebol del alba, [Gilgamesh] Aflojó su banda […].

El resto de la tablilla falta o su estado fragmentario impide su traducción, salvo en el caso de las líneas siguientes

 

(V)

(45) Al primer resplandor del alba, Gilgamesh formó [… ], Sacó una ancha mesa de madera elammaqu, Llenó de miel una jarra de cornerina, Llenó de requesón una jarra de lapislázuli, [… ] decoró y expuso al sol.


Tablilla IX

(I)

Por Enkidu, su amigo, Gilgamesh Llora sin duelo, mientras vaga por el llano: «Cuando muera, ¿no seré como Enkidu? El espanto ha entrado en mi vientre. Temeroso de la muerte, recorro sin tino el llano. Hacia Utnapishtiml, hijo de Ubar-Tutu, Para avanzar velozmente he emprendido el camino. Al llegar de noche a los pasos de la montaña, Vi el león y me amedrenté, (10) Levanté mi cabeza hacia Sin para rezar. A [… ] de los dioses fueron mis plegarias. ¡[…] tú presérvame!»

[De noche, mientras] reposaba, despertóse de un sueño. [Había … ], jocundos de vida. Enarboló el hacha en su mano, Tiró [del puñal] de su cinto. Como una fle[cha] descendió entre ellos. [Los] hirió y los acuchilló.

El resto de la tablilla IX nos relata las aventuras de Gilgamesh, que atraviesa con éxito las tinieblas de la cordillera de Masu, custodiada por hombres escorpiones.


Tablilla X

Esta tablilla, que narra el progreso de Gilgamesh en busca de la inmortalidad, se halla representada por cuatro versiones distintas. No obstante, dos de ellas, la hitita y la hurrita, se conservan en fragmentos tan inconexos, que impiden una traducción corrida e inteligible. En cambio, existen considerables porciones utilizables en las recensiones Babilónica Antigua y Asiria.

VERSION BABILONICA ANTIGUA

(I)

(principio en fragmentos perdidos)

«[…]…

Con sus pieles [se viste], come carne. [. ]. ., Oh Gilgamesh, lo que no ha ocurrido Mientras mi viento empuja las aguas.»

Samas estaba perturbado, como le correspondía; Dice a Gilgamesh: «Gilgamesh, ¿a dónde vagas tú? La vida que persigues no hallarás.»

Gilgamesh le dice, al valiente Samas:

(10) «Después de andar (y) errar por la estepa, ¿Descansará mi cabeza en el corazón de la tierra Para dormir a través de todos los años? ¡Deja que mis ojos contemplen el sol, A fin de que me sacie de luz! La oscuridad se retira cuando hay luz suficiente. ¡Ojalá el que esté en verdad muerto vea aún el resplandor del sol!»

 

(II)

(Principio destruido. Gilgamesh habla a Siduri, la cervecera:)

«Aquel que conmigo soportó todas las labo[res] – Enkidu, a quien yo amaba entrañablemente, que conmigo soportó todas las labo[res] – ¡Ha conocido el destino de la humanidad! Día y noche he llorado por él. No le entregué para que le sepultasen – Por si mi amigo se levantaba ante mi lamento – Siete días y siete noches, Hasta que un gusano se deslizó de su nariz. (10) Desde su fallecimiento no encontré vida, He vagado como un cazador por en medio del llano. Oh cervecera, ahora que he visto tu rostro, No consientas que vea la muerte que constantemente temo.»

La cervecera dijo a él, a Gilgamesh:

 

(III)

«Gilgamesh, ¿a dónde vagas tú? La vida que persigues no hallarás. Cuando los dioses crearon la humanidad, La muerte para la humanidad apartaron, Reteniendo la vida en las propias manos. Tú, Gilgamesh, llena tu vientre, Goza de día y de noche. Ecl 5:18 Cada día celebra una fiesta regocijada, ¡Día y noche danza tú y juega! Ecl 8:15 (10) Procura que tus vestidos sean flamantes, Ecl 9:8-9 Tu cabeza lava; báñate en agua. Atiende al pequeño que toma tu mano,

¡Que tu esposa se deleite en tu seno! ¡Pues ésa es la tarea de la [humanidad]!»

(el resto de la columna está fragmentado)

 

(IV)

En su cólera los destroza. Cuando regresó, sube a él. Sursunabu sus ojos contempla. Sursunabu dice a él, a Gilgamesh:

«Dime tú, ¿cuál es tu nombre ? Soy Sursunabu, (el) de Utnapishtim el Lejano».

Gilgamesh le dice, a Sursunabu:

«En cuanto a mí, Gilgameshs es mi nombre, Quien vino de Uruk-Eanna, (10) Quien atravesó los montes, Un viaje distante, cuando el sol se alza. Oh, Sursunabu, ahora que he visto tu rostro, Muéstrame a Utnapishtim el Lejano».

Sursunabi [dice] a él, a Gilgamesh.

(falta el resto)

(La Versión Asiria de la tablilla X relata los episodios del encuentro con Siduri y con Sursunabu [Urshanabi en la Versión Asiria], y el relato de la travesía de las Aguas de la Muerte hasta la vivienda de Utnapishtim. La parte final de la tablilla X es:)

 

(V)

Gilgamesh dijo a él, a Utnapishtim:

«Para poder llegar a contemplar a Utnapishtim,

A quien llaman el Lejano Recorrí y anduve por todos los paises, Atravesé montes abruptos, Crucé todos los mares. Mi faz no se sació de dulce sueño, Me exasperé con el insomnio; Llené mis coyunturas de infortunio. No hubiese alcanzado la casa de la cervecera, (30) Cuando mi ropa estaba gastada. [Ma]té oso, hiena, león, pantera, Tigre, ciervo (y) cabra montés – Las bestias salvajes y lo que repta del llano. Sus [carnes] comí y sus pieles ce[ñí alrededor de mí]».

(El resto de esta columna está demasiado mutilado para poder traducirlo. Falta el principio de la ultima columna, excepto el final de las doctas observaciones de Utnapishtim):

 

(VI)

(26) «¿Construimos una casa para siempre? ¿Sellamos (contratos) para siempre? ¿Los hermanos dividen porciones para siempre? Ecl 9,6 ¿Persiste para siempre el odio [en la tierra]? ¿Acaso el río siempre crece (y) causa inundaciones?

(30) La libélula [abandona] (su) vaina Para que su cara (no) pueda mirar (sino) la cara del sol. Desde los días de antaño no hubo [permanencia]; Ecl 1,11; 1,4; 2,16 ¡Los que descansan y los muertos qué iguales [son]! ¿No componen la misma imagen de la muerte El plebeyo y el noble, Cuando se hallan próximos a [su destino]?

Los Anunnaki, los grandes dioses, se congregan; Mammetum, hacedor del destino, con ellos decreta el hado: Muerte y vida determinan. Dt 30,19 (Pero) de la muerte los días no se revelan».


Tablilla XI

Gilgamesh le dijo, a Utnapishtim el Lejano:

«Cuando te miro, Utnapishtim, Tus rasgos no son extraños; incluso como yo eres. Tú no eres extraño; antes bien, como yo eres. ¡Mi corazón te había imaginado como resuelto a batallar, [Pero] descansas indolente sobre tu dorso! [Dime], ¿cómo te sumaste a la Asamblea de los dioses, En tu busca de la vida?»

Utnapishtim dijo a él, a Gilgamesh:

«Te revelaré, Gilgamesh, una materia oculta (10) Y un secreto de los dioses te diré: Suruppak–ciudad que tú conoces [(Y) que en las riberas del Éufrates] está situada–, Esa ciudad era antigua (como lo eran) los dioses de su interior, Cuando sus corazones impulsaron a los grandes dioses a suscitar el diluvio. Estaban Anu, su padre, El valiente Enlil, su consejero, Ninurta, su asistente, Ennuge, su irrigador. Ninigiku-Ea también estaba presente con ellos;

(20) Sus palabras repite a la choza de cañas:

“¡Choza de cañas, choza de cañas! ¡Pared, pared! ¡Choza de cañas, escucha! ¡Pared, vibra! Hombre de Suruppak, hijo de Ubar-Tutu, ¡Demuele (esta) casa, construye una nave! Gn 6:14 Renuncia a las posesiones, busea la vida. ¡Desiste de bienes (mundanales) y mantén el alma viva!

A bordo de la nave lleva la simiente de todas las cosas vivas. Gn 6:19-20

El barco que construirás, Sus dimensiones habrá que medir. (30) Igual será su amplitud y su longitud. Gn 6:15 Como el Apsu lo techarás”.

Entendí y dije a Ea, mi señor:

“[He aquí], mi señor, lo que así ordenaste Tendré a honra ejecutar. [Pero, ¿ qué] contestaré a la ciudad, a la gente y a los ancianos ?”

Ea abrió su boca para hablar, Diciendo a mí, su servidor:

En tal caso les hablarás así: “He sabido que Enlil me es hostil, (40) De modo que no puedo residir en vuestra ciudad, Ni poner mi p[ie] en el territorio de Enlil. Por lo tanto, a lo Profundo bajaré, Para vivir con mi señor Ea. [Pero sobre] vosotros derramará la abundancia, [Los] pájaros [selectos], los más excelentes peces. [La tierra se colmará] de riqueza de cosechas. [Aquel que en el ocaso ordena] las vainas verdes, Verterá sobre vosotros una lluvia de trigo”.

Al primer resplandor del alba, La tierra se juntó [a mi alrededor].

(50-53) (demasiado fragmentario para ser traducido)

Los pequeños [llev]aban brea, Al paso que los grandes transportaban [el resto] de lo necesario. Al quinto dia tendí su maderamen. Un acre (entero) era el espacio de su suelo, Diez docenas de codos la altura de cada pared, Gen 6,15 Diez docenas de codos cada borde del cuadrado puentel. Preparé los contornos (y) lo ensamblé. (60) Lo proveí de seis puentes, Dividiéndolo (así) en siete partes. El plano de su piso dividí en nueve partes. Clavé desaguaderos en él. Me procuré pértigas y acopié suministros. Seis (medidas) “sar” de betún eché en el horno, Gen 6,14

Tres “sar” de asfalto [también] eché en el interior, Tres “sar” de aceite los portadores de cestas transportaron, Aparte de un “sar” de aceite que la calafateadura consumió, Y los dos “sar” de aceite [que] el barquero estibó. (70) Bueyes maté para la [gente], Gen 6,21 Y sacrifiqué ovejas cada día. Mosto, vino rojo, aceite y vino blanco [Di] a los trabajadores [para beber], como si fuera agua del río, Para que celebrasen como en el Día del Año Nuevo. A[brí …] ungüento, aplicándo(lo) a mi mano. [Al sépti]mo [día] el barco estuvo completo.

[La botadura] fue ardua, Hasta el punto de que hubieron de cambiar las planchas de encima y de debajo, [hasta que] dos tercios de [la estructura entra]ron [en el agua]. (80) [Cuanto tenía] cargué en él: Cuanta plata tenía cargué en él; Cuanto oro [tenía] cargué en él; Cuantos seres vivos tenía [cargué] en él. Gen 7,7-8 Toda mi familia y parentela hice subir al barco. Las bestias de los campos, las salvajes criaturas de los campos, Gen 7,13-16 Todos los artesanos hice subir a bordo. Samas me había fijado un tiempo:

“Cuando aquel que ordena la intranquilidad nocturna, Envíe una lluvia de tizón, ¡Sube a bordo y clava la entrada!~ Aquel tiempo señalado llegó: “Aquel que ordena la intranquilidad nocturna, envía una lluvia de tizón”.

Contemplé la apariencia del tiempo. El tiempo era espantoso de contemplar. Subí al barco y clavé la entrada. Para clavar (todo) el barco, a Puzur-Amurri, el barquero, Cedí la estructura con su contenido.

Al primer resplandor del alba, Una nube negra se alzó del horizonte. Gn 7:11 En su interior Adad truena, Mientras Sullat y Hanis van delante, (100) Moviéndose como heraldos sobre colina y llano. Erragal arranca los postes; Avanza Mnurta y hace que los diques sigan.

Los Anunnaki levantan las antorchas, Encendiendo la tierra con su fulgor. La consternación debida a Adad llega a los cielos, Pues volvió en negrura lo que había sido luz. [La vasta] tierra se hizo arlicos como [una perola]. Durante un día la tormenta del sur [sopló], Acumulando velocidad a medida que bufaba [sumergiendo los montes], (110) Atrapando a la [gente] como una batalla.

Nadie ve a su prójimo, No puede reconocerse la gente desde el cielo. Los dioses se aterraron del diluvio, Y, retrocediendo, ascendieron al cielo de Anul.

Los dioses se agazaparon como perros Acurrucados contra el muro exterior. Istar gritó como una mujer en sus dolores, La señora de dulce voz de los [dioses] gime:

“Los días antiguos se han trocado, ¡ay!, en arcilla, Gn 7:23 Porque hablé maldad en la Asamblea de los dioses. (120) ¿Cómo pude hablar maldad en la Asamblea de los dioses, Ordenando batalla para destrucción de mi gente, Gn 8:21 Cuando yo misma di a luz a mi pueblo? ¡Como el desove de los peces llena el mar!”

Los dioses Anunnaki lloran con ella, Los dioses, humildemente, están sentados y lloran, Con los labios apretados, [… ] uno y todos. Seis días y [seis] noches Sopla el viento del diluvio, mientras la tormenta del sur barre la tierra.

Al llegar al séptimo día, La tormenta del sur (transportadora) del diluvio amainó en la batalla, (130) Que había reñido como un ejército El mar se aquietó, la tempestad se apaciguó, el diluvio cesó. Gn 8:1-2 Contemplé el tiempo: la calma se había establecido, Y toda la humanidad había vuelto a la arcilla. El paisaje era llano como un tejado chato.

Abrí una escotilla y la luz hirió mi rostro. Gen 8,6 Inclinándome muy bajo, sentéme y lloré, Deslizándose las lágrimas por mi cara.

Miré en busca de la línea litoral en la extensión del mar: En cada catorce (regiones) Emergía una comarca (montañosa).

(140) En el Monte Nisir el barco se detuvo. Gen 8,4

El Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento,

Un primer día, un segundo día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Un tercer día, un cuarto día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Un quinto y un sexto (día), el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Al llegar el séptimo día, Envié y solté una paloma.

La paloma se fue, pero regresó; Gn 8,8-10 Puesto que no había descansadero visible, volvió. Entonces envié y solté una golondrina. (150) La golondrina se fue, pero regresó; Puesto que no había descansadero visible, volvió. Después envié y solté un cuervo. Gn 8,7

El cuervo se fue y, viendo que las aguas habían disminuido, Come, se cierne, grazna y no regresa. Entonces dejé salir (todo) a los cuatro vientos Y ofrecí un sacrificio.

Vertí una libación en la cima del monte. Gn 8,19-20 Siete y siete vasijas cultuales preparé, Sobre sus trípodes amontoné caña, cedro y mirto.

Los dioses olieron el sabor, Gn 8,21 Los dioses olieron el dulce sabor, Los dioses se apiñaron como moscas en torno al sacrificante.

Cuando, al fin, la gran diosa llegó, Alzó las grandes joyas que Anu había labrado a su antojo:

“Dioses, tan cierto como este lapislázuli está En mi cuello, no olvidaré, Recordaré estos días, sin jamás olvidarlos. Vengan los dioses a la ofrenda; (Pero) no acuda Enlil a la ofrenda, Porque, sin razón, causó el diluvio Y a mi pueblo condenó a la destrucción”.

(170) Cuando finalmente llegó Enlil, y vio el barco, Enlil montó en cólera, Le invadió la ira contra los dioses Igigi:

“¿Escapó algún alma viva? ¡Ningún hombre debía sobrevivir a la destrucción !”

Ninurta abrió la boca para hablar, Diciendo al valiente Enlil:

“¿Quién, salvo Ea, puede maquinar proyectos? Sólo Ea conoce todo”.

Ea abrió la boca para hablar, Diciendo al valiente Enlil: “Tú, el más sabio de los dioses, tú, héroe, ¿Cómo pudiste, irrazonablemente, causar el diluvio? (180) ¡Al pecador impón sus pecados, Al transgresor impón su transgresión! ¡(Sin embargo), sé benévolo para que no sea cercenado ! ¡Sé paciente para que no sea des[plazado]!

En lugar de traer tú el diluvio, Ez 14,13-21 ¡Ojalá un león hubiera surgido para disminuir la humanidad!

En lugar de traer tú el diluvio, ¡Ojalá un lobo hubiera surgido para disminuir la humanidad!

En lugar de traer tú el diluvio, ¡Ojalá un hambre hubiera surgido para m[enguar] la humanidad!

En lugar de traer tú el diluvio, ¡Ojalá una pestilencia hubiera surgido para he[rir] a la humanidad!

No fui yo quien reveló el secreto de los grandes dioses.

Dejé que Atrahasis viese un sueño, Y percibió el secreto de los dioses.

¡Reflexiona ahora en lo que le atañe!”

A esto Enlil subió a bordo del barco. (190) Cogiéndome de la mano, me subió a bordo. Subió mi mujer a bordo e hizo que se arrodillara a mi lado. De pie entre nosotros, tocó nuestras frentes para bendecirnos:

“Hasta ahora Utnapishtim fue tan sólo humano. En adelante Utnapishtim y su mujer serán como nosotros dioses. ¡Utnapishtim residirá lejos, en la boca de los ríos!”

Así me cogieron y me hicieron residir lejos, En la boca de los ríos. Pero ahora, ¿quién por ti convocará los dioses a la Asamblea, Para que encuentres la vida que buscas? ¡Ea!, no concilies el sueño Durante siete días y siete noches».

(200) Mientras allí se sienta sobre sus nalgas, El sueño le aventa como el torbellino.

Utnapishtim dice a ella, a su esposa:

«¡Contempla a este héroe que busca la vida! El sueño le envuelve como una niebla».

Su esposa dice a él, a Utnapishtim el Lejano:

«Tócale para que el hombre despierte, Para que regrese salvo por el camino que le trajo, Para que por la puerta que salió pueda regresar a su país».

Utnapishtim dice a ella, a su esposa:

«Puesto que engañar es humano, él procurara engañarte. Gn 8,21 Anda, prepara obleas para él, pon(las) junto a su cabeza, Y señala en la pared los días que duerme».

Elaboró para él obleas, púso(las) junto a su cabeza, Y señaló en la pared los días que dormía. La primera oblea se ha secado La segunda se estropeó, la tercera está húmeda; La superficie de la cuarta blanquea; La quinta se cubre de moho, La sexta (aún) conserva su color reciente; La séptima – en cuanto le tocó, despertóse el hombre.

Gilgamesh dijo a él, a Utnapisthim el Lejano:

(220) «¡Apenas el sueño me ha invadido, Cuando me tocas y me despiertas!»

Utnapishtim [dice a él], a Gilgamesh:

«[Vamos], Gilgamesh, cuenta tus obleas, [Que los días que dormiste] sean conocidos de ti: Tu [primera] oblea se ha secado, [La segunda se] estropeó, la tercera está húmeda; La superficie de la cuarta blanquea; [La quinta] se cubre de moho, La sexta (aún) conserva su color reciente. [La séptima] – en este instante te despertaste».

Gilgamesh dijo a él, a Utnapishtim el Lejano:

(230) «[¿Qué] haré, Utnapishtim; Adónde iré, [Ahora] que el Despojador hace presa en mis [miembros]? En mi alcoba asecha la muerte, ¡Y doquiera que pon[go mi pie] está la muerte!»

Utnapishtim [dice a él], a Urshanabi, el barquero:

«Urshanabi, ¡así el desembarcadero [no tenga contento en ti], Así el lugar de travesía a ti renuncie! ¡A aquel que vaga en su playa, niégale su playa! Al hombre que trajiste (aquí), cuyo cuerpo está cubierto de suciedad, La gracia de cuyos miembros pieles desfiguraron, Lleva, Urshanabi, y condúcele al lugar del baño. (240) Que se libre de su suciedad con agua limpia como la nieve, Que se despoje de sus pieles y el mar (las) arrastre, Que la belleza de su cuerpo se pueda ver. Haz que renueve la banda de su cabeza, Deja que se ponga un manto para vestir su desnudez, Que llegue a su ciudad, Que concluya su viaje. ¡Así (su) manto no tenga color de moho, Siendo totalmente nuevo!»

Urshanabi le llevó y condujo al lugar del baño. Se lavó la suciedad con agua limpia como la nieve. Se despojó de sus pieles, el mar (las) arrastró, Para que la belleza de su cuerpo se viese. (250) Renovó [la banda] que ceñía su cabeza, Se puso un manto para vestir su desnudez, Para que lle[gase a su ciudad], Para que concluyese su viaje. [El manto no tenía color de moho], siendo [totalmente] nuevo.

Gilgamesh y Urshanabi subieron a la barca, [Lanza]ron la barca a las olas (y) zarparon.

Su esposa dice a él, a Utnapishtim el Lejano:

«Gilgamesh vino aquí, penando y esforzándose. (260) ¿Qué (le) entregarás para que regrese a su tierra?»

A aquello, él, Gilgamesh, levantó (su) pértiga, Para acercar la barca a la playa.

Utnapishtim [dice] a él, [a] Gilgamesh:

«Gilgamesh, viniste aquí, penando y esforzándote. ¿Qué te entregaré para que regreses a tu tierra? Revelaré, oh Gilgamesh, una cosa oculta, Y [un secreto de los dioses] te diré: Esta planta, como el cambrón es [su … ]. Sus espinas pin[charán tus manos] como la rosa. Si tus manos obtienen la planta, [tú hallarás nueva vida]».

En cuanto Gilgamesh oyó esto, Abrió la ca[ñería], Ató piedras pesadas [a sus pies]. Le bajaron a lo profundo [y vio la planta]. Cogió la planta, aunque pi[nchó sus manos]. Cortó las piedras pesadas [de sus pies]. El [m]ar le lanzó a la orilla.

«Urshanabi, esta planta es una planta aparte, Por la que un hombre puede reconquistar el aliento de su vida. (280) La llevaré a la amurallada Uruk, Haré [… ] comer la planta. .. Su nombre será “El Hombre se hace Joven en la Senectud”.

Yo mismo (la) comeré Y así volveré al estado de mi juventud».

Después de veinte leguas comieron un bocado, Después de treinta legua (más) se prepararon para la noche. Gilgamesh vio un pozo cuya agua era fresca. Bajó a bañarse en el agua. Una serpiente olfateó la fragancia de la planta; Salió [del agua] y arrebató la planta.

Al retirarse mudó de piel.

(290) A esto Gilgamesh se sienta y llora, Las lágrimas se deslizan por su cara. [Cogió la mano] de Urshanabi, el barquero:

«¿[Para] quién, Urshanabi, mis manos trabajaron? ¿Por quién se gasta la sangre de mi corazón? No obtuve una merced para mí. ¡Para el león de tierra logré una merced! ¡Y la marea la llevará a veinte leguas de distancia! Cuando abrí la cañería y [… ] el año, Hallé lo que se había puesto como señal para mí: ¡Me retiraré, (300) Y dejaré la barca en la orilla!» Después de veinte legua comieron un bocado, Después de treinta leguas (más) se prepararon para la noche. Cuando llegaron a al amurallada Uruk,

Gilgameshh dijo a él, a Urshanabi, el barquero:

“Anda, Urshanabi, ve a las almenas de Uruk. Inspecciona la terraza, examina sus ladrillos, ¡Si su obra no es de ladrillo quemado, Y si los Siete Sabios no echaron sus cimientos! Un `sar’ es ciudad, un `sar’ huertos, Un `sar’ tierra marginal; (además) el recinto del Templo de Ishtar. Tres `sar’ y el recinto incluida Uruk”.

 

 

 

 

La tablilla XII se omite en este extracto, porque es un apéndice sin conexión con el poema propiamente dicho.

 

 

De, como casi sin proponerlo, me dieron cuentas para la corrección.


ESCRIBIR CORRECTAMENTE

 

IDIOMA

I

En un primer acercamiento, llamaremos léxico al conjunto, caudal o sistema de palabras y voces que componen una lengua; mientras que con el término semántica aludiremos al significado o sentido de las palabras.
 

Hablar y escribir con propiedad

El vocablo propiedad, según una de las acepciones que recoge la Real Academia Española en su Diccionario de la Lengua Española, aparece definido del siguiente modo: Significado o sentido peculiar y exacto de las voces o frases.

Por otra parte, se escucha con cierta frecuencia, refiriéndose a una persona concreta, que sabe hablar con propiedad; o, por el contrario, a veces se dice que esa persona no sabe hablar con propiedad.

Sea como fuere, lo cierto es que para hablar o escribir con propiedad hay que saber seleccionar las palabras adecuadas en cada momento y, en consecuencia, es preciso conocer su sentido y su significado. De aquí la importancia del Léxico y la Semántica. Como ya hemos dicho el Léxico es el vocabulario, el conjunto de palabras que componen una lengua; mientras que la Semántica estudia el significado de las palabras. Para hablar con propiedad una lengua, hay que conocer el mayor número de palabras y emplearlas con su sentido preciso en cada contexto o situación. En español se cometen incorrecciones léxicas y semánticas, por parte de algunos hablantes cuando, por ejemplo, dicen cocretas en vez de croquetas; dentrífico, en lugar de dentífrico; tortículis por tortícolis; cuete, aunque la palabra correcta sea cohete…

Con cierta frecuencia se cometen incorrecciones léxicas y semánticas en ambientes cultos, que repugnan al instinto lingüístico y chocan con el buen sentido del castellano moderno y de todos los tiempos; lo cual revela que en todas las profesiones hay personas mal instruidas. Y así, se escuchan vocablos como posicionamiento para referirse a posición, toma de postura o actitud. También se dice redimensionar, cuando, para referirse a variaciones o cambios en la dimensión, lo correcto es reajustar, reducir, adecuar o aumentar. A veces, se oye el barbarismo publicitar, cuando en el idioma español las palabras correctas, en este caso, son: anunciar, divulgar, hacer publicidad, hacer propaganda, dar a la publicidad, publicar…

Incorrecciones semánticas

En ocasiones, tanto en el habla como en la escritura, se incurre en errores y faltas semánticas. Así, por ejemplo, se ha popularizado el empleo del verbo coger con el sentido de caber, lo cual constituye un vulgarismo semántico.

Ejemplo Incorrecto: El coche nuevo es tan grande que no coge en el garaje.

Ejemplo correcto: E coche nuevo es tan grande que no cabe en el garaje.

Ejemplo correcto: Ya llegó el taxi, coge tus maletas.

Otro tanto sucede con el vocablo especular, que viene a convertirse en término socorrido con harta frecuencia. Y así, en vez de prever, sospechar, calcular, opinar, presumir, conjeturar, creer… se utiliza, exclusivamente, especular. Sin embargo, en español, la palabra especular no tiene el sentido que, erróneamente, se le atribuye.

No obstante, es admisible el empleo del vocablo especular en construcciones como especular con algo y especular en papel (Manuel Seco, en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. También la Agencia Efe, en su Manual de español urgente).

Veamos, pues, la totalidad de significados de la palabra especular en el Diccionario de la Real Academia:

especular (1). Transparente, diáfano. Perteneciente al espejo.
especular (2). Registrar, mirar con atención una cosa para reconocerla y examinarla. Meditar, contemplar, considerar, reflexionar. Comerciar, traficar. Procurar provecho o ganancia fuera del tráfico mercantil.

Ejemplo incorrecto: Se especula que habrá acuerdo entre trabajadores y empresarios.

Ejemplo correcto: Se cree que habrá acuerdo entre trabajadores y empresarios.

Ejemplo correcto: Las especulaciones de los antiguos filósofos han sido provechosas para la ciencia moderna.

Ejemplo correcto: Las leyes prohiben la especulación con los alquileres de pisos y locales.

Ejemplo correcto: La hermosa ninfa se miraba en la tersa superficie especular del lago de aguas transparentes.

La incorrección semántica alcanza, también, al vocablo puntual que, en ocasiones, se emplea en el sentido de concreto o de detalle, esto es, opuesto a los términos global, general, universal… Y así, se habla de asunto puntual, cuando lo correcto es decir asunto concreto.

II

La lengua española o castellana aparece clasificada por los lingüistas en el conjunto propio de las cuatro lenguas mayores del mundo y, dentro del denominado grupo de lengua materna, ocupa el segundo lugar: es un inestimable patrimonio colectivo que sus hablantes han de valorar y cuidar.
 

Para valorar y cuidar nuestro idioma debemos conocerlo y usarlo correctamente; por ello, procuraremos siempre que en nuestros mensajes y expresiones no aparezcan términos impropios, carentes de sentido o incluso extravagantes.

La Agencia EFE, en su Manual de español urgente, califica de extravagancias léxicas a determinados términos empleados con profusión -y como si fueran comodines, ya que sus mentores los acoplan a cualquier oración contexto o frase, lo que indica que no dicen lo que piensan ni hablan de lo que saben- por personajes públicos que, desgraciadamente, no conocen el valor de las palabras y, en consecuencia, ignoran cómo ordenar y comunicar sus propios pensamientos.

En ocasiones, se falta a la norma idiomática por pereza, es decir, en vez de consultar el diccionario cuando se duda sobre la impropiedad o inexistencia de un vocablo determinado se prefiere repetir ese vocablo.

Constituyen claros ejemplos de pereza el empleo reiterativo del verbo realizar, el uso indebido de las locuciones a nivel de o en base a y el abuso de los vocablos posicionamiento y posicionar. Los vocablos posicionamiento y posicionar no están registrados en el Diccionario de la Real Academia porque se consideran neologismos innecesarios; y ciertamente, así es, pues el Diccionario ya contiene los términos correctos -a los que se quiere emular cuando se emplean los neologismos citados- que deben usarse siempre que el contexto lo requiera; esos términos, o expresiones, correctos son: actitud, postura, toma de postura, posición, situar, colocar…

Otra impropiedad léxica, bastante manoseada por los perezosos, es aquella que consiste en atribuir a la palabra puntual el sentido de concreto o de detalle. Y así, con frecuencia se oye hablar de temas puntuales con el sentido de casos concretos o casos actuales; como si puntual fuera un término equivalente -un sinónimo- a concreto o al vocablo actual. Señalaremos, en cambio, que puntual es un adjetivo que significa diligente, pronto, pormenorizado…; y también se dice que una persona es puntual porque ha llegado a la hora en punto a una cita.

No obstante, quienes emplean erróneamente el vocablo puntual se quieren referir, por lo general, a los términos concreto y actual, lo que constituye una impropiedad léxica que conviene evitar.

También se encuentra muy extendido el uso del vocablo tema (con el que se alude a la idea central o al asunto de que se trata en una conferencia, discurso, escrito…), con el significado equivalente a las palabras cuestión, motivo o asunto. El abuso del término tema empobrece el léxico de nuestro idioma.

En ocasiones, y para no ser tachados de puristas (purista = Extremadamente riguroso en evitar o censurar toda palabra o giro de origen extranjero), conviene emplear palabras que, por no tener equivalencia con ninguna otra ya existente, parecen firmemente instaladas en la lengua, según el instinto idiomático, esto es, en general el uso debe prevalecer sobre consideraciones etimológicas o ante cualesquiera otros criterios.

Tal sucede con los vocablos competitividad (capacidad para competir) y privatizar (confiar, o transferir, bienes públicos al sector privado) que recientemente han sido aceptados por la Real Academia por considerar que son palabras necesarias. Y así, se oye muy a menudo hablar de: competitividad de las empresas, privatizar un servicio, privatizar los transportes, privatizar las empresas deficitarias,…

Sin embargo, el vocablo desafortunadamente, por ejemplo, no existe en español, aunque los despreciadores del idioma, particularmente ciertos traductores (?) perezosos, lo utilicen en sus escritos con el sentido de infortunadamente, desgraciadamente, desdichadamente…

En cuanto al término desafortunado, que equivale a sin fortuna, conviene señalar que hoy día se ha generalizado su uso con el significado de no oportuno o desacertado. Y así, se oye habitualmente decir de un personaje público, por ejemplo, que estuvo desafortunado en sus declaraciones.

III

La palabra, entronque léxico de la estructura de la frase, expresa y representa ideas. Mediante las palabras se transmiten los pensamientos y se dota de contenido al mensaje que el hablante transmitirá al oyente; luego, las palabras también conforman la realidad.
 

Basándonos en la propia experiencia, y en aseveraciones ajenas, podemos afirmar que los hablantes y oyentes del español manejan descuidadamente el idioma porque desconocen el valor de las palabras. En consecuencia, conviene evitar las impropiedades léxicas para que la desidia no se apodere del lenguaje, ni la sinrazón domine las ideas o anule los pensamientos, lo cual afectaría negativamente a la comunicación y comprensión de los mensajes con todo lo que ello conlleva: deficiente captación de la realidad, conocimiento superficial del entorno, conceptos elementales, etcétera.

Para no dejarse engañar con discursos vacíos de contenido, aunque plenos de términos rimbombantes y de barbarismos que revelan la ignorancia y la pedantería de quienes los pronuncian y los escriben, y aun son una muestra de la actitud despreciativa del comunicante hacia su lengua materna y hacia los oyentes, es imprescindible conocer el valor de las palabras.

Por tanto, el buen uso de las palabras evitará que se produzcan impropiedades léxicas y enunciados ininteligibles, al mismo tiempo propiciará la transmisión del contenido cabal de un determinado mensaje. Así pues, hay que concluir que el empleo de barbarismos innecesarios, el uso de solecismos, la deformación de voces y el olvido de la norma lingüística en la construcción de giros no contribuyen, de ningún modo, a clarificar el mensaje que se quiere transmitir.

Generalmente, los barbarismos son vocablos o giros procedentes de otras lenguas y, en sentido restringido, el barbarismo es sinónimo de extranjerismo. Según su origen, los extranjerismos se denominan: anglicismos, si provienen del inglés; galicismos, cuando derivan del francés; germanismos, si provienen del alemán; italianismos, cuando se basan en el italiano; etcétera. El diccionario de la Real Academia Española, especialmente en su última edición, coincidente con la celebración del V Centenario, ya recoge un buen número de vocablos considerados extranjerismos.

Sin embargo, las voces que provienen del griego -helenismos- o del latín -latinismos- tienen un carácter básico en la formación del idioma español y, por consiguiente, no se consideran barbarismos o extranjerismos.

El solecismo es una palabra que, literalmente, significa hablar defectuoso; y se diferencia del barbarismo porque, mientras éste es un error cometido por el empleo de una forma inexistente en la lengua, el solecismo consiste en el mal uso de una forma existente. (Lázaro Carreter, en su “Diccionario de términos filológicos”).

Expresiones incorrectas y vulgaridades léxicas

Con frecuencia, se emplea erróneamente el término asequible, en lugar de accesible. Y así, no hay que decir de una persona que es asequible sino que debe emplearse la palabra correcta, esto es, accesible. Con la palabra asequible designamos aquello que se puede conseguir o alcanzar; mientras que el término accesible significa de fácil acceso o trato. Ejemplos: Este coche no es asequible para nosotros, a causa de su precio excesivo. Nuestro vecino es una persona accesible.

Tampoco hay que confundir el vocablo adición, sinónimo de suma, con adicción, término con el que se alude al hábito de quienes se dejan dominar por el consumo de estupefacientes.

No debe utilizarse la locución prepositiva al respecto de, sino con respecto de o también respecto a. A menudo se emplean erróneamente expresiones como una acción a imitar cuando lo correcto es una acción imitable o digna de ser imitada. Constituye también un error decir o escribir a celebrar en Roma la próxima semana, pues lo correcto es que se celebrará en Roma la próxima semana. Otro tanto sucede con la locución por contra, que se emplea erróneamente en vez de las expresiones correctas por el contrario, por lo contrario o al contrario.

Algunas veces, los hablantes dudan al emplear correctamente el superlativo fortísimo y erróneamente dicen y escriben fuertísimo.

La palabra versátil es un adjetivo que significa voluble e inconstante; es incorrecto, pues, asociarlo al significado de términos como dúctil, capaz, polifacético, etcétera.

A menudo se dice y escribe fuistes, llegastes, vinistes, leistes…, cuando lo correcto es fuiste, llegaste, viniste, leiste… En español, el adjetivo agresivo significa que provoca, ofende, o ataca. Es una incorrección léxica, por ejemplo, emplear el término agresivo en vez de vocablos como imaginativo, dinámico, activo, emprendedor, etcétera. Las frases en nuestra escuela de negocios preparamos comerciales agresivos o hay que llevar a cabo una campaña política agresiva chocan contra los usos idiomáticos del español y, en consecuencia, deben enunciarse correctamente; dígase y escríbase, pues, en nuestra escuela de negocios preparamos comerciales dinámicos, emprendedores, activos… y hay que llevar a cabo una campaña política imaginativa, dinámica, activa…

A veces se emplea el vocablo nominar incorrectamente; y así, se oye decir que una persona fue nominada para un premio; cuando lo correcto es decir que una persona fue propuesta, presentada, seleccionada…. para un premio.

IV

El lenguaje es, por así decirlo, la herramienta que manejan de continuo los componentes de una comunidad de hablantes y, en consecuencia, se halla en continua evolución o cambio; no es obra conclusa o acabada: el lenguaje es actividad.
 

El buen uso de la palabra hablada y escrita conlleva cierta complejidad que habrá de resolverse en un determinado momento y en un contexto concreto. Luego, el tiempo y el espacio son variables que inciden sobre el lenguaje dándole vida y, a la vez, condicionándole. El significado de las palabras evoluciona, y cobra sentido, con el transcurso del tiempo y dentro de un espacio concreto. El mensaje cabal convierte a la palabra en garante de la fiabilidad de los contenidos que el emisor desea transmitir al receptor. Mas ambos, palabra y mensaje cabal, están sujetos a los avatares del contexto en el que se producen, al paso del tiempo y a los cambios y transformaciones que experimenta la propia comunidad de hablantes.

Y así, se habla de un “eje de simultaneidades” o eje horizontal, en donde la acción del tiempo quedaría excluida; y de un “eje de sucesiones” o eje vertical, mediante el cual es posible considerar sólo una cosa cada vez y en donde sí cuenta la acción del tiempo. Mediante el “eje de simultaneidades” se hace referencia a los aspectos estáticos o sincrónicos de la lengua, a los denominados estados de lengua; mientras que al “eje de sucesiones” se le relaciona con la evolución o diacrónica de la lengua. En consecuencia, y definitivamente, habrá una lingüística sincrónica y una lingüística diacrónica. La primera se refiere al aspecto estático de la lengua, estudia un estado de lengua; mientras que la segunda comprende todo lo que se relaciona con los cambios de la lengua, esto es, estudia las fases de evolución de la lengua.

Mensaje cabal

De los cambios que se han operado en el significado de las palabras a través del tiempo se encarga la semántica; mientras que la lexicología se interesa por el sentido que, dentro del sistema léxico de una lengua, posee una palabra en un momento concreto. La lexicología, pues, estudia el léxico de una lengua desde una perspectiva estática, sin tener en cuenta la acción del tiempo sobre las palabras; mientras que la semántica estudia la significación de las palabras, y se interesa por la evolución de los vocablos y su cambio de sentido a través del tiempo; por eso se habla de “cambios semánticos o cambios de significados”. La semántica es, por tanto, una disciplina diacrónica (algunos lingüistas no lo creen así, y hablan de “semántica sincrónica y semántica diacrónica”); mientras que la lexicología estudia el léxico de una lengua desde un punto de vista sincrónico.

Así pues, cuando el emisor utiliza una palabra con sentido distinto al que le corresponde falta a la precisión semántica y no transmite un mensaje cabal al receptor. De ahí que todo hablante esté obligado a conocer el significado de las palabras. Aunque, en ocasiones, esto no resulta fácil, ya que las palabras adquieren un sentido especial en la construcción de una determinada frase -polisemia, sinonimia, antonimia, homonimia, metonimia, metáfora-, y el significado de ciertos vocablos no es fijo ni absoluto sino que depende de varios factores: sociales, históricos, lingüísticos, emotivos, etcétera.

Polisemia

Una misma palabra puede tener más de un significado, en cuyo caso nos encontramos con el fenómeno de la polisemia: “planta”, “gato”, “cabo”.

Ejemplos de frases con distintos significados de la palabra “planta”:

“Me duele la planta del pie”. “Debes regar la planta que te regalé para que no se seque”. “La bodega tiene una moderan planta embotelladora”. “El campesino planta lúpulo en las tierras de regadío”. “El alcalde inauguró la nueva planta productora de energía”.

Ejemplos de frases con distintos significados de la palabra “gato”:

“Hay que levantar el coche con el gato para sustituir la rueda pinchada por la de repuesto”. “Hemos visto un gato montés por el campo”.

Ejemplos de frases con distintos significados de la palabra “cabo”:

“Los turistas recorrieron el museo de cabo a rabo”. “El cabo ordenó a los soldados que se pusieran firmes”. “Pasaron sus vacaciones cerca del cabo de Peñas”. “En este negocio no hay que dejar ningún cabo suelto”.

Antonimia

Se denomina antonimia a la significación contraria de dos palabras. En la antonimia se enfrentan conceptos y se marca la oposición drástica de ideas. Ejemplos: “bueno-malo”, “positivo-negativo”,”comedia-drama”,”verdadero-falso”,”claro-oscuro”.

Homonimia

Cuando dos palabras se pronuncian de idéntico modo -aunque difieran en su ortografía-, pero tienen distinto significado, se dice que son homónimas: “ola-hola”; “ojear-hojear”;”echo-hecho”.

Metáfora

Literalmente, la metáfora significa “transposición”. A la metáfora también se la considera una figura retórica mediante la cual se presentan como idénticos dos términos distintos. Por ejemplo, cuando oímos la expresión boca de mina entendemos que se nos habla de la entrada de una mina. Lo mismo ocurre con la exclamación ¡qué burro eres! referida a una persona; sabemos que quiere decir que esa persona es muy torpe.

Metonimia

Literalmente, la metonimia significa cambio de nombre. La metonimia está considerada como una figura retórica que se emplea por los hablantes para facilitar la comprensión del mensaje se quiere transmitir al oyente. En la metonimia, la palabra empleada en un sentido que no es el habitual. Por ejemplo cuando alguien nos dice que nos invita a tomar una copa, en realidad está refiriéndose al contenido de la copa y no a la propia copa. Y cuando oímos que no pasa ni un alma por la calle, en realidad entendemos que no pasa ninguna persona por la calle.

Sinonimia

Varias palabras distintas pueden tener el mismo significado, en cuyo caso nos encontramos ante el fenómeno de la sinonimia: “perro-can-sabueso”; “burro-asno-jumento-pollino”; “trabajo-labor-ocupación”; “novato-aprendiz-principiante”.

Ejemplos de frases con términos sinónimos

“El perro ladra”. “El can ladra”. “El sabueso ladra”.
“El burro va cargado”. “El asno va cargado”. “El jumento va cargado”. “El pollino va cargado”.

“Acabaron pronto su trabajo”. “Acabaron pronto su labor”. “Acabaron pronto su ocupación”.

“El jefe de taller enseña una nueva técnica al novato”. “El jefe de taller enseña una nueva técnica al aprendiz”. “El jefe de taller enseña una nueva técnica al principiante”.

V

“Debemos conocer cómo es nuestro idioma y, de acuerdo con este conocimiento, establecer cómo debemos usarlo. Nuestro idioma es un modo de ser, una forma de cultura, algo más que un código de señales, que hoy, tengámoslo presente, se extiende por doce millones de kilómetros cuadrados y que es casi el único vínculo que une a más de trescientos millones de seres humanos.” (Texto entresacado de la ponencia leída por Pedro García Domínguez, filólogo del DEPARTAMENTO DE ESPAÑOL URGENTE de la Agencia EFE, en la “Fundación Germán Sánchez Ruipérez”).
 

Puesto que pertenecemos a una comunidad de hablantes cuantitativamente respetable -ya se ha dicho que hablan español más de trescientos millones de personas-, y dado que el aspecto social y el aspecto individual son dos componentes esenciales del lenguaje, tenemos la responsabilidad social y personal de conocer nuestro idioma. Sólo conociendo el idioma sabremos manejarlo y, consecuentemente, transmitir nuestras ideas con claridad y comunicar nuestros mensajes con la suficiente transparencia como para ser entendidos y comprendidos. Es obvio, sin embargo, que los profesionales de la palabra hablada y escrita, los periodistas, locutores, presentadores, creativos y publicistas, además de una responsabilidad social, tienen también la obligación moral de usar correctamente el lenguaje, pues es su herramienta de trabajo y han de manejarla con sabiduría y justeza para que sus mensajes sean veraces, convincentes y efectivos y, por consiguiente, merece el mayor de los respetos: “La lengua es un instrumento y, como en todo instrumento, la gradación de habilidades en su uso es muy extensa.” (Gregorio Salvador en “Lengua española y lenguas de España”).

Sobre eufemismos y tabúes

Sabemos, que la semántica es la parte de la lingüística que se ocupa del significado y la evolución de las palabras. Además, se han señalado ya algunas de las causas por las que se han producido los cambios semánticos. Seguidamente, y con objeto de ampliar los conocimientos sobre el lenguaje, describiremos también aquellos factores sociales que más han contribuido al afianzamiento de ciertos cambios semánticos; nos referimos, especialmente, al eufemismo y al tabú.

Eufemismo

Se produce un eufemismo cuando en determinados contextos y ocasiones los hablantes evitan pronunciar una palabra concreta, porque la consideran soez o malsonante o porque va contra los usos y normas sociales, y la sustituyen por otra más suave o, por así decirlo, más decorosa. Por ejemplo, habitualmente se utiliza la expresión nuestros mayores en vez de nuestros viejos. También, a menudo se emplea la palabra baño, o servicio, y se evita decir retrete. Es frecuente, además, oír seno en vez de pecho; embarazo en lugar de preñez; invidente por ciego.

En la jerga político-social abundan los eufemismos; y así, en vez de manifestar que se producirán despidos y aumentará el desempleo se oye, por ejemplo, la expresión flexibilidad del mercado laboral; también, en vez de anunciar, pura y simplemente, una subida de precios se dice que habrá un reajuste de precios; con frecuencia, los responsables de la hacienda pública hablan de presión fiscal en vez de aumento de los impuestos. En ocasiones se emplea la expresión eufemística reconversión industrial para referirse al cierre de fábricas e industrias.

Tabú

Literalmente la palabra tabú, que es un vocablo polinesio, significa lo sagrado y lo prohibido. Desde el punto de vista lingüístico, se considera que una palabra es tabú cuando, por razones sociales o psicológicas o de otra índole, no se puede decir.

Lázaro Carreter, en su “Diccionario de términos filológicos”, define el término tabú del siguiente modo: “Voz polinesia que, en Lingüística, se utiliza para designar cualquier palabra que, por motivos religiosos, supersticiosos o de índole social, es evitada por el hablante, el cual debe aludir al concepto mediante una metáfora, una perífrasis (en este sentido son tabúes muchos eufemismos) o una deformación del vocablo propio.”

Perífrasis

En síntesis, la perífrasis es un circunloquio y una digresión, pues consiste en expresar por medio de un rodeo de palabras algo que se hubiera podido decir de forma más simple: lengua de Cervantes para referirse al castellano.

VI

Los estudiosos de la lengua afirman que las palabras y sus significados constituyen un sistema solidario; de ahí que el vocabulario de un idioma aparezca dividido en sectores que se denominan campos semánticos.
 

Los campos semánticos están compuestos por palabras que se relacionan entre sí, de tal manera que el significado de cada una de ellas depende de sus relaciones con las demás. Las palabras pertenecientes al mismo campo semántico comparten, pues, una significación común y representan una parte de la realidad que quieren significar.

Y así, al campo semántico del concepto temperatura pertenecen las palabras frío, caliente, templado, tibio, helado…

Al campo semántico del concepto tiempo pertenecen las palabras año, década, mes, semana, día, hora, minuto, segundo…

El campo semántico del concepto medida engloba los términos ancho, largo, alto, profundo…

El campo semántico del concepto lácteo comprende las palabras leche, mantequilla, nata, queso…

El campo semántico del concepto espacio abarca los términos amplio, angosto…

Al campo semántico del concepto parentesco pertenecen las palabras primo, tío, sobrino, hermano, padre, madre, abuelo…

La palabra

Todo lo anterior nos lleva a considerar la palabra como unidad de significación. Por consiguiente, es cierto que las palabras que se encuentran codificadas en los diccionarios tienen diversos significados pero, también es verdad que, por sí solas, son neutras y sólo adquieren su sentido más pleno al entrar en la construcción de una frase dicha por un hablante concreto. Las palabras, ya fue dicho por los clásicos, son las unidades significativas más pequeñas del habla. Las palabras también son signos que representan ideas, y su significado irá formándose conforme al uso que los hablantes hagan de ellas. Luego, el verdadero sentido de las palabras se irá fraguando a medida que los hablantes vayan utilizándolas. Por tanto, el significado de las palabras está sujeto a variaciones y cambios; y la semántica, que estudia la significación de las palabras, también se ocupa de la evolución de los significados de esas mismas palabras; merced a la semántica se pueden conocer las causas del cambio de significación de las palabras.

En el diálogo las palabras alcanzan su sentido expresivo y su valor exclamativo, pues sólo en la viveza del diálogo surge la réplica directa por parte del interlocutor. Al reforzamiento expresivo del diálogo contribuyen el énfasis, la hipérbole, la redundancia, las reiteraciones, la elipsis…

El énfasis

Mediante el énfasis, el interlocutor que participa en un diálogo da a entender más de lo que verdaderamente dice, o también quiere hacer comprender lo que no dice. El énfasis implica intensidad y entonación al articular las frases, y puede ser tan exageradamente cuidada la pronunciación del discurso o de la réplica, por parte de un determinado hablante, que acaso se llegue a la afectación o a la grandilocuencia: Afectación en la expresión, en el tono de la voz o en el gesto.

Un ejemplo claro de énfasis lo constituye el siguiente fragmento, entresacado de una célebre obra de Jacinto Benavente: “por quererla quien la quiere, la llaman la Malquerida.”

La hipérbole

Mediante la hipérbole se exagera el mensaje y su sentido a fin de aumentar o disminuir excesivamente la verdad de aquello de que se habla.

Ejemplos de hipérbole los encontramos frecuentemente en muchos de los escritos, y dichos, de nuestros autores clásicos y en sentencias y adagios populares: “y por llanto, el mar profundo” (Salinas). “Hace un siglo que no te veo por estos contornos”. “Un millón de gracias”. “Te lo he repetido un sinnúmero de veces”. “Mi amigo es la bondad personificada”.

La redundancia

Mediante la redundancia se repiten inútilmente conceptos, y palabras, que no son necesarios para el mejor conocimiento de un mensaje: Demasía o profusión viciosa de palabras.

Sin embargo, en ocasiones, el empleo reiterado de algunos vocablos superfluos puede conferir fuerza y belleza a una expresión. Ejemplos de redundancias: “Lo vi con mis propios ojos”. “El avión vuela por el aire”. “Yo mismo estuve en el lugar de los hechos”.

A veces, el interlocutor pretende ahorrar al máximo las palabras y omite en su mensaje ciertos términos que considera superfluos; es lo que se llama la ley del menor esfuerzo. Los lingüistas denominan a este fenómeno “braquilogía”, término que definen del modo siguiente: “Empleo de una expresión corta equivalente a otra más amplia o complicada: me creo honrado (creo que soy honrado).” (Lázaro Carreter, en su “Diccionario de términos filológicos”).

Elipsis

Similar a la braquilogía, puesto que también consiste en un ahorro de palabras, es la elipsis; un fenómeno que consiste en omitir en la oración palabras que no son indispensables para la claridad del sentido; por eso se dice, simplemente, que la elipsis consiste en la supresión de una o más palabras. Aunque esta supresión de una o más palabras no debe alterar el sentido de la frase; por ejemplo, un hablante puede preguntar ¿Qué tal? y el interlocutor sobrentender ¿Qué tal te parece?.

VII

Las palabras son señales o símbolos con cuyo sentido se identifica una determinada comunidad de hablantes, la cual no sólo deberá diferenciarlos sino que también ha de tener la capacidad para saber utilizarlos y emplearlos correctamente a fin de conocer, al propio tiempo, tanto los hechos del mundo exterior como del propio mundo subjetivo.
 

Los signos lingüísticos son arbitrarios, esto es, convencionales, y las palabras que forman parte de una lengua siempre están penetradas de actividad mental; por consiguiente, la esencia intrínseca de una comunidad de hablantes consiste en desarrollar la capacidad de comunicarse, objetivo que se logra con las palabras y mediante las palabras; y, ya que las palabras representan objetos, muestran hechos o describen situaciones y acontecimientos, puede concluirse que no hay comunicación sin contenido ni palabras vacías; luego, el lenguaje es un sistema de signos y, en cuanto que se compone de palabras, es además una institución humana que surge de la vida en sociedad; no se puede considerar el lenguaje como una entidad ideal que evoluciona al margen de la sociedad, ya que el lenguaje no existe independientemente de quienes piensan y hablan, y su evolución representa uno de los aspectos del propio proceso de evolución social; el lenguaje es también el instrumento de que se sirve la comunidad de hablantes para expresar los hechos de la realidad: las palabras garantizan la conexión entre el lenguaje y la realidad.

Lenguaje, lengua y habla

Podría decirse, claramente, que el lenguaje es la facultad común que tienen todos las personas para comunicarse y, en cuanto institución humana, no es inmutable sino que puede cambiar a causa de circunstancias y necesidades diversas o por influencia de otras comunidades. A los distintos modos en que se puede presentar un lenguaje los llamamos lenguas. Y una lengua tendrá como función principal el servir de nudo de comunicación entre las distintas personas que la utilizan, de ahí que los cambios que se producen en una lengua respondan a la necesidad de simplificar el proceso de comunicación entre los miembros de una comunidad de hablantes.

Pero el lenguaje, además de asegurar la comunicación, ejerce también otras funciones, a saber:

El lenguaje sirve de soporte al pensamiento; de ahí que, desde un punto de vista general, pueda afirmarse que el lenguaje de un grupo social concreto determina su modo de pensamiento y su cultura. El lenguaje es una herramienta que el hablante utiliza para expresarse, para manifestar lo que siente sin preocuparse de las posibles reacciones de los oyentes; en este caso, el hablante encuentra en la lengua un modo de afirmarse ante sí mismo y ante los restantes miembros de la comunidad de hablantes sin que en realidad sienta la necesidad de comunicar nada sino que, exclusivamente, desea manifestar su estado psíquico.

El lenguaje cuenta también con la denominada función estética; que corresponde principalmente al lenguaje literario -la literatura como arte y el concepto de estilo del lenguaje- y, en concreto, se refiere a la función que desempeña una palabra en su contexto. No obstante, y teniendo en cuenta todo lo dicho anteriormente, conviene afirmar que el fin principal, la función central, del lenguaje es la comunicación; por lo que el lenguaje comportará una serie de hechos: el sonido, el pensamiento, lo individual, lo social…

Lengua

Se ha dicho, desde una perspectiva psicológica, que el lenguaje es un sistema de reflejos y de señales condicionadas: la palabra es una señal y el lenguaje un sistema de señales altamente especializado.

Sin embargo, aquí nos interesa el lenguaje desde el punto de vista lingüístico y, en tal sentido, diremos que fue el célebre gramático suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913) quien afirmó que el lenguaje es la suma de la lengua y el habla: la lengua pertenece al ámbito social mientras que el habla es un hecho individual. Lo social (la lengua), y lo individual (el habla) son dos componentes esenciales del lenguaje.

La lengua no debe confundirse con el lenguaje pues, como se ha dicho, es una parte esencial de él. La lengua es el producto social de la institución humana del lenguaje, esto es, un conjunto de hábitos lingüísticos que la sociedad ha elaborado convencionalmente, y que permite al individuo comprender y hacerse comprender: la lengua es una institución social; pero se distingue en muchos rasgos de las demás instituciones políticas, jurídicas, etc. Para comprender su naturaleza especial, hay que hacer intervenir un nuevo orden de hechos. La lengua es un sistema de signos que expresan ideas y, por tanto, comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, a los ritos simbólicos, a las formas de urbanidad, a las señales militares, etc. Sólo que es el más importante de esos sistemas. (Saussure)

Características de la lengua

La lengua no es una elaboración o función del sujeto hablante, sino que es el producto o la herencia que el hablante recibe de la sociedad a la que pertenece. El hablante, considerado individualmente, no puede crear ni modificar la lengua. La lengua, dado su carácter social, es aprendida.

La lengua es, además, un modelo general y constante que existe en la conciencia de todos los miembros de una comunidad de hablantes concreta: es el sistema que constituye una abstracción que determina el proceso de comunicación humana.

El habla

El habla, como ya se ha dicho anteriormente, es la parte individual del lenguaje. Es un acto individual de la voluntad y de la inteligencia mediante el cual se lleva a cabo la realización concreta de la lengua, en un momento y en un lugar determinados, en cada uno de los miembros de la comunidad lingüística.

La lengua, por tanto, es un fenómeno social, mientras que el habla es individual, aunque ambas se suponen recíprocamente.

Para distinguir más claramente entre lengua y habla diremos que lengua es: social; un vehículo de comunicación; un código; existe potencialmente; un hecho psicológico; es permanente.

En tanto que el habla es: individual; el uso que se hace del vehículo de comunicación que es la lengua; es la codificación de un mensaje según ese código; es la lengua actualizada; es un hecho psicofísico; es pasajera.

Tanto la lengua como el habla tienen dos facetas denominadas significante o expresión y significado o contenido.

Del significante en el plano del habla se ocupa la Fonética. Y del significante en el plano de la lengua se ocupa la Fonología. Finalmente, del estudio de los significados se ocupa la Semántica.

VIII
 

Es cierto que las palabras son combinaciones de sonidos que el hablante emite, maneja y ordena para transmitir mensajes y, en definitiva, para comunicarse; pero, también, las palabras designan ideas cuya entidad real no se corresponde con objeto material alguno.
 

Sucede, que los hablantes hemos aprendido una serie de combinaciones de sonidos -las palabras-, los cuales utilizamos en lugar de los objetos para componer aquellos mensajes que deseamos comunicar a nuestros interlocutores. Y así, para citar un ejemplo, cuando el emisor quiere comunicar al receptor el mensaje “casa grande” -que está compuesto por dos palabras- no le entrega una casa grande sino que le proporciona, emite, unos sonidos determinados:

“Icl+lal+lsl+lal +
Igl +Irl +lal +Inl +Idl +lel”

Estos sonidos -cuya principal característica es su naturaleza auditiva- están formados por signos, es decir, por elementos que representan, o se ponen “en lugar de”, un objeto. Por ejemplo, el objeto “reloj” -instrumento o máquina que sirve para medir el tiempo o dividir el día en horas, minutos y segundos- está representado por la palabra o el signo “reloj”. Dicho de otro modo, la palabra “reloj” es signo del objeto “reloj”.

Del mismo modo, cuando, por ejemplo, el receptor escucha la palabra “justicia” enseguida sabe que tal palabra designa la idea de justicia, la cual asocia al signo balanza; luego, la balanza es signo de la justicia.

Por tanto, un determinado estímulo que nos indique algo puede ser un signo lingüístico, y mediante el uso de las palabras transformamos los signos o señales en símbolos; por lo que, entre las funciones específicas de las palabras está la de sustituir los sonidos por los símbolos verbales. Al signo lingüístico, pues, le corresponde también la misión de relacionar y unir al hablante con los objetos.

Por consiguiente, el signo lingüístico goza también de dos propiedades o características que, aunque parezca paradójico, se denominan “inmutabilidad” y “mutabilidad”:

Primeramente, señalaremos que el signo lingüístico es inmutable ya que, dada su arbitrariedad, no cambia a través del tiempo. Y, además, porque hace falta una gran cantidad de signos para crear una lengua; si fueran pocos se podrían cambiar fácilmente. También, por la complejidad que encierra el funcionamiento de una lengua y a causa de lo reacia que se muestra la comunidad de hablantes ante determinadas innovaciones.

En segundo lugar, diremos que el signo lingüístico es mudable; porque, además de que se da una continuidad en el tiempo, puede producirse una alteración; aunque ésta es siempre relativa, pues en toda alteración preexiste siempre la materia vieja; y así, es propio del hablante saber “utilizar los signos y crear símbolos, de los que los más importantes son las palabras, que representan objetos, situaciones y acontecimientos no presentes en el medio en que se desenvuelve el sujeto. Todas estas posibilidades humanas están facilitadas por la posesión de un cerebro y de un sistema nervioso altamente diferenciados”.

De ahí que, para construir un mensaje, haya que seleccionar y combinar correctamente los signos necesarios, lo cual equivale a codificarlo. Por consiguiente, el emisor debe codificar el mensaje que desea transmitir, y el receptor tiene que decodificarlo. Y ello es así porque en toda comunicación hay transmisión de un mensaje, de un conocimiento, desde un hablante a otro hablante:

codificar un mensaje es emplear el código, que el emisor debe conocer, para elegir y combinar de manera adecuada los signos que ha de manejar.

decodificar un mensaje equivale a entenderlo y localizarlo para así descifrar las combinaciones de sus signos y, en definitiva, comprender su significado.

En consecuencia para codificar un mensaje, el emisor realizará las siguientes operaciones:

1. Elaboración del concepto que quiera comunicar.

2. Elección del sistema de comunicación que va a utilizar.

3. Codificación del mensaje.

4. Transmisión del mensaje.

Por su parte, el receptor llevará a cabo también las siguientes operaciones que, sin embargo, no serán opuestas:

1. Recibirá el mensaje

2. Determinará cuál es el sistema de comunicación utilizado.

3. Decodificará el mensaje.

4. Elaborará el concepto transmitido.

En la práctica, siempre que el código se domine a la perfección, las operaciones descritas se efectúan a gran velocidad y casi simultáneamente; en realidad, como todos podemos comprobar dada nuestra condición de hablantes de una lengua concreta, transcurre muy poco tiempo desde que pensamos un concepto hasta que elaboramos y pronunciamos la frase correspondiente.

Para reforzar los argumentos descritos, citaremos a Manuel Alvar, de la Real Academia, que, en su libro “El español de las dos orillas”, dice lo siguiente: “La lengua, como sistema de signos que es, está inserta dentro de una vida social en la que tiene sentido y sin ella carecería, empezando por el mero hecho de su existencia. Comunicar es transmitir y se transmite para que un receptor escuche, y descodifique nuestro mensaje, pues de otro modo el mensaje sería lanzar llamadas a un vacío que no podría recibirlas. Ahora bien, codificar y descodificar supone poseer la clave que permita interpretar los signos que recibimos. Es decir, el mensaje se transmite en un contexto, que también es estrictamente lingüístico”.

Por lo demás, y según las modernas teorías de la información, tal transmisión es un fenómeno bastante complejo, pues el mensaje se define como información comunicada. Esta información, a su vez, consta de contenido y forma. Asimismo, al contenido se le denomina también estructura profunda; mientras que a la forma se la conoce igualmente como estructura superficial. La estructura profunda se refiere al plano del contenido, y la estructura superficial equivale al plano de la expresión.

Ejemplos:

1. Los peones principiantes atienden las explicaciones del maestro albañil.

La frase del ejemplo propuesto nos da a entender que un maestro albañil está enseñando el oficio a quienes van a iniciarse en el difícil arte de la construcción; esta idea es, pues, la estructura profunda. Idea que también puede transmitirse de otros modos distintos, a saber:

2. Los aprendices atienden las explicaciones del maestro albañil.

3.Los ayudantes novatos atienden las explicaciones del maestro albañil.

4.Los nuevos contratados escuchan atentamente las explicaciones del maestro albañil.

El contenido estructura profunda es la idea que queremos comunicar. La forma o estructura superficial se compone de los elementos materiales portadores de esa idea. Estas tres últimas frases tienen idéntica estructura profunda -la cual coincide con la estructura profunda de la primera frase-, pues en todas late la misma idea principal de la primera frase, es decir, se habla de personas que quieren trabajar, y alcanzar una cualificación profesional, en el sector de la construcción.

Por consiguiente, los tres ejemplos propuestos contienen una idea única y latente; pero, para comunicar esa idea, el hablante tiene la posibilidad de seleccionar una u otra frase, esto es, puede emplear indistintamente cualquiera de las tres expresiones propuestas, las cuales constituirán la estructura superficial de esas oraciones.

En consecuencia, hemos de señalar, por último, que algunos cualificados lingüistas contemporáneos opinan que las lenguas se diferencian exclusivamente en la estructura superficial.

Por todo ello, podemos concluir que la interpretación y comprensión de las palabras y de la lengua dependen de la cantidad -es decir, del número- y calidad de señales que el hablante sea capaz de captar.

IX

Puesto que el fin último de la lengua es la comunicación, se hace necesario que los objetos puedan ser nombrados por los hablantes, quienes deberán saber, cuando se hallan ante un objeto determinado, cómo nombrarlo para que no exista confusión al describirlo cabalmente pues, en definitiva, la semántica exige el principio de coherencia lógica entre el concepto manejado por el hablante y el objeto que éste tiene ante sí.
 

Con los sentimientos, las sensaciones, las percepciones, el dolor…, ocurre lo mismo; y así, cuando el emisor o hablante desea transmitir, por ejemplo, un determinado estado de ánimo tiene que hacerlo siempre conforme al principio de coherencia semántica pues, de lo contrario, no sería captado el sentido íntimo de su mensaje por el oyente o receptor. Por consiguiente, y en sentido amplio, puede afirmarse que hay más de una semántica o, dicho de otro modo, los significados de las palabras entrañan conceptos plenos de contenido y los mensajes siempre han de ser comunicables; de lo contrario, podría concluirse que no hay mensaje. El orden de las palabras -según fue dicho por los autores clásicos- guarda un estrecho paralelismo con la disposición de las cosas, de los hechos o de las realidades.

Semántica lógica

Cuando se considera a la semántica desde una perspectiva lógica nos hallamos ante la denominada semántica lógica, mediante la cual se establece una ilación o una unión entre el signo linguístico y la realidad, y también se desarrolla el conjunto de reglas que aseguran una exacta y cabal significación. Dichas reglas, en opinión del prestigioso y célebre pensador Carnap, “determinan bajo qué condiciones es aplicable un signo a un objeto o a una situación, y permiten poner en relación los signos y las situaciones que son susceptibles de designar”.

De todo lo anterior se deduce que la esencia del lenguaje, su propia naturaleza, lleva intrínsica la situación comunicable. En consecuencia, existirá un lenguaje ideal formalizado mediante el cual se logra la definición exacta de los conceptos; un lenguaje ideal, en definitiva, distinto del lenguaje común, ordinario o de uso: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo La lógica llena el mundo; los límites del mundo son también sus límites.” (Wittgenstein).

Semántica psicológica

Cuando el hablante se encuentra ante la situación de explicar cómo debe comunicar su mundo anímico e íntimo, cobra sentido la denominada semántica psicológica; por mor de la cual el emisor o hablante manifiesta lo que ocurre en su espíritu. Existe, pues, un lenguaje que se nutre de los enunciados que aluden a los fenómenos mentales; un lenguaje sobre el pensamiento, el sentimiento, la emoción, la memoria…; un lenguaje que, utilizado definitivamente por el hablante, se convierte en discurso psicológico. Este uso que el hablante hace del lenguaje no es social, ni sus mensajes son intencionales o deliberados; no se trata, en fin, de un lenguaje moral…. Decididamente, mediante la semántica psicológica es posible desvelar, descubrir, interpretar y sacar a la luz el mecanismo psíquico que se establece entre el hablante o emisor y el oyente o receptor.

Semántica lingüística

Si el hablante tiene que transmitir, mediante el lenguaje articulado, un mensaje cargado de significación y contenido debe conocer, de modo exhaustivo, la semántica linguística, que es la que propiamente se ocupa de la significación de las palabras. Las restantes semánticas, es decir, la semántica lógica y la semántica psicológica se diferencian de la semántica lingüística; y a fin de distinguirlas, transcribiremos el siguiente ejemplo:

“Imaginémonos en presencia del objeto vaso, ante cuya observación un hablante dice vaso. Hay en semántica lógica, una coherencia, diríamos lógica, entre el concepto vaso y el objeto que tenemos delante. Si el hablante dijera botella, la sémántica lógica nos hablaría de error a causa de esa transmisión con confusión; la ética nos hablaría de mentira si el hablante ha observado que es vaso pero ha dicho botella con intención de engañar; la semántica psicológica indagaría las asociaciones mentales que han inducido al hablante a decir botella ante un vaso y las razones psicológicas de esta falsa visión individual. Lingüísticamente no ha habido ni error ni mentira, sino un funcionamiento de la palabra vaso frente a copa, un funcionamiento de botella frante a jarra, garrafa, frasco,… Y, también lingüísticamente, se tiene en cada una de esas palabras un presupuesto recíproco entre significado y significante cuyo conjunto da un contenido en nuestra lengua castellana.” (Vidal Lamíquiz).

Hemos empleado con frecuencia, la expresión lenguaje articulado para referirnos al lenguaje humano; por ello, conviene precisar más el sentido de esos conceptos y, en consecuencia, de la doble articulación del lenguaje.

 Primera articulación del lenguaje

Merced a esta peculiaridad del lenguaje, todo hecho de experiencia que el emisor vaya a transmitir, toda necesidad que se desee hacer conocer a otra persona, se analiza en una sucesión de unidades, cada una de ellas dotadas de una forma vocal y de un sentido. Por ejemplo, si sufro dolores de cabeza, y quiero comunicar esa sensación de dolor a otra persona, puedo dar un grito, pero el oyente no sabrá exactamente qué es lo que me pasa, y además este acto no basta para hacer una comunicación lingüística. Sin embargo, si digo: “me duele la cabeza”, habré logrado la comunicación, ya que el oyente sabrá perfectamente lo específico de mi situación.

Pero, si nos fijamos bien en nuestro ejemplo, observaremos que, en puridad, lo que hemos hecho es pronunciar cuatro palabras sucesivas (“me” – “duele” – “la” – “cabeza”), cuatro unidades que podríamos encontrar en otro contexto, en el que significasen cosas distintas. Ejemplo: Iba en la “cabeza” de la manifestación.

También, simplemente podemos decir “cabeza”. La utilización de estas unidades supone una gran economía para la comunicación, ya que con muchas unidades como estas -“cabeza”, “la”, “de”, “en”, duele”…-, ampliamente combinadas, puede un hablante comunicar toda su experiencia. Llegados a este punto cabría hacerse una reflexión, la cual consistiría en pensar cómo sería posible la comunicación si cada experiencia, cada situación, tuviera que ser comunicada separadamente, esto es, por gritos inarticulados y diferentes.

Segunda articulación del lenguaje

El lenguaje humano se organiza o se articula según una serie de unidades de la primera articulación; asimismo, ha quedado señalado que cada una de esas unidades tiene un sentido y también una forma fónica, es decir, un sonido. La palabra “cabeza”, por ejemplo, tiene un sentido: aquello que significa la palabra (“Parte superior del cuerpo humano”. “Intelecto, talento”. “Retrato en escultura o pintura”. “Principio o parte extrema de una cosa”…), y una forma fónica: un sonido.

Esta unidad, “cabeza”, no la podemos dividir en cuanto a su sentido, ya que no significa nada, “ca” – “be” – “za”, pero sí la podemos dividir en cuanto a su función. Y así, la unidad “cabeza” podemos dividirla en seis sonidos o unidades de la segunda articulación: /c/-/a/-/b/-/e/-/z/-/a/ .Merced a la segunda articulación del lenguaje, la lengua puede limitarse a unas decenas, por así decirlo, de producciones fónicas distintas que se combinan para obtener la forma vocálica de la primera articulación.

Unidades lingüísticas de base

Un enunciado como “me duele la cabeza” o una parte de dicho enunciado que tenga sentido se llama signo lingüístico. Y todo signo lingüístico se compone de un significado -un sentido o valor- y de un significante, en virtud del cual se manifiesta el signo.
 

A su vez, el signo lingüístico está dividido en unidades de la primera articulación o monemas, cada una de las cuales tiene también un significante y un significado. El significante de los monemas aparece dividido, a su vez, en unidades de la segunda articulación, ya que es el que reviste la forma fónica; esta última unidad se denomina fonema. Respecto al monema cabe decir que puede constituir por sí mismo un signo lingüístico, pero no así el fonema. En el enunciado del ejemplo que venimos utilizando, tendríamos lo siguiente:

“Me duele la cabeza”- signo lingüístico.

Me-duele-la-cabeza- 4 monemas.

/M/-/e/-/d/-/u/-/e/-/l/-/e/-/l/-/a/-/c/-/a/-/b/-/e/-/z/-/a/- 15 fonemas; algunos repetidos.

Por consiguiente, los sonidos utilizados en el acto de hablar se organizan, en cuanto a su realización material, conforme al clásico y conocido esquema siguiente:

Lo articulatorio -propio del hablante.
Lo acústico -equivale a las vibraciones del aire.
Lo auditivo -propio del oyente.

X

Mediante el lenguaje, el hablante comunica sus pensamientos al oyente y, al propio tiempo, el primero aprehende el mensaje contenido en la réplica del segundo: entre hablante y oyente se establece, pues, una comunicación dinámica gracias a la capacidad de ambos para usar palabras, formar frases y combinarlas adecuadamente.
 

Aunque hay varios tipos de lenguaje -imitativo o mímico, táctil, gestual, olfativo, visual…- el que corresponde a la facultad del habla, el denominado lenguaje auditivo, hablado o articulado, es el que interesa a la lingüística o ciencia del lenguaje; de ahí que la lingüística se defina también como la ciencia del lenguaje articulado. Además, al investigar desde diversos puntos de vista, y al aplicar diferentes métodos, los lingüistas han descubierto que existen varias modalidades de esta ciencia del lenguaje; aunque, en sentido estricto, se habla de tres lingüísticas, a saber: lingüística histórica; lingüística estructural; y lingüística generativa o transformacional.

– Lingüística histórica: mira hacia el pasado de la lengua; se ocupa de la historia y evolución de la lengua.

– Lingüística estructural: estudia el uso diario de la lengua y la describe desde su presente.

– Lingüística generativa y transformacional: se interesa por el futuro de la lengua, le importa cómo va a ser la lengua.

La denominada Gramática tradicional que, en sentido amplio, puede considerarse como una especie de prehistoria de la lingüística, por así decirlo, pretenderá fijará unas normas de alcance universal, es decir, válidas para todas las lenguas; y también tratará sobre las primeras manifestaciones lingüísticas, tales como:

– la escritura jeroglífica egipcia; especialmente en cuanto su expresión simbólica va evolucionando hasta conformar un código de signos indicadores de significados y sonidos. Y así, señalaremos, por ejemplo, que en las tiras del famoso “Libro de los muertos”, y junto a los dibujos que representan escarabajos, se intercalan pictogramas que tienen forma de boca, lo cual significa “hablar”. Los antiguos egipcios consideraban que la escritura la había creado un dios y que luego se la había donado a los hombres; la misma palabra “jeroglífico” significaría literalmente “escritura de los dioses”. Generalmente, los pictogramas expresan ideas; pero también existen otros signos, denominados fonogramas, que representan sonidos.

– la escritura cuneiforme de la civilización sumerio-acadia; los signos grabados, mediante cañas afiladas, en numerosas tabletas o planchas de arcilla, llegaban a representar y constituir casi un alfabeto y un extenso vocabulario. A modo de ejemplo ilustrativo, baste citar la gran biblioteca de Nínive, creada por el rey asirio Asurbanipal (nacido hacia el año 668, antes de nuestra era, y muerto hacia el año 626), y compuesta por más de 22.000 planchas de arcilla que trataban de temas diversos, tales como historia, medicina, astronomía, textos mercantiles, gestas y epopeyas. De entre estas últimas cabe destacar el célebre “Poema de Gilgamesh”, considerado como la primera epopeya del mundo, y contenido todo él en doce tabletas de arcilla, de cuyo texto entresacamos el siguiente fragmento.

– la escritura ideográfica de la antigua China; cuyos ideogramas son símbolos que representan conceptos.

– la lengua sánscrita o védica, de los antiguos hindúes; por cuanto constituye el primer ensayo de sistematización de una lengua que, entre otros aspectos sobresalientes, destaca por su fonología, morfología y sintaxis.

– la lengua hebrea, cuyos documentos históricos, por ejemplo la Biblia, contienen numerosas referencias al conocimiento lingüístico mediante la introducción de etimologías y la aparición del bilingüismo o el plurilingüismo a causa de las relaciones con otros pueblos.

– la invención del alfabeto y el perfeccionamiento de la escritura que los fenicios, fieles a su espíritu mercantil y comercial, legan a la humanidad; y cuya inmediata consecuencia será la eliminación de los antiguos ideogramas y la consiguiente introducción de la economía y el pragmatismo lingüístico.

– los textos griegos que versarán específicamente sobre aspectos concretos de la lengua; además de que se lleva a cabo el perfeccionamiento del alfabeto de manera que el nombre de una letra repita el sonido que representa: alfabeto, palabra formada con las dos primeras letras griegas “alfa” y “beta”; y que también equivale al abecedario, término proveniente de las letras “a”, “b”, “c” y “d”. No obstante, los griegos se preguntan, sobre todo, por el origen y la naturaleza del lenguaje. Así, dos grandes pensadores griegos expondrán sus puntos de vista opuestos: Platón, por un lado, defiende la adecuación natural entre la palabra y el objeto por ella designado; mientras que Aristóteles, por el contrario, es firme partidario de la inadecuación entre la palabra y el objeto que ésta designa:

Pero, eso sí, con que una vez algo haya sido puesto por escrito, las palabras ruedan por doquier, igual entre los entendidos que como entre aquellos a los que no les importa en absoluto, sin saber distinguir a quiénes conviene hablar y a quiénes no. Y si son maltratadas o vituperadas injustamente necesitan siempre la ayuda del padre, ya que ellas solas no son capaces de defenderse ni de ayudarse a sí mismas. (Fragmento del Fedro, de Platón; citado por Emilio Lledó en su obra “El surco del tiempo”).

– la aportación de los árabes a la lengua tendrá connotaciones religiosas derivadas de la obligación de recitar correctamente el Corán, su libro sagrado. La peculiaridad de la escritura árabe es que carece de vocales, aunque oralmente si se pronuncian.

– la época medieval destaca por sus reflexiones lingüísticas, y por el empleo de la lengua en el desvelamiento de las especulaciones filosóficas: Gramática especulativa.

Surge en el medievo el nominalismo: las palabras únicamente son los nombres de las cosas.

Aparece también la teoría de una lengua universal con una gramática común a todas las lenguas.

Alfonso X el Sabio crea la escuela de traductores de Toledo, en donde se realiza un trabajo en equipo y se manejan la lengua latina, la árabe y la romance; precursora, esta última, de la lengua castellana.

-la época del Renacimiento supondrá una renovación de los estudios gramaticales.

La movilidad geográfica, el resurgir de nuevas nacionalidades, el auge del humanismo, el conocimiento de otras lenguas y la invención de la imprenta, son todos factores que contribuyen a la decisiva diferenciación entre letras y sonidos.

El humanismo fue un movimiento intelectual desarrollado en Europa durante los siglos XIV y XV que, rompiendo las tradiciones escolásticas medievales y exaltando en su totalidad las cualidades propias de la naturaleza humana, pretendía descubrir al hombre y dar un sentido racional a la vida tomando como maestros a los griegos clásicos y latinos, cuyas obras exhumó y estudió con entusiasmo.

Surgen en España las figuras de Antonio de Nebrija, Juan de Valdés, Gonzalo Correas, Sebastián de Covarrubias y Francisco Sánchez de las Brozas, El Brocense.

Antonio de Nebrija, con su Gramática castellana, editada en 1492, se propone unificar y fijar la lengua castellana, ya que sanciona los empleos correctos e incorrectos de la lengua con un criterio lógico y desde la autoridad que le confiere la protección de los Reyes Católicos.

Puesto que Nebrija era un latinista, en un primer acercamiento podríamos decir que se propuso aplicar al castellano los preceptos de la propia gramática latina pero, basado en el conocimiento de los grandes autores clásicos, quiso establecer preceptos y normas teóricas que rigieran los fenómenos lingüísticos.

Juan de Valdés, sucesor de Nebrija, contribuye con su obra “Diálogo de la lengua” (hacia 1535) al perfeccionamiento de la lengua castellana e, “impulsado por el afán de reglamentar usos, formula normas arbitrarias; pero la mayoría de las que da son exactos, y tiene un sentido muy certero de los usos preferibles en los casos de duda.” (Lapesa, en “Historia de la lengua española”)

Gonzalo Correas destaca por su deseo de armonizar la escritura con la pronunciación, aunque para ello sea necesario reformar la ortografía; sin embargo, el maestro Correas es más conocido por su célebre Vocabulario de refranes.

Sebastián de Covarrubias sobresale por ser el autor del interesante libro titulado Tesoro de la lengua castellana o española; se trata de un diccionario que recoge ideas inéditas y costumbres curiosas que se exponen de forma sencilla al definir las palabras. Francisco Sánchez de las Brozas, El Brocense, defendió el uso del castellano frente al latín; y destacó por su obra Minerva (1587), considerada como la primera gramática general europea, en la cual expone puntos de vista coincidentes con las modernas teorías sobre el lenguaje. En general, esta Gramática antigua se ocupaba especialmente de la lengua escrita y era sobre todo un instrumento de enseñanza del buen uso del lenguaje.

XI

El lenguaje no es una creación definitiva, ya que se encuentra en continua evolución y, en consecuencia, las lenguas no deben ser sometidas a una norma invariable y fija, a una ley válida para todas las gramáticas; puesto que lo propio de la lengua, su atractivo, es la diversidad, no ha de considerarse encomiable la postura del purista que prefiere encerrar la lengua en el cofre de las normas antes que verla libre y utilizada con soltura por los hablantes.
 

El dinamismo y el cambio de las ideas y del pensamiento conlleva, también, la evolución del lenguaje; y así, la denominada Gramática tradicional se convertirá en la antesala de los estudios normativos del lenguaje. El aspecto formal y el afán por lograr la pureza de la lengua culminarán en el establecimiento de escuelas y academias que representarán un claro avance en el campo de la Gramática histórica, cuya metodología intentará clasificar las diferentes lenguas y explicar su origen común. Este movimiento lingüístico culminará en la gramática comparada que, en España, será asumida por la escuela del gran filólogo Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), quien plasmó sus teorías lingüísticas en su célebre libro titulado Manual de Gramática Histórica Española, y que destacó por sus estudios sobre el origen del español y sus investigaciones sobre los textos primitivos.

Surgen, también, las teorías empiristas, cuyo representante más cualificado será el pensador inglés Francis Bacon, quien distinguirá dos clases de gramática: la literaria o normativa, y la gramática filosófica.

A la gramática normativa le preocupará el uso correcto de la lengua y su fijación que, junto al afán por seleccionar los autores más representativos de la literatura de cada época, constituirán los principales criterios de selección de las diversas acepciones.

En este contexto histórico, caracterizado por la preocupación que se concede al lenguaje y su dinamismo y evolución, tiene lugar, en los inicios del siglo XVIII, la fundación de la Real Academia Española, cuyo lema “limpia, fija y da esplendor” expresa con claridad los fines de tan loable, y necesaria, institución.

La Real Academia publica el prestigioso “Diccionario de Autoridades” que se irá editando a lo largo de trece años, de 1726 a 1739, y destacará por su preocupación lexicográfica, ya que cada palabra incorporada a este diccionario irá avalada por citas entresacadas de los escritos de los más cualificados autores.

Más tarde, la Real Academia también publicará un libro sobre ortografía, que era otra de las preocupaciones de los gramáticos del siglo XVIII; y, ya a finales de ese mismo siglo, la Real Academia saca a la luz su célebre Gramática, en donde primarán los aspectos normativos de la lengua. También editó la Real Academia el Quijote, en 1780; y el Fuero Juzgo, en 1815. En un esfuerzo de adaptación, la prosa española del siglo XVIII sacrificó la pompa a la claridad; ya que no posee grandes cualidades estéticas, adquirió una sencillez de tono moderno que constituye su mayor atractivo. (Rafael Lapesa, en “Historia de la lengua española”).

Dentro de la corriente de la gramática filosófica también hay que citar al prestigioso pensador inglés John Locke quien, en su célebre libro titulado Ensayo sobre el conocimiento humano, llega a delimitar el sentido de los términos palabra y objeto, y a establecer una relación no unívoca entre la palabra y la idea: Siendo toda persona consciente de que piensa, y siendo las ideas que están en su mente aquello en que, cuando piensa, se ocupa, está fuera de toda duda que la persona tiene en su mente muchas ideas, como son las expresadas por estos términos: blandura, dureza, dulzura, pensamiento, movimiento, elefante, ejército, embriaguez y otras. Lo primero que hay que inquirir, pues, sobre ellas es: cómo llega la persona a tener esas ideas.

La Escuela de Port-Royal

Este movimiento, que aboga por el predominio de la lógica en la gramática, surge por influencia de las teorías del pensador francés Descartes, y no tiene en cuenta la experiencia para deducir las categorías gramaticales; por el contrario, la Escuela de Port-Royal introduce, y defiende, la teoría mediante la cual las categorías gramaticales se basan en un principio lógico y formal. Los problemas del lenguaje, por consiguiente, hay que abordarlos desde una perspectiva formal y lógica; y el lenguaje debe caracterizarse por la claridad y la belleza. La escuela de Port-Royal editará también, en la segunda mitad del siglo XVII, una gramática razonada con la que se pretende abarcar todas las generalidades del lenguaje. Las letras ya empiezan a considerarse grafemas, esto es, caracteres o signos, y también sonidos diferenciados. En morfología se llega a concluir que con el adjetivo se designa a los accidentes (el accidente se caracteriza por su dependencia de la sustancia), mientras que el nombre o sustantivo denota sustancia (lo propio de la sustancia es la diferenciación, y también la autonomía). Y, mediante el verbo, los hablantes pueden afirmar y juzgar.

La morfología es una parte de la lingüística que considera los hechos del lenguaje desde el punto de vista de la forma; es decir, en un primer acercamiento, puede afirmarse que la morfología gramatical estudia la forma de las palabras. No obstante, actualmente existe la tendencia -por parte de la mayoría de los lingüistas- a considerar juntas la forma y la función gramatical, en cuyo caso se habla de morfosintaxis.

Para algunos cualificados pensadores el lenguaje es idéntico a la poesía y, puesto que la poesía es imaginación, resultará, entonces, que los fenómenos fundamentales del lenguaje, y el lenguaje mismo, no son obviamente algo lógico, formal o predecible; luego, los representantes de la antigua escuela de Port-Royal, partidarios de abordar los hechos del lenguaje desde el punto de vista de la lógica, tenían únicamente razón en aquella época y en aquel contexto. Por tanto, y definitivamente, el lenguaje se considera hoy como un fenómeno social que se basa en la facultad humana de comunicarse mediante signos orales o escritos.

Origen del lenguaje

Cuando se habla del origen del lenguaje suele decirse, en primer lugar, que este asunto constituye un problema: el problema del origen del lenguaje, dicen muchos estudiosos del tema.

Es bien cierto que ya los antiguos pensadores griegos se plantearon el origen del lenguaje. Y así, ya se preguntaba Platón, en su obra el Cratilo, si las palabras pueden llevarnos al conocimiento de las cosas. Y Aristóteles, que fue discípulo de Platón, aseguraba que el lenguaje era producto de una convención humana.

Con el tiempo, y siguiendo el relato del Génesis, se afirmará que el lenguaje fue revelado por Dios a los hombres y mujeres que poblaban la tierra; tal sería la denominada teoría sobrenatural del lenguaje.

Hoy debemos decir que el lenguaje y la sociedad humana son desarrollos paralelos (Vidal Lamíquiz).

Sin embargo, hay principalmente tres teorías sobre el origen del lenguaje, a saber: Teoría del origen activo; Teoría del origen imitativo; y Teoría del origen social.

Teoría del origen activo: también se la conoce como teoría del lenguaje natural, puesto que su defensores afirman que el lenguaje surge espontáneamente, esto es, a causa de las exclamaciones y los gritos emitidos por los humanos al expresar sus sentimientos y comunicar sus sensaciones.

Teoría del origen imitativo: puesto que el lenguaje natural lleva implícita la carencia de significación intencional es seguro que no puede provenir de aquí el lenguaje sino que, por el contrario, debe tener su origen en acciones o hechos plenos de connotaciones simbólicas. Y así, el lenguaje se originaría por mor del instinto de imitación; el hombre primitivo tendía a reproducir el mundo exterior y, por ejemplo, si oía cantar a un pájaro quería emular su sonido para nombrarlo: a cada impresión recibida del exterior le correspondería una determinada expresión.

Teoría del origen social: los defensores de esta teoría afirman que el lenguaje es, sobre todo, un producto que surge de la relación entre los miembros de un grupo determinado: la evolución del lenguaje sería paralela a la evolución de la sociedad.

Sin embargo, está claro que el origen del lenguaje no es de tipo lingüístico y, aunque se llegara a reconstruir un único idioma primitivo, no por eso se llegaría a dilucidar el origen del lenguaje. Por tanto, hay que decir que el lenguaje surgió cuando coincidieron ciertas condiciones psicológicas y sociales; por tanto, el día en que los humanos sintieron la necesidad de comunicarse entre sí surgió el lenguaje, y su asunción por la comunidad de hablantes adquirió consistencia cuando el cerebro humano estuvo suficientemente desarrollado: El lenguaje existe como un artefacto en el mundo externo -siendo un conjunto de símbolos en combinaciones admisibles- y como la incorporación cerebral de esos símbolos y de los principios que determinan sus combinaciones. Para representar el lenguaje utiliza el cerebro la misma maquinaria de la que se sirve para representar cualquier otra entidad A medida que los neurólogos vayan conociendo mejor la base neural de las representaciones cerebrales de los objetos externos, de los sucesos y de sus relaciones, irán profundizando en la representación del lenguaje en el cerebro y cómo funcionan los mecanismos que conectan a ambos. (Antonio Damasio y Hanna Damasio, en la revista “Investigación y Ciencia” del mes de noviembre de 1992).

XII

La lengua de una determinada comunidad de hablantes tiene mucho de institución social; por consiguiente, evolucionará al tiempo que lo hace la propia sociedad, y también se adaptará a las necesidades de la colectividad gracias al uso que de ella hacen los hablantes; de ahí que una lengua, cuanto más útil resulte a sus hablantes tanto más viva y dinámica será.
 

La estructura del lenguaje permanecerá fija en una determinada comunidad de hablantes mientras no cambien los hábitos de pensamiento de esa colectividad: el lenguaje no es una especie de ente ideal que subsista fuera o al margen de la propia comunidad de hablantes que lo usa y emplea. En consecuencia, toda lengua estará sujeta a los avatares y cambios producidos en la propia comunidad de hablantes que la ha hecho suya.

Pero, dada la complejidad de las diversas lenguas, hay que concluir que sus componentes no evolucionan de modo simultáneo; y así, a la hora de producirse transformaciones y cambios en el lenguaje existirán ciertas diferencias entre vocabulario, fonética y morfología o morfosintaxis.

De las transformaciones en el vocabulario, se ocuparán la semántica y la lexicología; y también la lexicografía. La semántica, recordémoslo, estudiaba la significación y la evolución de las palabras, su punto de vista era diacrónico; mientras que la lexicología se ocupaba del significado concreto de las palabras en un momento determinado, su perspectiva era sincrónica. La lexicorafía, en cambio, tiene como objetivo la elaboración razonada o científica de los diccionarios; la lexicografía es, por así decirlo, el arte de componer diccionarios. El tesoro de términos léxicos que una lengua contiene está recogido en los diccionarios.

Diccionarios normativos

El Diccionario de la Real Academia, y que ha sido publicado con el título de Diccionario de la Lengua Española, es un diccionario normativo, pues las palabras que se recogen en él tienen la indicación de palabras de uso correcto. Algunas de las palabras que recogen los diccionarios normativos serán consideradas, actualmente, como arcaicas y sólo aparecen en textos históricos y literarios; además, y desde un punto de vista exhaustivo, los diccionarios normativos también incorporan otros vocablos de alcance universal, y que son utilizados habitualmente por toda la comunidad de hablantes. Para seleccionar las palabras que van a entrar a formar parte del acervo común del idioma español, la Real Academia recurre a las fuentes literarias, pero también sigue el criterio de uso, esto es, registra los vocablos que han sido empleados durante un largo periodo de tiempo por los hablantes y, por consiguiente, han sido sancionados por el uso. En cambio, algunas palabras de utilización reciente no son incorporadas al diccionario normativo porque, con cierta frecuencia, son términos que se ponen de moda, por así decirlo y, pasado un tiempo, la propia comunidad de hablantes deja de usarlos.

Diccionarios de uso

En los denominados diccionarios de uso se da entrada a gran cantidad de palabras que se usan en la comunidad de hablantes con bastante frecuencia, y sin tener en cuenta las normas académicas. En español, los diccionarios de uso más conocidos son el de María Moliner y el de Martín Alonso.

Recientemente, también se han editado prestigiosos diccionarios que podríamos llamar de uso, pues recogen términos que en la comunidad de hablantes del español se utilizan con profusión.

Acaso el más completo de entre estos diccionarios sea el “VOX”, editado con el título de Diccionario actual de la Lengua Española, en cuyo prólogo, escrito por Manuel Alvar, se puede leer lo siguiente: “Con el fin de atender las necesidades de sus usuarios, de reflejar de la manera más fiel posible el estado actual de nuestra lengua, y de no aumentar demasiado el volumen de la obra, se han suprimido voces y acepciones anticuadas, por más que todavía permanezcan entre sus páginas bastantes con poca frecuencia de uso. Por el contrario, se han incorporado voces nuevas y significados que no constaban en el diccionarios del que parte éste, con la pretensión de reflejar de la forma más fiel posible el español de nuestros días, de poner en manos de cualquier persona culta el caudal léxico con el que, por una razón u otra, puede encontrase. Con esta misma finalidad han permanecido los artículos y acepciones de uso geográfico restringido los artículos y acepciones de uso geográfico restringido, con muy leves modificaciones y alguna incorporación nueva. Por el contrario, se han revisado de una manera sistemática algunos grupos de palabras como los nombres de las aves, plantas, de mamíferos, de peces, de insectos, en la intención de proporcionar definiciones modernas y acordes con los cambios que se han producido en esos dominios. El léxico procedente de las ciencias y de las técnicas se ha visto incrementado con no pocos elementos, algunos de ellos de la máxima actualidad. El interior de los artículos apenas ha sido modificado sino para corregir errores, actualizar contenidos, o para introducir los nuevos significados. No obstante, el espacio dedicado a la etimología sí se ha visto alterado -especialmente en las palabras compuestas- pues han sido revisados y actualizados los prefijos y elementos compositivos. También se han alterado las referencias a los modelos de la conjugación verbal irregular, como consecuencia de la elaboración de un nuevo cuadro de irregularidades que facilite al usuario la consulta y el conocimiento de su propia lengua.”

A este grupo también pertenece el Diccionario esencial de la Lengua Española, publicado por la editorial Santillana.

Diccionarios ideológicos

En estos diccionarios se ordenan los términos atendiendo a su significado; y así, los vocablos se agrupan en torno a las ideas que expresan, y no conforme al criterio morfológico que usualmente se emplea en los restantes diccionarios.

Para confeccionar un diccionario ideológico es necesario que, previamente, el autor delimite la serie de conceptos que van a ser tenidos en cuenta por su afinidad y semejanza (sinónimos) o por su oposición y diferencia (antónimos o contrarios). No obstante, hay que advertir que resulta ciertamente difícil establecer semejanzas entre términos, ya que, en puridad, a cada vocablo, según el contexto en que se halle, le corresponde un sólo significado. Igualmente, es muy poco frecuente que dos voces se contrapongan totalmente pues, dado que no ha de considerarse la palabra aislada en el caso que nos ocupa, resultará que todo vocablo hará referencia a un significado concreto y determinado.

En cierto modo, y desde un punto de vista extremo, puede afirmarse que acaso la sinonimia y la antonimia puras no se dan más que en contados casos y más bien se trata, la mayoría de las veces, de convenciones o acuerdos tácitos establecidos y aceptados en la comunidad de hablantes.

El diccionario ideológico más completo y prestigioso en español es el de Julio Casares, el cual lleva por título Diccionario ideológico de la Lengua Española.

Diccionarios etimológicos

Estos diccionarios se interesan por las palabras desde una perspectiva histórica y, en razón de su evolución, recogen y registran los vocablos. El más conocido de entre los diccionarios etimológicos es el de Juan Corominas, que está publicado con el título de Diccionario critico, etimológico, de la Lengua Castellana. También conviene mencionar el Diccionario etimológico español e hispánico, de Vicente García de Diego.

Por lo demás, es obvio que existen otros muchos diccionarios especializados y monográficos, los cuales tratan de materias muy diversas y recogen distintas terminologías: profesionales, jergas, hablas regionales…

Es muy importante consultar los diccionarios, pues en ellos se encuentra el más valioso patrimonio, constituido por todo el vocabulario de una lengua, que ha ido acumulándose a través de los tiempos, y que la comunidad de hablantes ha manejado a fin de comunicarse en distintos contextos históricos. Esta comunicación, cuya eficacia depende de la adecuada selección de las palabras, así como de la fluidez verbal que el hablante, en un contexto concreto, sea capaz de demostrar, será tanto más precisa cuanto mayor sea el grado de conocimiento que dicho hablante tiene de su lengua y, muy particularmente, del significado de las palabras que conforman su vocabulario.

En consecuencia, y basándonos en el criterio de uso del léxico de una lengua, cabe hablar de tres niveles, a saber: primeramente del nivel del hablante cuando actúa sólo como emisor que quiere comunicar sus ideas, en cuyo caso su vocabulario es cuantitativo y se caracteriza por el número de términos (vocabulario básico) que emplea y domina; en segundo lugar citaremos el nivel de grupo lingüístico, que estará constituido por el léxico específico de una determinada ciencia y de una técnica concretas, en donde es obligatorio que el hablante posea el suficiente grado de formación como para saber utilizar, y comprender, los términos exigibles en ese contexto científico o técnico; y por último, está el nivel de la propia lengua, en donde ya no existe propiamente un vocabulario sino un léxico, es decir, el léxico de la lengua que, en definitiva, no es otro que el diccionario.

XIII

Los clásicos griegos llamaban paradojas a las expresiones o razonamientos que se apartaban de la norma y de la común opinión, y que eran debidas a la ambigüedad del lenguaje y a la contradicción que ello implicaba. Y los autores latinos decían que a esas paradojas había que llamarlas cosas que maravillan, pues en ellas se propongan expresiones que sorprenden por su complejo y contradictorio contenido.
 

Fue Cicerón -quien afirmaba que la vida humana debe regirse por la razón- el autor latino que acuñó para las paradojas la expresión “cosas que maravillan” pues, según decía, constituía un hecho extraordinario que la ambigüedad del lenguaje pudiera dar lugar a opiniones, verdaderas o falsas, con las que se proponía la unión de ideas aparentemente contrarias.

Literalmente, la palabra paradoja, que es un término derivado del griego para-doxa, significa contrario a la opinión. Sin embargo, y como ya ha quedado dicho, desde el punto de vista de los autores latinos, las paradojas son cosas que maravillan.

Estudiosos de todos los tiempos se han interesado por las paradojas y las han clasificado conforme a distintos criterios y de diversos modos. Mas, desde el punto de vista lingüístico, las paradojas surgen cuando en el uso del lenguaje se concede prioridad al elemento formal y se relegan los valores semánticos y el significado de los términos de que se compone una expresión o un mensaje.

Y así, se ha hablado de paradojas verdaderas (o verídicas), falsas (o falsídicas) y antinomias: cuando la idea contenida en la expresión expuesta es falsa, se trata de una paradoja falsa; pero, si la idea contenida en la expresión expuesta es verdadera, nos hallamos ante una paradoja verdadera; y, finalmente, cuando se trata de una idea resultante de la contradicción entre dos proposiciones, estamos ante una paradoja contradictoria.

También las paradojas lógicas o paradojas matemáticas (paradoja del mayor número ordinal; paradoja del mayor número cardinal; teoría de los tipos, enunciada por Russell…) han sido objeto de análisis por parte de los estudiosos a través de los tiempos.

Así mismo, se ha hablado de paradojas existenciales, que guardan relación con las denominadas verdades profundas, y de paradojas psicológicas, que equivalen a las llamadas verdades de sentido común.

Sin embargo, en nuestro caso, las paradojas que más nos interesan son las conocidas como paradojas semánticas, pues su planteamiento se expone mediante palabras y expresiones con sus correspondientes estructuras superficial y profunda, en donde se pone de manifiesto el dominio y manejo de lenguaje, y en donde las soluciones a las paradojas propuestas se basan en la denominada teoría de los lenguajes y de los metalenguajes. Al metalenguaje también se le llama lenguaje-objeto; y así, habrá metalenguaje siempre que podamos expresar por medio del lenguaje lo que se contiene en el propio lenguaje.

De entre las paradojas semánticas más conocidas destacaremos las siguientes:

Paradoja del mentiroso

La paradoja del mentiroso aparece ya enunciada y expuesta hace más de dos mil años y, desde entonces acá, ha sufrido diversas modificaciones; en consecuencia, actualmente, se conocen tres versiones distintas, a saber:

1º versión:

– Supongamos que una persona dice: “Yo miento” .

Argumentación:

Si la expresión Yo miento es verdadera, entonces la persona que la dice no miente y, por consiguiente, Yo miento será una afirmación falsa.

Pero, si la expresión Yo miento es falsa, entonces la persona que la dice miente, por lo que la frase Yo miento será verdadera.

2º versión:

– Imaginemos que una persona afirma lo siguiente: “Lo que digo no es verdad”.

Argumentación:

Si la frase Lo que digo no es verdad es verdadera, entonces Lo que digo no es verdad es una expresión falsa.

Pero, si la frase Lo que digo no es verdad es falsa, entonces Lo que digo no es verdad es una expresión verdadera.

3º versión:

Es la debida al pensador cretense Epiménides, por eso se la conoce con el nombre de paradoja de Epiménides o paradoja de El cretense.

– En esta paradoja, Epiménides, que es cretense, dice lo siguiente: Todos los cretenses mienten.

Argumentación:

Si la afirmación Todos los cretenses mienten es verdadera, entonces Epiménides, que es cretense, es un mentiroso; por consiguiente, la expresión Todos los cretenses mienten será falsa.

Pero, si la expresión Todos los cretenses mienten es falsa, entonces no todos los cretenses son mentirosos y, en consecuencia, Epiménides, que es cretense, puede que no sea mentiroso; por consiguiente, la expresión Todos los cretenses mienten puede ser verdadera.

Hay otras paradojas basadas en la de Epiménides, una la expone Cervantes en El Quijote (2ª parte, capítulo LI), y trata de un hombre que debe confesar ante cuatro jueces por qué quiere pasar el puente que éstos custodian por orden del dueño de esos contornos, es decir, del río del puente y del señorío: “Si alguno pasare por este puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurase verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna”. Sabida esta ley y la rigurosa condición de ella, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se echaba de ver que decían verdad, y los jueces los dejaban pasar libremente. Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre, juró y dijo que por el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento, y dijeron: “Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre.”

La otra paradoja, también basada en la de Epiménides, es la conocida como paradoja de El hombre condenado a ser fusilado, la cual está recogida en el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora, en donde se dice lo siguiente: Un juez condena un Lunes a un acusado a ser fusilado cualquier día de la semana que termina el siguiente Sábado siempre que el reo no pueda saber con un día de antelación si va ser efectivamente fusilado; caso de saberlo le será condonada la pena capital. El abogado razona con el reo y lo convence de que la sentencia no puede ejecutarse. En efecto, no puede ser fusilado el Sábado siguiente, porque al llegar el Viernes el reo sabría que iba a ser fusilado el Sábado, único día de la semana que queda.

El Sábado queda, pues, excluido. No puede ser fusilado el Viernes, porque al llegar el Jueves el reo sabría que iba a ser fusilado el Viernes, único día que, excluido el Sábado, le queda a la semana. El Viernes queda, pues, excluido. No puede ser fusilado el Jueves, etc., etc. Y sin embargo, el hecho es que si se propone que la pena sea cumplida el reo va a ser fusilado cualquier día de la semana— por ejemplo, el Miércoles—, sin que el reo pueda saberlo con un día de antelación.

Paradoja del abogado que pierde el juicio o lo gana

También mencionaremos la histórica y célebre paradoja del letrado que, antes de graduarse y obtener su título para ejercer la profesión de abogado, recibe clases de un prestigioso catedrático de derecho; ambos acuerdan que el futuro abogado pagará esas enseñanzas cuando gane el primer juicio. Pasa el tiempo y el alumno ya es abogado, pero aún no ha participado en juicio alguno ni tampoco ha pagado a su antiguo profesor aquellas clases que le sirvieron para sacar uno de los primeros números de su profesión. En consecuencia, el profesor, viendo que su alumno no le paga, decide denunciarle; y, entonces, el alumno le argumenta del siguiente modo: “O pierdo el juicio o lo gano. Si lo gano no tendré que pagarte, pues así lo habrá decidido el juez. Y si lo pierdo tampoco te pagaré, puesto que, en virtud de nuestro acuerdo, sólo debo pagarte cuando gane el primer juicio”. Pero el profesor replica al alumno, y le argumenta lo siguiente: “O pierdes el juicio o lo ganas. Si lo pierdes tendrás que pagarme, porque así lo habrá dictaminado el juez. Y si lo ganas también tienes que pagarme pues, en cumplimiento de nuestro acuerdo, debes pagarme cuando ganes el primer juicio”.

XIV

Mediante el coloquio y el diálogo, el hablante puede transmitir sus ideas y comunicar cualesquiera mensajes al receptor. Y también, quienes participan en un coloquio, pueden compartir sus pensamientos, discrepar, coincidir y, en suma, conocer a los restantes interlocutores. Desde este punto de vista, el coloquio ha sido considerado como un método eficaz para la práctica de la tolerancia y como una escuela del comportamiento.
 

Se ha hablado del concepto comunicación y frecuentemente se ha descrito su significado concreto: esquema de la comunicación, teoría de la comunicación, finalidad de la comunicación, comunicación por medio del coloquio… En este caso, vamos a ocuparnos precisamente de llenar de contenido este último enunciado que hemos titulado comunicación por medio del coloquio.

En un primer acercamiento, diremos que el coloquio es una garantía de comunicación, pues el término coloquio equivale a conversar y conferenciar. El diccionario de la Real Academia define el coloquio, en su primera acepción, como la conferencia o plática entre dos o más personas; y en su segunda acepción, considera al coloquio como una composición literaria, prosaica o poética, en forma de diálogo.

La comunicación mediante el coloquio exige unos determinados supuestos o requisitos previos. En primer lugar, como ya ha quedado dicho, y más concretamente al hablar del origen del lenguaje, precisamente fue gracias a la comunicación por lo que surgió el mensaje. Luego, en definitiva, el fin principal del lenguaje no es otro más que la comunicación, y para que haya comunicación es necesario que se lleve a cabo la emisión de un mensaje y que, a su vez, ese mensaje sea recibido por un interlocutor distinto de quien ha enviado el mensaje.

En consecuencia, el coloquio surge de la combinación entre el mensaje que envía el hablante al oyente y la respuesta que el receptor se verá obligado a elaborar para replicar a su interlocutor. Por consiguiente, habrá coloquio cuando haya transmisión de un mensaje y siempre que dicho mensaje esté cargado de contenido; pues, podría suceder que un interlocutor emitiera palabras sin sentido, esto es, con significado ambiguo o ininteligibles, con lo cual no se cumpliría el principal requisito de la comunicación que consiste en la transmisión de mensajes; pero, como es obvio, sin contenido no hay mensaje. Y esto es así porque una de las características primordiales del mensaje es su efectividad; y la efectividad queda demostrada exclusivamente cuando el receptor haya comprendido o captado el mensaje enviado por el emisor.

Y así, el esquema universal que ilustra la estructura simplísima del coloquio, y que mostrará esta interacción necesaria entre mensaje y comunicación, lo cual hará posible que se lleve a cabo un verdadero coloquio, sería como sigue:

Emisión + Recepción + Réplica = Coloquio

Conforme a todo lo anterior, podemos afirmar que entre hablante y oyente debe establecerse una comunicación mutua a fin de que el coloquio funcione, lo cual sólo es posible si se cumplen los tres estadios del citado esquema universal, esto es, que el hablante emita un mensaje que debe ser captado y comprendido por el oyente quien, a su vez, responderá y argumentará como lo considere conveniente y, de este modo, ya puede afirmarse que se produce la réplica; con lo que, definitivamente, se cerrará el círculo y se desarrollará el coloquio.

Además del mensaje y de la efectividad inherentes al coloquio, y teniendo presente que para su funcionamiento es necesario que se lleve a la práctica el esquema universal indicado anteriormente, conviene también enumerar los tres elementos principales del coloquio, a saber: interlocutores, situación y contexto.

Interlocutores

Puesto que en el coloquio se usa la lengua como herramienta de comunicación y, como ya hemos indicado en otras ocasiones, la lengua es un sistema de signos, resultará que, para que se efectúe la comunicación por medio del coloquio es necesario que los interlocutores manejen y usen el mismo código. Los interlocutores no cuentan únicamente con este código estrictamente lingüístico, sino que también pueden recurrir a otros formas de comunicación calificadas por los estudiosos del lenguaje como circunstancias extralingüísticas, a las que pertenecerían, por ejemplo, cualquier clase de ademán, gesto o amago mímico, etcétera.

No obstante, lo propio es que los interlocutores sean personas y, como tal, proyecten en el coloquio su modo de ser y su actitud. De ahí que los interlocutores, cuando participan en el coloquio como emisores, lo hagan en primera persona; y cuando participan en el coloquio como receptores, lo hacen utilizando la segunda persona.

De este modo, en el coloquio se fomentarán el diálogo y la convivencia. Y las personas que participan en el coloquio se enfrentarán, como interlocutores que son, por medio del diálogo:

En un posible léxico coloquial sería forzoso registrar los modismos, las fórmulas de cortesía, los juramentos y términos de bendición o maldición.

La entonación y el ritmo de la prosa hablada serían otro elemento determinante del diálogo.

Los diálogos deben ser auténticos, no inventados o supuestos. La invención sería contraproducente, por muy verídica que la suponga. Tampoco son de resultados positivos las encuestas, que carecen de espontaneidad. Todo diálogo debe llevar su contexto y su situación. El diálogo familiar es una síntesis viva de muchas cosas. El lenguaje escrito que más se parece al habla de la calle y del coloquio amistoso es el que empleamos en nuestras cartas familiares. (Martín Alonso, en “Gramática del español contemporáneo”).

La situación

Como todos sabemos, el coloquio siempre se realiza en un determinado lugar, esto es, dentro de un contorno que les resulta familiar a los interlocutores o que, por el contrario, ni siquiera conocen:

La situación incluye el contorno físico siempre que influya en el coloquio, las incidencias de la acción que se desarrolla al alcance de los interlocutores y siempre que influyan en el diálogo, (cuando hablamos y pasa un amigo haciéndonos cambiar el tema de la conversación). También hay que contar con un contorno conocido por los interlocutores aunque no sea inmediatamente percibido por ellos. (Si hablamos en una casa de Madrid, la idea de estar en esa población, es decir, Madrid, actúa en el coloquio aunque en realidad no la vemos).

La situación es importante, ya que no sólo están en ella los interlocutores sino también los objetos que a menudo sirven de referencia o contexto situacional. Por otra parte cada situación determina de manera muy importante el contenido, es decir la naturaleza de los mensajes en el coloquio. (Manuel Criado del Val).

Respecto al contexto cabe decir que implica referencia, y así, el emisor señala a una persona cercana, que se encuentra en el mismo lugar del coloquio, y dice este señor es un conocido o esta señora asiste a menudo a nuestros coloquios. De por sí, el coloquio no lo forma un grupo homogéneo de personas sino que en él participan interlocutores de todas clases, que se diferencian por su condición social, profesión, edad, cultura…; de ahí la riqueza del contexto y el “proceso nivelador” que iguala y unifica los criterios de los distintos interlocutores.

XV

“La lengua es, repitamos, la más social de todas las creaciones, pero con su propia peculiaridad. Cierto que sin sociedad no podría existir ninguna lengua y cierto también que la lengua consigue que la propia sociedad se realice.” (Manuel Alvar, en “Lengua y sociedad”)
 

Una antigua leyenda, que forma parte de la rica e interesante mitología griega, consideraba que el alfabeto había sido transmitido a los humanos por Cadmo, legendario fundador de la ciudad de Tebas, en donde luego reinaría después de vencer a un terrible dragón que tenía atemorizados a todos los habitantes de aquella zona. Cadmo era hijo de Agenor, rey de Fenicia, y tenía una hermana llamada Europa. La hermosura de esta muchacha era tal que el propio Zeus se enamoró de ella y, aprovechando que la joven cuidaba los rebaños de su padre, se convirtió en toro y se acercó zalamero hasta su regazo; Europa, atraída por la docilidad de un animal con tan bella estampa se montó confiada sobre su lomo, y entonces, como por ensalmo, el toro manso se volvió bravo repentinamente y escapó de aquel lugar llevando consigo a Europa, y después de atravesar el mar llegó hasta Creta, donde se quedó para vivir con la muchacha. Desde entonces, este hecho mitológico es conocido como “El rapto de Europa”.

La mitología no explica de dónde le llegó a Cadmo el alfabeto y, en realidad, cabe suponer que semejante acontecimiento simboliza la importancia que en la antigüedad se concedía a las letras y al orden en que debían colocarse para que, de su interrelación y combinación, surgieran los elementos del texto: la palabra aislada, la frase, el enunciado…; y, en definitiva, la comunicación se hiciera posible mediante ese prodigio que consistía en juntar letras para confeccionar palabras, unir palabras para formar oraciones, servirse de las oraciones para afianzar el mensaje y enviar el mensaje para establecer la comunicación plena de sentido; mensajes que antes de salir a la luz para convertirse en palabras ya estaban en la mente conformando pensamientos.

Mas, las letras son los signos gráficos de que nos servimos para representar los sonidos que, a su vez, conformarán la esencia del propio lenguaje humano, el cual nació como un medio que resultaba práctico y útil a la comunidad humana, especialmente cuando se trata de transmitir nociones y conceptos abstractos que facilitan la comprensión de los mensajes y favorecen la comunicación en la comunidad de hablantes.

Y, según las últimas y más notables investigaciones neurológicas, el lenguaje se procesa  en el cerebro; y la principal área auditiva del cerebro -pues parece que existen varias áreas auditivas en los diversos lóbulos, circunvoluciones y surcos de la corteza cerebral- está localizada en el lóbulo temporal, debajo del surco lateral. De ahí la importancia que tiene el conocimiento profundo de la estructura cerebral para los estudiosos de la lengua y para los especialistas en otras áreas del saber que se preocupan por el maravilloso mundo del lenguaje con todas sus implicaciones: palabras, conceptos, signos, fonemas, sonidos…

Y así, la revista Investigación y Ciencia, en su número de noviembre de 1992, publica un interesantísimo y documentado artículo, traducido por J.M. García de la Mora, de dos prestigiosos neurólogos contemporáneos, Antonio R. Damasio y Hanna Damasio, titulado Cerebro y lenguaje que, por su interés, recomendamos a todos aquellos que se ocupan, y preocupan, del lenguaje y su atractivo, y del que entresacamos el siguiente fragmento: Nosotros creemos que el cerebro procesa el lenguaje por medio de tres grupos de estructuras que actúan influyéndose recíprocamente. Primero, un amplio conjunto de sistemas neurales, que hay en los dos hemisferios, en el derecho y en el izquierdo, representa las interacciones lingüísticas entre el cuerpo y su entorno, en cuanto mediadas por diversos sistemas sensoriales y motores, es decir, todo lo que la persona hace, percibe, piensa o siente mientras actúa en el mundo.

El cerebro no sólo clasifica estas representaciones no lingüísticas (por aspectos tales como la forma, el color, la secuencia o el estado emocional), sino que también crea otro nivel de representaciones simbólicas que constituyen la base para la abstracción y la metáfora.

Segundo: un número menor de sistemas neurales, localizados por lo general en el hemisferio cerebral izquierdo, representa los fonemas, las combinaciones fonémicas y las reglas sintácticas para combinar las palabras. Si se les ha estimulado desde el interior del cerebro, estos sistemas reúnen las formas verbales y generan las frases que se han de pronunciar o escribir. Si el estímulo procede del exterior (por el habla o por algún texto), efectúan el procesamiento inicial de las señales del lenguaje auditivo o visual.

Un tercer conjunto de estructuras, en buena parte localizado también en el hemisferio izquierdo, sirve de intermediario. Puede tomar un concepto y estimular la producción de formas verbales, o puede recibir palabras y hacer que el cerebro evoque los conceptos correspondientes.

Cualidades del sonido

Pero, desde una perspectiva estrictamente lingüística, importa el estudio del sonido denominado articulado; concepto que ya hemos mencionado anteriormente y que nos llevará, ahora, a desarrollar y describir sus aspectos fonológicos. Por consiguiente, comenzaremos enumerando las cuatro cualidades físicas del sonido, a saber: tono, timbre, cantidad e intensidad. Sentados estos principios, nos ocuparemos del estudio del sonido y, en consecuencia, comenzaremos diciendo que la producción de todo sonido se debe en origen a un movimiento vibratorio causado por cualquier agente en un cuerpo que se encuentre en posición de reposo: “La sensación del sonido es producida por variaciones de presión que son captadas por el oído humano. El sonido se transmite energéticamente en forma de ondas a través de un soporte que puede ser sólido, líquido o gaseoso y presentar diversas formas: térmica, magnética, electrónica, etcétera.

La onda sonora del lenguaje oral se manifiesta en variaciones de presión que se transmiten en forma de ondas sinusoidales. El medio elástico más frecuente en la comunicación verbal suele ser el aire a través del cual el sonido se propaga a una velocidad aproximada de 340 metros por segundo”

Aquel movimiento vibratorio que mencionábamos más arriba tiene la cualidad de provocar una onda sonora que puede ser:

Simple: cuando en su composición no interviene más que una onda.

Compuesta: cuando en una composición intervienen varias ondas.

Periódica o armónica: cuando cada vibración se repite con la misma duración y amplitud a lo largo del tiempo.

Aperiódica o inarmónica: cuando varían las duraciones y amplitudes de cada vibración a lo largo del tiempo.

También habrá que tener en cuenta los tres aspectos siguientes:

Ciclo, periodo o vibración doble: es el camino recorrido por el péndulo en una ida y vuelta completa.

Amplitud: es la distancia desde la posición de reposo hasta el punto de mayor alejamiento, esto es, “la variación máxima del estado de normalidad.”

Frecuencia: es el número de ciclos por unidad de tiempo. Merced a la frecuencia se puede distinguir si un sonido es agudo o grave.

Asimismo, conviene enumerar los componentes acústicos o cualidades del sonido:

Tono: se llama también primer armónico, armónico fundamental o tono fundamental. Es el resultado del número de vibraciones completas de las cuerdas vocales por unidad de tiempo. El tono es la “altura” del sonido, y, cuando el número de vibraciones por unidad de tiempo es considerable, se le denomina “agudo” o “alto”; y si el número de vibraciones por unidad de tiempo no es considerable entonces el tono es “grave” o “bajo”.

Timbre: es el resultado de la conformación de los armónicos de un sonido, conformación que depende del volumen y abertura de las cavidades de resonancia donde se produce. El timbre de un sonido será agudo cuando sus armónicos tengan una alta frecuencia; y será grave cuando los citados armónicos tengan una baja frecuencia.

Intensidad: la intensidad depende de la amplitud de la vibración total, es decir, de la suma de las amplitudes de todos los armónicos. Mediante la intensidad establecemos si un sonido es más fuerte o más débil. Cuanto mayor es la energía articulatoria que empleamos en la emisión de un sonido, mayor será la amplitud y, por consiguiente, la intensidad.

Duración: es el tiempo que empleamos en la emisión de un sonido; y viene expresada en centésimas de segundo.

XVI

El aparato fonador humano constituye un logro de la naturaleza, ya que sólo los humanos gozan del privilegio de comunicarse con sus semejantes mediante palabras, frases, enunciados, oraciones, relatos…; esto es, únicamente los humanos se aprovechan de su aparato fonador para articular palabras y para manejar, por así decirlo, la maravillosa técnica del lenguaje articulado.
 

Ya quedó dicho, al hablar del sonido, que, desde una perspectiva lingüística, lo importante es el denominado sonido articulado, esto es, el producido por el aparato fonador humano: Fonética fisiológica.

De ahí que: el sonido sea una consecuencia de las vibraciones; que haga falta un medio transmisor para que el sonido se propague; y que el sonido se transmita por medio de ondas.

Mas, esas ondas, si no son periódicas, producen ruido. Pero el sonido es una onda periódica. Al hablar se producen ondas periódicas y no periódicas: las vocales tienen ondas periódicas; mientras que las consonantes tienen más ondas “no periódicas”: Fonética acústica.

Por consiguiente, la producción del sonido articulado resulta clave para comprender el nivel lingüístico de la expresión y para establecer los límites de la denominada fonética fisiológica. En general, puede decirse que la “Fonética” se ocupa del significante en el plano del habla; mientras que la “Fonología” se interesa también por el significante, pero en el plano de la lengua. Más adelante desarrollaremos exhaustivamente ambos conceptos; antes conviene que nos detengamos en la descripción del aparato fonador humano y en la producción del sonido articulado.

Los órganos de la fonación

El aire, como todos sabemos, es necesario para la vida; pero, el aire también nos sirve para hablar. Al respirar, el aire entra y sale en las vías respiratorias:

Aspiración o inspiración: acción de entrar el aire en las vías respiratorias

Espiración: salida del aire; durante este movimiento de expulsión o espiración del aire es cuando normalmente hablamos.

Y así, en el lenguaje, lo fundamental para la producción de sonidos es la espiración: acción mediante la cual el aire que sale de los pulmones va a la tráquea y, de aquí, a la laringe.

Enumeremos, pues, el con junto total de órganos que intervienen en la fonación y que, en un primer acercamiento, se clasifican del siguiente modo:

Cavidades infraglóticas: pulmones, bronquios y tráquea.

Cavidades supraglóticas: cavidad bucal (boca, lengua, dientes, labios y paladar).

Cavidad laríngea u órgano fonador: laringe, glotis y cuerdas vocales.

Cavidades infraglóticas

Como ya se ha dicho, las cavidades infraglóticas comprenden tres órganos, que son los propios de la respiración: los pulmones, los bronquios y la tráquea.

Los pulmones:

Son dos masas esponjosas y elásticas situadas en la caja torácica formada por tejido conjuntivo. El espacio libre entre los dos pulmones se llama mediastino y está ocupado por el corazón y las vías respiratorias. Cada pulmón está completamente revestido por una membrana llamada pleura, formada por dos hojas, una adherida al pulmón y otra a la caja torácica; de este modo, cada pulmón está protegido por un doble saco, cerrado en todas sus partes y privado de aire, y que contienen en su interior un líquido (líquido pleural) cuya infección provoca la pleuresía. A cada uno de los pulmones penetran los bronquios que llevan el aire, arterias y venas.

El proceso de la respiración que realizan los pulmones es como sigue:

La entrada y salida del aire en los pulmones se produce mediante movimientos sistémicos de la caja torácica, llamados movimientos respiratorios que, como ya quedó dicho anteriormente, son dos: inspiración o entrada del aire y espiración o salida del aire.
 

Para la inspiración, los músculos intercostales externos se contraen llevando hacia arriba y hacia afuera las costillas, mientras el diafragma disminuye su convexidad y se baja, por lo que las vísceras abdominales son comprimidas y el abdomen se hace más saliente. Así, la cavidad torácica se ensancha y el pulmón se dilata. El vacío que se forma en esta dilatación hace que el aire exterior penetre en los pulmones.

Después de una breve pausa, los músculos intercostales externos y el diafragma se relajan, con lo cual el diafragma sube, las costillas se bajan y el volumen de la caja torácica disminuye; por lo tanto, los pulmones son comprimidos y expulsan el aire.

En definitiva, los movimientos respiratorios se deben a la contracción de los músculos respiratorios, es decir, al diafragma y los intercostales, por medio de los cuales, los pulmones son dilatados y comprimidos como fuelles.

Los bronquios:

Son dos gruesos tubos en que se bifurca la tráquea y que luego se ramifica extraordinariamente en el interior de los pulmones formando los bronquiolos. Los extremos de éstos constituyen los alveolos pulmonares, cuya superficie presenta nuevas bolsitas llamadas vesículas pulmonares.

La tráquea:

Es un tubo convexo por delante y aplanado por detrás que desciende a lo largo del cuello, por delante del esófago. Está compuesto de quince a veinte semicírculos cartilaginosos (cartílagos traqueales) que pueden ser comprimidos en el momento de la alimentación para que se dilate el esófago y permita el paso del alimento.

Cavidad supraglótica

Comprende, como ya ha quedado dicho antes, todos los órganos situados en la cavidad bucal: boca, labios, paladar, dientes y lengua. Cada uno de estos órganos tiene una función importante en la producción de los distintos sonidos. En la lengua se distinguen el ápice, el dorso (predorso, mediodorso y posdorso) y la raíz. La lengua es la que sirve para modificar la caja de resonancia y las cavidades bucales. A su vez, en el paladar se distinguen tres zonas, a saber: prepalatal, medio palatal y pospalatal.

Cavidad laríngea u órgano fonador

La cavidad laríngea comprende la glotis, las cuerdas vocales y la faringe.

La glotis se encuentra a la altura de la nuez, y está formada por dos repliegues musculares de las paredes del canal espiratorio. Estos repliegues, que son los que presentan un primer obstáculo a la salida del aire de los pulmones, reciben el nombre de cuerdas vocales; éstas son como dos telas o tendones que están apoyadas en varios músculos que giran y, al ponerse horizontales, vibran. Se pueden estirar más o menos, produciendo una mayor frecuencia (altura) según estén más o menos tensas. Cuando se aproximan totalmente las cuerdas vocales pueden cerrar por completo el paso del aire.

En la respiración, las cuerdas vocales están ampliamente separadas y el aire pasa libremente a través de la glotis en los dos sentidos.

Al hablar es frecuente que las cuerdas vocales estén en contacto y que entren en vibración por la presión del aire espirado. El sonido que resulta de las vibraciones de la glotis se llama voz.

El timbre, más o menos grave o agudo, de la voz depende, en principio, de la longitud de las cuerdas vocales. Las mujeres, cuya glotis es menos larga que la de los hombres, tienen la voz más aguda.

La faringe es una cavidad que se encuentra al fondo de la boca; si miramos en un espejo la cavidad bucal veremos al fondo del todo la pared posterior de la faringe. El paladar, que forma la bóveda de la boca, termina por un repliegue de mucosa llamado velo del paladar, que configura dos áreas separadas por una lengüeta llamada úvula o campanilla.

La faringe comunica con las fosas nasales, mientras el velo del paladar no se apoye en su pared posterior.

El velo del paladar, cuando se habla, puede estar bajado o levantado; si está bajado, una parte del aire espirado pasa a las fosas nasales y sale al exterior sin encontrar ningún obstáculo. Esta parte del aire se pierde por la boca, que es el lugar donde la mayor parte de los sonidos tienen un aspecto característico. Los sonidos están mejor diferenciados si la columna de aire llega totalmente a la boca, es decir, si el velo del paladar está levantado.

XVII

En el sistema fonador humano el sonido puede originarse de diversos modos, por ejemplo a causa de la vibración de las cuerdas vocales, por un impulso de aire a través de los órganos articulatorios y, en suma, por la combinación de ambos factores. La producción, por parte de los hablantes, del sonido articulado no sería posible de no existir los órganos articulatorios apropiados.
 

Ya hemos descrito exhaustivamente, los órganos de la fonación; y también hemos definido someramente tanto la fonética fisiológica como la fonética acústica. Por todo ello, y siguiendo con los diferentes aspectos del sonido articulado, nos ocuparemos, a continuación, del mecanismo de la articulación; pero, antes, conviene hacer una mención especial del fenómeno auditivo, el cual se ha intentado explicar y desarrollar mediante diversas teorías:

– Teoría de la resonancia. Fue expuesta en la segunda mitad del siglo diecinueve por un célebre fisiólogo alemán, quien ideó un resonador para analizar los sonidos; semejante dispositivo consistía en una esfera hueca que entraba en resonancia al penetrar en ella una vibración sonora con una determinada frecuencia.

Ese fenómeno es conocido como el fenómeno de la vibración “simpática”, la cual consiste en que “si se canta una nota en un piano abierto, se pone en movimiento la cuerda correspondiente, e incluso las cuerdas correspondientes a una gama de tonalidades también pueden vibrar. Si se observa esta resonancia entre un estímulo sonoro y las cuerdas de un piano, parece lógico pensar que en el oído debían existir este tipo de resonadores”.

– Teoría de la frecuencia. También se denomina teoría del teléfono, y explica cómo el órgano de Corti funciona de manera similar al diafragma de un receptor telefónico.

– Teoría del patrón sonoro. Mediante esta teoría se da a entender que “la membrana basilar vibra como un todo ante cualquier sonido pero tomando diferentes patrones de reacción vibratoria según la nota o serie de notas de que se trate”.

Dicho todo lo anterior, comenzaremos por explicar que los sonidos del habla tienen normalmente su origen en una espiración del aire que viene de los pulmones.

Este aire que proviene de los pulmones, después de pasar por los bronquios y la tráquea, llega a la laringe, en donde se encuentran las cuerdas vocales.

Si las cuerdas vocales vibran, se producen los “sonidos sonoros”: vocálicos y consonánticos.

Si las cuerdas vocales no vibran se producen los “sonidos sordos”.

Las vibraciones de las cuerdas vocales provocan la formación de una onda sonora que llamamos “tono fundamental”.

Esta onda así creada no es simple, sino compuesta, ya que el tono fundamental crea una serie de armónicos que se le superponen. La onda compuesta, formada en la laringe, pasa a las cavidades supraglóticas; estas actúan como filtros que sólo dejan pasar las frecuencias que coinciden con estas cavidades de resonancia. Este conjunto formado por el tono fundamental más los armónicos filtrados constituye el “timbre del sonido”.

Se llama “intensidad del sonido” a la fuerza o presión del aire sobre las cuerdas vocales, lo que ocasiona una mayor o menor amplitud vibratoria.

La corriente de aire que sale de la laringe sufre diversas modificaciones en la faringe, las fosas nasales y la boca, en virtud de contactos o estrechamientos que se producen en determinados puntos de su trayectoria. Tales modificaciones reciben el nombre general de “articulación”.

Al pasar el aire por la faringe se producen otras divisiones del material fónico. Si el velo del paladar está separado se producen los sonidos consonánticos nasales. Si están abiertas simultáneamente la cavidad bucal y la cavidad nasal, se originan los “sonidos vocálicos nasales”, también llamados “oronasales” porque parte sale por la nariz y parte por la boca:

– El sonido “oral”; se denomina así porque sale por la boca, y el velo del paladar o campanilla se va hacia atrás y deja que el aire pase a la nariz.

– El sonido “nasal”; se llama de este modo porque sale por la nariz, y el velo del paladar se queda caído y pasa el aire por la boca.

Ejemplos: la letra “a” es sonora y oral; la letra “m” es sonora y nasal.

Posteriormente, el aire pasa a la cavidad bucal. El lugar en donde se produce el contacto o estrechamiento necesario para articular un sonido se llama “punto o lugar de articulación”. Según su punto de articulación, los sonidos se clasifican en: bilabiales, labiodentales, interdentales, linguodentales, linguovelares…

Modo de articulación

Para determinar y describir la naturaleza de un sonido cualquiera no basta con saber dónde se articula, sino que hay que tener también en cuenta cómo se produce esa articulación. Por consiguiente, se llama “modo de articulación” a la posición que adoptan los órganos articulatorios en cuanto a sus grados de abertura o cerrazón. La “cerrazón”, desde el punto de vista fonético, es aquella “cualidad que adquiere un sonido al cerrarse los órganos articuladores”.
Y con el término “cerrazón”, según el “Diccionario de términos filológicos”, de Lázaro Carreter, “se designa el concepto contrario al de abertura”.

Los órganos articulatorios de que hemos hablado pueden estar abiertos, medio cerrados o continuos y cerrados. Y, según este concepto, podemos dividir los sonidos articulados en:

– Oclusivos: Cuando se produce un cierre completo de los órganos articulatorios y se impide totalmente la salida del aire, el cual saldrá después de ese cierre momentáneo.

– Fricativos: Cuando el sonido se emite a través de un estrechamiento de los órganos articulatorios sin que éstos lleguen a juntarse, en cuyo caso el aire sale con dificultad y como rozando.

– Africados: Cuando al cierre completo de los órganos articulatorios sucede una pequeña abertura por donde se desliza el aire contenido en el primer momento del cierre, percibiéndose claramente las característica de la fricción: es una mezcla de los dos anteriores, pues empieza por oclusión y termina en fricación.

– Nasales: Cuando la cavidad bucal está cerrada y el pasaje nasal permanece abierto.

– Líquidos: A su vez se dividen en laterales, cuando el aire sale por un lado, o por ambos, de la cavidad bucal; y vibrantes, cuando la lengua realiza uno o varios movimientos rápidos que interrumpen alternativamente la salida del aire.

En consecuencia, y conforme a todo lo que hemos venido diciendo hasta aquí, podemos dividir definitivamente los sonidos según diversos y diferentes criterios, a saber:

– Por la acción de las cuerdas vocales: se dividen en sonidos articulados sonoros y sonidos articulados sordos.

A una consonante, normalmente sonora, que por asimilación pierde su sonoridad, se la denomina “ensordecida”; y cuando acaece lo contrario se dice que es una consonante “sonorizada”.

– Por la acción del velo del paladar: se dividen en orales y nasales.

– Por el modo de articulación: se dividen en oclusivas, fricativas, africadas…

– Por el lugar de articulación: se dividen en vocales y consonantes. Las vocales, a su vez, pueden ser anteriores, centrales y posteriores. Mientras que las consonantes pueden ser bilabiales, labiodentales, linguodentales o dentales, linguointerdentales o interdentales, linguoalveolares o alveolares, linguopalatales o palatales y linguovelares o velares.

Definición de una consonante

Para definir una consonante ha de tenerse en cuenta el modo de articulación, el lugar de articulación, la acción de las cuerdas vocales y la acción del velo del paladar. Por ejemplo, la /p/ de la palabra /pata/ es una consonante oclusiva, bilabial, sorda y oral.

Tiempo de la articulación

Se distinguen tres tiempos o momentos en la pronunciación de todo sonido articulado:

– intensión o implosión: en él los órganos realizan los movimientos necesarios para producir el sonido articulado.

– tensión: los órganos articulatorios mantienen su posición durante más o menos tiempo.

– distensión o explosión: principalmente los órganos vuelven a su posición habitual.

La tensión es el momento más característico del sonido. Durante la intensión y la distensión se realizan los enlaces con los sonidos contiguos en la palabra y en la frase.

En el acto del habla real es poco frecuente que los sonidos desarrollen por entero estos tres tiempos articulatorios. Lo normal es que, dentro de la sílaba, se supriman, abrevien, alarguen o modifiquen alguno de ellos, de tal manera que las denominaciones de implosión y explosión se aplican hoy casi exclusivamente a la sílaba.

En ocasiones, los hablantes dudan al emplear el infinitivo “deber” solo o en la forma “deber” más la preposición “de” (“deber+d”). En el primer caso expresa obligación; mientras que en el segundo caso indica duda o probabilidad. Por ejemplo, cuando decimos que “El avión debe llegar a las diez”, estamos expresando que el avión tiene que llegar, es obligatorio que llegue, a las diez. Mientras que si decimos que “El avión debe de llegar a las diez”, estamos indicando que es probable -que puede ser o que acaso suceda- que el avión llegue a las diez.

XVIII

“El lenguaje es un método exclusivamente humano, y no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de manera deliberada. Estos símbolos son ante todo auditivos, y son producidos por los llamados órganos del habla”.(E. Sapir).
 

Hasta ahora hemos descrito, de modo exhaustivo, el mecanismo de la articulación con todo lo que ello implica: órganos de fonación o del habla; tiempo, modo y lugar o punto de articulación; componentes acústicos del sonido…

Por consiguiente, de lo antedicho se sigue que todo lo tratado hasta aquí ha estado referido a los sonidos, esto es, pertenecería al campo de la Fonética; luego, ya contamos con suficientes datos para definir esta parte de la lingüística; y así, diremos que la Fonética se ocupa, particularmente, de los sonidos o, como dice Lázaro Carreter, la Fonética es una Rama de la Ciencia del Lenguaje que examina, desde un punto de vista físico o fisiológico, el aspecto material de los sonidos del lenguaje, independientemente de su función lingüística.

Por consiguiente, el alfabeto fonético, o la clasificación de los sonidos, surge a causa de la necesidad, por parte de los lingüistas, de estudiar las distintas maneras de pronunciar que tienen las personas cuando hablan; aunque existen muchos modos de pronunciar y, en definitiva, puede afirmarse que nunca hay dos sonidos exactamente iguales.

Luego, los sonidos no se realizan, no se emiten, de igual modo por todos los hablantes de una misma comunidad lingüística; por ello, la Fonética pretende describir con detalle esas diferentes maneras de pronunciar los distintos sonidos De ahí que adquiera gran importancia la producción de los sonidos, y también su interpretación, pues, durante el acto del habla, el emisor emite sonidos y el receptor, cuya función es escuchar, los percibe: “Ahora bien, la producción de los sonidos, así como su interpretación, están profundamente relacionadas con la actividad psíquica del ser humano y no debemos olvidar que si la laringe nos permite emitir sonidos, y que los elementos fundamentales constitutivos del sonido como el tono, timbre y la intensidad tienen su origen en ella y dependen de las diferentes posiciones de la lengua, labios, etcétera, dentro de la cavidad bucal, hablamos realmente con nuestro cerebro y la interpretación de los sonidos del lenguaje que llegan a nuestro oído depende también del cerebro”.

Así mismo, según dejó dicho el eminente gramático suizo Saussute, el signo lingüístico tiene dos caras, esto es, se compone de dos elementos: concepto o significado e imagen acústica o significante. Estos elementos, es decir, tanto el significado como el significante, se interrelacionan y requieren mutuamente. Por tanto, el signo lingüístico es la combinación del significado y del significante; ambos vocablos se usan con preferencia a los términos “concepto” e “imagen acústica”, ya que estos últimos pueden resultar ambiguos. Como ya hemos dicho, en anteriores páginas de la presente obra, el significante equivale a la expresión, mientras que el significado se corresponde con el contenido:

-concepto-significado-contenido.
-imagen acústica-significante-expresión.

En consecuencia, la Fonética se ocupa del análisis de los sonidos en el plano del habla, y su definición más técnica sería aquella que la considera como la parte de la lingüística que estudia la substancia de las formas del significante en el plano del habla.

El habla, desde la propia perspectiva lingüística, constituye, junto con la lengua, un factor del lenguaje. Recordemos, así mismo, que el lenguaje es la facultad humana de poder comunicarse mediante signos orales o escritos.

Tanto la lengua como el habla, por tanto, constituyen el lenguaje.

La lengua, como parte esencial del lenguaje, es el sistema de signos, el código, que una determinada comunidad de hablantes ha creado a fin de que sus componentes puedan ejercitar esa facultad humana del lenguaje. En este sentido, Lázaro Carreter dice de la lengua que es un sistema de signos que los hablantes aprenden y retienen en su memoria. Se trata de un código que conoce cada hablante-oyente para usarlo cuando lo necesita. Este código, conocido y respetado por cuantos hablan una lengua, permite cifrar y descifrar mensajes. Y así, se habla de “Lengua Española”, “Lengua Francesa”, “Lengua Inglesa”…

El habla está considerada como la realización concreta de la lengua. Cada hablante selecciona, al hablar, los signos que cree conveniente y respeta las reglas y normas que la lengua pone a su disposición de manera sistemática, los cuales extrae de su propio pensamiento o de su mente. El habla, pues, es un acto singular por el cual, en un momento dado, un hablante cifra un mensaje concreto, eligiendo en el código los signos y las reglas que necesita en aquel momento. En definitiva, concluiremos que el lenguaje, emanación plena del espíritu colectivo, se compone de la lengua y el habla.

Respecto al término lingüística, empleado con profusión en las páginas de la presente obra, hemos de señalar, en un primer acercamiento, que es la ciencia del lenguaje articulado. Por consiguiente, tanto la Fonética como la Fonología pertenecen al campo de la Lingüística; y ambas disciplinas, como ya quedó dicho, se ocupan del aspecto fónico del lenguaje.

También se ocupan del estudio del Lenguaje las siguientes disciplinas: Gramática, Etimología, Semántica, Semiología, Filología, Estilística, Historia de la Lengua, Filosofía del Lenguaje… La Gramática tiene por objeto el estudio de las formas y funciones de los signos lingüísticos, es decir, estudia el sistema o estructura de una lengua. La Gramática se compone, a su vez, y principalmente, de dos partes denominadas Morfología y Sintaxis. La Morfología, propiamente hablando, es el estudio de la forma de la palabra: se ocupa de las palabras en cuanto que constituyen parte del plano asociativo, y de los elementos de relación gramatical o morfemas. En ocasiones, se considera a la Lexicología -disciplina que, como ya hemos explicado en otras ocasiones, estudia el léxico o sistema de palabras que componen una lengua- dentro de la Morfología. Con respecto a la Sintaxis puede decirse lo mismo que de la Morfología aunque, de modo particular, aquélla estudia las relaciones que las palabras contraen en la frase, así como los nexos o uniones que se establecen entre oraciones y frases. No obstante, la frontera, por así decirlo, entre Morfología y Sintaxis no está perfectamente dilucidada, de ahí que se emplee con más frecuencia el término Morfosintaxis.

La Etimología es una disciplina lingüística que se ocupa de estudiar el origen, la significación y la forma de las palabras. A propósito de la Etimología dirá Saussure que, sobre todo, se encarga de la explicación de las palabras mediante la investigación de sus relaciones con otras palabras. Explicar quiere decir remitir a términos conocidos, y en lingüística “explicar una palabra es remitirla a otras palabras”, puesto que no hay relaciones necesarias entre el sonido y el sentido. La etimología no se contenta con explicar palabras aisladas sino que también hace, por así decirlo, la historia de las familias de palabras, lo mismo que hace la de los elementos formativos, prefijos, sufijos, etcétera.

De la Semántica ya hemos hablado exhaustivamente en anteriores páginas de la presente obra, por lo que sólo es necesario recordar que también pertenece a la Lingüística, y que se ocupa de la parte del signo lingüístico relativa al significado. Respecto a la Semiología, fue también Saussure quien, al hablar del sentido o el lugar de la Lengua en los hechos humanos, afirmó que era posible concebir una ciencia que estudiara la vida de los signos en el seno de la vida social; la cual formaría parte de la psicología social, y, por consiguiente, de la psicología general. A esta ciencia habría que denominarla Semiología -término que procede del griego semeion, que significa signo-, pues nos enseñaría en qué consisten los signos y qué leyes los rigen. La Filología estudia el lenguaje de forma distinta a como lo estudia la Lingüística: Ambas ciencias estudian el lenguaje, pero de distinto modo. La Filología lo estudia con vistas a la mejor comprensión o fijación de un texto; la Lingüística, en cambio, centra exclusivamente su interés en la lengua hablada o escrita, utilizando los textos, cuando existen y los precisa, sólo como modelo para conocerla mejor.

La Estilística también es otra disciplina que tiene como centro el estilo, la expresión o la forma de la obra literaria. Y así, existe una Estilística Lingüística y también una Estilística Literaria; la primera trata de precisar los diversos matices que una lengua pone al servicio de los hablantes para que expresen su estados afectivos, mientras que la segunda destaca como auxiliar de la crítica literaria propiamente dicha.

En cuanto a la Historia de la Lengua, hay que decir que, como su nombre indica, es una disciplina que se ocupa del estudio histórico o de la evolución de la lengua española a lo largo de los siglos.

La Filosofía del Lenguaje estudia el lenguaje atendiendo, sobre todo, a su función comunicativa. Según Ferrater Mora, es posible que una filosofía suficientemente amplia del lenguaje haya de tener en cuenta no solamente el lenguaje como función y comunicación, sino asimismo el lenguaje como función perceptiva, es decir, como conjunto de actos por medio de los cuales un organismo constituye su mundo como sistema de la realidad.

XIX

La Fonética tiene por objeto el análisis o estudio de los sonidos, y responde a preguntas relacionadas con el cómo y el dónde de la pronunciación o articulación del sonido: ¿cómo se pronuncia un sonido concreto en un contexto determinado?.
 

Ya quedó dicho que la Fonética tenía por objeto el análisis o estudio de los sonidos, y respondía a preguntas relacionadas con el cómo y el dónde de la pronunciación o articulación del sonido: ¿cómo se pronuncia un sonido concreto en un contexto determinado?

La Fonología, en cambio, “organiza los sonidos en sistema, valiéndose de sus caracteres articulatorios y de la distribución de estos sonidos en la cadena sonora del habla. Establece así unidades de sonido que reciben el nombre de fonemas. Los fonemas se caracterizan por su función significante, por su capacidad para diferenciar significaciones. Así ocurre, por ejemplo, con las unidades “r”, “rr” y “b” en “caro”, “carro” y “cabo”. Dentro del contexto “ca-o” podemos situar los fonemas “r”, “rr” y “b”… Pero si elegimos “b”, no existe libertad de opción entre las dos “b” de “rombo” y “robo”, porque el empleo de uno o de otro está determinado por el contorno. Son miembros de un fonema, pero no fonemas independientes”. (Real Academia Española, en “Esbozo de una nueva Gramática de la Lengua Española”).

La Fonología, por tanto, se ocupa del estudio de los fonemas, y, concretamente, trata del análisis del enunciado en fonemas, de la clasificación de esos fonemas y del examen de sus combinaciones para formar los significantes de la lengua. En consecuencia, se puede hablar de un alfabeto fonológico donde se representan las unidades abstractas con las que identificamos los sonidos en nuestra mente. Estas unidades abstractas constituyen un sonido ideal y se denominan fonemas; éstos constituyen, dentro de una lengua, un número fijo y cerrado, y son muy pocos. En español hay 24 fonemas: 5 vocálicos y 19 consonánticos. Los fonemas vocálicos o vocales pueden constituir sílabas por sí solos: “o-í-a”, “rí-o”, “le-o”…; mientras que los fonemas consonánticos necesitan acompañarse de los vocálicos para formar sílabas: “ron-da”, “fal-da”, “man-ta”, “ca-sa”…

Fonemas vocálicos:

1.- lal – Ejemplos: ala, pasa.
2.- lel – Ejemplos: eje, peste.
3.- lil – Ejemplos: vil, mili.
4.- lol – Ejemplos: polo, coro.
5.- lul – Ejemplos: tul, tururú.

Fonemas consonánticos. Se clasifican, a su vez, en oclusivos (6 fonemas), fricativos (5 fonemas), africados (1 fonema), nasales (3 fonemas), líquidos o laterales (2 fonemas), vibrantes simples (1 fonema) y vibrantes múltiples (1 fonema).

Oclusivos:

6.- Ipl – Ejemplos: pasa, tapa.
7.- Ibl – Ejemplos: baca, vaca.
8.- Itl – Ejemplos: total, coto.
9.- Idl – Ejemplos: dedo, duende.
10.-Ikl – Ejemplos: kafkiano, quiosco, casa.
11.-Igl – Ejemplos: guepardo, galgo.

Fricativos:

12.- Ifl – Ejemplos: fama, fe.
13.- IzI – Ejemplos: cine, zona.
14.- Isl Ejemplos: soso, sastre.
15.- Iyl Ejemplos: yaya, cayado.
16.- Ixl Ejemplos: jefe, gemelo.

Africados:

17.- IchI Ejemplos: ocho, chiste.

Nasales:

18.- Iml Ejemplos: mamá, lema.
19.- Inl Ejemplos: lana, anda.
20.- Iñl Ejemplos: leña, sueño.

Líquidos o laterales:

21 .- IlI – Ejemplos: pala, ala.
22.- IllI – Ejemplos: calle, valla, llave

Vibrantes simples:

23.- Irl Ejemplos: camarero, pera.

Vibrantes múltiples:

24.- Irrl Ejemplos: roca, perro, remo, alrededor.

Al abordar la definición del fonema, y explicar el alcance de este término, señalaremos, en un primer acercamiento, que no hay que confundir, ni identificar, el fonema con el sonido, puesto que ambos son distintos. El fonema InI, por ejemplo, presenta distintos sonidos según su punto de articulación ya que puede ser interdental, dental, alveolar, palatal y velar. Una cosa es, pues, el sonido que en cada caso pronunciamos, y otra el fonema, especie o tipo ideal de sonido al que aspiramos como hablantes. Todo idioma, como ya quedó dicho anteriormente, posee un número limitado de fonemas a los cuales se refieren los ilimitados sonidos que en la realidad, esto es, en el acto del habla, se pronuncian. Y así, los fonemas son elementos diferenciales que no tienen significación en sí mismos, y, en un determinado significante, distinguen un determinado significado de todos los demás.

Así mismo, los fonemas tienen distintas características:

– es diferenciador porque cada fonema se delimita dentro del sistema por las cualidades que lo distinguen de los demás y porque es portador de una intención significante diferencial.

Ejemplo: En las palabras “bata” y “pata” los sonidos son muy parecidos, sin embargo el significado es totalmente diferente. Pues bien, lo que confiere a esas palabras su carácter distintivo, su diferencia (“rasgo distintivo”, “pertinente” o “fonológico”), es que poseen dos fonemas distintos Ibl y Ipl.

Lo mismo sucede con las palabras “sol” y “sal”; ambas se diferencian porque poseen dos fonemas distintos: lol y lal.

– es indivisible, ya que no puede descomponerse en unidades menores, como ocurre con la sílaba o el grupo fónico.

Ejemplo: Una palabra como “paso” está formada por una serie de cuatro fonemas Ipl + lal + Isl + lol, y resulta imposible descomponer en más partes esta palabra por la sencilla razón de que los fonemas no se dividen.

– es abstracto, puesto que no se trata de un sonido sino de un modelo o tipo ideal de sonido. Cuando hablamos, no pronunciamos fonemas sino sonidos, y sonidos concretos: bilabiales, labiodentales, linguovelares, linguodentales, palatales…

Para aclarar aún más la diferencia entre sonido y fonema, pongamos un ejemplo:

Entre dos o más sonidos puede haber diferencias fonéticas sin valor fonológico. Tal ocurre, en el castellano, con la “o” de la palabra “sol” y de la palabra “cosa” . La primera es una vocal abierta {sol}, la segunda es una vocal cerrada {kósa}. En cambio, el hablante ignora el timbre distinto con que se pronuncia cada vocal porque, en castellano, ambas constituyen un mismo fonema, esto es, el fonema loI.

Sin embargo, en el catalán, por ejemplo, la “o” de la palabra “dona” (del verbo “donar”) y la “o” de la palabra “dona” (“mujer”) son muy distintas, y ello porque en catalán los sonidos {o} abierto y {o} cerrado son fonemas distintos, es decir, confieren un significado diferente a las palabras en que están situados.

Esto es importante tenerlo en cuenta a la hora de aprender nuevos idiomas. Los franceses, por ejemplo, que desconocen el fonema Ixl, al oír palabras españolas como “paja” tienden a interpretarla como /paka/, y ello no sucede por un defecto de audición sino por la ausencia en su sistema -en su lengua- de un fonema al cual referir el sonido que oye. Por esto, en el aprendizaje de lenguas vivas no se consigue reproducir con exactitud las articulaciones hasta que se ha formado la imagen mental de los fonemas nuevos.

Añadamos, finalmente, que cuando hablamos de sonidos no hay que olvidar que estamos situados en el plano del habla, es decir, en el plano de los fenómenos físicos y fisiológicos, mientras que cuando hablamos de fonemas estamos en el plano de la lengua que es algo abstracto, algo psíquico. De ahí que los sonidos no sean fonemas sino las distintas realizaciones que en el plano del habla puede tener un fonema.

Tampoco debemos confundir los términos, y los signos alfabéticos que los representan en la escritura. Los fonemas del español no son las 28 letras del alfabeto, aunque sí se le aproximan mucho. Llegados a este punto conviene aclarar que, oficialmente, el alfabeto español consta de 28 letras, y si se contempla también la “w” como letra, entonces tendría 29. No obstante, según la común opinión entre filólogos, lingüistas y académicos de la Lengua, es recomendable la homologación de los diccionarios de español conforme al uso internacional.

Alfabeto español actual

Letras:

1.- “A”, “a”: nombre “a”, en plural “as”.

2.- “B”, “b”: nombre “b”, en plural “bes”.

3.- “C”, “c”: nombre “ce”, en plural “ces”.

4.- “D”, “d”: nombre “de”, en plural “des”.

5.- “E”, “e”: nombre “e”, en plural “ees”.

6.- “F”, “f”: nombre “efe”, en plural “efes”.

7.- “G”, “g”: nombre “ge”, en plural “ges”.

8.- “H”, “h”: nombre “hache”, en plural “haches”.

9.- “I”, “i”: nombre “i”, en plural “íes”.

10.- “J”, “j”: nombre ” jota”, en plural “jotas”.

11.- “K”, “k”: nombre “ka”, en plural “kas”.
12.- “L”, “l”: nombre “ele”, en plural “eles”.

13.- “M”, “m”: nombre “eme”, en plural “emes”.

14.- “N”, “n”: nombre “ene”, en plural “emes”.

15.- “Ñ”, “ñ”: nombre “eñe”, en plural “eñes”.

16.- “O”, “o”: nombre “o”, en plural “oes”.

17.- “P”, “p”: nombre “p”, en plural “pes”.

18.- “Q”, “q”: nombre “cu”, en plural “cus”.

19.- “R”, “r”: nombre “erre”, en plural “erres”.

20.- “S”, “s”: nombre “ese”, en plural “eses”.

21.- “T”, “t”: nombre “te”, en plural “tes”.

22.- “U”, “u”: nombre “u”, en plural “úes”.

23 .- “V”, “v”: nombre “uve”, en plural “uves”.

24.- “W”, “w”: nombre “uve doble”.

25.- “X”, “x”: nombre “equis”, en plural “equis”.

26.- “Y”, “y”: nombre “y griega”.

27.- “Z”, “z”: nombre “zeta” (escrito también “ceta” o “zeda” (escrito también “ceda”), en plural “zetas” o “zedas”

Veamos, a continuación, una lista de palabras que constituyen otros tantos ejemplos de oposiciones fonológicas, y cuyo significado es diferente únicamente porque poseen un fonema distinto:

Ejemplos de oposición entre palabras que poseen los fonemas: /b/,/m/

“bota” y “mota” — “bar” y “mar”
“besa” y “mesa” — “lobo” y “lomo”
“bala” y “mala” — “bote” y “mote”
“binar” y “minar” — “daba” y “dama”

Ejemplos de oposición entre palabras que poseen los fonemas: /d/, /t/

“codo” y “coto” — “modo” y “moto”
“cada” y “cata” — “rada” y ”rata”
“tienda” y “tienta” — “condado” y “contado” “saldo” y “salto” — “boda” y “bota”
 

 

IDIOMA
XX

“Ciertamente, el idioma es un resumen de la experiencia humana. Detrás de él se halla la vida; y las gentes se pueden entender hablando por la sola razón de que tanto el que habla como el que escucha refieren sus palabras a una experiencia”. (Vladimir Zvegintsev. “El Correo de la Unesco”. Septiembre, 1965).
 

Los fonemas, en cuanto unidades mínimas de sonido, no se pueden dividir en otras unidades más pequeñas. Por ello, cuando las lenguas abandonaron, y prescindieron, de los signos silábicos sustituyéndolos por los alfabéticos, lo que pretendieron fue reproducir los fonemas, esto es, representar cada fonema por una única letra. Mas, la evolución lingüística y las diferencias dialectales hacen desaparecer fonemas y crean otros nuevos, sin que la ortografía refleje tales cambios. Así tenemos, por ejemplo, que, en español, la “h” es, por decirlo de algún modo, una letra ociosa, ya que no se pronuncia ni, en consecuencia, tiene sonido alguno; la “v” no es un fonema distinto de la “b”, es decir, ambas letras representan el mismo sonido, aunque todavía algunos hablantes vacilen y las pronuncien de distinta manera; la “c”, “k”, y “q” son distintas grafías que corresponden al mismo fonema; etcétera.

Entonces, ¿cómo distinguir los fonemas? A esta pregunta responden los estudiosos de la Fonología diciendo que se distinguen por oposición o contraste, esto es, porque las palabras no significan lo mismo cuando se sustituye un fonema por otro- Compárense, por ejemplo, las palabras gota/cota, base/pase, cómo oponen entre sí los fonemas g/c y b/p, respectivamente.

Ahora bien, conviene recordar que cada fonema es un conjunto de cualidades acústicas y fisiológicas, es decir, cada fonema tiene un punto y un modo de articulación, es sonoro o sordo, oral o nasal… Entre este conjunto de cualidades importa determinar cuál de ellos tiene carácter diferencial para crear oposiciones o contrastes dentro del sistema fonológico.

En términos generales puede decirse que la oposición entre dos fonemas puede ser:

– correlativa: cuando son afines entre sí. Ejemplos:

/p/, fonema consonante bilabial, oclusivo, oral y sordo./b/, fonema consonante bilabial, oclusivo, oral y sonoro.

A estos dos fonemas lo que les confiere el carácter distintivo es el ser sonoro o sordo. A lo que le da carácter diferencial a un fonema se le llama rasgo pertinente, y a lo que no le confiere ese carácter se le denomina rasgo no pertinente.

Los dos fonemas propuestos tienen cuatro rasgos característicos: tres no pertinentes y uno pertinente.

– disyuntiva: cuando no son afines entre sí.

Ejemplos: /b/, fonema consonante bilabial, oclusivo, oral y sonoro./k/, fonema consonante linguovelar, oclusivo, oral y sordo.

En definitiva, entre dos fonemas se establece una oposición correlativa cuando se distinguen solamente por un rasgo pertinente que es el que le da su valor diferencial. Y se dice que la oposición es disyuntiva cuando dos fonemas se distingue por más de un rasgo pertinente.

-Neutralización: cuando dos fonemas, en ciertas posiciones, pierden su rasgo distintivo o pertinente se dice que se “neutralizan”. Así, por ejemplo, el fonema /n/ en la palabra “gran” toma distintas realizaciones según la letra inicial de la palabra siguiente:

– como {m} en “gran poeta”
– como {n} en “gran torero”
– como {ñ} en “gran charco”

Como vemos en este ejemplo, la /n/ pierde su rasgo pertinente a causa de su situación; y cuando esto sucede, es decir, cuando dos o más fonemas se neutralizan, se pueden sustituir por dos o más fonemas que tengan como característica principal el rasgo común a ambos; este fonema resultante se conoce con el nombre de archifonema, y se le suele representar por una letra mayúscula. Si el fonema se define como la suma de los rasgos pertinentes, el archifonema es el conjunto de rasgos pertinentes comunes a dos o más fonemas que son lo único que lo presentan todos.

Un fonema puede tener diferentes realizaciones fonéticas según las modificaciones que sufra por la acción de los sonidos que lo rodean, entonces puede variar su lugar de articulación sin que por ello cambie el valor significativo de la palabra. Estos sonidos nuevos que resultan se denominan alófonos o variantes combinatorias.

Las vocales

Las vocales son fonemas sonoros y abiertos que se distinguen entre sí por un timbre característico. El carácter de sonido abierto es lo que más caracteriza a las vocales y las distingue de las consonantes. Estas, como ya ha quedado dicho en otras ocasiones, establecen un obstáculo al paso del aire, mientras que las vocales se caracterizan por la ausencia de obstáculos.

Los órganos situados entre la glotis y la salida exterior del aire son los decisivos en la constitución del sonido de las vocales.

Si el velo del paladar se separa de la cara posterior de la laringe se obtienen sonidos nasales, y si permanece unido orales.

El movimiento de los labios es determinativo también en el sonido de las vocales, aunque lo más importante es la lengua. Según la posición de la lengua tendremos un criterio de división de las vocales en:

– anteriores: la parte anterior de la lengua se eleva hacia la región prepalatal (“e”, “i”).

– central: la lengua adopta una posición relativamente plana, sin inclinación alguna hacia adelante o hacia atrás (ejemplo: “a”).

– posterior: la lengua se retrae hacia el interior de la boca (ejemplos: “o”, “u”).

Las vocales anteriores corresponden a las vocales agudas, mientras que las posteriores equivalen a las vocales graves.

Así mismo, cuando se necesita subir o aproximar la lengua lo más posible hasta el paladar duro o bien al paladar blando, para pronunciarlas, las vocales también se denominan entonces “altas”, “vocales de pequeña abertura”, “vocales cerradas” y “vocales extremas” (ejemplos: “i”, “u”); y si la lengua se sube un poco menos al pronunciarlas, esto es, se separa más de la bóveda de la cavidad bucal, entonces se llaman “vocales de abertura media” o “vocales medias” (ejemplos: “e”, “o”); por último, si la lengua permanece casi recta, separándose aún más de la bóveda palatal, nos hallamos ante las vocales denominadas de “gran abertura”, “vocales abiertas” o “vocales bajas” (ejemplo: “a”).

Veamos, a continuación, algunas palabras que constituyen otros tantos ejemplos de oposiciones fonológicas, y cuyo significado es distinto sólo porque poseen un fonema diferente:

Ejemplos de oposición entre palabras que contienen los fonemas: /p/, /b/

“par” y “bar” – “pala” y “bala”
“polo” y “bolo” -“poda” y “boda”
“lapa” y “lava” – “sopa” y “soba”
“capa” y “cava”- “trapa” y “traba”
“pana” y “vana”- “pompa” y “bomba”

Ejemplos de oposición entre palabras que contienen los fonemas: /t/ /d/

“tapa” y “data”- “pota” y “poda”
“toma” y “doma” – “soltar” y “soldar”
“veta” y “veda”- “rotar” y “rodar”
“sota” y “soda” – “contado” y “condado” “mota” y “moda”- “moto” y “modo” “cata” y “cada”- “altea” y “aldea”

XXI

“Desde el momento en que las palabras se conciben en la mente, están situadas ya en el tiempo de la vida, en el tiempo del presente y la posibilidad, en el tiempo de las semillas. En este nivel de la temporalidad siempre hay que hacer algo con ellas, aunque sea moverlas en el discurso interior, o comunicarlas o discutirlas con otro”. (Emilio LLedó. “El surco del tiempo”).
 

La unidad inmediatamente superior al fonema es la sílaba; de donde se sigue que la sílaba está compuesta de fonemas o, dicho de otro modo, que puede dividirse en unidades más pequeñas. Una característica propia de los fonemas es que no pueden dividirse en unidades más pequeñas. Sin embargo, en realidad, los fonemas no se dan de forma aislada sino que se hallan agrupados en unidades superiores, es decir, en sílabas. Luego, las sílabas pueden estar integradas por uno o varios fonemas. Por ejemplo, en la palabra “elaboras” vemos que hay cuatro sílabas: “e-la-bo-ras”. La primera de ellas está constituida por un solo fonema, /le/; la segunda por dos, /l/ + /a/; la tercera también tiene dos fonemas, /b/ + /o/; y la cuarta se compone de tres fonemas, /r/ + /a/ + /s/.

También, en el ejemplo propuesto observamos que la base de cada sílaba es una vocal; por tanto, podemos afirmar que, en español, no hay sílabas que puedan constituirse sin vocales, es decir, las sílabas siempre tienen que llevar como mínimo una vocal. En cambio, no sucede lo mismo con las consonantes, ya que pueden constituirse sílabas sin consonante alguna; un ejemplo de ello es la primera sílaba de la palabra propuesta anteriormente, esto es, la sílaba representada por el fonema /e/ de la palabra “elaboras”.

Así mismo, si reparamos, por ejemplo, en el vocablo monosílabo “sol”, observamos que el primer sonido de la sílaba se inicia con la consonante “s”, lo cual constituye la denominada fase inicial de la sílaba; la vocal “o”, por su parte, forma el núcleo de la sílaba, y es la que confiere todo el valor fisiológico y las cualidades acústicas, en su grado máximo, a la sílaba: es la fase central y culminante de la sílaba; finalmente, tenemos la consonante “l” que viene a ser la llamada “fase final” de la sílaba. Por tanto, el esquema general de la sílaba estaría compuesto por las siguientes fases: fase inicial, núcleo o fase central y fase final.

La fase inicial y la fase final se denominan también márgenes silábicos: la fase inicial es el margen silábico prenuclear, mientras que la fase final constituye el margen silábico pos nuclear.

La fase central o culminante es el núcleo de la sílaba. Por ejemplo, si analizamos la palabra monosílaba “cal” tenemos que la consonante “c”, por encontrarse antes del núcleo, es la fase inicial o margen silábico prenuclear; y que la consonante “l”, por estar después del núcleo, constituye la fase final o margen silábico posnuclear; mientras que, finalmente, la vocal “a” conforma el núcleo de la sílaba, y se caracteriza porque: es el sonido más abierto, el de mayor intensidad, el más perceptible, el que cuenta con mayor tensión articulatoria y el de mayor grado de sonoridad.

La primera consecuencia directa de todo lo antedicho nos conduce a un mejor y más exhaustivo conocimiento de los grupos vocálicos, es decir, de los diptongos y los triptongos.

Los diptongos

Llamamos diptongo a la reunión de dos vocales, una cerrada y otra abierta, que forman una sola sílaba.

La vocal más abierta representaría el punto vocálico de la sílaba; la más cerrada se sitúa en la tensión o en la distensión. Por consiguiente, la vocal abierta es la que constituye el “núcleo” silábico, mientras que la vocal cerrada formará parte del “margen” silábico.

En español, las vocales extremas, “i”, “u”, se llaman débiles porque al formar diptongo con “a”, “e”, “o”, fuertes, éstas constituyen el núcleo silábico y aquellas quedan en posición inicial (tensión) o final (distensión). En estas condiciones, “i”, “u”, se abrevian, al mismo tiempo que estrechan su articulación hasta el punto de perder en parte su naturaleza vocálica y convertirse en “semiconsonantes” y “semivocales”.

Los diptongos pueden ser crecientes y decrecientes

Diptongos crecientes: son aquellos que van de una máxima oscuridad, por así decirlo, a una máxima abertura, en cuyo caso la vocal que forma el núcleo silábico se encuentra situada en posición secundaria y, además, los órganos que intervienen en la articulación, especialmente la lengua, se mueven y se desplazan desde una posición cerrada a una abierta; la representación gráfica del diptongo creciente podría ser similar al signo matemático <, que significa “menor que”. En español hay ocho diptongos crecientes: cuatro formados por la semiconsonante “i” más vocal (i +vocal), y cuatro formados por la semiconsonante “u” más vocal (u+vocal).

Ejemplos de diptongos crecientes formados por la letra “i”que actúa como semiconsonante más las vocales “a”, “e”, “o”, “u”:

el grupo “i+a”, “ia”, está presente en las siguientes palabras:

” recia”, “paria”, ” lacia”, “variado”, “mediana” , “licencia”, “reverencia”, “pendencia, “pelviana”, “diadema”, “diario”, “diatriba”, “desidia”, “dial “, “evidencia”, “rancia”…

el grupo “i+e”, “ie”, forma parte de las siguientes palabras:

“abierta”, “tiempo “, “cierto”, “caliente”, “ambiente”, “bien”, “cielo”, “dieta”, “diez “, “siete”, “diestro”, “diesel “, “pierde”, “entiende”, “diente “, “siente”, “despiece “, “paciente”, “biela”, “bienal”, “nieve”, “oriente”, “siega”, “tierno”, “tienda”, “tierra”…el grupo “i+o”, “io”, está presente en las siguientes palabras:
“radio”, “labio”, “lacio”, “rancio”, “malicioso”, “mioma”, “orificio”, “piojo”, “pionero”, “precio”, “predio”, “pecio”, “serio”, “sensacional”, “prioritario”, “sionista”, “tiovivo”, “voltio”, “quelonio”, “precioso” “recio”… el grupo “i+u”, “iu”, forma parte de las siguientes palabras: “ciudad”, “triunfo”, triunvirato, “diurno”, “viudo”, “ciudad”, “biunívoco”, “diurético”, “miura”… Ejemplos de diptongos crecientes formados por la letra “u” que actúa como semiconsonante más las vocales “a”, “e”, “i”, “o”: el grupo “u+a”, “ua”, está presente en las siguientes palabras:

“agua”, ” rangua”, “guante”, “guardar”, “cuarto”, “cuatro”, “guardabosques”, “guardapolvo”, “guapo”, “evacuar”,” jaguar”, “escuadra”, “encuadrar”, ” restaurar”, “recua”…

el grupo “u+e” “ue” forma parte de las siguientes palabras:

“escuela”, “huelga”, “estruendo” ,”fuerza”, “hueco”, “fuente”, “mueble” ,”fuera” ,”cuello”, “cuervo”, “cuerda”, “huerta”, “huevo”, “puerto”, “muela”, “rueda”, “puente”, “rueca” ,”cruel”, “fuero”, “duelo”, “dueño”, “repuesto” “cuento”, “sabueso”, “minuendo”…

el grupo “u+i” “ui”, está contenido en las siguientes palabras:

“construido”, “distribuido”, “ruina”, “fui”, ” juicio”, “ruido”, “cuidar”, “druida”, “circuito”, “luisa”, “ruin”…

el grupo “u+o” “uo”, forma parte de las siguientes palabras: “antiguo” ,”duodeno”, “cuota” ,”defectuoso”, “sinuoso”, “acuoso”, “respetuoso”…

diptongos decrecientes: son aquellos que van de la máxima abertura a la máxima oscuridad; en ellos, la vocal que forma el núcleo silábico está situada en primera posición y los órganos articulatorios se desplazan de una posición abierta a una cerrada; la representación gráfica de los diptongos decrecientes podría ser similar al signo matemático >, que significa “mayor que”. En español conocemos seis diptongos decrecientes: tres formados por una vocal más la letra “i” (vocal + “i”), y otros tres constituidos por una vocal más la letra “u” (vocal + “u”).

Ejemplos de diptongos decrecientes formados por las vocales “a”, “e”, “o” más la letra “i”, cuando ésta actúa como semivocal:

el grupo “a+i”, “ai”, forma parte de las siguientes palabras: “aíre “, “baile “, “caiga”, “aislar”, “paisaje”…

el grupo “e+i”, “ei”, está contenido en las siguientes palabras: “peine”, “treinta”, “reina”…

el grupo “o+i”, “oi” está presente en las siguientes palabras: “boina”, “hoy”, “moisés”, “zoilo”, “mesozoico”…

Ejemplos de diptongos decrecientes formados por las vocales “a”, “e”, “o” más la letra “u”, cuando ésta actúa como semivocal:

el grupo “a+u”, “au”, forma parte de las siguientes palabras: “aula”, “aura”, “auricular”, “raudo”, “causa”, “caudal”, “paulatino”, “automóvil”, “maula”, “fausto”…

el grupo “e+u” “eu” se encuentra en las palabras siguientes: “deuda”, “feudal”…

el grupo “o+u” “ou” está presente en las siguientes palabras: “bournonita”, “bous”…

XXII

El lenguaje evoluciona a la par que la propia comunidad de hablantes que lo utiliza para comunicarse; de ahí que, a lo largo de los tiempos, los lingüistas se hayan esforzado en afirmar que el acto del habla incide sobre el propio contexto donde se produce. En consecuencia, y definitivamente, el lenguaje no es una obra acabada o conclusa sino que evoluciona, cambia y se transforma del mismo modo que lo hacen las sociedades humanas.
 
 

Ya quedó dicho que la sílaba era la unidad inmediatamente superior al fonema, y que el análisis exhaustivo de la sílaba nos conducía al conocimiento detallado de los diptongos, hiatos y triptongos.

La estructura de la comunicación es compleja y dinámica, y el acto del habla se realiza, en ocasiones, de un modo tan automático que los hablantes apenas reparan en ello; y, en definitiva, aunque antes de comunicar un mensaje es preceptivo que el emisor seleccione las palabras que considere más adecuadas para así transmitir con nitidez un contenido concreto en un determinado contexto, sin embargo, no por ello, los protagonistas de las palabras tienen necesidad de conocer, antes de emitir un mensaje, cada uno de los sonidos que van a utilizar _pues ya quedó dicho con anterioridad que una de las bases sustentadoras del lenguaje es el fonema, esto es, la representación de un sonido_ ni tampoco necesitan saber si los sonidos que van a manejar son abiertos, cerrados, nasales, orales…; antes bien, y como es obvio, son los estudiosos del lenguaje quienes se ocupan de conocer a fondo, es decir, exhaustivamente, todos los entresijos de esta maravilla que constituye la común herramienta de las sociedades humanas, las cuales se transforman, así, en comunidades de hablantes. El lenguaje bulle, se mueve, vibra y fluctúa con el uso dentro de las comunidades de hablantes; el lenguaje, con todas sus implicaciones, es dinámico y vivo; las palabras contienen dentro de sí todo el sentimiento y la pena que una persona es capaz de comunicar; por medio de las palabras también se expresa la alegría y el buen ánimo; las palabras lo son todo para los hablantes, de ahí que conocer el sentido de las palabras, su valor, sea un deber inherente a toda persona que, en cuanto hablante, debe comunicarse con sus semejantes dentro de un contexto concreto formado por otros hablantes de su misma lengua.

Los lingüistas tienen como objetivo estudiar la estructura de la lengua con todas sus implicaciones y, al propio tiempo, deben comunicar sus conclusiones, descubrimientos e investigaciones a toda la comunidad de hablantes y, cuando esto ocurre, nos hallamos ante la ciencia del lenguaje; sucede, entonces, que el lenguaje se ocupa del lenguaje mismo, esto es, nos hallamos ante una de las funciones del lenguaje denominada metalenguaje, es decir, uno de los fines que debe cumplir el lenguaje debe ser el de hablar sobre el lenguaje mismo. Y así, desde este punto de vista, cuando nos ocupamos de un tema concreto, por ejemplo, cuando explicamos el mecanismo normativo de los diptongos, hiatos y triptongos del idioma español, estamos haciendo uso, en cierto modo, de esa función metalingüística del lenguaje.

Y cuando un lingüista concreto, un estudioso del lenguaje, enuncia sus hallazgos sobre el lenguaje está, también, haciendo uso de esa función denominada metalenguaje. Un claro ejemplo de todo cuanto decimos lo constituyen las conclusiones del célebre y notorio lingüista Sapir quien, en su conocida y famosa obra titulada, precisamente, “El Lenguaje”, manifiesta lo siguiente: “Entre los hechos generales relativos al lenguaje, no hay uno que nos impresione tanto como su universalidad. Podrá haber discusiones en cuanto a las actividades que se realizan en una tribu determinada son merecedoras del nombre de religión o de arte, pero no tenemos noticias de un sólo pueblo que carezca de lenguaje bien desarrollado. El más atrasado de los bosquimanos de Sudáfrica se expresa en las formas de un rico sistema simbólico que, en lo esencial, se puede comparar perfectamente con el habla de un francés culto”.

Hiatos

Podemos decir, en un primer acercamiento, que el hiato consiste en la destrucción de un diptongo por medio de un acento ortográfico o tilde. Por tanto, hiatos y diptongos guardan una estrecha relación. Y así, ya hemos definido el diptongo como la reunión de dos vocales, una cerrada y otra abierta, que forman una sola sílaba: como ya sabemos, en la lengua española, y desde el punto de vista ortográfico, hay diptongo cuando, no importa en qué orden, las dos vocales cerradas (“i “, “u”) concurren en la misma sílaba o se juntan indistintamente con cualquier otra vocal.

En el hiato también concurren dos vocales, una de ellas cerrada y la otra abierta, una abierta y otra cerrada o las dos abiertas, pero, sin embargo, no forman una única sílaba, es decir, pertenecen a sílabas distintas. Es por esto por lo que se dice del hiato que es la destrucción de un diptongo.

Hiatos formados por la concurrencia de una vocal cerrada y otra abierta

“ia”, “ie”, “io”, “ua”, “ue”, “uo”.

Ejemplos de palabras que cuentan con un hiato formado por la concurrencia de una vocal cerrada y otra abierta: “día”, “piano”, “arpía”; “bienio”, “diedro”, “ríe”; “tío”, “lío”, “río”; “sitúa”, “rúa”, “púa”; “actúe”, “acentúe”, “desvirtúe”; dúo, “sitúo”, “actúo”.

La palabra “día”, con un hiato en “ia”, tiene dos sílabas:
“dí-a”.
La palabra “piano”, con un hiato en “ia”, tiene tres sílabas:
“pi-a-no”.
La palabra “arpía”, con un hiato en “ia”, tiene tres sílabas:”ar-pí-a”.
La palabra “bienio”, con un hiato en “ie”, tiene tres sílabas: “bi-enio”.
La palabra “diedro”, con un hiato en “ie”, tiene tres sílabas: “di-e-dro”.
La palabra “ríe”, con un hiato en “ie”, tiene dos sílabas: “rí-e”.
La palabra “tío”, con un hiato en “io”, tiene dos sílabas: “tí-o”.
La palabra “lío”, con un hiato en “io”, tiene dos sílabas: “lí-o”.
La palabra “río”, con un hiato en “io”, tiene dos sílabas: “rí-o”.
La palabra “sitúa”, con un hiato en “ua”, tiene tres sílabas: “si-tú-a”. La palabra “rúa”, con un hiato en “ua”, tiene dos sílabas: “rú-a”.
La palabra “púa”, con un hiato ; en “ua”, tiene dos sílabas: “pú-a”.
La palabra “actúe”, con un hiato en “ue”, tiene tres sílabas: “ac-tú-e”.
La palabra “acentúe”, con un hiato en “ue”, tiene cuatro sílabas: “a-cen-tú-e”.
La palabra “desvirtúe”, con un hiato en “ue”, tiene cuatro sílabas: “des-vir-tú-e”.
La palabra “dúo”, con un hiato en “uo”, tiene dos sílabas: “dú-o”.
La palabra “sitúo”, con un hiato en “uo”, tiene tres sílabas: “si-tú-o”.
La palabra “actúo”, con un hiato en “uo”, tiene tres sílabas: “ac-tú-o”.

Hiatos formados por la concurrencia de una vocal abierta y otra cerrada

“ai”, “au”, “ei”, “eu”, “oi”.

Ejemplos de palabras que cuentan con un hiato formado por la concurrencia de una vocal abierta y otra cerrada: “país”, “maíz”, “caída”; “baúl”, “laúd”, “saúco”; “reír”, “leísmo”, “seísmo”; “reúma”, “transeúnte”, “reúno”; “oír”, “loísmo”, “roído”.

La palabra “país”, con un hiato en “ai”, tiene dos sílabas:”pa-ís”.
La palabra “maíz”, con un hiato en “ai”, tiene dos sílabas: “ma-íz”.
La palabra “caída”, con un hiato en “ai”, tiene tres sílabas: “ca-í-da”.
La palabra “baúl”, con un hiato en “au”, tiene dos sílabas:”ba-úl”.
La palabra “laúd”, con un hiato en “au”, tiene dos sílabas: “la-úd”.
La palabra “saúco”, con un hiato en “au”, tiene tres sílabas: “sa-ú-co”.
La palabra “reír”, con un hiato en “ei”, tiene dos sílabas: “re-ír”.
La palabra “leísmo”, con un hiato en “ei”, tiene tres sílabas: “le-ís-mo”.
La palabra “seísmo”, con un hiato en “ei”, tiene tres sílabas: “se-ís-mo”.
La palabra “reúma”, con un hiato en “eu”, tiene tres sílabas: “re-ú-ma”.
La palabra “transeúnte”, con un hiato en “eu”, tiene cuatro sílabas: “tran-se-ún-te”.
La palabra “reúno”, con un hiato en “eu”, tiene tres sílabas: “re-ú-no”.
La palabra “oír”, con un hiato en “oi”, tiene dos sílabas: “o-ír”.
La palabra “loísmo”, con un hiato en “oi”, tiene tres sílabas: “lo-ís-mo”.
La palabra “roído”, con un hiato en “oi”, tiene tres sílabas: “ro-í-do”.

Hiatos formados por la concurrencia de dos vocales abiertas

“ao”, “oa”, “ae”, “ea”, “oe”, “eo”.

Ejemplos de palabras que cuentan con un hiato formado por la concurrencia de dos vocales abiertas: “caoba”, “caótico”, “caos”; “boato”, “coágulo”, “toalla”; “paella”, “caer”, “maestro”; “real”, “beato”, “lea”; “poeta”, “soez”, “coercitivo”; “aseo”, “rubéola”, “rodeo”.

La palabra “caoba”, con un hiato en “ao”, tiene tres sílabas “ca-o-ba”.
La palabra “caótico”, con un hiato en “ao”, tiene cuatro sílabas: “ca-ó-ti-co”.
La palabra “caos”, con un hiato en “ao”, tiene dos sílabas: “ca-os”.
La palabra “boato”, con un hiato en “oa”, tiene tres sílabas: “bo-a-to”.
La palabra “coágulo”. con un hiato en “oa”, tiene cuatro sílabas: “co-á-gu-lo”.
La palabra “toalla” con un hiato en “oa”, tiene tres sílabas: “to-a-lla”.
La palabra “paella”, con un hiato en “ae”, tiene tres sílabas: “pa-e-lla”.
La palabra “caer”, con un hiato en “ae”, tiene dos sílabas: “ca-er”.
La palabra “maestro”, con un hiato en “ae”, tiene tres sílabas: “ma-es-tro”.
La palabra “real”, con un hiato en “ea”, tiene dos sílabas: re-al.
La palabra “beato”, con un hiato en “ea”, tiene tres sílabas: “be-a-to”.
La palabra “lea”, con un hiato en “ea”, tiene dos sílabas: “le-a”.
La palabra “poeta”, con un hiato en “oe”, tiene tres sílabas: “po-e-ta”.
La palabra “soez”, con un hiato en “oe”, tiene dos sílabas: “so-ez”.
La palabra “coercitivo”, con un hiato en “oe”, tiene cinco sílabas: “co-er-ci-ti vo”.
La palabra “aseo”, con un hiato en “eo”, tiene tres sílabas: “a-se-o”.
La palabra “rubéola”, con un hiato en “eo”, tiene cuatro sílabas: “ru-bé-o-la”.
La palabra “rodeo”, con un hiato en “eo”, tiene tres sílabas: “ro-de-o”.

Triptongo

En cuanto a los triptongos, hemos de decir que llamamos triptongo a la reunión de tres vocales que concurren en una misma sílaba.

Y más concretamente, en un triptongo se reúnen dos vocales débiles y una fuerte.

El núcleo silábico de los triptongos siempre lo forma la vocal más abierta que, como es obvio, posee también la mayor intensidad o energía articulatoria.

En español, hay triptongo, por ejemplo, en las siguientes palabras: “despreciáis”, “buey”, “averigüáis”…

Y cuando una palabra tiene por sílaba tónica un triptongo, la tilde debe escribirse sobre la vocal más abierta o más fuerte.

XXIII

Además de otras muchas diferencias, las vocales y las consonantes se distinguen por que en las primeras hay menos ruidos que en las segundas o, mejor dicho, las vocales tienen menos variedad de ruidos que las consonantes. Sin embargo, tanto en las vocales como en las consonantes hay ondas periódicas y no periódicas, aunque en las vocales las ondas son más puras, con menos ruidos.
 

La importancia de las letras o grafemas, de los sonidos, de los fonemas, de las sílabas, de las palabras y, en definitiva, de todas las unidades y componentes del lenguaje, es tan extraordinaria que los más prestigiosos lingüistas de todos los tiempos han dedicado lo mejor de su tiempo a ese tema tan universal; de ahí que el lenguaje se haya comparado a un edificio construido, por así decirlo, con materiales nobles. En este sentido, el prestigioso lingüista Sapir dice lo siguiente:”Si el lenguaje es un edificio, y si los elementos significantes del lenguaje son ladrillos de que está hecho el edificio, entonces los sonidos del habla no pueden compararse sino con el barro, todavía sin modelar y sin cocer, con el cual se fabrican los ladrillos. Los verdaderos elementos del lenguaje, los elementos significantes, son por lo general series de sonidos que constituyen palabras, o partes significantes de palabras, o bien grupos de palabras. Lo que distingue entre sí a estos elementos es que cada uno de ellos resulta el signo externo de una idea determinada, ya sea un concepto único (o una imagen única), ya cierto número de conceptos (o de imágenes) claramente conectadas y que forman un todo”.

Diversidad de sonidos

En un primer acercamiento, atendiendo a la diversidad de sus sonidos, y partiendo del criterio basado en el modo de articulación, las consonantes se dividen en varios grupos, a saber: oclusivas, fricativas, africadas, nasales y líquidas.

Las oclusivas reciben este nombre porque, al pronunciarlas, el aire sale, tras un cierre momentáneo, de los órganos articulatorios.

Las fricativas se denominan así porque, para decirlo de un modo simple, al pronunciarlas el aire sale con dificultad, como rozando.

Las africadas empiezan realizándose como oclusivas y terminan siendo fricativas, por lo que son una mezcla de oclusión y fricación.

Las nasales reciben este nombre porque, al pronunciarlas, el aire sale por la nariz.

A las líquidas se las denomina así porque en su realización se pronuncian como si fueran una mezcla de sonido consonántico y vocálico.

En español, el grupo de las consonantes oclusivas se subdivide, atendiendo al lugar de articulación, en tres apartados: bilabiales, dentales y velares. Y, según su sonoridad, se clasifican en sonoros y sordos.

Los fonemas oclusivos españoles son seis, y se enumeran del siguiente modo:

1°. Bilabial sordo, que se representa como sigue: |pl

2°. Bilabial sonoro, escrito como sigue: Ibl

3°. Dental sordo, que se escribe como sigue: Itl

4°. Dental sonoro, escrito como sigue: Idl

5°. Velar sonoro, escrito como sigue: Igl

5°. Velar sordo, escrito como sigue: IkI

Oclusivo bilabial sordo

El fonema Ipl se representa fonéticamente por {p}, y en la ortografía responde siempre al grafema o letra “p”.

Por el lugar de articulación, el fonema Ipl es bilabial, ya que al pronunciarlo intervienen de manera notable los dos labios que, al ponerse en contacto, impiden que salga el aire durante unos instantes.

Así mismo, como durante la pronunciación de la consonante “p” no vibran las cuerdas
vocales, se trata de un fonema sordo.

Ejemplos: /papel/; se pronuncia {papél}; y se escribe papel.

|papada|; pronunciación { papáda}; escrito “papada”.
|pipa|; se pronuncia {pípa]; y se escribe “pipa”.
|pez|; se pronuncia {pez}; y se escribe “pez”.

En consecuencia, la consonante “p” se define como el fonema Ipl, oclusivo, bilabial y sordo.

Oclusivo bilabial sonoro

El fonema Ibl equivale al sonido {b}, y en la ortografía se representa indistintamente por los grafemas “b” o “v”. Se articula así cuando va después de una pausa o tras una de las consonantes nasales “m” o “n”.

Aunque en español no existe el sonido {v}, en ocasiones o en determinadas zonas geográficas, algunos hablantes pronuncian la “v” de forma distinta a la “b”, incurriendo en el vicio conocido por el nombre de “ultracorrección”. Lázaro Carreter, en su cualificado “Diccionario de términos filológicos”, recoge el término “ultracorrección” y dice lo siguiente: Fenómeno que se produce cuando el hablante interpreta una forma correcta del lenguaje como incorrecta y la restituye a la forma que él cree normal. El hablante yeísta, p. ej., tiene conciencia de su confusión de “ll” e “y”, y al escribir o hablar con cuidado introduce erróneamente el fonema “ll” en palabras que deberían llevar el fonema “y”: “aller” “ayer”, “rellerta” “reyerta”.

Durante la pronunciación de la consonante “b” sí vibran las cuerdas vocales, luego se trata de un fonema sonoro.

Ejemplos:

|baba|; se pronuncia y suena {bába}; se escribe “baba”.

|baca|; se pronuncia y suena {báka}; se escribe “baca” y también “vaca” (referido al animal del mismo nombre).

|tubo|; se pronuncia y suena {túbo}; se escribe “tubo” y también “tuvo” (del verbo “tener”).

|béla|; se pronuncia y suena {béla}; se escribe “vela”. En consecuencia, la consonante “b” se define como el fonema Ibl, oclusivo, bilabial y sonoro.

Oclusivo dental sordo

Equivale al fonema Itl, cuya realización fonética es {t}; y en la ortografía se representa por la letra “t”. Al pronunciar la consonante “t” no vibran las cuerdas vocales, luego se trata de un fonema sordo. Ejemplos: |pato|; se pronuncia y suena {páto}; se escribe “pato”.

|tetera|; se pronuncia y suena {tetéra}; se escribe “tetera”.

|patata|; se pronuncia y suena {patáta}; se escribe “patata”.

|petate|; se pronuncia y suena {petáte}; se escribe “petate”.

Por tanto, la consonante “t” se define como el fonema Itl, oclusivo, dental y sordo.

Oclusivo dental sonoro

El sonido {d} responde al fonema Idl. Se realiza de este modo cuando va en posición inicial de grupo fónico o después de una consonante nasal, “n”, o lateral, “d”. En la ortografía se representa por la letra “d”.

Cuando se pronuncia la consonante “d” sí vibran las cuerdas vocales y, en consecuencia, se trata de un fonema sonoro.

Ejemplos: Idadol; se pronuncia y suena {dádo}; se escribe “dado”.

|dedal|; se pronuncia y suena {dedál}; se escribe “dedal”.

|dromedario|; se pronuncia y suena {dromedário}; se escribe “dromedario”.

|duplo|; se pronuncia y suena {dúplo}; se escribe “duplo”.

En consecuencia, la consonante “d” se define como el fonema Idl, oclusivo, dental y sonoro.

Oclusivo velar sonoro

El sonido de este fonema suele producirse después de pausa o consonante nasal, y cuando va a principio de grupo fónico. En la ortografía se representa por el grafema “g” ante las vocales “a”, “o”, “u”, por ejemplo: “gato”, “gotera” y “gula”. Y también se representa por el grupo “gu” más las vocales “e”, “i”, por ejemplo: “guerra” y “guitarra”.

Las cuerdas vocales sí vibran al pronunciar la consonante “g”, luego se trata de un fonema sonoro.

Ejemplos:

|gabela|; se pronuncia y suena {gabéla}; se escribe “gabela”.

Igasl; se pronuncia y suena {gás}; se escribe “gas”.

|goloso|; se pronuncia y suena {golóso}; se escribe “goloso”.

|gusano|; se pronuncia y suena {gusáno}; se escribe “gusano”.

|guepardo|; se pronuncia y suena {guepárdo}; se escribe “guepardo”.

|guisar|; se pronuncia y suena {guisár}; se escribe “guisar”.

La consonante “g”, por tanto, se define como el fonema Igl, oclusivo, velar y sonoro.

Oclusivo Velar sordo

Por lo general, la realización fonética de este fonema es {k}; de ahí que todos los estudiosos de la lingüística coincidan en afirmar que se trata del sonido y fonema {k}. Ortográficamente se representa por el propio grafema “k”, por ejemplo en las palabras “kilogramo”, “koala”, “kilovatio”. Cuando va seguida de las vocales “a”, “o”, “u”, se representa por la letra “c”. Y también, se representa por el grupo “qu” ante las vocales “i”, “e”; por ejemplo en las palabras “quirófano”, “quizá”, “quince”, “quiebra”, “queroseno’,”queso, quebrado”, “pequeño”…

Así mismo, las cuerdas vocales no vibran al pronunciar ; la consonante “k”, luego se trata de un fonema sordo.

Ejemplos:

|kiosco|; se pronuncia y suena {kiósko}; se escribe “kiosco” o “quiosco”.

|caseta|; se pronuncia y suena {kaséta}; se escribe “caseta”.

|coqueta| ; se pronuncia y suena {kokéta}; se escribe “coqueta”.

|paquete|; se pronuncia y suena {pakéte}; se escribe “paquete”.

|maquinar|; se pronuncia y suena {makinár}; se escribe “maquinar”.

Por tanto, la consonante “k” se define como el fonema Ikl, oclusivo, velar y sordo.

XXIV

Ciertamente, cuando decimos que los sonidos son maravillosos no hablamos en abstracto sino que nos referimos a los sonidos articulados, es decir, al hecho de la pronunciación, a los fonemas emitidos al hablar y, por extensión, a la cadencia sonora de las palabras y, en suma, a la entonación de frases, contenidos y mensajes.

Los sonidos consonánticos tienen más variedad de ruidos que los sonidos vocálicos pues, aunque ambos tipos de sonidos están formados por ondas periódicas y no periódicas, ocurre que en las vocales estas ondas son más puras, esto es, se producen con mayor limpieza y tienen menos ruidos.

Cuanto más investigan los lingüistas en el campo de los sonidos y de los fonemas de una determinada lengua más ensalzan la estructura de su cadena fónica, es decir, de los hechos tanto fonéticos como fonológicos. Claro está que la comunidad de hablantes de una misma lengua cumple con su principal objetivo, consistente en transmitir contenidos y mensajes mediante el uso de palabras correctas, siempre que en la práctica diaria quede demostrado el perfecto funcionamiento de esa comunicación lograda mediante el acto del habla y la emisión de aquellos sonidos contenidos en el código lingüístico por el que se rige dicha comunidad de hablantes.

A diferencia de los hablantes, los estudiosos del lenguaje resaltan la importancia de esta estructura de la cadena fónica y, además de ocuparse de los hechos fonéticos y fonológicos, investigan aspectos como la vertebración, combinación, variación, pronunciación, articulación… de los sonidos de una determinada lengua. Todo lo antedicho queda ilustrado profusa y sabiamente por el gran lingüista Sapir cuando dice lo siguiente: Se puede considerar el lenguaje como un instrumento capaz de responder a una enorme serie de empleos psíquicos. Su corriente no sólo va fluyendo paralela a la de los contenidos internos de la consciencia, sino que fluye paralela a ella en niveles distintos, que abarcan desde el estado mental en que dominan imágenes particulares hasta el estado en que los conceptos abstractos y sus relaciones mutuas son los únicos en que se enfoca la atención, lo cual suele llamarse razonamiento. Así, pues, lo único constante que hay en el lenguaje es su forma externa; su significado interior, su valor o intensidad psíquicos varían en gran medida de acuerdo con la atención o con el interés selectivo del espíritu y, obviamente, de acuerdo también con el desarrollo general de la inteligencia. Desde el punto de vista del lenguaje, el pensamiento se puede definir como el más elevado de los contenidos latentes o potenciales del habla, el contenido a que podemos llegar cuando nos esforzamos por adscribir a cada uno de los elementos del caudal lingüístico su pleno y absoluto valor conceptual. De aquí se sigue inmediatamente que el lenguaje y el pensamiento, en sentido estricto, no son coexistentes. A lo sumo, el lenguaje puede ser sólo la faceta exterior del pensamiento en el nivel más elevado, más generalizado, de la expresión simbólica. Para exponer nuestro punto de vista de manera algo distinta, el lenguaje es, por su origen, una función prerracional. Se esfuerza humildemente por elevarse hasta el pensamiento que está latente en sus clasificaciones y en sus formas y que en algunas ocasiones puede distinguirse en ellas; pero no es, como suele afirmarse con tanta ingenuidad, el rótulo final que se coloca sobre el pensamiento ya elaborado.

La mayor parte de las personas, cuando se les pregunta si pueden pensar sin necesidad de palabras, contestarán probablemente: Sí, pero no me resulta fácil hacerlo. De todos modos, sé que es algo posible. De manera que el lenguaje vendría a ser simple ropaje. Pero, ¿y si el lenguaje no fuera ese ropaje, sino más bien una ruta, un camino preparado?.

Los sonidos consonánticos

Continuando con la descripción de los distintos sonidos consonánticos del idioma español, atendiendo a su modo de articulación, definiremos seguidamente las consonantes pertenecientes al grupo que se conoce con el nombre de fricativas, las cuales se llaman así porque durante su articulación o pronunciación el aire sale con dificultad, como rozando, sin que su salida pueda ser interrumpida en ningún momento por cualesquiera de los órganos articulatorios que intervienen en la realización de tales sonidos; de ahí que las consonantes fricativas también se denominen “continuas”.

En español, el grupo de las consonantes fricativas se subdivide, atendiendo a su lugar de articulación, en cinco clases: labiodentales, linguointerdentales, linguoalveolares, linguopalatales y linguovelares. Y, atendiendo al criterio de la sonoridad, se clasifican en sonoras y sordas.

1°. Labiodental sordo, que se representa como sigue: /f/
2°. Linguointerdental sordo, escrito como sigue: /z/
3°. Linguoalveolar sordo, que se escribe como sigue: /s/
4°. Linguopalatal sonoro, escrito como sigue: /y/
5°. Linguovelar sordo, escrito como sigue: /j/

Así mismo, añadiremos que todas las consonantes fricativas son orales, es decir, en su articulación el aire sale por la boca, en oposición a las nasales que se caracterizan porque al pronunciarlas el aire sale por la nariz.

Los fonemas fricativos españoles son cinco, y se enumeran del siguiente modo:

Labiodental sordo

El fonema /f/ se representa fonéticamente por {f}, y en la ortografía responde siempre al grafema o letra “f”.

Por el lugar de articulación, el fonema /f/ es labiodental, ya que, al pronunciarlo, intervienen de manera activa el labio inferior y los incisivos superiores: el labio inferior roza ligeramente los incisivos superiores formándose una cavidad estrecha por la que discurrirá el aire sin interrupción.

Así mismo, como durante la pronunciación de la consonante “f’ no vibran las cuerdas vocales, se trata de un fonema sordo.

Ejemplos: /feria/; se pronuncia {féria}; y se escribe “feria”.
/gafas/; pronunciación {gáfas}; escrito “gafas”.
/café/; se pronuncia {café}; y se escribe “café”.
/fe/; se pronuncia {fé}; y se escribe “fe”.

En consecuencia, la consonante “f” se define como el fonema /f/, fricativo, labiodental y sordo.

Linguointerdental fricativo sordo

El fonema /z/ se representa fonéticamente por {z}, y en la ortografía responde al grafema o letra “z”. No obstante, ante las vocales “e”, “i”, se representa por la letra “c”: “cena”, “cien”…

Por el lugar de articulación, el fonema /z/l es linguointerdental pues, al pronunciarlo, el ápice de la lengua se introduce entre ambos incisivos, los superiores y los inferiores, y el aire que produce la fonación sale de modo ininterrumpido y sin ningún impedimento.

Se trata de un fonema sordo, ya que durante su articulación no vibran las cuerdas vocales.

Ejemplos: /caza/; se pronuncia {káza}; y se escribe “caza”.

/zine/; se pronuncia {zíne}; y se escribe “cine”.
/zera/; pronunciación {zéra}; escrito “cera”.
/azuzar/; se pronuncia {azuzár}; y se escribe “azuzar”.
/enzima/; se pronuncia {enzíma}; y se escribe “enzima”, cuando este término es un sustantivo ambiguo que significa lo siguiente: “Fermento soluble, de naturaleza compleja, que se forma y actúa en el organismo animal”. Pero, también puede escribirse “encima”, en cuyo caso se trata de un adverbio que “indica el lugar o puesto superior respecto de otro inferior”.

Por todo ello, la “z” se define como el fonema /z/, linguointerdental, fricativo y sordo.

Linguoalveolar fricativo sordo

El fonema /s/ se representa fonéticamente por {s}, y en la ortografía responde al grafema o letra “s”.

Por el lugar o punto de articulación, el fonema /s/ es lingualveolar pues, durante su pronunciación, el ápice de la lengua se acerca a los alvéolos y deja una pequeña abertura por donde sale el aire sin interrupción.

Así mismo, como durante su pronunciación no vibran las cuerdas vocales, es un fonema sordo.

Ejemplos: /soso/; se pronuncia {sóso}; y se escribe “soso”.
/sala/; pronunciación {sála}; escrito “sala”.
/seta/; se pronuncia {séta}; y se escribe “seta”.
/sastre/; pronunciación {sástre}; escrito “sastre”.

En consecuencia, la “s” se define como el fonema /s/, linguoalveolar, fricativo y sordo.

Linguopalatal fricativo sonoro

El fonema /y/ se representa fonéticamente por {y}, y en la ortografía responde al grafema o letra “y”; también se representa por las dos letras “hi” en palabras como “hierba”, “hierro”, “hielo”…

Por el lugar o punto de articulación, el fonema /y/ es linguopalatal, ya que, al articularlo, la lengua se sitúa en la parte media y anterior del paladar duro, dejando un pequeño conducto por donde saldrá el aire sin interrupción.

Se trata de un fonema sonoro, ya que sí vibran las cuerdas vocales durante su pronunciación.

Ejemplos: /mayo/; se pronuncia {máyo}; y se escribe “mayo”.
/yugo/; se pronuncia {yúgo}; y se escribe “yugo”.
/playa/; pronunciación {pláya}; escrito “playa”.
/hierba/; se pronuncia {yérba}; y se escribe “hierba”.

Por tanto, la “y” se define como el fonema /y/, linguopalatal, fricativo y sonoro.

Linguovelar fricativo sordo

El fonema /j/ se representa fonética mente por {j}. Ortográficamente se representa por la letra “j”; también responde al grafema “g” cuando va seguido de las vocales “e”, “i”, en palabras como “gente”, “gitano”, “genio”.

 Por el lugar o punto de articulación, el fonema /j/ es linguovelar, ya que, al pronunciarlo, el postdorso de la lengua se acerca al velo del paladar originando una estrechez por la que sale el aire sin interrupción.

Así mismo, las cuerdas vocales no vibran durante su pronunciación y, en consecuencia, se trata de un fonema sordo.

Ejemplos: /jefe/; se pronuncia {jéfe}; y se escribe “jefe”.
/ojo/; pronunciación {ojo}; escrito ojo.
/caja/; se pronuncia {kája}; y se escribe “caja”.
/girasol/; pronunciación {jirasól); escrito “girasol”.
/ jaleo/; se pronuncia { jaléo}; y se escribe “jaleo”.

XXV

La emisión y articulación de los sonidos es un proceso complejo y dinámico producido por determinados órganos fonadores sin los cuales no sería posible el hecho tan extraordinario del lenguaje. La organización de los sonidos para que se produzca el acto del habla es una característica peculiar y privativa de los seres humanos que construyen sus mensajes en el seno de las comunidades de hablantes.
 

Denominación de los sonidos

Nuestro razonamiento sobre los sonidos consonánticos nos ha llevado a clasificarlos con criterios basados en el modo de articulación, el lugar de articulación y la sonoridad. Ya hemos descrito exhaustivamente los grupos de consonantes que denominábamos oclusivos y fricativos. Así mismo, decíamos que al pronunciar las consonantes oclusivas, el aire, durante unos instantes, quedaba retenido por la acción obstruccionista de los diversos órganos que intervienen en el proceso de la fonación; mientras que, por el contrario, en la articulación de las consonantes fricativas el aire salía con dificultad, como rozando, sin que su salida quedara interrumpida en ningún momento por los órganos articulatorios que intervienen en la realización de esos sonidos fricativos; de ahí que a las consonantes oclusivas también se las llame consonantes continuas. Todo esto ya quedó dicho en ocasiones anteriores y, por consiguiente, aquí nos ocuparemos de la definición y descripción de las consonantes pertenecientes al grupo de las denominadas africadas. Y así, señalaremos que, en español, sólo hay una consonante africada, a saber: la “ch”. Y, en puridad, no se puede hablar de grupo; por consiguiente, sólo nos queda señalar que se da el nombre de africado a aquel sonido en cuya articulación existe un momento oclusivo seguido de otro momento fricativo. De ahí que también se diga que las consonantes africadas son una mezcla de los dos sonidos que ya hemos descrito anteriormente, esto es, de los oclusivos y los fricativos.

Ese único fonema africado se denomina del siguiente modo:

Linguopalatal sordo: El fonema IchI se representa fonéticamente por {ch} y en la ortografía se escribe “ch”.

Por el lugar o punto de articulación, el fonema Ichl es linguopalatal, ya que, al articularlo, la lengua se sitúa en la parte media y anterior del paladar duro, dejando un pequeño conducto por donde saldrá el aire sin interrupción. En un primer momento, se establece un total contacto entre la lengua y el paladar para, a continuación, producirse un ligera separación entre ambos órganos fonadores; esta última situación corresponde al sentido fricativo del fonema Ichl.

Así mismo, dado que durante la pronunciación de la consonante “f” no vibran las cuerdas vocales, hay que concluir que se trata de un fonema sordo.

Además, puesto que al pronunciar la consonante Ichl el sonido sale por la boca, estamos ante un fonema oral.

Ejemplos: ImuchachaI; se pronuncia {muchácha}; y se escribe “muchacha”.
ImechaI; pronunciación {mécha}; escrito “mechas”.
IkocheI; se pronuncia {kóche}; y se escribe “coche”.
IchisteI; se pronuncia {chíste}; y se escribe “chiste”.
InocheI; se pronuncia {nóche}; y se escribe “noche”.
IbichoI; pronunciación {bícho); escrito “bicho”.

En consecuencia, y definitivamente, la consonante “ch” se define como el fonema Ichl, africado, linguopalatal, sordo y oral.

A continuación, nos ocuparemos de las consonantes nasales que, como su nombre indica, se llaman así porque frente a un cierre de los órganos articulatorios bucales existe un pasaje rinofaríngeo abierto. Luego, la principal característica de las consonantes nasales es que el velo del paladar aparece separado de la pared faríngea y, en consecuencia, el aire fonador atraviesa o pasa libremente por las fosas nasales; esta peculiaridad o rasgo distintivo se conoce con el nombre de nasalidad.

Los fonemas nasales españoles son tres, los cuales se enumeran y denominan del siguiente modo:

1º. Bilabial sonoro, que se escribe como sigue: Iml
2.º Linguoalveolar sonoro, escrito como sigue: Inl
3º. Linguopalatal sonoro, que se escribe como sigue: Iñl

Bilabial nasal sonoro: El fonema Iml se representa fonéticamente por {m}, y en la ortografía responde al grafema o letra “m”.

Por el lugar de articulación, el fonema Iml es bilabial pues, al pronunciarlo, funcionan de modo notable los dos labios:

“Para su emisión los dos labios se cierran impidiendo la salida del aire a través de ellos. El velo del paladar permanece caído y las cuerdas vocales vibran”.

Se trata de un fonema sonoro, ya que, durante su pronunciación, sí vibran las cuerdas vocales.

Ejemplos: Ikamal; se pronuncia {káma}; y se escribe “cama”.

Imamál; se pronuncia {mamá}; y se escribe “mamá”.
ImemoI; pronunciación {mémo}; escrito “memo”.
ImelómanoI; se pronuncia {melómano}; y se escribe “melómano”.
Imapal; se pronuncia {mápa]; y se escribe “mapa”.

Por todo ello, la “m” se define como el fonema Iml, bilabial, nasal y sonoro.

Linguoalveolar nasal sonoro: El fonema Inl se representa fonéticamente por {n}, y en la ortografía responde al grafema o letra “n”.Por el lugar o punto de articulación, el fonema Inl es lingualveolar pues, durante su pronunciación, el ápice de la lengua se acerca a los alvéolos y deja una pequeña abertura por donde sale el aire sin interrupción.

Así mismo, como durante su pronunciación sí vibran las cuerdas vocales, es un fonema sonoro.

Ejemplos: /kana/; se pronuncia {kána}; y se escribe “cana”.
IlonaI; pronunciación {lóna}; escrito “lona”.
IpanaI; se pronuncia {pána}; y se escribe “pana”.
IlanaI; pronunciación {lána}; escrito “lana”.
InataI; se pronuncia {náta}; y se escribe “nata”.

En consecuencia, la “n” se define como el fonema InI, linguoalveolar, nasal y sonoro.

Linguopalatal nasal sonoro: El fonema Iñl se representa fonéticamente por {ñ}, y en la ortografía responde al grafema o letra “ñ”.

Durante la articulación de este fonema, la parte predorsal de la lengua se junta con la región prepalatal cerrando así la salida del aire y, como al propio tiempo el velo del paladar desciende, entonces el aire saldrá por las fosas nasales.

Se trata de un fonema sonoro, ya que sí vibran las cuerdas vocales durante su pronunciación.

Ejemplos: Imañal; se pronuncia [máña}; y se escribe “maña”.
IleñaI; se pronuncia {léña}; y se escribe “leña”.
IñoñoI; pronunciación {ñóño}; escrito “ñoño”.
IkañaI; se pronuncia {káña}; y se escribe “caña”.
IsoñarI; pronunciación {soñar}; escrito “soñar”.
IkompañeroI; se pronuncia {kompañero}; y se escribe compañero.

A continuación, describiremos el grupo de consonantes líquidas, que se caracterizan porque poseen algunos rasgos propios de las vocales y, en realidad, forman como un grupo intermedio entre las vocales y las consonantes. Se trata de consonantes sonoras y orales.

Las consonantes líquidas se subdividen, a su vez, en laterales y vibrantes.

Durante la pronunciación de las laterales, el aire fonador sale por un estrechamiento producido entre la lengua y el paladar. Mientras que en las consonantes vibrantes se produce una o varias interrupciones momentáneas durante la salida del aire fonador.

En español hay dos fonemas laterales, que se denominan y definen del siguiente modo:

1º.Lingruoalveolar sonoro, que se representa como sigue: |l|

2º. Linguopalatal sonoro, que se representa como sigue: |ll|

Linguoalveolar lateral sonoro: El fonema |l| se representa fonéticamente por {l}. Ortográficamente se representa por la letra “l”.

Por el lugar o punto de articulación el fonema |l| es linguoalveolar, ya que, al pronunciarlo, el postdorso de la lengua se acerca al velo del paladar originando una estrechez por la que sale el aire sin interrupción.

Así mismo, las cuerdas vocales sí vibran durante su pronunciación y, en consecuencia, se trata de un fonema sonoro. Ejemplos: Ipalal; se pronuncia {pála}; y se escribe “pala”.
|ala|, pronunciación {ála}; escrito “ala”.
|lote|; se pronuncia {lóte}; y se escribe “lote”.
|toldo|; pronunciación {tóldo}; escrito “toldo”.
|Ixaleo|; se pronuncia {xaléo}; y se escribe ” jaleo”.
|pelele|; pronunciación {peléle}; escrito “pelele”.

En consecuencia, la “l” se define como el fonema |l|, linguoalveolar, lateral y sonoro.

Linguopalatal lateral sonoro: El fonema |ll| se representa fonéticamente por {ll}, y en la ortografía se escribe “ll”.

Por el punto de articulación el fonema |ll| es linguopalatal ya que, durante su emisión, la lengua se sitúa en el paladar: “el ápice y los rebordes de la lengua se adhieren a los alvéolos y a las encías superiores, respectivamente, así como algo de la parte central de la lengua a la parte central del paladar, dejando un pequeño canal que desde el centro se dirige a la parte lateral de la lengua, por donde escapa el aire fonador”.

Durante su articulación sí vibran las cuerdas vocales y, en consecuencia, se trata de un fonema sonoro. Ejemplos: |llama|; se pronuncia {lláma}; y se escribe “llama”.
|olla|; pronunciación {ólla}; escrito “olla”.
|kallada|; se pronuncia {kalláda}; se escribe “callada”.
|talla|; pronunciación {tálla}; escrito “talla”.

Por tanto, la “ll” se define como el fonema |ll| linguopalatal, lateral y sonoro.

Finalmente, en español, también hay dos fonemas vibrantes, los cuales se definen y denominan del siguiente modo:

1.º Linguoalveolar vibrante simple, que se representa como sigue: Irl
2º. Linguoalveolar vibrante múltiple, representado como sigue: Irrl

Linguoalveolar vibrante simple y sonoro:

El fonema Irl se representa fonéticamente por Irl, y en la ortografía se escribe”r”.

Por el lugar o punto de articulación el fonema Irl es linguoalveolar porque la lengua se apoya en los alvéolos.

Como además, al articular la “r” sí vibran las cuerdas vocales, nos hallamos entonces ante una consonante sonora.

Ejemplos: /kamarero/; se pronuncia {kamaréro}; se escribe “camarero”.
Iperal; pronunciación {péra]; escrito “pera”.
Ikaral; se pronuncia {kára}; se escribe “cara”.
ItoroI; pronunciación {tóro}; escrito “toro”.

En consecuencia, la “r” se define como el fonema Irl, linguoalveolar, vibrante simple y sonoro.

Linguoalveolar vibrante múltiple y sonoro:

El fonema Irrl se representa fonéticamente por Irrl, y en la ortografía se escribe “rr”.

Por el punto de articulación es linguoalveolar, luego tiene idénticas características que el fonema vibrante simple. La diferencia radica en que el fonema vibrante múltiple “se caracteriza por la formación de dos o más oclusiones del ápice de la lengua contra los alvéolos”, es decir, se producen dos o tres contactos sucesivos del ápice de la lengua contra los alvéolos.

Durante la pronunciación de la “rr” sí vibran las cuerdas vocales, luego se trata de una consonante sonora.

Ejemplos: IrotoI; pronunciación {róto}; escrito “roto”.
IperroI; se pronuncia {pérro}; se escribe “perro”.
IalrededorI; pronunciación {alrededór}; escrito “alrededor”.
Iratal; se pronuncia {ráta}; escrito ” rata”.

Por consiguiente, la “rr” se define como el fonema Irrl, linguoalveolar, vibrante múltiple y sonoro.

XXVI

Morfología

“La letra es un sonido indivisible, y no uno cualquiera de ellos, sino aquel que por su naturaleza entra en la formación de un sonido compuesto; porque los animales también emiten sonidos indivisibles, pero no doy a ninguno de ellos el nombre de letras”. (Aristóteles)
 
 

Hasta aquí nos hemos ocupado largo y tendido, esto es, exhaustivamente, de la descripción y el desarrollo de aquellos temas lingüísticos relacionados con el léxico, la semántica, la fonología y la fonética; a partir de ahora, examinaremos y abordaremos con detenimiento el campo de la Morfología con todas sus implicaciones.

En primer lugar, conviene señalar que muchos lingüistas no aceptan la tradicional distinción entre Morfología y Sintaxis, por lo que prefieren hablar de Morfosintaxis, término con el que designarán, al mismo tiempo, los hechos del lenguaje relativos a la función y a la forma. Desde un punto de vista práctico o, dicho de otro modo, desde una perspectiva metodológica, parece preferible considerar por separado ambas disciplinas lingüísticas y, por consiguiente, nos ocuparemos en primer lugar de la Morfología, cuya definición clásica, según Lázaro Carreter, sería: “Parte de la Gramática que se ocupa de las palabras en cuanto forman parte del plano asociativo, y de los elementos de relación gramatical o morfemas.

Constituyen, pues, su objeto: la flexión, la composición y la derivación de las palabras y la determinación de las categorías gramaticales”.

Aunque esta definición pueda parecer, a primera vista, algo complicada lo cierto es que deja claro cómo la Morfología gramatical se ocupa particularmente del estudio de la forma de la palabra mientras que la Sintaxis estudia esencialmente la frase; ambas, es decir, palabra y frase están consideradas en nuestro idioma como unidades expresivas, por lo que pueden estudiarse por separado aunque considerando siempre que también guardan una estrecha relación entre sí.

De manera definitiva, esquemática y simple podemos establecer una gradación que parte del fonema como unidad mínima de comunicación, se continúa con la sílaba como unidad inmediatamente superior al fonema, sigue con la palabra que contiene sílabas, llega hasta la frase que reúne palabras y acaso finalice en la narración que es un conjunto de frases:

fonema> > >sílaba> > >palabra> > >frase> > >narración. Hablando en términos de extensión e intensión afirmaremos que la frase es un concepto más extenso que la palabra, puesto que la frase está compuesta por palabras. En ocasiones, y según el contexto lingüístico en que se encuentre un determinado hablante, pueden coincidir palabra y frase o, dicho de otro modo, resulta que puede haber frases formadas con una sola palabra. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el hablante, para aseverar o comunicar el hecho de que está lloviendo, emplea ante un determinado interlocutor la palabra aislada “llueve” que, en este contexto concreto, puede considerarse también como una frase. Otro tanto sucede con la sílaba y la palabra pues, aunque la palabra es un concepto más extenso que la sílaba lo cual quiere decir que las palabras están formadas por sílabas, sin embargo, hay ocasiones en las cuales palabra y sílaba coinciden; es decir, una palabra puede ser también, al propio tiempo, una sílaba o, lo que es igual, algunas palabras tienen una sola sílaba al igual que algunas frases tenían una sola palabra.

Reparemos, por ejemplo, en las palabras “sol”, “luz”, “cal”, “voz”, “fe”, “ley”, “buey”, “miel”, “fiel”, “pie”, “mar”… todas ellas son unidades expresivas, es decir, tienen un sentido por sí mismas y en cuanto palabras aisladas, lo cual puede comprobarse si buscamos su significado en el Diccionario de la Real Academia:

sol. Astro luminoso, centro de nuestro sistema planetario.
luz. Agente físico que hace visible los objetos. Claridad que irradian los cuerpos en combustión, ignición o incandescencia. Utensilio o aparato que sirve para alumbrar, como candelero, lámpara, vela, araña, etc. Esclarecimiento o claridad de la inteligencia.
cal: óxido de calcio, substancia blanca, ligera, caústica y alcalina, que en estado natural se halla siempre combinada con alguna otra. Cuando está viva, al contacto del agua se hidrata o apaga hinchándose con desprendimiento de calor, y, mezclada con arena, forma la argamasa o mortero.
voz. Sonido que el aire, expelido de los pulmones produce al salir de la laringe, haciendo que vibren las cuerdas vocales. Calidad, timbre o intensidad de este sonido. Sonido que forman algunas cosas inanimadas, heridas del viento o hiriendo en él. Grito, voz esforzada y levantada…
fe. {…} Confianza, buen concepto que se tiene de una persona o cosa. Creencia que se da a las cosas por la autoridad del que las dice o por la fama pública. Palabra que se da o promesa que se hace a uno con cierta solemnidad o publicidad…
ley. { …} Precepto dictado por la suprema autoridad, en que se manda o prohibe una cosa en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados. En el régimen constitucional, disposición votada por las Cortes y sancionada por el Jefe del Estado.

buey. Macho vacuno castrado…
miel. Substancia viscosa, amarillenta y muy dulce, que producen las abejas transformando en su estómago el jugo de las flores, y devolviéndolo por la boca para llenar los panales y que sirva de alimento a las crías…
fiel. Que guarda fe. Exacto, conforme a la verdad…
pie. Extremidad de cualquiera de los dos miembros inferiores del hombre, que sirve para sostener el cuerpo y andar…
mar. Masa de agua salada que cubre la mayor parte de la superficie de la tierra…

Todas estas palabras que, como es obvio y queda demostrado, tienen un sentido por sí mismas, cuentan únicamente con una sílaba son monosílabas y, en consecuencia, palabra y sílaba coinciden en los casos seleccionados:

“sol”: palabra cuya única sílaba es <<sol>> que, a su vez, está formada por tres fonemas: /s/+/o/+/l/;
“luz”: palabra cuya única sílaba es <<luz>> que, a su vez, se compone de tres fonemas /l/+/u/+/z/;
“cal”: palabra cuya única sílaba es <<cal> > que, a su vez, cuenta con tres fonemas: /k/+/a/+/l/;
“voz”: palabra cuya única sílaba es <<voz>> que, a su vez, se compone de tres fonemas /b/+/o/+/z/;
“fe”: palabra cuya única sílaba es <<fe>> que, a su vez, se compone de dos fonemas /f/+/e/;
“ley”: palabra cuya única sílaba es << ley >>, ya que se trata de un diptongo formado por “e”, “y”, pues, como ya quedó dicho en anteriores ocasiones, en este caso la “y” funciona como una vocal cerrada; por lo demás, la palabra “ley” cuenta con tres fonemas /l/+/e/+/i/;
“buey”: palabra cuya única sílaba es <<buey>>, ya que se trata de un triptongo formado por “u”, “e”, “y”; como en el caso anterior, la “y” se considera una vocal cerrada y, por consiguiente, la palabra “buey” tendrá cuatro fonemas /b/+/u/+/e/+/i/;
“miel”: palabra cuya única sílaba es <<miel>> que, a su vez, cuenta con cuatro fonemas /m/+/i/+/e/+/l/;
“fiel”: palabra cuya única sílaba es <<fiel>> que, a su vez, tiene cuatro fonemas /f/+/i7+/e/+/i/;
“pie”: palabra cuya única sílaba es <<pie>> que, a su vez, cuenta con tres fonemas /p/+/i/+/e/;
“mar”: palabra cuya única sílaba es <<mar>> que, al propio tiempo, cuenta también con tres fonemas /m/+/a/+/r/ .

Ejemplos de frases que llevan alguna palabra monosílaba en su construcción

“Salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera”.
“La luz de una bombilla alumbraba parte de la amplia estancia”.
“Los albañiles revocaron con cal la fachada del edificio”.
“Dice una célebre máximo que la voz del pueblo es voz del cielo”.
“La fe mueve montañas”.
“Cualquier ley postrera quita la fuerza a la primera”
“El buey afamado, deja el olivo cavado”.
“Fe sin obras, panal sin miel”.
“Año de miel, año de bien”.
“A quien contigo es fiel no le engañes”.
“He empezado el año con buen pie”.

En las siguientes frases hay un error lingüístico

Ejemplos:

“En ese aula no caben más alumnos”.
“Es conveniente que vengas detrás mío”.
“Es la catorceava vez que oígo hablar de crisis económica”
“Nadie debe decir de este agua no beberé”

Ejemplos correctos:

“En esa aula no caben más alumnos”.
“Es conveniente que vengas detrás de mí”.
“Es la decimocuarta (o decimacuarta) vez que oígo hablar de crisis económica”.
“Nadie debe decir de esta agua no beberé”.

XXVII

“La cuestión de la forma en el lenguaje se nos presenta bajo dos aspectos. Podemos, por una parte, considerar los métodos formales empleados por un idioma, sus “procedimientos gramaticales”, o bien, por otra parte, podemos determinar la distribución de los conceptos con referencia a la expresión formal. ¿Cuáles son los esquemas formales del lenguaje? y ¿qué tipos de conceptos constituyen el contenido de esos esquemas formales? Estos dos puntos de vista difieren por completo entre sí.” (E. Sapir).
 

Ya se ha dicho que muchos lingüistas no comparten la idea de separar la Morfología de la Sintaxis y, por consiguiente, consideran ambas disciplinas como una sola que denominan, precisamente, Morfosintaxis. Esta decisión de la mayoría de los lingüistas tiene su razón de ser, puesto que ambas materias, esto es, tanto la Morfología como la Sintaxis, son las dos partes de que, desde el punto de vista clásico, se compone la Gramática.

En general, la denominada estructura sistemática de la lengua se compone de las formas y funciones de los signos lingüísticos, los cuales son estudiados por la Gramática que, a su vez, y como ya sabemos, es una parte integrante de la Lingüística. Esta estructura sistemática de la lengua, por tanto, se compone de dos partes, a saber: la Morfología y la Sintaxis.

Consecuentemente, la Morfología estudiaría la flexión, composición y derivación de los sistemas lingüísticos o, dicho de otro modo, la Morfología se ocupa de las unidades intermedias entre los fonemas y las oraciones; mientras que la Sintaxis se encargaría exclusivamente de las oraciones, sus diversas clases, su relación y los nexos que se establecen entre ellas. De ahí que Morfología y Sintaxis puedan considerarse como una sola disciplina, puesto que no está muy clara la frontera o separación entre ambas ramas de la Gramática y, por consiguiente, se prefiera fundirlas en una sola disciplina: la Morfosintaxis.

No obstante lo anterior, y por una cuestión metodológica, aun estando de acuerdo con el orden común de la Morfosintaxis, es conveniente contemplar ambas disciplinas por separado, especialmente, se ocupaba del estudio de la forma de las palabras cuando son consideradas como elementos plenos de significación; como unidades expresivas, en definitiva.

También, y antes de ocuparnos de estas unidades expresivas que son las palabras, conviene señalar que la Real Academia, en su conocida obra titulada “Esbozo de una Gramática de la Lengua Española”, trata por separado ambas disciplinas. En concreto, la segunda parte del “Esbozo…” está dedicada a la Morfología, mientras que la tercera parte se ocupa de la Sintaxis; así mismo, la primera parte queda reservada para la Fonología.

Por otra parte, existe cierta dificultad para definir esta unidad de significación que es la palabra y que tanto incide en el estilo de un hablante determinado y, puesto que la palabra es parte principal del discurso, especialmente cuando el mensaje es oral, puede concluirse que, desde cierto punto de vista, formará parte de la Retórica, la cual considera el discurso desde un punto de vista artístico y estético, y consta de cinco partes jerárquicamente ordenadas, a saber:

Invención: Es la primera parte de la Retórica y, por consiguiente, se ocupa de buscar los diversos argumentos e ideas que luego han de ordenarse mediante la disposición.

Disposición: Ya quedó dicho que la “disposición” consiste en ordenar los argumentos y las fases del discurso a fin de transmitir con mayor precisión el mensaje o el contenido que se quiere comunicar.

Elocución: Mediante la “elocución”, el hablante selecciona, elige y dispone las palabras que va a emplear en su discurso; por consiguiente, la “elocución” es, justamente, la elección.

Memoria: Obviamente, la “memoria” hace alusión al recuerdo de las palabras y el contenido del discurso; un hablante que sin “memoria” no será nunca capaz de transmitir cabalmente sus ideas a un auditorio determinado.

Acción: Con la “acción” el discurso del hablante se hace más persuasivo y concluyente; la “acción”, pues, es puesta en práctica y exhortación.

La palabra, unidad expresiva

El primer parágrafo de la parte del “Esbozo…” que la Real Academia dedica a la Morfología ya anticipa, en su encabezamiento, el tema de que se va a tratar: “Palabra, forma lingüística y morfema”.

Por consiguiente, parece obligado comenzar por la descripción y el estudio de la palabra aislada y las partes de que consta: “Hemos examinado en la primera parte la naturaleza de los elementos mínimos del discurso, su clasificación, la capacidad de cada elemento para agruparse con otro en posición inmediata dentro de la secuencia del habla y la función identificativa y distintiva que desempeñan. Ninguno de ellos posee por sí mismo, considerado aisladamente, una significación dada, pero agrupado con otros y en virtud de esa función identificativa y distintiva contribuye cada uno a individualizar el relieve acústico de una sucesión de fonemas y a hacer posible, en condiciones dadas, la relación biunívoca entre el significante y el significado de un signo lingüístico. Un elemento lingüístico que es casi siempre (en español) de mayor extensión que el fonema constituye, por consiguiente, el terreno propio de la significación, y de esos elementos superiores vamos a ocuparnos en lo sucesivo.

Una clase de ellos la constituyen las palabras. Todo acto de elocución se compone de una o varias palabras. Las palabras pueden generalmente ser individualizadas en virtud de uno de sus caracteres más relevantes: el de la separabilidad. Separabilidad quiere decir posibilidad de aislarse unas de otras de otras dentro del cuerpo del discurso mediante una pausa que no aparece en la elocución normal y que recibe por eso el nombre de pausa virtual. No es pura casualidad que estas pausas elocutivas se correspondan casi siempre por palabras. Hemos visto que los fonemas han recibido del mismo modo especialmente en la lengua española una representación en gran parte inequívoca. Nada tiene de extraño que a pesar de su gran complejidad, la realidad de la lengua haya sido adecuadamente analizada por los que la emplean como instrumento.”

Estos elementos de que habla la Real Academia forman parte de toda expresión lingüística y constituyen la cadena hablada y, por lo demás, concurren en la palabra; de ahí que la palabra se pueda definir como un signo lingüístico que puede ser aislado, y su sentido recogido y registrado en los diccionarios; y, además, dentro de la palabra existen lo que denominamos elementos o unidades menores que, expuestos de menor a mayor amplitud, son los siguientes:

Fonema. Ya sabemos todo sobre el fonema y, por ello, tan sólo recordaremos que es la unidad mínima de sonido; por tanto, una palabra no puede dividirse en unidades más pequeñas que el fonema porque nos existen.

Monema. Es la unidad mínima de significación, es decir, el elemento que, dentro de una palabra, aporta la significación. El monema, a su vez, se divide en semantemas y morfemas.

Semantema. También se llama “raíz”, y es la parte del monema que se define como una unidad mínima léxica, pues confiere todo el significado esencial o temático a la palabra: es el elemento portador de la significación de la palabra.

Morfema. Es la parte del monema que, por así decirlo, señala la función sintáctica de la palabra, y delimita la función y significación de los semantemas. Cuando los morfemas tienen una forma separada de otras palabras se llaman independientes: preposiciones, conjunciones… Y si se encuentran dentro, o apoyados, de una raíz o semantema se llaman dependientes.

Ejemplo práctico

“casita”. En esta palabra vemos que hay seis fonemas, dos de ellos, concretamente los vocálicos, repetidos /k/+/a/+/s/+/i/+/t/+/a/; que además tiene dos morfemas “-it-” y “-a”; y que, finalmente, su semantema es “cas-“.

Ejemplos de palabras divididas en fonemas:

“casa”. Dividida en fonemas quedaría como sigue: /k/+/a/+/s/+a/.
“lazo”. Dividida en fonemas quedaría como sigue: /l/ + /a/ + /z/ + /o/.
“unas”. Dividida en fonemas quedaría como sigue: /u/ + /n/ + /a/ + /s.
“encima”. Dividida en fonemas quedaría como sigue: /e/+/n/+/z/+/i/+/m/+/a/.

XXVIII

“Ya en la India antigua discutían los filósofos si los vehículos primarios del significado eran las oraciones o las palabras. En favor de las palabras está el argumento de que hay un número limitado de ellas y pueden ser aprendidas de una vez para siempre. Las oraciones, en cambio, existen en número ilimitado; además, sólo somos capaces de utilizarlas adecuadamente tras haber aprendido a construirlas, como es obligado, a partir de palabras aprendidas de antemano”. (W. V. Quine)
 

Ya sabemos, que la Morfología se ocupaba del estudio de la forma de las palabras consideradas como elementos plenos de significación y como unidades expresivas, en definitiva; lo que implica, más concretamente, la consideración de las formas gramaticales o partes de la oración, esto es, del sustantivo, adjetivo, pronombre, verbo, adverbio, preposición y conjunción. Y, puesto que las oraciones, sus nexos y sus clases son estudiadas por la Sintaxis, parece conveniente hablar de Morfosintaxis. En este sentido, algunos lingüistas, aun reconociendo la validez de la separación entre morfología y sintaxis, prefieren, sin embargo, unir ambas ciencias en una sola porque su separación no puede justificarse de un modo suficientemente teórico; y así, Vidal Lamíquiz, en su obra “Lingüística Española”, dice lo siguiente: “Estamos ante el problema de estudiar la Morfología y la Sintaxis independientemente o unidas. La solución depende del enfoque de cada escuela o método. En nuestra opinión, si la Morfología y la Sintaxis se consideran como partes independientes de la Gramática, cada una de ellas debería referirse a un aspecto gramatical diferente y específico. En esta línea, se podría afirmar que la Morfología estudia el aspecto formal y la Sintaxis se preocupa por el aspecto funcional. Pero, como ya hemos dicho y observado, no existe tal independencia…”

Aun teniendo en cuenta todo lo anterior, y por una cuestión metodológica y práctica, aquí consideraremos la Morfología en sí misma, es decir, independientemente de su relación funcional con la Sintaxis y, por consiguiente, empezaremos por estudiar el nombre o sustantivo.

Sin embargo, antes de introducirnos de lleno en el tema apuntado, conviene ampliar los conocimientos de lo que se ha dado en llamar la cadena hablada y que, como ya hemos indicado en otra ocasión, se compone de varios elementos que, ordenados de menor a mayor, enumerábamos del siguiente modo: fonema, monema, semantema, morfema.

Cada una de estas unidades o elementos tiene su propia función pero, en ocasiones, puede suceder que morfema y palabra no se distingan y, en consecuencia, existe la posiblidad de que ambos elementos lingüísticos coincidan, lo cual no significa necesariamente que se confundan. Y así, la Real Academia, en el “Esbozo de una nueva Gramática de la Lengua Española”, al referirse al morfema y sus implicaciones explica que se trata de una “tercera forma lingüística”; textualmente, en el “Esbozo…” se dice lo siguiente: < <Hay que considerar todavía una tercera forma lingüística, a saber, la mínima forma, la más pequeña sucesión de fonemas dotada de significación. Esta forma lingüística ha recibido varios nombres técnicos, entre ellos el de formante y morfema. El morfema puede coincidir en muchos casos con una palabra: “sol”, “mar”, “siempre”. Hablamos entonces de palabras radicales. En otros casos el morfema es parte de una palabra, como en “sol-ar” (adjetivo), “carcel-ero”, “latigu-illo”, “gana-d-er-ía”, “hond-on-ada”, “mar-es”, “pudié-se-mos” y por eso mismo no se halla situado entre pausas virtuales. A la inseparabilidad o inmovilidad de esta clase de morfemas alude el término de morfemas trabados. Es cierto que algunos componentes de estas palabras aparecen también fuera de ellas como palabras relacionadas en la secuencia sintáctica con otras palabras. Así “sol”, “mar”, “cárcel”. Por la significación identificamos también sin dificultad en los otros ejemplos “látigo”, “ganado”, “hondo”. Sin embargo, en el interior de las estructuras que examinamos aparecen solamente en relación con morfemas trabados y poseen esa misma condición. Al estudio de los morfemas trabados, sus clases y su organización en el cuerpo de las palabras atiende en lo esencial la morfología> >.

Recordemos, también, que al definir el morfema explicábamos literalmente lo siguiente: “Es la parte del monema que, por así decirlo, señala la función sintáctica de la palabra, y delimita la función y significación de los semantemas. Cuando los morfemas tienen una forma separada de otras palabras se llaman independientes: preposiciones, conjunciones… Y si se encuentran dentro, o apoyados, de una raíz o semantema se llaman dependientes”.

De todo lo anterior se deduce que el morfema, en cuanto formante de la palabra, y en relación con la Morfología, cobra gran importancia; además, como veremos en posteriores ejemplos, también existe el denominado “morfema cero” (que se representa por el signo 0, esto es, por una línea recta que atraviesa simétricamente los cuadrantes primero y tercero de un círculo y, como si fuera la proyección de un diámetro longitudinal, pasa por su centro) que, aunque resulte paradójico, significa precisamente la ausencia de morfemas: cuando una palabra concreta carece de morfemas se habla de “morfema cero”. El signo Ø también se emplea en el campo de la Sintaxis para señalar, en una oración concreta, que el objeto puede “no” expresarse. El “morfema cero” hace alusión a las palabras según aparezcan en número singular o plural: “el repertorio de morfemas de número que afecta a casi todas las clases extensas de nombres y pronombres solo comprende tres morfemas: Ø/ses”.

Ejemplos de palabras con morfemas cero, “s” y “es”: número singular: palo +Ø > número plural: palo + s número singular: árbol+Ø > número plural: árbol + es número singular: casa+Ø > número plural: casa+s número singular: rascacielos+Ø > número plural: rascacielos+Ø número singular: láser+Ø > número plural: láser+Ø. En los ejemplos expuestos vemos que la palabra “palo” (término que, en su primera acepción, hace alusión a un trozo de madera “mucho más largo que grueso, generalmente cilíndrico y manuable”) está en singular y, por lo tanto, tiene un morfema cero porque carece del añadido de la “s” que lleva en su plural. Lo mismo sucede con la palabra “árbol” (vocablo que, en su primera acepción, significa “Planta perenne, de tronco leñoso que se ramifica a cierta altura del suelo”) que, cuando está en singular, tiene un morfema cero puesto que carece también del añadido “es”, el cual debe llevar para indicar su número plural.

Otro tanto se puede decir del término “casa” (palabra que, en su primera acepción, alude al ”Edificio o parte de él destinado para habitación humana”) que, cuando está en singular, tiene un morfema cero para indicar que carece de la “s” que lleva en su plural.

Igualmente ocurre con la palabra compuesta “rascacielos” (término que significa literalmente “Edificio muy alto y de muchos pisos”) que, al carecer de número plural, tendrá un morfema cero tanto cuando la palabra aparece en singular como cuando aparece en plural.

De modo similar al ejemplo anterior, también en la palabra “láser” se registran dos morfemas cero, puesto que carece de plural. El término “láser” ha sido recogido recientemente por la Real Academia en su Diccionario, y es una sigla utilizada para referirse a la “luz amplificada por la emisión estimulada de radiación”; el uso común ha consagrado el término “láser” como una palabra que significa lo siguiente: “Dispositivo que, gracias a un fenómeno de emisión estimulada, produce un haz luminoso monocromaático y coherente de gran energía. Este haz está formado por rayos prácticamente paralelos y, en consecuencia, su intensidad de iluminación apenas disminuye con la distancia”.

De ahí que, por lo general, en español, la formación del plural siga las siguientes reglas:

Las palabras terminadas en vocal no acentuada o en “é” acentuada forman su plural en “s”. Ejemplos: “letra”, su plural es “letras”; “café”, su plural es “cafés”; “cadi”, su plural es “cadis”; “vaso”, su plural es “vasos”…

Las palabras terminadas en consonante o en vocal acentuada forman su plural en “es”. Ejemplos: “castor”, su plural es “castores”; “latitud”, su plural es “latitudes”; “central”, su plural es “centrales”; “iraní”, su plural es iraníes; “marroquí”, su plural es “marroquíes”; “cadí”, su plural es “cadíes”…

{Se exceptúan, principalmente, aquellos extranjerismos terminados en consonante, de los cuales unos forman el plural en “-es” (“revólveres”, “chóferes”, “goles”), otros en “-s” (“clubs”, “coñacs”) y otros invariable (”déficit”, “lunch”). Y también se exceptúan las palabras “papá”, “mamá”, “sofá”, “esquí”, “dominó”}.

Las palabras graves y las esdrújulas permanecen invariables, por lo que podría decirse que no tienen plural. Ejemplos: ” jueves”, su plural es idéntico al singular, es decir, también “jueves”; “dosis”, su plural también es “dosis”…

Por todo ello, conviene agotar el análisis de este elemento lingüístico que, aparte de relacionar a las raíces o semantemas en la frase, delimita también su función y significación. En consecuencia, debemos señalar que los morfemas dependientes, también llamados derivativos, constituyen aquellos elementos formativos que en la palabra se denominan afijos.

Los afijos, junto con la raíz o semantema, hacen de la palabra una unidad plena de significación y sentido. Cuando el afijo aparece al principio de la palabra se denomina “prefijo”; si está situado en medio o dentro de la palabra se llama “infijo”; y, finalmente, cuando va al final de la palabra se le conoce con el nombre de ”sufijo” o “desinencia”. Respecto a los “sufijos” o “desinencias”, el ya citado “Esbozo…” de la Real Academia dice lo siguiente:

Los morfemas que ocupan el último o los úItimos lugares en las palabras (…) se distribuyen en dos grupos: los morfemas derivativos llamados también sufijos y los morfemas flexivos llamados también desinencias. Unos y otros constituyen en español repertorios reducidos y limitados y afectan a clases extensas de palabras. Los derivativos, sin embargo, forman series de palabras numéricamente desiguales. Así el sufijo “-oso” forma una serie de palabras derivadas que pertenecen, entre las de otras series, a la clase de nombres adjetivos: “mañ-oso”, “cel-oso”, “tumultuoso”… y el sufijo “-dad” otra serie de palabras que pertenecen a la clase de nombres sustantivos: “bel-dad”. “bondad”, “mal-dad”…

Ejemplos de palabras que llevan un prefijo: “in-voluntario ” “pre-meditar”, “ante-puesto “, ” re-poner”… Ejemplos de palabras que llevan un infijo: “hum ar-eda, polv-ar-eda… Ejemplo de palabras que llevan un sufijo: “variedad”, “sombr-ero”, “contr-ario” … Así mismo, cuando se suprimen todo los sufijos de una palabra lo que queda es la raíz o semantema.

XXIX

“Cada uno de nosotros ha aprendido su lengua observando la conducta verbal de otras personas y recibiendo el esfuerzo o la corrección de quienes observaban nuestra titubeante conducta verbal. No tenemos otra cosa que conducta pública en circunstancias observables”. (W. V. Quine)
 

Las palabras del notable pensador W.V. Quine, uno de los más cualificados estudiosos de la filosofía del lenguaje, son una prueba de la importancia de la lengua con todo lo que ello implica; y así, continuará diciendo el célebre pensador, a fin de agotar su argumentación, lo siguiente: “En tanto en cuanto nuestro dominio de la lengua supere todos los controles externos en aquellas circunstancias en las cuales nuestras preferencias o nuestra reacción a las preferencias de otros pueden ser evaluadas a la luz de alguna situación compartida podemos decir que todo marcha bien. Nuestra vida mental entre control externo y control externo no tiene relevancia alguna a la hora de evaluar nuestro dominio del lenguaje. No hay nada más que decir sobre el significado lingüístico que lo que se desprenda de la conducta pública en situaciones observables”.

Todos estos juicios sobre el lenguaje contribuyen a reforzar la importancia de su estudio y desarrollo en nuestro tiempo; por consiguiente, vale la pena que ampliemos todavía más toda reflexión sobre el lenguaje y que nos preocupemos por analizar de modo exhaustivo sus aspectos gramaticales y lingüísticos. De ahí que, aun teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora, y por una cuestión metodológica y práctica, aquí nos propongamos considerar la Morfología en sí misma, es decir, independientemente de su relación funcional con la Sintaxis; y, por consiguiente, empezaremos por estudiar el nombre o sustantivo. Pero antes, matizaremos que, dentro del estudio gramatical del lenguaje, la Morfología y la Sintaxis pueden considerarse como disciplinas aisladas o en conjunto. Si se consideran aisladas, hallaremos que la Morfología como ya hemos afirmado con reiteración se ocupa del “estudio de las formas de las palabras” y, por consiguiente, abarcará todos aquellos aspectos relacionados directamente con el estudio gramatical de las expresiones lingüísticas que, desde el punto de vista clásico, se enumerarán del siguiente modo: “Composición”, “Derivación”, “Desinencias”, “Gradación” y “Partes de la Oración”.

Composición: Se trata de un procedimiento que se utiliza en el lenguaje para construir palabras que pueden considerarse nuevas, para lo cual se echa mano de palabras ya existentes. El vocablo así creado tendrá, obviamente, un sentido único y particular, esto es, distinto de aquellos términos originales a partir de los cuales se formó. De ahí que, fundamentalmente, la “Composición” pueda definirse del siguiente modo: “Procedimiento mediante el cual dos o más palabras se juntan para formar una nueva”.

Y así, por ejemplo, la reunión de los vocablos “contra” y “ventana” dan lugar a una palabra nueva que todos conocemos: “contraventana”. Si buscamos en el Diccionario de la Real Academia el término “contra” podemos leer, en su primera acepción, lo siguiente: “preposición con que se denota la oposición y contrariedad de una cosa con otra. Tiene uso como prefijo en voces compuestas”.

Así mismo, el Diccionario, a propósito de la palabra “ventana”, dice lo siguiente: “Abertura más o menos elevada sobre el suelo, que se deja en una pared para dar luz y ventilación. Hoja u hojas de madera y de cristales con que se cierra esa abertura”.

Si, finalmente, buscamos en el Diccionario la palabra “contraventana” que, como ya quedó dicho anteriormente, se ha formado por la reunión del término “contra” y el vocablo “ventana”, comprobaremos que significa lo siguiente: “Puerta que interiormente cierra sobre la vidriera. Puerta de madera que en los países fríos se pone en la parte de afuera para mayor resguardo de las ventanas y vidrieras”.

Por consiguiente, podemos concluir que, efectivamente, la palabra nueva “contraventana” tiene significado propio y se diferencia de los términos “contra” y “ventana” a partir de los cuales se ha formado.

Luego, gramaticalmente, y desde el punto de vista de la Morfología, se puede definir la “Composición” del siguiente modo: “Procedimiento por el cual se forman vocablos agregando a uno simple una o más preposiciones o partículas u otro vocablo íntegro o modificado por eufonía: anteponer, reconvenir, hincapié, cejijunto.”

Llegados a este punto, habrá que reparar en el término “eufonía”, el cual significa lo siguiente: “Sonoridad agradable que resulta de la acertada combinación de los elementos acústicos de la palabra”.

Respecto al sentido de la “Composición”, dice Lázaro Carreter lo siguiente: “Uno de los procedimientos de que la lengua se sirve para obtener palabras nuevas, consistente en la reunión de dos o más palabras en una sola, la cual casi siempre (composición elíptica), adquiere un significado que excede al de la simple agregación de los significados de las palabras componentes: contraofensiva, ferrocarril. Los elementos que entran en una composición se llaman componentes, y la palabra que resulta, palabra compuesta o compuesto”. Este autor añade que hay dos clases de “Composición”: propia e impropia.

Composición propia. En este tipo de composición sólo recibe accidentes gramaticales el último elemento: “guardagujas”, “guardabarros”, “bocamangas”, “rascacielos”, “paraguas”.

Composición impropia. En este caso todo los componentes reciben accidentes, por ejemplo “ricos-nombres”.

Derivación: Como su propio nombre indica, se trata de un procedimiento utilizado para formar una palabra nueva añadiendo, suprimiendo o intercambiando otros términos ya existentes que se denominan primitivos; de ahí que al nuevo término se le llame derivado. El elemento más importante que entra en la derivación es el sufijo, en síntesis, se trata de un morfema unido a una palabra en su parte final.

Ejemplos de palabras que llevan un sufijo: “varie-dad”, “sombr-ero”, “contr-ario”, “dímelo”…

Al igual que en el caso de la “Composición”, también en la “Derivación” ocurre que la nueva palabra, formada a partir de otras ya existentes, tiene su propio y único sentido, todo lo cual la hace diferente y única. De ahí que la “Derivación” sea el medio más común para formar palabras nuevas a partir de una primitiva a la cual se le añade un sufijo que, entonces, pasa a denominarse sufijo derivativo.

Cuando añadimos un sufijo al final de una palabra se modifica el significado o la función de ésta. Y así, por ejemplo, si analizamos la palabra “redactor” hallaremos que se compone del elemento “redac-” y el sufijo “-tor”. Por lo demás, hay sufijos que provienen del griego, por ejemplo el sufijo “-ismo”, el cual forma parte de muchas palabras: “feminismo”, “machismo”, “cubismo”, “modelismo”, ” neorrealismo”, “liberalismo”, “cristianismo”, “luteranismo”…

Así mismo, en ocasiones se habla de una “derivación” culta y de otra popular; aquélla es la formada por elementos considerados vulgares, mientras que ésta se forma con elementos denominados cultos.

Señalaremos, también, que los diminutivos, aumentativos y despectivos están considerados como elementos derivativos.

Por todo lo anterior, gramaticalmente, y desde el punto de vista de la “Morfología”, la derivación puede definirse del siguiente modo: “Procedimiento por el cual se forman vocablos ampliando o alterando la estructura o significación de otros que se llaman primitivos: cuchillada, de cuchillo; marina, de mar…

En ocasiones puede ocurrir, no obstante, que la palabra se acorte, en lugar de aumentar, en cuyo caso nos hallamos ante la denominada “Derivación regresiva”. Por ejemplo, señalaremos que la palabra “legislar” que significa “dar, hacer o establecer leyes, deriva, de forma regresiva, del vocablo “legislador” con el que, literalmente, se alude a quien legisla.” < < “Legislador”: “que legisla”> >.

Respecto a la “Derivación”, se puede leer, en el “Diccionario de términos filológicos” de Lázaro Carreter, lo siguiente:

1.-Procedimiento de formación de una palabra nueva, mediante la adición, supresión o intercambio de sufijos (“bolso-bolsillo”, “avanzar-avance”, “portero-portería”). En el primer caso, existe una derivación progresiva, que da origen, ordinariamente, a derivados postverbales.

2.-Se habla de derivación impropia (frente a la propia, que seria la descrita) cuando una palabra, sin cambiar de forma, desempeña funciones nuevas. Así; cuando un nombre propio se emplea como nombre común: “un mecenas”, “un quijote”.

3.-Hay derivación inmediata o simple cuando un sufijo se añade directamente al tema (“par-lar”), y mediata o compleja, cuando se interponen otros afijos ( “parl-ot-e-ar”.)

4.-Dependencia etimológica de una palabra, respecto de otra que es su étimo.

Debemos aclarar que el término “étimo” significa lo siguiente: “Raíz o vocablo de que procede otro u otros”.

Desarrollaremos los procedimientos restantes y que ya hemos apuntado al principio de esta sección, nos referimos a las “Desinencias”, a la “Gradación y a las “Partes de la Oración”.

Ejemplos de palabras “Compuestas” y sus significados “todo poderoso”: Que todo lo puede. “litografía”: Arte de dibujar o grabar en piedra, preparada al efecto, para multiplicar los ejemplares de un dibujo o escrito.

“agridulce”: Que tiene mezcla de agrio y dulce.

“coligarse”: Unirse, confederarse unos con otros para algún fin.

“coliflor”: Variedad de col que al entallecerse echa un conjunto de tallitos compuesto de diversas cabezuelas o grumitos blancos. Se come cocida y condimentada de diferentes modos.

“bienmesabe”: Dulce de claras de huevo y azúcar clarificado, con el cual se forman los merengues.

“quitasol”: Especie de paraguas para resguardarse del sol.

“quitasueño”: Lo que causa preocupación o desvelo.

“malandanza”: Mala fortuna, desgracia.

“vaivén”: Movimiento alternativo de un cuerpo que después de recorrer una línea vuelve a describirla, caminando en sentido contrario.

“correveidile”: Persona que lleva y trae cuentos y chismes.

“correverás”: Juguete para niños, que se mueve por un resorte oculto.

XXX

“El lenguaje sólo existe en la medida en que se emplea de hecho, en la medida en que se habla y se oye, se escribe y se lee. Todos los cambios importantes que tengan lugar en él deben producirse primeramente como variaciones individuales”. (E. Sapir).
 

Siguiendo con nuestra disertación, sobre los aspectos relacionados directamente con el estudio gramatical de las expresiones lingüísticas, y para agotar el estudio exhaustivo de la forma de las palabras, nos ocuparemos ahora de las Desinencias. Recordemos que el orden propuesto con anterioridad era el siguiente: Composición, Derivación, Desinencias, Gradación y Partes de la Oración. Desinencias: Algunos lingüistas identifican las desinencias con los sufijos y, en realidad, ambos elementos únicamente se diferencian por su función y por su empleo. Ya quedó dicho que el sufijo era un afijo que iba pospuesto, esto es, colocado al final de una palabra para formar otro vocablo derivado del término original. El sufijo, por tanto, es un morfema que, unido a una base en su final, forma un derivado. Son prefijos las terminaciones “ote”, “ico”, “dor”, “ivo”, “encia”, “oso”, “ito”, “mento”, “dad”, “ario”, los cuales pueden aparecer en palabras como “chicote”, “pequeñico”, “comprador”, “altivo”, “permanencia”, “tumultuoso”, “hombrecito”, ” juramento”, “beldad”, “bancario” . Respecto a la desinencia, señalaremos que también es un morfema mediante el cual podemos saber el caso, el número y el género de un sustantivo, o también distinguir la persona y el tiempo de un verbo. Lázaro Carreter dice, a propósito de la Desinencia, lo siguiente: “Elemento flexivo que se añade a un tema en la declinación y en la conjugación. En el primer caso, se llama desinencia casual, e indica el caso, el género y el número; en el segundo, desinencia verbal o personal, e indica la persona, el número, el tiempo, el modo, la voz, etc.”; y, citando a un cualificado lingüista, añadirá que: “Las desinencias son directamente comparables a los sufijos; son también elementos sobreañadidos a la raíz. Sólo se les distingue de los sufijos por el empleo, pues el sufijo sirve para indicar la categoría general a que pertenece la palabra (nombre de agente, de acción, de instrumento, aumentativo, diminutivo, etc.), mientras que la desinencia indica simplemente el papel que desempeña la palabra en la frase”.

De todo lo dicho, se sigue que hay desinencias de género y desinencias de número, de ahí la importancia de la concordancia y sus reglas. Según la Real Academia, la “concordancia es en nuestra lengua la igualdad de género y número entre adjetivo o artículo y sustantivo, y la igualdad de número y persona entre el verbo y su sujeto. Con la pérdida de la declinación latina quedaron muy simplificadas las leyes de la concordancia en las lenguas romances, las cuales se limitan al ajuste entre las categorías gramaticales de género, número y persona. En español, además, por el hecho de estar contenido el sujeto en la desinencia verbal, la concordancia de verbo y sujeto rige únicamente para los casos de determinación y desarrollo del sujeto fuera del verbo que lo contiene. Estos casos son frecuentes en tercera persona, pero son innecesarios y generalmente poco usuales en las personas primera y segunda, que están presentes en el diálogo”.

Por tanto, en realidad, la concordancia es siempre una “relación interna entre los elementos de la frase, que consiste en la igualdad de género y número (y caso) entre el sustantivo, el adjetivo, el artículo y el pronombre. Y en la igualdad de número y persona entre un verbo y su sujeto”.

La definición gramatical de Concordancia sería como sigue: “Conformidad de accidentes entre dos o más palabras variables. Todas éstas, menos el verbo, concuerdan en género y número; y el verbo con su nominativo, en número y persona”.

Reglas de la Concordancia

La estructura fundamental de las reglas de la Concordancia fue establecida por el prestigioso gramático venezolano Andrés Bello (1781-1865), en su célebre obra “Gramática de la Lengua Castellana”. En esencia, hay dos reglas principales que rigen la concordancia, son las denominadas reglas generales: Primera regla general. Si el verbo se refiere a un solo sujeto, concierta con él en número y persona; y ando el adjetivo se refiere a un solo sustantivo, concierta con él en género y número.

Ejemplos: “El turista visitó el museo recién inaugurado”.”Los turistas visitaron el museo recién inaugurado”.”Pasó por mi calle un autocar lleno de viajeros”.”Pasaron por mi calle unos autocares llenos de viajeros”.”EI estudiante entró en clase”.”Los estudiantes entraron en clase”.

Segunda regla general. En el caso de que el verbo se refiera a varios sujetos deberá ir en plural. Cuando concurren personas verbales diferentes, la segunda es preferida a la tercera, y la primera a todas.

Si el adjetivo se refiere a varios sustantivos, va en plural. Si los sustantivos son de diferente género, predomina el masculino. Ejemplos: “Tu madre y tú saldréis temprano”.”Tu madre, tú y yo saldremos temprano”. “Pusieron en el examen preguntas muy difíciles”.

No obstante, estas reglas generales, según explica la Real Academia, “rigen la concordancia gramatical, es decir, la que los hablantes aspiran a realizar según la norma colectiva, más o menos consciente, que la lengua impone a todos como imagen o modelo ideal. Es también, en consecuencia, la que los gramáticos aconsejan como correcta en los casos de duda. Pero en el habla real aparecen a veces desajustes y vacilaciones entre el pensamiento y su expresión, es decir, discordancias gramaticales motivadas, bien por impericia o poco esmero del hablante, o bien por la naturaleza misma del significado y el significante.

Por esto, la rapidez improvisadora del habla coloquial fortalece el sentido de la norma gramatical. A medida que el idioma iba acreciendo su tradición literaria a lo largo de su historia, se confirmaban las reglas generales, y al mismo tiempo se delimitaba el alcance de las anomalías que el uso sancionaba como posibles en la expresión correcta”.

Así mismo, existen casos especiales de concordancia que no se ajustan a las normas generales; tal es el caso, por ejemplo, de la concordancia de los colectivos, acerca de lo cual, en su “Esbozo de una nueva gramática de la Lengua Española”, expone lo siguiente la Real Academia: Cuando el sustantivo es un nombre colectivo y está en singular, el verbo se ha de poner en el mismo número; pero puede usarse en el plural, considerando en el colectivo, no el número singular que representa su forma, sino el de las cosas o personas que incluye. Cuando dice Cervantes: “Finalmente, todas las dueñas le sellaron (a Sancho) y otra mucha gente de casa le pellizcaron”, el verbo “pellizcaron” está en plural, concertando con el sustantivo “gente”, que significa muchedumbre de personas. En los escritores antiguos son muy comunes expresiones como esta: “Acudieron a la ciudad multitud de gente”; pero conviene usar con parsimonia y tino tales licencias.

En ocasiones, la concordancia entre sustantivo y adjetivo puede crear algún problema a los hablantes. Por ejemplo, a veces, al designar dos asignaturas encontramos vacilaciones en el número del adjetivo:

“Geografía e Historia española (o españolas)”. En este caso ambas formas son correctas, aunque está más extendido el uso del adjetivo singular; por consiguiente, aquí sería preferible decir y escribir “Geografía e Historia española”.

Así mismo, señalaremos que cuando un adjetivo va detrás de dos o más sustantivos, concertará con ellos en plural; por ejemplo “Cuidó a su hijo con amor y ternura envidiables”. Y, finalmente, cuando el adjetivo precede a dos o más sustantivos, concierta con el más próximo; por ejemplo “El público lo recibió con entusiasta admiración y aplauso”.

Conforme al orden propuesto, definiremos a continuación la Gradación que, como su nombre indica, implica enumeración y se encuentra en el discurso para resaltar un determinado orden de valores: importancia significativa, expresividad, comprensión…

En la Retórica también se concede mucha importancia a la Gradación y, en consecuencia, se la considera como una “Figura que consiste en juntar en el discurso palabras o frases que, con respecto a su significación, vayan como ascendiendo o descendiendo por grados, de modo que cada una de ellas exprese algo más o menos que la anterior”.

Ejemplos de discordancias entre sujeto y verbo

A veces, los hablantes faltan a la norma gramatical que explica cómo el sujeto y el verbo tienen que concordar en “número” y “persona”. Y así se llega a decir “Yo me gustaría que fuéramos juntos al cine”, en lugar de la expresión correcta “A mi me gustaría que fuéramos juntos al cine”.

También se oye decir “Mis amigos parecen que no me comprenden”, cuando lo correcto es “Mis amigos parece que no me comprenden”.

Así mismo, hay veces que leemos carteles, mensajes o comunicados redactados de forma errónea; por ejemplo, cuando vemos escrito “En esta tienda se vende bolsos de piel” en lugar de la expresión correcta “En esta tienda se venden bolsos de piel”.

XXXI

“Varios decenios de lingüística aparentemente centrada en la lengua hablada la única merecedora de tal nombre han soslayado una y otra vez el enfrentamiento con la realidad más viva y auténtica de la comunicación entre los humanos, la que llamaremos coloquial.” (Emilio Lorenzo).
 

Conforme al orden que venimos siguiendo en nuestro estudio sobre las expresiones lingüísticas, nos ocuparemos ahora de la denominada “Gradación”. Señalaremos, nuevamente, que el orden propuesto con anterioridad era el siguiente: Composición, Derivación, Desinencias, Gradación y Partes de la Oración.

Gradación: En un primer acercamiento, señalaremos que la gradación es sinónimo de sucesión y que, definida desde el punto de vista de la construcción artística del mensaje que vamos a transmitir se trata de una figura retórica “que consiste en juntar en el discurso palabras o frases que, con respecto a su significación, vayan como ascendiendo o descendiendo por grados, de modo que cada una de ellas exprese algo más o menos que la anterior”.

Pero, la gradación es también, y sobre todo, detalle y relación. Lázaro Carreter identifica gradación y enumeración y, en consecuencia, define la gradación del modo siguiente: Enumeración en que se sigue un determinado orden de valores: intensidad significativa, expresividad, extensión, comprensión, etcétera. Puede ser ascendente o clímax: “Acude, acorre, vuela, / traspasa el alta sierra, ocupa el llano, / no perdones la espuela, / no des paz a la mano, / menea fulminando el hierro insano” (Fr. Luis de León), y descendente. Cuando una palabra de un miembro se repite en el siguiente, ligándolos, se produce la concatenación: “Sale de la guerra paz, de la paz abundancia, de la abundancia ocio, del ocio vicio, del vicio guerra.”

Por lo demás, y desde una perspectiva gramatical, se habla de los grados del adjetivo, aspecto que, aunque cuantitativo, se transforma en una cualidad propia de los adjetivos para expresar diferentes grados de plenitud o intensidad. La Real Academia, en este punto, afirma que “La gradación se expresa con el auxilio de un adverbio cuantitativo: nada firme, poco firme, algo firme, bastante firme, muy firme.”

De entre los valores relacionados con la gradación, y que se han señalado anteriormente, sobresalen la intensidad significativa, la expresividad, la extensión y la comprensión; todos ellos caen dentro del campo inherente al valor artístico o estético de la significación y su materialización en la narración y, más concretamente, en la descripción; y, además, constituyen la denominada función expresiva del lenguaje.

Función expresiva del lenguaje

Dentro de las denominadas funciones del lenguaje, sobresale la expresiva que, en síntesis, es aquella mediante la cual el hablante muestra su mundo anímico y expresa un determinado estado de ánimo.

Se ha llegado a decir, que la carga significativa que lleva consigo el lenguaje expresivo depende a veces de algo tan insignificante como una coma.

Y, en el caso concreto de la expresividad, señalaremos que es un concepto equivalente a cierta clase de lexía que los estudiosos del lenguaje denominan afectividad lingüística.

Mas, antes de seguir adelante, conviene aclarar que el término lexía se define del siguiente modo: “Es la unidad lexical memorizada”. Y así, por ejemplo, cuando el hablante emplea la expresión “meter la pata” no construye su mensaje en el momento en que habla sino que lo toma de su “memoria lexical”, por así decirlo. En consecuencia, y como esa memoria lexical puede comprender palabras, oraciones, textos…: resulta obvio que habrá varias clases de lexías, a saber: lexía simple, lexía compuesta, lexía textual, etcétera.

-Lexía simple: Principalmente se identifica con la palabra, el término o el vocablo. Ejemplos: “color”, “caballero”, “árbol”, “entre”, “ahora”, “puente”, “mar”…

-Lexía compuesta: Puede decirse que es aquella que se forma de palabras compuestas: Ejemplos: “manirroto”, “carricoche”, “vaivén”, “sobreprecio”, “todopoderoso”, “alicorto”, “minifalda”, “ropavejero”…

-Lexía textual: Se refiere, especialmente, al texto memorizado y cargado de significación como, por ejemplo, es el caso de los refranes, proverbios, dichos, máximas, modismos, etcétera. Ejemplos: “Habla más que una cotorra”. “Come más que un lima”. “Vive su propia vida”. “Así se escribe la historia”. “Ojos que no ven, corazón que no siente”. “Desgraciado en el juego, afortunado en amores”…

-Intensidad significativa: Mediante la intensidad significativa el hablante logra dar mayor relieve significativo a su mensaje.

En ocasiones, los lingüistas hablan también de aspecto intensivo para referirse al aspecto que presenta la acción verbal como más intensa que la de otro verbo tomado como punto de referencia.

Así mismo, y desde una perspectiva estilística, se puede afirmar que el aspecto expresivo del lenguaje es aquel que alude a nuestra vida anímica; y, en consecuencia, señalaremos lo siguiente: “El lenguaje no es sólo un instrumento de pensar y de entenderse, es sobre todo el medio con que nosotros nos manifestamos ante nosotros mismos y ante los demás con el que cobran forma, como materia de conciencia, nuestra representaciones, nuestras apetencias, nuestras voliciones y nuestras sensaciones de placer o desplacer”. En definitiva, concluiremos que las palabras no solo tienen un sentido, un significado, sino que también expresan, y encierran, contenidos psíquicos: lo afectivo, lo fantástico, lo sugestivo.

Este aspecto expresivo del lenguaje puede variar, esto es, admite gradaciones o matizaciones, en cuyo caso nos encontramos ante el “énfasis” el “pleonasmo”, el “anacoluto”, el “solecismo”, la “anáfora”, el “hipérbaton”, el “palíndromo” o “capicúa”, el ” juego de palabras”, el “calambur”…

Del “énfasis” consistía en dar a entender más de lo que se expresa con palabras; mientras que del “pleonasmo” afirmábamos, asimismo, que indicaba “sobreabundancia”, y, en consecuencia, se le denominaba también “redundancia”.

Ejemplo de una frase que lleva “énfasis”: “Por quererla quien la quiere / la llaman la Malquerida”.

Ejemplos de frases con un “pleonasmo”: “Lo vi con mis propios ojos”. “Se fue volando por el aire”.
El “anacoluto” es una inconsecuencia, o falta de ilación, en la construcción sintáctica de una frase, por lo que se produce falta de coherencia gramatical.

Ejemplos de “anacoluto”: “Aquel de buenos abrigo,/ amado por virtuoso / de la gente / el maestre don Rodrigo / Manrique, tan famoso / y tan valiente,/ sus grandes hechos y claros / no cumple que los alabe…” (Jorge Manrique). ” El alma que por su culpa se aparta de esta fuente y se planta en otra de muy mal olor, todo lo que corre della es la mesma desventura y suciedad” (Santa Teresa).

El “solecismo” es la falta de sintaxis y el mal uso de un idioma, es decir, un error cometido contra la exactitud o pureza de un idioma. Según Lázaro Carreter, el término “solecismo” se emplea como opuesto a “barbarismo”; mientras éste es un error cometido por el empleo de una forma inexistente en la lengua, el solecismo consiste en el mal uso de una forma existente. Tradicionalmente se admite, con escaso fundamento, que el término griego (“solocisnós”) aludía al mal uso lingüístico de los habitantes de Soli, ciudad de Cilicia.

Ejemplos de “solecismos”: “Ves a ver si han llegado todos los invitados” (lo correcto es “Ve a ver si han llegado todos los invitados”. “Cayó boca a bajo” lo correcto es “Cayó boca abajo”). “Decirme lo que habéis pensado” (lo correcto es “Decidme lo que habéis pensado”).

La “anáfora”: Es un figura retórica que consiste en la repetición de una o varias palabras al comienzo de una frase o en principio de diversas frases en un período. Ejemplo de “anáfora”: “Traed, traed de vino vasos llenos” (Arias Montano).

El “hipérbaton”: Figura de dicción que consiste en invertir o alterar el orden de las palabras en la oración simple, o de las oraciones en el período.

Ejemplo de “hipérbaton”: “Pidió las llaves a la sobrina del aposento” (Cervantes); cuando lo correcto es “Pidió las llaves del aposento a la sobrina”.

El “palíndromo” o “capicúa”: Se trata de una palabra o frase que se lee igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha o de principio a fin que de fin a principio.

Ejemplo de “palíndromo” o “capicúa”: “anilina” (palabra que leída de atrás adelante también es “anilina”). “Dábale arroz a la zorra el abad” (frase que cuando se lee de fin a principio también dice “Dábale arroz a la zorra el abad”).

El “juego de palabras”: Consiste en utilizar una misma palabra dos veces o en sentido equívoco para producir cierto contraste en sus diversos significados. Hay dos tipos de juego de palabras, a saber: la “dilogía” y el “calambur”.

La “dilogía”: Consiste en el empleo de una misma palabra con dos significados diversos.

El “calambur”: Cuando las sílabas de dos palabras contiguas producen o sugieren un sentido radicalmente distinto, nos hallamos ante el “calambur”. Se da, por ejemplo, en las adivinanzas: “Oro parece plata no (=plátano) es”.

Ejemplos de “juego de palabras”: “Con los tragos del que suelo / llamar yo néctar divino,/ y a quien otros llaman vino / porque nos vino del cielo” (Baltasar de Alcázar). “¿Este es conde? Sí, este esconde la calidad y el dinero” (Ruíz de Alarcón)

XXXII

“Todo aquello que puede ser dicho, puede decirse con claridad: y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse.” (Wittgenstein).
 

Iniciamos aquí el estudio y desarrollo del nombre sustantivo que se diferencia del nombre adjetivo denominado así porque, tanto desde el punto de vista semántico como desde una perspectiva morfológica, es el compuesto o la palabra que porta y contiene la sustancia, el sentido y el significado principal de la cadena fónica, lo que explica que por sí solo tenga sentido y no necesite de ningún otro componente para sustentar su sentido pleno; por consiguiente, los posibles componentes resultarán accesorios y su función consistirá en añadir o acentuar el sentido y el significado del sustantivo.

Según Aristóteles, el concepto de substancia es uno de los más fundamentales puesto que nos remite a lo inmutable, a lo que permanece y no cambia y, en consecuencia, se opone a la noción de accidentes:

Substancia: Aquello que antes que todo es ser, y no un ser determinado, sino ser sin más, absolutamente. La substancia existe por sí misma y en sí misma, separadamente de cualquier otra cosa, y que permanece a través de todas las mutaciones y cambios. Lo propio de la substancia, pues, es ser ella misma y no depender ni estar en ningún sujeto a diferencia de los accidentes, que existen siempre unidos a su sujeto.

Accidentes: Se contraponen a la substancia, ya que no pueden existir por sí mismos, pues su esencia es tanto la dependencia como la subordinación.

Por ejemplo, el agua puede calentarse, enfriarse, helarse o evaporarse, pero siempre permanece bajo ese tipo de mutaciones la misma agua.

Luego, la substancia agua permanece, y los accidentes que la calientan, enfrían, etc., cambian y están sujetos a mutación.

Desde el punto de vista gramatical, los accidentes equivalen a los morfemas que, como ya se ha dicho son los elementos lingüísticos, o las partes de la palabra, no susceptibles de ser divididos en unidades más pequeñas.

Así mismo, tradicionalmente, el nombre está considerado como una de las partes de la oración y, en tal sentido, la Real Academia, en su “Esbozo de una nueva gramática de la Lengua Española”, señala lo siguiente: “La distribución de las palabras en clases o partes de la oración o del discurso puede hacerse con criterios morfológicos o sintácticos, es decir, atendiendo exclusivamente a la forma de la palabra o bien a su función sintáctica. Frecuentemente uno y otro criterio se superponen: la forma implica la función e inversamente. En otros casos ambos criterios contribuyen a la clasificación, de manera complementaria. En español y en otras lenguas de sistema análogo al español, el criterio morfológico puede bastar por sí solo para clasificar todas las palabras de la lengua en dos grandes grupos: las variables y las invariables.”

Pero, desde una perspectiva sintáctica, el nombre sustantivo también es el núcleo del sintagma nominal, y su función esencial consiste en ser sujeto de la oración. Y, además de la función de sujeto, el nombre sustantivo puede tener otras funciones varias, tales como complemento directo, indirecto y circunstancial.

Una historia singular

No obstante, la historia del nombre comienza en la antigüedad clásica, cuando un grupo de estudiosos del lenguaje, conocido como los “sofistas”, explicaba que el nombre servía para designar la cosa que previamente se había establecido, es decir, el nombre era entonces una convención puesto que, por costumbre o asentimiento general, una determinada comunidad de hablantes acordaba denominar a las cosas con unos nombres determinados, luego los objetos y las cosas existían únicamente cuando se las daba un nombre; esta teoría se conocería más adelante con el nombre de nominalismo que, desde el punto de vista de la teoría del pensamiento, es la tendencia a negar la existencia objetiva de las ideas, las cuales se consideran convenciones o nombres, simplemente. En cuanto teoría filosófica, el nominalismo se opone al realismo y al idealismo: el realismo preconiza la existencia objetiva de las ideas, y el idealismo considera que la idea es el principio del ser y el conocer. En consecuencia, según los idealistas, el nombre sería el instrumento, útil o herramienta, merced al cual es posible hablar del ser de las cosas.

En la antigüedad, con el término “nombre” (“nomen”) se designaba tanto al adjetivo como al sustantivo, y fue en la Edad Media cuando se produjo la separación de ambas categorías. En la moderna gramática, el término “nombre” se aplica por antonomasia al sustantivo y, desde un punto de vista objetivo, es el vocablo que expresa una sustancia independiente, por lo que se opone al “adjetivo” que implica todo aquello considerado accesorio, añadido, secundario y dependiente.

Siguiendo con nuestro razonamiento histórico, diremos que fue Aristóteles quien primero confirió al nombre aspectos gramaticales, aunque también se refirió a él desde el punto de vista lógico y, por consiguiente, el nombre sería “un sonido vocal que posee un significado convencional.”

Más adelante, en el medievo, esta definición del nombre que hizo suya la antigüedad clásica se consideró dentro del denominado “Arte de la Gramática” y, en consecuencia, el nombre fue asociado tanto a la significación como a la idea, y surgió la división del nombre en varias clases: sustantivos y adjetivos, en cuyo caso pertenecerían a la gramática; abstractos y concretos, que entrarían dentro del campo de la lógica; comunes y propios, que se considerarían tanto desde una perspectiva lógica como desde un punto de vista gramatical…

A partir de aquí se empezó a considerar el nombre exclusivamente como portador de significación y, por ello, fue relacionado con el aspecto semántico; no obstante, la mezcla de los elementos lógicos y gramaticales contribuyó al amplio desarrollo de la teoría de los nombres. Y así, surgieron los nombres de primera imposición (que se aplican a las cosas) y los nombres de segunda imposición (que se aplican a palabras).

Posteriormente, en la época moderna, el nombre fue estudiado desde un punto de vista psicológico y denotativo. Así mismo, algunos autores declararán que no es cierto que cada cosa pueda tener un nombre sino que, por el contrario, pueden designarse varias cosas mediante un nombre, lo cual se justifica por la comodidad de su uso y, por consiguiente, los nombres se comprenderán en función de las ideas que designan: puede haber nombres de ideas simples y complejas, y nombres comunes y propios. También, entonces, se habló, por ejemplo, de nombres positivos y negativos; contradictorios; particulares, universales e indefinidos; absolutos y relativos; simples y compuestos…

Hubo, así mismo, pensadores que consideraron los nombres como una especie de signos y, en consecuencia, los nombres designarían cosas particulares o conjuntos de cosas particulares y, en ambos casos, los nombres sustituirían a imágenes o representaciones de esos objetos por ellos designados.

En la época contemporánea, el nombre se asocia sobre todo con la semántica y con la lógica; además, se distingue entre “nombrar” y “enunciar” y, en consecuencia, algunos autores dicen lo siguiente:

“Por nombres no debemos entender meros sustantivos, los cuales no expresan por sí solos ningún acto completo. Si queremos comprender claramente lo que son y significan aquí los nombres, lo mejor será considerar las conexiones y principalmente los enunciados en que los nombres funcionan en su significación normal. Vemos entonces que las palabras que deben ser consideradas como nombres sólo expresan un acto completo cuando o representan el sujeto simple completo de un enunciado o, prescindiendo de las formas sintácticas, pueden desempeñar en un enunciado la función de sujeto simple, sin alteración de su esencia intencional.”

También, cualificados investigadores del lenguaje llaman a los nombres actos nominales, y afirman que “un enunciado no puede funcionar nunca como nombre, ni un nombre como enunciado, sin alterar su naturaleza esencial, esto es, sin una alteración de su esencia significativa y con ella de la significación misma”.

En definitiva, actualmente, la investigación del nombre viene realizándose por el grupo de estudiosos de tendencia analítica que, en cierto modo, guarda relación con la época antigua y medieval. No obstante, determinadas afirmaciones emitidas por algunos de los representantes de este grupo de tendencia analítica han sido calificadas de radicales por prestigiosos lingüistas y notables estudiosos del lenguaje. Y así, se ha dicho que los nombres propios no tienen significación o, si la tienen, está formada por el objeto nombrado. Así mismo, también se ha llegado a afirmar que existen nombres que son disfraces de descripciones; “que hay nombres que nombran un objeto existente y otros que nombran (o se proponen nombrar) algo que no existe o no existe todavía y a lo cual se propone dar un determinado nombre; que hay nombres propios usados como nombres comunes y nombres comunes que han terminado por adquirir la categoría de nombres propios…”

En síntesis, y después de todo lo antedicho, podemos definir hoy día el nombre sustantivo como aquella palabra con que se designan uno o más objetos pensados como conceptos independientes. Tales objetos se refieren a seres vivos y cosas existentes en la naturaleza (árbol, silla) o en nuestra mente (valor, emoción).

Desde una perspectiva morfológica, hemos de decir que el sustantivo se compone de:

raíz o semantema y morfemas o formantes, que van unidos a la raíz.

A la raíz o semantema también se le denomina lexema, ya que es el elemento de la palabra portador de la significación.

Ejemplos de palabras con sus raíces y morfemas. Si, por ejemplo, tomamos el sustantivo “vengo” observaremos que su raíz o lexema es “ven” y el morfema o formante que va unido a la raíz corresponde al término “go”.

Raíz o lexema: “ven-“; morfema o formante: “-go”. Otro tanto sucede con las siguientes palabras: “lobos”, “cantar”, “sordidez”, “contrario”, “sombrero”, “cuñados”, “opinas”…

Raíz o lexema: “lob-“; morfema o formante: “-os”.z

Raíz o lexema: “cant-“; morfema o formante: “-ar”.

Raíz o lexema: “sordid-“; morfema o formante: “-ez”.

Raíz o lexema: “contr-“; morfema o formante: “-ario”.

Raíz o lexema: “sombr-“; morfema o formante: “-ero”.

Raíz o lexema: “cuñad-“; morfema o formante: “-os”.

Raíz o lexema: “opin-“; morfema o formante: “as-“.

XXXIII

“Si, con la escritura, los hombres se hacen más sabios y más memoriosos, quiere decir que han superado, en parte, el estrecho horizonte de posibilidades que la naturaleza les abre”. (Emilio Lledó).
 

Ya quedó dicho que el nombre sustantivo se diferenciaba del nombre adjetivo, aunque ambos tienen en común su pertenencia a una categoría superior que, como es obvio, se denomina nombre: “Adjetivo y sustantivo poseen, en efecto, muchos caracteres comunes Tienen unos mismos morfemas de número y las variantes de estos morfemas aparecen condicionadas por los mismos contornos fonológicos. Los morfemas derivativos de uno y otro no son en muchos casos diferentes y algunos de ellos se caracterizan por la propiedad de poder formar, a partir de un mismo tema de derivación, un sustantivo y un adjetivo. Así ocurre, por ejemplo, con los nombres gentilicios: toled-ano, malagueño, bilba-ino. En estos casos, la construcción sintáctica decide la categoría, pero a veces tampoco es decisiva la función. Así ocurre en la lengua española en muchos casos en que uno de estos nombres actúa como complemento predicativo. Si decimos o escribimos: Los españoles pierden, la agrupación con el articulo, además de la función de sujeto, nos indica que españoles es aquí sustantivo, a menos que el pasaje anterior sea un miembro disyecto de una frase más extensa, por ejemplo: Los jugadores italianos ganan y los españoles pierden, en donde el articulo los puede ser un articulo anafórico (= repetitivo) y equivaler a los jugadores, con lo que españoles sera un adjetivo, lo mismo que en la frase los jugadores españoles. Pero si decimos son españoles, fallan los criterios sintácticos para decidir si españoles es nombre sustantivo o adjetivo.

Tenemos entonces un caso de indistinción o sincretismo entre dos categorías.” (Real Academia).

Antes de seguir adelante, conviene dilucidar el significado de dos términos empleados en el párrafo anterior, y que hemos entrecomillado con el fin de explicar su significado; se trata de los vocablos disyecto y sincretismo.

– disyecto: equivale aquí a separado, apartado, desunido…

– sincretismo: Reunión o concentración de dos o más funciones gramaticales en una sola. “Fenómeno que se produce cuando una forma asume diversas funciones. (…) El sincretismo tiene dos clases de manifestaciones: la coincidencia y la implicación”. El primer vocablo es sinónimo de identidad y concurrencia, mientras que con el segundo se alude a la contradicción y oposición de los términos entre sí.

Por otro lado, el nombre sustantivo es una clase de lexía. ” Unidad lexical memorizada”. Y también, con el propósito de aclarar, y ampliar, el sentido del término lexía se decía que, cuando el hablante emplea la expresión “meter la pata” no construye su mensaje en el momento en que habla sino que lo toma de su “memoria lexical”. En consecuencia, y como esa memoria lexical puede comprender palabras, oraciones, textos… resulta obvio que habrá varias clases de lexías, a saber: lexía simple, lexía compuesta, lexía textual, etcétera.

– Lexía simple: Principalmente se identifica con la palabra, el término o el vocablo. Ejemplos: “color”, “caballero”, “árbol”, “entre”, “ahora”, “puente”, “mar”…

– Lexía compuesta: Puede decirse que es aquella que se forma de palabras compuestas: Ejemplos: “manirroto”, “carricoche”, “vaivén”, “sobreprecio”, “todopoderoso”, “alicorto”, “minifalda”, “ropavejero”…
– Lexía textual: Se refiere, especialmente, al texto memorizado y cargado de significación como, por ejemplo, es el caso de los refranes, proverbios, dichos, máximas, modismos, etcétera. Ejemplos: “Habla más que una cotorra”. “Come más que un lima”. “Vive su propia vida”. “Así se escribe la historia”. “Ojos que no ven, corazón que no siente”. “Desgraciado en el juego, afortunado en amores”… Pero, además, existe una clase de lexías con morfema lexical a la que pertenece el sustantivo; y, desde este punto de vista, surge el número y el género, con lo que el sustantivo se caracterizaría por las marcas de determinación o artículos, por el número y por el género.

Masculinos y femeninos

En español, según la Real Academia, atendiendo al género, los nombres sustantivos se dividen en femeninos y masculinos. El término “género” proviene del vocablo griego “genos”, cuya raíz comprende e implica tanto el término gramatical “género” como el sexo de los seres vivos. Por tanto, el género utiliza la misma morfología que el sexo; y así, habrá género masculino y femenino, y sexo macho y hembra. Así mismo, respecto a la categoría nominal del neutro, hay que señalar que no existe en la lengua española: “Decimos que un nombre es femenino o masculino cuando las formas respectivamente femeninas o masculinas del artículo y de algunos pronombres, caracterizadas las primeras por el morfema de género -a, y las segundas por el morfema de género -o, -e o por ningún morfema, se agrupan directamente con el sustantivo en construcción atributiva o aluden a él fuera de esta construcción. Con arreglo a esta definición son femeninos la mujer, la vestal, la perdiz, aquella flor, No hay ocasión como ésta, y son masculinos el hombre, el adalid, el ratón, algún mal, Estos son mis poderes.”

Por lo demás, cuando los nombres sustantivos comunes (denominados también apelativos) son de persona, los hablantes tienden a considerar que los géneros femeninos y masculinos designan respectivamente a mujeres y varones, o hembra y macho de algunas especies animales: “Esta idea se acerca bastante a la verdad, sobre todo si más que a los sustantivos la aplicamos a las formas del artículo y de los pronombres de que acabamos de hacer mención, incluyendo entre ellas las formas del pronombre personal de tercera persona, en los casos o en la mayor parte de los casos en que unas y otras realizan por sí mismas una mención de persona, es decir, fuera de la construcción atributiva: Hoy la he visto, la he visto hoy y me ha mirado (Bécquer). A ese le arreglo yo las cuentas, etc. Solo existe una limitación a este principio. Los plurales masculinos, los, ellos, estos, etc., designan una pluralidad de varones, pero también pueden designar conjuntamente una pluralidad de hembras y varones, cualquiera que sea el número de ellos y de ellas, lo que se produce en virtud de la idea general o genérica que es inherente al masculino. Los nombres apelativos de persona, en cambio, tienen estas y otras limitaciones. No solamente los plurales masculinos, como hijos, hermanos, pueden significar varones y hembras conjuntamente. El singular masculino hombre equivale a varón, pero también designa mujeres y varones empleado como término general o genérico. Por otra parte, ha habido en español antiguo y clásico, y hay femeninos que designan varón, o que pueden designar mujer o varón indistintamente: la centinela, la guarda, (. ..), la guía, la vela, la imaginaria. El empleo metafórico de nombres femeninos o masculinos de cosa para designar persona puede dar también nacimiento a nombres de varón del género femenino: esa mala cabeza, o masculinos de mujer: ese pendón.

Fuera de este uso metafórico, los nombres masculinos de mujer son escasos: el marimacho.” (Real Academia).

Consiguientemente, la significación de sexo “se aplica a los humanos y a los animales. Es binario: macho/hembra. Su significante es generalmente un morfema sufijado (-o)/-a, cero / -o); a veces, es solamente sensible a través del determinante”. Y así, tenemos que el sexo puede estar incluido en el lexema: sobrin-o/sobrin-a; profesor/profesor-a; el testigo/la testigo; toro/vaca.

No obstante, al evolucionar la lengua en las sociedades humanas, los hablantes han tenido necesidad de creación -de ahí que siempre digamos del lenguaje que se encuentra en continua evolución y cambio, que es dinámico y evoluciona a la par que los humanos y los tiempos- por así decirlo y, en consecuencia, surgen determinadas dudas: “el ministro llega a ser la ministro después de la ministra; el modelo (mujeres) se convierte en la modelo.”

Por otro lado, la oposición macho/hembra es simétrica y exclusiva en cuanto a su referencia: primo se refiere a los hombres, prima se refiere a las mujeres. (…) Pero en su funcionamiento, esta oposición es asimétrica. Si, en la referencia se encuentran hombres y mujeres, es la forma (morfología) del macho la que se emplea: tus primos. Una forma en a implica una referencia totalmente femenina; una forma en -o puede referirse a un conjunto masculino o mezclando masculino y femenino:

Morfología: -a- Referencia: sexo femenino

Morfología: -o- Referencia: sexo masculino y sexo masculino y femenino.

Así mismo, atendiendo al criterio de la extensión de empleo, el femenino será “intensivo (marcado, limitado) y el masculino extensivo (no marcado). Esto explica ciertos comportamientos:

– la concordancia con el masculino plural: mi hijo y mi hija quedaron encantados;

– el masculino plural para referirse a una pareja: los reyes, los padres (con una ambigüedad naturalmente);

– la elección del masculino cuando no interesa al sexo: Origen del hombre americano, el perro, fiel compañero del hombre.” (Bernard Pottier).

Ejemplos, y definición, de palabras consideradas como nombres sustantivos con la inclusión de su género:

– “lámpara”: Utensilio para dar luz que consta de uno o varios mecheros con un depósito para la materia combustible, cuando es líquida; de una boquilla en que se quema un gas que llega a ella desde el depósito en que se produce; o de un globo de cristal, abierto unas veces y herméticamente cerrado otras, dentro del cual hay unos carbones o un hilo metálico que se ponen candentes al pasar por ellos una corriente eléctrica.

El género del sustantivo “lámpara” es femenino.
-“flota”: Conjunto de barcos mercantes de un país, compañía de navegación o línea marítima. El género de la palabra “flota” es femenino.

– “aguachirle”: Cualquier licor sin fuerza ni sustancia.
El género de término “aguachirle” también es femenino.

XXXIV

“Que dos personas se hablen o escriban nos parece un hecho tan banal y evidente que no pensamos en el complicado proceso que tiene lugar cuando se produce un contacto de este tipo ni en las condiciones que deben cumplirse para que la comunicación constituya una realidad.” (Bertil Malmberg, en “La Lengua y el hombre”).
 

Ya hemos hablado del género del nombre sustantivo, y aquí y ahora nos proponemos tratar aquellos aspectos relativos al número en el nombre sustantivo. Pero, antes de abordar el tema apuntado, conviene que fijemos algunos conceptos relativos a la clasificación semántica del nombre sustantivo, esto es, considerado el nombre sustantivo desde la perspectiva de su significación se dividirá, principalmente, en: “común” y “propio”.

– Nombre sustantivo “común”: También se denomina “genérico” y “apelativo”, porque conviene a todos los seres (personas, animales o cosas) de una misma clase: “niño”, “hombre”, “caballo”, “herramienta”…

– Nombre sustantivo “propio”: Por medio del sustantivo propio individualizamos a las personas, animales u objetos; por tanto, es aquel que se atribuye a una persona o cosa determinada y, en consecuencia, se opone al nombre sustantivo común. Así mismo, el nombre sustantivo propio no atiende a notas semánticas inherentes a los sujetos u objetos que nombra y, por consiguiente, es como una especie de etiqueta: “León” puede ser el nombre de un animal, de una ciudad o de una persona. Lo mismo sucede con el término “Gata”, que puede ser un animal o un accidente geográfico. Ejemplos: “El cabo de Gata se encuentra en Almería”. “He llevado mi gata al veterinario para que la vacune…

Además de comunes y propios hay otras clases de nombres sustantivos, por ejemplo “individuales” y colectivos; concretos y abstractos; simples” y “compuestos”…

– Nombres “individuales”: Son aquellos que, como la propia palabra indica, designan elementos individuales: ” libro”, “casa”, “pino”, “roble”, ” jilguero”, “ruiseñor”…

– Nombres “colectivos”: Se refieren aunque su expresión aparezca en singular a un conjunto de cosas de la misma especie o a un grupo de elementos: “muchedumbre”, “enjambre”, “docena”, “arboleda”, “regimiento”, “ejército”, ” robledal”…

– Nombres concretos: Designan seres o elementos reales, es decir, con existencia real o sensible: “tierra”, “cara”, “hoja”, “viento, “silla”…

– Nombres abstractos: Designan realidades no sensibles por sí mismas sino relacionadas con elementos reales: “blancura” (se relaciona con “blanco”), “ternura” (se relaciona con “tierno”), “vejez” (se relaciona con “viejo”), “bondad” (se relaciona con “bueno”), “verdad” (se relaciona con “verdadero”)…

– Nombres simples: Están formados exclusivamente por una palabra y, en consecuencia, se puede decir que la mayoría de los nombres son simples: “aceite”, “agua”, “noche”, “día”, “mañana”…

– Nombres compuestos: Son aquellos que están formados por dos palabras que, originariamente, se escribían separadas y ahora se escriben juntas: “abrelatas”, “paraguas”, “anteojo”, “bocacalle”, “rompeolas”, “vaivén”, “matasanos “, “bienvenida”…

Además, hay que añadir a esta clasificación los nombres sustantivos denominados numerales que, como la propia palabra indica, son aquellos que expresan número en sí mismos; no obstante, hablaremos de los numerales en el apartado reservado a los nombres adjetivos.

Sustantivación

Desde una perspectiva gramatical, el fenómeno de la sustantivación se produce cuando una palabra o un grupo de palabras funcionan como nombres sustantivos aunque, por su origen, no sean tales nombres.

En definitiva, y según la opinión de prestigiosos lingüistas, la sustantivación consistiría “en trasladar a la categoría de sustantivos palabras que originariamente no lo son.”

Se puede hablar, por tanto, de un tipo de sustantivación que se produce por la transformación permanente de ciertas palabras en sustantivos; ésta transformación se denomina funcional o accidental y consiste en que una palabra, frase u oración pasa a tener valor sustantivo porque tal es la función que desempeña en un determinado contexto.

De modo sintético, en español, las clases de palabras que más frecuentemente han pasado a producir sustantivos serían: Los nombres propios de personas (“Ser un quijote”); los adjetivos (“Estío o tiempo estival”); los participios, infinitivos y otras formas de los verbos; los adverbios; y, finalmente, otras palabras.

EI número en el nombre sustantivo

Al igual que el género, el número también ha de ser tenido en cuenta al hablar del nombre sustantivo, ya que sirve para establecer la concordancia de esa parte de la oración. Y así, es tan importante el número del nombre sustantivo que la Real Academia dedica una sección completa de su “Esbozo…” a hablar de este tema: “En contraste con el género, el número gramatical constituye en sus grandes líneas un sistema coherente que afecta por igual a todos los sustantivos apelativos. En singular carecen de morfema. En plural hay tres morfemas, o más exactamente, tres variantes de un solo morfema: -es, -s, carencia de morfema, o con otras palabras, morfema cero. Para formar el plural se agrega al singular de cada nombre una de las variantes del morfema del plural, no cualquiera de ellas, sino la que resulta impuesta por la estructura fonológica del singular: según el sonido en que termina, según su acentuación y según sea o no monosilábico. De esta regulación tratan los parágrafos siguientes.

Apelativos terminados en consonante.- Cuando el singular de un nombre polisílabo termina en la consonante -s, inmediatamente precedido o no de otra consonante, y su acentuación no es aguda, para la formación del plural se emplea la variante cero. Se produce entonces, por consiguiente, indistinción o sincretismo de singular y plural. En estos casos, lo mismo que ocurre con los sustantivos que carecen de terminación especial masculina o femenina, el sincretismo se resuelve en la secuencia sintáctica con el auxilio de las formas de número diferenciadas de que están dotados la mayor parte de los pronombres y adjetivos. La lista de sustantivos apelativos que pueden incluirse en este grupo, de muy diverso origen, algunos formados en español, es muy numerosa: el, los atlas; el, los papanatas; el, los lunes (martes, miércoles, etc.), caries, quepis, dosis, crisis, mantis, glotis. litis, brindis, perdis, intríngulis, virus, ántrax, tórax, bíceps, fórceps, etc. Especialmente numerosa es la serie de tecnicismos en -sis,, las catarsis, las diagnosis, los énfasis, los éxtasis, . Al mismo grupo pertenecen los femeninos procedentes de femeninos griegos en -itis,: artritis, nefritis, pleuritis, faringitis, laringitis, neuritis, otitis, peritonitis, sinusitis, mieditis (de uso familiar), etc.”

Por tanto, señalaremos que el número de un nombre sustantivo está en función de la categoría de cantidad y, en consecuencia, puede ser singular y plural. En español, el sistema de expresión del número en el nombre sustantivo es sencillo y regular, pues se basa en la oposición entre el singular y el plural. Por consiguiente, los morfemas de número están en función de la terminación de la palabra y pueden ser “es” y “s”; por ejemplo, “casa-s” (“casa”, “casas”) y “virtudes (“virtud”, “virtudes”).

El número singular carece de marca, por lo que señala la ausencia de morfema o grado cero; y para representar gráficamente esta disposición como ya quedó dicho al hablar del morfema cero se emplea un círculo cruzado con una línea oblicua que pasa por su centro (0); como es obvio, el número singular puede indicar un elemento, por ejemplo “álamo”; pero, también, un conjunto de elementos: “alameda”.

El número plural puede presentar tres aspectos, a saber:

– más de un elemento: “álamos”;
– más de un conjunto de elementos: “alamedas”;
– en nombres que no forman series la oposición uno contra varios: “agua / aguas, arena / arenas, vino”/”vinos”…

Conviene señalar que, en ocasiones, pueden producirse dudas sobre la concordancia de los sustantivos colectivos, es decir, de aquellos nombres que tienen forma singular pero significado plural; en estos casos, la concordancia en español suele realizarse bien considerando la forma, en cuyo caso la concordancia se hace en singular, o bien dando preferencia al significado, en cuyo caso la concordancia se hace en plural.

Ejemplos, y definición, de normas de formación del plural en algunos nombres sustantivos:

En español, la formación del plural en los nombres sustantivos se atiene a las siguientes normas:

– Los nombres terminados en vocal no acentuada o en “e” acentuada forman el plural en “s”. Ejemplos: “casa”/”casas”, “paraje”/”parajes”, “litri”/”litris” ,”cero”/”ceros”, “café”/”cafés”…

– Los nombres terminados en consonante o en vocal acentuada forman el plural en “es”. Ejemplos: “pared”/”paredes”, “sabor”/”sabores”, ” jabalí “/” jabalíes”, “marroquí “/”marroquíes.

No obstante, siguiendo a Manuel Seco, hay que hacer ciertas matizaciones a la regla que acabamos de reseñar: Los extranjerismos terminados en consonante forman unos el plural en “es” (“revólveres”, “chóferes”, “goles”), otros en “s” (“clubs”, “coñacs”) y otros invariable (“déficit”, “lunch”).

Y, respecto a los nombres terminados en vocal acentuada, existen excepciones tales como “papá” (plural “papás”), “mamá” (plural “mamás”), “sofá” (plural “sofás”), “esquí” (plural “esquís”), “dominó” (plural “dominós”).

XXXV

Siguiendo con las cuestiones relativas al número gramatical en los sustantivos, conviene resaltar que, además de marcar e indicar la concordancia, siempre el número aporta una información, o aclara y matiza el sentido de un nombre sustantivo concreto.
 

Y así, mediante la información proveniente del número, se sabe si el “referente” es uno o varios, es decir, más de uno. El término “referente” está considerado como un participio activo del verbo “referir” y significa, literalmente, lo siguiente: “Que refiere o que dice relación a otra cosa”. Por tanto, cuando el “referente” es uno se trata del número singular, y si hay más de uno o varios estamos ante el número plural. Luego, en el nombre sustantivo, y dentro de un contexto lingüístico concreto, el número representa una estructura de oposición entre el singular y el plural.

Ya quedó dicho, también, que el número singular carece de marca y que, por lo tanto, señala la ausencia de morfema o el grado cero; y también decíamos que para representar gráficamente esta disposición se empleaba un signo que consistía en un círculo cruzado por una línea oblicua. Señalábamos, además, que el número singular indica un elemento (“manzano”) o también una serie de elementos (“pomarada”), mientras que el número plural puede presentar tres aspectos: más de un elemento (“manzanos”), más de un conjunto de elementos (“pomaradas”) y, cuando se trata de nombres sustantivos que no forman series, aparece la oposición uno contra varios “pan” / “panes”, “can” / “canes”)…

Consideraciones teóricas y prácticas sobre el número

Por consiguiente, a las normas de formación del plural en los nombres sustantivos, ya apuntadas en otra ocasión, y que pueden considerarse generales, hay que añadir, no obstante, determinadas matizaciones tendentes a lograr un mayor y más perfecto conocimiento del uso del lenguaje. Y, en consecuencia, señalaremos lo siguiente:

Cuando una palabra termina en -s, y no es aguda, el plural no se marca o, dicho de otro modo, no tiene plural.

Por ello, algunos días de la semana, por ejemplo, hacen igual el singular que el plural, es decir, las palabras “lunes”, “martes”, “miércoles”, ” jueves” y “viernes” no tienen plural. Luego, en español, lo correcto es “el lunes” para el singular, o “los lunes” para el plural; “el martes” para el singular o “los martes” para el plural; “el miércoles” para el singular o “los miércoles” para el plural; “el jueves” para el singular o “los jueves” para el plural; “el viernes” para el singular o “los viernes” para el plural.

Ejemplos correctos: “Las reuniones siempre se celebran los lunes”. “El dentista abre su consulta los miércoles”.

Nótese que, por razón del acento, los vocablos apuntados terminan en s y no son términos agudos sino graves o llanos excepto la palabra “miércoles” que es esdrújula, puesto que, como ya sabemos, su sílaba tónica es la penúltima. Así, al descomponer en sílabas la palabra “lunes”, quedaría “lu-nes”, es decir, tenemos dos sílabas, de las cuales la última (“-nes”) es átona y la penúltima es la tónica (“lu- ). El esquema silábico del término “lunes” tomaría, por tanto, la formaó-o, que indica que se trata de una palabra grave o llana, pues su sílaba tónica es la penúltima. El esquema silábico de una palabra aguda sería o-ó, por ejemplo “te-lar”; y, finalmente, el esquema correspondiente a las palabras esdrújulas sería ó-o-o, por ejemplo “miér-co-les”.

Tras esta digresión, seguiremos con nuestras consideraciones teóricas y prácticas sobre las particularidades del número en los nombres sustantivos. Por consiguiente, señalaremos que existe, además, un grupo de vocablos que no presenta variación de número, es decir, se trata de palabras que hacen igual el singular que el plural; y así tenemos que, por ejemplo, los términos “caries”, “dosis”, “artrosis”… se utilizan de idéntico modo tanto en singular como en plural. Luego, en español, lo correcto es “la caries” para el singular o “las caries” para el plural; “la dosis” para el singular o “las dosis” para el plural; “la artrosis” para el singular o “las artrosis”.

Lo mismo puede decirse a propósito de la palabra “galimatías”, vocablo que carece de singular. Luego, es incorrecto el empleo del término “galimatía”, debe decirse y escribirse siempre “galimatías”.

Ejemplos incorrectos: “Tengo una carie en la muela del juicio”. “Esta reunión es un galimatía, pues no se entiende nada de lo que dicen los asistentes”.

Ejemplos correctos: “Tengo una caries en la muela del juicio”. “Esta reunión es un galimatías”, pues no se entiende nada de lo que dicen los asistentes.

Por consiguiente, en los vocablos de los ejemplos apuntados no se distinguen el singular y el plural, excepto por la concordancia con los determinantes o artículos que los acompañan; de ahí la importancia de conocer perfectamente todas las reglas y normas de concordancia.

Algunos nombres sustantivos cambian el lugar de su sílaba tónica cuando pasan del singular al plural; tal es el caso de los vocablos “carácter”, “régimen”, “espécimen”… cuyo plural será “caracteres”, “regímenes”, especímenes … respectivamente. Ejemplos correctos: “Escribió su nombre con caracteres imborrables”.”En los últimos tiempos han cambiado algunos regímenes políticos”. “Me presentaron los planos de unos especímenes de edificios prefabricados”.

Hay palabras que carecen totalmente de plural, es decir, que ni siquiera admiten que pueda construirse su plural con algún determinante, como en los casos expuestos anteriormente. Se trata de palabras que nunca pueden ponerse en plural; tal es el caso de “salud”, “cenit”, “cariz”, “caos”, “sed”…

A estas palabras que no admiten nunca plural se las conoce por el nombre de “singularia tantum”.

“Singularia tantum”. Se aplica este término a los nombres que no admiten plural: “cariz”, “oeste”, “grima”, etcétera. (Lázaro Carreter).

Ejemplos correctos: “La salud es lo más importante”. “El cenit es un punto del hemisferio celeste”. “No me gusta el cariz que están tomando los acontecimientos”. “La ciudad está inmersa en un caos del que será difícil sacarla”. “Algunos testigos declararon que acudían a la cita del abogado defensor porque tenían sed de justicia”. “El sol se pone por el oeste”. “Los incendios provocados en los bosques me causan grima…

Por lo demás, también existe otro grupo de palabras cuya nota principal es que no admiten el número singular, es decir, siempre aparecen en plural y nunca en singular; tal es el caso de “enseres”, “víveres “, ” arras “, “anales “, “finanzas “, “añicos”…
 

Estos vocablos que no admiren nunca un singular se denominan “pluralia tanrum”.

“Pluralia tantum”. Se dice de las palabras que sólo poseen número plural: “albricias”, “exequias”, “nupcias”, etcétera.

Ejemplos correctos: “Acumuló tantas deudas a causa del juego que sus acreedores lo desahuciaron y perdió su casa con todos sus enseres”. “Ya sólo tenían víveres para dos días”. “El desposado entregó las arras a la desposada”. “Ciertos hechos extraordinarios y curiosos están escritos en los anales de la historia”. “Es tan buen empresario que hasta sus competidores lo consideran como un mago de las finanzas”. “El espejo se cayó y se hizo añicos”. “Se casaron en segundas nupcias”…

Los pronombres indefinidos “cualquiera” y “quienquiera” hacen su plural de la forma “cualesquiera” y “quienesquiera”. Sin embargo, este último plural es raro y muy poco usado. Por otra parte, cuando el pronombre indefinido va seguido de la preposición “de” se empleará entonces la forma singular “cualquiera” o “quienquiera”.

Ejemplos correctos: “Cualesquiera que sean tus razones para actuar así, no apruebo la decisión que has tomado”. “Quienesquiera que sean los ladrones no podrán esconder su botín”. “Vendrán en cualquiera de lo trenes que llegan a las ocho”.

A propósito del término “quienquiera”, Manuel Seco dice lo siguiente: Pronombre indefinido. Designa persona indeterminada y siempre tiene función sustantiva. En la lengua actual solo tiene uso como antecedente del relativo “que”: “quienquiera que sea, lo propala en las casas de los enemigos”.

Y también, a propósito del vocablo “cualquiera”, explica el autor citado que carece de variación genérica, es decir, que tiene la misma forma tanto para el femenino como , para el masculino; y añade lo siguiente:

Con función sustantiva designa persona indeterminada, a no ser que lleve complemento partitivo. En oraciones exclamativas puede expresar, irónicamente, negación: “¡Cualquiera entiende a las mujeres”! (Benavente).

Con función adjetiva puede acompañar a sustantivos de persona o de cosa, antepuesto en la forma “cualquiera” o bien pospuesto; en este caso, el nombre va precedido de algún determinante: “cualquier pretexto; un pretexto cualquiera”. También puede ir con algunos pronombres sustantivos, como adjetivo pospuesto: “uno (una) cualquiera, otro (otra) cualquiera”.

Como antecedente de un pronombre relativo, el sentido de “cualquiera” es generalizador: “cualquiera que lo hubiera visto, de no conocerlo, se hubiera creído ante el mismísimo San Roque” (Cela, “La familia de Pascual Duarte’).”

Ejemplos prácticos

Las letras vocales, cuando funcionan como sustantivos, hacen su plural del siguiente modo: “aes”, “ees”, “íes”, “oes”, “úes” . Ejemplos correctos: “Hay que poner los puntos sobre las íes”. “La palabra “canasta” está formada por tres aes y tres consonantes”. Los plurales de las partículas “sí” y “no”, cuando éstas funcionan como sustantivos, son “síes” y “noes” respectivamente. Ejemplos correctos: “Hecho el recuento de la votación se han contabilizado veinte síes y quince noes.”

Las notas musicales “do”, “re”, “mi “, “fa”, “sol”, “la”, “si” hacen el plural del modo siguiente: “dos”,”res”, “mis”, “fas”, “soles”, “sis” .

Ejemplo correcto: “No se oyen con nitidez las notas sis ni fas en los ensayos”.

Es muy importante tener en cuenta que las palabras terminadas en “x” no sufren variación en su plural.

Ejemplos correctos: “Los culturistas mostraban sus fuertes tórax”. “Los proveedores me han enviado tres fax en los que me anuncian sus nuevos productos”.

En virtud de lo antedicho, señalaremos que es incorrecto decir o escribir “los faxes”.
 

 

IDIOMA
XXXVI

Ya hemos hablado del nombre sustantivo, ahora nos ocuparemos del nombre adjetivo más comúnmente llamado adjetivoque, en un primer acercamiento, y de modo general, podemos afirmar que se trata de una palabra o de una parte variable de la oración que desempeña la función de modificador del nombre sustantivo o simplemente del nombre.
 

Cuando el adjetivo modifica o complementa directamente al nombre su función es adyacente, en cuyo caso se trata de un complemento del nombre; pero el adjetivo también puede modificar o complementar al nombre a través de un verbo y, en este caso, nos hallamos ante la función adjetiva denominada atributo o predicativo. Así, por ejemplo, en la frase “El trabajador responsable conviene a la empresa”, vemos que el término adyacente “cualificado” es un adjetivo que complementa directamente al nombre “trabajador”. En cambio, si reparamos, por ejemplo, en la expresión “El opositor se puso nervioso”, observamos que el vocablo “nervioso” dice algo del opositor, esto es, se trata de un “atributo”. Y si, finalmente, nos fijamos en la frase “Este libro es interesante”, veremos que con el término “interesante” se predica algo del vocablo “libro”, por lo que se trataría de un adjetivo predicativo. Así mismo, conviene aclarar que, con relativa frecuencia, los adjetivos también pueden actuar como sustantivos, esto es, muchos adjetivos pueden funcionar como adjetivos y como nombres.

Epítetos y especificativos

En general, siempre se ha dicho que el adjetivo calificativo tiene por objeto, precisamente, calificar al nombre; lo cual significa que el adjetivo puede añadir una cualidad al nombre, es decir, en cuanto que adjunto al nombre, lo califica y resalta una determinada característica que éste posee. Por ejemplo: no es lo mismo decir “un pobre hombre” que “un hombre pobre”; en el primer caso, el adjetivo “pobre” añade una cualidad al nombre “hombre”, en cambio, con la expresión “un hombre pobre”, se especifica, se concreta y se aumenta la comprensión del nombre “hombre”, por lo que aquí se introduce un matiz que sirve para diferenciar a “un hombre pobre” de, por ejemplo, “un hombre rico”, “un hombre agradecido”, “un hombre respetado”, “un hombre bueno”, “un hombre amable”, “un hombre espléndido”, “un hombre fuerte”, “un hombre débil”…; de ahí que estos adjetivos se denominen “especificativos”.

En definitiva, señalaremos que, por una parte, existe el adjetivo calificativo que añade, o subraya, una cualidad al nombre del que es adyacente, mientras que también está el adjetivo calificativo propiamente dicho, y al que denominamos adjetivo “especificativo”, cuya función consiste en añadir una nota, o notas, que contribuye a incrementar la comprensión del nombre al que acompaña. Estos adjetivos se denominan epítetos y especificativos, respectivamente. El epíteto, por tanto, tiene especialmente una función expresiva, señala una cualidad inherente al nombre. En la lengua española, el epíteto suele ir, por lo general, antepuesto al nombre: “negra noche”, “blanca nieve”, “altas torres”…; luego, el epíteto hace resaltar una cualidad del nombre y tiene valor subjetivo y afectivo, por lo que es signo de estimación preferente. Sin embargo, cuando cambia de lugar, es decir, cuando va detrás del nombre, prima lo objetivo sobre lo subjetivo: “buena persona” es una expresión subjetiva, mientras que “persona buena” es un aserto objetivo.

La Real Academia y el adjetivo

La Real Academia explica que el nombre adjetivo y el nombre sustantivo poseen características comunes, tanto funcionales como formales: “Actúan unos y otros como predicativos con determinados verbos; por ej.: ser. En su formación entran, en gran parte, sufijos comunes de derivación. Muchos nombres son adjetivos y sustantivos: amigo, vecino. Con independencia, además, de los nombres que se hallan en este caso, varios adjetivos aparecen tratados como sustantivos en determinados contextos, con diferentes grados de sustantivación, especialmente los que tienen significación de persona, o se emplean con esta significación, sobre todo en plural: los mejores, los invencibles. Los sustantivos, a su vez, desempeñan una de las funciones más caracterizadas del adjetivo, la de atributo: vida padre, ciudad satélite, un día fenómeno, aunque este cambio de categoría es en español mucho menos frecuente que el de la sustantivación.

El empleo como atributo es la función más importante del nombre adjetivo. Hay construcción atributiva no solamente cuando el adjetivo se coloca en posición inmediata al sustantivo de que depende: las buenas gentes, o coordinado con otro adjetivo que se halla en esta posición: ojos claros, serenos; un día puro, alegre, libre quiero, o separado del sustantivo por razón del orden más libre que adoptan las palabras en la lengua poética: Y entre las nubes mueve / su carro Dios ligero y reluciente (Fr. L. de León, A Felipe Ruíz), sino también cuando se agrupa con un artículo o un pronombre que remite anafóricamente al sustantivo de que depende y lo representa: el hombre nuevo y el antiguo; unos días buenos y otros malos. Otra de las construcciones típicas del adjetivo, escasamente compartida por el sustantivo, es su agrupación en número singular y género masculino con el artículo neutro lo: Lo cortés no quita lo valiente. Con verbos y adverbios especialmente comparte la propiedad de agruparse con adverbios de grado y de modo.”

Antes de seguir adelante con nuestra descripción del adjetivo, procede hacer una digresión a fin de reparar en el significado del adverbio “anafóricamente”, empleado en el párrafo precedente. Este vocablo, “perteneciente o relativo a la anáfora”, nos remite obviamente a la palabra “anáfora” que, desde el punto de vista de la antigua retórica, equivale a la repetición; ya decíamos acerca de esta figura retórica de la “anáfora” lo siguiente: “Es un figura retórica que consiste en la repetición de una o varias palabras al comienzo de una frase o en principio de diversas frases en un período”.

Ejemplo de “náfora”: “raed, traed de vino vasos llenos” (Arias Montano).

Por otra parte, señalaremos que, en ocasiones, hay palabras que pasan a desempeñar una función que es propia del adjetivo, fenómeno que los lingüistas denominan “metábasis”, sinónimo de “trasposición” e “hipóstasis”; se trata, en realidad, como dice Lázaro Carreter, del cambio de categoría que experimenta una palabra: “Así, por ejemplo, el sustantivo cerbatana se hace adjetivo en la frase de Quevedo era un clérigo cerbatana.”

Efectivamente, en el capítulo tercero de su obra “Historia de la vida del buscón”, Quevedo describe magistralmente a un personaje que llama “el licenciado Cabra” y que, según explica el autor, “tenía por oficio criar hijos de caballeros” y, además, añade lo siguiente: “El era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir para quien sabe el refrán que dice ni gato ni perro de aquella color. Los ojos, avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos; tan hundidos y obscuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que aun no fueron de vicio, porque cuestan dinero; las barbas, descoloridas de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate, largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a buscar de comer, forzada de la necesidad; los brazos, secos; las manos, como un manojo de sarmiento cada una. Mirado de medio abajo, parecía tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas”.

La palabra “búas”, que emplea Quevedo para describir al “licenciado Cabra” en el párrafo precedente, tiene aquí el sentido de “tumorcillo” o “postilla” (“postilla” = “costra que al secarse forman las llagas o granos”), y, sin duda, el autor se refiere, en realidad, al término “bubas”, palabra con que se designa a los “Tumores blandos que se presentan de ordinario en la región inguinal y a veces en las axilas y en el cuello.”

Respecto a la expresión “la nariz, entre Roma y Francia”, señalaremos que, según los comentaristas y estudiosos de textos literarios se trata de un giro empleado por Quevedo para indicar que el “licenciado Cabra” tenía la nariz roma, es decir, aplastada y también desfigurada, como si hubiese padecido una conocida enfermedad de la época denominada el mal francés.

Rango secundario

Hecha, pues, esta aclaración, procede seguir adelante con el desarrollo del adjetivo y, por consiguiente, conviene añadir que, en opinión de Lázaro Carreter, el adjetivo es una palabra que funciona ordinariamente como complemento nominal adjunto y, por tanto, de rango secundario. En la época clásica, los estudiosos de la gramática no distinguían entre el sustantivo y el adjetivo, ya que ambas palabras eran consideradas como categorías del nombre, es decir, del denominado “nomen”. Como ya dijimos en otra ocasión, fue en la Edad Media cuando se estableció la distinción entre el nombre sustantivo y el nombre adjetivo: Se distingue entre adjetivos atributivos (unidos “sindéticamente” al nombre: “noche oscura” u “oscura noche”) y adjetivos predicativos (ligados al nombre mediante un verbo copulativo: “la noche era oscura”. {…j. Se distingue también entre adjetivos calificativos y determinativos. Los primeros expresan una cualidad del sustantivo (“luz brillante”), mientras que los segundos delimitan la extensión en que se toma el sustantivo, añadiéndole diversas notas; sus especies son: numerales (“capítulo primero”), posesivos (“tus guantes”), demostrativos (“esa puerta”), interrogativos (“¿qué calle?”), exclamativos (“¡qué calle!”) e indefinidos (algunas personas). Sintácticamente, se diferencian en español en que, en la oración enunciativa, los calificativos no pueden funcionar como actualizadores del nombre para la función de sujeto, mientras que los determinativos pueden hacerlo.

Ejemplos prácticos

Significado de la palabra “asindéticamente”, empleada al hablar de los adjetivos distributivos dentro del contexto siguiente: unidos “asindéticamente” al nombre: “noche oscura” u “oscura noche”.

La palabra “asindéticamente” nos remite al término “asindético” que significa referido a una cláusula, oración o período la omisión de las conjunciones en la construcción de la cláusula.

En la retórica se denomina “asíndeton” al fenómeno lingüístico mediante el cual se prescinde de la conjunciones para unir términos que deberían llevar ir enlazados con estas partículas. Ejemplos: “Llegó, vio, venció”

XXXVII

Los denominados adjetivos calificativos (califican al sustantivo al que acompañan), y que, a su vez, se dividían en epítetos (señalan una determinada cualidad que corresponde al sustantivo) y especificativos (añaden matices semánticos al nombre). A continuación, desarrollaremos diversos aspectos relacionados con el adjetivo, y definiremos sus formas apocopadas y sus grados de significación.
 

Comenzaremos señalando que el adjetivo se añade, por así decirlo, al sustantivo, y puede precederle o ir colocado detrás, en cuyo caso varía el sentido expresivo del adjetivo. Y así, cuando el adjetivo precede al sustantivo se resalta una determinada cualidad de éste y la frase adquiere, por ejemplo, un valor más subjetivo o afectivo. Por consiguiente, no será lo mismo decir “un gran cuadro” que un “cuadro grande”: en el primer caso, el adjetivo “gran” resalta lo expresivo y significativo del sustantivo “cuadro”; mientras que en el segundo caso (“cuadro grande”), únicamente se da a entender que estamos ante un cuadro de grandes proporciones, pero no se dice nada de los posibles valores pictóricos, temáticos, estructurales, simbólicos… del cuadro en cuestión. De ahí que uno de los criterios de clasificación de los adjetivos sea aquel que atiende al lugar que ocupa éste en relación al sustantivo, esto es, si va delante o detrás del sustantivo. Así mismo, algunos adjetivos, cuando van antepuestos, pueden sufrir la pérdida de su parte final, en cuyo caso nos encontramos ante la forma denominada “apócope “. Precisamente, en el ejemplo que hemos puesto más arriba podemos comprobar que el adjetivo “gran” (antepuesto al sustantivo “cuadro”) es “apócope” del término “grande”. Por otro lado, señalaremos también que los adjetivos admiten sufijos apreciativos: “grandecito “, “delgaducho”, “animalote”); aunque, el rasgo más característico y esencial del adjetivo es la gradación, merced a la cual los adjetivos se diferencian de los sustantivos y, en consecuencia, ese fenómeno conocido como “gradación” conlleva la clasificación de los adjetivos en comparativos y superlativos. “La gradación se expresa con el auxilio de un adverbio cuantitativo: nada firme, poco firme, algo firme, bastante firme, muy firme”; más adelante desarrollaremos exhaustivamente el tema de la “gradación”.

Las formas apocopadas del adjetivo

Desde el punto de vista gramatical, el término “apócope” es femenino y consiste en la supresión de algún sonido al final de una palabra, por ejemplo, “primer” por “primero”, “algún” por “alguno” “gran” por “grande”… En este sentido, la Real Academia, dice lo siguiente: “Los masculinos singulares bueno y malo se reducen a buen y mal respectivamente en toda construcción atributiva cuando preceden inmediatamente a la palabra que es núcleo de la construcción atributiva (sustantivo o palabra que haga sus veces) y cualesquiera que sean los fonemas a los que preceden: al buen tuntún; buen entendedor; de buen ver; mal aspecto; mal cuerpo, etc. Los femeninos singulares buena y mala pierden, en las mismas condiciones, la vocal -a, pero solo en la frase en buen hora, en mal hora (se dice también en buena, en mala hora). De la naturaleza de los fonemas contiguos depende, en cambio, en gran parte el uso de grande y de su forma apocopada gran, con pérdida en este caso de la última sílaba. La forma apocopada es casi la última usada ante nombre que empieza por consonante:

gran triunfo, gran derrota. Grande es de escaso uso en esta posición: grande lienzo (G. Miró, La novela de mi amigo, V). Pero es la única que se emplea en la perífrasis de superlativo: la más grande ilusión, el más grande saqueo. Ante nombre que empieza por vocal hoy se emplea mucho más gran que grande: gran empeño, gran infamia, y bastante más también de lo que fue empleada por los clásicos. Hoy grande es de uso casi exclusivamente literario.

Los gramáticos suelen tratar en este punto de la forma san ante el nombre propio del varón reconocido por santo bajo el Nuevo Testamento: San Juan, San Lucas, San Pedro. Sin duda es esta una construcción atributiva, pero san tiene aquí un carácter lingüístico especial análogo al de don en Don Pedro, Don Juan, etc. Se trata de un título, empleado para aludir a una tercera persona gramatical, pero también para dirigirse con él a la persona que lo ostenta.”

Grados de significación del adjetivo

La gradación del adjetivo implica un criterio semántico, de ahí que los lingüistas hablen de “grados de significación del adjetivo, que son “las distintas variaciones de intensidad significativa que pueden experimentar los adjetivos”. En consecuencia, hemos de concluir que los adjetivos pueden cuatificarse, lo que equivale a afirmar que mediante los adjetivos es posible establecer una comparación entre personas, cualidades o cosas, lo que dará lugar a que una determinada cualidad o significación de un adjetivo concreto sea elevada también al máximo. Pero, al propio tiempo, esta gradación del adjetivo conlleva determinados cambios formales y ciertas características sintácticas. Por consiguiente, y desde este triple criterio, podemos afirmar que hay también otros tantos grados del adjetivo, los cuales se denominan: positivo, comparativo y superlativo.

Adjetivos en grado positivo: son aquellos que carecen de cuantificador, y se caracterizan porque presentan la cualidad sin ninguna variación, por ejemplo, alto, alegre, pequeño.

Ejemplos: “Edificio alto”. “Niño alegre”. “Coche pequeño”…

Adjetivos en grado comparativo: se distinguen porque confrontan la intensidad que una cualidad presenta en un objeto con la que presenta en otro y, dado que lo propio de la intensidad es el cambio y la variación, se establece que puede haber tres clases de comparativos, a saber de “Superioridad”, de “inferioridad” y de “igualdad”. El adjetivo comparativo de “Superioridad” se forma con tas palabras “más…que”
Ejemplos “Esta torre es más alta que aquella”
“El coche nuevo resulta más cómodo que el viejo”
“Algunos alumnos son más aplicados que otros”

El adjetivo comparativo de “inferioridad” se forma con los términos “menos que”
Ejemplos “Esta torre es menos alta que aquella”

“El coche nuevo resulta menos cómodo que el viejo”.
“Algunos alumnos son menos aplicados que otros”. El adjetivo comparativo de “igualdad” se construye con las palabras “tan… como”.
Ejemplos: “Esta torre es tan alta como aquella”.

“El coche nuevo resulta tan cómodo como el viejo”. “Algunos alumnos son tan aplicados como otros”. Por consiguiente, de todo lo antedicho se deduce que el matiz de grado de los comparativos viene marcado por los adverbios “más”, “menos”, “tan” y los nexos conjuntivos “que” y “como”; de ahí que se conozcan también con el nombre de comparativos “analíticos”.

No obstante, algunos adjetivos adoptan formas especiales mediante las cuales el comparativo se condensa en una sola palabra, por ejemplo, “mejor”, “peor”, “mayor”, “menor”; de ahí que se denominen comparativos sintéticos.

Adjetivos en grado superlativo: se caracterizan porque expresan la cualidad en su mayor intensidad, relativa o absoluta y, por lo general, se forman con los sufijos o terminaciones “-ísimo”, “-ísima”. Aunque también se pueden formar con los cuantificadores adverbiales “muy”, “enormemente”, “extraordinariamente”… En estos casos, el superlativo se denomina absoluto; y también, al superlativo absoluto, se le da el nombre de “elativo”; así lo registra Lázaro Carreter en su “Diccionario de términos filológicos” donde, refiriéndose al término “elativo”, dice lo siguiente: “Se da este nombre, alguna vez, al superlativo absoluto.”

Sin embargo, unos pocos adjetivos pueden presentar un superlativo sintético; por ejemplo, cuando el lexema lleva los diptongos “ie”, “ue”, el superlativo se trasforma en “e” y “o”, respectivamente. Ejemplos: “cierto-certísimo”, “nuevo-novísimo”… Otro tanto sucede, por ejemplo, con los adjetivos “fiel”, “amable”, “notable”… cuyo superlativo será, respectivamente, “fidelísimo”, “amabilísimo”, “notabilísimo”…Así mismo, el superlativo de algunos adjetivos se forma añadiendo la terminación “-érrimo”. Ejemplos: de “mísero” “misérrimo”; de “pobre” “paupérrimo”; de “célebre” “celebérrimo”… Además, hay adjetivos que no admiten el grado superlativo, por ejemplo, “ruin”, ” jubilado”, “político”, “común”… Finalmente, en ocasiones, existen formas especiales de gradación para el comparativo y el superlativo, las cuales pueden enunciarse del siguiente modo:

– “bueno”, “mejor”, “óptimo” (“buenísimo”).
-“malo”, “peor”, “pésimo” (“malísimo”).
– “grande, mayor, máximo (grandísimo).
-“pequeño”, “menor”, “mínimo” (“pequeñísimo”).
– “alto”, “superior”, “supremo” (“sumo”, “altísimo”).
– “bajo”, “inferior”, “íntimo” (“bajísimo).

Ejemplos prácticos

Ejemplos de frases construidas con algún adjetivo que no admite el grado superlativo:

“Estamos en el piso principal de esta casa”. “Corrió tan bien en el maratón que llegó el primero”. “Es un soltero de oro”. “La cuestión que vamos a dilucidar es fundamental para la buena marcha de nuestros asuntos”.
Los adjetivos principal, primero, soltero y fundamental no admiten el grado superlativo.

XXXVIII

Siguiendo con nuestra descripción del adjetivo, y una vez definidos sus grados y las formas apocopadas, nos ocuparemos ahora tanto del género como del número gramatical de los adjetivos. Por consiguiente, hemos de decir que en general, y atendiendo a su género gramatical, los adjetivos se clasifican principalmente en dos grupos que pueden enunciarse como sigue: los que tienen una flexión genérica y los que carecen de flexión genérica.
 

Los que tienen flexión genérica son aquellos adjetivos que gramaticalmente se distinguen por sus morfemas: uno para el masculino y otro para el femenino. Ejemplos: “Traje nuevo””Casa nueva”. “Hombre alto”mujer alta.

Puede observarse, en los ejemplos propuestos, que los adjetivos ” nuevo ” y ” nueva”, “alto” y “alta” se diferencian únicamente por los morfemas “-o” y “-a”, respectivamente. Por consiguiente, podemos afirmar que a este grupo pertenecen los adjetivos que tienen una terminación para los masculinos y otra para los femeninos.

En cambio, los que carecen de flexión genérica, ofrecen una forma única, es decir, tienen una sola terminación que corresponderá tanto al masculino como al femenino. Ejemplos: “Hombre agradable” “Mujer agradable”. “Muchacho feliz”-Muchacha feliz.

En los ejemplos propuestos puede comprobarse cómo los adjetivos “agradable” y “feliz” permanecen con su misma estructura, tanto cuando son masculinos (en el caso de “Hombre agradable” y “Muchacho feliz”) como cuando son femeninos (en el caso de “Mujer agradable” y “Muchacha feliz”).

Por consiguiente, y desde un punto de vista práctico, señalaremos que:

Los adjetivos terminados en “-o” indican el género masculino y los terminados en “-a” señalan el género femenino.

Los adjetivos terminados en cualquier otra vocal o en consonante no sufren variación alguna, es decir, tienen la misma forma tanto si se refieren al género femenino como al masculino. Por tanto, en las frases “señor amable”-“señora amable”, el adjetivo “amable” (que no termina ni en “-o” ni en “-a”, sino en “-e”) permanece invariable tanto cuando la expresión que conforma es masculina, “señor amable”, como si denota género femenino, “señora amable”.

Algunos adjetivos que terminan en “-an”, “-on”, “or”… agregan una “_a” a la forma masculina para formar el femenino. De ahí que tengamos los siguientes pares de adjetivos: “holgazán-holgazana”, “dormilón-dormilona”, “vividor-vividora”, “soñador-soñadora”… No obstante, hay algunas excepciones: “mayor”, “anterior”, etc.

La norma y el precepto

La Real Academia, al explicar el adjetivo y el género gramatical, dice lo siguiente: “Por su forma genérica los adjetivos se dividen en tres grupos: los que son genéricamente invariables (grupo primero); los que poseen femenino -a, masculino -o (grupo segundo), y los que tienen un femenino -a y un masculino que no es -o (grupo tercero). Por otra parte, la formación ísimo, -ísima de superlativo, que adoptan gran parte o la mayor parte de los adjetivos, dota a los que no lo tenían ya, especialmente a los de la clase primera, del morfema de género -o, -a, que es así un morfema flexivo que caracteriza a la clase entera de los adjetivos.

Son genéricamente invariables los adjetivos que terminan en -a en singular. Se trata casi siempre de nombres que además de funcionar como adjetivos: mirada, gesto hipócrita; arma, puñal homicida; pueblo, población indígena; idea, pensamiento suicida, etc., actúan también como sustantivos comunes: el, la hipócrita; el, la homicida, etc., especialmente nombres gentilicios: azteca, celta, croata, escita, hitita, israelita, maya, persa, etc.; de sustantivos de color, que pueden funcionar también como adjetivos: escarlata, lila, malva, etc., y de algunos pocos nombres que se emplean exclusivamente o predominantemente como adjetivos: agrícola, hortícola, silvícola, vinícola; cosmopolita, universalista, etc. Son también invariables en cuanto al género los adjetivos en -i, casi todos ellos de acentuación aguda, en gran parte sustantivos apelativos comunes al mismo tiempo y especialmente gentilicios como los en -a: alfonsí, baladí, carmesí, cursi, israelí, marroquí, muladí, zegrí, etc., y los adjetivos en u, también gentilicios: hindú, zulú, etc.

La mayor parte de los adjetivos terminados en -e, muy superiores en número a los del apartado anterior, son también invariables. Entre ellos los formados con el sufijo -ble, -bre: agradable, deleznable, ingobernable, probable, salubre, etc.; con el sufijo -ense, -iense, que forma gentilicios: almeriense, bonaerense, hispalense, matritense, y otras clases de nombres {…}. Son también invariables en cuanto al género la mayor parte de los adjetivos que terminan en consonante y entre ellos en -az, iz, -oz, casi todos heredados del latín: agraz, audaz, contumaz, feraz, lenguaraz, montaraz, rapaz, torcaz; atroz, veloz; feliz; los adjetivos agudos formados con el sufijo -al, -ar: elemental, fenomenal, meridional; bacilar, celular, tubular; los adjetivos llanos terminados en -il (lat. ilis), casi todos heredados: ágil, errátil, contráctil; los agudos (lat. ili: pueril, mujeril, caciquil (en contraste, unos y otros, con algún sustantivo de la misma terminación o del mismo sufijo dotado de moción genérica); los comparativos: mejor, peor, mayor, menor, superior, inferior, interior, exterior, ulterior, citerior; varios adjetivos aislados, algunos de los cuales funcionan también como sustantivos o predominantemente como sustantivos (des)cortés, gris; azul, cruel, (in)fiel; {…}, y algunos adjetivos compuestos cuyo segundo elemento es en latín, en español o en ambas lenguas un nombre sustantivo: ab-origen, a-fín, im-par, bi- tri- multicolor, etc.

Los adjetivos que distinguen un masculino -o y un femenino -a constituyen en español el grupo más numeroso.”

En consecuencia, y ya para concluir, resumiremos que para la formación del femenino de los adjetivos habrá que tener en cuenta lo siguiente:

Los adjetivos con las terminaciones enumeradas a continuación, forman el femenino en -a, por ejemplo:

– “-o” (“bello”, “duro”), hace el femenino en “-a” (“bella”, “dura”).

– “-ete” (“regordete”), hace el femenino en “-a” (“regordeta”).

– “-ote” (“grandote”), hace el femenino en “-a” (“grandota”).

– “-ín” diminutivo(“pequeñín”), hace el femenino en “-a” (“pequeñina”).

– “-ón” (“pelón”), hace el femenino en “-a” (“pelona”).

– “-án” (“holgazán”), hace el femenino en “-a” (“holgazana”).

– “-or” (“reidor”), hace el femenino en “-a” (“reidora”); no obstante, en este caso, se exceptúan los vocablos “exterior”, “interior”, “superior”, “inferior”, “ulterior”, “mayor”, “menor”, “mejor”, “peor”.

La misma norma rige para los adjetivos terminados en consonante, si el adjetivo es gentilicio: “andaluz” (hace el femenino en “-a”, “andaluza”); “leonés” (hace el femenino en “a”, “leonesa”); “mallorquin” (hace el femenino en “-a”, “mallorquina”).

Otros adjetivos con distintas terminaciones no sufren modificación alguna, por ejemplo:

“amable”, “belga”, “baladí”, “azul”, “ruin”, “familiar”, “cortés”, “soez”… Todos estos vocablos permanecen invariables, es decir, mantienen la misma forma gramatical para ambos géneros: masculino y femenino.

Así mismo, en cuanto al adjetivo y el número gramatical, señalaremos que, al igual que en el caso del nombre sustantivo, diremos que los adjetivos terminados en vocal no acentuada hacen el plural en “-s”. Ejemplos: “alegre-alegres “; ” soñadora-soñadoras “; ” nuevo-nuevos”; “creativo-creativos”; “amena-amenas”; “disciplinado-disciplinados”…

Mientras que el plural de los adjetivos que acaban en consonante se forma añadiendo la terminación “-es”, incluso cuando el singular finalice con el morfema “-s”. Ejemplos: “discriminador-discriminadores”; “elemental-elementales “; “gris-grises”…

Por otra parte, conviene añadir que, ya que el adjetivo es una forma secundaria del sustantivo, entre ambas partes de la oración se establece cierta clase de relación que produce determinados efectos; por ejemplo, que entre el sustantivo y el nombre haya, por lo general, una concordancia de género y número. Aunque, en ocasiones, especialmente cuando son varios los sustantivos a que debe referirse un mismo adjetivo, sobre todo si son de distinto género o número.

Ejemplos prácticos

Selección y significado de textos, vocablos, términos y palabras:

“Las variantes del morfema de plural y los principales fonomorfológicos de su distribución son en general comunes al sustantivo y al adjetivo. El morfema cero no es frecuente, sin embargo, en el adjetivo: triángulo, triángulos isósceles; Una madre mochales (E. d’Ors, El secreto de la filosofía); Moza serrana, rubiales y pecosa (Valle-Inclán, Viva mi dueño). Apenas existen adjetivos terminados en vocal con el morfema -es: carmesíes, muladíes” (Real Academia).

“Delante de dos o más nombres el adjetivo concuerda generalmente con el primero de ellos: los bellos capiteles y columnas le maravillaron.

Cuando se refiere a varios nombres debe ponerse en masculino plural, excepto si todos los nombres son femeninos: rejas, puertas y ventanas estaban nuevas / la casa y sus habitantes eran nuevos para él.” (S. Quesada Marco).

XXXIX

Continuando con nuestras reflexiones acerca del nombre adjetivo, y una vez descritos los denominados adjetivos calificativos, especificativos y epítetos, nos ocuparemos a continuación del enunciado y desarrollo de los adjetivos determinativos que, a su vez, se dividen en demostrativos, posesivos, numerales, interrogativos y exclamativos, cuantitativos, indefinidos y relativos.
 

No obstante, antes de iniciar el estudio de las diversas clases de adjetivos que acabamos de enumerar, conviene que nos detengamos, tanto como sea necesario, en ciertas propiedades y cualidades de los adjetivos, y concretamente, en aquellos casos denominados sustantivación y adverbialización del adjetivo; todo lo cual es debido a que el adjetivo rige al sustantivo, y también a otras partes de la oración, y conviene con el adverbio. Por consiguiente, diremos que muchos adjetivos pueden funcionar o actuar como sustantivos y, en consecuencia, sucede en ocasiones que la cualidad inherente a un determinado adjetivo adquiere un carácter sustantivo. Si reparamos, por ejemplo, en la frase “una mujer joven” podemos observar cómo al sustantivo “mujer” se le atribuye la cualidad de la juventud por medio del adjetivo “joven”. En cambio, cuando decimos “una joven”, en realidad se ha fundido en una sola palabra (en el adjetivo “joven”) lo sustantivo y lo adjetivo: Hemos creado un nuevo sustantivo, que no es término adjunto sino único o primario que llamamos sustantivación: una joven, con todas las cualidades de mujer y de juventud.

Sustantivación de los adjetivos

Hay diversas clases de sustantivación adjetival, tales como la “sustantivación adjetival que designa personas”, la “sustantivación adjetival de concretos y abstractos” y, muy especialmente, la sustantivación del adjetivo mediante el artículo o determinante “lo” cuando va antepuesto a la forma masculina singular, que destaca porque no tiene variación de género ni de número. Ejemplos: “A mí me gusta lo tradicional y lo sencillo”. “Lo mejor no puede ser enemigo de lo bueno”

“Esta sustantivación”, explica Martín Alonso, “alcanza a todos los adjetivos, pero algunos han entrado de una manera fija en la corriente sustantiva: el duro (moneda); las medias. Tengamos en cuenta, para todas las variantes y transformaciones adjetivas, que el adjetivo no expresa un modo de ser la realidad sino un modo de pensarla y representarla y de hacerla figurar en la frase.”

Adverbialización de los adjetivos

En cuanto a la adverbialización, hay que destacar que tanto el adjetivo como el adverbio son elementos que califican y determinan; aunque el adjetivo lo hace en función del sustantivo. Por tanto, no tiene nada de extraño que se produzcan adjetivaciones de adverbios: “un hombre ast”; “un niño bien”…y que, además, se adverbialice sin necesidad de sufijos: “recio”, “mucho”, “poco”, “demasiado”. Asimismo, nos encontramos con el caso especial de los adverbios en “-mente” y su relación con los adjetivos. En tal sentido, la Real Academia dice lo siguiente:

La mayor parte de los adjetivos españoles, cualquiera que sea su origen, variables o no variables genéricamente, poseen la propiedad de formar adverbios de modo mediante su agrupación con el morfemamente. La formación procede del sustantivo femenino latino mens, mentis “mente, espíritu, intención” empleado como ablativo instrumental y precedido de un adjetivo o participio, en construcción atributiva: pia mente (Plinio), bona mente (Quintiliano), simulata mente (Virgilio). Debilitada la significación del sustantivo, los dos términos llegaron a formar una unidad léxica con valor de adverbio de modo en la mayor parte de la Romania (Península Ibérica, Francia, Italia). Del origen de la formación quedan todavía como residuos:

1°. La posibilidad de emplear el simple adjetivo en vez de la forma adverbial cuando esta aparece coordinada con otro adverbio en -mente: “pura y simplemente”, en vez de “puramente y simplemente”. La supresión de mente afecta hoy siempre al primer término de la coordinación y es preferentemente de uso literario.

2°. El mantenimiento de la acentuación prosódica en los dos componentes del adverbio, y por lo tanto, la aplicación al adjetivo de las reglas generales relativas al acento ortográfico:”sutilmente”, “cortésmente”, “débilmente”, “erróneamente”. Esta particularidad acentual es muy probablemente una consecuencia inevitable de la organización sintáctica pura y simplemente, antiquísima en español, de que hemos hablado antes.

3°. La concurrencia de la formación adverbial en mente con locuciones adverbiales de modo en las que parece la preposición con: “hábilmente” = “con habilidad”, lo que procede del origen instrumental de dicha formación.

El adjetivo, siempre en concordancia femenina y singular con -mente, es susceptible de aparecer en el adverbio no solo en su forma primitiva rápidamente, sino con el morfema -ísimo: rapidísimamente.

Por estas particularidades acentuales, morfológicas y sintácticas, y además por el hecho de afectar a toda una clase extensa de palabras, la formación en -mente se separa de la composición y de la derivación.

Asimismo, conviene mencionar al denominado “adjetivo verbal” que, en definitiva, es el participio en función adjetiva, cuando no ha perdido aún su naturaleza verbal. Como dice Lázaro Carreter, “en español resulta difícil trazar un límite entre el adjetivo y el participio”.

Adjetivos determinativos

Tras esta amplia digresión, por así decirlo, comenzaremos a definir cada una de las clases de los adjetivos que hemos enumerado más arriba, y para ello nos ocuparemos, primeramente, de los adjetivos determinativos en general, y destacaremos que, al igual que los artículos, también funcionan como determinantes. Los adjetivos determinativos se caracterizan porque delimitan la extensión en que se toma el sustantivo al que acompañan, añadiéndole diversas notas. Como ya se ha dicho, hay diversas especies de adjetivos determinativos, entre los que destacan los denominados “demostrativos” que tienen la función de indicar la posición del sustantivo respecto al que habla o escucha.

Adjetivos demostrativos

Enumeraremos, en primer lugar, los que indican que el sustantivo está cerca del emisor, esto es, del que habla, y son los siguientes: “este”, “esta”, “estos”, “estas”.

Ejemplos: “esta pluma escribe muy bien”; “este lapicero no tiene punta”; estos libros son de gran interés; “estas casas son muy altas”.

Si reparamos en la frase “esta pluma escribe muy bien”, el adjetivo demostrativo “esta” indica que el sustantivo “pluma” se encuentra cerca del hablante. Otro tanto sucede cuando una persona dice “este lapicero no tiene punta”, ya que utiliza el adjetivo demostrativo “este” porque el “lapicero” (palabra que funciona como sustantivo) está cerca de ella, de la persona que habla.

Lo mismo ocurre con la expresión “estos libros son de gran interés”, puesto que el empleo del adjetivo demostrativo “estos” viene justificado a causa de que los “libros” (vocablo que funciona como nombre en esta frase) se hallan cerca del hablante.

Finalmente, cuando alguien dice “estas casas son muy altas” está refiriéndose a unas “casas” (nombre) que están cerca de él, es decir del hablante, ya que emplea el adjetivo demostrativo “estas” precisamente para indicar la cercanía o proximidad de las “casas”.

Asimismo, hay también adjetivos demostrativos que indican que el sustantivo, o aquello de lo que se habla, está cerca del receptor o de quien escucha, y son: “ese”, “esa”, “esos”, “esas”.

Ejemplos: “préstame ese libro”; “cierra esa puerta”; “no lleves esos zapatos a la fiesta”; “come esas cerezas”.

Si reparamos en la frase “préstame ese libro”, observaremos que el adjetivo demostrativo “ese” pone de manifiesto que el “libro” (palabra que funciona como nombre en esta frase) está cerca del receptor, es decir, de la persona que escucha.

Y con la expresión “cierra esa puerta” sucede lo mismo, ya que el adjetivo demostrativo “esa” indica que la “puerta” (palabra que funciona como nombre en esta oración) se halla cerca del receptor o de quien escucha.

Asimismo, cuando un hablante dice “no lleves esos zapatos a la fiesta”, emplea el adjetivo demostrativo “esos” porque los “zapatos” (palabra que funciona como sustantivo en esta frase) están cerca de su interlocutor; y en cualquier caso, dentro del presente contexto, el empleo del adjetivo demostrativo “esos” expresa que quien escucha se encuentra más cerca del objeto (en este caso de los “zapatos”) que el emisor o quien habla.

En cuanto a la expresión “come esas cerezas”, cabe decir que el adjetivo demostrativo “esas” se emplea en esta ocasión para indicar que el receptor está más cerca de las “cerezas” (sustantivo) que el emisor.

Los adjetivos demostrativos pueden expresar e indicar también referencias temporales, es decir, mayor o menor lejanía en el tiempo; tal sería el caso de expresiones como “este año”, “aquel día”, “ese mes”…

Finalmente, hay adjetivos demostrativos que revelan que no está cerca ni el emisor ni el receptor, y son los siguientes: “aquel”, “aquella”, “aquellos”, “aquellas”

Ejemplos prácticos

“Mis padres viajan en aquel avión”. “Los muebles están en aquella habitación”. “Se escondieron tras de aquellos matorrales”. “Aquellas montañas son muy altas”.

En la frase “Mis padres viajan en aquel avión”, se puede observar que el adjetivo demostrativo “aquel” indica lejanía, ya que el “avión” (sustantivo) no está cerca de quien habla ni de quien escucha.

La expresión “Los muebles están en aquella habitación” contiene el adjetivo determinativo “aquella” porque el hablante y el oyente se encuentran lejos de la “habitación” señalada por la persona que habla.

En la oración “Se escondieron tras aquellos matorrales”, hay un adjetivo demostrativo, “aquellos”, que indica cómo el hablante y el oyente se hallan lejos de los “matorrales”; este último vocablo es el sustantivo que guarda relación con el emisor y el receptor, es decir, con quien habla y con quien escucha.

El demostrativo “aquellas” es empleado por el hablante, en la frase “Aquellas montañas son muy altas”, para indicar que tanto él como su interlocutor, o interlocutores, están lejos de las “montañas”; este último término es el sustantivo al que va referido el adjetivo demostrativo “aquellas”.

XL

“No se trata sólo del sentido de las palabras. Se trata de las extrañas alianzas en que entran y que definen una más alta realidad; de las alteraciones de la sintaxis normal, que crean nuevas aproximaciones entre las cosas; de las unidades literarias, nuevos signos complejos que llegan hasta la obra total, irrepetible. La lengua, ese instrumento inigualado, casi mágico, para descubrirnos y descubrir el mundo tiene fallos y lagunas” (Rodríguez Adrados, en “Alabanza y vituperio de la lengua”)
 

Siguiendo con nuestra disertación acerca del adjetivo, nos ocuparemos seguidamente de las clases o especies de adjetivos determinativos que aún faltan por definir, y que son los siguientes: posesivos, numerales, interrogativos y exclamativos, cuantitativos, indefinidos y relativos.

No obstante, señalaremos, en primer lugar, que el término “determinativo” es genérico, y que, aplicado al adjetivo, determina la extensión de éste. También conviene resaltar que, sintácticamente, la función del adjetivo consiste en complementar al nombre.
 

Recordemos, pues, que los adjetivos demostrativos delimitan la extensión en que se toma el sustantivo al que acompañan, añadiéndole diversas notas. Asimismo, respecto a los adjetivos posesivos diremos, en un primer acercamiento, que son aquellos que indican posesión o pertenencia, y se caracterizan porque especifican que el poseedor es primera, segunda o tercera persona y, también, indican si es uno o varios los objetos poseídos. Por consiguiente, pueden darse los siguientes casos de adjetivos posesivos:

Cuando hay un solo poseedor en primera persona y un solo objeto poseído, tenemos los adjetivos posesivos “mío” y “mía” o la apócope que sustituye a ambos, es decir, “mi”.

Ejemplos: “libro mío”, “casa mía”; “mi libro”, “mi casa”.

Si reparamos en cualquiera de los ejemplos propuestos, podemos observar que “libro mío”, o “mi libro”, indica que hay un poseedor en primera persona (“yo”) y un objeto poseído (“libro”). Y lo mismo puede decirse de los sucesivos ejemplos explicativos contenidos en las siguientes líneas.

Cuando hay un solo poseedor en primera persona y varios objetos poseídos, tenemos los adjetivos posesivos “míos”, “mías” o la apócope “mis” que engloba a ambos.

Ejemplos: “libros míos”, “casas mías”; “mis libros”, “mis casas”.

Cuando hay varios poseedores en primera persona y un solo objeto poseído, tenemos los adjetivos posesivos “nuestro” y “nuestra”.

Ejemplos: “libro nuestro”, “casa nuestra”.

Cuando hay varios poseedores en primera persona y varios objetos poseídos, tenemos los adjetivos posesivos “nuestros” y “nuestras”.

Ejemplos: “libros nuestros”, “casas nuestras”.

Cuando hay un solo poseedor en segunda persona y un solo objeto poseído, nos hallamos ante los adjetivos posesivos “tuyo”, “tuya” o con la apócope que engloba a ambos, esto es, “tu”.

Ejemplos: “libro tuyo”, “casa tuya”; “tu libro”, “tu casa”.

Cuando hay un solo poseedor en segunda persona y varios objetos poseídos, tenemos los adjetivos posesivos “tuyas”, “tuyos” o la apócope “tu” que puede sustituir a ambos.

Ejemplos: “libros tuyos”, “casas tuyas”; “tus libros”, “tus casas”.

Cuando hay varios poseedores en segunda persona y un solo objeto poseído, estamos ante los adjetivos posesivos “vuestro” y “vuestra”.

Ejemplos: “libro vuestro”, “casa vuestra”.

Cuando hay varios poseedores en segunda persona y varios objetos poseídos, tenemos los adjetivos posesivos “vuestros” y “vuestras”.

Ejemplos: “libros vuestros”, “casas vuestras”.

Cuando hay un solo poseedor en tercera persona y un solo objeto poseído, tenemos los adjetivos posesivos “suyo”, “suya” o la apócope “su”, que sustituye a ambos.

Ejemplos: “libro suyo”, “casa suya”; “su libro”, “su casa”.

Cuando hay un solo poseedor en tercera persona y varios objetos poseídos, tenemos los adjetivos posesivos “suyos”, “suyas” o el apócope “sus”, que sustituye a ambos.

Ejemplos: “libros suyos”, “casas suyas”; “sus libros”, “sus casas”.

Cuando hay varios poseedores en tercera persona y un solo objeto poseído, estamos ante un caso similar a “un solo poseedor en tercera persona y un solo objeto poseído”, es decir, tendremos los adjetivos posesivos “suyo”, “suya” o el apocope “su” que engloba a ambos.

Ejemplos: “libro suyo”, “casa suya”; “su libro”, “su casa”.

Cuando hay varios poseedores en tercera persona y varios objetos poseídos, nos encontramos con un caso análogo a “un poseedor en tercera persona y varios objetos poseídos”, esto es, tendremos los adjetivos posesivos “suyos”, “suyas” o el apócope “sus”, que engloba a ambos.

Ejemplos: “libros suyos”, “casas suyas”; “sus libros”, “sus casas”

Adjetivos numerales

Como la misma palabra indica, los adjetivos numerales son aquellos que expresan número en relación con el nombre; y, a su vez, se pueden clasificar en “cardinales”, “ordinales”, “partitivos”, “múltiplos”, “distributivos”…

Cardinales.- Se trata de adjetivos que indican un número entero y concreto: “tres”, “cuatro”…”doscientos”…”cuarenta mil”…

Ejemplos: “tres años”, “cuatro perras”… “doscientos libros”. .. “cuarenta mil pesetas”…

El término “cardinal”, como dice Lázaro Carreter, “fue creado por Prisciano (512-560) para aludir a los numerales que designan los números enteros.”

Ordinales.- Indica el lugar, o la posición, que algo ocupa en una serie, gradación o sucesión: “cuarto”, “quinto”, “sexto”…”duodécimo”, “decimotercero”, “decimocuarto”… “vigésimo”, “vigésimo primero”… “cuadragésimo”…

Ejemplos: “Llegó a la meta en quinto lugar”. “Es el primero de la clase”.

Partitivos.- Designan la parte de un todo e implican fracción, de ahí que también se denominen “Numerales fraccionarios”: un “medio”, un “tercio”…

Múltiplos.- “Se da este nombre, y el de proporcional, a los numerales que significan multiplicación”: “doble”, ” triple”, “cuádruple”…

Distributivos.- Indican una correlación con respecto a los nombres. Se denominan “Numerales distributivos”, y atribuyen una misma cantidad a distintas personas o cosas: “sendos”, “ambos”.

Ejemplos: “Tenían sendos coches” (= “Tenían un coche cada uno”). “Había circulación en ambos sentidos”.

Adjetivos interrogativos y exclamativos

Expresan una determinada actitud del hablante o del emisor y, desde el punto de vista sintáctico, están presentes en oraciones interrogativas y exclamativas. Son tónicos y se escriben con tilde: “qué”, “cuánto”.

Ejemplos: “¿Qué problema tienes? ¡Cuánto me gusta esa película!”

Adjetivos cuantitativos

Se refieren a la cantidad, pero sin concretar ni especificar un número determinado: “demasiado”, “bastante “, “poco ” “suficiente “, “mucho”.

Ejemplos: “Tiene bastante fuerza”. “Hace mucho calor”. “Está demasiado lleno”.

Adjetivos indefinidos

Se caracterizan porque añaden al sustantivo una idea imprecisa y vaga: “algún”, “alguno”, “ningún”, ” ninguno”, “cualquier”, “todo”.

Ejemplos:”algún hombre”; “alguna mujer”; “ninguna persona”…

Adjetivos relativos

En general se trata de aquellos adjetivos que hacen referencia a un adjetivo que siempre va colocado detrás: “cuyo”, “cuanto”. Desde el punto de vista de la sintaxis se habla de oraciones adjetivas o de relativo para referirse a determinadas frases subordinadas, esto es, dependientes de un enunciado principal

Adjetivo verbal

Con frecuencia, los participios de los verbos funcionan como adjetivos, sin perder por ello su naturaleza verbal; sin embargo, en español resulta difícil “trazar un límite entre el adjetivo y el participio”.

Ejemplos prácticos

En ocasiones se emplea incorrectamente el adjetivo “cada” con un sentido de generalización y para indicar una acción habitual. Sin embargo, debemos señalar que la función fundamental de “cada” es la de adjetivo distributivo.

Ejemplos incorrectos: “Voy a trabajar cada día”. “Me ducho todos los días”…
 

Ejemplos correctos: “Voy a trabajar todos los días”. “Me ducho todos los días”…

Otro tanto sucede con la palabra “sendos”, adjetivo numeral distributivo, que se emplea incorrectamente al usarla en el mismo sentido que el término “ambos”. Pero “sendos” significa exactamente “uno o una para cada cual de dos o más personas o cosas”.

No son las condiciones sintácticas las que pueden fallar de manera absoluta si un adjetivo es restrictivo o es un epíteto, sino la intención del hablante y la intelección del oyente: si aquél calificó necesariamente para distinguir y éste comprendió la cualidad como distintiva, o no. Por eso, a menudo, sobre textos escritos, surgen casos en que la vacilación está justificada. Unico recurso no de eficiencia total, pero sí práctico, es suprimir el adjetivo y observar si la frase tiene, después de suprimido el adjetivo, un sentido o ningún sentido. Un hombre no tiene coche (entendido “un hombre” genéricamente, no individualmente, es decir, entendiendo un hombre de manera idéntica a como está tomado en la frase de la que se suprime el adjetivo) carece de sentido.

XLI

“Las lenguas son algo más que meros sistemas de transmisión del pensamiento. Son las vestiduras invisibles que envuelven nuestro espíritu y que dan una forma predeterminada a todas sus expresiones simbólicas. Cuando la expresión es de extraordinaria significación, la llamamos literatura.” (Sapir, en “El lenguaje”).
 

Para terminar la disertación que, acerca del adjetivo, venimos realizando hasta aquí, sólo nos queda reseñar una cuestión normativa, muy tenida en cuenta por la Real Academia en su “Esbozo de una nueva gramática de la Lengua Española”, que trata de los oficios y complementos del adjetivo, y cuyas argumentaciones transcribiremos a continuación:

Oficios.- El oficio propio del adjetivo es el de referir al sustantivo una caracterización o especificación, ya por simple unión atributiva, ya como complemento predicativo con verbo copulativo; v.gr.: casa antigua, primer premio; Pedro es alto. Puede calificar o determinar a la vez al sujeto, y al verbo en oraciones como: El hombre nace desnudo; Los excursionistas volvían cansados, en las cuales desempeña una doble función adjetiva y adverbial. Se adverbializa por completo en expresiones como “hablar claro”, “jugar limpio “, “golpear recio”; acompañados de preposición, algunos adjetivos forman locuciones adverbiales: “a ciegas”, “a oscuras”, “de nuevo”, “de firme”, “en serio”, “por último”, “por junto”. Se sustantiva con frecuencia en el contexto, bien por el empleo de artículos u otros vocablos determinativos, bien por el empleo de articulo u otros vocablos determinativos, bien por desempeñar por sí solo en la oración oficios propios del sustantivo; v. gr.: “lo fácil”, “lo difícil de un asunto”; “temer el ridículo”; “ese infeliz”; “Buenos y malos se alegraron de la noticia”; “No lo dijo a sordo ni a perezoso”.

Posición del adjetivo calificativo.- a) De un modo general, el adjetivo calificativo puede seguir o preceder al sustantivo a que se refiere. Desde el punto de vista de la corrección gramatical, nada se opone a que digamos “nubes blancas” o “blancas nubes”, “saludo afectuoso” o “afectuoso saludo”. Pero la forma interior del lenguaje que nos hace preferir una u otra colocación del adjetivo en cada caso concreto, está más o menos regulada por factores lógicos, estilísticos y rítmicos, que actúan conjuntamente a manera de tendencia, y motivan que no sea siempre ni del todo indiferente el lugar que ocupe el calificativo. b) El calificativo que sigue al sustantivo realiza el orden lineal o progresivo, en que el determinante sigue al determinado; su función normal es, pues, determinativa, definitoria, restrictiva de la significación del sustantivo. El caso extremo de esta secuencia ocurre cuando el sustantivo y el adjetivo guardan entre sí, respectivamente, la relación lógica del género a la especie; p ej.: “contador hidráulico, eléctrico”; “máquina calculadora, electrónica, cosechadora, excavadora”, etc.; “raza amarilla, blanca, negra, malaya”, etc.; “arquitectura civil, militar, religiosa”, etc. En tales ejemplos, que seria fácil multiplicar, la anticipación del adjetivo supondría un hipérbaton extremosamente violento, solo admisible en el lenguaje poético. Aun sin haber relación lógica necesaria entre sustantivo y adjetivo, la cualidad pospuesta excluye a todos los sustantivos que no participen de ella. Desde el punto de vista lógico, el adjetivo pospuesto delimita o restringe la extensión del sustantivo. Si decimos “un edificio hermoso”, excluimos de la imagen general de “edificio” a todos los que no sean “hermosos”. Por esto resultaría chocante la posposición de un adjetivo que signifique cualidades inseparablemente asociadas a la imagen del sustantivo, como “las ovejas mansas”, “los leones fieros”, “miel dulce”, “adelfa amarga”, ya que no podemos imaginar ovejas que no sean “mansas”, leones que no sean “fieros”, miel que no sea “dulce”, ni adelfa que no sea “amarga”. Podríamos, en cambio, enunciar estas mismas cualidades anteponiéndolas a los sustantivos con significado explicativo, insistente, y decir “las mansas ovejas”, “los fieros leones”, “dulce miel”, “amarga adelfa”. Si queremos dar a estos calificativos carácter explicativo que haga resaltar la cualidad, sin variar el orden de la construcción, será obligatorio aislarlos por medio de una pausa: “las ovejas, mansas”; “los leones, fieros”; “adelfas, amargas. ”
 

c) El adjetivo antepuesto realiza el orden envolvente o anticipador en que el determinante precede al determinado; su función es explicativa, pero no definidora; la cualidad envuelve previamente a la cosa calificada; p. ej.: “blancas nubes”, “altas torres”, “valiosos cuadros”, frente a “nubes blancas”, “torres altas”, “cuadros valiosos”. La diferencia entre una y otra secuencia no es ciertamente lógica, sino estilística; la anteposición responde al deseo de avalorar la calidad, bien por su mayor importancia en la imaginación del hablante, bien por motivos afectivos. El adjetivo que se anticipa denota, pues, actitud valorativa o afectiva; por esto es muy frecuente en oraciones exclamativas, o en las que están más o menos teñidas de estimaciones y sentimientos: “¡Bonita casa.!”, ” EI cochino dinero tiene la culpa de todo!”, “Magnifica ocasión para hablarle”; “Vivía torturado por la insufrible espera de noticias”.

El artículo

Corresponde iniciar, aquí y ahora, el estudio de aquellos morfemas independientes cuyo principal cometido, desde el punto de vista lingüístico, consiste en señalar los sustantivos, las palabras sustantivadas y las oraciones sustantivas; se trata de los morfemas independientes que más comúnmente se denominan artículos.

Por tanto, en un primer acercamiento, se puede afirmar que los artículos tienen una función señalizadora o determinante, la cual puede ilustrarse mediante los siguientes ejemplos:

“El mueble” (determinante + sustantivo); expresión compuesta por el artículo “el” (determinante) más el sustantivo “mueble”.

“El antiguo” (determinante + adjetivo sustantivado); expresión compuesta por el determinante “el” y el adjetivo sustantivado “antiguo”.

“El saber lo que se hace (determinante + oración subordinada); expresión formada por el determinante “el” más la oración subordinada sustantiva “lo que se hace”.

En consecuencia, cabe señalar que el artículo es una palabra accesoria que se antepone al sustantivo para determinarlo (el mueble) o como signo de un objeto indeterminado (un mueble). De ahí que los artículos se clasifiquen tradicionalmente en “determinados” e “indeterminados”.

Artículos “determinados”: Se llaman también “definidos” y se caracterizan porque expresan un objeto consabido, es decir, del que ya se ha tratado con anterioridad. Los artículos determinados preceden a nombres concretos aunque, desde el punto de vista estilístico, puede haber variaciones y vacilaciones. Y así, el artículo determinado, cuando va ante nombres de personas, puede tener diversos valores expresivos: ante los nombres propios de persona es índice de habla popular (“la María”); el artículo no tiene esta connotación si se antepone a apellidos de artistas o escritores (“la Pardo Bazán”). Adquiere un sentido peyorativo cuando es usado en relatos o informes policiacos (“el Fernández”).

El artículo ante nombres geográficos presenta un uso vacilante y poco sistemático. Decimos “la Argentina”, pero no “la España”.

Algunos sustantivos femeninos que empiezan por “-a” tónica puede llevar antepuesto el artículo “el” (“el agua”, “el águila”).

Los artículos definidos o determinados son: “el” (masculino singular); “la” (femenino singular); “los” (masculino plural); “las” (femenino plural).

Artículos “indeterminados”: También se llaman “indefinidos” y, en esencia, designan un objeto no consabido por el receptor o por aquel a quien se dirige la palabra.

Los artículos indefinidos o indeterminados son: “un” o “uno” (masculino singular); “una” (femenino singular); “unos” (masculino plural); “unas” (femenino plural).

Los artículos indeterminados o indefinidos acompañan a nombres en sentido vago; y así, cuando un hablante dice “dame el libro” se refiere a un libro concreto, mientras que si dice “dame un libro” se refiere a cualquier libro y no a uno concreto.

Finalmente, señalaremos que también existe el artículo neutro “lo”. Se trata de una partícula que más bien expresa la ausencia de género. Por lo general, se utiliza el artículo neutro “lo” ante adjetivos sustantivados de carácter abstracto: “lo bueno”, “lo importante”, “lo adecuado”, “lo bello”, “lo mejor”… En este sentido, la Real Academia explica que “la sustantivación con lo da al adjetivo carácter abstracto”.

Asimismo, cabe mencionar también el caso de las “contracciones”, las cuales resultan de la unión de la preposición “a” con el artículo “el” (=”al”) y de la unión de la preposición “de” con el artículo “el” (=”del”).

Ejemplos prácticos

Como sabemos, el epíteto es en realidad un adjetivo explicativo que se emplea con una intención estilística para así incrementar, y contribuir, al atractivo de la obra literaria. Muchos escritores utilizaron, y utilizan, el epíteto antepuesto al sustantivo para impregnar su obra y sus historias de belleza; tal es el caso de Cervantes cuando, al describir la primera salida de su héroe don Quijote, emplea adjetivos antepuestos que resaltan el estilo retórico de los libros de caballerías.

Ejemplo: “Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos, con sus arpadas lenguas, habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada Aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando…don Quijote…comenzó a caminar…”

Ante nombres femeninos que empiezan por “á” tónica (aunque ésta vaya precedida de “h”) se emplea siempre el artículo “el”. Ejemplos: “el álgebra”, “el agua”, “el águila”, “el habla”, “el hacha”…

XLII

“Que las lenguas cambian es un hecho de dominio público. Incluso el no lingüista observa continuos cambios lingüísticos, la creación de nuevas palabras, la desaparición de las viejas, las modificaciones de la lengua escrita, las variaciones del estilo y el surgimiento de modas en la manera de escribir. Hasta cabe observar cambios de pronunciación en el transcurso de unos pocos años si se comparan, por ejemplo, las maneras de los más jóvenes y de los más viejos dentro de una misma comunidad lingüística.” (B. Malmberg, en “La lengua y el hombre”).
 

Por lo general, hasta aquí siempre se ha dicho que el pronombre sustituía al nombre, y los clásicos latinos lo denominaban “pronomen”, esto es, <<lo que reemplaza al nombre, lo que hace sus veces>>; y, aunque esta aseveración sigue siendo cierta, sin embargo, no siempre el pronombre tiene como función sustituir al nombre. De ahí que se hable de los pronombres personales y su función y significación, y también de la morfología de los pronombres personales. Martín Alonso afirma que Hemos de huir de la manía arbitraria de considerar el pronombre como sustitutivo de nombre, solamente para evitar su repetición {…}. El pronombre, por el contrario señala los seres sin caracterizarlos, sin darles notas especificas, actuando en la frase como un puntero o señalador de cosas.

Así, por ejemplo, si reparamos en la frase “Vio la casa”, el sustantivo casa puede ser sustituido por el pronombre “la”, de donde resultará el aserto “La vio”. Por tanto, aunque en este caso el pronombre sí ha sustituido al nombre, no siempre es posible hacerlo; tal ocurre, por ejemplo, con el pronombre “yo” en la oración “Yo vi la casa”, donde es posible comprobar que el sustantivo “casa” no puede ser sustituido por el pronombre “yo”. Otro tanto sucede con la afirmación “Tú viste la película”, en la que el pronombre personal de segunda persona, “tú”, no sustituye gramaticalmente al sustantivo película. Por consiguiente, tanto el pronombre personal de primera persona, “yo”, como el pronombre personal de segunda persona, “tú” -siempre que estén en singular-, no son verdaderos sustitutos gramaticales y, en consecuencia, algunos lingüistas y gramáticos prefieren llamarlos “nombres personales”.

Por tanto, desde el punto de vista semántico, y dependiendo de los términos que lleven en torno suyo, los pronombres adquieren su significado pleno dentro del contexto en que vayan o se realicen, luego tienen un significado ocasional, por lo que puede decirse que los pronombres son palabras sin significado léxico y desempeñan las mismas funciones que los nombres y los adjetivos, es decir, pueden ser sujetos, núcleos de sintagmas nominales, complementos directos…

Hay varias clases de pronombres: personales, demostrativos, posesivos, relativos, indefinidos, interrogativos y exclamativos, etc. De entre todos ellos, destacaremos en primer lugar los pronombres personales.

Pronombres personales

En general, los pronombres personales sirven para indicar la situación del hablante en el diálogo o para presentar los interlocutores en un determinado contexto: El pronombre “yo”, de primera persona, señala al que habla, es decir, al emisor. Mientras que la segunda persona indica la situación del que escucha, es decir, del receptor. Finalmente, la tercera persona indica de quién o de quiénes se habla.

La función de los pronombres es gramatical. Su naturaleza es sustantiva, y pueden presentarse como sustitutos de otras palabras, ya citadas en el discurso, a las que hacen referencia, de ahí que, como ya hemos dicho anteriormente, desempeñen las funciones de sujeto, complemento directo y complemento indirecto. Por tanto, puede establecerse la interrelación de los tres pronombres personales fundamentales -“yo”, pronombre personal de primera persona; “tú”, pronombre personal de segunda persona; “él”, pronombre personal de tercera persona- que se ilustra a continuación:

– Pronombre personal de la persona: Señala la principal referencia del diálogo o la conversación, luego se trata de la persona que habla o emite el mensaje. Su representación, en singular, es “yo”, y desempeña la función de sujeto. El plural de la primera persona es “nosotros” para el masculino y “nosotras” para el femenino, ambas formas también desempeñan la función de sujeto.

Otras subclases de pronombres personales de primera persona son: “mí”, “me”, “conmigo”, para el singular, y “nos” para el plural. Asimismo, “mí” puede llevar adherida la preposición “con”, de donde resulta la forma flexiva “conmigo”; “me” desempeña las funciones tanto de objeto directo como indirecto; también, “conmigo” funciona como un complemento circunstancial y puede tener valor reflexivo, por ejemplo: “hablo conmigo mismo”; en cuanto a “nos” puede funcionar como objeto directo o indirecto.

– Pronombre personal de la persona: Presenta al interlocutor, esto es, a la persona que escucha, recibe o lee el mensaje. Su representación, en singular, es “tú” (o las variantes “usted” y “vos”), y desempeña la función de sujeto. El plural de la segunda persona es “vosotros”, para el masculino, y “vosotras” para el femenino (o la variante “ustedes” indistintamente para el masculino y el femenino), ambas formas desempeñan la función de sujeto.

Otras subclases de pronombres personales de segunda persona son: “re”, “ti” (o las variantes “usted” y “vos”), “contigo”, para el singular, y “os” para el plural. En todo caso, “te” desempeña las funciones tanto de objeto directo como indirecto; “tí” lleva adherida la preposición “con” lo que da lugar a la forma flexiva “contigo” que, además, funciona como un complemento circunstancial y puede actuar con valor reflexivo. Ejemplo: “hablas contigo mismo”. Respecto a “os” puede funcionar como objeto directo o indirecto.

– Pronombre personal de la persona: Es la persona de la que se habla, la persona que no participa activamente en la conversación ni en el coloquio: “Puede incluso definirse por oposición a las otras dos como la persona no interlocutora, ausente del continuo ir y venir del mensaje”. Su representación, en singular, es “él”, para el masculino; “ella”, para el femenino y “ello” para el neutro, y en todos los casos desempeña la función de sujeto. El plural de la tercera persona es “ellos”, para el masculino, y “ellas” para el femenino, ambas formas desempeñan también la función de sujeto.

Otras subclases de pronombres personales de tercera persona son: “le”, “la”, “lo”, “se”, “sí”, “consigo”, para el singular, y “les”, “las”, “los”, “se”, “sí”, “consigo”, para el plural. Por otra parte, “le” funciona como objeto indirecto; “la” desempeña la función de objeto directo; “lo” funciona como objeto directo; “se” hace el oficio de objeto indirecto; “sí” lleva adherida la preposición “con”, lo que da lugar a la forma flexiva “consigo”, que funciona como complemento circunstancial y, además, siempre actúa como reflexivo, al igual que “sí”. Ejemplos: “Luisa habla consigo”; “Luisa volvió en sí”. Asimismo, “les” funciona como objeto indirecto; “las”, al igual que “los”, actúa como objeto directo; finalmente, las formas “se”, “sí” y “consigo” tienen en plural idénticas funciones que en singular. Por otra parte, señalaremos que las formas neutras “lo” y “ello” son privativas del pronombre personal de tercera persona, lo cual asegura y confirma “su especial y no directa función en el diálogo.”

También, añadiremos que “usted” y “ustedes” son formas de cortesía; en cuanto a “vos”, su empleo es literario, y tanto “vos” como “nos”, diremos que se usaron antiguamente como plurales de respeto, se trata del llamado “plural mayestático”.

Ejemplos: “Nos el Papa”. “Nos el Rey”.

Por otra parte, señalaremos que los plurales personales, “nosotros” y “vosotros”, no representan la suma de los singulares “yo” y “tú”: < <Nosotros es una extensión de yo que, o bien implica representativamente a yo, más su interlocutor tú, por oposición a él o a ellos, o bien reúne a un grupo de personas, representadas por yo, frente al representado por tú o por vosotros. > >

A propósito de los pronombres personales, la Real Academia explica que < <el término “personal” no se opone aquí a lo “no personal” en el sentido en que persona se opone a cosa, sino que alude a las personas del discurso, es decir, al diferente papel que personas y cosas desempeñan en el acto de la palabra. Las personas del discurso son tres: “yo” (1ª persona) señala al mismo que pronuncia o escribe esta palabra, “tú” (2ª persona) a la persona o cosa a la que interprela la primera persona, “él” (3ª persona) a la persona o cosa que no es “yo” ni “tú”. > >

XLIII

El habla es una actividad humana que varía sin límites precisos en los distintos grupos sociales, porque es una herencia puramente histórica del grupo, producto de un hábito social mantenido durante largo tiempo. Varía del mismo modo que lo hace todo , esfuerzo creador, quizá no de modo tan consciente, pero en todo caso de modo tan , verdadero como las religiones, las creencias, las costumbres y las artes de los diferentes pueblos. El caminar es una función orgánica, una función instintiva (aunque no, por supuesto, un instinto en sí mismo); mientras que el habla es una función adquirida, cultural» (E. Sapir, en el “Lenguaje”).
 

Continuando con nuestra descripción del pronombre, categoría variable o parte del discurso que, como ya quedó dicho, los clásicos latinos llamaban “pronomen”, y una vez enumeradas sus principales funciones, entre las que destacaban el “referirse a un nombre u objeto ya conocido” y “desempeñar los oficios en la frase de sujeto, predicado y complemento”, nos ocuparemos ahora de las clases de pronombres. Y así, puesto que ya hemos definido con anterioridad los pronombres personales, desarrollaremos a continuación las restantes clases de pronombres, empezando por los denominados “pronombres posesivos” para, más adelante, describir las restantes clases de pronombres, a saber: demostrativos, relativos, indefinidos, interrogativos y exclamativos, etc.

Sin embargo, antes de entrar a describir los pronombres posesivos, conviene detenerse en el uso de los pronombres de tercera persona “le”, “la” y “lo”, cuyo incorrecto empleo da lugar a los fenómenos conocidos como leísmo, laísmo y loísmo. Dado que la lengua, como tantas veces hemos repetido -y así lo aseveramos en la entradilla de la presente sección, al citar una frase del prestigioso lingüista Edward Sapir- se halla en continua evolución, esas formas de los citados pronombres personales están también, como la lengua misma, dentro de un proceso de transformación y cambio. En consecuencia, vale la pena significar que determinadas lenguas románicas heredaron del latín la denominada declinación pronominal y, en el caso del español, esa declinación pronominal quedó reducida a tres casos: “nominativo”, “acusativo” y “dativo”. Por lo tanto, al no tener esta nueva lengua un sistema completo, podía suceder que la comunidad de hablantes no llegara a comprenderla bien y que, en determinadas ocasiones, se usara incorrectamente. Lo cierto es que muy pronto el idioma español fue perdiendo la distinción original entre el uso del “dativo” y el “acusativo” hasta que los hablantes, al confundir ambos casos, tendieron a emplear otras nociones que les resultaban más comprensibles. Por ejemplo, prefirieron la oposición entre el sujeto y el complemento, la diferencia palpable entre el género masculino y el femenino o el neutro…

Por consiguiente: “Esta evolución de los pronombres átonos complementarios es la causa del gran número de confusiones y problemas que el uso y la interpretación de le, la, y lo plantea no solo a los hablantes sino también a las gramáticas españolas. Confusión agravada por tratarse de un proceso o evolución que todavía está en curso y que además presenta distintos grados y orientaciones, según sea la región española de que se trate.”

Leísmo

Como ya sabemos, está comúnmente aceptado que, en español, “le” funciona como objeto indirecto; “la” desempeña la función de objeto directo y “lo” funciona como objeto directo. Por tanto, matizando más la función de este pronombre personal de tercera persona, observamos que las formas para el objeto directo son “lo” (masculino y neutro) y “la” (femenino), con sus correspondientes plurales “los” y “las”. De ahí que, al sustituir un nombre de persona o un nombre de cosa por un pronombre que hace oficio de complemento directo, ambos coinciden. Y así, cuando reparamos, por ejemplo, en la frase “Miro el cuadro”, y la comparamos con la expresión “Lo miro”, tenemos que “el cuadro” -en la primera frase- es objeto directo y que coincide con el también objeto directo “Lo”, de la segunda expresión. Es decir, que en definitiva “Miro el cuadro” equivale a “Lo miro”. Del mismo modo, si comparamos la frase “Veo a Luisa” con la expresión “La veo”, observamos que en la primera el objeto directo es “a Luisa”, mientras que en la segunda expresión el objeto directo es “La”. Luego, podemos concluir que ambas frases coinciden y “Veo a Luisa” equivale a “La veo”. Pues bien, a veces, en los ejemplos propuestos, los hablantes -quizá por la similitud con las formas “me” y “te”- emplean la forma “le” en lugar de “lo” o de “la”: cambian el objeto directo “la” o “lo” por el objeto indirecto “le”. Este cambio se conoce con el nombre de “leísmo” y está aceptado por la Real Academia en los casos de nombres de personas; por ejemplo, si tenemos la frase “Vio a Pablo”, equivalente a la expresión “Lo vio”, señalaremos que también se puede decir “Le vio”.

Sin embargo, el “leísmo” no está admitido, ni es recomendado, con nombres de cosa; por ejemplo, si tenemos la frase “Vio el cuadro”, equivalente a la expresión “Lo vio”, advertiremos que es incorrecto decir “Le vio”.

Asimismo, hemos de señalar que en la función de objeto indirecto se emplean, indistintamente para el masculino y el femenino, las formas “le” y “les”. Ejemplos: “Escribí una carta a Luisa” equivale a “Le escribí una carta”. “Escribí una carta a Pablo” equivale a “Le escribí una carta”. En ambos ejemplos el pronombre personal “le”, que funciona como objeto indirecto, no experimenta variación de género.

Y, en fin, abundando más en nuestra definición del “leísmo”, señalaremos que, respecto al empleo incorrecto de “le” “la” y “lo”, se la dicho que la primera confusión tuvo su inicio en Castilla, y que afectó al uso de le, «que invadió el campo del complemento directo masculino dando origen a lo que denominamos “leísmo”. Las alternativas de esta concurrencia, que se pueden registrar en épocas históricas muy remotas, ha conducido a la Academia Española a proponer una solución intermedia entre el puro esquema etimológico y el más usual en la región castellana. La Academia permite el uso de “le” como complemento directo “de persona” y perpetúa el uso de “lo” como complemento directo “de cosa”. Según esta norma es correcto: “le encontré camino de su casa” (refiriéndose a una persona); pero si la referencia se dirige a un objeto habría que decir: “lo encontré (el objeto) camino de casa”.

Laísmo

Es un fenómeno mucho más vulgar que el “leísmo” y se produce al emplear la forma “la” (objeto directo, como ya sabemos) en función de objeto indirecto. El fenómeno del “laísmo” es muy grave, desde el punto de vista gramatical, y no está admitido por la Real Academia. Y así, en la frase “Escribí una carta a Luisa”, equivalente a la expresión “Le escribí una carta”, el fenómeno vulgar del “laísmo” convertiría esta última expresión en el mensaje incorrecto “La escribí una carta”.

Por consiguiente, llamamos “laísmo” al uso del pronombre átono “la” como complemento indirecto femenino: “la dije (a ella) que estabas aquí”, en vez de “le dije (a ella) que estabas aquí”. Lo mismo sucede en el plural, y constituye un error el siguiente ejemplo: “las dije” (a ellas), en lugar del uso etimológico correcto “les dije” (a ellas).

No obstante, conviene señalar que, tal como explican los estudiosos de la lengua, “El uso literario y la preceptiva misma de la gramática y de la enseñanza han frenado la evolución en este sentido y han contenido el laísmo al que se considera como incorrecto. Este uso laísta caracteriza a la región castellana y muy especialmente a Madrid”.

Loísmo

Su uso es menos frecuente que los anteriores y consiste en emplear la forma “lo” como si hiciera las veces de complemento indirecto. Y así, en la expresión “Concedieron un premio a Pablo”, equivalente a la frase “Le concedieron un premio”, el fenómeno del “loísmo” convierte a esta última en el aserto incorrecto “Lo concedieron un premio”.

En definitiva, los estudiosos de la lengua española explican, a propósito del “loísmo”, lo siguiente: “Llamamos “loísmo” al uso de “lo” o del plural “los” como complemento indirecto en Dativo (tanto masculino como neutro) en lugar de “le” y “les”. Se trata de una vacilación muy extendida tanto en el habla popular como culta y que afecta y se extiende al uso literario: “no lo he dado importancia” (por “no le he dado importancia”. “No los hace caso” (por “no les hace caso”).

Habrá que tener muy en cuenta, además, que en estos errores y problemas, como en otros muchos relacionados con la gramática, en los que el castellano o español está en evolución, lo verdaderamente importante es saber cuál es la situación presente, ya que ella es la que marca la norma del uso que llamamos correcto.”

Pronombres posesivos

Los posesivos se consideran términos pronominales que indican que lo nombrado por el sustantivo a que hace alusión es de la posesión o pertenencia de la primera, segunda o tercera persona que interviene en el diálogo. Y así, las formas de los pronombres posesivos son: “mío”, “tuyo” y “suyo”, para el singular (con sus correspondientes formas apocopadas “mi” “tu” y “su”), y “nuestro”, “vuestro” y “suyo” (para las personas del plural). Las formas apocopadas se emplean también en plural y permanecen invariables en cuanto al género, luego sólo varían de número, ejemplos: mi coche / mis coches; tu libro / tus libros; su chaqueta / sus chaquetas . Es importante advertir que los posesivos se refieren a las terceras personas de singular y plural; cada uno tiene cuatro formas (“tuyo, tuya, tuyos, tuyas”) y, por lo general, también se emplean con su función adjetiva. Y, desde el punto de vista de la significación, “nuestro” y “vuestro” pueden emplearse en singular, como en el caso de que una persona represente a una empresa, compañía o entidad; y así, cuando alguien forma parte del cuerpo de redacción de un periódico puede expresarse, por ejemplo, como sigue: “decíamos en nuestro artículo de opinión…. “

– Los pronombres posesivos de 1ª persona pueden tener un poseedor y varios poseedores: Ejemplos con un poseedor: mío /míos; mía/mías; mi/mis.

Ejemplos con varios poseedores: nuestro/nuestros; nuestra/nuestras.

– Los pronombres posesivos de 2ª persona también pueden tener un poseedor y varios poseedores.

Ejemplos con un poseedor: tuyo/tuyos; tuya/tuyas; tu/tus.

Ejemplos con varios poseedores: vuestro/vuestros; vuestra/vuestras.

– Los pronombres posesivos de 3ª persona pueden tener uno o varios poseedores. Ejemplos: suyo/suyos; suya/suyas; su/sus.

XLIV

“Mediante la lengua, el hombre describe el mundo, da forma verbal a su pensamiento, sentimiento y voluntad, actúa sobre los otros hombres. La visión máximamente optimistas dirá que la lengua es una parte o al menos un revestimiento exacto de aquello que describe, dirá también que su estructura es la del pensamiento lógico; dirá que hace visible el mundo del sentimiento y que tiene poder.” (Francisco Rodríguez Adrados. “Alabanza y vituperio de la lengua”).
 

Para acabar con la descripción de los pronombres posesivos, recogeremos las teorías que, en tal sentido, enuncia la Real Academia: Los pronombres posesivos no tienen raíces que no pertenezcan también a los pronombres personales. Se diferencian de ellos morfológicamente por carecer de flexión casual. Se caracterizan además por la propiedad sintáctica de aparecer siempre, fuera de su función como predicados, en construcciones atributivas, a diferencia de los pronombres personales, que están privados de esta propiedad. (La subdivisión del nombre en dos subclases, nombre sustantivo y nombre adjetivo, es también aplicable a los pronombres, con la única diferencia de que los pronombres son o exclusivamente sustantivos, como los personales, o exclusivamente adjetivos, como los posesivos, o indistintamente lo uno y lo otro, como “alguno”, “mucho”. Los nombres, en cambio, son predominantemente sustantivos o adjetivos y el paso de una subclase a otra, con diferentes grados de sustanciación o de adjetivación, es fácil y frecuente en esta categoría de palabras.)

Los elementos que entran en la formación de los pronombres posesivos desempeñan diferente función gramatical. Por su raíz, los posesivos distinguen la categoría de persona ( 1ª, 2ª y 3ª) y son deícticos o anafóricos, no de otra manera que los pronombres personales. Sin embargo, este elemento radical no distingue nunca el sexo o el género gramatical de la persona o nombre a que señala, y en algunos casos, ni el género ni el número. “Nuestro” señala deícticamente a un plural, y en este sentido es plural pronominalmente, pero alude lo mismo a “nosotros” que a “nosotras” (“nuestro” = “de nosotros”, “de nosotras”). “Su” y “suyo” señalan indistintamente a un plural o a un singular, a un masculino, un femenino o un neutro (“suyo” = “de él”, “de ella”, “de ellos”, “de ellas”, “de ello”). Por el morfema de número, como en “mi”, “mis”, y en otros casos por los morfemas de género y número, como en “míos”, “mías”, se relacionan con el nombre, o palabra que haga sus veces, concertando con él en número y decidiendo a veces el género gramatical a que pertenece dicho nombre en los casos en que carece de forma genérica específica, como en “idólatras suyos y secuaces nuestros”.

Están, pues, implicadas en el pronombre posesivo una referencia a alguien o algo que posee, tiene, incluye en sí o está en determinada relación con alguien o algo, y una relación con la persona o cosa poseída, tenida, incluida, etc., representada por la palabra de que el posesivo es atributo. La palabra “posesivo” es un término convencional, pues aunque “nuestro” puede para frasearse casi siempre por “de nosotros”, la preposición “de” tiene en la paráfrasis muy variadas significaciones: “nuestro dinero”, “nuestro hijo”, “en nuestra busca” (“nos buscan”), “nuestra marcha” (“marchamos”). […) Como los pronombres personales, los posesivos distinguen formas acentuadas e inacentuadas, y contrastando con aquellos, formas apocopadas y formas plenas.

Ambigüedad en el uso de “su”

Finalmente, hemos de recordar que, tal y como se desprende de lo dicho hasta aquí, en español, el sistema de los posesivos abarca dos series: la adjetiva y la pronominal; ambas se diferencian, sobre todo porque aquélla es átona, mientras que ésta es tónica (el posesivo adjetivo es átono y el posesivo pronombre es tónico). Ejemplos: “mi cuaderno”/”el mío”; “mi bicicleta”/”la mía”.

En todo caso, cabe señalar que, en opinión de prestigiosos lingüistas, la “referencia principal de este sistema se dirige a la caracterización de las cosas poseídas, quedando a menudo en una posición ambigua la referencia al poseedor”. Así pues, en el ejemplo “Vimos a sus amigos”, amigos está claramente concordado con sus, pero el poseedor puede ser una persona en singular, usted, o varias personas, “ustedes”.

Asimismo, también es posible “una referencia no posesiva, sino de pertenencia o relación personal o afectiva (mi patria, mi vecino).”

Además, en el sistema posesivo español, existe cierta ambigüedad en el uso de “su”, donde no solamente falta la indicación clara del género del poseedor sino también la de su número. Y así, la misma forma “su” puede utilizarse en varios casos: “su” (de él); “su” (de ella); “su” (de usted); “su” (de ustedes); “su” (de ellos); “su” (de ellas).

El prestigioso filólogo y gramático Emilio Lorenzo, en su obra “El español de hoy, lengua en ebullición”, se refiere a esta ambigüedad que venimos señalando en el uso de “su” y explica cómo “las fórmulas que hoy y en otros tiempos ofrece el español para subsanar la ambigüedad del sistema -(su padre de usted, el libro de ella, la casa de éstos) parecen sólo medidas de emergencia y no las soluciones satisfactorias y permanentes que una auténtica necesidad suscitaría e impondría”. El autor citado añade, no obstante, “que el hablante español, cuando le interesa, sabe expresar la relación entre las cosas y sus poseedores por otros medios, si bien casi siempre de una manera atenuada: se puso el abrigo; se le murió el padre; le rompieron las gafas; le robaron el coche; sacamos los billetes esta mañana; etc.” Y, para terminar, comenta lo siguiente: “Todavía Cervantes añoraba aquella edad dorada en que se ignoraban las dos palabras “tuyo” y “mío” (Quijote, I, 11), pero ¿cuántos son hoy los que consideran inútiles los posesivos? Y, dentro de éstos, ¿cuáles se prodigan más: el “mío”, el “tuyo” o el “suyo” ? (“lo mío y lo tuyo” estamos aquí para defenderlo; lo “suyo”, aunque sea “de usted”, interesa menos afirmarlo). En este caso, la ambigüedad de “su”, “suyo” no parece obedecer a actitudes altruistas”.

La Real Academia, por su parte, abunda en el asunto de la ambigüedad de los posesivos y manifiesta lo siguiente: “Para evitar la ambigüedad que resulta en el empleo de “su”, “suyo” (= “de él”, “de ella”, “de ellos”, “de ellas”, “de ello”) suele sustituirse el posesivo por las fórmulas preposicionales: “Miraba su propio retrato en los ojos de él” (Unamuno, “Tres novelas ejemplares”), sustitución supeditada a la naturaleza de las construcciones y a la clase de relación “posesiva” que representa “de”. En la construcción antigua “su madre de Celestina” (hoy solo conservada con el complemento “usted”:”su hijo de usted”) hay un cruce de “su madre” y “la madre de Celestina” . La debilitación en español del valor reflexivo originario de “su”, “suyo”, causa de la ambigüedad, se corrige reforzando el valor reflexivo del pronombre con la adición del adjetivo “propio”, como en la primera parte del pasaje de Unamuno.”

Pronombres demostrativos

Tienen su origen, los pronombres demostrativos, en la necesidad de señalamiento, de ahí que su función sea “mostrar” los objetos; como dijo el gran gramático Bello, los pronombres demostrativos son aquellos de que nos servimos para mostrar los objetos señalando su situación respecto de determinada persona. Por tanto, los pronombres demostrativos señalan y muestran el objeto indicando distancia respecto de las tres personas gramaticales.

Las formas de los pronombres demostrativos, atendiendo a los diversos formas de señalamiento son: – “este”, “esta”, “estos”, “estas” (para indicar la cercanía del sujeto a la primera persona).

– “ese”, “esa”, “esos”, “esas” (para indicar la cercanía del objeto a la segunda persona).

– “aquel”, “aquella”, “aquellos”, “aquellas” (para señalar la distancia del objeto respecto a la primera y segunda personas).

Por lo demás, en la práctica de la lengua, los pronombres demostrativos son siempre palabras prosódicamente acentuadas, pues así se diferencian de los adjetivos demostrativos, que no se acentúan.: “La norma académica estableció, sin embargo, para los demostrativos una regulación ortográfica especial basada en la diferente función que desempeñan: se emplea la tilde cuando el pronombre es sustantivo (“éste”, “aquél”) y no se emplea cuando es adjetivo (“este lugar”, “aquel día”)”. Sin embargo, siempre que no exista anfibología se puede prescindir de la tilde.

Busquemos en el diccionario el significado del vocablo “anfibología”.

– anfibología: “Doble sentido, vicio de la palabra, cláusula o manera de hablar, a que puede darse más de una interpretación”.

Texto donde Don Quijote habla de un tiempo en que el significado de los posesivos “tuyo” y”mío” era ignorado:

– “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto.”

XLV

“Cuanto más concuerde una frase o una alocución con las experiencias de quien lee o escucha, tanto más efectiva y convincente será. Es en la comunicación, en el intercambio, donde los seres humanos toman conciencia de sus experiencias y donde las verifican. El buen estilo y el lenguaje correcto, aprovechan al lector, al oyente y al espectador.” (Enrique Fontanillo y María Isabel Riesco, en “Teleperversión de la Lengua”).
 

Siguiendo con nuestra descripción de las diversas clases de pronombres, y después de haber definido, de forma exhaustiva, los personales, posesivos y demostrativos, corresponde iniciar el análisis de los llamados pronombres relativos para, más adelante, ocuparnos de los pronombres indefinidos y terminar con el estudio de los interrogativos y exclamativos. No obstante, antes de entrar en materia, conviene señalar que, tal como ya quedó dicho al hablar de Fonología y Fonética, todas las formas del pronombre demostrativo llevan acento de intensidad, aunque no por ello será obligatorio señalar tales palabras con tilde, únicamente habrá que poner acento ortográfico cuando exista riesgo de anfibología o ambigüedad y no sea posible distinguir las diferentes funciones de determinados términos.

Asimismo, es necesario recordar que las diferentes clases de señalamiento han hecho necesaria la existencia de los pronombres demostrativos y, a su vez, la relación de éstos con el artículo. De ahí que pronombres demostrativos y artículos posean unos mismos caracteres morfológicos, especialmente en cuanto a las variaciones de género y número: “Todas las formas del demostrativo y del artículo masculinas y femeninas pueden agruparse con un nombre sustantivo o con la palabra que haga sus veces, las del artículo precediéndole: el mar, la mayor injusticia, el buen vivir, el cómo y el cuándo, las del demostrativo antepuestas o pospuestas: este negocio, aquella verdad, el hombre ese. Pero son incompatibles en posición inicial; el hombre ese, como acabamos de ver, pero no: el ese hombre. Por otra parte, todas las formas del demostrativo pueden actuar ilimitadamente como sustantivos (las neutras solo como sustantivos). En estos casos carecen, lo mismo que los pronombres personales, de la propiedad de ir acompañadas por atributos, si se exceptúa un reducido número de adjetivos: estos mismos, aquella sola, todos esos. {…} Las formas del artículo masculinas y femeninas realizan un género especial de señalamiento a un sustantivo del contexto o a algo presente en la situación, agrupándose entonces con un adjetivo. El adjetivo no es propiamente atributo del artículo, sino del sustantivo que el artículo representa: El mundo nuevo y el antiguo; ¡Qué memoria la mía! Los demostrativos masculinos y femeninos realizan pocas veces este género de señalamiento: Me ofrecen ese coche, pero yo prefiero este negro. Pero tanto el artículo como los demostrativos deícticos o anafóricos pueden introducir cláusulas de realtivo: los que fueron, esos que ves; hoy raramente el artículo cuando precede al relativo una preposición: aquél (con, de, en …) que; el de ahora, lo de marras.” (Real Academia).

Pronombres relativos

Se dice que los relativos, al igual que los restantes pronombres, tienen una significación circunstancial u ocasional y, además, su función es similar a la de los nombres sustantivos. Por consiguiente, podemos afirmar que un pronombre relativo es una forma sustantiva y que su significado, según los casos, está contenido en su antecedente. Pero además, los pronombres relativos, y en esto se diferencian de los restantes pronombres, también tienen la particularidad de introducir oraciones subordinadas y, en consecuencia, se puede decir que son bifuncionales: “Se diferencian de los restantes pronombres por el hecho de funcionar simultáneamente, en la mayor parte de los casos, como nexos de subordinación. El relativo, como nexo de subordinación, forma parte de la cláusula subordinada”. Esas oraciones subordinadas, introducidas por un pronombre relativo, se denominan “oraciones de relativo”, pero también se las conoce más comúnmente por el nombre de “oraciones subordinadas adjetivas”, o simplemente “adjetivas”, ya que el elemento antecedente es sustantivo. Ejemplo: “La casa que compré está muy deteriorada”. En opinión de Lázaro Carreter, el relativo es “todo elemento que hace referencia a algo ajeno a sí mismo; su forma, su función o su significación vienen condicionadas, pues, por dicha referencia”. El mismo autor, a propósito del relativo, añade lo siguiente: “término con que nos referimos abreviadamente al pronombre relativo. Este ejerce dos funciones fundamentales. Una anafórica, con relación al antecedente, y otra de nexo entre una oración principal y otra subordinada o inordenada, Así, en la frase “el libro que has leído es mío”, el pronombre “que” reproduce a “libro” y sirve de nexo conjuntivo entre la oración principal (“el libro es mío”) y la inordenada (“que has leído”).” Además, Lázaro Carreter habla de la “Oración de relativo o relativa”, para referirse a las oraciones subordinadas adjetivas, y en tal sentido explica lo siguiente: “Con este nombre y con el de “oración adjetiva” se designa toda subordinada o inordenada que se relaciona con la principal por medio de un pronombre relativo. Las oraciones relativas pueden ser explicativas y especificativas .”

Las formas de los pronombres relativos son idénticas a las de los pronombres interrogativos, aunque los relativos no llevan tilde. Por lo demás, la formas relativas suelen definirse como aquellas que hacen referencia a algo ajeno a sí mismo, y son: “que”, “cual”, “quien” y “cuyo”.

– “que”: se le denomina también “relativo de generalización” pues, de entre todos los pronombres relativos heredados del latín, es el que se usa con mayor frecuencia: “la casa que…”, “la persona que…”, “la mujer que…”, “el hombre que…”, “La casa en la que nací”, “Tengo varias cosas a las que atender”, “Supo lo que pasa”.

De todo lo anterior se deduce que el pronombre relativo “que” puede ir precedido de artículo, en cuyo caso forma los grupos “el que”, “la que”, “los que”, “las que” y “lo que”. Estos artículos están considerados como antecedentes en singular y en plural, de persona y de cosa o como neutro. Además, el relativo “que” puede ir precedido por preposiciones: “aquel es el hombre de que te hablé.”

Asimismo, el pronombre relativo “que” es invariable y, además de introducir oraciones especificativas y explicativas, puede ser sujeto y complemento: “Los comerciales que habían seguido el cursillo con aprovechamiento, lograron pronto los objetivos propuestos por la empresa” (oración especificativa). “Los comerciales, que habían seguido el cursillo con aprovechamiento, lograron pronto los objetivos propuestos por la empresa” (oración explicativa).

– “cual”: siempre se utiliza precedido de artículo, incluso en el caso del neutro, y se refiere a personas, animales y cosas; suele emplearse cuando el antecedente es complemento y no está cercano, y en caso de que el antecedente sea una oración se emplea “lo cual”: “La ternura de la cual era capaz…”, “Recuerdo aquel coche negro, el cual nunca tuvo graves averías”, “Estaba acostumbrado a caminar, lo cual era beneficioso para su salud”.

De lo antedicho se deduce que el pronombre relativo “cual” puede tomar las formas “el cual”, “la cual”, “los cuales” y “las cuales”.

– “quien”: siempre se refiere a personas, nunca lleva artículo y puede funcionar como sustantivo, en cuyo caso el antecedente aparece de forma expresa como término independiente. Asimismo, se emplea cuando el antecedente es complemento y puede introducir oraciones especificativas y explicativas; cuando actúa como sujeto de una oración únicamente puede introducir oraciones explicativas: “Llamaron a los bomberos, quienes acudieron con prontitud”, “quien calla otorga”, “quien venga detrás que arree”, “no tengo quien me quiera”.

– “cuyo”: concuerda con un nombre, al cual precede y del que es complemento, de ahí que se le haya llamado también “relativo posesivo”; además, puede ir acompañado de preposiciones: “Adquirió un coche antiguo, cuya principal característica es que se le puede quitar el techo”.

A propósito del pronombre relativo “cuyo”, la Real Academia dice lo siguiente: Cada uno de los masculinos y femeninos, singulares y plurales del relativo “cuyo” se antepone como adjetivo a un nombre apelativo, con significación de persona o de cosa, de la cláusula subordinada.

– “cuanto”: además de adverbio de cantidad, “cuanto” también puede ser pronombre relativo, y se emplea cuando tiene a “todo” como antecedente; de ahí que “cuanto”, “cuantos” y “cuantas” equivalgan a las formas “todo el que”, “todos los que” y “todas las que”, respectivamente: “Tomaba nota de cuantas incidencias iban produciéndose durante el viaje”, “Me explicó cuanto sabía y conocía acerca de tan engorroso asunto”.

Ejemplo del texto con en el que Cervantes inicia su inigualable, y universal, relato titulado “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, y donde el empleo del pronombre relativo “cuyo” ha quedado como paradigma del buen decir y el bien narrar:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.”

XLVI

“El lenguaje y, en él, la escritura irrumpen con una forma nueva en el proceso de la comunicación. Entre la exterioridad y la supuesta interioridad se intercala un bloque de mensajes, insinuaciones, sentidos, opiniones, valoraciones que transforman la, en el fondo, solitaria fortaleza del yo.” (Emilio Lledó, en “El surco del tiempo”).
 

Corresponde aquí disertar sobre los pronombres indefinidos, de los que, en un primer acercamiento, puede afirmarse que se caracterizan porque su significación es indeterminada u ocasional y, además, su naturaleza resulta similar a los pronombres llamados cuantitativos; éstos indican número, aunque de una manera imprecisa, mientras que los indefinidos hacen referencia a la identidad. Pero, la significación de los indefinidos también puede hacer mención al objeto de modo general. La Real Academia contempla los pronombres indefinidos y los cuantitativos al mismo tiempo, y explica que ambos poseen componentes conceptuales y realizan esa referencia sin identificar personas y cosas, bien porque no importa o no conviene o no es posible esta operación: “La denominación de indefinidos conviene, pues, a todos los pronombres, incluso a los numerales. No solo “alguien” deja sin determinar si se trata de este o aquel, de Juan o de Pedro. En la frase nominal “los dos”, la determinación está a cargo del artículo. La denominación de cuantitativos suele aplicarse especialmente a los indefinidos que designan un número indeterminado de objetos: “muchos días”, “pocas esperanzas”, o una cantidad indeterminada a un grado indeterminado de algo: “bastante agua”, “demasiado calor”. Esta noción cuantitativa y numérica hace posible ordenar estos pronombres en series de mayor a menor número, cantidad, grado o inversamente (incluyendo a los numerales): “uno, “dos”, “tres “…”pocos”, “muchos”, “todos”; “bastante”, “mucho”, “demasiado”, “todo”. Algunos pronombres indefinidos, a los que no suele aplicarse esa denominación, no dejan de poder incluirse en la escala creciente o decreciente de los cuantitativos. No solamente “algunos” representa un número indeterminado de unidades, “alguien” y “alguno” una sola unidad, “algo” una cantidad mayor o menor. También “nadie” y “nada” representan el número “cero” y la cantidad “cero” de la escala: “nadie”, “alguien”, “dos”, “tres” …”varios”, “muchos “; ” nada”, “algo”, “poco”, ” bastante “, “demasiado”. Los términos indefinidos y cuantitativos son, por consiguiente, compatibles en muchos casos.”

Los pronombres indefinidos que tienen una significación indeterminada u ocasional son: “algo”, “alguien”, “alguno”, “cualquiera”. Y, entre los pronombres indefinidos que hacen mención al objeto de modo general, destacaremos “todo”, “nada”, “nadie”. Por lo demás, se dice que los pronombres indefinidos son correlativos de los interrogativos. Y así, pongamos por caso, si reparamos en una frase construida con el pronombre interrogativo “¿quién?” y, por ejemplo, nos preguntamos “¿Quién lo ha dicho?” se puede responder “alguien lo ha dicho”, “nadie lo ha dicho”, “cualquiera lo ha dicho”, “uno lo ha dicho”, “alguno lo ha dicho”, “ninguno lo ha dicho”… Y lo mismo ocurre con las respuestas a la pregunta “¿Qué podré hacer?”, las cuales podrían construirse como sigue: “algo podré hacer”, “nada podré hacer”, “poco podré hacer”, “mucho podré hacer”…

Son pronombres indefinidos los siguientes:

– “uno”: tiene variación de género y número (“uno”/”una”, “unos”/”unas”), y el neutro es “uno”. Esta forma neutra se emplea, hoy día, exclusivamente en el campo literario: “Una cosa es lo natural; otra lo sobrenatural. Uno, la rutina; otro, la libertad del día feriado. Uno, el pan nuestro de cada día; otro, la golosina” (Pérez de Ayala, en “El curandero de su honra”).

– “alguno” y “ninguno”: se trata de dos pronombres indefinidos compuestos con “uno”. Aunque el pronombre indefinido “alguno” está considerado como un término positivo, en ocasiones se emplea como término negativo. Y así, especialmente en la lengua literaria, se leen a menudo frases como “en parte alguna” o “en modo alguno” que, respectivamente, significan “en ninguna parte” y “de ningún modo”. En determinadas construcciones, ambos pronombres indefinidos se pueden intercambiar, llegando a producirse entre ellos cierta neutralización: “sin esperanza ninguna”/”sin esperanza alguna”; en este caso aparecen asociados a una frase negativa. Asimismo, ambos pronombres indefinidos tienen variaciones de género y número y, además, no se diferencian morfológicamente: “alguno”/”alguna”; “algunos”/”algunas”; “ninguno”/”ninguna”; ” ningunos “/” ningunas “.

El pronombre indefinido “alguno” toma la forma “algún” cuando va delante de un nombre masculino singular: “¿Ha llegado algún tren?”, ¿Se ha editado algún libro nuevo este mes?

El pronombre indefinido “ninguno” toma la forma “ningún” delante de los nombres en masculino singular: “No se ve ningún barco”, “No tiene ningún motivo para enfadarse”.

Por otra parte, algunos lingüistas llaman indefinidos personales a los pronombres indefinidos “alguno”/”ninguno” y “alguien”/”nadie”.

– “cualquiera”: se trata de un indefinido compuesto y no solo deja sin individualizar y sin identificar el objeto de su mención, como todos los indefinidos, sino que además, en virtud de un acto de inhibición estimativa que es su correlato psíquico, lo coloca en el mismo plano que los demás de su mismo género o especie.

Además, el pronombre indefinido “cualquiera” (cuyo plural es “cualesquiera”) pierde la “a” final delante de los nombres, y se convierte en “cualquier”: “Necesito encontrar cualquier trabajo”.

– “quienquiera”: este pronombre indefinido se usa muy poco, y está restringido casi exclusivamente al campo de lo literario.

– “más” y “menos”: ambos están considerados como pronombres indefinidos cuantitativos y son invariables, aunque pueden agruparse con nombres sustantivos de cualquier género y número, por lo general en singular con nombres de sustancia: “más, menos agua”, y en plural con nombres de cosas numerables: “más”, menos árboles.

– “otro”: este pronombre indefinido tiene acento de intensidad en la penúltima sílaba de todas las formas: “otro”/”otra”, “otros”/”otras”; puede significar persona o cosa y actuar, indistintamente, como pronombre sustantivo y adjetivo. Además, a causa de su contenido semántico, presupone que algo ha sido mencionado ya o va a mencionarse, o está implícito en el enunciado o en el contexto.

– “demás”: se trata de un pronombre indefinido invariable y equivale a “otro” pero, a diferencia de éste, se emplea a menudo con artículo plural y muy raramente con artículo singular. Ejemplos: “Era una persona que se portaba muy bien con los demás”. “La demás gente de casa se había ido a comer”.

Pronombres interrogativos y exclamativos

Son pronombres interrogativos los siguientes: “qué”, “cuál ” ,”cuáles “, “quién”, “quiénes “, “cuánto”, “cuánta”, “cuántos “, “cuántas”, “cúyo”, “cúya”, “cúyos”, “cúyas”. En general, puede afirmarse también que los pronombres interrogativos y exclamativos son similares a los pronombres relativos, aunque se diferencian de éstos porque llevan acento gráfico o tilde: “En lo esencial, los pronombres interrogativos no son diferentes por su forma de los relativos, y lo que distingue a los interrogativos frente a los relativos, y frente a los restantes pronombres, es el hecho de que sirven primordialmente como instrumentos a la función apelativa del lenguaje. La naturaleza de su señalamiento no es propiamente textual, sino apelativa. Apuntan al nombre de la persona o cosa inquirida mediante la pregunta, y en este sentido, entre el concepto implicado en el interrogativo y el nombre o pronombre con que es contestado en la respuesta, se da una relación de identidad, semejante a la que existe entre relativo y antecedente, semejanza que se explica por el origen común a una y otra clase de pronombres” (Real Academia).

Por lo demás, el hablante se sirve de los pronombres interrogativos para expresar su desconocimiento de la cantidad o de la identidad.

Así, por ejemplo, cuando en el contexto de un diálogo un hablante pregunta “¿Cuántos ejemplares quieres?” está indicándole a su interlocutor que desconoce el número de ejemplares que se reclaman. Por consiguiente, en el ejemplo propuesto, el pronombre interrogativo “cuánto”/”cuántos” no indica la cantidad sino que el hablante desconoce la cantidad.

Otro tanto sucede con el pronombre interrogativo “quién” en la frase “¿Quién está ahí?”, empleada para preguntar por la identidad de una persona.

En cambio, cuando se trata de individualizar personas o cosas dentro de un grupo se emplea el pronombre interrogativo “cuál”/”cuáles”. Ejemplo: “¿Cuál de estos libros te ha gustado más?”

Por otra parte, añadiremos que los pronombres interrogativos se convierten fácilmente en exclamativos: “Las oraciones exclamativas pronominales no son tampoco en lo esencial diferentes de las interrogativas, directas o indirectas”. Ejemplos: “¡Qué haces con mis cosas!”, “¡Quién pudiera salir de aquí!”, ” ¡Cuánto tiempo sin verte!

Ejemplos de textos donde el autor emplea pronombres indefinidos, interrogativos y exclamativos:

” – ¿Quién tenía el corte?

– Yo lo tenía. ¿Qué se ofrece?,”

(\/alle Inclán)

” – Adiós, Pablo, ya no te hablas con nadie. Claro, desde que estás enamorado…

– Adiós, Mari Tere. ¿Y Alfonso?

– Con la familia, hijo; está muy regenerado esta temporada.

Laurita frunció el morro; cuando se sentaron en el sofá, no cogió las manos a Pablo, como de costumbre. Pablo, en el fondo, sintió cierta sensación de alivio.

– Oye, ¿quién es esa chica?

– Una amiga.

Laurita se puso triste y capciosa.

– ¿Una amiga como soy yo ahora?

– No, hija.

– ¡Cómo dices una amiga!

– Bueno, una conocida.

– Sí, una conocida… Oye, Pablo.

Laurita, de repente, apareció con los ojos llenos de lágrimas.

– Qué.”

(Cela).

XLVII

“Dos vicios deben huirse igualmente en toda lengua viva: Incurren en el uno los que están aferrados a los escritores clásicos que nos han precedido, que no creen pura y castiza una voz si no está autorizada por ellos; y en el otro, que es el más frecuente, como que se hermana mucho con la ignorancia, consiste en adoptar sin discreción giros y nuevas voces”. (Emilio Lorenzo, en “El español de hoy, lengua en ebullición”).
 

Iniciamos, aquí, el estudio del verbo en español que, al contrario que en otras lenguas, no varía su función, aunque puede presentarse como acción, inacción, accidente, cualidad y posición, todo lo cual refuerza su carácter expresivo. Sin embargo, en inglés y en chino, por ejemplo, un mismo vocablo puede emplearse como nombre y como verbo, aunque las funciones de ambos quedan siempre perfectamente delimitadas en la frase, y tanto el hablante como el oyente saben siempre distinguir esas dos funciones fijándose en el orden de los elementos; este fenómeno, bastante desarrollado en algunas lenguas, se conoce con el nombre de “conversión”: “Esta facultad permite, sin modificación formal alguna, que una palabra, a manera de comodín, pueda desempeñar funciones distintas de acuerdo con la posición que ocupe en el discurso. {…} Entendemos que en el verbo español actual, como en el de otras lenguas modernas europeas, se funden y confunden dos conceptos nada nuevos, que son el de tiempo y el de modo, que no necesitan, por el momento, aclaración ninguna, excepto la de que ambos los vamos a emplear en el sentido más amplio” (Emilio Lorenzo, “op. cit.”).

Hay varios criterios para definir el verbo en la lengua española y, en general, los gramáticos de todos los tiempos se han ocupado del estudio del verbo desde diversos ángulos aunque, por lo común, la mayoría de los estudiosos de la lengua coinciden en afirmar que el verbo es una categoría gramatical que implica acción y, por consiguiente, se erige en eje natural -por así decirlo- de la frase, esto es, se constituye en núcleo del predicado, estableciéndose así una relación directa con el núcleo del sujeto, con el que concuerda en número y persona. De ahí que, en ocasiones y en determinados contextos, se pueda omitir el sujeto, ya que el número y las personas están contenidos en los denominados morfemas verbales. En este sentido, la Real Academia habla de morfemas flexivos y desinencias; y así, señala lo siguiente: Todos los verbos poseen unas mismas categorías de morfemas flexivos. Su forma, sin embargo, varía más o menos sensiblemente en algunos casos de unos verbos a otros. Se exceptúan las desinencias, que son comunes a todos los verbos. De algunas características existen dos o tres variedades: doble variedad, por ejemplo, en am-ába-mos frente a temí-a-mos y par-tía-mos; triple en am-a-mos, tem-e-mos, part-i-mos. Esta triple variación, que con rigurosa simetría aparece en algún otro morfema modal y temporal: am-a-d, tem-e-d, part-i-d, permite clasificar todos los verbos españoles en tres tipos: los de la 1ª, la 2ª y la 3ª conjugación, llamadas también conjugación en -ar, -er, -ir por el hecho de que esa triple variación se repite de manera simétrica en los infinitivos correspondientes: am-ar, te-mer, o part-ir. En estos tres verbos y en la mayor parte de los verbos españoles la raíz se mantiene invariable a lo largo de la flexión, si se exceptúa la posición del acento de intensidad, que unas veces afecta a la última sílaba de la raíz: “compart-o” (pronunciado “compárto”) y otras veces a la primera sílaba que sigue a la raíz: “compart-i-mos” (pronunciado “compartímos “), “compart-í-a-mos”. En el primer caso hablamos de formas fuertes, en el segundo de formas débiles. Son muchos, sin embargo, los verbos que además de esta variación acentual presentan en su raíz variaciones vocálicas: “sient-o”, “sent-imos”, o consonánticas: “luzc-o”, “luc-imos”, “pus-e”. Estos cambios de la raíz son de muy variada naturaleza y, por otra parte, algunos de ellos aparecen con frecuencia dentro de un mismo verbo en diferente proporción o afectan a veces a uno o a muy pocos verbos, todo lo cual haría no solo complicada y difícil la tarea de formar con ellos nuevos tipos homogéneos de flexión, como los de amar, temer, partir, sino en cierto modo inútil, porque ninguno de esos verbos de raíz variable deja de pertenecer, por la regularidad de sus morfemas modales y temporales, a alguna de las flexiones en “-ar”, “-er”, “-ir” dotadas de raíz invariable. Estos tres tipos de flexión constituyen la conjugación regular. Bajo el nombre de conjugación irregular se comprenden las diversas modalidades de las variaciones de la raíz y juntamente con ellas los casos, raros también, en que un mismo verbo presenta una o más raíces de diferentes origen etimológico. .. En cada una de las desinencias están representados al mismo tiempo una persona y un número gramatical determinado, sin que sea posible deslindar en la forma de cada desinencia los componentes fonológicos que corresponden a la persona y los que corresponden al número. Debe hablarse, por consiguiente, con más propiedad de morfemas de persona-número.

Definición y naturaleza del verbo

Por todo lo antedicho, puede concluirse que el verbo es una palabra especialmente predicativa, base y fundamento de la frase que consta de sujeto y predicado; y su definición, al igual que su naturaleza, puede hacerse atendiendo a diversos puntos de vista: a su significado, a su forma y a la función sintáctica.

El punto de vista del significado es el más tradicional para definir al verbo, en cuyo caso se trataría de la perspectiva semántica mediante la cual el verbo aparece considerado, y definido, como la expresión de un proceso que conlleva obligatoriamente una acción.

Atendiendo a su forma, se podría decir del verbo que es una raíz, o semantema, a la que modifican y concretan varios tipos de desinencias: persona, número, modo, voz, tiempo y aspecto. Estas desinencias son los morfemas del verbo y, por lo común, también se denominan “accidentes” verbales.

Finalmente, y desde una perspectiva sintáctica, los gramáticos señalan que el verbo tiene una función predicativa, y añaden que, aunque no es privativa del verbo, puede considerarse como su función primordial.

Persona y número

El verbo, como todos sabemos, y al igual que el pronombre personal, tiene tres personas, a saber: la primera persona, referida al hablante o al emisor; la segunda persona, que alude al receptor; la tercera persona, que señala aquel o aquello de lo que se habla. Mediante las personas gramaticales el verbo presenta sus variantes de forma.

Asimismo, el verbo tiene número singular cuando hay un solo sujeto, y su número es plural si se trata de varios sujetos. Los morfemas de número concuerdan con los morfemas de persona, y, por ejemplo, si reparamos en la palabra  “cantaban” observaremos que está formada por los siguientes elementos:

 * el lexema o raíz “cant-“;
 * la vocal temática o de apoyo “a”;
 * el morfema “-ba”, que expresa el modo, el tiempo y el aspecto (en este caso, se trata de modo indicatico, tiempo imperfecto y aspecto imperfectivo);
* el morfema de número y persona “-n” (número plural y tercera persona o, en otras palabras, tercera persona de plural).

Modo

Indica la actitud del hablante en relación a los hechos que enuncia. De ahí que si el hablante expresa objetivamente una realidad dada estemos ante el modo indicativo; y cuando el hablante muestra su opinión de forma subjetiva, por ejemplo, exponiendo sus ideas o sentimientos de modo que llega a tergiversar la realidad hasta convertirla en irrealidad, estamos ante el modo subjuntivo. Si, por otra parte, el hablante mantiene una determinada actitud ante su interlocutor, como en el caso de ordenarle algo directamente, estamos ante el modo imperativo.

En definitiva, el modo indicativo equivale a lo real y considera el hecho objetivamente, mientras que lo propio del modo subjuntivo es lo irreal y considera el hecho de manera subjetiva; y finalmente, en el modo imperativo prima el mandato sobre cualesquiera otras consideraciones.

Voz

En el verbo, la voz es un morfema que expresa si la significación del verbo es producida o recibida por el sujeto. De ahí que haya verbos en voz activa (producida por el sujeto) y verbos en voz pasiva (recibida por el sujeto). La voz activa, pues, indica una participación expresa del sujeto, mientras que la voz pasiva, por el contrario, señala que la participación del sujeto no es fundamentalmente considerada por parte de la expresión verbal.

Desde el punto de vista gramatical, senalaremos que la voz pasiva se forma con el verbo auxiliar “ser” y el participio del verbo que se conjuga.

Ejemplos: “El coche fue estacionado por el conductor”. “El presidente del consejo de administración es aplaudido por los consejeros que asisten a la convención”.

En general, los estudiosos de la estilística moderna aconsejan el uso de la voz activa: “Deberá darse preferencia a la voz activa sobre la pasiva (mejor Los presidentes han ratificado el acuerdo que El acuerdo ha sido ratificado por los presidentes). {…} La forma pasiva resulta no obstante insustituible cuando se desconoce o no interesa identificar al agente: La cartera fue devuelta a su propietaria. (Libro de Estilo de ABC)”.

Explicación de la abreviatura “op. cit.”, que aparece al principio del presente texto.

-“op. cit.”: Así se suele escribir, en abreviatura, la frase latina “opere citato” que significa literalmente “en la obra citada”. Es una expresión que se emplea cuando, en un escrito, se repiten o se citan textos de un mismo libro.

Ejemplos de frases en modo indicativo o enunciativas: “Estoy aquí para ayudarte”. “Vino en cuanto se lo pedí”.

Ejemplos de frases en modo subjuntivo o desiderativas u optativas: “Quiero que vengas”. “Prefiero que llame enseguida a su hermano”.

Ejemplos de oraciones en modo imperativo o frases que expresan mandato: “Ve a comprar el pan antes de que cierren”. “Abrid la puerta”. “¡Levantaos!”.

Ejemplos de oraciones en voz activa: “Los asistentes a la reunión aprobaron los presupuestos para el próximo año”. “Mis amigos llegaron tarde a la cita”.

Ejemplos de frases en voz pasiva: “El dinero donado anónimamente fue ingresado en una entidad bancaria”. “El avión fue reparado por los técnicos de mantenimiento”.

XLVIII

“Que el verbo es sólo uno de los varios elementos que constituyen nuestro principal medio de comunicación es algo que no se nos escapa. Por ello no es menester subrayar que un estudio exhaustivo del mismo habría de tener en cuenta, por lo menos, aquellas otras partes de la oración -no sólo el adverbio- que contribuyen a configurar el contorno significativo de la forma verbal.” (Emilio Lorenzo: “El español de hoy, lengua en ebullición”).
 

Siguiendo con nuestro análisis y desarrollo del verbo, y una vez definidos algunos de sus “accidentes” (persona, número, modo y voz), nos ocuparemos ahora de las restantes categorías que, conforme al orden propuesto, serán el tiempo y el aspecto. No obstante, conviene antes hacer una breve reseña acerca de las características -en gran parte similares a las del verbo latino- del verbo español, ya que su papel expresivo dentro de la frase resulta crucial y central; por tanto, puede afirmarse que el verbo castellano cumple una función coordinadora, esto es, confiere cabal estructura a la frase, ya que a él se refieren directa o indirectamente todos los complementos. Y, en definitiva, como dicen los gramáticos, algunas de las categorías citadas, por ejemplo el tiempo, han consolidado y precisado sus formas, mientras que otras, como el aspecto, aparecen sólo en determinadas situaciones del paradigma verbal, concretamente en la denominada voz perifrástica. Por otra parte, el modo subjuntivo, por ejemplo, ha perdido algunas formas verbales, como en el futuro de subjuntivo, que se usaban mucho en el castellano antiguo y, además, la frecuencia del empleo de las que se mantienen se ha reducido notablemente. Asimismo, la voz pasiva formada: con el verbo “ser” ha sido sustituida en la mayoría de los casos por la denominada pasiva refleja, que se construye mediante el pronombre reflexivo “se” y una forma verbal.

Perífrasis verbales

Otro tanto sucede con las denominadas perífrasis verbales, que consisten en el empleo de un verbo auxiliar seguido de un infinitivo, participio o gerundio, es decir, de las denominadas formas no personales del verbo. La Real Academia define las perífrasis verbales como sintagmas fijos que pueden afectar a todas las formas de su conjugación y que son capaces de producir en el significado del verbo ciertos matices o alteraciones expresivas. Y añade lo siguiente: Las perífrasis usuales en español son numerosas, y consisten en el empleo de un verbo auxiliar conjugado seguido de infinitivo, gerundio o participio. En ciertos casos se anteponen al infinitivo “que” o alguna preposición; la unión del auxiliar con el gerundio o el participio se hace siempre sin intermediarios. Ejemplos: Hay que trabajar; Iba a decir; Debes de conocerle; Estaba comiendo; Lo tengo oído muchas veces; Fueron descubiertos enseguida.

Un verbo auxiliar es aquel que pierde total o parcialmente su significado propio. Y así, cuando decimos, por ejemplo, “Voy a responder a tus acusaciones”, el verbo “ir” es auxiliar, ya que no expresa su primaria y original acepción de movimiento de un lugar a otro: “Por otra parte, la función auxiliar de un verbo, en cada caso, puede ser meramente ocasional, o bien puede representar un esquema sintáctico en vías de consolidación más o menos generalizada en la lengua. Por ejemplo, el verbo seguir, que en su acepción primaria significa “ir detrás o después de alguien o de algo”, significa también “proseguir o continuar” en la frase Sigo opinando lo mismo pero esta acepción traslaticia (que los diccionarios registran) no nos autoriza a pensar que seguir + gerundio sea una perífrasis verbal en la cual seguir funciona como auxiliar, puesto que su sentido traslaticio sería el mismo en frases como Sigo en mi opinión o Seguimos en la creencia, donde el verbo va acompañado de complementos nominales sin gerundio alguno.” (Real Academia).

Formas no personales

Se caracterizan porque no llevan morfemas de personas; son unas formas especiales que, a causa de sus características, son llamadas “verboides” por algunos estudiosos de la gramática y por los representantes de ciertas escuelas lingüísticas modernas.

Como ya dijimos mas arriba, las formas no personales son: infinitivo, gerundio y participio.

El infinitivo puede funcionar en ocasiones como sustantivo y realizar las mismas funciones que éste, por ejemplo, puede ser núcleo del sujeto: “Estudiar es bueno”.

Respecto al gerundio, diremos que se trata de una forma no personal invariable, que tiene ciertas semejanzas con el adverbio, y que puede ser complemento de un verbo principal, en cuyo caso indica el modo en que se realiza la acción. De ahí que pueda expresar modo, simultaneidad, causa o condición.

Ejemplos: “Vivió siempre preocupándose por los demás” (indica modo); “Se observaron cruzando la calle” (expresa simultaneidad); “Sabiendo que venían, preparó su habitación enseguida” (indica causa); “Reflexionando sería posible evitar ciertos inconvenientes” (expresa condición).

En cuanto al participio, cabe decir que varía su género y número para concertar con el nombre a que se refiere, como si se tratara de un adjetivo. Por tanto, el participio tiene morfema de género y número. Ejemplos: “Asunto concluido”/ “Asuntos concluidos”.

Por lo general, el participio entra a formar parte de las construcciones de los tiempos compuestos. Ejemplos: “he amado”, “hemos cantado”, “habéis terminado”…

Cuando el participio va con el verbo auxiliar “haber” forma los tiempos compuestos, y entonces es invariable, y además no puede intercalarse ningún adverbio, como a veces se hace impropia y erróneamente, entre el participio y el verbo. “Hemos visitado el museo de la ciencia y la técnica”. “Los turistas han visto los jardines del palacio”. Si el participio va con los verbos auxiliares “ser” o “estar” entonces concuerda con el sujeto. Ejemplos: “El coche ha sido fabricado en nuestra región”. “Algunos atletas estaban eliminados por no entrenarse”.

Tiempo

Puede decirse que el tiempo es el morfema, categoría o accidente más característico del verbo español, ya que, mediante el tiempo, se puede conocer si lo que indica el verbo sucede en el momento de la enunciación de la palabra, en el pasado o pretérito o en el porvenir o futuro: por mor de los tiempos verbales, se sabe si la acción tiene lugar el mismo momento en que hablamos, si es anterior o si tendrá lugar más adelante. De ahí que el tiempo no solo sea la categoría verbal más característica sino también la que mejor puede estudiarse, comprenderse y, en suma, analizarse. Por tanto, la ordenación temporal de las formas verbales se establece teniendo en cuenta cuándo se produce el acto del habla, lo que producirá las diversas formas indicadoras o las variaciones de tiempo que todos conocemos, a saber: presente (si la acción coincide con el momento en que hablamos), pretérito o pasado (si la acción es anterior al tiempo en que hablamos) y futuro (cuando la : acción es posterior al tiempo en que hablamos).

Es fundamental emplear -y conocer el significado- correctamente los diferentes tiempos verbales para construir y comunicar con nitidez y claridad los diversos mensajes que el hablante o emisor quiere transmitir al oyente o receptor. En español, los tiempos verbales son: presente de indicativo, pretérito perfecto de indicativo, pretérito indefinido, pretérito anterior, pretérito pluscuamperfecto de indicativo, pretérito imperfecto de indicativo, futuro imperfecto de indicativo, futuro perfecto de indicativo, potencial simple, potencial perfecto, presente de subjuntivo, pretérito perfecto de subjuntivo, pretérito imperfecto de subjuntivo, pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo y futuro de subjuntivo. Este último apenas se usa por los hablantes del español, luego se puede decir que el futuro de subjuntivo ha desaparecido de la lengua oral y apenas se emplea en la escrita.

Aspecto

Guarda relación con el tiempo y, en consecuencia, cuando una acción ha terminado -está completa-, decimos que su aspecto es perfectivo; si la acción no ha concluido -está incompleta-, se trata de un aspecto imperfectivo; pero puede ser que la acción esté realizándose -en desarrollo-, y entonces nos encontramos ante un aspecto durativo; y finalmente, cuando se trata de una acción acabada -concreta- estamos ante un aspecto denominado puntual.

No obstante lo anterior, conviene significar que no es fácil definir el aspecto verbal, aunque puede considerarse como una manera especial de la acción expresada por el verbo, bien en su realidad objetiva o en su valoración por el hablante. A propósito del aspecto de la acción verbal, la Real Academia explica que se trata de modificaciones morfológicas o perifrásticas, y que reciben el nombre de “aspectos” en cuanto pueden reforzar o alterar la clase de acción que cada verbo tiene por su significado propio. Así, por ejemplo, “enojarse” (comenzar a sentir enojo) toma aspecto incoativo, que no tiene el verbo “enojar”, por la añadidura del pronombre reflexivo; lo mismo ocurre entre “dormirse” (incoativo) y “dormir” (durativo).

Ejemplos de perífrasis verbales formadas por un verbo auxiliar más infinitivo: “Mañana voy a ir al colegio”. “Los muchachos echaron a correr”. “Se pusieron de acuerdo y vinieron a coincidir en el mismo análisis de la situación”. “La reunión acaba de comenzar”. “Volveré a leer este libro que tanto me ha gustado”.

“He de ir a trabajar ahora mismo”. “Hay que tener paciencia”. “A esta hora, el avión debe de estar lejos”. “Los alumnos deben entrar a clase enseguida”. “Los comensales se pusieron a comer”.

En ocasiones, la perífrasis verbal “deber de + infinitivo”, que denota suposición, conjetura o crencia, se emplea erróneamente y se confunde con “deber + infinitivo”, que expresa obligación: “Deben de volver” significa “supongo, creo que vuelven”, en tanto que “Deben volver, equivale a tienen obligación de volver”.

Ejemplos de perífrasis verbales formadas por un verbo auxiliar más gerundio: “Los ciclistas están pedaleando cuesta arriba”. “La gente estaba mirando el desfile”. “Mi amigo anda vendiendo componentes de ordenadores.”

Ejemplos de perífrasis verbales construidas por un verbo auxiliar más participio: “Tengo pensado ir al cine”. “El consejero de finanzas anda desacertado últimamente”. “La mujer del jefe va bien vestida”. “Nuestros padres se quedaron impresionados con la noticia”.

XLIX

El diccionario de la Real Academia dice, a propósito del Adverbio, lo siguiente: “Parte de la oración que sirve para modificar la significación del verbo o de cualquiera otra palabra que tenga un sentido calificativo o atributivo”; y añade que hay diversas clases de adverbios: de lugar, de tiempo, de modo, de cantidad, de orden, de afirmación, de negación..
 

Los estudiosos del lenguaje coinciden en afirmar que el Adverbio es una categoría gramatical cuyo nombre se debe, precisamente, a su posición; de ahí que ya los clásicos latinos, atendiendo a un criterio posicional, lo denominaran “ad-verbum”. Y, basándose en este criterio relativo a la posición, los gramáticos explican que el Adverbio es el término “adyacente” del verbo, y lo definen como la palabra modificadora por excelencia; en consecuencia, y desde este punto de vista, el Adverbio sería un modificador del sintagma verbal y, como tal, depende de otra palabra que, a su vez, es dependiente, por ejemplo, de un adjetivo, de otro adverbio y sobre todo de un verbo. Por tanto, el adverbio también puede completar a otro adverbio. Ejemplos: “Los alumnos se portaron bastante bien”. “Van a visitar el museo muy a menudo”. “Llegaron casi a escondidas”.

Asimismo, el Adverbio, dada su proximidad al adjetivo, en concreto al adjetivo calificativo, puede adjetivarse; y viceversa, es decir, también el adjetivo puede adverbializarse, lo que resulta mucho más frecuente. De ahí que, en ocasiones, resulte bastante difícil clasificar al Adverbio, ya que, a causa de estas características modificadoras, puede desempeñar diversas funciones. Desde el punto de vista sintáctico, por ejemplo, el Adverbio será el núcleo del sintagma circunstancial y, en general, la clasificación de los adverbios se hace conforme a tres criterios principales: etimológico, funcional y semántico.

Criterio etimológico

Desde el punto de vista etimológico, el Adverbio se puede clasificar en dos grandes grupos, a saber: “primitivos” y “derivados”. Los primeros, tal como indica su propio nombre, aluden a un significado antiguo, es decir, no derivado; mientras que los segundos, dependen, se forman, “se derivan” de los primitivos.

Criterio funcional

Atendiendo a la función que desempeñan, los adverbios pueden ser “calificativos” y “determinativos”. Los primeros desempeñan la misma función, dentro del sintagma verbal, que los adjetivos calificativos en el sintagma nominal y señalan la forma de actuar del sujeto en el predicado. Ejemplos: “Comprendemos que se comporte así”. “Lo sabe a ciencia cierta”. “Lo resolvió como buenamente pudo”. En cuanto a los adverbios determinativos, cabe señalar que modifican circunstancialmente al verbo, y pueden ser “pronominales” (cuya significación es ocasional o variable en relación con la posición que tenga la persona que habla) y “nominales” (que aluden a las cualidades). Ejemplos: “Ahí está tu libro”, “Allí está la casa de nuestros amigos”. “Hoy no vendré a comer”.

Por otra parte, los adverbios calificativos “bien”, “mal” , “peor” , “alto” , “bajo” , “seguramente” , “fielmente”…, son nominales.

Criterio semántico

Desde una perspectiva semántica, es decir, basada en la significación, los adverbios se clasifican del siguiente modo: de “lugar”, de “tiempo”, de “modo”, de “cantidad”, de “afirmación”, de “negación” y de “duda” o “dubitativos”.

– adverbios de lugar: donde, adonde, en donde, de donde, por donde, aquí, ahí, allí, acá, allá, encima, arriba, debajo, abajo, delante, detrás, adelante, atrás, dentro, fuera, cerca, lejos, alrededor…

– adverbios de tiempo: cuando, siempre, alguna vez, jamás, ahora, entonces, ayer, hoy, mañana, cuando quiera que, todavía, antes, después, pronto, tarde, temprano, de noche, de día, mientras…

– adverbios de modo: bien, mal, mejor, peor, apenas, así, adrede, deprisa, despacio, en general, en vano, casi, como, cual, tal, como quiera que…

Se incluyen también, en el grupo de los adverbios de modo, los denominados adverbios en “-mente”, que se forman a partir de determinados adjetivos, siempre que éstos sean del género femenino. Ejemplos: ligeramente, suavemente, obviamente, peligrosamente, justamente, buenamente… En ocasiones, estos adverbios de modo se construyen añadiendo la terminación “-mente” a los superlativos: “rapidísimamente”. En tal sentido, la Real Academia explica lo siguiente: “La mayor parte de los adjetivos españoles, cualquiera que sea su origen, variables o no variables genéricamente, poseen la propiedad de formar adverbios de modo mediante su agrupación con el morfema “-mente”. {…} La posibilidad de emplear el simple adjetivo en vez de la forma adverbial cuando esta f aparece coordinada con otro adverbio en “-mente”: “pura y simplemente”, en vez de “puramente” y “simplemente”. La supresión de “-mente” afecta hoy siempre al primer término de la coordinación y es preferentemente de uso literario. […} El adjetivo, siempre en concordancia femenina y singular con “-mente”, es susceptible de aparecer en el adverbio no solo en su forma positiva “rápidamente ,sino con el morfema -ísimo :rapidísimamente.”

– adverbios de cantidad: algo, nada, mucho (muy), más, menos, bastante, apenas, casi, cuanto, así, tanto (tan), cuanto quiera que, siquiera, sólo, solamente”

– adverbios de afirmación: se caracterizan porque modifican al conjunto oracional. Ejemplos: sí, cierto, ciertamente, desde luego, claro, en efecto, también, sin duda, seguro, seguramente…

 – adverbios de negación: nada, no, nunca, jamás, tampoco, ni siquiera…

– adverbios de duda: acaso, quizá o quizás, tal vez…

Asimismo, hay que señalar que los adverbios admiten preposiciones. Ejemplos: “Vengo para mucho tiempo”, “Lo compré a muy bajo precio”, “Por aquí se llega enseguida”.

También cabe citar las denominadas locuciones adverbiales, que son frases hechas, modos y grupos de palabras que actúan y funcionan como un adverbio.

Ejemplos: “de par en par, “ni más ni menos”, “sin más ni más”, “a pies juntillas”, “al pie de la letra”,”a regañadientes”…

Además de lo antedicho, hay que añadir que el Adverbio está considerado por los gramáticos como una palabra invariable, en cuanto que no necesita de morfemas de número ni de género para establecer su concordancia. Por consiguiente, merced a esta invariabilidad, el Adverbio ocupa una posición extremadamente libre en la frase y destaca por su gran independencia respecto a la construcción sintáctica. En definitiva, hay que señalar que el adverbio es siempre invariable, y además, cuando va en una frase que lleva un tiempo compuesto, no debe intercalarse nunca entre el verbo auxiliar y el participio de ese tiempo compuesto. Por lo que, si reparamos en la expresión “ha llegado bien”, observaremos que resultaría impropio e incorrecto construirla de otro modo, como pudiera ser, por ejemplo, “ha bien llegado”.

No obstante, conviene señalar que esta invariabilidad del Adverbio no es total ni absoluta, pues puede admitir ciertas modificaciones limitadas a determinadas palabras; y así, por ejemplo, el Adverbio -de forma análoga a lo que sucede con el adjetivo- se presenta a veces, especialmente en aquellos contextos donde prima el uso de la lengua familiar, en forma de aumentativos, diminutivos, despectivos y también morfemas de grado, es decir, se trata de una variación apreciativa que deriva en formas muy especiales: “arribita”, “lejotes”, “más deprisa”, “más despacio”, “cerquita”,”prontito”,”ahorita”… En ocasiones, algunos términos considerados como adverbios, no modifican al verbo, ni al adjetivo, ni a otro adverbio, sino al enunciado completo, tal es el caso de los denominados adverbios de afirmación, de negación, de duda, etc. Ejemplos: “Trabaja mucho” (función circunstancial del adverbio “mucho”, ya que modifica al verbo “trabaja”). “Mi amigo está muy alegre” (el adverbio “muy” modifica al adjetivo “alegre”. “Come muy despacio” (el adverbio “muy” modifica a otro adverbio, es decir, al término “despacio”). “En semejantes circunstancias no habla” (el adverbio de negación «no» modifica a toda la expresión).

Por lo demás, conviene destacar que el adverbio también desempeña una función coloquial que puede llegar a ser predominante, sobre todo cuando se considera a la interrogación como formante de la estructura fundamental del coloquio, en cuyo caso comprobamos que ciertos adverbios pueden llegar a tener formas como las siguientes: “¿dónde?”, “¿cuándo?”, “¿cómo?”.

En definitiva, se puede resumir todo lo dicho sobre el Adverbio matizando que se trata de una categoría gramatical invariable, ya que carece de morfemas de género, de número, de persona… Por lo demás, la función principal del Adverbio es complementar al verbo.

Ejemplos de frases construidas con adverbios de modo terminados en “-mente”: “Me respondió violentamente y airadamente”. “Actuó amablemente, cortésmente y dócilmente”. “Me prestaron solamente y exclusivamente el dinero justo”.

Los tres ejemplos propuestos están formados por dos o más adverbios en “-mente” consecutivos y coordinados, por lo que es más correcto que este sufijo aparezca exclusivamente en el último de ellos, a saber: “Me respondió violenta y airadamente”. “Actuó amable, cortés y dócilmente”. “Me prestaron sola y exclusivamente el dinero justo”.

Ejemplos de frases construidas con los adverbios “adonde” (o “donde”) y “adónde” (o “dónde”): “Ese es el pueblo adonde (o “donde”) vamos a veranear”. “¿Adónde (o “dónde”) piensas ir de vacaciones el próximo verano?”. “Tengo varias ofertas y no sé adónde (o “dónde”) acudir en primer lugar”.

Como se puede observar en los ejemplos propuestos, el adverbio “adonde” es relativo, y si va con verbos de movimiento puede emplearse también la forma “donde”. Otro tanto se puede decir del adverbio interrogativo “adónde”, que cuando va con verbos de movimiento también puede usarse la forma equivalente “dónde”.

L

Respecto a la preposición, y atendiendo al punto de vista gramatical, se lee en el Diccionario de la Real Academia lo siguiente: “Parte invariable de la oración, cuyo oficio es denotar el régimen o relación que entre sí tienen dos palabras o términos. También se usa como prefijo”.
 

Respecto a la preposición, y atendiendo al punto de vista gramatical, se lee en el Diccionario de la Real Academia lo siguiente: “Parte invariable de la oración, cuyo oficio es denotar el régimen o relación que entre sí tienen dos palabras o términos. También se usa como prefijo.”

Asimismo, y también desde una perspectiva gramatical, la citada institución recoge en su diccionario el término conjunción, del cual dice que se trata de una “Parte invariable de la oración, que denota la relación que existe entre dos oraciones o entre miembros o vocablos de una de ellas, juntándolas o enlazándolas siempre gramaticalmente, aunque a veces signifique contrariedad o separación de sentido entre unos y otros.” Y otro tanto sucede con la interjección, a propósito de la cual explica el Diccionario de la Real Academia que se trata de una “Voz que formando por sí sola una oración elíptica o abreviada, expresa alguna impresión súbita, como asombro, sorpresa, dolor, molestia, amor, etc.”

De lo antedicho se deduce que la preposición y la conjunción son elementos invariables de la frase o del discurso, cuya principal función consiste en relacionar vocablos, palabras y oraciones. La interjección, sin embargo, es una categoría gramatical que puede formar frases por sí misma y, en consecuencia, no está considerada por los gramáticos como una parte de la oración.

En cuanto que morfemas, la preposición y la conjunción no dependen de ningún lexema: son morfemas libres. Pero además, y sobre todo, la preposición y la conjunción forman el grupo de los morfemas denominados nexivos, ya que su función principal es servir de nexo, enlace o unión entre sustantivos, adjetivos, pronombres, palabras, expresiones, frases, proposiciones…

Acerca de las preposiciones

La preposiciones carecen de morfemas, pues, según lo anteriormente expuesto, ellas mismas son morfemas, esto es, “palabras invariables que enlazan un elemento sintáctico cualquiera con un complemento sustantivo”, tal como las define la Real Academia.

En ocasiones, la preposición puede modificar la función de un sustantivo, de un verbo o de otros elementos similares. Y también pueden introducir oraciones subordinadas, en cuyo caso el verbo irá en infinitivo: “Trabajaba para vivir”. “Estudiaba para aprobar”. “Me alegro de abandonar este lugar”. “Vine por hacer un favor a tu hermano”.

El significado de las preposiciones españolas varía según el contexto en que se hallen y, en ocasiones, su empleo está en función del verbo que las rige; por consiguiente, si reparamos en la preposición “a” observaremos que puede indicar tiempo, lugar, dirección del movimiento o de la acción, modo, causa, precio… Ejemplos: “El avión llegó a las tres” (la preposición “a” indica tiempo). “El río nace a pocos kilómetros del pueblo” (la preposición a indica lugar). “Mañana iré a tu casa” (la preposición “a” señala el lugar y también implica acción y movimiento). “Lo hizo a su manera” (aquí, la preposición “a” indica modo o manera). “Repitió la lección a petición del profesor” (la preposición “a” expresa causa). “Las acciones de la nueva empresa se cotizaron a la baja” (la preposición “a” indica precio). Asimismo, se puede hablar de las denominadas locuciones preposicionales, que son grupos de palabras que funcionan como preposiciones, aunque algunos estudiosos de la gramática consideran estas locuciones como sintagmas adverbiales:

“en medio de”, “detrás de”, “encima de”, “delante de”, “debajo de”, “en contra de”, “a fuerza de”, “en lugar de”, “con rumbo a”. Ejemplos: “Aparcó en medio de la calle”. “Se escondió detrás de la puerta”. “Apilaron las cajas encima de los asientos destinados a los pasajeros”. “No te pongas delante de la gente que estorbas”. “Te esperan debajo de aquel árbol”. “La historia se volvió en contra de quienes la escribieron”. “Logró sus propósitos a fuerza de trabajo”. “Se puso en lugar de los damnificados”. “Salieron con rumbo a lo desconocido.

Por lo demás, hay preposiciones compuestas, esto es, que se agrupan entre sí: “tras de”, “desde por”, “de por”, “por entre”, “respecto a”, “tocante a”, “pese a”, “en cuanto a”, “para con”, “de entre”… Las preposiciones de la lengua castellana son las siguientes: “a”, “ante”, ” bajo”, (“cabe”), “con”, “contra”, “de”, “desde”, “en”, “entre” ” hacia”,”hasta”, “mediante”, “para”, “por” ,(“pro”), “durante”, (“según”), “sin”, (“so”), “sobre”, “tras”… Conviene señalar, a propósito de las preposiciones “cabe”, “pro”, “según” y “so”, que en la precedente enumeración aparecen entre paréntesis, lo siguiente: la preposición “cabe” apenas se utiliza en la actualidad, y la comunidad de hablantes la considera un arcaísmo, es decir, una voz anticuada. La preposición “pro” significa “a” o “en favor de” y se usa en contadas ocasiones, por ejemplo, en frases como “Cupón pro ciegos” y otras similares. A la preposición “según” se la considera, a veces, por algunos gramáticos como un adverbio o un nexo comparativo, luego no está muy claro su valor preposicional. Y la preposición “so” ha caído en desuso, excepto en aquellos casos donde entra a formar parte de expresiones tales como “so pena”, “so pretexto”…

Acerca de las conjunciones

Al igual que las preposiciones, las conjunciones también son morfemas libres (sin significado por sí mismos), y que tienen la función de servir de nexos entre palabras, construcciones o proposiciones equivalentes, es decir, del mismo nivel, de ahí que se denominen conjunciones coordinantes. Cuando los nexos se establecen entre estructuras de distinto nivel gramatical, las conjunciones se denominan subordinantes, en cuyo caso tendrán lugar las locuciones conjuntivas: “tan pronto como”, “a no ser que”, “para que”, “a fin de que”; por consiguiente, las conjunciones introducen también oraciones subordinadas, en cuyo caso el verbo irá en forma personal: “Deseo que vengan enseguida”. “Como quiero encontrar un buen trabajo, me preparo muy bien”.

Las conjunciones coordinantes pueden ser: copulativas, disyuntivas, adversativas, distributivas y explicativas.

Copulativas: “y” (“e”), “ni”, que”. Delante de palabras que empiezan por “i” se emplea la conjunción “e”. Ejemplos: “Luis y María vinieron en tren”. “Verano e invierno. “Mi amigo ni estudia ni trabaja”. “Fueron los electores, que no los elegidos, los que exigieron el cumplimiento de las promesas”.

Disyuntivas: “o” (“u”), “o bien”. Delante de palabras que empiezan por “o” se emplea la conjunción “u”. Ejemplos: “O lo tomas o lo dejas”. “Ya te lo he dicho siete u ocho veces, por lo menos”. “O bien puedo ir en avión o bien en tren”.

Adversativas: “mas”, “pero”, “sino”, “sin embargo”. Ejemplos: “Los consejeros están reunidos, mas no ha llegado el presidente”. “Acudí a la cita pero tú no estabas” . “No fue Juan sino Pedro” . “Llegué pronto, sin embargo el tren ya había salido”.

Distributivas: “bien… bien”, “ya… ya”, “ora… ora”, “sea… sea”. Ejemplos: “Bien en el trabajo bien en el estudio, siempre destaca”. “Ya te vayas ya te quedes, todo saldrá como está proyectado”. “Ora ríe ora llora”. “Sea por un motivo sea por otro, siempre llego tarde al trabajo”.

Explicativas: “o”, “o sea”, “es decir”, “esto es”. Ejemplos: “Roma, o la capital de Italia, es una ciudad llena de antiguos monumentos”. “Madrid, o sea, la capital de España, es una hermosa ciudad”. “A las dieciocho horas, esto es, a las seis de la tarde, saldremos de viaje”.

Las conjunciones subordinantes se clasifican del siguiente modo: causales, enunciativas, consecutivas, finales, temporales, concesivas…

Causales: “que”, “porque”, “pues”, “puesto que”, “ya que”…Ejemplos: “Trabaja, que, de lo contrario, no podrás vivir”. “Mi hermano estudia porque quiere aprobar”.

Enunciativas: “que”, “si”. Ejemplos: “Deseo que te recuperes pronto”. “No sé si llegará a tiempo”.

Consecutivas: “así que”, “conque”, “por consiguiente”… Ejemplos: “Estoy contento, así que te perdono”. “Mañana tienes un examen, conque debes estudiar”. Dentro de una semana se me acaban las vacaciones, por consiguiente, ahora quiero descansar”.

Finales: “para que”, “a fin de que”… Ejemplos: “Tienes que exponer tus cuadros en la galería de  arte para que vean lo bien que pintas”. “Mañana acudiremos al concierto a fin de escuchar música clásica”.

Temporales: “cuando”, “mientras”, “desde que”, “hasta que”… Ejemplos: “Responderé cuando me pregunten”. “Estaré aquí mientras me necesiten”. “No nos habíamos visto desde que éramos niños”. “Viviré en esta ciudad hasta que me trasladen”.

Concesivas: “aunque”, “por más que”, “si bien”, “aun cuando”… Ejemplos: “Aunque estudia, no saca buenas notas”. “No conseguirá sus propósitos por más que se esfuerce”. “Aun cuando se entrena diariamente, no logra ganar ningún título”.

Acerca de las interjecciones

Las interjecciones no están consideradas como partes de la oración, ya que por sí mismas pueden formar oraciones; luego, en ocasiones, las interjecciones equivalen -o forman- a una frase completa, en cuyo caso se denominan oraciones unimembres, lo que quiere decir que están formadas por una única palabra.

Las interjecciones se clasifican en propias -constituidas por una sola palabra-, e impropias -formadas por una o varias palabras-. Ejemplos: “¡ah! “, “¡oh!”, “¡ay!”, “¡huy!” o “¡uy!”, “¡bah!”, “¡ojalá!”, “¡hola!”, “¡ajá!”, “¡bueno!”, “¡bravo!”, “¡vaya!”, “¡toma ya!”, “¡ahí va eso!”, “¡vaya por Dios!”…

Conforme a las normas de la Real Academia, el uso y significado de algunas preposiciones es como sigue:

“-“a”: “Esta preposición es de uso tan vario como frecuente en nuestra lengua.

Denota:

El complemento directo de persona y el indirecto.

El complemento con matiz de finalidad de ciertos verbos, cuando este complemento es un infinitivo: “Me enseñó a leer”; “Me invita a jugar”.

Cuando es complemento de un sustantivo, la construcción “a+infinitivo” empezó a usarse en frases calcadas del francés, como “total a pagar”, “efectos a cobrar”, “cantidades a deducir”, “asuntos a tratar”, que significan acciones de realización futura y próxima; se usan principalmente en facturas y otros documentos bancarios, comerciales y administrativos. No se dice, en cambio, “terrenos a vender”, “pisos a alquilar”, “personas a convocar”, “oraciones a rezar”, etc. A fin de evitar que tales construcciones se extiendan, todos los Congresos de Academias de la Lengua Española han acordado censurarlas como exóticas y recomendar que se las combata en la enseñanza. En lugar de ellas deben emplearse, según los casos: “Tengo terrenos que vender o para vender; pisos para alquilar; asuntos que tratar, por tratar o para tratar; personas que convocar”, etc.”

LI

Señalan los historiadores de la lingüística que fue en el siglo II, después de nuestra era, cuando, por primera vez, el gramático griego Apolonio Díscolo, nacido en Alejandría, empezó a emplear el término “sintaxis” en sus escritos para referirse a la unión y el orden que adoptaban las letras, o los sonidos, a fin de formar una palabra. Desde entonces, como as obvio, la “sintaxis” ha experimentado una notable evolución.
 

En el Diccionario de la Real Academia, se recoge la palabra Sintaxis en los siguientes términos:

“Parte de la gramática, que enseña a coordinar y unir las palabras para formar las oraciones y expresar conceptos. Divídise en regular y figurada. La primera pide que este enlace se haga del modo más lógico y sencillo. La segunda autoriza el uso de las figuras de construcción para dar a la expresión del pensamiento más vigor o elegancia. La figurada no es, como pudiera creerse, hija de caprichoso artificio: empléase, por el contrario, instintivamente en el lenguaje hablado”.

Como ya quedó dicho, de modo exhaustivo, en anteriores páginas de la presente obra, la Sintaxis permanece unida a la Morfología (Morfosintaxis) y, en consecuencia, podría decirse que, por sí sola, la Sintaxis no tiene la independencia que se le supone a una parte de la gramática. Sin embargo, por una cuestión práctica y útil, consideraremos a la Sintaxis en sí misma, es decir, como una parte de la gramática que se ocupa de manera especial por el aspecto funcional de los elementos de la frase. Y así, dice el profesor Lamíquiz (que, por lo demás, es partidario de la Morfosintaxis y no de considerar por separado ambas materias) que la Sintaxis “estudia el empleo funcional y la combinatoria distribucional de las diferentes unidades de los niveles morfosintácticos de la estructura del i signo lingüístico. Se puede afirmar que en cuanto dos morfemas se unen, ya hay Sintaxis”.

Asimismo, la Real Academia, que dedica a la Sintaxis casi la mitad de las páginas de su libro titulado “Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española”, señala que la Sintaxis se ocupa del estudio de “las agrupaciones de palabras conexas o relacionadas entre sí, con los medios para significar sus relaciones mutuas, y señala y clasifica las unidades o agrupaciones que la intención del hablante establece en el conjunto de la elocución”.

Concepto de oración

En consecuencia, y según lo antedicho, puede concluirse que la Sintaxis se ocupa especialmente de las unidades de sentido completo, esto es, de la “oraciones”, las cuales tendrán sentido completo en sí mismas si contienen una enunciación -afirmativa o negativa-, una pregunta, un deseo o un mandato. En todo caso, la “oración” puede definirse como una forma lingüística que no está incluida en otra forma lingüística superior, se trata de la unidad mayor de la Gramática, y se compone de otras unidades lingüística más pequeñas que se denominan sintagmas.

Por lo demás, a la división general de las “oraciones” en simples y compuestas, hay que añadir otra clasificación particular basada en la actitud del hablante, a saber; “enunciativas afirmativas”, “enunciativas negativas”, “interrogativas”, “exclamativas”, dubitativas, desiderativas, imperativas o exhortativas…

Dado que, como se ha dicho, las “oraciones” se componen de sintagmas, conviene señalar que los estudiosos del lenguaje no se ponen de acuerdo para definir estas unidades lingüisticas; no obstante, puede afirmarse que un sintagma es una palabra, o secuencia de palabras, que abarca y contiene dentro de sí un elemento central que desempeña la función de núcleo. Y así, en una oración puede baber sintagmas nominales, cuyo núcleo es un nombre; sintagmas verbales, que tienen por núcleo un verbo; sintagmas adjetivales, cuando su núcleo es un adjetivo; sintagmas preposicionales, en cuyo caso su núcleo estará formado por cualesquiera de las preposiciones existentes en la lengua castellana. Si, por ejemplo, reparamos en la oración “El alumno aprobó”, vemos que el sintagma nominal sería “El alumno” (el núcleo del sujeto es “alumno”), mientras que el sintagma verbal será “aprobó” que, a su vez, se corresponde con el núcleo del verbo.

En realidad, el sintagma es lo que se conoce comúnmente como frase: “En sentido gramatical llamamos “frase” a cualquier grupo de palabras conexo y dotado de sentido. Según esta definición, las oraciones son “frases”, pero no viceversa. Expresiones como “las recias murallas de la ciudad”; “en aquella playa solitaria y lejana”; “con habilidad sorprendente”, etc., son frases y no oraciones, porque su sentido no es completo en sí mismo”.

Aun teniendo en cuenta todo lo anterior, aquí nos interesa especialmente la parte práctica de la Sintaxis, es decir, el buen uso y la correcta concordancia de los elementos y términos que conforman las frases, las oraciones y los enunciados. De ahí que tenga que haber concordancia de número y persona entre los constituyentes que forman la estructura de la oración, es decir, entre sujeto y predicado. En esta unidad estructural que es la oración, el sujeto se define como la persona o cosa de la cual se dice algo, mientras que el predicado es aquello que se dice del sujeto. Ejemplo: “La luna sale de noche” (“La luna” es el sujeto de la oración, y “sale de noche”, el predicado).

Cuando la oración se forma con un verbo copulativo (“ser” o “estar”) y un atributo estamos ante un predicado nominal. Ejemplos: “Juan es maestro”. “Luisa es jueza”. “El mar es azul”

Y si la oración se estructura con un verbo pleno de significado propio, acompañado o no de un complemento, nos hallamos ante un predicado verbal. Las oraciones de predicado verbal pueden llevar complemento directo, en cuyo caso se denominan oraciones transitivas; o carecer de complemento directo, con lo que nos hallamos ante las oraciones intransitivas. Ejemplos: “Los viajeros suben al tren”. “El avión saldrá dentro de quince minutos”. “Los jardineros podan los árboles”.

Asimismo, el verbo puede estar en voz pasiva, por lo que se trataría de una oración pasiva: “Cuando el interés principal del que habla está en el objeto de la acción y no en el sujeto, suele expresarse el juicio por medio del verbo en construcción pasiva. El sujeto en estas oraciones recibe o sufre la acción verbal que otro ejecuta; por esto se denomina “sujeto paciente”; v. gr.: “El actor fue aplaudidísimo”; “Juan es respetado”; “La noticia era ya conocida”. (Real Academia. “Esbozo…”).”

También hay oraciones denominadas pasivas reflejas (formadas con “se” y el verbo en voz activa); oraciones de verbo reflexivo (el sujeto es agente y paciente a la vez, y se forman con el verbo en voz activa acompañado de los pronombres personales “me”, “te”, “se”, “nos” y “os”), y oraciones impersonales (el sujeto no se expresa ni se sobrentiende por el contexto o la situación de los hablantes). Ejemplos: “Se firmó el convenio por parte de los empresarios”; “Se han divulgado ciertas noticias por las agencias de prensa” (oraciones pasivas reflejas). “Yo me visto”; “Luis se lava las manos” (oraciones de verbo reflexivo o reflexivas). “Llaman al teléfono”; “Dicen que ramoso; La paz se firmó por fin” (oraciones impersonales).

Oraciones simples y compuestas

Definitivamente, entre las unidades lingüísticas sobresale la oración, que, según explica Lázaro Carreter, es toda forma lingüística que no está incluida en otra forma lingüística más amplia; y también, tal como señala la Real Academia, la oración está considerada como una “unidad del habla real con sentido completo en sí misma”. A ello, la citada institución, añade lo siguiente: Cada una de estas unidades puede contener un solo juicio (“oración simple”) o más de uno (“oración compuesta”). Considerando que el verbo es la palabra más característica de la oración -puesto que muchas veces contiene en sí al sujeto y es siempre el nexo entre los dos términos del juicio-, podemos concretar nuestro pensamiento diciendo que, para la práctica del análisis sintáctico, donde hay un verbo hay una oración simple; donde haya dos o más verbos trabados entre sí, tenemos una oración compuesta. {…} Ejemplos de oraciones simples: “Mi casa está cerca de aquí”; “Todavía no han llegado los excursionistas”. Ejemplos de oraciones compuestas: “Quisiera complacerte, pero no puedo”; “Todavía no han llegado los excursionistas que esperamos, porque sin duda habrán salido muy tarde”; “Aunque el tiempo sea malo, iremos de caza en cuanto amanezca.”

 

HEINLEIN ROBERT “PUERTA AL VERANO”


PUERTA AL VERANO

ROBERT HEINLEIN

 

 

 

Título original: The Door Into Sutnrner

Traducción de F. Hernández

 

© 1957 by Robert A. Heinlein

© 1986, Ediciones Martínez Roca S.A.

© Por la presente edición Editorial EDISAN, S.A.

 

Capitán Hava 21, 28020 Madrid.

Telfs:      4597562 – 4597751

Télex:     49416. Pubí. E Avisar Edisan

ISBN:      del Tomo: 84-86472-74-1

ISBN:      obra completa: 84-86472-72-5

Depósito Legal: M. 13.163-1987

Impreso en España/Printed in Spain

por Grafur, S.A.

C~/ Igarsa, Naves E-F

Paracuellos del Jarama – Madrid

Encuadernación:  Huertas, S.L.

Fuenlabrada (Madód)

 

Impreso en abril de 1987

Edición para América: agosto de 1987

 

 

 

 

 

Para

A. P. y Phyllis, Mick y A rnette,

A elurophiles todos.

 

 

 

 

PUERTA AL VERANO

 

1

 

Un invierno, poco antes de la Guerra de Seis Semanas, mi gato – Petronio el Arbitro- y yo vivimos en una vieja granja de Con­necticut. Dudo de que la granja siga allí, ya que se hallaba situada cerca del área de tiro cercana a Manhattan, y esas construcciones de viejo armazón arden como papel de seda. Pero aunque siguiera en pie no sería utilizable como vivienda, debido a los derribos. Pero a Pet y a mí nos gustaba. La falta de agua corriente hacía que el alquiler fuese bajo, y lo que antes había sido el comedor tenía una buena luz del norte para mi mesa de diseño.

El inconveniente residía en que el lugar tenía once puertas que daban al exterior. Doce, si contamos la de Pet. Yo siempre procu­raba una puerta para Pet – en este caso un tablero ajustado a la ventana de un dormitorio que no se utilizaba, y en el cual había cortado una gatera justo para que pasaran los bigotes de Pet -. He pasado gran parte de mi vida abriendo puertas para gatos… Una vez calculé que, desde el comienzo de la civilización, se han emplea­do de esta manera novecientos setenta y ocho siglos. Puedo enseña­ros los cálculos.

Pet solía utilizar su propia puerta salvo cuando conseguía que yo le abriese una de las que utilizaban las personas, lo cual era de su preferencia. Sin embargo, nunca utilizaba su puerta cuando había nieve en el suelo.

Cuando Pet era muy pequeño, todo pelusa y ronroneos, ya había adquirido una sencilla filosofía: yo me ocupaba de la vivienda, del racionamiento y del tiempo, y él se ocupaba de todo lo demás; pero me hacía especialmente responsable del tiempo.

Los inviernos de Connecticut sólo son adecuados para las tarje­tas de Navidad; aquel invierno, Pet observaba regularmente su pro­pia puerta, negándose a salir debido a aquella desagradable sustan­cia blanca que había en el exterior (no era ningún tonto), y luego me hostigaba para que abriese una ~e las puertas para personas. Estaba convencido de que al menos una debía conducir a un tiempo de verano. Eso significaba que en cada ocasión tenía que ir con él a cada una de las once puertas, mantenerla abierta hasta que sé con­venciera de que también allí era invierno, y luego pasar a la puerta siguiente mientras sus críticas a mi mala administración crecían en acritud con cada decepción.

  Luego permanecía en el interior hasta que la presión hidráulica materialmente le obligaba a salir. Cuando regresaba, el hielo de sus patas resonaba como zuecos sobre el suelo de madera, y me miraba y se negaba a ronronear hasta que se lo había arrancado todo…, después de lo cual me perdonaba hasta la próxima ocasión.

Pero nunca abandonó su búsqueda de la Puerta al Verano.

Y el 3 de diciembre yo también la estaba buscando.

Mi pesquisa era casi tan desesperada como lo había sido la de aquel invierno en Connecticut. La poca nieve que había en el sur de California la guardaban en las montañas para los esquiadores, no en Los Ángeles, donde probablemente tampoco hubiera podido pasar a través de la contaminación. Pero el tiempo invernal estaba  en mi corazón.

 

No me encontraba enfermo (aparte de una resaca acumulativa), aún me faltaban unos cuantos días para llegar a los treinta años, y estaba lejos de no tener dinero. La policía no me buscaba, ni tam­poco ningún marido, ni ninguna citación judicial. No había nada en mí que una leve amnesia no hubiera podido curar. Pero en mi corazón había invierno y estaba buscando una puerta que diese al verano.

  Si les parezco un hombre que padece un caso agudo de autocom­pasión, están en lo cierto. Sobre el planeta debía haber dos mil millones de hombres en peor estado y, no obstante, yo estaba bus­cando la Puerta al Verano.

La mayoría de las puertas que he comprobado últimamente han sido basculantes, como las que tenía frente a mi: SANS SOUCI Bar-Grill, anunciaba el letrero. Entré, escogí un compartimento hacia el medio, puse cuidadosamente sobre el asiento el maletín que llevaba, me instalé junto a él, y esperé al camarero.

El maletín dijo:

-¿Uaaarrr?

-Estate quieto, Pet -dije.

-¡Miauuu!

-Tonterías, acabas de ir. Cállate, que viene el camarero.

Pet se calló. Yo levanté la mirada al acercarse el camarero y le dije:

-Un whisky doble, un vaso de agua corriente y una ginger ale.

El camarero se quedó perplejo:

-¿Ginger ale, señor? ¿Con whisky?

-¿La tiene o no la tiene?

-Sí, claro que sí, pero…

-Pues tráigala. No voy a beberla; sólo quiero reírme de ella. Y traiga también un platillo.

-Como usted diga, señor. –Dio

 lustre al tablero de la mesa-. ¿Y un pequeño bistec, señor? ¿O un escalope, que están muy bien hoy?

-Mire, amigo, le daré propina por los escalopes si me promete que no me los servirá. Lo único que necesito es lo que he pedido… Y no se olvide del platillo.

Se calló y se marchó. De nuevo dije a Pet que se calmara, que había desembarcado la Infantería de Marina. El camarero regresó, satisfecho su orgullo al traer la ginger ale sobre el platillo. Hice que la abriera mientras yo mezclaba el whisky con el agua.

-¿Desea otro vaso para la ginger ale, señor?

-Soy un buen cowboy; la bebo directamente de la botella.

Se calló y dejó que pagase y le diese propina, sin olvidar la correspondiente a los escalopes. Cuando se hubo ido puse un poco de ginger ale en el platillo, y golpeé el maletín:

-La sopa está servida, Pet.

El maletín no estaba cerrado; nunca lo cerraba cuando él estaba dentro. Lo acabó de abrir con sus patas, sacó la cabeza y miró rápidamente alrededor, luego alzó su pecho y colocó las garras sobre el borde de la mesa. Yo levanté mi vaso y nos miramos el uno al otro:

-Brindemos por la raza femenina, Pet… ¡Encuéntralas y olvídalas!

Pet asintió; aquello estaba de acuerdo con su filosofía. Inclinó gentilmente la cabeza y comenzó a sorber su ginger ale.

-Si es que puedes, claro está -añadí, bebiendo un trago largo.

– Pet no respondió. Olvidar una hembra no suponía ningún esfuerzo para él; era un tipo nacido para soltero.

Frente de mí, y a través de la ventana del bar, había un anuncio luminoso que variaba constantemente. Primero se podía leer: TRA­BAJE MIENTRAS DUERME. Y luego: Y DISIPE SUS PREOCUPACIONES DURANTE EL SUEÑO. Después, en letras de doble tamaño, res­plandecientes:

COMPAÑÍA DE SEGUROS MUTUOS

Leí varias veces los tres anuncios sin pensar en ellos. Sabía tanto, o tan poco, sobre la animación interrumpida, como todo el mundo.

Cuando fue anunciada por vez primera había leído un artículo divulgativo al respecto, y dos o tres veces por semana me llegaba en el correo de la mañana propaganda de una compañía de seguros, generalmente la tiraba a la papelera sin ni siquiera mirarla, pues no creía que me pudiera interesar más que la de lápices para labios.       

En primer lugar, hasta hacía poco, no hubiera podido pagar un sueño en frío: era demasiado caro; en segundo lugar, ¿por qué un hombre a quien interesaba su trabajo, que ganaba dinero y esperaba  ganar más, estaba enamorado y a punto de casarse, iba a querer suicidarse?

Si un hombre padecía una enfermedad incurable, o en todo caso esperaba morirse, pero creía que los doctores de una generación  su siguiente serían capaces de curarle, y podía permitirse pagar el sueño frío mientras la ciencia médica buscaba solución a su caso, entonces el sueño frío era una decisión lógica. O si su ambición consistía en hacer un viaje a Marte y pensaba que suprimiendo una generación de su película personal podría conseguir un billete para el viaje, me figuro que entonces también era lógico… Se había publicado la historia de una pareja de buena sociedad que se casó y se fue directamente de la alcaldía al santuario del sueño de la Compañía de Seguros del Mundo Occidental, dejando instrucciones para que no se les despertara hasta que pudieran pasar su luna de miel en un transatlántico interplanetario…, aunque yo sospeché que se trataba de una propaganda organizada por la compañía de segu­ros, y que habían salido por la puerta trasera con nombres falsos. Eso de pasar la noche de bodas tan en frío, como un pescado congelado, no me parece a mí que sea muy creíble.

Además, había también la incitación directamente financiera, aquella sobre la cual las compañías hacían más hincapié: «Trabaje él mientras duerme». Estáte quieto y deja que lo que hayas ahorrado se convierta en una fortuna. Si tienes cincuenta y cinco años y  tu caja de pensiones te paga doscientos al mes, ¿por qué no dejar que vayan pasando los años, despertar todavía a los cincuenta y cinco, y dejar que te paguen mil por mes? Y eso por no mencionar lo que supondría despertarse en un mundo nuevo y mejor, que probable­mente te ofrezca una vida más larga y más sana durante la cual disfrutar de tus mil al mes. Este último argumento era el que real­mente utilizaban a fondo las compañías, todas las cuales probaban, con número indiscutibles, que su selección de acciones acumulaba dinero con más rapidez que las otras. «¡Trabaje mientras duerme!»

Eso nunca me había atraído. No tenía cincuenta y cinco años, no quería retirarme, y no veía nada malo en mi época.

Es decir hasta hace poco. Ahora estaba retirado, tanto si me gustaba como sino (no me gustaba): en vez de estar en mi luna de miel me encontraba en un bar de segunda clase; en vez de mujer tenía un gato con muchas cicatrices y un gusto morboso por la ginger ale; y en cuanto a lo de gustarme mi época la hubiese cam­biado por un cajón de botellas de ginebra, y las hubiese roto una tras otra.

Pero no estaba arruinado.

Metí la mano en mi americana, saqué un sobre y lo abrí, había en él dos cosas. Una era un cheque certificado, por una cantidad superior a la que nunca había tenido; la otra era un certificado de acciones en Muchacha de Servicio. Los dos documentos empezaban a estar un poco arrugados, pues los había llevado encima desde que me los entregaron.

¿Y por qué no?

¿Por qué no esconderme y dejar que mis preocupaciones se des­vanecieran durante el sueño? Siempre sería mejor que alistarse en la Legión Extranjera, menos sucio que el suicidio, y me disociaría por completo de las personas y de los acontecimientos que me habían amargado la vida. Así que, ¿por qué no?

No me interesaba excesivamente la posibilidad de enriquecerme. Claro que había leído Cuando el dormido despierte – de H. G. Wells, no sólo cuando las compañías de seguros comenzaron a regalar ejemplares, sino antes, cuando no era más que una novela clásica; sabía de lo que eran capaces el interés compuesto y la plusvalía de las acciones. Pero no estaba seguro de disponer de suficiente dinero para comprar el Sueño Largo y al mismo tiempo efectuar un depósito lo bastante importante para que mi interés valiera la pena. El otro argumento me atraía más: meterme en la cama y despertar en un mundo diferente. Quizás en un mundo mucho mejor, según las compañias de seguros querían hacernos creer…, o quizá peor, aunque, desde luego, diferente.

Sin embargo, podía tener la seguridad de una diferencia impor­tante: podía dormir lo suficiente para tener la certeza de que sería un mundo sin Belle Darkin, y sin Miles Gentry; pero sobre todo sin      ha Belle. Si Belle estaba muerta y enterrada, podría olvidarla y olvidar ­lo me de lo que me había hecho, en vez de amargarme pensando en que sólo se encontraba a unos cuantos kilómetros de distancia.

Veamos, ¿cuánto tiempo sería necesario para eso?

Belle tenía veintitrés años, o así. Bueno, de todos modos tendría menos de treinta. Si yo dormía setenta años, ella estaría muerta y enterrada. Digamos setenta y cinco, para estar seguros.

Luego recordé los progresos de la geriatría: se hablaba de los ciento veinte años como una duración «normal». Quizá tuviese que dormir cien años. No tenía la seguridad de que ninguna compañía de seguros llegase a ofrecer tanto.

Luego me vino una idea levemente diabólica, inspirada por el calorcillo del whisky. No hacía falta dormir hasta que Belle hubiese muerto: era más de lo necesario -y una venganza adecuada contra  una hembra – ser joven cuando ella fuese vieja. Lo bastante para fastidiaría; algo así como unos treinta años.

Sentí una pata, suave como un copo de nieve, sobre mi brazo:

 -¡Msss.! -anunció Pet.

– Tragón – le dije, y le serví otro platillo de ginger ale. Me dio las gracias con una cortés espera, y luego comenzó a lamerlo.

Pero había interrumpido mí placentera y perversa meditación. ¿Qué diablos iba yo a hacer con Pet?

No se puede regalar un gato lo mismo que se regala un perro; no lo soportan. A veces continúan en la casa, pero no en el caso de Pet; para él yo era la única cosa estable en un mundo cambiante desde que lo habían separado de su madre, hacía nueve años… Incluso había conseguido conservarlo junto a mí en el Ejército, y eso sí que era difícil.

Él disfrutaba de buena salud, y probablemente continuaría así a pesar de que era una masa de cicatrices. Si conseguía corregir cierta tendencia a atacar con la derecha, seguiría ganando batallas y engendrando gatitos durante otros cinco años por lo menos.

Podía pagar para que lo mantuvieran en un hogar hasta que muriese (¡ni pensarlo!), o hacer que le dieran cloroformo (igualmen­te inimaginable), o abandonarlo… A eso es a lo que uno se ve reducido en el caso de un gato: o bien se sigue cumpliendo con la obligación que se ha asumido, o bien se abandona al desgraciado, se le deja en estado salvaje y se destruye su fe en la justicia eterna.

Del mismo modo que Belle había destruido mi fe.

Así pues, amigo Danny, vale más que lo olvides. Tu vida puede haberse agriado tanto como unos pepinillos, pero eso no te libera en lo más mínimo de cumplir tu obligación con este gato malcriado.

Apenas llegué a esa verdad filosófica, Pet estornudó: las burbu­jas se le habían subido a la nariz:

– Gesundheit!  -dije- y acostúmbrate a no beberlo tan rápido.

Pet no me hizo caso. En conjunto, sus modales eran mejores que los míos, y él lo sabía. Nuestro camarero había estado dando vuel­tas alrededor de la caja hablando con el cajero. Era la hora de poco trabajo después del almuerzo, y los otros clientes estaban en el bar. El camarero alzó la mirada cuando dije Gesundheit! y habló con el cajero. Los dos miraron hacia nosotros, el cajero levantó la porte­zuela del bar y se aproximó.

– Policías, Pet -dije en voz baja.

Miró alrededor y se escondió en el maletín y yo junté los bordes del cierre. El cajero se acercó y se inclinó sobre mi mesa, mirando rápidamente a los dos asientos.

-Lo siento, amigo -dijo tranquilamente-, pero tendrá que sacar ese gato.

-¿Qué gato?

-Ese al que estaba dando de comer en este platillo.

-No veo ningún gato.

Esta vez se inclinó y miró bajo la mesa.

-Lo tiene usted en ese maletín -dijo acusadoramente.

-¿Maletín? ¿Gato? -dije perplejo-. Amigo mio, supongo que estará usted empleando una figura retórica…

-¿Qué? No utilice usted palabras raras. Tiene un gato en ese maletín. Ábralo.

-¿Tiene un mandato judicial?

-¿Cómo? No diga tonterías.

-Es usted quien dice tonterías al pedirme que le enseñe el inte­rior de mi maletín sin un mandato judicial. Enmienda cuarta. Ade­más, hace ya años que terminó la guerra. Y ahora que nos hemos puesto de acuerdo, haga el favor de decir al camarero que traiga lo mismo. O tráigamelo usted…

Se entristeció.

-Amigo, no se trata de nada personal, pero tengo que pensar en la licencia. «Ni perros ni gatos», lo dice en la pared. Nuestro objetivo es mantener un establecimiento en condiciones higiénicas.

-Pues han fracasado. -Levanté mi vaso-. ¿Ve usted las mar­cas de lápiz de labios? Debería vigilar a su lavaplatos, en vez de dedicarse a registrar a sus clientes.

-No veo ninguna marca…

-Porque la he limpiado casi del todo. Pero llevémoslo al Depar­tamento de Sanidad y que revisen la cuenta de bacterias.

-¿Tiene usted insignia? -suspiró.

-No.

-Pues estamos a la par. Yo no registro su maletín y usted no me lleva al Departamento de Sanidad. Y, si desea usted otra bebida, vaya al bar y que le sirvan… a cuenta de la casa. Pero no aquí. -Se volvió e indicó el camino.

Me encogí de hombros.

-En todo caso, ya nos marchábamos.

Cuando pasé por delante de la caja, el cajero levantó la mirada.

-¿No estará molesto, verdad?

-No. Pero tenía la intención de traer más tarde a mi caballo para que echara un trago; ahora ya no lo haré.

-Como quiera. Las ordenanzas no dicen nada acerca de caballos. Pero… otra cosa: ¿ese gato verdaderamente bebe ginger ale?

-Cuarta enmienda, ¿recuerda?

-No quiero ver al animal, sólo saberlo.

-Pues bien -adrnití-, le gusta más con un poco de angostura, pero lo bebe sin ella si no tiene más remedio.

-Le estropeará los riñones. Mire eso, amigo…

-¿Qué debo mirar?

-Echese hacia atrás, de manera que su cabeza quede cerca de la mía. Ahora mire al techo, sobre cada uno de los compartimentos… A los espejos de los decorados. Se que allí había un gato porque lo vi.

Me incliné hacia atrás y miré: el techo estaba decorado con muchos espejos; entonces vi que algunos de ellos estaban orientados de manera que permitían que el cajero los utilizase como perisco­pios sin moverse de su sitio.

-Necesitamos eso -dijo, como excusándose-. Le escandaliza­ría saber lo que pasa en esos compartimentos… Si no les tuviésemos vigilados… El mundo está perdido.

-Amén, amigo. -Y me marché.

Una vez hube salido, abrí el maletín y lo llevé colgado de un asa. Pet sacó la cabeza.

-Ya has oído lo que ha dicho ese hombre, Pet. «El mundo está perdido.» Más que perdido cuando dos amigos no pueden echar un trago juntos sin que les espíen. Esto lo prueba.

-¿Ahorrra? -preguntó Pet.

-Puesto que lo dices… Y si vamos a hacerlo no hay motivo para demorarlo.

-¡Ahorrra! -respondió Pet, enfáticamente.

-Hay unanimidad. Está aquí mismo, al otro lado de la calle.

La recepcionista de la Compañía de Seguros Mutuos era un buen ejemplo del diseño funcional. A pesar de sus formas aerodinámicas, exhibía por el frente espacios para el radar y todo cuanto se necesi­taba para su misión fundamental. Me tranquilicé pensando que para cuando yo saliese ella seria ya una marmota, y le dije que quería ver a un vendedor.

-Siéntese, por favor. Veré si alguno de nuestros ejecutivos para clientes está libre. -Antes de que pudiera sentarme, añadió-: Nues­tro señor Powell le verá. Por aquí, por favor.

Nuestro señor Powell ocupaba un despacho que me hizo pensar que a Seguros Mutuos no le iban mal las cosas. Me dió un húmedo apretón, me hizo sentar, me ofreció un cigarrillo e intentó coger mi maletín, pero yo me aferré a él.

-Y bien señor, ¿en qué podemos servirle?

-Deseo el Largo Sueño.

Arqueó las cejas, y sus modales se hicieron más respetuosos. Sin duda Seguros Mutuos no volvería la espalda a siete billetes, pero el Largo Sueño les permitía meter mano a todos los intereses del cliente.

-Una decisión muy acertada -dijo con reverencia-. Es lo que yo querría hacer si pudiera. Pero las responsabilidades familiares… ¿sabe? -Extendió la mano y cogió un formulario-. Los clientes para el sueño suelen tener prisa. Permítame que le ahorre tiempo y molestias llenando esto en su nombre… Haremos lo necesario para que el examen físico se haga de inmediato.

-Un momento.

-¿Qué?

-Una pregunta. ¿Están ustedes en condiciones de organizar sue­ño frío para un gato?

Pareció sorprendido, y luego molesto:

-¿Está bromeando? Abrí el cierre del maletín y Pet sacó la cabeza.

-Le presento a mi compañero. Le ruego que conteste a mi pregunta. Si la respuesta es «no», entonces me dirigiré a la Obligación del Valle Central. Sus oficinas están en este mismo edificio, ¿verdad?

Esta vez se horrorizó:

-Señor… ¡Oh! No entendí bien su nombre…

-Dan Davis.

-Señor Davis, cuando alguien entra por nuestra puerta está bajo la benevolente protección de la Mutua de Seguros. No podría permitir que usted se fuera a Valle Central.

-¿Y de qué manera piensa impedírmelo? ¿Judo?

-¡Por favor! -Echó una ojeada alrededor con aire preocupa­do-. Nuestra compañía es ética.

-¿Quiere decir que Valle Central no lo es?

-No dije eso; fue usted, señor Davis, no deje que le influya…

-No lo conseguiría.

-….pero examine usted el contrato de cada una de las compa­ñías. Consulte con un abogado o, mejor aún, con un asesor oficial. Averigüe lo que le ofrecemos, y actualmente entregamos, y compá­relo con lo que Valle Central pretende ofrecer. -Miró nuevamente a su alrededor y se inclinó hacia mí-. No debería decirlo, y confío en que usted no lo repetirá, pero ellos ni siquiera utilizan las tablas oficiales.

-Quizá tratan mejor al cliente.

-¿Cómo? Mi querido señor Davis, nosotros distribuimos todos los beneficios sobrantes. Nuestros estatutos nos lo imponen… Mien­tras que Valle Central es una compañía por acciones.

-Quizá debiera comprar algunas de las suyas… Mire señor Po­well, estamos perdiendo el tiempo. ¿Seguros Mutuos aceptará a mi compañero aquí presente o no? Si es que no, entonces llevamos aquí demasiado rato.

-¿Quiere decir que está dispuesto a pagar para conservar viva a esa criatura en hipotermia?

-Quiero decir que deseo que los dos tomemos el Largo Sueño. Y no le llame usted «criatura»; su nombre es Petronius.

-Usted perdone. Expresaré mi pregunta de otro modo: ¿Está usted dispuesto a pagar dos cuotas de custodia, para mantener a ustedes dos, a usted y a… bueno a Petronius, en nuestro santuario?

– Si, pero no dos cuotas corrientes; algo extra sí. Pueden ustedes meternos a los dos en el mismo ataúd… Honestamente no pueden cargar lo mismo por Pet que por un hombre.

-Esto es muy poco corriente…

– Desde luego. Pero ya discutiremos el precio luego… o lo dis­cutiré con Valle Central. De momento, lo que necesito saber es si ustedes pueden hacerlo.

– Bueno… -Tamborileó sobre su mesa-. Un momento. -Cogió el teléfono y dijo-: Opal, póngame con el doctor Berquist.

No oí el resto de la conversación, pues colocó la protección para conversación secreta. Pero, al cabo de un rato, dejó el teléfono y sonrió como si se le hubiese muerto un tío rico:

-¡Buenas noticias, señor! De momento había olvidado el hecho de que los primeros experimentos que tuvieron éxito, se efectuaron con gatos. Las técnicas y factores críticos para gatos han sido esta­blecidos en su totalidad. Incluso hay un gato en el Laboratorio de Investigaciones Navales de Annapolis que, desde hace más de veinte años, se encuentra vivo en hipotermia.

-Yo creía que el LIN había sido destruido cuando se apodera­ron de Washington.

-Solamente los edificios de superficie, señor, pero no las cáma­ras profundas. Lo cual es un tributo a la perfección de la técnica; el animal permaneció sin cuidados, excepto los de la maquinaria auto­mática, durante más de dos años… Y, sin embargo, vive aún, sin alterarse ni envejecer. Lo mismo que usted vivirá, cualquier período de tiempo que decida encomendarse a nuestra compañía, señor.

Creí que iba a santiguarse.

-Está bien, está bien. Ahora discutamos el precio.

Rabia que tener el cuenta cuatro factores: primero cómo pagar por nuestros cuidados mientras estábamos hibernando; segundo, cuánto tiempo quería yo que durmiésemos; tercero, cómo quena invertir mi dinero mientras estaba en la nevera, y, finalmente, que ocurriría si estiraba la pata y no me despertaba más.

Finalmente me decidí por el año 2000, que era un número redon­do y solamente a treinta años de distancia. Me temía que si lo prolongaba más me encontraría por completo fuera de contacto. Los cambios durante los últimos treinta años (mi vida) habían sido suficientes para que se le saliesen a uno los ojos de la cara – dos grandes guerras y una docena de pequeñas, el hundimiento del comunismo, el Gran Pánico, los satélites artificiales, el paso a la energía atómica…

Quizás el año 2000 me pareciese muy confuso. Pero, si no salta­ba hasta allí, Belle no habría tenido tiempo de adquirir un elegante conjunto de arrugas.

A la hora de considerar cómo invertir mi dinero no tomé en consideración los valores del Estado ni otras inversiones conservadoras; nuestro sistema fiscal lleva consigo la inflación. Decidí quedarme con mis acciones de Muchacha de Servicio e invertir el efectivo en otras acciones ordinarias, poniendo especial atención en ciertas tendencias que creía subirían de valor. Era forzoso que el automatismo aumentase. Escogí también una firma de abonos de San Francisco que había experimentado con levaduras y algas comestibles: cada vez había más gente, y los filetes no iban a bajar de precio. Le dije que pusiera el saldo del dinero en el fondo administrado por la compañía.

Pero la verdadera dificultad consistía en saber qué hacer si me moría durante la hibernación. La compañía aseguraba que las pro­babilidades eran de más de siete a diez de que viviría los treinta años de sueño frío… y la compañía estaba dispuesta a apostar en cual­quiera de los dos sentidos. Pero las apuestas no eran recíprocas, ni tampoco esperaba que lo fuesen: en todo sistema de apuestas hones­to hay una comisión para la casa. Solamente los jugadores deshonestos pretenden que la víctima tiene más probabilidades. La más antigua y más respetable firma de seguros del mundo, Lloyd’s de Londres, no lo disimula: los asociados de Lloyd’s aceptan apostar en cualquiera de los sentidos. Pero no había que esperar mejores condiciones que en las carreras: alguien debía pagar los trajes a            medida del señor Powell.

  Decidí que todo lo que tenía fuese a parar al fondo administrado por la compañía en caso de fallecimiento, lo cual hizo que el señor Powell intentara besarme, y me hiciese reflexionar sobre cuán opti­mistas eran aquellas siete de diez probabilidades. Pero me aferré a ello porque me convertía en heredero (si vivía) de todos los demás con la misma opción (si morían), especie de ruleta rusa en la que los supervivientes recogían las fichas… mientras la compañía, como de costumbre, se quedaba con el porcentaje de la casa.

Elegí todas la alternativas que proporcionaban el mayor rendi­miento posible, sin solución si me equivocaba. El señor Powell me adoraba, de la misma manera que un croupier adora al ingenuo que juega siempre al cero. Cuando terminamos de disponer mis intere­ses, quise mostrarme razonable con lo de Pet: fijamos el pago de un 15 por 100 de la cuota humana por la hibernación de Pet, y redac­tamos para él un contrato por separado

Sólo quedaba el consentimiento del tribunal y el examen físico.

El examen no me preocupaba: una vez permitido que la compañía apostase a que me moría, me aceptarían aunque estuviese en la última fase de la Peste Negra. Pero sospechaba que conseguir que lo aprobase un juez sería más difícil, pero era necesario, ya que un cliente en sueño frío estaba legalmente en custodia, vivo pero impotente.

No tenía por qué haberme preocupado. Nuestro señor Powell hizo redactar, por cuadruplicado, catorce documentos diferentes, y fui firmando hasta que noté calambres en los dedos. Un mensajero salió corriendo con ellos mientras yo pasaba mi examen físico: ni siquiera llegué a ver al juez.

El examen físico consistió en la fatigosa rutina de costumbre, salvo por una cosa. Hacia el final el doctor que me estaba exami­nando me miró severamente y dijo:

– Muchacho, ¿desde cuando estás empinando el codo?

-¿El codo?

– El codo.

-¿Qué le hace pensar eso, doctor? Estoy tan sobrio como usted. «El cielo está enladrillado. ¿Quién lo desenladrillará…?»

– Deje eso y contésteme.

– Pues… desde hace un par de semanas.

-¿Bebedor compulsivo? ¿Cuántas veces lo ha precisado en el pasado?

-Pues, la verdad es que ninguna. Verá usted… -Comencé a explicarle lo que Belle y Miles me habían hecho, y por qué me sentía como me sentía.

Me enseñó la palma de la mano:

-Por favor. Tengo mis propios problemas y no soy un psiquia­tra. En realidad, lo único que me interesa es averiguar si su corazón puede soportar que lo pongan a cuatro grados centígrados. En general, me tiene sin cuidado que haya gente tan chiflada que quiera meterse en un agujero y cerrarlo tras ella. Sencillamente, pienso que así habrá un idiota menos en la superficie. Pero cierto residuo de conciencia profesional me impide autorizar que ningún hombre, por desdichado ejemplar que sea, se meta en uno de esos ataúdes con su cerebro empapado en alcohol. Vuélvase.

-¿Cómo?

-Vuélvase. Voy a darle una inyección en la nalga izquierda.

-Me volví y me la dió. Mientras me estaba frotando, me dijo-: Y ahora empápese de esto: dentro de veinte minutos estará más sobrio de lo que ha estado desde hace un mes. Entonces, si le queda algo de sentido común, lo cual dudo, puede revisar su posición y decidir si quiere evadirse de sus dificultades… o enfrentarse a ellas como un hombre.

Me empapé.

-Eso es todo. Ya puede vestirse. Voy a firmar sus papeles, pero le advierto que puedo poner el veto en el último momento. No más alcohol para usted. En absoluto. Una cena ligera y nada de desayu­no. Vuelva mañana a las doce para el último examen.

Dio media vuelta y salió sin despedirse siquiera. Me vestí y me marché de allí muy molesto. Powell tenía todos mis papeles a pun­to. Cuando los cogí, me dijo:

-Puede dejarlos aquí, si quiere, y recogerlos mañana al mediodía… Es decir, la copia que irá con usted a los sótanos.

-¿Y qué se hará de las otras?

-Nosotros guardamos una, luego, después de que usted haya sido depositado, enviamos otra a los tribunales, y otra a los Archi­vos de Carísbad. ¡Ah! ¿Le advirtió el médico acerca del régimen?

-Desde luego -respondí, y miré fijamente los papeles para ocultar mi desagrado.

Powell alargó la mano intentando cogerlos.

-Se los guardaré esta noche.

Los retiré de su alcance:

-Puedo guardarlos yo mismo. Puede que quiera modificar algu­nas de las disposiciones que he elegido.

-¡Oh! Es algo tarde para eso, mi querido señor Davis.

-No se apresure. Si hago algún cambio vendré temprano.

Abrí el maletín y metí los papeles en uno de los compartimentos junto a Pet. Otras veces ya había guardado allí papeles de valor. Si bien no era un sitio tan seguro como los Archivos de Carísbad, estaban más seguros de lo que podía parecer. Una vez un ladrón intentó robar algo de aquel mismo compartimento y a esas horas aún debe de llevar cicatrices de los dientes y las garras de Pet.

 

 

2

 

Mi automóvil estaba aparcado en la Plaza de Pershing, donde lo había dejado temprano aquel día. Puse dinero en el contador del aparcamiento, coloqué el chisme en la arteria Oeste, saqué a Pet, lo puse en el asiento, y me relajé.

Mejor dicho, intenté relajarme. La circulación en Los Ángeles era demasiado rápida y demasiado criminal para que me sintiera verdaderamente feliz con el control automático. Hubiera querido volver a diseñar toda su instalación, pues no era verdaderamente uno de esos modernos «Falle Sin Temor».

Cuando llegamos al Oeste de la Avenida Occidental y pude volver al control manual, estaba nervioso y tenía ganas de echar un trago.

– Allí hay un oasis, Pet.

-¿Rrrrect?

– Delante mismo.

Pero mientras buscaba un sitio donde aparcar -Los Ángeles no corría peligro de invasión: los invasores nunca encontrarían aparca­miento- me acordé de la orden del médico de no tomar alcohol.

De modo que le dije enfáticamente qué podía hacer con sus órdenes.

Luego me pregunté si él sería capaz de averiguar, casi un día más tarde, si yo había bebido o no. Creía recordar cierto artículo espe­cializado, pero no me había interesado tanto como para echarle más que una ojeada.

¡Maldita sea! Era capaz de prohibirme el sueño frío. Sería mejor que me calmase y dejara de lado la bebida.

-¿Ahorrra? -preguntó Pet.

-Luego. De momento tenemos que encontrar un restaurante para automóviles.

De pronto me di cuenta de que en realidad no quería beber; necesitaba comida y una noche de sueño. El doctor tenía razón: estaba más sobrio y me sentía mejor de lo que me había sentido desde hacia semanas. Aquel pinchazo en el trasero no había sido quizás más que B1, pero, en tal caso, era de propulsión a chorro. Así que buscamos restaurante, pedí pollo asado para mí y un bistec ruso y un poco de leche para Pet, al que saqué a dar una vuelta mientras preparaban la comida. Pet y yo comíamos a menudo en los restaurantes porque así no tenía que meterlo de contrabando.

Media hora más tarde saqué al coche del círculo de mayor trán­sito, lo paré, encendí un cigarrillo, rasqué a Pet bajo la barbilla, y pensé…

Dan, querido, el doctor tenía razón: pretendías deslizarte por el cuello de una botella, lo cual está bien para el tamaño de tu cabeza, pero era demasiado estrecho para tus hombros. Ahora estás sobrio, te has llenado la barriga de comida, y estás descansando cómoda­mente por vez primera desde hace días. Te sientes mejor… ¿Y qué más? ¿Tenía razón el doctor sobre lo demás? ¿Eres un niño mal criado? ¿Te falta valor para enfrentarte con un contratiempo? ¿Es el espíritu de aventura? ¿O sencillamente te escondes de ti mismo, como una de la Sección Octava que intenta volver a meterse en el seno de su madre?

Pero si quiero hacerlo, me respondí. El año 2000… ¡Muchacho!

Está bien, de acuerdo. Pero, ¿es necesario escaparse sin antes ajustar cuentas por aquí?

Bueno, bueno…, pero ¿cómo ajustarlas? No quiero otra vez a Belle, después de lo que me ha hecho. ¿Y qué otra cosa puedo hacer? ¿Demandarles? No seas idiota, no tienes pruebas… Además, nadie gana un pleito sino los abogados.

Pet me miró.

Miré su cabeza llena de cicatrices. Pet no demandaría a nadie: si no le gustaban los bigotes de otro gato, sencillamente le invitaba a salir y a pelear como un gato.

-Creo que tienes razón, Pet. Voy a ir en busca de Miles, le arrancaré un brazo y le daré con él en la cabeza hasta que hable. Luego podremos tomar el Largo Sueño. Pero tenemos que saber qué es exactamente lo que nos hicieron y de quién fue la idea.

Detrás de la parada había una cabina telefónica. Llamé a Miles, le encontré en casa, le dije que se quedara allí, que iba a visitarle.

Mi padre me llamó Daniel Boone Davis, lo cual fue su manera de declararse en favor de la libertad personal y de la confianza en si mismo. Nací en 1940, año en que todo el mundo andaba diciendo que el individuo estaba en sus últimas y que el futuro pertenecía al hombre de la masa. Papá se negó a creerlo: ponerme aquel nombre fue una nota de desafío. El murió durante un lavado de cerebro en Corea del Norte, intentando probar su tesis hasta el fin.

Cuando tuvo lugar la Guerra de las Seis Semanas yo poseía un título de ingeniería mecánica y estaba en el Ejército. No había utilizado mi título para intentar conseguir un mando, pues lo que papá si me había legado era un deseo arrollador de ir por cuenta propia, sin dar órdenes, sin recibir órdenes, sin atenerme a horarios: lo único que quería era servir lo estipulado y marcharme. Cuando la Guerra Fría entró en ebullición, era sargento técnico en el Centro de Armamentos de Sandia, en Nuevo México, y me dedicaba a rellenar bombas atómicas y a pensar en lo que iba a hacer cuando terminara mi plazo. El día que Sandia desapareció yo estaba en Dallas, para recibir una nueva partida de Schrecklichkeit. La caída de aquello fue hacia Oklahoma City, de modo que viví para recibir mi paga de soldado.

Pet sobrevivió por la misma razón. Yo tenía un compañero. Miles Gentry, un veterano que había sido llamado para el servicio. Se había casado con una viuda que tenía una hija, pero su mujer había muerto por la época en que lo llamaron de nuevo. Vivía fuera del puesto con una familia en Alburquerque, para que su hijastra Federica tuviese un hogar. La pequeña Ricky (nunca la llamábamos «Federica») se cuidaba de Pet. Gracias a Bubastis, diosa de los gatos, Miles, Ricky y Pet estaban fuera aquel espantoso fin de semana. Ricky se había llevado consigo a Pet porque yo no podía llevármelo a Dallas.

A mí me sorprendió tanto como a los demás cuando resultó que teníamos divisiones almacenadas en Thule y en otros lugares que nadie había sospechado. Desde los años 30 se había sabido que era posible enfriar el cuerpo humano, retardándolo, hasta casi cero. Pero hasta la Guerra de Seis Semanas había sido un truco de labo­ratorio, o una terapia de última Instancia. Hay que reconocer esto a la investigación militar: si es posible hacer algo con dinero y con hombres. lo consiguen. Emiten otros mil millones, contratan a otros mil científicos e ingenieros. y entonces, de alguna manera increíblemente tortuosa e ineficiente, aparecen las respuestas. Estasis, sueño frío, invernada, hipotermia, metabolistno reducido, llámenlo como quieran, los equipos de investigación de medicina logística habían encontrado la manera de almacenar gente como leña, y de utilizar­los cuando los necesitaban. Primeramente se droga al sujeto, luego se le hipnotiza, después se le enfría y se le mantiene a precisamente cuatro grados centígrados, es decir, a la densidad máxima del agua sin cristales de hielo. Si se le necesita urgentemente se le puede reavivar con diatermia y mando posthipnótico en diez minutos (en Nome lo hicieron en siete), pero tal velocidad tiende a envejecer los tejidos y a hacer que desde entonces en adelante sea un poco estú­pido. Si no hay prisa es mejor un mínimo de un par de horas. El método rápido es lo que los soldados profesionales llaman «un riesgo calculado».

En conjunto, aquello fue un riesgo con el que el enemigo no había contado, de modo que cuando la guerra terminó me despidie­ron pagándome, en vez de liquidarme o de enviarme a un campa­mento de esclavos. Y Miles y yo comenzamos juntos un negocio hacia la época en que las compañías de seguros comenzaban a vender el sueño frío.

Fuimos al Desierto de Mojave, instalamos una pequeña fábrica en un edificio sobrante de las Fuerzas Aéreas, y comenzamos a fabricar la Muchacha de Servicio, a base de mi ingeniería y de la experiencia de Miles en leyes y en negocios. Sí, yo inventé la Mu­chacha de Servicio y todos sus parientes -Willie Ventanas y los demás- a pesar de que ahora no encuentren ustedes en ellos mi nombre. Mientras estaba en el servicio militar había pensado mucho sobre lo que puede hacer un ingeniero. ¿Trabajar para Standard, DuPont o General Motors? Treinta años después le dan a uno un banquete de despedida y una pensión. No le ha faltado a uno ninguna comida, se han hecho muchos viajes en los aviones de la compañía, pero nunca se ha sido su propio dueño. El otro gran mercado para ingenieros es el servicio del Estado, con buena paga inicial, buenas pensiones, pocas preocupaciones, treinta días de va­caciones anuales, beneficios generosos. Pero yo acababa de disfru­tar de una larga vacación estatal y quería ser mi propio jefe.

¿Qué había que fuera lo suficientemente pequeño para un inge­niero y que no requiriera seis millones de horas-hombre antes de que apareciese el primer modelo en el mercado? Ingeniería de taller de bicicletas con cacahuetes por capital, del modo como Ford y los hermanos Wright habían comenzado: se decía que aquellos días habían terminado para siempre; yo no lo creía.

El automatismo florecía: plantas de ingeniería química que sola­mente requerían dos observadores de instrumentos y un vigilante, máquinas que imprimían billetes en una ciudad y marcaban el espa­cio «vendido» en otras ciudades distintas, topos de acero que ex­traían carbón mientras los muchachos del sindicato de mineros los contemplaban. Así fue que mientras estaba al pago del tío Sam me empapé de toda la electrónica, uniones y cibernética que permitía una categoría «Q».

¿Cuál fue la última cosa que se hizo automática? Respuesta: la casa de cualquier señora. No intenté diseñar una casa científicamen­te lógica; no era lo que querían las mujeres: sencillamente deseaban una caverna mejor tapizada. Pero las amas de casa seguían queján­dose del Problema Doméstico mucho después de que los criados hubiesen seguido el camino de los mastodontes. Rara vez me había encontrado con una ama de casa que no tuviese algo de ama de esclavos; parecía como si realmente creyesen que tenía forzosamente que haber robustas muchachas campesinas que agradeciesen la opor­tunidad de fregar suelos catorce horas diarias y comer restos de la mesa por un sueldo que un aprendiz de lampista despreciaría.

Por eso fue que llamamos Muchacha de Servicio a aquel mons­truo: evocaba el recuerdo de la muchacha emigrante semiesclava a quien la abuela abroncaba. Fundamentalmente no era sino un aspi­rador mejor, y teníamos la intención de venderlo a un precio com­petitivo de las escobas de succión ordinarias.

Lo que la Muchacha de Servicio hacía (el primer modelo, no el robot seminteligente en que lo transformé) era limpiar suelos; toda clase de suelos, todo el día y sin vigilancia. Y nunca existió un suelo que no necesitase ser limpiado.

Barría, o fregaba, o limpiaba aspirando, o pulía, consultando cintas en su memoria idiota pala decidir qué era lo que tenía que hacer. Todo lo que fuese mayor que un perdigón BB lo recogía y lo colocaba sobre una bandeja en la superficie superior, para que alguien más inteligente decidiese si había que conservarlo o tirarlo. Se pasaba todo el día buscando suciedad, moviéndose infatigable­mente según curvas que no dejaban nada por barrer, pasando de largo sobre los pisos limpios, en su incansable búsqueda por los sucios. Se marchaba de las habitaciones donde hubiese gente, lo mismo que una doncella bien educada, a menos de que la señora de la casa lo alcanzase e hiciese accionar un interruptor para indicar a la pobre infeliz que era bien recibida. Hacia la hora de comer se iba a su puesto y se tragaba una carga rápida -eso antes de que le instalásemos la carga permanente.

No había mucha diferencia entre la Muchacha de Servicio, Mar­ca Uno, y un aspirador doméstico. Pero la diferencia -que podía limpiar sin vigilancia- fue suficiente; se vendió.

Me apropié del esquema básico de las «Tortugas Eléctricas» descritas en el Scientific American hacia fines de 105 anos cuarenta, saqué un circuito de memoria del cerebro de un proyectil dirigido (eso es lo que tienen de bueno los trastos ultrasecretos; que no los patentan) y tomé los artificios de limpieza del conjunto de una docena de otros aparatos, incluso de un pulidor de suelos que se utilizaba en los hospitales del ejército, de un suministrador de bebi­das no alcohólicas, de aquellas «manos» que utilizan en las plantas atómicas para manipular todo lo que es «caliente». No había en realidad nada nuevo en ello; era solamente la manera de juntarlo. La «chispa de genio» requerida por nuestras leyes consistía en en­contrar un buen abogado de patentes.

El verdadero genio se requería para la ingeniería de producción; era posible construir todo aquel trasto con partes standard pedidas por medio del Catálogo de S’veet, salvo por dos letras tridimensio­nales y un circuito impreso. El circuito lo obteníamos por subcon­trato; las levas las construí yo mismo en el cobertizo que llamába­mos nuestra «fábrica», utilizando herramientas automáticas proce­dentes de excedentes de guerra. Al principio Miles y yo éramos toda la línea de montaje, desde el principio al fin. El modelo piloto costó 4.317,09 dólares. Los primeros cien aparatos costaron justo por encima de 39 dólares cada uno y se los entregamos a una casa de ventas de Los Ángeles a 60 dólares y ellos los revendían por 85 dólares. Tuvimos que dejárselos en consignación para poderlos sa­car todos, puesto que no podíamos impulsar las ventas, y casi morimos de hambre antes de empezar a recibir el importe de las ventas. Luego Life dedicó dos páginas a las Muchachas de Servi­cio… y desde entonces el único problema fue tener bastante perso­nal para montar el monstruo.

Belle Darkin se nos unió poco después de aquello. Miles y yo habíamos estado escribiendo cartas con una Underwood de 1908; la contratamos como mecanógrafa y tenedora de libros, y alquilamos una máquina eléctrica con tipo de letra alto, jefe ejecutivo y cinta carbónica, y yo diseñé un membrete para las cartas. Todos los beneficios los invertíamos en el negocio y Pet y yo dormíamos en el taller mientras Miles y Ricky ocupaban un cobertizo próximo. Nos asociamos en defensa propia. Para asociarse son necesarios tres; dimos a Belle parte de las acciones y la nombramos secretaria-teso­rera. Miles era presidente y gerente general; yo era jefe técnico y presidente del consejo de administración con un 51 por 100 de las acciones.

Quiero explicar la razón por la cual me quedé con el control. No es que fuese un tragón; sencillamente quería ser mi propio jefe. Miles trabajaba como una mula; debe hacerse justicia. Pero más del 60 por 100 de los ahorros que habían servido para lanzarnos eran míos y el 100 por 100 de la inventiva y de la ingeniería eran míos. Miles no pudo nunca haber construido la Muchacha de Servicio, mientras que yo la podía haber construido con cualquiera de entre una docena de compañeros, o posiblemente sin ninguno -si bien quizás hubiese fallado al intentar hacer dinero con ella; Miles era hombre de negocios, mientras que yo no lo soy.

Pero quería tener la seguridad de que conservaba el control del taller, y concedí a Miles una libertad igual en lo referente a la parte comercial… demasiada libertad, según pude ver luego.

La Muchacha de Servicio, Marca Uno, se vendía como pan ben­dito, y yo estuve ocupado durante algún tiempo mejorándola e instalando una verdadera línea de montaje, y poniendo al frente de ella un jefe de taller, y luego me dediqué alegremente a idear nuevos artefactos para el hogar. Era asombroso lo poco que se había pen­sado en el trabajo doméstico, a pesar de que constituye por lo menos el 50 por 100 de todo el trabajo del mundo. Las revistas para mujeres hablan de «ahorro de trabajo en el hogar» y de «cocinas funcionales», pero no es más que cháchara; sus bonitos diseños no mostraban más que unas combinaciones de trabajo y vida que esen­cialmente no eran mejores que los de los tiempos de Shakespeare; la revolución del caballo al avión a chorro no había alcanzado el hogar.

Seguí aferrado a mi convicción de que las amas de casa eran reaccionarias. Nada de «máquinas para vivir» -sino solamente artificios para sustituir la extinguida especie de doncellas de servi­cio, es decir, para cocinar, limpiar y cuidar a los niños.

Empecé a pensar en las ventanas sucias y en aquella marca alre­dedor del baño que tan difícil es de limpiar, pues hay que doblarse por el medio para alcanzarla. Resultó que cierto artificio electrostá­tico podía hacer saltar la suciedad de cualquier superficie silícea pulimentada, de los cristales de las ventanas, de los baños, de las palanganas -de cualquier cosa semejante. Aquello fue Willie Ven­tanas, y era extraño que nadie hubiese pensado en él antes. Lo aguanté hasta que pude rebajar su precio a un nivel que la gente no podía rehusar. ¿Se acuerdan de lo que costaba la hora de limpieza de ventanas?

Contuve la producción de Willie mucho más tiempo de lo que le convenía a Miles. Quería venderlo tan pronto como fuese lo bastan­te barato, pero yo insistí además en otra cosa: Willie tenía que ser fácil de reparar. El gran inconveniente de la mayoría de los aparatos domésticos es que cuanto mejores eran y más cosas hacían, con más facilidad se estropeaban, precisamente en el momento en que más falta hacían; y luego necesitaban un experto a cinco dólares por hora para hacerlas funcionar de nuevo. Luego volvía a suceder lo mismo a la semana siguiente, si es que no ocurría al lavaplatos, luego al acondicionador de aire… y generalmente el sábado por la tarde en medio de una tormenta de nieve.

Lo que yo quería era que mis aparatos funcionasen y siguiesen funcionando, y no causasen úlceras a sus propietarios.

Pero todos los aparatos se estropeaban incluso los míos. Hasta que llegue el gran día en que todos los artefactos sean diseñados sin partes móviles, las máquinas continuarán averiándose.

Pero la investigación militar verdaderamente consigue resultados, y los militares habían ya resuelto este problema. No se puede perder una batalla, perder miles o millones de vidas, quizás incluso la misma guerra, solamente porque un aparato del tamaño de tu dedo pulgar se estropea. Con fines militares se utilizaron una serie de recursos: «fallo con seguridad», circuitos de reserva, «dígamelo tres veces», y lo demás. Pero uno de los que utilizaron y que era viable para utensilios domésticos era el basado en el principio del compo­nente enchufable.

Se trata de una idea sencillamente morónica; nada de reparar, sino de sustituir. Quería hacer que todas las partes de Willie Venta­nas que podían averiarse fuesen unidades enchufables, y luego in­cluir un juego de recambios con cada Willie. Algunos de los com­ponentes se tirarían, pero el mismo Willie nunca estaría fuera de uso más tiempo del necesario para enchufar la parte de recambio.

Miles y yo nos peleamos por primera vez. Yo afirmaba que la decisión acerca de cuándo se debía pasar del modelo piloto a la producción correspondía al ingeniero; él afirmaba que se trataba de una decisión comercial. Si no hubiese retenido mi control Willie hubiese salido al mercado sujeto a apendicitis aguda de manera tan irritante como todos los demás artefactos para «ahorrar trabajo», enfermizos y a medio desarrollar.

Belle Darkin calmó la tormenta. Si hubiese presionado quizás hubiese permitido que Miles empezase a vender, pues yo estaba tan embobado con Belle como pueda llegar a estarlo cualquier hombre.

Belle no solamente era una perfecta secretaria y gerente de ofici­na, sino que tenía características personales que hubiesen deleitado a Praxiteles, y una fragancia que me afectaba de la misma manera que el olor a gata afecta a Pet. Con lo escasas que estaban las oficinistas de primer orden, cuando una de las mejores se prestaba a trabajar para una compañía de juguete, a un sueldo por debajo de lo corriente, realmente uno debía preguntarse «¿por qué?» Pero ni siquiera le preguntamos dónde había estado trabajando antes, tan contentos estábamos de que nos salvara de la inundación de papeles que había producido la puesta en el mercado de la Muchacha de Servicio.

Más tarde yo hubiese rechazado con indignación cualquier suge­rencia de investigar el pasado de Belle, pues para entonces las di­mensiones de su busto habían ya afectado seriamente mi juicio. Me permitió que le explicase lo solitaria que había sido mi vida hasta que había aparecido ella, y ella respondió con suavidad que tendría que conocerme mejor, pero que se sentía inclinada a pensar lo mismo.

Poco después de haber suavizado la disputa entre Miles y yo, consintió en compartir mis fortunas:

-Dan, querido, tienes lo necesario para llegar a ser un gran hombre… y creo que yo soy el tipo de mujer que puede ayudarte a serlo.

-¡Desde luego que lo eres!

-¡Calla, querido! Pero no voy a casarme contigo precisamente ahora y cargarte de chiquillos y crearte toda clase de preocupacio­nes. Primero voy a trabajar contigo y a establecer el negocio. Luego nos casaremos.

Yo objeté, pero se mostró firme:

-No, querido. Tú y yo iremos muy lejos. La Muchacha de Servicio será un nombre tan grande como General Electric. Pero cuando me case quiero olvidarme de los negocios y dedicarme ex­clusivamente a hacerte feliz, y primero tengo que dedicarme a tu bienestar y tu futuro. Ten confianza en mí, amor mío.

La tuve. No permitió que le comprase el costoso anillo de pro­metida que quería comprarle; en lugar de ello le transferí parte de mis acciones personales como regalo de compromiso. Continué vo­tando por ellas, naturalmente. Cuando pienso en aquello, no estoy seguro de quién fue el que pensó en tal regalo.

Después de aquello trabajé aún más que antes, pensando en papeleras que se vaciarían solas, y en un artefacto para guardar los platos en su sitio después de terminar el lavado. Todo el mundo se sentía feliz… Es decir, todo el mundo menos Pet y Ricky. Pet no hacía caso de Belle, lo mismo que de cualquier otra cosa que no le gustaba y que no podía alterar, pero Ricky se sentía verdaderamente desgraciada.

La culpa era mía. Ricky había sido «mi chica» desde que tenía seis años, allá en Sandia, con sus lazos en el cabello y sus grandes ojos solemnes. Yo iba a «casarme con ella» cuando fuese mayor, y los dos juntos cuidaríamos de Pet. Yo me figuraba que estábamos jugando y quizá si fuese un juego, y que Ricky solamente lo tomaba en serio por lo que se refería a su eventual plena custodia de nuestro gato. Pero ¿quien puede saber lo que pasa por la cabeza de un niño?

No Soy un sentimental con los niños. La mayor parte son como monstruos que no se civilizan hasta que crecen, y a veces ni entonces.

Pero la pequeña Federica me recordaba a mi propia hermana a aquella edad y, además, quería a Pet y lo trataba bien. Creo que yo le gustaba porque nunca le hablaba solemnemente (cuando yo era pequeño me molestaba que lo hicieran conmigo) y además me toma­ba en serio sus actividades de Exploradora. No podía uno quejarse de Ricky; era de una reposada dignidad y ni alborotaba, ni chillaba, ni se subía las faldas. Eramos amigos, compartiendo la responsabi­lidad de Pet y por lo que a mí se refería, aquello de ser «mi chica» no era sino un juego algo mundano.

Dejé de jugarlo el día que mi hermana y mi madre murieron en un bombardeo. No fue una decisión consciente, sencillamente no me sentía con ganas de bromas y nunca lo volví a empezar. Ricky tenía entonces siete años; tenía diez cuando Belle se nos unió, y probablemente unos once cuando Belle y yo nos prometimos, odia­ba a Belle con una intensidad de la que creo que solamente yo me daba cuenta, puesto que sólo se manifestaba en una falta de ganas de hablarle -Belle le llamaba «timidez», y creo que Miles también lo creía así.

Pero yo sabia la verdad y traté de hacer variar de actitud a Ricky. ¿Han tratado ustedes alguna vez de hablar con un subado­lescente de algo de lo cual el niño no quiere hablar? Les será más satisfactorio gritar en el Cañón de los Ecos. Yo me decía que aquello pasaría cuando Ricky se diese cuenta de lo adorable que era Belle.

Pet era otra cosa, y si no hubiese estado enamorado lo hubiese interpretado como una señal clara de que Belle y yo no nos enten­deríamos nunca. A Belle «le gustaba» mi gato. ¡Oh! ¡Desde luego, desde luego! Adoraba a los gatos y le encantaba mi incipiente calva y admiraba mi elección de restaurantes, y le gustaba todo lo que tenía que ver conmigo.

Pero el gusto por los gatos es algo difícil de asimilar frente a una persona aficionada a ellos. Hay gentes de gatos, y hay otros, pro­bablemente más que una mayoría, que «no pueden soportar un gato inofensivo y necesario». Si lo intentan sea por cortesía o por cual­quier otra razón, se nota porque no comprenden cómo se debe tratar a los gatos; y el protocolo de los gatos es más rígido que el de la diplomacia.

Se basa en el respeto de sí mismo y en el mutuo respeto, y tiene el mismo matiz que la «dignidad del hombre», que solamente puede ofenderse a riesgo de la vida.

Los gatos no tienen sentido del humor, sus egos son terriblemen­te hinchados, y son muy susceptibles. Si alguien me preguntase por qué valía la pena que nadie perdiese el tiempo ocupándose de ellos, me vería forzado a responder que no hay ninguna razón lógica. Preferiría explicar a alguien a quien no gusten los quesos fermenta­dos por qué «debería gustarle» el Limburger. No obstante, simpati­zo con aquel mandarín que se cortó una manga llena de inestima­bles bordados porque sobre ella estaba durmiendo un gatito.

Belle intentaba demostrar que Pet «le gustaba» tratándolo como si fuese un perro…, de modo que recibió un arañazo. Luego, como era un gato razonable, se fue, y no volvió en mucho tiempo; y fue mejor así, pues le hubiese pegado, y a Pet yo no le he pegado nunca. Pegar a un gato es peor que inútil, la única manera de disciplinar a un gato es por medio de paciencia, nunca a fuerza de golpes.

De modo que puse yodo en las heridas de Belle, y luego traté de explicarle en qué se había equivocado.

-Siento que haya ocurrido, ¡lo siento muchísimo! Pero volverá a suceder si vuelves a hacer aquello.

-¡Pero si solamente le estaba acariciando!

-Pues, sí… pero no le acariciabas como a un gato, sino como a un perro. No debes nunca dar palmaditas a un gato, sino pasarle la mano por encima. No debes hacer movimientos repentinos cuando estés al alcance de sus garras. No debes nunca tocarle sin darle la oportunidad de que vea lo que estás haciendo… y tienes siempre que procurar que sea algo que le guste. Si no tiene ganas de que le acaricien, lo soportará un poco por cortesía, pues los gatos son muy corteses, pero es posible darse cuenta de que lo está sencillamente soportando, y hay que pararse antes de que se acabe la paciencia.

-Vacilé un momento-. ¿No te gustan los gatos, verdad?

-¿Cómo? ¡Pues claro que sí, qué tontería! -Pero añadió-: La verdad es que no los he tratado mucho. Es una gata muy suscepti­ble, ¿verdad?

-Gato. Pet es un gato macho. No, la verdad es que no es susceptible, puesto que siempre ha sido bien tratado. Pero tienes que aprender a tratarlos. Ah, no tienes nunca que reírte de ellos.

-¿Cómo? ¿Qué razón puede haber?

-No es porque no sean divertidos; son muy cómicos. Pero no tienen sentido del humor y les ofende. Oh, un gato no te arañará porque te rías; lo único que hará es marcharse y te será difícil volver a hacerte amigo de él. No es que eso sea importante. Mucho más importante es saber cómo se tiene que levantar a un gato. Cuando Pet vuelva te enseñaré cómo debe hacerse.

Pero Pet no volvió entonces, y nunca se lo enseñé. Belle no volvió a tocarlo después de aquello. Le hablaba y se portaba como si le gustase, pero se mantenía a distancia, y lo mismo hacía Pet. Me olvidé de ello; no iba a permitir que una cosa tan trivial me hiciese dudar de la mujer que para mí representaba más que ninguna otra cosa en la vida.

Pero la cuestión de Pet casi llegó a tina crisis algo más tarde. Belle y yo estábamos discutiendo dónde íbamos a vivir. Todavía no quería fijar el día de la boda, pero pasábamos mucho tiempo con esos detalles. Yo quería un pequeño rancho cerca de la planta; ella prefería un piso en la ciudad hasta que pudiésemos permitirnos una finca en Bel-Air.

-Querida -le dije-, no es práctico; tengo que estar cerca de la planta. Y además, ¿se te ha ocurrido a ti alguna vez cuidar de un gato macho en un piso?

-¡Oh, eso! Mira, cariño, me alegro de que lo hayas menciona­do. He estado estudiando gatos, de verdad… liaremos que lo mo­difiquen; entonces será mucho más afectuoso y estará feliz en un piso.

La miré fijamente, incapaz de creer mis oídos. ¿Convertir al viejo guerrero en un eunuco? ¿Transformarle en una decoración hogareña?

-Belle, no sabes lo que estás diciendo…

Me reprendió con el familiar «Mamá tiene razón», utilizando los argumentos corrientes de la gente que cree que los gatos son una propiedad…, que no le harían daño, que en realidad era por su propio bien, que sabía lo mucho que yo le apreciaba y que nunca se le ocurriría privarme de él, y que era en realidad algo muy sencillo e inofensivo, y lo mejor para todos.

La interrumpí:

~Y por qué no lo organizas para los dos?

-¿El qué, cariño?

-Yo también. Sería mucho más dócil y me quedaría por las noches en casa, y nunca discutiría contigo. Corno tú has dicho, no hace daño, y me sentiría probablemente mucho más feliz.

Se sofocó.

-Te pones absurdo.

-Lo mismo que tú.

No volvió nunca más a hablar de ello. Belle nunca dejaba que una diferencia de opinión degenerase en una pelea; se callaba y esperaba su momento. Pero tampoco lo dejaba nunca correr. En cierto sentido había en ella mucho de gato…, y es posible que ésa fuese la razón por la cual yo no podía resistirla.

Me alegré de dejar correr el asunto. Estaba ocupado hasta la coronilla con Frank Flexible. Willie y la Muchacha de Servicio forzosamente nos iban a hacer ganar mucho dinero, pero yo tenía la obsesión de un autómata perfecto para todos los trabajos domés­ticos, un sirviente para todo. Está bien, llámenlo un robot, a pesar de que se abusa de esta palabra y de que yo no tenía intención de construir un hombre mecánico.

Lo que quería era un aparato que hiciese todo el trabajo de la casa: limpiar y guisar, naturalmente, pero al mismo tiempo también trabajos difíciles, como cambiar los pañales de un niño, o la cinta de una máquina de escribir. En lugar de tener una cuadra de Mu­chachas de Servicio Nani Niñeras, Harry Botones y Gus Jardinero quería que un matrimonio pudiese comprar una máquina por el precio de, bueno, digamos de un buen automóvil, la cual fuese el equivalente del sirviente chino sobre el que se leen historias, pero al cual nadie de mi generación había llegado a ver.

Si conseguía hacerlo, seria la Segunda Proclamación de Emanci­pación, que liberaría a las mujeres de su esclavitud atávica. Quería abolir el antiguo dicho de que «el trabajo de la mujer no se termina nunca». El trabajo doméstico es una pesadilla innecesaria y monó­tona; en mi capacidad de ingeniero me ofendía.

Para que el problema entrase dentro de las posibilidades de un solo ingeniero, casi todo el Frank Flexible tenía que consistir en partes standard y no debía incluir ningún principio nuevo. La inves­tigación fundamental no es trabajo para un solo hombre; tenía que ser un desarrollo de lo ya conocido, o no podía ser.

Afortunadamente había ya mucho hecho en ingeniería y yo no había perdido el tiempo mientras esperaba mi licencia «Q». Lo que requería no era tan complicado como lo que se espera que haga un proyectil dirigido.

¿Y qué era lo que quería que hiciese Frank Flexible? Respuesta: todo el trabajo que un ser humano hace por la casa. No tenía que jugar a las cartas, hacer el amor, comer, o dormir, pero sí tenía que limpiar después de una partida de cartas, guisar, hacer camas y cuidar de niños; por lo menos tenía que vigilar la respiración de un niño y llamar a alguien si se alteraba. Decidí que no tendría que contestar al teléfono, puesto que A.T.T. ya alquilaba un aparato que lo hacía. Tampoco era necesario que atendiese la puerta, ya que la mayor parte de las casas nuevas estaban provistas de contestadores.

Pero para que hiciese la multitud de cosas que yo quería que hiciese, necesitaba manos, ojos, oídos y un cerebro… un cerebro lo bastante bueno.

Las manos podía encargárselas a las compañías de equipos de ingeniería atómica que suministraban las de la Muchacha de Servi­cio, si bien en este caso iba a requerir las mejores, con servos de largo alcance y con el delicado retorno que se necesita para mani­pulaciones para pesar isótopos radiactivos. Las mismas compañías podían suministrar ojos; si bien podrían ser más sencillos, puesto que Frank no tendría que ver y manipular desde detrás de metros de espesor de una coraza de hormigón, como ocurre en las plantas de reactores.

Los oídos podía comprarlos a cualquiera de entre una docena de firmas de TV -si bien tendría probablemente que idear un diseño para controlar sus manos por sonido, vista, y retorno de tacto, de la misma manera que pueden ser controladas las manos humanas.

Pero con transistores y circuitos impresos es posible hacer mu­chas cosas.

Frank no tendría que usar escaleras de mano. Haría que su cuello se estirase como el de un avestruz y que sus brazos se alarga­sen como unas tenacillas. ¿Debería hacerlo de manera que pudiese subir y bajar escaleras?

Pues bien, había una silla de ruedas mecánica que podía hacerlo. Podría probablemente comprar una de ellas y utilizarla como arma­zón, limitando así el modelo piloto a un espacio no mayor que una silla de ruedas y no más pesado que lo que tal silla puede llevar. Eso me daría un juego de parámetros. Conectaría su potencia y su dirección con el cerebro de Frank.

El cerebro era la verdadera dificultad. Es posible construir un artefacto unido como un esqueleto humano o incluso mucho mejor. Es posible proporcionarle un sistema de retorno lo bastante bueno para que clave clavos, friegue suelos, rompa huevos -o no los rompa-. Pero a menos de que entre las orejas contenga una sus­tancia como la que tiene un hombre, no es hombre, ni tan sólo un cadáver.

Afortunadamente no necesitaba un cerebro humano: solamente quería un morón dócil, capaz principalmente de trabajos domésti­cos de repetición.

Aquí es donde entraban en juego las válvulas de memoria Thor­sen. Gracias a las válvulas Thorsen habíamos provisto de pensamien­to a los 1jroyectiles intercontinentales, y los sistemas de control de tránsito en sitios como Los Ángeles utilizan una de sus formas idiotas. No es necesario entrar en la teoría de una válvula electróni­ca que incluso los Laboratorios Bell no acaban de comprender bien, sino que la cuestión es que se puede conectar una válvula Thorsen a un circuito de control, hacer que la máquina efectúe una opera­ción por medio de control manual, y el tubo «recordará» lo que hizo y puede a su vez dirigir aquella operación sin vigilancia huma­na una segunda vez, o un número indefinido de veces. Para herra­mientas mecánicas automáticas basta con eso; para los proyectiles dirigidos y para Frank Flexible se añaden circuitos que dan «juicio» a la máquina. En realidad no se trata de juicio (yo opino que una máquina nunca puede tener juicio); el circuito lateral es un circuito especial cuyo programa dice: «busca tal y cual entre los límites tales y cuales; cuando lo encuentres ejecuta tus instrucciones básicas». La instrucción básica puede ser tan complicada como sea posible com­primir en una válvula de memoria Thorsen -¡limite que es en verdad muy amplio!- y se puede establecer el programa de tal manera que vuestros circuitos de «juicio» (que son en realidad conductores morónicos) pueden interrumpir las instrucciones bási­cas todas las veces que el ciclo no corresponda a lo originalmente impreso en la válvula Thorsen.

Eso significa que solamente es necesario hacer que Frank Flexi­ble quite la mesa, rasque los platos y los cargue en el lavaplatos solamente una vez, pues a partir de aquel momento se las podrá entender con cuantos platos sucios se encuentre. Mejor aún, se le podría meter en la cabeza una válvula Thorsen copiada electrónicamente y podría manipular platos sucios desde la primera vez que los tuviese a su alcance… sin nunca romper ni uno.

Póngase otra válvula «memorizada» a su lado y podrá cambiar de ropa a un bebé mojado desde la primera vez, sin nunca, nunca, clavarle un alfiler.

La cuadrada cabeza de Frank podía fácilmente contener un cen­tenar de válvulas de Thorsen, cada una de ellas con una «memoria» de una tarea doméstica diferente. Luego instalemos un circuito de protección alrededor de todos los circuitos de «juicio», circuito que le requiera que se esté quieto y pida ayuda Si se llega a encontrar con algo que no esté comprendido en sus instrucciones -de esta manera se evitará gastar bebés y platos.

Así fue que construí a Frank sobre la armazón de una silla de ruedas mecánica. Parecía un perchero haciendo el amor a un pulpo. ¡Pero hay que ver lo bien que limpiaba la plata!

Miles contempló al primer Frank, observó cómo preparaba un martini y lo servía, y luego iba dando vueltas vaciando ceniceros (sin tocar los que estaban limpios) vio cómo abría una ventana y la dejaba sujeta abierta, luego iba a mi librería y ordenaba los libros que en ella había. Miles probó su martini y dijo:

-Demasiado vermut.

-Es así como me gustan a mí. Pero podemos decirle que prepa­re el tuyo de una manera y el mío de otra; le quedan aún muchas válvulas en blanco. Es flexible.

Miles tomó otro sorbo:

-¿Cuándo estará a punto para entrar en producción?

-Pues me gustaría entretenerme con él otros diez años. -Y antes de que pudiese protestar añadí-: Pero quizá sea posible pro­ducir un modelo limitado antes de cinco.

-¡Tonterías! Te daremos toda la ayuda necesaria y tendremos a punto un Modelo T dentro de seis meses.

-Ni hablar. Ésta es mi magnus Opus. No voy a soltarla hasta que sea una obra de arte… aproximadamente un tercio de su tama­ño actual, y con todas sus partes sustituibles por sencillo enchufe, salvo los Thorsen, y tan flexible que no solamente pueda sacar a paseo el gato y lavar al crío, sino que incluso pueda jugar al ping­pong si el comprador está dispuesto a pagar el costo del programa extra.

Me quedé mirándole; Frank estaba tranquilamente sacando el polvo a mi mesa y dejando todos los papeles exactamente donde los había encontrado.

-Pero no sería muy divertido jugar al ping-pong con él; nunca fallaría. No; me figuro que podríamos enseñarle a fallar al azar. Sí… podríamos hacerlo. Y lo haremos. Será una buena exhibición para la venta.

-Un año, Dan, y ni un día más. Voy a tomar a alguien de Lowy para que te ayude.

-Miles, ¿cuándo vas a darte por enterado de que soy yo quien manda en la parte de ingeniería? Cuando te lo entregue, te pertene­ce…, pero ni una fracción de segundo antes.

Miles contestó:

-Aún le sobra mucho vermut.

Con la ayuda de los mecánicos del taller continué trabajando hasta que conseguí que Frank se pareciera menos a un triple choque de automóviles y m~ a algo de lo que uno se siente inclinado a alabar delante de los vecinos. Mientras tanto, fui resolviendo una serie de pegas de sus circuitos de control. Incluso le enseñé a acari­ciar a Pet y a rascarle bajo la barbilla de tal manera que a Pet le gustase, y pueden creer que eso es algo que requiere un retorno tan exacto como cualquier operación en un laboratorio de atomística. Miles no me apresuró, si bien venia de vez en cuando a observar los adelantos. Hacía de noche la mayor parte de mi trabajo, al volver después de cenar con Belle y de dejarla en su casa. Luego dormía la mayor parte del día, me retrasaba al llegar por la tarde, firmaba los papeles que Belle me tenía preparados, veía lo que habían hecho en el taller durante el día, volvía otra vez a sacar a Belle a cenar. No intentaba hacer gran cosa antes de eso, porque el trabajo de crea­ción le hace a uno oler como una cabra. Después de una noche de trabajo intenso en el laboratorio sólo Pet podía soportarme.

Un día, precisamente cuando acabábamos de cenar, Belle me dijo:

-¿Vuelves al taller, cariño?

-Desde luego; ¿por qué?

-Bien, porque Miles va a reunirse con nosotros allí.

-¿Cómo?

-Quiere celebrar una junta de accionistas.

-¿Una junta de accionistas? ¿Para qué?

-No será larga. La verdad es, cariño, que en estos últimos tiempos no te has preocupado mucho de la parte comercial de la compañía. Miles quiere atar algunos cabos sueltos y concretar cier­tas políticas.

-Me he dedicado intensamente a la ingeniería. ¿Qué otra cosa crees que tengo que hacer para la compañía?

-Nada, querido. Miles dice que no será largo.

-Pero ¿qué ocurre? ¿Es que Jack no es capaz de manejar la línea de montaje?

-Miles no dijo de qué se trataba.

Miles nos estaba esperando en la planta y me dio la mano como si no nos hubiésemos visto desde hacía un mes. Dije:

-¿Miles, de qué se trata?

-Trae el programa, ¿quieres? -le dijo a Belle.

Eso solo debería haber bastado para hacerme comprender que Belle había mentido al decirme que Miles no le había dicho de qué se trataba. Pero no se me ocurrió… Diablos, ¡me fiaba de Belle!… y mi atención fue requerida por otra cosa, pues Belle se dirigió a la caja, hizo girar el botón y la abrió.

Dije:

-Y de paso, cariño, anoche intenté abrirla, y no lo pude conse­guir. ¿Has cambiado la combinación?

Estaba manipulando papeles, y no se volvió:

-¿No te lo dije? La patrulla me pidió que la modificase, des­pués de aquella alarma de robos que hubo la semana pasada.

-Ah… Pues me tendrás que dar los números, o de lo contrario a lo mejor una de estas noches tendré que llamaros por teléfono a una hora absurda.

-Desde luego.

Cerró la caja y puso una carpeta sobre la mesa que utilizábamos para las conferencias.

Miles carraspeó:

-Empecemos.

-Está bien -contesté-. Querida, puesto que se trata de una reunión oficial, puedes empezar a tomar notas… Bueno… Miérco­les, dieciocho de diciembre, 21 horas veinte minutos, presentes to­dos los accionistas… Pon nuestros nombres. Bajo la presidencia de D. B. Davis, presidente del consejo de administración. ¿Queda al­gún asunto pendiente?

No quedaba ninguno.

-Bien, Miles; es cosa tuya. ¿Algún asunto nuevo?

Miles carraspeó:

-Deseo revisar la política de la compañía, presentar un progra­ma para el futuro, y hacer que el consejo considere una propuesta de financiación.

-¿Financiación? No digas tonterías. Tenemos excedente en efec­tivo, y cada mes nos va mejor. ¿Qué ocurre, Miles? ¿Es que no estás contento con lo que sacas? Podríamos aumentarlo.

-Con el nuevo programa pronto no nos quedaría efectivo so­brante. Necesitamos una estructura financiera más amplia.

-¿Qué nuevo programa?

-Por favor, Dan. Me he tomado el trabajo de escribirlo detalla­damente. Deja que Belle nos lo lea.

-Bueno… Está bien.

A semejanza de todos los abogados, a Miles le gustaban las palabras polisilábicas. Miles quería tres cosas: a) Quitarme Frank

Flexible, entregárselo a un equipo de ingenieros productores, y sa­carlo al mercado sin más demora; b)… Pero yo le interrumpí ahí:

-¡No!

-Espera un momento, Dan. Como presidente y gerente general tengo sin duda derecho a exponer ordenadamente mis ideas. ahórra­te tus comentarios y deja que Belle acabe de leer.

-Bueno… está bien; pero la respuesta sigue siendo que no.

El punto b) trataba en realidad de que dejásemos de ser una empresa de un caballo. Teníamos algo muy grande, tan grande como lo había sido el automóvil, y habíamos entrado en el asunto al principio; por lo tanto teníamos que ampliarnos en seguida y montar una organización para la venta y distribución en el país y en el extranjero, con una producción correspondiente.

Empecé a tamborilear sobre la mesa. Podía verme jefe de inge­nieros de una empresa semejante. Probablemente ni siquiera me dejarían tener un tablero de dibujo, y si agarraba una lámpara soldadora el sindicato se declararía en huelga. Tanto valdría que me hubiese quedado en el ejército y que hubiese intentado llegar a general.

Pero no interrumpí. El punto c) decía que no era posible hacer tal cosa a base de céntimos; se necesitarían millones. Empresas Mannix estaban dispuestas a aportar el capital, lo cual en realidad significaba que venderíamos cuerpo y alma y Frank Flexible a Man­nix, y que nos convertiríamos en una corporación afiliada. Miles se quedaría de gerente de división y yo como ingeniero jefe de investi­gaciones, pero los días de libertad habrían terminado: los dos esta­ríamos a sueldo.

-¿Es eso todo? -dije.

-Pues sí… Discutámoslo y pongámoslo a votación.

-Debería haber ahí algo que nos concediese el derecho a sentar­nos por la noche a la puerta de la cabaña y cantar canciones espirituales.

-No se trata de un chiste, Dan. Así tiene que ser.

-No me burlaba. Un esclavo necesita ciertas libertades para que esté tranquilo. Bueno, ¿me toca a mí, ahora?

-Di lo que quieras.

Hice una contrapropuesta, que hacía algún tiempo había ido formándose en mi cabeza. Quería que abandonásemos la produc­ción. Jake Smith, nuestro jefe del taller de producción, era una persona competente; no obstante, continuamente me tenía que ale­jar de mi cálido centro creador para resolver dificultades de producción, lo cual era algo así como ser sacado de un lecho caliente para ser sumergido en un baño helado. Esa era la verdadera razón por la cual había estado haciendo tanto trabajo nocturno y me había man­tenido alejado del taller durante el día. Ahora que estábamos mon­tando más edificios con excedentes de guerra, y se estaba pensando en un turno de noche, veía llegar el momento cuando me faltaría paz y tranquilidad para crear, aun cuando rechazásemos ese desa­gradable plan de ponernos a la altura de General Motors y de Consolidated. Desde luego, yo no era un par de gemelos, y no podía ser al mismo tiempo gerente de producción e inventor.

De modo que propuse que en vez de ampliarnos nos redujésemos: otorgar licencias para Muchacha de Servicio y Willie Ventanas, y dejar que otros los construyesen y los vendiesen, mientras nosotros cobrábamos nuestro porcentaje. Cuando Frank Flexible estuviese a punto también lo otorgaríamos bajo licencia. Si Mannix quería las licencias y pagaba más que los demás, ¡magnifico! Entre tanto adoptaríamos el nombre de Corporación de Investigaciones Davis y Gentry, y la mantendríamos limitada a nosotros tres, con un mecá­nico o dos para ayudarme con los nuevos modelos. Miles y Belle podrían limitarse a contar el dinero a medida que iba entrando.

Miles movió lentamente la cabeza:

-No, Dan. Admito que otorgar licencias nos produciría algo de dinero, pero no tanto, ni mucho menos, como ganaríamos si lo hiciésemos nosotros mismos.

-Pero Miles, la cuestión es que no lo haríamos nosotros. Sería vender nuestra alma a los de Mannix. En cuanto a dinero, ¿cuánto quieres? Solamente se puede utilizar un yate o nadar en una sola piscina en un momento dado… y antes de terminar el año puedes tener ambas cosas, si es que las quieres.

-No las quiero.

-Pues, ¿qué es lo que quieres?

Alzó la vista:

-Dan, tu quieres inventar cosas. Este plan te deja que lo hagas, con todas las facilidades y toda la ayuda y todo el dinero del mundo. Yo, lo que quiero es dirigir un gran negocio. Una empresa verdaderamente grande. Tengo talento para ello. -Lanzó una mi­rada a Belle-. No tengo ganas de pasarme aquí la vida en medio del Desierto de Mojave, como gerente comercial de un inventor solitario.

Me quedé mirándole:

-No hablabas así en Sandia. ¿Quieres salirte, Pappy? Belle y yo, lamentaremos mucho que te vayas… pero si eso es lo que deseas, supongo que podría hipotecar esto, o buscar alguna otra solución, y comprar tu parte. No quisiera que nadie se sintiese atado.

Yo estaba verdaderamente asombrado, pero si Miles se sentía inquieto, no tenía derecho a sujetarle.

-No, no quiero irme. Lo que quiero es que crezcamos. Ya has oído mi propuesta. ~s una propuesta en serio para decidir por parte de la corporación Así lo propongo

Me imagino que debí poner cara de asombro.

-¿Te empeñas en hacerlo en serio? Bueno, Belle, mi voto es «no». Anótalo. Pero no voy a presentar mi contrapropuesta esta noche. Quiero que te sientas contento, Miles.

Miles dijo con testarudez:

-Hagámoslo en regla. Llama por los nombres, Belle.

-Está bien, señor. Miles Gentry, vota por las acciones, núme­ros… -Leyó los números de las series-. ¿Qué dice usted?

-En favor.

Belle lo anotó en el libro.

-Daniel D. Davis, vota por las acciones… -Nuevamente leyó una serie (le números; ni siquiera la escuché-. ¿Qué dice usted?

-En contra.

Y esto cierra la cuestión. Lo siento, Miles.

-Belle S. Darkin  prosiguió-, vota por las acciones… Y vol­vió a recitar números-. Voto en favor.

La boca se me abrió de golpe; luego conseguí cerrarla y decir:

-Pcro, chiquilla, ¡no puedes hacer eso! Es verdad que esas acciones son tuyas, pero sabes perfectamente que…

-Anuncia el resultado- gruñó Miles.

-Los votos en favor ganan. La propuesta es aceptada.

– Hágalo constar.

– Sí, señor.

Los siguientes minutos fueron confusos. Primero le grité; lue­go razoné con ella, después rugí que lo que había hecho no era decente… que era cierto que le había puesto las acciones a su nombre, pero ella sabía también como yo que era siempre yo el que votaba, que nunca había tenido intención de abandonar el control de la compañía, que no era sino un regalo de compromiso, pura y sencillamente. Diablos, si hasta había pagado el impuesto a la renta el mes de abril anterior. Si era capaz de hacer una cosa así cuando estábamos prometidos, ¿qué iba a ocurrir en nuestro matri­monio?

Me miró de frente, y su cara me pareció completamente des­conocida:

-Dan Davis, si después de lo que me has dicho te figuras que podemos seguir estando prometidos, es que aún eres más estúpido de lo que siempre había supuesto.

-Se volvió hacia Gentry-. ¿Querrás acompañarme a casa, Miles?

-Sin duda, cariño.

Comencé a decir algo, luego me callé y salí de allí sin sombrero. Hice bien en marcharme, pues de lo contrario hubiera probablemen­te matado a Miles, puesto que no podía tocar a Belle.

Naturalmente, no dormí. A eso de las cuatro de la madrugada me levanté, hice llamadas telefónicas, accedí a pagar más de lo que valía, y a las cinco y media estaba delante de la planta con un camión. Me dirigí a la verja de entrada con la intención de abrirla y de hacer entrar el camión hasta el andén de carga, a fin de poder sacar a Frank Flexible por la puerta trasera: Frank pesaba ciento ochenta kilos.

En la verja de entrada había un nuevo candado. Pasé por enci­ma, cortándome con el alambre de espinos. Una vez estuviese den­tro, la verja no me molestaría, ya que en el taller había cien herra­mientas capaces de entendérselas con un candado.

Pero la cerradura de la puerta delantera también había sido cambiada.

Estaba contemplándola, pensando si sería más fácil romper una ventana con uno de los hierros para los neumáticos o bien sacar el crick del camión y meterlo entre el marco de la puerta y el plomo, cuando alguien gritó:

¡Eh, ahí! ¡Manos arriba!

No levanté las manos, pero sí me volví. Un hombre de mediana edad me estaba apuntando con un armatoste lo bastante grande para bombardear una ciudad:

-¿Quién diablos es usted?

-¿Y usted, quién es?

-Soy Dan Davis, ingeniero jefe de este lugar.

-¡Ah! -se tranquilizó un poco, pero siguió apuntándome con su mortero de campaña-. Si, responde usted a la descripción. Pero si lleva usted algo que le identifique, valdrá más que me lo enseñe.

-¿Y por qué? Le he preguntado quién es usted.

-¿Yo? No soy nadie a quien usted conozca. Me llamo Joe Todd, y trabajo para la Compañía de Protección y Patrulla del Desierto. Licencia particular. Debería usted saber quiénes somos; ustedes han sido clientes nuestros desde hace meses, para la patrulla de noche. Pero esta noche estoy aquí cumpliendo un servicio de guardia especial.

-¿De veras? Entonces, si le han dado a usted una llave de este lugar, utilícela. Quiero entrar. Y deje de una vez de apuntarme con ese arcabuz.

Siguió apuntándome con él:

-No podría hacer eso, aunque quisiera, señor Davis. En primer lugar, no tengo llave. En segundo lugar, me han dado órdenes especiales respecto a usted. No puedo dejarle entrar; le abriré la verja para que salga.

-Desde luego quiero que abra la verja, pero voy a entrar.

Miré alrededor en busca de una piedra con que romper una ventana.

-Por favor, señor Davis.

¿Qué?

-Lamentaría mucho que usted insistiese. De veras que lo senti­ría. Porque no podría arriesgarme a tirar a las piernas; no tengo buena puntería. Tendría que tirar a la barriga. Este trasto está cargado con balines de punta blanda; lo que sucedería seria bastante desagradable.

Supongo que fue eso lo que me hizo variar de opinión, a pesar de que me gustaría pensar que fue otra cosa, a saber, que cuando volví a mirar a través de la ventana vi que Frank Flexible no estaba donde le había dejado.

Mientras me abría la puerta de la verja para que saliese, Todd me entregó un sobre:

-Me dijeron que le entregase esto si aparecía usted por aquí. Lo leí en la cabina del camión. Decía:

18 noviembre, 1970

Querido señor Davis:

Durante la reunión ordinaria del consejo de dirección, celebrado en el día de hoy, se acordó por votación dar por terminadas todas sus relaciones con la corporación (apar­te su calidad de accionista), según lo previsto en el párrafo tercero de su contrato. Se le requiere para que se mantenga fuera del recinto de la compañía. Sus documentos personales y los artículos de su propiedad le serán enviados por medio seguro.

El consejo desea agradecerle a usted los servicios y lamenta que las diferencias de opinión en cuestiones de política le hayan obligado a la presente determinación.

Le saluda atentamente,

Miles Gentry

Presidente del Consejo y Gerente General, por B. S.  Darkin, Tesorero-Secretario.

 

Lo tuve que leer dos veces antes de recordar que con la corpora­ción nunca había tenido ningún contrato por el cual se pudiese invocar ni el párrafo tercero ni ningún otro párrafo.

Más tarde, aquel mismo día, un mensajero entregó un paquete certificado en el hotel donde guardaba mi ropa interior limpia. Contenía mi sombrero, mi pluma de escribir, mi otra regla de cálculo, una serie de libros y correspondencia personal, así como una serie de documentos. Pero no incluía mis notas y diseños sobre Frank Flexible.

Algunos de los documentos eran muy interesantes; mi «contra­to», por ejemplo. Efectivamente, el párrafo tercero permitía que me despidiesen sin previo aviso, con solamente entregarme tres meses de sueldo. Pero el párrafo siete era aún más interesante. Era el último grado de la sumisión a la esclavitud, en virtud de la cual el empleado se compromete a no aceptar ninguna ocupación competi­tiva durante cinco años, a base de establecer que sus patronos le pagasen en efectivo la opción a sus servicios, corno derecho de tanteo a sus servicios; es decir, podía volver a ir a trabajar siempre que quisiese, sin más que ir, sombrero en mano, y pedirles un empleo a Miles y Belle; quizá fuese por eso que me devolvían el sombrero.

Pero durante cinco largos años no podía trabajar en artículos domésticos sin antes pedirles permiso. Antes me hubiese dejado degollar.

Había copias de todas las patentes, debidamente cedidas por mi a Muchacha de Servicio, Inc., referentes a la Muchacha de Servicio y Willie Ventanas y un par de cosas más de menor importancia. (Frank Flexible, corno es natural, no había sido nunca patentado: bueno, entonces no creía que lo hubiese sido; más tarde me enteré de la verdad).

Pero yo nunca había cedido ninguna patente, ni tan siquiera había cedido licencia oficial a Muchacha de Servicio Inc., para que las utilizase; la corporación era criatura mía, y no parecía que fuese necesario apresurarse mucho.

Los últimos tres documentos eran un certificado de mis acciones (las que no había dado a Belle), un cheque certificado y una carta que explicaba cada una de las partidas del cheque-salario «acumu­lado» menos desembolsos de la cuenta particular, tres meses de salario como plus en lugar de previo aviso, compensación para invocar el «párrafo séptimo»… y una bonificación de mil dólares para expresar su apreciación «por los servicios prestados». Esto último si que era amable de su parte.

Mientras estaba leyendo aquella extraordinaria colección me fui dando cuenta de que quizá no había sido demasiado inteligente al firmar todo lo que Belle me había puesto enfrente. No había duda alguna de que las firmas eran mías.

Me tranquilicé lo suficiente para hablar del asunto al día siguien­te con un abogado, un abogado muy inteligente y muy ansioso para ganar dinero, uno a quien no le importaba patear, arañar ni morder en la lucha. Al principio se mostraba ansioso por aceptar a base de una comisión sobre las ganancias. Pero una vez hubo terminado de mirar mis papeles y de escuchar los detalles, se echó hacia atrás en un sillón, cruzó los dedos sobre su tripa y puso cara de mal humor.

-Dan, te voy a dar un consejo que no te va a costar nada.

-¿Y bien?

-No hagas nada; no tienes ninguna posibilidad.

-Pero dijiste…

-Ya sé lo que dije. Te han estafado. ¿Pero cómo vas a demos­trarlo? Fueron demasiado listos para robarte tus acciones o dejarte sin un céntimo. Te han tratado exactamente como hubiese sido razonable esperar si todo hubiese estado en regla y te hubieses marchado, o te hubiesen despedido según ellos dicen por diferencias de opinión en la política. Te han dado todo lo que te correspondía y un millar más para demostrar que no te guardan rencor.

– ¡ Pero yo nunca tuve un contrato! ¡ Y nunca firmé aquellas patentes!

-Estos documentos así lo dicen. Admites que son tus firmas. ¿Puedes probar lo que dices por otros testigos?

Lo pensé. Evidentemente, no. Ni siquiera Jake Smith sabía nada de lo que ocurría en la oficina de delante. Los únicos testigos que tenía eran… Miles y Belle.

-Y sobre la cesión de aquellas acciones -prosiguió-, ahí está la única posibilidad de deshacer el atasco. Si tú…

-Pero ésa es la única transacción entre todas que es legítima. L hice donación de las acciones a ella.

-Sí, pero, ¿por qué? Dices que se las diste como regalo de compromiso en espera de matrimonio, y que ella lo sabía cuando  aceptó, puedes obligarla a que se case contigo o a que las devuelva McNulty c. Rhodes. Entonces volverás a recuperar el control podrás echarles a ellos. ¿Puedes probarlo?

-La cuestión es que no me casaría con ella ahora.

-Eso es cuestión tuya. Pero vayamos por partes. ¿Tienes algo testigo o evidencia, cartas o lo que sea, que tiendan a demostrar que las aceptó, entendiendo que se las cedías en su calidad de futura esposa?

Lo pensé. Sin duda, tenía testigos… los mismos dos de siempre< Miles y Belle…

-¿Lo ves? Sin otra cosa más que tu palabra frente a la de ello dos, más un montón de evidencia escrita no solamente no sacaría nada, si no que quizás acabases en una fábrica de Napoleones bajo< un diagnóstico de paranoia Mi consejo es que te busques trabajo en algo diferente… o todo lo más que sigas adelante y te saltes si contrato de esclavitud montando un negocio en competencia. M gustaría ver aquella fraseología en prueba, siempre que no fuese y( quien tuviese que luchar contra ella. Pero no les acuses de conspiración. Ganarían ellos y se acabarían por quedar con lo que te han dejado. -Y se levantó.

Solamente acepté parte de su consejo. En la planta baja de mismo edificio había un bar: entré y tomé un par de copas o una docena…

Tuve el tiempo preciso para ir recordando todo eso mientras conducía el coche en busca de Miles. Cuando e1npezamos a gana dinero, él se había ido con Ricky a un bonito apartamento de Sal Francisco Valley para escapar del calor atroz de Mojave, y había comenzado a ir y venir por el Slot de las Fuerzas Aéreas. Ricky no estaba entonces allí, y me alegraba recordar que estaba en el Lago Big Bear, en un campamento de Exploradoras; no tenía ganas de que estuviera presente en una bronca entre su padrastro y yo.

Estaba en medio de una masa de coches, cruzando el túnel de Sepúlveda, cuando se me ocurrió que valdría más que me sacase de encima el certificado de mis acciones de Muchacha de Servicio antes de ir a ver a Miles. No esperaba violencia (a menos que yo lo iniciase), pero de todos modos parecía una buena idea… Como un gato a quien le han cogido una vez el rabo en la puerta, me sentía permanentemente suspicaz.

¿Dejarlo en el coche? Supongamos que me detenían por agresión; no sería muy inteligente que me lo encontrasen en el coche cuando se lo llevasen a remolque y lo sellasen.

Podía dirigírmelo a mí mismo por correo, pero en los últimos tiempos había hecho’ dirigir mi correspondencia a Lista de Correos, mientras iba de un hotel a otro, con tanta frecuencia como descu­brían que tenía un gato.

Más valdría que se lo dirigiese a alguien en quien pudiese confiar.

Pero la lista era para eso cortísima.

Y entonces recordé a alguien en quien sí podía confiar: Ricky.

Puede parecer que mi deseo era que me apaleasen de nuevo al decidirme a confiar en una hembra después de haber sido despluma­do por otra. Pero los casos no eran comparables. Había conocido a Ricky a la mitad de su vida y si es que alguna vez ha existido un ser humano verdaderamente honrado, éste era Ricky… Y Pet era de la misma opinión. Además, las características de Ricky no eran como para perturbar el juicio de nadie: su feminidad estaba solamente en su cara, no había aún afectado a su figura.

Cuando conseguí salir del atasco del túnel de Sepúlveda me apar­té de la carretera principal y me metí en un drugstore; compré sellos, un sobre grande y uno pequeño, y papel de escribir. Y le escribí:

Querida Rikki-tikki-tavi:

Espero verte pronto, pero hasta entonces, quiero que me guardes este pequeño sobre. Es un secreto, solamente entre tú y yo.

Me detuve y pensé. Diablos… si algo me ocurría a mi, aunque solamente fuese un accidente de carretera o cualquier otra cosa que paralice la respiración… mientras Ricky tenía eso en su poder, acabaría por ir a parar a Miles y Belle. A menos de que dispusiese las cosas para evitarlo. Mientras estaba pensando en ello me di cuenta de que había llegado subconscientemente a una decisión respecto a aquello del sueño frío; no lo iba a tomar. El volver a estar sobrio, y el discurso del doctor, me había enderezado la co­lumna vertebral; no iba a escaparme, sino que me iba a quedar y pelear, y el certificado de mis acciones era mi mejor arma. Me daba el derecho de examinar los libros: me autorizaba a meter las narices en todos los asuntos de la compañía. Si intentaban otra vez sencillamente negarme la entrada por medio de un vigilante armado podía volver con un abogado, un policía y una orden del juzgado.

Con aquello podía también llevarles al juzgado. Es posible que no ganase, pero podía armar revuelo y quizá conseguir que los de Mannix se asustasen y no comprasen. Quizá fuese mejor no enviárselo a Ricky.

No; si me ocurría algo quería que todo fuese para ella. Ricky y Pet eran toda mi «familia». Seguí escribiendo:

Si, por el motivo que fuera no te viese durante un año, deberás entender que algo me habrá ocurrido. En tal caso, cuida de Pet, si es que puedes encontrarle.. y, sin decir nada a nadie, lleva el sobre que te incluyo a una sucursal del Banco de América, entrégaselo al encargado de depósitos, y dile que lo abra.

Cariño y besos,

TÍO DANNY

Después cogí otra hoja de papel y escribí:

«3 Diciembre 1970, Los Angeles, California. -En pago de un dólar recibido y de otras diversas consideraciones de im­portancia, adjudico [ahí redacté una lista de la descripción legal y numeración de mis acciones de Muchacha de Servicio, Inc.] al Banco de América, en depósito para Federica Virginia Gentry, para que a su vez le sean adjudicadas a ella al cumplir los veintiún años»

Lo firmé. La intención quedaba clara, y era lo mejor que podía hacer sobre el mostrador de un drusgstore, con un altavoz que bramaba en mis oídos. Debía garantizar que Ricky recibiese las acciones si me ocurría algo a mí, asegurándome de que Miles y Belle no se las podrían arrebatar.

Pero, si todo iba bien, cuando volviera a ver a Ricky le pediría sencillamente que me devolviese el sobre. Al no utilizar el formula­rio para la adjudicación impreso al dorso del certificado, evitaba todos los trámites necesarios para que un menor de edad volviese a readjudicarme las acciones: me bastaría con destruir la hoja de papel separada.

En el sobre más pequeño puse el certificado de las acciones, junto con la nota que las adjudicaba. Lo cerré, y coloqué ese sobre y la carta para Ricky en el sobre mayor. Lo dirigí a Ricky, en el campamento de Exploradoras, le puse el sello y lo eché en el buzón del dragstore. Vi que sería recogido al cabo de unos cuarenta minu­tos y volví a subir al automóvil realmente aliviado… no porque hubiese puesto a salvo las acciones, sino porque había resuelto mis problemas más importantes.

Bueno, quizá no  los había resuelto, pero había decidido enfren­tarme a ellos en vez de escaparme y jugar a Rip Van Winkle… o de volverlos a disimular mediante etanol de diversos aromas. Claro que quería ver el año 2000, pero con estarme quieto lo vería… a la edad de sesenta años, lo bastante joven aún para guiñar el ojo a las muchachas. No había prisa. Saltar de una siesta al siglo siguiente probablemente tampoco sería satisfactorio para un hombre normal; seria algo así como ver el final de una película sin haber visto lo que ocurría antes. Lo que había que hacer con los próximos treinta años era disfrutarlos a medida que iban pasando. Así cuando llegara el año 2000 lo comprendería.

Entre tanto, me las iba a entender con Miles y Belle. Quizá no ganara, pero con seguridad les haría lamentar haber tomado parte en una pelea; como las veces en que Pet había vuelto a casa sangrando.

-¡Tendrías que ver al otro!

No esperaba gran cosa de la entrevista de aquella noche. Lo único que supondría era una declaración oficial de guerra. Tenía intención de estropearle el sueño a Miles…, y él podría telefonear a Belle y estropear el de ella.

 

3

 

Yo iba silbando cuando llegué a casa de Miles. Había dejado de preocuparme aquella preciosa pareja… En los últimos quince kilómetros había planeado de memoria un par de artefactos completa­mente nuevos, cada uno de los cuales podría hacerme rico. Uno consistía en una máquina de dibujar que podía ser accionada como una máquina de escribir. Calculé que por lo menos debía de haber cincuenta mil ingenieros inclinados sobre los tableros de dibujo en los Estados Unidos y que odiaban el trabajo porque afecta a los riñones y daña la vista. No se trata de que no les guste diseñar, que si les gusta, pero físicamente es un trabajo demasiado duro.

Aquel aparato les permitiría permanecer sentados en un sillón mientras apretaban pulsadores y veían cómo la imagen se iba formando sobre un tablero, encima de la máquina. Oprimirían tres palancas al mismo tiempo y aparecería una línea horizontal precisa mente allá donde la quisieran; oprimirían dos palancas y luego otras dos y se dibujaría una línea con la inclinación exacta.

Y, por una pequeña cantidad extra, podría proporcionar un segundo caballete, dejar que el arquitecto dibujara isométricamente (la única manera fácil de dibujar), y consiguiera que apareciese w segundo dibujo en perfecta perspectiva sin que tuviera necesidad de comprobar. Incluso podría disponer el artefacto de manera q~ levantase planos y elevaciones partiendo del isométrico.

Lo mejor de todo era que podía hacerse casi por completo me­diante piezas standard, la mayor parte de las cuales podían adqui­rirse en las tiendas de radio y de fotografía. Salvo, naturalmente, el tablero de control, el cual tenía la seguridad de que podía armarlo partiendo de una máquina de escribir eléctrica a la cual sacara las tripas y luego conectando las palancas para que hiciesen funcionar aquellos otros circuitos. Un mes para hacer el modelo original, seis semanas más para suprimir pegas…

Pero dejé de lado aquello relegándolo al fondo de mi memoria, pues tenía la seguridad de que podría hacerlo y de que habría un mercado para ello. Lo que verdaderamente me encantaba era haber ideado la manera de superar en flexibilidad al pobre Frank Flexible. Sabia más acerca de Frank de lo que ninguna otra persona pudiese llegar a averiguar, aunque lo estudiaran durante un año. Lo que no podrían saber, lo que ni siquiera mis notas indicaban, era que por cada elección que yo había hecho había por lo menos otra posibili­dad que también podría funcionar -y que mis elecciones habían sido restringidas por el hecho de que pensaba en él como sirviente doméstico. Para empezar, podía prescindir de la restricción de que tenía que vivir en el sillón de ruedas mecánico. Partiendo de ahí, podría hacer cualquier cosa, salvo que necesitaría los tubos de me­moria Thorsen, y Miles no podía impedirme usarlos; estaban en el mercado a disposición de cualquiera que quisiera diseñar una serie cibernética.

La máquina de diseñar podía esperar; me ocuparía del autómata para todo uso, capaz de ser programado para todo lo que un hom­bre es capaz de hacer, siempre y cuando no requiera verdadero discernimiento humano.

No; montaría primero la máquina de diseñar y la utilizaría para el proyecto de Pet Proteico.

-¿Qué te parece, Pet? Vamos a dar tu nombre al primer verda­dero robot del mundo.

~¿Mrrrarrr?

-No seas suspicaz. Es un honor. Partiendo de Frank podría diseñar a Pet completamente con mi máquina de dibujar, refinarlo de veras, y además deprisa. Sería un fenómeno, una amenaza diabólica que desplazaría a Frank antes incluso de que lo pusiesen en producción. Si tenía un poco de suerte les haría quebrar y ten­drían que venirme a pedir por favor que volviese a ellos. ¿Es que querían matar la gallina de los huevos de oro?

Había luces en casa de Miles y su auto estaba junto a la acera. Dejé el mío frente al suyo, y dije a Pet:

-Vale más que te quedes aquí, amigo, y protejas el coche. Grita «alto» tres veces y luego tira a matar.

-¡Nooooo!

-Si entras tendrás que quedarte en el saco.

-¿Perro?

-No discutas. Si quieres entrar métete en el maletín.

Pet se metió en el maletín.

Miles me hizo entrar. Ninguno de los dos ofreció la mano. Me condujo a la sala de estar y me indicó con la mano un sillón.

Belle estaba allí. No esperaba encontrarla, pero supongo que no debía haberme sorprendido. La miré y me reí.

-¡Qué casualidad encontrarte aquí! ¿No me digas que has veni­do desde Mojave solamente para tener el gusto de hablarme? ¡Ah! La verdad que soy una fiera cuando me meto con las chicas… tendríais que verme cuando me pongo los sombreros de las señoras en las fiestas de amigos…

Belle frunció el ceño.

-No te hagas el gracioso, Dan. Si tienes algo que decir, dilo y márchate.

-No te hagas el gracioso,

-No me apresures. Me encuentro cómodo aquí… Mi ex socio… Mi ex novia… Lo único que nos falta es mi antiguo negocio.

Miles dijo con ánimo tranquilizador:

-Mira, Dan, no te lo tomes así. Lo hicimos por tu propio bien… y puedes volver a trabajar con nosotros siempre que quiera Me alegraré de tenerte.

-¿Por mi propio bien? Es lo que le dijeron al ladrón de caballos cuando le ahorcaban. En cuanto a eso de volver… ¿qué tienes quieres decir, Belle? ¿Puedo volver?

Se mordió el labio.

-Si Miles lo dice, naturalmente.

-Parece que fue ayer cuando decías: «Si Dan lo dice, naturalmente. » Pero todo cambia; así es la vida. Y no voy a volver chiquillos; no tenéis por qué poneros nerviosos. Solamente he venido para averiguar algunas cosas.

Miles miró a Belle, que fue quien respondió:

-¿Como por ejemplo…?

-Pues, en primer lugar, ¿quién de vosotros dos ideó la estafa ¿O la proyectasteis los dos juntos?

-Esa palabra es muy fea, Dan -dijo Miles, lentamente-. No me gusta.

-Bueno, bueno. Vamos, no nos andemos con finuras. Si la palabra es fea, el hecho lo es diez veces más. Me refiero a los d falsificar un contrato de esclavo, falsificar adjudicaciones de patentes… Eso es un delito federal, Miles; creo que te dejan ver el sol l~ miércoles alternos. No estoy seguro, pero sin duda el FBI me podría informar. Mañana -añadí, viéndole que acusaba el golpe.

-Dan, ¿vas a ser lo suficiente necio para armar jaleo sobre todo esto?

-¿Jaleo? Pienso atacaros por todos los lados, por lo civil y por lo criminal. Estaréis tan ocupados que no tendréis tiempo ni de rascaros…, a menos de que aceptéis hacer una cosa. Pero no he citado aún vuestro tercer pecadillo: robo de mis notas y diseños de Frank Flexible… y el modelo a escala también, si bien podéis hacer me pagar por los materiales, puesto que se los cargué a la compañía.

-¿Robo…? ¡Tonterías! -interrumpió Belle-. Tú trabajabas para la compañía.

-¿De veras? La mayor parte del trabajo lo hice de noche. Y nunca fui un empleado, Belle, como bien sabéis los dos. Lo único que hice fue cobrar cantidades para ir viviendo, a cuenta de los beneficios obtenidos por mis acciones. ¿Qué dirán los de Mannix cuando presente una querella criminal, alegando que las cosas que les interesaba comprar, Muchacha de Servicio, Willie y Frank, nun­ca pertenecieron a la compañía, sino que me fueron robados?

Tonterías -repitió tenazmente Belle-. Trabajabas para la compañía. Tenias un contrato.

Me eché hacia atrás en el sillón y me reí.

-Mirad, chiquillos, no hace falta que mintáis ahora: podéis ahorrároslo para el juicio. Aquí no estamos más que nosotros. Lo que verdaderamente quisiera saber es esto: ¿quién lo ideó? Sé cómo se hizo. Belle, tú me4raías papeles para la firma. Cuando había que firmar más de una copia, juntabas las demás copias a la primera… Para comodidad mía, naturalmente: siempre has sido la perfecta secretaria. Y todo lo que veía de las copias de debajo era el lugar donde firmar. Ahora sé que me metiste algunas bromas entre aquellos papeles tan bien ordenados; de modo que sé que fuiste tú quien llevó a cabo la parte mecánica de la estafa. Miles no pudo haberlo hecho; Miles ni siquiera sabe escribir muy bien a máquina… Pero ¿quién redactó aquellos documentos que me hiciste firmar así? ¿Tú? No lo creo… a menos que hayas tenido una educación en leyes que nunca mencionaste. ¿Qué me dices, Miles? ¿Es que una sencilla mecanógrafa podría redactar aquella maravillosa cláusula siete de un modo tan perfecto? ¿O fue necesario un abogado? Me refiero a ti.

Hacia ya rato que el cigarrillo de Miles se había apagado. Se lo quitó de la boca, lo miró y dijo cautelosamente:

-Mi querido amigo Dan: si te figuras que puedes hacernos caer en la trampa de admitir algo, es que estás chiflado.

-Oh, ¡vamos!, estamos solos. Los dos sois culpables, sea como sea. Pero me gustaría creer que esta Dalila se dirigió a ti con el asunto ya terminado y a punto de entrega, y que luego te tentó en un momento de debilidad. Pero sé que no es cierto. A menos que Belle sea también un abogado, los dos andáis en ello, cómplices antes y después. Tú lo redactaste; ella lo escribió a máquina y me engañó para que lo firmase. ¿Cierto?

-¡No contestes, Miles!

-Claro que no voy a contestar -asintió Miles-. Quizás lleve una grabadora escondida en ese maletín.

-Debería haberla llevado -asentí-. Pero no la llevo. -Abrí la parte superior del maletín y Pet sacó la cabeza-. ¿Te vas enterando de todo, Pet? Cuidado con lo que decís, amigos. Pet tiene una memoria de elefante. No, no traje una grabadora… sigo siendo el tonto de Dan Davis, que nunca piensa por adelantado. Voy dando tropezones, fiándome de mis amigos… como me fié de vosotros dos. ¿Es Belle un abogado, Miles? ¿O fuiste tú mismo quien se sentó a sangre fría y planeó la manera de acogotarme y robarme hacer que todo pareciese legal?

-¡Miles! -intervino Belle-. Con lo hábil que es, puede haber hecho una grabadora del tamaño de un paquete de cigarrillos. Quizá no la lleve en el maletín, sino encima.

-Excelente idea, Belle. La próxima vez traeré una conmigo

-Me doy perfecta cuenta de ello, querida -respondió Miles-Y, si la lleva, estás hablando demasiado. Ten cuidado con lo q~ dices.

Belle respondió con una palabra que ignoraba que usase. Levanté las cejas:

-¿Os ladráis el uno al otro? ¿Los ladrones se pelean y~

La paciencia de Miles se iba agotando, de lo cual me alegra,

-Cuidado con lo que dices, Dan… -amenazó-, si es que quieres conservar la salud.

-Eh, eh… Soy más joven que tú, y he pasado mi curso de judo más recientemente que tú. Además, tú no pegarías un tiro a u hombre; lo que harías sería enredarle con algún documento falso:

Dije «ladrones» y quiero decir «ladrones». Ladrones y embustero< los dos. -Me volví hacia Belle-: Mi padre me enseñó a no llamar nunca embustera a una señora, cara de bombón, pero tú no eres una señora… Eres una ladrona… y una vagabunda.

Belle se sofocó y me lanzó una mirada en la que se desvaneció< toda su belleza dejando al descubierto todo lo que en ella había de un animal de presa:

-¡Miles! -dijo con voz aguda-. ¿Vas a quedarte ahí sentado y permitir…?

-¡Estate quieta! -ordenó Miles-. Su grosería es deliberada, Quiere que nos excitemos y digamos cosas de las que después tengamos que arrepentimos. Y eso es lo que ya casi estás haciendo. de modo que, estate quieta.

Belle se calló, pero su cara siguió manteniendo su expresión feroz. Miles se volvió hacia mí.

-Dan, me figuro que soy siempre persona práctica. Intenté hacerte ver las cosas claras antes de que te marchases de la compañía. Al hacer el arreglo traté que fuera de tal manera que tomases k inevitable con elegancia.

-Quieres decir que me dejase violar sin protesta.

-Como quieras. Todavía deseo llegar a un arreglo amistoso. No te sería posible ganar ninguna clase de proceso legal, pero como abogado sé que siempre vale más evitarlo que ganar, si es posible.

Dijiste hace un momento que había una cosa que yo podía hacer y que te satisfaría. Dime de qué se trata; quizá podamos entendernos.

-Oh… iba a hablar de eso. Tú no puedes hacerlo, pero quizá te sea posible arreglarlo. Es sencillo. Haz que Belle me vuelva a adju­dicar las acciones que le transferí como regalo de compromiso.

-¡No! -dijo Belle.

-Te he dicho que te calles -ordenó Miles.

Yo miré a Belle y dije:

-¿Y por qué no, mi ex querida? He pedido consejo sobre este punto, según decís los abogados, y, puesto que fueron entregadas en consideración del hecho de que prometiste casarte conmigo, tie­nes la obligación no solamente moral sino también legal de devol­verlas. No fue una «dádiva libre», según creo que se dice, sino algo entregado en virtud de algo que esperaba, y que habíamos acorda­do, pero que nunca recibí, a saber, tu relativamente encantadora persona. De manera que, ¿qué me dices de aflojar la pasta? ¿O es que has cambiado nuevamente de opinión y estás dispuesta a casarte conmigo?

Me respondió exactamente dónde y cómo podía esperar casarme con ella.

Miles dijo entonces con aire de cansancio:

-Belle, no haces sino empeorar las cosas. ¿No comprendes que está tratando de enfurecernos? -Se volvió hacia mí-: Dan, si eso es para lo que has venido, vale más que te vayas. Si las cosas hubiesen sido como dices, tendrías cierta razón. Pero no fueron así. Adjudicaste esas acciones a Belle por valor recibido.

-¿Cómo? ¿Qué valor? ¿Dónde está el cheque que lo pruebe?

-No es necesario que mediara un cheque. Fue por servicios a la compañía, más allá de su obligación.

Me quedé mirándole:

-¡Vaya maravilla! Mira, Miles, amigo mío, si fue por servicios a la compañía, y no a mi personalmente, entonces tú debes haber estado enterado de ello, y debiste haberte precipitado a pagarle la misma cantidad… Al fin y al cabo nos dividíamos los beneficios por la mitad, incluso si hubiese… o si me hubiese figurado que había conservado el control. ¡No me digas que diste a Belle un paquete de acciones del mismo tamaño!

Entonces vi cómo se miraban el uno al otro, y tuve una repentina inspiración:

-¡Quizá sí se lo diste! Apostaría a que fue mi encanto quien te obligó a hacerlo, o de lo contrario no hubiese jugado. ¿Es eso cierto? De ser así, ya puedes tener la seguridad de que registró transferencia inmediatamente… y las fechas demostrarán que transferí mis acciones precisamente en la fecha en que nos prometimos. ¡Diablos, si hasta apareció la noticia del compromiso en Desert Heraid! Mientras, tú le transferías tus acciones para q~ hiciese la jugada y me dejase plantado. ¡Y de todo esto había constancia! Quizá sí que un juez me crea, ¿verdad Miles? ¿Qué parece?

¡Los había deshecho! ¡Los había deshecho! Por la expresión d sus caras me di cuenta de que por casualidad había ido a dar con 1 única circunstancia que no podrían nunca explicar, y que yo n debía haber sabido nunca. Seguí arremetiendo… y volví a dar en blanco al azar. ¿Al azar? No; pura lógica.

-¿Y cuántas acciones, Belle? ¿Tanto como me sacaste a Sencillamente por haberte «prometido»? Hiciste más por él, así que has debido sacarle más. -Me detuve de repente-. La verdad ~ que me pareció raro que Belle hubiese venido desde tan lejos sola mente para hablarme, teniendo en cuenta lo que le molestaba viaje. Quizá no has venido desde tan lejos; quizá ya estabas aquí ¿Es que estáis ya juntos? ¿O debería quizá decir «prometidos»? C ¿estáis ya casados? -Lo pensé-. Apostaría a que lo estáis, Miles. No eres tan iluso como yo; me apostaría hasta la última camisa que nunca, nunca le habrías adjudicado acciones a Belle solamente bajo promesa de matrimonio. Pero es posible que lo hicieses como regalo de boda, siempre y cuando recuperases el control de votos No te molestes en contestar; mañana empezaré a desenterrar lo hechos. También deben constar.

Miles miró a Belle y dijo:

-No pierdas el tiempo. Te presento a la señora Gentry.

-¿De veras? Os felicito a los dos. Os merecéis el uno al otro. ~ ahora, volvamos a lo de mis acciones. Puesto que la señora Gentry evidentemente no se puede casar conmigo…

-No seas necio, Dan. Ya he refutado tu ridícula teoría. ~ cierto que transferí ciertas acciones a Belle, de la misma manera q~ lo hiciste tú. Y por la misma razón: servicios a la compañía. Como tú mismo dices, estas cosas constan. Belle y yo nos casamos haa sólo una semana… pero encontrarás que las acciones fueron registradas a su nombre hace ya bastante tiempo, si es que te tomas l~ molestia de investigarlo. No puedes establecer relación entre las dos cosas. No; recibió acciones de los dos por su gran servicio a la compañía. Luego, después de que la hubieses abandonado y de que hubiese dejado el empleo en la compañía, nos casamos.

Aquello era un contratiempo. Miles era demasiado inteligente para decir una mentira que pudiera ser comprobada tan fácilmente. Pero había algo en ello que no era cierto, algo más de lo que ya había descubierto.

-¿Cuándo y dónde os casasteis?

-En el juzgado de Santa Bárbara, el jueves pasado. Y no es cosa que te importe.

-Quizá no. ¿Cuándo transferiste las acciones?

-No lo sé exactamente. Búscalo, si es que quieres saberlo.

La verdad era que no parecía posible que hubiese entregado acciones a Belle antes de haberla comprometido. Ese fue el farol que me tiré: no encajaba en su carácter:

-Se me ocurre una cosa, Miles. Si encargase el trabajo a un detective, ¿no encontraría quizá que vosotros dos os casasteis en otra ocasión algo antes que esta última? ¿Quizá en Yuma? ¿O en Las Vegas? ¿O a lo mejor os encontrasteis en Reno aquella vez que los dos fuisteis hacia el norte para aquel asunto de impuestos? Quién sabe si consta un matrimonio así, y podría ser que la fecha de la transferencia de las acciones y las fechas en que mis patentes fueron adjudicadas a la compañía formasen una bonita combina­ción de números. ¿Verdad?

Miles no se hundió: ni siquiera miró a Belle. En cuanto a Belle, el odio reflejado en su cara no podía haber ido en aumento siquiera con una certera puñalada a ciegas. No obstante, aquello parecía encajar en los hechos, y decidí continuar jugando fuerte hasta el final.

-Dan, he tenido paciencia contigo -dijo Miles, sencillamente-; he tratado de mostrarme conciliatorio, y lo único que he conseguido son insultos. De manera que me parece que ya es hora de que te vayas. De lo contrario, voy a echarte… ¡a ti y a tu piojoso gato!

-¡Olé! -contesté-. Es la primera nota de hombría que has cantado esta noche. Pero no llames «piojoso» a Pet. Entiende lo que dices, y a lo mejor te arranca un bocado. Está bien, ex compa­ñero, me marcharé… pero quisiera hacer un pequeño discurso de despedida, muy corto. Probablemente será la última palabra que nunca te dirija. ¿De acuerdo?

-Bueno… está bien. Que sea corto.

-Miles, quiero hablarte -se apresuró a decir Belle.

Él le hizo un gesto sin mirarla, indicándole que estuviese quieta.

-Empieza, y sé breve.

-Probablemente no te gustará oir esto, Belle. Propongo que vayas – dije, volviéndome hacia ella.

Naturalmente, se quedó. Yo había querido tener la seguridad que se iba a quedar. Volví a mirarle a él:

-Miles, no estoy demasiado furioso contigo. Lo que un hombre puede llegar a hacer por una ladrona, no tiene límites. Si Sansón Marco Antonio fueron vulnerables, ¿qué derecho tengo a suponer que tú ibas a resultar inmune? En realidad, en lugar de estar dado debería agradecértelo. Y me figuro que, hasta cierto punto, estoy. Desde luego lo siento por ti. -Miré entonces hacia Belle. Ahora ya es tuya, y es problema tuyo… y todo lo que me costado es algo de dinero y, temporalmente, mi tranquilidad. ¿Pe. cuánto te costará a ti? Me engañó, incluso consiguió persuadirte a ti, amigo en quien confiaba, para que me engañases… ¿C empezará a aliarse con algún otro y comenzará a engañarte ¿La semana que viene? Con la misma seguridad con que un vuelve a su vómito…

-¡Miles! -chilló Belle.

– ¡ Sal de aquí! -dijo Miles, amenazador.

Comprendí que lo decía de veras. Me levanté.

-Precisamente nos íbamos. Lo siento por ti, amigo. Al principio los dos cometimos una equivocación y la falta fue tanto como mía. Pero ahora tú la tienes que pagar solo. Y es una verdadera lástima, porque fue un error inocente.

Su curiosidad pudo más:

-¿Qué quieres decir?

-Deberíamos habernos preguntado por qué una mujer tan elegante, hermosa y competente, estaba dispuesta a trabajar para nosotros por un sueldo de mecanógrafa. Si hubiésemos tomado huellas digitales, como se hace en las grandes compañías, y hubiésemos llevado a cabo una inspección rutinaria, quizá no la hubiésemos tomado… y tú y yo seríamos aún socios.

¡Había dado en el clavo otra vez! Miles miró de repente a mujer, y ella adoptó una actitud de… Bueno, yo diría que de acorralada, si no fuese porque las ratas no tienen una forma la de Belle.

No fui capaz de dejar las cosas como estaban, que ya estaba bien; me sentí impulsado a seguir hurgando. Me dirigí a

-¿Y bien, Belle? Si me llevase ese vaso que has dejado a tu e hiciese investigar las huellas que hay en él, ¿qué encontré?.¿Fotografías en las oficinas de correos? ¿Bigamia? ¿Quizás algo de casarse con idiotas para sacarles el dinero? ¿Es Miles legalmente tu marido? -Me incliné hacia delante y cogí el vaso.

Belle me lo arrancó de la mano.

Miles me lanzó un grito.

Finalmente había confiado demasiado en mi suerte. Había sido estúpido al meterme en la jaula de unas fieras sin llevar armas, y luego olvidar el primer principio del domador de fieras: les volví la espalda.

Miles gritó y me volví hacia él. Belle cogió su bolsa… y recuerdo haber pensado entonces que tardaba mucho en sacar un cigarrillo.

Luego sentí el pinchazo de la aguja.

Recuerdo haber pensado sólo una cosa mientras mis piernas cedían y me hundía sobre la alfombra: una inmensa sorpresa de que Belle me hiciese algo así.

En el fondo aún había confiado en ella.

 

4

 

Nunca llegué a estar del todo inconsciente.

Cuando la droga me hizo efecto, me quedé mareado y confuso y fue más rápido que el de la morfina. Pero eso fue todo. Miles gritó algo a Belle y me agarró por el pecho mientras se me doblaban las rodillas. Cuando me hubo arrastrado hasta una silla, incluso el mareo se me pasó.

Sin embargo, aunque estaba despierto, parte de mí permanecía muerta. Ahora sé qué fue lo que usaron conmigo: la droga de los «zombies»; la respuesta del Tío Sam al lavado de cerebro. Que yo sepa, nunca llegamos a utilizarla con ningún prisionero, pero los chicos la inventaron en el curso de la investigación del lavado de cerebro, y allá estaba: ilegal pero muy eficaz; la misma substancia que se utiliza en el psicoanálisis de un día, pero creo que se necesita un permiso del juzgado para que pueda utilizarla incluso un psi­quiatra.

Quién sabe dónde Belle la había encontrado. Pero, por otra parte, sólo Dios sabe con qué otros tipos estaba asociada.

Pero entonces yo no pensaba en eso; no pensaba en nada. Sencillamente, permanecía allí, tan pasivo como una mosca muerto oyendo lo que se decía, viendo todo lo que ocurría frente a mis ojos; pero, aunque la misma Lady Godiva hubiese pasado por allí sin su caballo, no hubiese desplazado mi mirada ni un milímetro,

A menos que me lo hubiesen mandado.

Pet salió de su maletín, trotó hasta llegar a mi lado y preguntó qué era lo que ocurría. Al ver que no respondía, empezó a frotarme los tobillos pidiendo una explicación. Cuando vio que seguía sin responder, se subió a mis rodillas, me colocó sus patas delanteras sobre el pecho, me miró fijamente a la cara, y dijo que quería saber qué pasaba, enseguida y sin más tonterías.

Yo no respondí y él empezó a maullar.

Eso hizo que Miles y Belle le dedicaran su atención. Cuando Miles me hubo depositado sobre la silla se volvió hacia Belle y dijo amargamente:

-Ya lo has hecho… ¿Es que te has vuelto loca?

Belle respondió:

-No pierdas la cabeza, Gordito. Vamos a liquidarlo de una vez para todas.

-¿Qué? ¿Te figuras que te voy a ayudar en un asesinato…?

-¡Cállate!. Eso sería lo lógico…, pero te falta valor. Afortuna­damente, no es necesario con lo que lleva dentro.

-¿Qué quieres decir?

-Ahora es nuestro criado. Hará lo que le mandemos. Ya no nos molestará más.

-Pero, por Dios, Belle, no puedes tenerlo drogado indefinidamente. Cuando salga de esto…

-Deja de hablar como un abogado. Yo sé lo que puede hacer esta droga. Cuando vuelva en sí hará lo que yo le haya dicho que haga. Le diré que nunca nos persiga legalmente, y no lo hará nunca. Le diré que deje de meter las narices en nuestro negocio y nos dejará en paz. Le diré que vaya a Tombuctú y se irá allí. Le diré que se olvide de todo esto y se olvidará… y sin embargo lo hará.

Yo la escuchaba, entendiendo lo que decía, pero sin estar en absoluto interesado. Si alguien hubiese gritado que la casa estaba ardiendo también lo hubiese entendido, pero tampoco me hubiese interesado.

-No lo creo.

-¿No? -Le miró de un modo extraño-. Pues deberías creerlo.

¿Cómo? ¿Qué quieres decir?

Déjalo correr. Este producto funciona bien. Pero primero te­nemos que…

Fue entonces cuando Pet empezó a maullar. No se oye maullar a un gato a menudo; a veces no se le oye en toda su vida. No lo hacen cuando pelean, por mucho que les lastimen, y nunca lo hacen por contrariedad. Un gato solamente maúlla cuando está completamen­te fuera de sí, cuando la situación le resulta insoportable, pero fuera de su comprensión, y no le queda ya ningún otro recurso.

Le recuerda a uno algo fantasmagórico. Y, además, resulta difí­cil de soportar: lo hacen en una frecuencia que ataca a los nervios.

Miles se volvió y dijo:

-¡Maldito gato! Tendremos que echarlo.

-Mátalo -dijo Belle.

-¿Qué? Siempre has sido demasiado radical, Belle. Dan armaría más jaleo por este miserable animal que si le hubiésemos dejado completamente desnudo. Vamos…

Se volvió y cogió el maletín de Pet.

-¡Seré yo quien lo mate! -dijo Belle, con acento salvaje-. Hace meses que tengo ganas de matar a ese maldito.

Se volvió alrededor en busca de alguna arma, y la encontró: el atizador de la chimenea; se precipitó hacia él, y lo agarró.

Miles cogió a Pet e intentó meterlo en el maletín.

«Intentó» es la palabra exacta. Pet no desea que le coja nadie, salvo yo mismo o Ricky, y ni siquiera yo le cogería cuando estaba maullando, sin antes tomar muchas precauciones; un gato emotivamente perturbado es tan detonante como el fulminato de mercurio. Pero, aunque no hubiese estado perturbado, Pet ciertamente no hubiese permitido que le agarrasen por la piel del cogote.

Pet le alcanzó con las garras en el antebrazo y los dientes en la parte carnosa del pulgar. Miles gritó, y le dejó caer.

Belle lanzó un chillido agudo:

-¡Apártate, Gordito! -y disparó un golpe con el atizador.

Las intenciones de Belle eran lo suficientemente claras, y además de fuerza tenía el arma. Pero no tenía habilidad en el manejo del arma, mientras que Pet sí la tenía en el de las suyas. Esquivó el golpe escapándose por debajo de la trayectoria del hierro e hincó sus cuatro garras en la muchacha, dos en cada pierna.

Belle lanzó un aullido y soltó el atizador.

No vi mucho de lo que siguió. Todavía estaba mirando hacia delante y podía ver la mayor parte de la sala de estar, pero no podía ver nada fuera de aquel ángulo, porque nadie me decía que mirara en otra dirección. De modo que seguí el resto de lo que ocurrió principalmente por el sonido, salvo una vez en que pasaron a través de mi zona visual, dos personas a la caza de un gato y luego, con rapidez increíble, dos personas perseguidas por un gato. Prescindiendo de esta breve escena, me daba cuenta de la batalla por los ruidos de las caídas, carreras, gritos, maldiciones y chillidos.

Pero no creo que llegaran nunca ni a tocarle.

Lo peor que me ocurrió a mi aquella noche fue que en la hora de mayor gloria de Pet, su mayor batalla y su mayor victoria, no solamente no vi los detalles, sino que estaba completamente incapaz de apreciarlos. Vi y oí, pero carecía de sentimientos sobre todo aquello; en su supremo Momento de Verdad, yo estaba insensible.

Lo recuerdo ahora y me despierta una emoción que no pude entonces sentir. Pero no es lo mismo; me lo han robado para siempre más, como a un narcotizado en su luna de miel.

Las caídas y las maldiciones cesaron repentinamente, y pronto Miles y Belle volvieron a la sala de estar. Belle dijo con voz entrecortada:

-¿Quién dejó abierta aquella maldita persiana?

-Tú. Cállate y no hables más. Ya se ha ido.

Miles tenía sangre en la cara además de las manos; se tocó las nuevas heridas de la cara, con lo cual no las mejoró. Se debía haber caído en un momento dado, pues así lo parecía por el estado de su ropa, y su americana estaba abierta por la espalda.

-No pienso callarme. ¿Tienes una pistola en la casa?

-¿Qué?

-Voy a matar a ese maldito gato.

Belle aún estaba peor que Miles: había tenido más piel expuesta al ataque de Pet; piernas, brazos y hombros descubiertos. Era evi­dente que no iba a llevar vestidos con tirantes durante una temporada larga, y a menos de que se cuidara, lo probable era que le quedaran cicatrices. Parecía una arpía después de un combate de lucha libre con sus hermanos.

-¡Siéntate!  ordenó Miles.

La chica respondió brevemente, y por implicación negativamente:

-Voy a matar a ese gato.

-Entonces no te sientes. Ve a lavarte. Te ayudaré a ponerte yodo y lo demás, y tú me podrás ayudar a mí. Pero olvídate del gato. Hemos tenido suerte de librarnos de él.

Belle respondió con cierta incoherencia, pero Miles la entendió.

-Y lo mismo para ti -respondió él-. Mira, Belle, si tuviese un arma, y no es que diga que la tengo, y tú salieras y empezaras a disparar, tanto si te cargabas al gato como si no, tendrías aquí a la policía antes de diez minutos, hurgándolo todo y haciendo pregun­tas. ¿Quieres que suceda eso mientras le tenemos a él entre manos?

-E hizo un gesto con el pulgar en dirección hacia mi-. Y si esta noche sales de casa sin un arma, aquella fiera probablemente te matará a ti. -Frunció el ceño aún más profundamente:

-Debería haber leyes que prohibiesen tener animales de esa especie. Es un peligro público. Escúchale.

Todos podíamos oír a Pet que merodeaba alrededor de la casa. Entonces no maullaba; lanzaba su grito de guerra, invitándoles a escoger sus armas y a salir, de uno en uno o todos a la vez.

Belle escuchó y se estremeció.

-No te preocupes  dijo Miles-; no puede entrar. No sólo he puesto el cerrojo a la persiana que te dejaste abierta, sino que he cerrado la puerta.

-¡No fui yo quien la dejó abierta!

-Como quieras.

Miles siguió su ronda comprobando que los cerrojos de las ven­tanas estaban echados. Luego Belle salió de la habitación, y él después. Cuando estuvieron fuera, Pet se calló. No sé cuánto tiem­po estuvieron fuera; el tiempo no significaba nada para mí.

Belle fue la primera en volver. Su maquillaje y su peinado eran perfectos; se había puesto un vestido de mangas largas y de cuello alto, y se había cambiado las desgarradas medias. Salvo por las tiras de esparadrapo en su cara, no se veían otras señales de la batalla. Si no hubiese sido por la expresión de su cara, la habría considera­do, en distintas circunstancias, como una visión deliciosa.

Vino directamente hacia mí y me dijo que me levantase. Me registró rápida y expertamente, sin olvidarse del bolsillo del reloj, de los bolsillos de la camisa y de aquel bolsillo diagonal de la parte interior de la americana del que carecen la mayor parte de los trajes. El botín no fue mucho: mi cartera con una pequeña cantidad en efectivo, tarjetas de identidad, permiso de conducir, llaves, un inha­lador nasal contra la huminiebla, otras cosas sin importancia, y el sobre que contenía el cheque certificado que ella misma había comprado y me había enviado. Le dio la vuelta, leyó el endose que yo había escrito, y pareció perpleja.

-¿Qué es eso, Dan? ¿Te has comprado un seguro?

-No.

Se lo hubiese contado todo, pero lo único que sabía hacer era responder a la última pregunta.

Arrugó el ceño y dejó el cheque con el resto del contenido de los bolsillos. Entonces se apercibió del maletín de Pet, y por lo vi, recordó el bolsillo interior que utilizaba como cartera, pues levan el maletín y abrió el bolsillo.

Encontró el juego en cuadruplicado de la docena y media formularios que habla firmado para la Compañía de Seguros Mutuos. Se sentó y comenzó a leerlos. Yo me quedé donde me habían dejado, como un maniquí de sastre a la espera de que lo guardase Entonces entró Miles, en bata y zapatillas, y con una cantidad bastante apreciable de gasa i esparadrapo. Parecía un boxeador de cuarta categoría cuyo entrenador hubiese permitido que le diese una paliza. Llevaba una venda sobre el cuero cabelludo, de delante a atrás de su calva cabeza; Pet le debía haber dado cuando estaba en el suelo.

Belle alzó la vista, le hizo un gesto en silencio, y le indicó con mano el montón de papeles que acababa de revisar. Él se sentó comenzó a leer. La alcanzó en la lectura y terminó el último leyendo por encima del hombro de la muchacha.

Belle dijo:

-Eso hace que las cosas varíen.

-Más que eso. La orden de depósito es para el cuatro de diciembre; es decir, mañana. ¡Belle, aquí está que arde! ¡Tenemos que sacarlo de aquí! -Miró al reloj-. Por la mañana le estarán buscando.

-Miles, a ti siempre te entra miedo cuando las cosas se ponen á presión. Esto es una suerte, quizá la mejor suerte que podía tocarnos-.

-¿Qué quieres decir?

-Esa sopa para zombies, a pesar de ser muy buena, tiene ~ fallo. Supongamos que se la das a uno y que le cargas de todo lo que quieres que haga. Está bien; lo hace. Hace lo que le has mandado porque no tiene más remedio. Pero, ¿sabes algo acerca del hipnotismo?

-No mucho.

-¿Es que sabes algo que no sea derecho, Gordito? Careces por ­completo de curiosidad. Un dominio posthipnótico se reduce a eso, puede estar en oposición, en realidad es casi seguro que está CII oposición, a lo que el sujeto realmente quiere hacer. Eventualmente puede hacerle ir a parar a manos de un psiquiatra. Y si el psiquiatra es medio bueno, lo más probable es que al final descubra lo que Ocurre. Cabe la posibilidad de que Dan acabe por ir a uno de ellos y que le liberen de las órdenes que yo pueda darle. De ser así, podría dar mucho trabajo.

-¡Maldita sea! Me dijiste que la droga era completamente segura.

-Por favor, Gordito; en esta vida siempre hay que arriesgarse. Eso es lo que le da aliciente. Déjame pensar.

Al cabo de un momento, dijo:

-Lo más sencillo y más seguro es dejarle que cumpla su inten­ción de dar el salto del sueño para el que está preparado. No podría molestarnos menos si estuviese muerto, y no hace falta que nos arriesguemos. En vez de tener que darle una serie de órdenes com­plicadas y luego confiar en que no se libere de ellas, basta con mandarle que prosiga con su intención de tomar el sueño frío y sacarle de aquí… O sacarle de aquí y ponerle sobrio. -Se volvió hacia mí-. Dan, ¿cuándo vas a tomar el sueño?

-No lo voy a tomar.

-¿Cómo? ¿Qué es eso? -E hizo un ademán hacia los papeles que había sacado de mi maletín.

-Documentos para sueño frío. Contratos con la Compañía de Seguros Mutuos.

-Está chiflado -comentó Miles.

-Hum… claro que lo está. Me olvido de que no pueden verda­deramente pensar cuando están bajo la influencia de la droga. Pue­den oír y hablar y contestar preguntas… pero han de ser precisamen­te preguntas adecuadas. No pueden pensar. -Se acercó y me miró detenidamente a los ojos-. Dan, quiero que me cuentes todo lo de este contrato de sueño frío. Comienza por el principio y explícamelo detalladamente. Aquí tienes todos los documentos necesarios para hacerlo; según parece, los firmaste precisamente hoy. Ahora dices que no lo quieres hacer. Cuéntamelo todo, porque quiero saber por qué lo ibas a hacer y ahora no.

Así que se lo dije. Preguntándomelo de aquella manera me era posible contestar. Tardé mucho tiempo pues hice exactamente lo que me había dicho: comencé desde el principio y con todo detalle.

-¿De modo que te sentaste en aquel restaurante y decidiste no hacerlo? ¿Decidiste venir aquí y crearnos dificultades?

-Sí.

Estaba a punto de proseguir, hablarles de mi viaje de venida, explicarles lo que había dicho a Pet y lo que él me había contestado, decirles cómo fue que me detuve en un drugstore y dispuse mis acciones de Muchacha de Servicio, cómo luego llegué hasta la casa de Miles, cómo Pet no quiso esperar en el coche, cómo…

Pero no me dio la oportunidad de hacerlo.

-Has vuelto a cambiar de intención, Dan -dijo-. La verdad es que quieres tomar el sueño frío. ¿Me comprendes? ¿Qué vas hacer?

-Voy a tomar el sueño frío. Quiero tomar…

Comencé a tambalearme. Había estado tieso como un palo dé bandera durante más de una hora, sin mover ni un músculo, puesto que nadie me había dicho que lo hiciese. Comencé a caerme hacia ella.

Belle saltó hacia atrás y dijo con brusquedad:

-Siéntate.

De modo que me senté. Belle se volvió hacia Miles:

-Así es como se hace. Continuaré metiéndoselo en la cabeza hasta asegurarme de que no se puede equivocar.

Miles miró el reloj.

-Dijo que el doctor quería que estuviese allí a mediodía,

-Hay tiempo de sobra. Aunque será mejor que le llevemos allá nosotros mismos, para estar seguros… Pero no… ¡maldita sea!

-¿Qué ocurre?

-No hay tiempo. Le di una dosis suficiente para un caballo, porque quería que le hiciese efecto antes de que él se pudiese volver contra mí. A mediodía estará lo bastante sobrio como para conven­cer a la mayoría de las personas, pero no a un médico.

-Quizá sea solamente superficial. Su examen físico está aquí y ha sido ya firmado.

-Ya oíste lo que le dijo el médico. Lo comprobará para ver si ha bebido algo. Eso significa que le probará los reflejos y medirá su tiempo de reacción y le mirará a los ojos y… Oh, precisamente todo lo que no queremos que haga. Lo que no podemos arriesgarnos a que un doctor haga. Miles, no es posible.

-¿Y al día siguiente? Llamar y decirles que ha habido una pequeña demora…

-Cállate y déjame pensar.

Enseguida comenzó a mirar los documentos que yo había lleva­do conmigo. Luego salió de la habitación, volvió inmediatamente con una lupa de joyero que se puso al ojo derecho como si fuese un monóculo, y procedió a examinar con el mayor cuidado cada uno de los papeles. Miles preguntó qué era lo que estaba haciendo, pero ella hizo caso omiso de la pregunta.

Al cabo de unos momentos se quitó la lupa del ojo y dijo:

-Es una suerte que todos deban usar los mismos formularios oficiales. Gordito, dame el listín telefónico de páginas amarillas.

-¿Para qué?

Dámelo, dámelo. Quiero comprobar la redacción exacta del nombre de una firma… Oh, ya lo sé, pero quiero estar segura.

Rezongando, Miles se lo fue a buscar. Belle lo ojeó y dijo:

-Sí; «Compañía de Seguros Master»… y hay espacio suficiente en cada uno de ellos. Me hubiese gustado más que hubiese sido «Motors» en lugar de «Master»; eso acabaría de facilitar las cosas. Pero no tengo ninguna conexión con «Seguros Motors» y, además, ni siquiera estoy segura de que se ocupen de hibernación. -Alzó la vista-: Gordito, vas a tener que llevarme en seguida a la planta.

-¿Y eso?

-A menos que se te ocurra otro procedimiento más rápido para hacerte con una máquina eléctrica de escribir, de ese tipo de letra y cinta de carbón. No; ve tú solo y tráemela; tengo que telefonear.

Miles frunció el ceño:

-Comienzo a comprender lo que intentas. Pero, Belle, es una locura. Es fantásticamente peligroso.

Belle se rió:

-Eso es lo que te figuras. Incluso antes de que nos asociásemos ya te dije que tenía buenas relaciones. ¿Es que tú solo hubieses podido concertar aquel acuerdo con Mannix?

-Bueno… No lo sé.

-Yo silo sé. Y quizá no sabes que Seguros Master es parte del grupo Mannix.

-Pues no; no lo sabía. No veo qué diferencia puede haber.

-Significa que mis relaciones todavía me van a servir. Mira, Gordito, la firma para la cual yo trabajaba ayudaba a las Empresas Mannix en lo referente a pérdidas por impuestos… hasta que mi jefe se fue del país. ¿Cómo te figuras que fue, que pudimos sacar tanto sin poder garantizar que el amigo Danny iba incluido en el arreglo? Sé todo lo que hay que saber de Mannix. Y ahora date prisa. Tráeme la máquina de escribir y te permitiré que observes cómo trabaja una artista. Ten cuidado con el gato.

Miles gruñó, pero empezó a marcharse; luego regresó:

-Belle. . ¿Es que Dan no aparcó su coche frente a la casa?

-¿Por qué?

-Su coche no está ahora allí. -Parecía preocupado.

-Bueno, probablemente lo habrá aparcado a la vuelta esquina. No tiene importancia. Ve a buscar la máquina de escribir ¡Date prisa!

Miles volvió a salir. Podía haberles dicho dónde había aparcado pero como no me lo preguntaron, ni siquiera pensé en ello, no pensaba en nada.

Belle se fue a otra parte de la casa y me dejó solo. A eso amanecer Miles volvió, con cara de cansancio y acarreando una pesada máquina de escribir. Luego volví a quedarme solo.

Cuando Belle volvió me dijo:

-Allí tienes un documento en el que dices á la compañía seguros que custodien tus acciones de Muchacha de Servicio, en realidad no es eso lo que quieres hacer; lo que quieres es dármela a mí.

No respondí. Pareció enojarse y dijo:

-Lo expondremos de esta manera: quieres dármelas, tú ya que quieres dármelas. ¿Lo sabes, verdad?

-Sí. Quiero dártelas.

-Bien. Quieres dármelas. Me las tienes que dar. No te sentir feliz hasta que me las hayas dado. ¿Dónde están? ¿Están en coche?

-No.

-Entonces, ¿dónde están?

-Las he enviado por correo.

-¿Qué? -empezó a chillar-. ¿Cuándo las pusiste al correo?. ¿A quién se las has enviado? ¿Por qué lo hiciste?

Si me hubiese hecho la segunda pregunta en último término, hubiese contestado. Pero contesté la última pregunta, que era único que era capaz de hacer.

-Las adjudiqué.

Miles entró:

-¿Dónde las puso?

-Dice que las echó al correo… porque las ha adjudicado… Vale más que busques su coche y lo registres. Quizá sólo se figure que ha echado al correo. Evidentemente las tenía en la compañía <1C seguros.

-¡Adjudicado! -repitió Miles-. ¡Dios Santo! ¿A quién?

-Se lo preguntaré; Dan, ¿a quién has adjudicado tus acciones?

-Al Banco de América.

No me preguntó la razón, pues de lo contrario le hubiese expli­cado lo de Ricky.

Belle no hizo sino encogerse de hombros y suspirar:

-No hay más que hablar, Gordito. Podemos olvidarnos de las acciones. No las podremos sacar fácilmente de un banco. -De repente se enderezó-: A menos que no las haya realmente echado al correo. Si no lo ha hecho borraré la adjudicación del dorso tan bien que parecerá que haya pasado por la lavandería. Y luego me las adjudicará nuevamente… a mi.

-A nosotros -corrigió Miles.

-Eso es sólo un detalle. Ve en busca de su coche.

Miles volvió al cabo de un rato y anuncio:

-No está en ningún sitio a seis manzanas de aquí. He ido dando vueltas por todas las calles y callejuelas. Debe de haber venido en taxi.

-Ya le oíste decir que había venido en su coche.

-Pues ahí fuera no está. Pregúntale cuándo y dónde echó al correo las acciones.

Belle me lo preguntó y se lo dije:

-Precisamente antes de venir aquí. Las eché al correo en el buzón de la esquina de los Bulevares Sepúlveda y Ventura.

-¿Crees que miente? -preguntó Miles.

-No puede mentir en el estado en que está. Y habla con dema­siada precisión para que pueda haberse confundido. Olvídate de eso, Miles. Quizá cuando ya esté en depósito resulte que su adjudi­cación no es válida porque ya nos lo había vendido a nosotros… Por lo menos haré que firme algunas hojas en blanco y lo intentaré.

Efectivamente, intentó obtener mi firma y yo, por mi parte, traté de complacerla. Pero, tal como me encontraba, no podía escribir lo suficientemente bien como para satisfacerla. Por fin me arrancó una hoja de la mano y dijo con rabia:

-¡Me das asco! Puedo firmar por ti mejor que tú. -Luego se inclinó sobre mí y me dijo lentamente-: Me gustaría haber matado tu gato.

No volvieron a molestarme hasta más tarde aquel mismo día. Belle entró y dijo:

-Querido Danny, te voy a dar un pinchazo y te vas a encontrar mucho mejor. Podrás levantarte y moverte y obrar como siempre has obrado. No estarás enfadado con nadie, especialmente con Mi­les y conmigo. Somos tus mejores amigos. ¿Verdad que lo somos?

¿Quiénes son tus mejores amigos?

-Vosotros. Tú y Miles.

-Pero yo soy más que eso. Soy tu hermana. Dilo.

-Eres mi hermana.

-Bien; ahora vamos a dar una vuelta, y luego tú dormirás rato. Has estado enfermo, pero cuando te despiertes te encontraras bien. ¿Me comprendes?

-Si.

-¿Quién soy yo?

-Eres mi mejor amigo. Eres mi hermana.

-Buen chico. Arremángate.

No me di cuenta de la inyección, pero me dolió al sacar la Me enderecé sobre el sillón y dije:

-Hermanita… vaya pinchazo. ¿Qué era?

-Algo para hacer que te sientas mejor. Has estado

-Sí, estoy enfermo. ¿Dónde está Miles?

-Vendrá dentro de un momento. Ahora dame tu otro Súbete la manga.

-¿Para qué? ~pregunté, pero me subí la manga y dejé pinchase otra vez. Di un salto.

Belle sonrió:

-¿No te ha hecho verdaderamente daño, verdad?

-¿Cómo? No, no me ha hecho daño. ¿Para qué es?

-Te hará dormir por el camino. Cuando lleguemos despertarás.

-Está bien. Me gustaría dormir. Tengo ganas de dormir un rato. -Me sentí perplejo y miré alrededor-. ¿Dónde está ~ iba a dormirse conmigo.

-¿Pet? -respondió Belle-. Pero, querido, ¿no te acuerdas?. Enviaste a Pet a Ricky para que lo cuidase.

-¡Es verdad!

Sonreí aliviado. Había enviado a Pet a Ricky; recordaba echado al correo. Me alegraba. Ricky quería a Pet y le cuidaría mientras yo estuviese dormido.

Me llevaron en coche al Santuario Consolidado de Sawt de los que eran utilizados por muchas de las pequeñas compañías de seguros que carecen de uno propio. Dormí todo el camino, desperté inmediatamente cuando Belle me habló. Miles se quedó en el coche y ella me acompañó, haciéndome entrar. La muchacha que estaba en la recepción levantó la mirada y dijo:

-¿Davis?

-Sí -asintió Belle-. Soy su hermana. ¿Está aquí el represen­tante de Seguros Master?

-Le encontrarán ustedes en la Sala de Tratamientos número Nueve. Están a punto y les esperan. Puede usted entregar los docu­mentos al hombre de Master. -Me miró con interés-. ¿Ha pasado su examen físico?

-Desde luego  aseguró Belle-. Mi hermano es un caso de terapia diferida, ¿sabe? Está bajo la influencia de un sedante… para el dolor.

La recepcionista murmuró con simpatía:

-Pues, apresúrense. Por aquella puerta, y luego a la izquierda. En la Sala número Nueve había un hombre en traje de calle y otro en bata blanca, y una mujer con uniforme de enfermera. Me ayudaron a desnudarme y me trataron como si fuese un chiquillo idiota, mientras Belle explicaba nuevamente que estaba bajo la in­fluencia de un sedante a causa del dolor. Cuando me hubieron desnudado y colocado sobre la mesa el hombre de la bata blanca me hizo masaje en el estómago hundiendo profundamente sus dedos.

-No habrá dificultades -anunció-. Está vacío.

-No ha comido ni bebido nada desde ayer tarde -confirmó Belle.

-Magnífico. A veces llegan aquí embutidos como ocas. Hay gente que no tiene sentido común.

-Así es, en efecto.

-Bien, muchacho; aprieta los puños mientras clavo esta aguja. Lo hice así y empecé a ver las cosas verdaderamente turbias. De pronto recordé algo e intenté sentarme.

-¿Dónde está Pet? Quiero ver a Pet. Belle me cogió la cabeza y me besó:

-Tranquilo, tranquilo… Pet no pudo venir, ¿no te acuerdas? Pet tuvo que quedarse con Ricky. -Yo me calmé y la chica se dirigió con voz suave a los otros-: Nuestro hermano Pet tiene una niña enferma en casa…

Me deslicé hacia el sueño.

Pronto sentí frío, pero no podía moverme para taparme con las sábanas.

Yo me quejaba al camarero por el aire acondicionado: demasiado fuerte e íbamos a coger un resfriado.

-No importa -me aseguraba-. No lo sentirá cuando esté mido. Sueño.. Sueño.. Sopa de la noche, bellos sueños.- T cara de Belle.

-¿Y con una bebida caliente? -Quería saber.

– ¡ Tonterías! -respondía el doctor-. El sueño es demasiado bueno para ése… ¡Echadle!

Intenté hacer cuña con mis pies en la barra de latón para impedírselo. Pero aquel bar no tenía barra de latón, lo cual resultaba extraño, y yo estaba tumbado de espaldas, lo cual parecía aún mas extraño, a menos de que hubiesen instalado servicio de cama para gente sin pies. Yo no tenía pies, de modo que ¿cómo iba a poder engancharlos en una barra de latón? Y tampoco tenía manos:

-¡Mira, mamá, sin manos! -Pet se sentó sobre mi pecho y gemía.

Había vuelto al entrenamiento básico… básico avanzado, de ser, pues estaba en Camp Hale, en uno de aquellos estúpidos ejercicios en los cuales te meten nieve por el cogote para hacerte hombre. Tenía que ascender a la mayor montaña de Colorado, era toda de hielo, y yo no tenía pies. No obstante, sobre los hombros llevaba el mayor bulto que jamás alguien haya visto; recuerdo que trataban de averiguar si podían utilizarse soldados en lugar mulas, y me habían elegido a mi porque era sustituible. No habría conseguido si la pequeña Ricky no hubiese estado detrás mí empujando.

El sargento instructor se volvió: tenía una cara como la de Belle y estaba lívido de rabia:

-¡Vamos, tú! No puedo permitirme el lujo de esperarte.  Lo mismo me da que llegues como que no…, pero no podrás dormir hasta que llegues…

Sin pies no podía continuar avanzando, y me caí en la nieve, que estaba caliente como el hielo. Me quedé dormido mientras la pequeña Ricky lloraba implorándome que no lo hiciese. Pero no tenia más remedio que dormir.

Me desperté en la cama con Belle. Me estaba sacudiendo mientras decía:

¡Despierta, Dan! No puedo esperarte treinta años; una mujer tiene que pensar en su futuro.

Intenté levantarme y entregarle los sacos de oro que tenía debajo de la cama, pero ya se había ido… Además, una Muchacha de Servicio había ya recogido todo el oro y lo había puesto en la bandeja superior, y se había marchado de la habitación. Intenté correr tras ella, pero no tenía pies, no tenía cuerpo, según comprendí entonces. El mundo consistía en sargentos instructores y mucho trabajo… de modo que, ¿qué importancia tenía dónde y cómo se trabajase? Dejó que me volviesen a poner los arneses y empecé de nuevo a escalar la helada montaña. Era muy blanca y redondeada, y con tal de que consiguiera ascender a la rosada cumbre me dejarían dormir, que era lo que yo necesitaba. Pero no lo conseguí nunca: no tenía manos, ni pies, ni nada…

Había fuego en la montaña del bosque. La nieve no se fundía, pero mientras tanto proseguía mi lucha podía sentir cómo el fuego me alcanzaba en oleadas. El sargento estaba inclinado sobre mí:

-Despierta… despierta… despierta.

Apenas acababa de despertarme y ya quería que volviera a dor­mirme. De lo que ocurrió luego durante un rato, no estoy seguro. Parte del tiempo estaba sobre una mesa que vibraba debajo de mi, y había luces e instrumentos como serpientes, y mucha gente. Pero cuando estaba completamente despierto me encontraba en la cama de un hospital y me sentía bien, salvo por aquella lánguida sensa­ción, como si flotara a medias, que se siente después de un baño turco. Volvía a tener manos y pies, pero nadie me hablaba, y cada vez que quería hacer una pregunta una enfermera me metía algo en la boca. Me hacían mucho masaje.

Y luego, una mañana, me sentí perfectamente y me levanté tan pronto como hube despertado. Me sentía un poco mareado, pero eso era todo. Sabía quién era, sabía cómo había llegado allí, y sabía que todo lo demás habían sido sueños.

Sabía quién me había metido allí. Si mientras estaba bajo la influencia de las drogas Belle me había ordenado que olvidase sus andanzas, las órdenes no habían calado en mí o bien treinta años de sueño frío había desvanecido el efecto hipnótico. No recordaba con claridad algunos detalles, pero sabía cómo se las habían arreglado para llevarme allí.

No estaba excesivamente enojado por ello. Cierto que todo había ocurrido solamente «ayer», puesto que ayer es el día que precede a un sueño del día de hoy; aunque aquel sueño había sido de años… No se puede definir exactamente la sensación, puesto por completo subjetiva, pero, mientras mi memoria era clara los a los acontecimientos de «ayer», mis sentimientos respecto aquellos acontecimientos eran como los que se tienen para remotas. ¿Habéis visto por la televisión esas imágenes de un jugador proyectadas como espectros sobre otras imágenes del conjunto del campo de juego? Pues era algo así. Mi recuerdo consciente era cercano, pero mi reacción emotiva era como algo muy distante en el tiempo y en el espacio.

Mi intención de ir en busca de Miles y de Belle y de hacerla picadillo era firme, pero no tenía prisa. Lo mismo valdría pan el año próximo; de momento, lo que verdaderamente me apetecía era verle la cara al año 2000.

Pero, ¿dónde estaba Pet? Debía haber estado por allí… a que el pobre infeliz no hubiese sobrevivido al Sueño.

Entonces -y sólo entonces- recordé que mis cuidadosos para traer a Pet conmigo habían fracasado.

Saqué a Belle y Miles de mi compartimento de «Esperar» y coloqué en el de «Urgente». Habían intentado matar a mi gato, ¿no?

Habían hecho algo peor que matar a Pet: le habían echado calle y le habían convertido en salvaje… para que terminase sus merodeando por miserables callejuelas en busca de migajas, mientras sus costillas se adelgazaban y su dulce carácter se iba deformando y se hacía desconfiado hacia los animales de dos patas.

Le habían dejado morir -pues sin duda estaba muerto a estas horas-, le habían dejado morir pensando que yo le había abandonado.

Me lo iban a pagar… si es que aún estaban vivos. ¡Oh, deseaba que estuvieran vivos ! ¡Lo indecible!

Me encontré de pie junto a la cama, aguantándome a la barra para no caer, vestido solamente con mi pijama. Miré en derredor en busca de alguna manera de llamar a alguien. Las habitaciones de los hospitales no habían variado mucho. No había ventana y no ver de dónde venia la luz; la cama era alta y delgada, tal como recordaba que siempre habían sido las camas de hospital, mostraba señales de haber sido dispuesta de manera que sirviese para algo más que para dormir en ella -entre otras cosas parecía tener un sistema de tuberías por debajo, algo que sospeché era un orinal mecánico, y la mesa de noche era parte de la misma estruc­tura de la cama. Pero, si bien en circunstancias normales hubiese estado muy interesado en todo aquello, en aquel momento lo único que quería era encontrar aquella cosa en forma de pera que sirviese para llamar a la enfermera: quería mi ropa.

No encontré el interruptor, la pera, pero en cambio descubrí en qué se había convertido: en un interruptor a presión al lado de aquella mesa que no era del todo una mesa. Al tratar de alcanzarlo lo golpeé, y en una región transparente frente adonde mi cabeza hubiese estado, si yo hubiera estado en la cama, se encendió el letrero que decía: LLAMADA AL SERVICIO. Casi inmediatamen­te desapareció, siendo sustituido por UN MOMENTO, POR FAVOR.

Muy pronto se corrió silenciosamente la puerta y entró la enfer­mera. Las enfermeras no habían variado mucho. Aquélla era de bastante buen ver, y tenía los conocidos modales de un sargento instructor, llevaba un elegante gorrito blanco sobre su cabello corto de color orquídea, e iba vestida con un uniforme blanco. El unifor­me era de un corte extraño que la tapaba por un lado y la destapaba por otro de una manera diferente a la de la moda de 1970-pero los vestidos de las mujeres, incluso los uniformes de trabajo, lo estaban haciendo siempre. Hubiese sido siempre una enfermera, en cualquier año, nada más que por sus modales inconfundi­bles.

-¡Vuélvase a la cama!

-¿Dónde está mi ropa?

-Vuélvase a la cama. ¡En seguida!

Respondí tratando de ser razonable:

-Mire enfermera; soy un ciudadano libre, mayor de edad, y no soy un criminal. No tengo por qué volverme a esa cama, y no lo voy a hacer. Y ahora me va usted a decir dónde está mi ropa, ¿o es que voy a tener que salir tal como estoy a buscarla?

Me miró, luego se volvió de repente y salió; la puerta se escondió a su paso.

Pero no se escondió cuando quise pasar yo. Estaba aún intentan­do descubrir el mecanismo, con la seguridad de que si un ingeniero Podía idearlo, Otro ingeniero podría descubrirlo, cuando se volvió a abrir y entró un hombre.

-Buenos días -dijo-. Soy el doctor Albrecht.

Su traje me pareció una especie de cruce entre un domingo Harlem y un picnic, pero sus modales decididos y sus cansados o tenían un aspecto francamente profesional: le creí.

-Buenos días, doctor. Quisiera que me entregasen mi r~

Entró justo lo suficiente para dejar que la puerta se cerrase t él, luego rebuscó por sus ropas y extrajo de ellas un paquete de cigarrillos. Sacó uno, lo sacudió al aire, lo colocó en su boa aspiró: el cigarrillo se encendió. Me ofreció la cajetilla:

-¿Quiere uno?

-Oh, no, gracias.

-Puede hacerlo; no le hará daño.

Meneé la cabeza. Siempre había trabajado con un cigarrillo encendido a mi lado; el progreso de uno de mis trabajos podía juzgado por los desbordantes ceniceros y las quemaduras en tableros de dibujo. Pero ahora me sentía algo mareado a la vista del humo, y me pregunté si durante mis años de sueño no había abandonado mi hábito de fumador.

-Gracias de todos modos.

-Está bien, señor Davis. Hace seis años que estoy aquí. Soy especialista en hipnología, resurrección y demás asuntos semejantes Aquí y en otros lugares he ayudado a ocho mil setenta y ti pacientes a volver de la hipotermia a la vida normal. Usted es número ocho mil setenta y cuatro. Les he visto hacer toda clase cosas raras al volver en sí; raras para los profanos, pero no para t Algunos de ellos quieren volverse a dormir enseguida y me gritan cuando trato de mantenerles despiertos. Algunos consiguen verdaderamente volverse a dormir y tenemos que llevarlos a otra clase institución. Otros empiezan a llorar interminablemente cuando dan cuenta de que ha sido un billete de ida solamente y de que demasiado tarde para regresar a su punto de partida, al año del que salieron. Y algunos, como usted, piden su ropa y quieren salir corriendo a la calle.

-Bueno. ¿Y por qué no? ¿Es que estoy prisionero?

-No. Podemos darle su ropa. Me imagino que la encontra pasada de moda, pero eso es problema suyo. No obstante, mientras la envío a buscar, ¿le importaría a usted decirme qué hay que sea de una urgencia tan terrible que necesita usted atenderlo precisamente en este instante… después de que ha esperado treinta años? ~ es el tiempo que usted ha estado a baja temperatura: treinta años. ¿Es verdaderamente tan urgente? ¿O podría esperar hasta un más tarde, hoy mismo? ¿O incluso hasta mañana?

Me estaba ya precipitando a decir que sí era urgente, cuando me detuve algo avergonzado:

-Quizá no sea tan urgente.

-Entonces, y como un favor para mí, ¿Quiere usted volverse a meter en la cama, permitirme que le examine, desayunar, y quizás hablar conmigo antes de empezar a galopar en todas direcciones? Incluso tal vez pueda indicarle a usted la dirección en que debe galopar.

-Bueno, está bien, doctor. Lamento haberle causado molestias.

Volví a trepar a la cama. Se estaba bien en ella; de repente me sentía cansado y conmocionado.

-Ninguna molestia. Debería usted ver algunos de los casos que se nos presentan. Tenemos que bajarles del techo. -Arregló las cubiertas alrededor de mis hombros, y se inclinó sobre la mesa que formaba parte de la cama-. Aquí, el doctor Albrecht en el dieci­siete. Envien un ayudante con el desayuno… minuta cuatro menos.

Se volvió hacia mí y dijo:

-Vuélvase y levántese la chaqueta. Quiero examinarle las costi­llas. Mientras le veo puede ir haciendo preguntas, si es que lo desea.

Mientras me hurgaba las costillas intenté pensar. Supongo que lo que utilizaba era un estetoscopio, pero aquello más bien parecía un aparato en miniatura para sordos. Pero había una cosa que no había variado; el micrófono que apretó contra mí era tan duro y tan frío como siempre.

¿Qué es lo que uno pregunta al cabo de treinta años? ¿Han llegado ya a las estrellas? ¿Quién está ahora preparando «La Guerra para acabar con las Guerras»? ¿Salen los niños de tubos de ensayo?

-Doctor, ¿hay todavía máquinas para vender confites en las antesalas de los cines?

-La última vez que estuve las había. Pero no dispongo de mucho tiempo para ir al cine. Y de paso sea dicho, ahora no se les llama «cines», sino «agarres».

-¿Por qué?

-Pruébelo. Ya verá por qué. Pero asegúrese de atarse bien al cinturón del asiento; hay momentos en que anulan todo el teatro. Mire, señor Davis; nos encontramos cada día con el mismo proble­ma, de modo que hemos adoptado una rutina. Tenemos vocabularios de adaptación para cada año de entrada, así como sumarios culturales e históricos. Es verdaderamente necesario, pues la deso­rientación puede ser extrema, por más que hagamos para aliviar el impacto.

-Sí, supongo que así debe ser.

-Segurisimo. Especialmente en un período extremo como el de usted. Treinta anos.

-¿Son treinta años el máximo?

-Sí y no. Treinta y cinco años es el máximo que hemos experi­mentado, puesto que el primer cliente que fue puesto a subtempera­tura lo fue en diciembre de año 1965. Usted es el Durmiente de más tiempo que yo haya despertado. Pero tenemos aquí clientes con contratos de hasta un siglo y medio. No deberían nunca haberle aceptado a usted por treinta anos; entonces no sabían lo bastante. Le arriesgaron mucho la vida. Ha tenido suerte.

-¿De veras?

-De veras. Dé la vuelta. -siguió examinándome y añadió-:

Pero con lo que ahora hemos aprendido estaría dispuesto a preparar a un hombre para un salto de mil años, si es que hubiese alguna manera de financiarlo… Le mantendría durante un año a la tempe­ratura a que usted estaba para comprobar, y luego le haría descen­der a doscientos bajo cero en un milisegundo. Creo que viviría. Probemos ahora sus reflejos.

Aquel descenso de temperatura no me hacia gracia.

El doctor Albrecht prosiguió:

-Siéntese y cruce las rodillas. La cuestión del idioma no le parecerá difícil. Naturalmente, he tenido buen cuidado de utilizar el vocabulario de 1970; tengo la pretensión de poder hablar en cual­quiera de los lenguajes de entrada de mis clientes; los he estudiado en hipnosis. Pero usted podrá hablar el idioma contemporáneo perfectamente dentro de una semana; en realidad solamente se trata de nuevas palabras.

Pensé decirle que por lo menos había utilizado cuatro veces palabras que no se utilizaban en 1970, o por lo menos no se utiliza­ban en aquel sentido, pero decidí que no seria cortés decírselo.

-Eso es todo de momento -dijo finalmente-. Y de paso, la señora Schultz ha estado tratando de entrar en contacto con usted.

-¿Quién?

-¿No la conoce? Insistió diciendo que era una antigua amiga de usted.

-Schultz -repetí yo-. Me imagino que he conocido a varias señoras Schultz en mi vida, pero la única que recuerdo con exacti­tud fue mi maestra de cuarto grado. Pero debe haber muerto ya.

-Quizá tomó el Sueño. Bueno, puede usted aceptar el mensaje cuando le parezca bien. Voy a firmar su libertad. Pero si es usted listo de veras se quedará aquí algunos días estudiando reorientación. Le volveré a ver más tarde. ¡Hasta la vista!, como decían en su tiempo. Aquí viene el asistente con el desayuno.

Pensé que era mejor médico que lingüista. Pero dejé de pensar en eso en cuanto vi al asistente, que entró rodando cuidadosamente y evitando chocar con el doctor Albrecht, quien salió sin desviarse y sin preocuparse por su parte de evitar el encuentro.

Se acercó, ajustó la mesa de cama, la hizo oscilar hacia mi, y sobre ella dispuso mi desayuno con gran meticulosidad.

-¿Quiere que le sirva el café?

-Sí, por favor.

Realmente no quería que me lo sirviesen, pues hubiera preferido que se hubiese conservado caliente hasta haber terminado lo demás. Pero quería ver cómo lo servía. Pues estaba deliciosamente asombrado…, era Frank Flexible.

No el modelo primitivo y deslavazado que Miles y Belle me habían robado, naturalmente. Éste se parecía al primer Frank de la misma manera que un rápido a turbinas se parece a los primeros coches sin caballos. Pero uno reconoce su propio trabajo. Rabia fijado la idea original y lo presente representaba la necesaria evolu­cion… era el bisnieto de Frank, perfeccionado, elegantizado, más eficiente… pero de la misma sangre.

-¿Desea algo más?

-Espera un momento.

Al parecer no debía haber dicho eso, pues el autómata rebuscó en su interior y sacó una hoja de plástico rígida que me entregó. La hoja permaneció atada a él por medio de una delgada cadena de acero. La miré y en ella vi impreso lo siguiente:

CÓDIGO VOCAL -Castor Servicial Modelo XVII-¡ADVERTENCIA IMPORTANTE! Este autómata servi­cial NO comprende el lenguaje humano. Como es una máqui­na no comprende absolutamente nada. Pero para convenien­cia de ustedes ha sido diseñado de modo que responda a una lista de órdenes habladas. No hará caso de ninguna otra cosa que se diga en presencia suya, o bien (cuando alguna frase se induzca de modo incompleto o de tal modo que se cree un circuito de dilema) ofrecerá esta hoja de instrucciones. Le rogamos la lea cuidadosamente.

Corporación de Autoingenieria Aladino, fabricantes de CASTOR SERVICIAL, DAN DIBUJANTE, BILL CONS­TRUCTOR, PULGAR VERDE y CHACHA. Diseñadores y Consultantes en Problemas de Automatismo.

¡A su Servicio!

Este lema aparecía en su marca que representaba a Aladino frotando su lámpara, y a un genio que aparecía.

Bajo aquello había una lista de órdenes sencillas: PARA, ANDA, SI, NO, MÁS DESPACIO, MÁS DE PRISA, VEN AQUÍ, BUSCA UNA ENFERMERA, etcétera. Luego había una lista de tareas corrientes en hospitales, tales como masajes de espalda, y otras de las que nunca había oído hablar. La lista se cerraba abruptamente con la sentencia: «Las rutinas 87 a 242 solamente pueden ser dis­puestas por miembros del personal del hospital, por lo cual no se consigna aquí la lista de las restantes frases».

Yo no había provisto al primer Frank Flexible de un código vocal; había que oprimir botones en su tablero de control. No fue porque no hubiese pensado en ello, sino porque el analizador y la central telefónica necesarias hubiesen pesado, abultado y costado más que todo el resto de Frank el Viejo, neto. Pensé que tendría que estudiar algunas cosas de miniaturización y simplificación antes de estar en condiciones de ejercer de ingeniero allí. Pero estaba impaciente por empezar, pues por Castor Servicial podía ver que iba a ser más divertido que nunca; muchas posibilidades nuevas. La ingeniería es el arte de lo práctico y depende más del estado general del arte que del ingeniero individualmente. Cuando llegan los tiem­pos del ferrocarril se pueden hacer ferrocarriles… pero no antes. Fíjense en el pobre profesor Langley, desesperándose con su máqui­na voladora que debió volar -aportó ingenio suficiente para ello, pero había llegado justamente unos cuantos años demasiado pronto para disfrutar de los beneficios del arte colateral que necesitaba y del que no pudo disponer-. O tomen al gran Leonardo da Vinci, tan lejos de su tiempo que sus más brillantes ideas eran por comple­to imposibles de construir.

Iba a ser divertido aquí – quiero decir, «ahora».

Devolví la hoja de instrucciones, salté de la cama y busqué la placa de datos. Casi había esperado ver Muchacha de Servicio al pie de la nota, y me preguntaba si Aladino sería una incorporación filial del grupo Mannix. La placa de datos no indicaba mucho más que el modelo, el número de serie, fábrica, y demás, pero en cambio daba una lista de patentes, unas cuarenta -y la primera, según vi con mucho interés, estaba fechada 1970.. casi con seguridad basada en mis dibujos y modelo originales.

Encontré sobre la mesa un lápiz y un bloque de apuntes y anoté el número de aquella primera patente, si bien mi interés era pura­mente intelectual. Incluso si me la habían robado (y estaba seguro de que me había sido robada), había expirado en 1987-a menos de que hubiesen modificado las leyes de patentes- y solamente serian válidas las concedidas después de 1983.

Pero quería saberlo.

Sobre el autómata se encendió una luz:

-Me llaman. ¿Puedo irme?

-¿Cómo? Claro. Ve corriendo. -Comenzó a sacar la lista de frases, y entonces dije apresuradamente-: ¡Vete!

-Gracias. Adiós. -Y pasó junto a mi.

-Gracias a ti.

-Ha sido un placer.

Quien quiera que fuese que había dictado las respuestas del arte­facto, tenía una agradable voz abaritonada.

Me metí en la cama y me comí el desayuno que había dejado enfriar… con la diferencia de que resultó que no se había enfriado. El desayuno cuatro-menos era suficiente para un pájaro de tamaño mediano, pero encontré que era suficiente, a pesar de que me había sentido muy hambriento. Supongo que se me debía haber encogido el estómago. No fue sino después de haber terminado que recordé que aquel era el primer alimento que tomaba desde hacia una gene­ración. Me di cuenta entonces por qué habían incluido una minuta – lo que habría creído ser bacon era en realidad «tiras de levadura a la parrilla, estilo campesino».

Pero a pesar de mi ayuno de treinta años, no estaba pensando en comida; con el desayuno me habían enviado un periódico; el Times del Gran Los Ángeles, del miércoles 13 de diciembre de 2000.

La forma de los periódicos no había cambiado mucho. Aquel era de tamaño pequeño, el papel era satinado en lugar de mate, y las ilustraciones eran o bien en color, o en blanco y negro estereoscó­picas. No pude entender cómo funcionaban estas últimas. Desde que yo era pequeño había habido fotografías estéreo que se podían ver con unos visores; de niño me habían fascinado las que sé utili­zaban para anunciar alimentos helados, allá hacia los años cincuen­ta. Pero aquéllas habían requerido un plástico transparente bastante grueso para una red de pequeños prismas: éstas estaban sencillamen­te impresas en papel delgado. No obstante, tenían profundidad.

Lo dejé correr y miré el resto del periódico: Castor Servicial lo había dispuesto sobre un soporte para la lectura, y al principio pareci6 como silo único que iba a leer era la primera página, pues no sabía encontrar cómo se abría aquel demonio de cosa. Parecía que las hojas se habían congelado.

Por fin toqué accidentalmente la esquina inferior de la derecha, la cual se arrolló y se quitó de delante… alguna especie de fenóme­no de carga superficial que se accionaba desde aquel punto. Las otras páginas se fueron apartando limpiamente una tras otra a medida que iba tocando aquel punto.

Por lo menos la mitad del periódico era tan familiar que casi me hizo sentir nostalgia: «Horóscopo del Día, Alcalde inaugura Nuevo Embalse, Las Restricciones de Seguridad están Minando la Libertad de la Prensa, dice N. Y. Solon, Doble Victoria de los Gigantes, El Calor Desacostumbrado hace Peligrar los Deportes de Invierno, Pakistán advierte a la India», etcétera, hasta la saciedad. Todo eso me resultaba comprensible.

Algunas de las otras noticias eran nuevas, pero se explicaban por sí mismas: COMUNICACIÓN CON LA LUNA INTERRUMPIDA POR GEMINIDOS. -La estación de las veinticuatro horas sufre dos perforaciones; no hay desgracias personales; CUATRO BLAN­COS LINCHADOS EN LA CIUDAD DE EL CABO. -Se pide la intervención de la ONU; LAS MADRES ADOPTIVAS SE ORGA­NIZAN EN DEMANDA DE MAYOR PAGA. – Piden que se de­clare fuera de la Ley a las aficionadas; PLANTADOR DE MISSI­SSIPI ACUSADO BAJO LA LEY ANTIZOMBIE- Su defensa:

«Esos muchachos no están drogados, sino que son sencillamente estúpidos».

Estaba seguro de que sabía lo que esto último significaba.. por experiencia.

Pero algunas de las noticias me resultaban completamente incom­prensibles. Las «wogglies» seguían extendiéndose y se habían eva­cuado tres ciudades francesas más; el Rey estaba considerando la posibilidad de espolvorear el área. ¿El Rey? Claro está que de la política francesa se podía esperar cualquier cosa, pero ¿qué era aquella «Poudre Sanitaire» que pensaban utilizar contra las «wog­glies»? -fuesen éstas lo que fuesen-. ¿Quizá radiactiva? Confiaba en que escogerían un día de calma… de preferencia el treinta de febrero. Una vez había yo sufrido una dosis excesiva de radiación, debido a un error de un idiota de técnico de la WAC en Sandia. No había llegado al punto de vómitos sin billete de retorno, pero no recomendaría a nadie una dieta de curies.

La división de Laguna Beach de Los Ángeles había sido equipa­da con Leycoils, y el jefe de la división advertía a todos los Teddies para que saliesen de la ciudad: «Mis hombres tienen órdenes de actuar primero e investigar después. Hay que terminar con esto».

Eso sólo son ejemplos. Había muchas otras noticias que empeza­ban bien, pero que luego acababan en lo que para mi era una jerga incomprensible.

Comenzaba a lanzar vistazos a las estadísticas vitales cuando mi mirada se fijó en algunos subtítulos nuevos. Había los ya conocidos de antiguo, de los nacimientos, muertes, matrimonios y divorcios, pero ahora había además «depósitos» y «retiradas», clasificados por Santuarios. Miré el «Sawtelle Cons. Sanct» y encontré allí mi nombre, lo cual me dio una cálida sensación de «pertenencia al lugar».

Pero lo más interesante del periódico eran los anuncios. Uno de los personales me llamó la atención: «Viuda atractiva todavía joven con deseos de viajar desea encontrar caballero de las mismas aficio­nes. Objeto: contrato de matrimonio para dos años». Pero fueron los anuncios comerciales lo que me absorbió.

La Muchacha de Servicio, así como sus hermanas, y sus tías podían verse por todas partes, y aún utilizaban la marca de fábrica – una muchacha morena con una escoba- que yo había dibujado originalmente para nuestro membrete. Sentí un ligero pesar de ha­ber tenido tanta prisa en desprenderme de mis acciones de Mucha­cha de Servicio, Inc.: parecía que valdrían más que todo el resto de mi cartera. No, no era eso exacto: si entonces las hubiese conserva­do junto a mi, aquel par de ladrones se hubiesen apoderado de ellas y hubiesen falsificado una adjudicación a su nombre. En cambio, Ricky lo tenía ahora; y si había enriquecido a Ricky, pues bien, no le podía haber sucedido a persona más simpática.

Me propuse encontrar en seguida a Ricky; lo primero de todo. Era lo único que me quedaba del mundo que había conocido y representaba mucho para mi. ¡Querida Ricky! Si hubiese tenido diez años más no hubiese ni tan sólo mirado a Belle… y no me hubiese cogido los dedos.

Veamos… ¿qué edad debería tener ahora? Cuarenta, cuarenta y uno. No era fácil pensar que Ricky tenía cuarenta y un años. Pero en fin, eso no sería mucha edad para una mujer en estos días – ni siquiera tampoco en aquellos días. A una distancia de diez metros y beberíamos en memoria del querido y divertido dieciocho.

Si era rica le permitiría que me invitase a una copa y beberíamos en memoria del querido y divertido difunto Pet.

Y si algo había ido mal y era pobre a pesar de las acciones que le había adjudicado, entonces… entonces me casaría con ella… Sí, de veras. No importaba que tuviese diez años o así más que yo; en vista de mi historia y de mi obstinación de hacer tonterías, necesi­taba alguien mayor que yo que me impidiese hacerlas, y Ricky era precisamente la chica que serviría para eso. Había llevado la casa de Miles, y al mismo Miles, con una seria eficiencia de niña pequeña cuando tenia menos de diez años; a los cuarenta sería exactamente lo mismo, pero suavizada.

Por vez primera desde que me había despertado me sentía real­mente confortado, y ya no perdido en un país extraño. Ricky era la solución de todo.

Pero luego una voz en mi interior me dijo:

– Estúpido, no puedes casarte con Ricky porque una muchacha tan dulce como la que iba a ser deberá hacer ya por lo menos veinte años que está casada. Tendrá cuatro críos… quizás un hijo más alto que tú… y evidentemente un marido a quien no le divertirá tu papel de buen viejo tío Danny.

La escuché y me quedé con la boca abierta. Y dije con voz débil:

– Está bien, está bien.

Se me ha vuelto a escapar el tren. Pero a pesar de eso voy a buscarla. Lo peor que pueden hacer es pegarme un tiro. Y, al fin y al cabo, es la única persona que, aparte de mí, comprendía a Pet.

Volví otra página, entristecido de repente ante la idea de haber perdido a Pet y a Ricky. Al cabo de un rato me quedé dormido sobre el periódico y dormí hasta que Castor Servicial o su hermano gemelo me trajo el almuerzo.

Mientras dormía soñé que Ricky me tenía sobre su falda y me decía:

-Todo está arreglado, Danny. Encontré a Pet y ahora nos va­mos a quedar los dos. ¿No es verdad, Pet?

-Fsmmi…

Los vocabularios adicionales no fueron difíciles; necesité mucho más tiempo con los sumarios históricos. En treinta años pueden pasar muchas cosas, pero ¿para qué hablar de ellas si todo el mun­do las conoce mejor que yo? No me sorprendió enterarme de que la Gran República de Asia nos estaba desplazando del comercio con Sudamérica; desde el tratado de Formosa era algo que se podía prever. Tampoco me sorprendió encontrar a la India más balcani­zada que nunca. La idea de que Inglaterra era una provincia de Canadá me hizo reflexionar un momento. ¿Quién era el rabo, y quién el perro? Leí rápidamente lo del pánico del 87; el oro es un maravilloso material para ciertos usos de ingeniería; no podía con­siderar una tragedia el hecho de que ahora era barato y había dejado de ser una base para el dinero, prescindiendo de cuantos perdieron hasta la camisa en el cambio.

Dejé de leer y pensé en las cosas que se podían hacer con oro barato, con su elevada densidad, buena conductividad, ductilidad extrema… y dejé de pensar cuando me di cuenta de que primera­mente tendría que leer la bibliografía técnica. En atómica solamen­te, seria inapreciable. La manera en que podía ser trabajado, mucho mejor que cualquier otro metal, si se le podía utilizar para miniatu­rizar, y me detuve nuevamente, moralmente cierto de que Castor Servicial tenía la cabeza atiborrada de oro. Tendría que apresurar­me para averiguar qué habían estado haciendo los muchachos de los «cuartos de atrás» mientras yo había estado ausente.

El Sawtelle Sanctuary no disponía de medios que me permitiesen estudiar ingeniería, de modo que le dije al doctor Albrecht que estaba ya dispuesto a salir. Se encogió de hombros, me dijo que era un idiota, y lo aprobó. Pero me quedé aún otra noche: descubrí que estaba agotado sólo con permanecer echado contemplando cómo desfilaban las palabras en un explorador de libros.

Al día siguiente, después del desayuno, me trajeron ropa moder­na… y me tuvieron que ayudar a vestir. No es que fuesen muy extrañas en sí mismas (si bien nunca había llevado pantalones de color cereza con extremos acampanados), pero no conseguí utilizar los cierres sin previa instrucción. Me imagino que mi abuelo hubiese tenido la misma dificultad con los cierres cremallera, si no hubiesen sido introducidos progresivamente. Se trataba, naturalmente, de las costuras de cierre Juntafuerte -llegué a creer que tendría que contratar un muchacho para que me ayudase a ir al lavabo, antes de que me hubiera entrado en la cabeza que la adherencia sensible a la presión estaba polarizada axialmente.

Luego casi perdí los pantalones cuando traté de aflojar la cintu­ra. Nadie se rió de mí.

El doctor Albrecht preguntó:

-¿Qué va usted a hacer?

-¿Yo? Primeramente voy a buscar un mapa de la ciudad. Luego voy a buscar un lugar donde dormir. Después no voy a hacer nada durante un tiempo, salvo lectura profesional… quizá durante un año. Doctor, soy un ingeniero atrasado, y no quiero continuar siéndolo.

-Bueno. Pues… buena suerte. No dude en llamarme si le puedo ayudar.

Le ofrecí la mano:

-Gracias, doctor. Ha sido usted espléndido conmigo, aunque quizá no debería hablar de eso hasta que haya consultado la oficina de cuentas de mi compañía de seguros y vea exactamente de qué dispongo. Pero mi intención es no dejarlo solamente en palabras. Las gracias por lo que usted ha hecho por mí deben tener una forma más substancial. ¿Me comprende?

Meneó la cabeza:

-Le agradezco su intención. Pero mis honorarios están cubier­tos por mi contrato con el santuario.

-Pero…

-No. No puedo aceptarlo, de modo que le ruego no lo discuta­mos. -Me dio la mano y añadió-: Adiós. Si se queda en esta pendiente, le llevará a usted a las oficinas principales. -Dudó un momento-: Si al principio las cosas le resultan un poco cansadas, tiene usted derecho a cuatro días más de recuperación y reorienta­ción sin carga adicional, según el contrato de custodia. Está pagado, y tanto vale que lo use usted. Puede usted entrar y salir cuando le plazca.

Sonreí ampliamente:

-Gracias, doctor. Pero ya puede usted asegurar que no pienso volver, salvo para saludarle a usted algún día.

Me bajé y al llegar a la oficina principal le dije quién era a la recepcionista que estaba allí. Me entregó un sobre, el cual vi era una nueva llamada telefónica de la señora Schultz. Aún no la había llamado porque no sabía quién era, y el santuario no permitía ni llamadas telefónicas ni visitas a clientes revividos hasta que ellos mismos las permitían. No hice sino lanzarle una ojeada y meterlo en mi blusa, mientras pensaba que quizás había cometido un error al hacer a Frank Flexible demasiado flexible. Antes las recepcionistas eran muchachas bonitas y no máquinas.

La recepcionista dijo:

-Por aquí, por favor. Nuestro tesorero desea verle.

Pues bien, yo también tenía ganas de verle, de modo que seguí la indicación. Me preguntaba cuánto dinero habría ganado y me feli­citaba por haber escogido valores corrientes en vez de jugar sobre «seguro». Sin duda mis acciones habrían bajado durante el pánico del 87, pero ahora deberían haber vuelto a subir -en realidad sabía que un par de ellas valían ahora mucho dinero; había estado leyen­do la sección financiera del Times. Todavia llevaba conmigo el periódico, pues me imaginaba que me iba a interesar hacer otras consultas.

El tesorero era un ser humano, a pesar de que realmente parecía un tesorero. Me estrechó rápidamente la mano:

-¿Cómo está usted, señor Davis? Soy el señor Doughty. Siénte­se, por favor.

Yo repliqué:

-¿Cómo está, señor Dougty? Probablemente no le entenderé mucho. Dígame solamente lo siguiente: ¿Es que mi compañía de seguros liquida sus contratos a través de esta oficina? ¿O bien debo ir a su oficina principal?

– Por favor, siéntese. Tengo que explicarle algunas cosas.

Me senté. Su ayudante de oficina (otra vez el bueno de Frank) le alcanzó una carpeta, y el señor Doughty dijo:

-Estos son los contratos originales. ¿Le gustaría verlos?

Tenía verdaderas ganas de verlos, pues desde que me había des­pertado por completo me había estado preguntando si Belle habría encontrado la manera de dar un mordisco a aquel cheque certifica­do. Un cheque certificado es mucho más difícil de alterar que un cheque personal, pero Belle era una chica muy lista.

Me tranquilizó mucho ver que había dejado inalterados mis depósitos salvo naturalmente por el contrato colateral referente a Pet, que faltaba, así como el que se refería a mis acciones de Muchacha de Servicio. Me imagino que los habría quemado para evitarse preguntas. Examiné con cuidado la docena o más de lugares donde había cambiado Compañía de Seguros Mutuos convirtiéndolo en Compañía de Seguros Master de California.

Sin duda ninguna, aquella muchacha era una verdadera artista. Me imagino que un criminólogo científico armado de un microsco­pio y de un estéreo comparador y de ensayos químicos, y así suce­sivamente, podría haber demostrado que todos aquellos documen­tos habían sido alterados, pero yo no lo hubiese podido probar. Me preguntaba cómo se las habría arreglado con el dorso del cheque certificado, puesto que los cheques certificados son siempre sobre un papel garantizado indeleble. Pues lo más probable seria que no hubiese intentado borrarlo: lo que una persona puede idear otra puede resolver… y Belle era ciertamente muy ingeniosa.

El señor Dougthy carraspeó. Yo levanté la mirada

-¿Saldamos mi cuenta aquí?

-Sí.

-Entonces lo preguntaré con una palabra: ¿Cuánto?

-Pues… señor Davis, antes de que entremos en esta cuestión, deseo invitarle a que ponga toda su atención en un documento adicional… y en una circunstancia. Aquí está el contrato entre este santuario y la Compañía de Seguros Master de California, respecto a su hipotermia, custodia y revivificación. Observará usted que la totalidad se paga por adelantado. Esto es tanto para protegernos a nosotros, como para protegerle a usted, puesto que garantiza su bienestar mientras está incapacitado. Esos fondos, su totalidad, se ponen en pica en la división del tribunal supremo que entiende en estas cuestiones, y se nos van pagando trimestralmente a medida que las debitamos.

-Bien. Parece un sistema racional.

-Lo es. Protege a los incapacitados. Ahora bien, debe usted comprender con toda claridad que este santuario es una corporación distinta de su compañía de seguros; el contrato de custodia con nosotros era un contrato completamente independiente del de la administración de su patrimonio.

-Señor Doughty. ¿Adónde va usted a parar?

-¿Tiene usted otros valores además de los que confió a la Com­pañía de Seguros Master?

Lo pensé bien. Había tenido un auto en otros tiempos… pero Dios sabe lo que había sido de él. Al principio del jaleo había cerrado mi cuenta corriente en Mojave, y en aquel atareado día en que terminé en casa de Miles -y en la sopa- había comenzado con quizá treinta o cuarenta dólares en efectivo. Libros , ropas, regla de cálculo -nunca había almacenado trastos- todo aquello había desaparecido.

-Ni tan sólo un billete de autobús, señor Doughty.

-Entonces… lamento mucho tenérselo que decir, pero no tiene usted propiedad de ninguna clase.

Me mantuve quieto mientras mi cabeza daba vueltas y finalmente aterrizaba violentamente.

-¿Qué quiere usted decir? ¡Si algunas de las acciones que adqui­rí están muy bien! Lo sé; aquí lo dice. -Y le mostré mi ejemplar del Times.

Meneó la cabeza:

-Lo lamento, señor Davis, pero no es propietario de ninguna clase de acciones. Seguros Master quebró.

Me alegré de que me hubiese hecho sentar; me sentía débil:

-¿Cómo ocurrió? ¿Fué durante el Pánico?

-No, no. Fue parte del hundimiento del Grupo Mannix… pero, naturalmente, usted no sabe nada de esto. Sucedió después del Pánico. Pero Seguros Master no se hubiese perdido sino hubiese sido sistemáticamente pillada… destripada, «ordeñada» es la expre­sión vulgar. Si hubiese sido una sindicatura corriente, algo hubiera podido salvarse. Pero no lo era. Cuando por fin se descubrió ya no quedaba nada más de la compañía sino una cáscara hueca… y los hombres culpables estaban fuera del alcance de la extradición. Ah, si le ha de consolar en algo saberlo, le diré que bajo las leyes actuales aquello no hubiese podido suceder.

No, no me consolaba, y además no lo creía. Mi padre acostum­braba a decir que cuanto más complicada era la ley más oportuni­dades tenía el estafador.

Pero también decía que una persona prudente debía estar prepa­rada a abandonar el equipaje en cualquier momento. Yo me pregun­taba cuántas veces tendría que hacerlo para merecer el calificativo de «prudente»:

-Ah, señor Doughty. Solamente por curiosidad: ¿qué tal le fue a Seguros Mutuos?

-¿La Compañía de Seguros Mutuos? Una firma muy buena. Desde luego, recibieron un buen palo durante el Pánico, lo mismo que todo el mundo. Pero capearon el temporal. ¿Quizá tiene usted una póliza con ellos?

-No.

No ofrecí ninguna explicación; no hubiese servido de nada. No podía dirigirme a Seguros Mutuos, no había llegado nunca a cum­plimentar mi contrato con ellos. Tampoco podía demandar a Segu­ros Master, ya que de nada sirve demandar a un cadáver.

Podia demandar a Belle y a Miles si es que todavía andaban por ahí, pero, ¿para qué hacer el tonto? No tenía absolutamente ningu­na prueba.

Y además, no quería demandar a Belle. Valdría más tatuaría de pies a cabeza con la inscripción «Cancelada»… utilizando una aguja despuntada. Luego me referiría a lo que había hecho con Pet. Aún no había pensado el castigo adecuado para eso.

Recordé entonces de repente que era el grupo Mannix a quien Belle y Miles habían estado a punto de vender Muchacha de Servi­cio Inc., cuando me dieron la patada.

– Señor Doughty – dije-, ¿está usted seguro de que los de Mannix no tienen activo ninguno? ¿No son propietarios de Mucha­cha de Servicio?

-¿Muchacha de Servicio? ¿Quiere usted decir la firma que se dedica a aparatos automáticos domésticos?

-Si; naturalmente.

-No me parece apenas posible. La verdad es que no es posible en absoluto, puesto que el imperio Mannix, como tal, ya no existe. Naturalmente, no puedo afirmar que no haya habido nunca relación entre los de Mannix y la Corporación de Muchacha de Servicio. Pero aun siendo así, no creo que haya sido gran cosa, pues de lo contrario me figuro que me hubiese enterado.

Dejé correr el asunto. Si Belle y Miles habían sido cogidos en el hundimiento de Mannix, tanto mejor. Pero, por otra parte, si Man­nix había poseído y ordeñado a Muchacha de Servicio Inc., había perjudicado tanto a Ricky como a ellos. Y no quería que Ricky saliese perjudicada, cualesquiera que fuesen las demás consecuen­cias.

-Bueno, gracias por habérmelo dicho por etapas, señor Doughty. Es hora de que me marche.

-No se vaya todavía, señor Davis… aquí, en esta institución, sentimos una responsabilidad para con los nuestros que va más allá de la sencilla letra del contrato. Ya puede usted suponer que su caso no es el primero que se presenta. Nuestro consejo de administración ha puesto un pequeño fondo discrecional a mi disposición para aliviar casos como el presente…

-Nada de limosnas, señor Doughty. De todos modos se lo agradezco.

-No se trata de limosnas, señor Davis. Se trata de un préstamo. Un préstamo personal, podríamos decir. Y créame que nuestras pérdidas en tales préstamos han sido despreciables… y no queremos que salga usted de aquí con los bolsillos vacíos…

Volví a pensarlo. No tenía ni tan sólo lo suficiente para un corte de cabello. Por otra parte, pedir prestado dinero es algo así como tratar de nadar con un ladrillo en cada mano… y un pequeño préstamo es más difícil de devolver que un millón.

Señor Doughty -dije lentamente-. El señor Albrecht me dijo que tenía derecho a cuatro días más de mantenimiento aquí.

-Creo que es cierto, tendría que consultar su ficha. A pesar de que de todos modos no echamos a la gente aunque haya expirado su contrato, si no están preparados.

-Me lo figuro. Pero, dígame ¿qué precio tiene la habitación que ocupaba, como habitación de hospital y pensión?

-¿Cómo? Nuestras habitaciones no se alquilan de esa forma. No somos un hospital; no hacemos sino mantener una enfermería para la recuperación de nuestros clientes.

-Sin duda. Pero lo debe tener usted calculado, aunque no sea más que por razones de contabilidad.

-Mmm… pues si y no. No hacemos nuestros cálculos a base de eso. Hay que tener en cuenta la depreciación, los gastos generales, mantenimiento, reservas, cocina de régimen, personal y demás. Me figuro que seria posible hacer una estimación.

-No se preocupe. ¿A cuánto ascendería una habitación y pen­sión semejantes en un hospital?

-Es algo un poco fuera de mi ocupación… pero, en fin, me figuro que podríamos decir que alrededor de unos cien dólares por día.

-Me quedaban cuatro días. ¿Quiere usted prestarme cuatrocien­tos dólares?

No respondió, sino que habló en un código numérico a su asis­tente mecánico. Luego, ocho billetes de cincuenta dólares pasaron a mi mano.

-Gracias -dije sinceramente mientras me los embolsaba-. Haré todo lo que pueda para que eso no se quede en los libros demasiado tiempo. ¿Al seis por ciento? ¿O está escaso el dinero?

El señor Doughty meneó la cabeza:

-No se trata de un préstamo. En vista de la forma en que lo planteó usted, lo he cargado al tiempo que no ha utilizado.

-¿Cómo? Mire, señor Doughty, no tuve la intención de forzarle. Naturalmente, voy a…

-Por favor. Cuando usted dijo a mi asistente que le entregase esa cantidad le ordené la cargase en cuenta. ¿Quiere usted que nuestros censores de cuentas tengan dolores de cabeza por unos miserables cuatrocientos dólares? Estaba dispuesto a prestarle mu­cho más.

-Bueno; no puedo discutirlo ahora. Dígame, señor Doughty ¿cuánto dinero representa eso? ¿Cuál es el nivel actual de precios?

-Pues… es una pregunta muy compleja.

-Déme una idea. ¿Qué cuesta comer?

-La comida es bastante razonable. Por diez dólares se puede conseguir un almuerzo muy satisfactorio… si procura elegir restau­rantes de precios moderados.

Le di las gracias y salí de allí realmente confortado. El señor Doughty me rercordaba a un pagador del Ejército. Hay dos clases distintas de pagadores: una te enseña el lugar donde el libro dice que no puedes cobrar lo que te corresponde; la otra rebusca en el libro hasta que encuentra un párrafo que te concede lo que necesitas aunque no te corresponda.

Dougthy pertenecía a la segunda clase.

El santuario estaba frente a Los Caminos de Wilshire. Delante había unos bancos y unos macizos de arbustos y flores. Me senté en uno de los bancos para reflexionar y decidir si iba hacia el este o hacia el oeste. Doughty había aparentado indiferencia pero la ver­dad es que estaba bastante quebrantado, a pesar de que en mis pantalones tenía para las comidas de una semana.

Pero el sol calentaba, y el zumbido de Los Caminos era agrada­ble. Yo era joven (al menos biológicamente) y tenía un par de manos y mi cerebro. Me puse a silbar Hallelujah, Im a bum y abrí el Times por la página de «demandas de personal».

Resistí el impulso de examinar la de «Profesionales Ingenieros» y me dirigí directamente a la de «Varios».

Esa clasificación era muy breve; tanto que por poco no la encuentro.

 

6

 

Conseguí un empleo al segundo día, viernes, 15 de diciembre. Tuve también un pequeño choque con la ley y diversos líos con las nuevas modas de hacer las cosas, decirlas y reaccionar ante ellas. Descubrí que la «reorientación» mediante un libro es algo así como leer sobre sexo: no es lo mismo

Me figuro que habría tenido menos dificultades si me hubiesen depositado en Omsk, en Santiago o en Yakarta. Cuando se va a una ciudad desconocida de un país desconocido ya se sabe que las cos­tumbres van a ser diferentes, pero en el Gran Los Ángeles confiaba en que las cosas no hubiesen cambiado, a pesar de que podía ver que sí habían cambiado. Claro está que treinta años no son nada; todo el mundo puede encajar ese cambio, y mucho más en el curso de una vida. Pero tenerlo que encajar de golpe, es diferente.

Así, por ejemplo, una palabra que utilicé con toda inocencia. Una dama que estaba presente se ofendió, y solamente el hecho de que yo era un durmiente -cosa que me apresuré a explicar- evitó que su marido me largase una bofetada. No voy a utilizar aquí la palabra en cuestión… aunque si: voy a usarla, ¿por qué no? La utilizo para explicar algo. Podéis tener la seguridad de que la pala­bra tenía un uso discreto cuando yo era niño, y nadie la escribía con tiza por las paredes cuando yo era muchacho.

La palabra era «manía»

Había otras palabras, que todavía no utilizo correctamente a no ser que me detenga a pensarlo. No son palabras tabú precisamente, sino palabras que han cambiado de sentido. Así, por ejemplo, «hués­ped», cuyo significado entonces no tenía nada que ver con el coefi­ciente’ de natalidad.

Pero me las arreglé. El empleo que encontré consistía en aplastar nuevas limusinas terrestres para poder enviarlas a Pittsburgh como chatarra. Cadillacs, Chryslers, Eisenhowers, Lincolhs… toda clase de grandes y potentes vehículos que no habían recorrido ni un solo kilómetro. Los conducía hasta las fauces y luego crac, crac, crac: chatarra para los altos hornos.

Al principio me molestaba hacerlo, ya que tenía que acudir al trabajo por Los Caminos y ni siquiera disponía de un saltagravedad. Dije lo que me parecía, y por poco pierdo mi empleo… hasta que el encargado recordó que era un durmiente y que realmente no lo comprendía.

-Se trata de una cuestión de sencilla economía, hijo mío. Son vehículos excedentes que el gobierno ha aceptado en garantía a cambio de préstamos para mantener los precios. Ahora tienen dos años y ya nunca podrán ser vendidos… De modo que el gobierno los desguaza y los vende como chatarra a la industria del acero. No es posible hacer funcionar un alto horno solamente con mineral de hierro; también es necesario tener chatarra. Eso debes saberlo aun­que seas un durmiente. En realidad, con la actual escasez de mineral de buena calidad, la demanda de chatarra es cada día mayor. La industria del acero necesita estos coches.

-Pero ¿para qué construirlos, si no pueden ser vendidos? Parece una pérdida inútil.

-Solamente lo parece. ¿Quieres que la gente se quede sin empleo? ¿Quieres que descienda el nivel de vida?

-¿Y por qué no los envían al extranjero? Me parece a mí que SE podría obtener más por ellos en el mercado libre extranjero que como chatarra.

-¿Y arruinar el mercado de exportación? Además, si comenzásemos el dumping de automóviles en el extranjero Pospondríamos a malas con todo el mundo: con Japón, Francia, Alemania, Asía Grande… Con todo el mundo. ¿Qué te propones? ¿Armar una guerra? -Suspiró, y prosiguió en un tono paternal-: Ve a l~ Biblioteca pública y saca algunos libros. No tienes derecho a opina sobre estas cosas hasta que sepas algo de ellas.

De modo que me callé. No le dije que pasaba todo mi tiempo libre en la biblioteca pública o en la biblioteca de la UCLA. Había evitado admitir que era, o que había sido, un ingeniero. Pretender que era ahora un ingeniero hubiese sido algo así como dirigirse a Du Pont y decirles: «Caballeros, soy un alquimista ¿necesitan ustedes mis servicios?».

Volví a plantear la cuestión solamente otra vez más, porque observé que muy pocos de los coches para el mantenimiento de precios estaban verdaderamente a punto de circular. El trabajo era basto y con frecuencia carecían de partes esenciales, tales como instrumentos indicadores o de acondicionadores de aire. Pero cuan­do un día pude observar por la manera como los dientes de la máquina de aplastar mordían uno de los coches, que incluso les faltaba el motor, volví a hablar del asunto.

El jefe de turno me miró asombrado.

-¡Vaya, muchacho! ¿No esperarás realmente que se esmeren con coches que no son sino excedentes? Estos coches ya iban apo­yados por préstamos para control de precios antes de salir de la línea de montaje.

Esta vez me callé, y me quedé callado. Más valdría que me dedicase exclusivamente a la ingeniería; la economía era demasiado esotérica para mi.

Pero tenía tiempo de sobras para pensar. El empleo que tenía no era verdaderamente un empleo para mi; todo el trabajo lo hacía Frank Flexible en sus diversos disfraces. Frank y sus hermano~ hacían funcionar la prensa, llevaban los autos a su sitio, desplaza­ban la chatarra, contaban y pesaban las cargas; mi trabajo consistía en estar de pie en una pequeña plataforma (no me permitían que me sentase), asido de un interruptor que podía detener toda la opera­ción si algo funcionaba mal. Nunca nada falló, pero pronto descu­brí que se esperaba de mí que descubriese por lo menos un fallo en los autómatas a cada turno, que detuviese el proceso, y que enviase a buscar un equipo de socorro.

Bueno, el caso era que me pagaban veinte dólares diarios, lo cual me permitía seguir comiendo. Lo primero es lo primero.

Descontada la seguridad social, la cuota al gremio, el impuesto a la renta, el impuesto de defensa, el plan médico y la mutua del bienestar, me quedaban unos dieciséis dólares para llevarme a casa. Doughty se había equivocado al decir que una comida costaba diez dólares; era posible conseguir una comida muy decente por tres si no se insistía en pedir verdadera carne, y yo desafío a cualquiera a que me diga si un bistec ruso había empezado su vida en un tanque o al aire libre. Y con las historias que circulaban sobre la carne del mercado negro que podía causar envenenamiento por radiación, me sentía perfectamente feliz con sustitutos.

Dónde vivir había sido un problema. Como Los Ángeles no había disfrutado de la limpieza instantánea de barracas del plan de Guerra de Seis Semanas, habían ido a parar allí un número asom­broso de refugiados (supongo que yo era uno de ellos, si bien entonces no se me había ocurrido pensarlo) y al parecer ninguno de ellos había vuelto nunca a su casa, ni siquiera de entre aquellos a quienes les quedaba casa adonde volver. La ciudad -si es que se puede llamar ciudad al Gran Los Ángeles, que es más bien un estado de cosas- había estado ahogada cuando yo me fui a dormir; ahora estaba llena a rebosar. Quizá fue un error suprimir la humi­niebla; allá por los 60 algunos se marchaban cada año debido a la sinusitis.

Ahora por lo visto nunca se iba nadie.

El día que había salido del santuario me preocupaban varias cosas, principalmente: 1, encontrar un empleo; 2, encontrar sitio donde dormir; 3, ponerme al día en ingeniería; 4, encontrar a Ricky; 5, volver a la ingeniería -por mi cuenta, si es que resultaba huma­namente posible-; 6, encontrar a Belle y a Miles y ajustaríes las cuentas- sin por ello ir a la cárcel-, y 7, varias otras cosas, tales como investigar la patente original de Castor Servicial y comprobar mi presunción de que en realidad era Frank Flexible (no es que ahora fuese eso importante, sino sencilla curiosidad), y examinar la historia corporativa de Muchacha de Servicio, Inc., etcétera.

He indicado lo precedente en orden de prioridad, pues había ya comprobado hacía años (gracias a casi haber perdido mi primer año de ingeniería) que si no se utilizan prioridades, cuando cesa la música uno se encuentra de pie. Naturalmente, algunas de aquellas prioridades iban juntas; tenía la esperanza de buscar a Ricky, así como a Belle y Cía., al mismo tiempo que empollaba ingeniería. Pero lo primero es lo primero, y lo segundo, lo segundo; encontrar un empleo venía antes que buscar un saco, porque los dólares son la llave para todo lo demás… cuando no se tienen.

Después de haber sido rechazado seis veces en la ciudad, había ido tras un anuncio al Distrito de San Bernardino, pero llegué allí diez minutos demasiado tarde; debía haber alquilado un cuarto enseguida, pero en cambio lo que hice fue volver a la ciudad, con la intención de encontrar una habitación, de levantarme muy tempra­no y de ser el primero en la cola para algún empleo que apareciese en la primera edición.

¿Cómo pude haberlo sabido? Dejé mi nombre en cuatro listas para casas de cuartos, y acabé en el parque. Allá me quedé, pasean­do para conservar el calor, hasta casi medianoche y luego lo dejé correr. Los inviernos del Gran Los Angeles son solamente subtropi­cales si se acentúa lo de «sub». Me refugié en una estación de los Caminos de Wilshire… y hacia las dos de la madrugada me cazaron en una redada con el resto de los vagabundos.

Las cárceles han mejorado. Aquélla era caliente, y me parece que exigían a las cucarachas que se enjugasen los pies.

Me acusaron de barraquear. El Juez era un joven que ni siquiera levantó la vista de su periódico, sino que dijo solamente:

-¿Todos ellos por vez primera?

-Sí, señor juez.

-Treinta días, o bien bajo palabra a una compañía de trabajo. Los siguientes.

Comenzaron a hacernos salir, pero yo no me movía.

-Un momento, juez.

-¿Cómo? ¿Tiene algo que decir? ¿Culpable o inocente?

-Pues, la verdad es que no lo sé, pues ignoro qué es lo que he hecho. Verá usted…

-¿Quiere usted un defensor público? Si es así, le pueden encerrar hasta que haya uno que pueda ocuparse de su caso. Me parece que en este caso van con seis días de retraso… pero es su derecho.

-Pues sigo sin saberlo. Quizá lo que quiero es palabra con una compañía de trabajo, a pesar de que no sé lo que es. Lo que realmente deseo es consejo del Tribunal, si el Tribunal está de acuerdo.

El juez dijo al alguacil:

-Saque a los demás. -Y se volvió nuevamente hacia mí-. Hable, pero le advierto que no le va a gustar mi consejo. He estado en este sitio desde hace tiempo, el suficiente para haber oído todas las historias fantásticas posibles y para haber adquirido un profun­do desprecio para la mayoría.

-Sí, señor. Pero la mía no es fantástica; puede ser comprobada fácilmente. Verá usted, acabo de salir ayer del Sueño Largo y…

Pero la verdad es que puso cara de desprecio.

-¿De modo que uno de ésos? Con frecuencia me he preguntado qué era lo que les permitía pensar a nuestros abuelos que tenían derecho a legarnos su purria. La última cosa que se necesita en esta ciudad es más gente… especialmente de los que no podían desenvol­verse en su propio tiempo. Me gustaría poderle enviar de una pata­da de vuelta al año que sea de donde vino, con un mensaje para todos los demás de que el futuro en que están pensando no está, repito, no está, alfombrado de oro. -Suspiró-. Pero estoy seguro de que no serviría de nada. Bueno, ¿qué espera usted que haga? ¿Darle otra oportunidad? ¿Para que vuelva a aparecer por aquí dentro de una semana?

-Señor juez, no me parece probable. Tengo suficiente dinero para vivir hasta que encuentre un empleo, y…

-¿Cómo? Si tiene dinero, ¿por qué está barraqueando?

-Señor juez, ni siquiera sé lo que significa esa palabra.

Esa vez permitió que me explicara. Cuando llegué a la forma en que me había estafado la Compañía de seguros Master su actitud cambió radicalmente.

-¡Aquellos cerdos! A mi madre la estafaron después de haberles estado pagando cuotas durante veinte años. ¿Por qué no me lo dijo al principio? -Sacó una tarjeta, escribió algo en ella, y dijo-:

Lléveselo a la oficina de empleos de la Autoridad de Excedentes y Recuperación. Si no consigue un empleo, vuelva a verme esta tarde. Pero no barraquee más. No sólo engendra crimen y vicio sino que corre el terrible peligro de encontrarse con un recluta de zombíes.

Y así fue cómo conseguí el empleo de aplastar automóviles total­mente nuevos. Pero sigo creyendo que no cometí un error de lógica al dedicarme en primer lugar en buscar empleo. Un hombre que tiene un buen saldo en el banco se encuentra como en su casa en todas partes: la policía le deja en paz.

 También encontré una habitación decente, adecuada a mi presu­puesto, en una parte del Oeste de Los Angeles que aún no había entrado en el Nuevo Plan. Creo que antes había servido de guar­darropa.

No querría que nadie piense que no me gustaba el año 2000, comparado con 1970. Me gustaba, así como me gustó el 2001 cuan­do apareció unas dos semanas después de que me hubieran desper­tado. A pesar de ciertos espasmos de añoranza casi insoportables, me pareció que el Gran Los Ángeles a la entrada del Tercer Milenio era sin duda el lugar más maravilloso que había visto en mi vida. Era agitado y limpio y muy estimulante, a pesar de que estuviera excesivamente lleno de gente… E incluso eso era algo con lo que se estaban enfrentando a escala gigantesca. Las nuevas partes de la ciudad correspondientes al Nuevo Plan eran como para alegrar el corazón de cualquier ingeniero. Si el gobierno de la ciudad hubiese tenido autoridad soberana para impedir la inmigración durante diez años, hubiesen conseguido vencer el problema de la vivienda. Pero como carecían de tal autoridad, tenían que hacer lo que mejor podían con los enjambres que venían a través de las Sierras -y lo que mejor podían era especular más allá de lo imaginable, e incluso los fracasos eran colosales.

Valía la pena dormir treinta años solamente para despertar en un tiempo donde no existía el resfriado común, y a nadie le goteaba la nariz. Para mi eso era más importante que la colonia experimental en Venus.

Dos cosas fueron las que más me importaron, una de ellas gran­de y la otra pequeña. La grande era, naturalmente, la Grave-Cero. Allá en 1970 ya me había enterado de las investigaciones sobre gravedad del Babson Institute, pero no había creído que condujeran a nada, como en efecto ocurrió; la teoría básica del campo fue desarrollada en la Universidad de Edimburgo. Pero en la escuela me habían enseñado que la gravitación era algo sobre lo cual nadie podía hacer nada, puesto que era inherente a la estructura misma del espacio.

De modo que lo que hicieron fue, naturalmente, alterar la estruc­tura del espacio. Desde luego que solamente de una manera local y transitoria, pero eso era lo único que se necesitaba para desplazar un objeto pesado. Debe siempre permanecer en relación de campo con la Madre Tierra, de modo que no sirve para naves especiales

-por lo menos en 2001-; ya he dejado de hacer profecías. Me enteré que para levantar algo seguía siendo necesario consumir po­tencia a fin de superar el potencial gravitatorio, y al revés, para hacer descender algo era necesario disponer de un acumulador de potencia para almacenar todos aquellos kilográmetros, pues de lo contrario algo haría ¡Fffff.. ¡pam! Pero para transportar algo hori­zontalmente, por ejemplo de San Francisco al Gran Los Angeles, bastaba con levantarlo, luego hacerlo flotar, sin ninguna energía, como un patinador sobre el hielo.

¡ Magnífico!

Intenté estudiar la teoría de aquello, pero sus matemáticas em­piezan donde el cálculo de tensores termina: no es cosa para mi. Un ingeniero no acostumbra a ser físico matemático, y no tiene necesi­dad de serlo; tiene sencillamente que aprender la esencia de una cosa para saber qué es lo que podrá hacer en la práctica -tiene que saber los parámetros de trabajo-. Eso podía aprenderlo yo.

La «cosa pequeña» que he mencionado eran los cambios en el estilo de los vestidos de las chicas que los materiales Juntafuerte hicieron posibles. No me asombró ver la piel y nada más en las playas; era algo que se veía venir en 1970. Pero las cosas extrañas que las damas eran capaces de hacer con Juntafuertes me dejaban boquiabierto.

Mi abuelo había nacido en 1890 y supongo que algunas de las cosas que podían verse en 1970 le hubiesen afectado de la misma manera.

Pero aquel nuevo mundo rápido me gustaba y me hubiese senti­do feliz en él si no me hubiese hallado tan solitario la mayor parte del tiempo. Me encontraba desplazado. Había ocasiones (general­mente en medio de la noche) en que lo hubiese cambiado todo por un apaleado gato, o por la posibilidad de pasar una tarde llevando a la pequeña Ricky al Zoo… o por la compañía que Miles y yo habíamos compartido cuando todo lo que teníamos era trabajo y esperanzas.

Era todavía a principios de 2001 y no me había puesto aún ni a medias al corriente, cuando comencé a sentirme impaciente por dejar mi seguro empleo y volver a mi tablero de dibujo. Había tantas cosas que eran posibles con el arte actual y que habían sido imposibles en 1970; quería empezar a trabajar y diseñar una docena de ellas.

Por ejemplo, había supuesto que ya habría secretarios automáti­cos; me refiero a una máquina a la que se pudiera dictar una carta comercial y que la escribiese con ortografía, puntuación y formato perfectos, sin que interviniese en ella una sola persona. Pero no los había. Era cierto que alguien había inventado una máquina que podía escribir, pero solamente era adecuada para un idioma fonéti­co como el Esperanto, y no servia de nada con un idioma como el inglés que no lo es.

La gente no está dispuesta a abandonar lo que el inglés tiene de ilógico para satisfacer la conveniencia de un inventor. Mahoma tiene que ir a la montaña.

Puesto que una estudiante de bachillerato puede arreglárselas con la absurda ortografía del inglés, y generalmente escribe la pala­bra exacta, ¿no habría manera de enseñárselo a hacer a una máquina?

«Imposible» era la respuesta corriente. Se creía que eran necesa­rios un discernimiento y una comprensión humanas.

Pero un invento es precisamente algo «imposible» hasta el mo­mento de la invención, es por eso que los gobiernos conceden patentes.

Dados los tubos de memoria y con la miniaturización ahora posible, había tenido razón sobre la importancia del oro como material para ingeniería, con esas dos cosas debería ser fácil com­primir unos cien mil sonidos en unos decímetros cúbicos… En otras palabras, ordenar por su sonido todas las palabras del Diccionario de Webster. Pero eso no sería necesario: con diez mil palabras habría bastante. No haría ninguna falta incluir palabras muy com­plicadas que se podrían dictar por letras cuando fuese necesario. De modo que disponemos la máquina a fin de que pueda admitir esos dictados. Aplicamos el código de sonido a la puntuación… así como para varios formatos diferentes.. .y para buscar direcciones en un fichero… y para el número de copias… y dejamos por lo menos mil códigos en blanco para el vocabulario especial utilizado en un nego­cio o profesión determinados; de tal manera que el mismo cliente pueda incluir esas palabras, es decir, dictar de una vez por todas hasta las más complicadas palabras.

Todo aquello era sencillo. No había que hacer sino unir disposi­tivos ya que se encontraban en el mercado y armonizarlos formando un modelo susceptible de producción.

La verdadera dificultad eran los homónimos, es decir, palabras que se pronuncian de la misma manera pero que tienen distinto significado.

¿Tendría la Biblioteca Pública un diccionario de homónimos ingleses? Sí que lo tenía… de modo que comencé a contar los pares de homónimos inevitables, y a intentar calcular cuántos de entre ellos podrían resolverse por medio de la teoría de información de la estadística de contextos, y cuántos requerirían una codificación especial.

Empecé a ponerme nervioso ante los fracasos. No solamente estaba perdiendo treinta horas semanales en un trabajo completa­mente inútil, sino que era imposible efectuar un verdadero trabajo de ingeniería en una biblioteca pública. Necesitaba una sala de dibujo, un taller donde poder solucionar problemas prácticos, catá­logos de la industria, revistas profesionales, máquinas de calcular y todo lo demás.

Decidí que tendría que conseguir un empleo que, por lo menos, fuese subprofesional. No era lo bastante necio para figurarme que volvía a ser ingeniero; todavía había mucho que no había absorbi­do, varias veces había pensado en las maneras de hacer alguna cosa, utilizando algo nuevo que acababa de aprender, y me había encon­trado en la biblioteca con que alguien había ya resuelto aquel mis­mo problema mejor, y de modo más sencillo, económico y elegante que mi primer intento, y eso hacía ya diez o quince años.

Necesitaba ingresar en una oficina de ingeniería y dejar que todas aquellas cosas se me fuesen metiendo por los poros. Tenía esperanzas de conseguir un empleo como auxiliar diseñador.

Sabía que ahora utilizaban máquinas de dibujar semiautomáti­cas; había visto fotografías de ellas, si bien nunca había tenido una en las manos. Pero tenía la impresión de que sería capaz de apren­der a utilizar una en veinte minutos si se me presentaba la oportu­nidad, pues se parecían a una idea que yo había tenido una vez: una máquina que estaba en la misma relación respecto al antiguo siste­ma del tablero de dibujo que la máquina de escribir a la escritura a mano. Lo había resuelto todo en la cabeza, es decir, la manera de poner líneas o curvas sobre el tablero con sólo apretar una tecla.

No obstante, en este caso estaba tan seguro de que no me habían robado la idea, como de que sí me la habían robado en el caso de Frank Flexible, puesto que mi máquina de dibujar no había existido nunca salvo en mi cabeza. Algún otro había tenido la misma idea y la había desarrollado lógicamente de la misma manera. Cuando llega la hora del ferrocarril todo el mundo empieza a hacer ferro­carriles.

La casa Aladino, los mismos que hacían el Castor Servicial, fabricaba una de las mejores máquinas de dibujar, la Dan Dibujan­te. Eché mano a mis ahorros, me compré un traje mejor y una cartera de segunda mano, la llené de periódicos y me presenté en los salones de venta de Aladino con la intención de «comprar» una. Pedí una demostración.

Y entonces, cuando me acerqué a un modelo de Dan Dibujante, experimenté una sensación muy perturbadora. Déja’ vu, según dicen los psicólogos: «Ya he estado aquí antes». Aquel maldito trasto había sido desarrollado exactamente de la misma manera en que yo lo hubiese desarrollado si hubiese tenido tiempo para hacerlo… en lugar de haber sido forzado a tomar el Largo Sueño.

No me pregunten exactamente qué es lo que sentía. Uno conoce su propio estilo de trabajo. Un crítico de arte dirá que un cuadro es de Rubens o de Rembrandt por las pinceladas, por la manera de tratar las luces, la elección del pigmento, una docena de cosas. La ingeniería no es una ciencia, es un arte, y siempre hay la posibilidad de numerosas elecciones en la resolución de un problema de ingenie­ría. Un diseñador ingeniero «firma» su trabajo por medio de aque­llas elecciones de la misma manera que un pintor firma el suyo.

Dan Dibujante olía tanto a mi propia técnica que me sentí ver­daderamente perturbado. Comencé a preguntarme si habría realmen­te algo de cierto en la telepatía.

Tuve el cuidado de anotar el número de su primera patente. Tal como me sentía no me sorprendió ver que la fecha de la primera era 1970. Decidí enterarme de quién era el que lo había inventado. Quizás hubiese sido alguno de mis propios profesores, de quien había yo adquirido algo de mi estilo. O quizá fuese de algún inge­niero con quien yo hubiese trabajado.

A lo mejor el inventor vivía aún. De ser así, le iría a ver un día… iría a conocer al hombre cuya mente funcionaba igual que la mía.

Pero conseguí reponerme y dejé que el vendedor me explicase el funcionamiento. Apenas si hubiese tenido necesidad de molestarse; Dan Dibujante y yo habíamos sido hechos el uno para el otro. M cabo de diez minutos podía hacerlo funcionar mejor que él . Final­mente, y con pesar, dejé de hacer bonitos dibujos, pedí la lista de precios, pregunté sobre descuentos, arreglos para el servicio y de­más, y luego me fui diciéndole al vendedor que ya le llamaría, precisamente cuando estaba ya dispuesto a poner mi firma en el lugar apropiado. Fue un truco poco elegante, pero todo lo que le costó fue una hora de su trabajo.

De allí me fui a la fábrica de Muchacha de Servicio y solicité un empleo.

Sabía que Miles y Belle no estaban ya con Muchacha de Servicio, Inc. En el tiempo que me había sobrado después de mi empleo y de la imperiosa necesidad de ponerme al día en ingeniería, había estado buscando a Belle y a Miles, y en especial a Ricky. Sabía que ningu­no de los tres estaba en la lista de teléfonos del Gran Los Ángeles, ni tampoco en ningún otro lugar de los Estados Unidos, pues había pagado para que hiciesen una «investigación» en la oficina nacional de Cleveland. Había tenido que pagar por cuatro, puesto que hice que buscasen a Belle bajo «Gentry» y «Darkin».

La misma suerte tuve con el Registro de Votantes del Condado de Los Angeles.

Muchacha de Servicio, Inc., en una carta del decimoséptimo presidente encargado de cuestiones necias admitió prudentemente que hacía treinta años habían tenido personal con aquel nombre, pero que ahora no podían hacer nada por mí.

Buscar una pista que lleva treinta años enfriándose no es empre­sa para un aficionado con poco tiempo disponible y menos dinero aún. No tenía sus huellas digitales, o de lo contrario hubiese proba­do el F.B.I. Ignoraba sus números de seguridad social. Mi país nunca había sucumbido a la necesidad del estado policial, de modo que no había ninguna oficina que con seguridad tuviese una ficha de todos los ciudadanos, y aunque tal oficina hubiese existido, yo no estaba en situación de utilizarla.

Quizás alguna agencia de detectives espléndidamente subvencio­nada podía haberse dedicado a explorar los ficheros de impuestos, de periódicos, y Dios sabe qué más, y hubiese acabado por encon­trarles. Pero no disponía con qué subvencionar espléndidamente, y por otra parte carecía del talento y del tiempo para hacerlo yo mismo.

Finalmente, acabé por abandonar a Belle y a Miles, pero me prometí a mí mismo que, tan pronto como me fuese posible, encar­garía a unos profesionales que buscasen a Ricky. Ya había averigua­do que no poseía acciones de Muchacha de Servicio, y había escrito al Banco de América para averiguar si tenían o habían tenido algún depósito a su nombre. Recibí como respuesta una carta circular informándome que esas cuestiones eran confidenciales, de modo que había vuelto a escribir, diciendo que yo era Durmiente y que ella era mi único pariente en vida. Esta vez recibí una cortés carta, firmada por uno de los altos empleados de depósitos diciendo que lo lamentaba, que no era posible transmitir información sobre los beneficiarios de depósitos ni siquiera a una persona en circunstan­cias excepcionales, como era yo, pero que se creía justificado en darme la información negativa de que el Banco nunca había tenido, a través de ninguna de sus sucursales, ningún depósito a nombre de Federica Virginia Gentry.

Eso parecía dejar aclarada por lo menos una cosa: sea como fuese, aquellos pajarracos habían conseguido arrebatarle las acciones a la pequeña Ricky. Tal como había redactado mi adjudicación de las acciones, debería haber tenido que pasar por el Banco de América, pero no había pasado. ¡Pobre Ricky! Nos habían robado a los dos.

Intenté aún otra cosa más. El archivo del Superintendente de Instrucción de Mojave si que tenía información acerca de una estu­diante llamada Federica Virginia Gentry. . pero tal alumno había sido transferido en 1971, perdiéndose allí la pista.

Por lo menos era un consuelo saber que alguien admitía que Ricky había como mínimo, existido. Pero podía haber ido a parar a cualquiera de los millares de escuelas públicas de los Estados Unidos. ¿Cuánto se tardaría en escribir a cada una de ellas? Y, aun suponiendo que accedieran a ello, ¿podrían sus archivos contestar a mi pregunta?

Entre doscientos cincuenta millones de personas, una muchachita puede perderse de vista como un guijarro en el océano.

Pero el fracaso de mi búsqueda me dejó en libertad para buscar empleo en Muchacha de Servicio Inc., ahora que Miles y Belle no lo dirigían. Podía haber probado cualquiera entre un centenar de firmas de autómatas, pero Muchacha de Servicio y Aladino eran las más importantes, tan importantes en su campo como Ford y Gene­ral Motors lo habían sido en los buenos tiempos de los automóviles terrestres. Escogí Muchacha de Servicio en parte por razones senti­mentales; quería ver en qué se había convertido mi antigua propie­dad.

El lunes, 5 de marzo de 2001, fui a su oficina de personal, me puse en la cola de auxiliares intelectuales, llené una docena de formularios que no tenían nada que ver con ingeniería y uno que sí que tenía que ver… y me dijeron «no nos llame, ya le llamaremos nosotros».

Me quedé por allí y conseguí envalentonarme lo bastante para dirigirme a su subalterno, quien levantó la vista del formulario que tenía algo que ver con la ingeniería y me dijo que mi título no quería decir nada, puesto que había un intervalo de treinta años durante el cual no había utilizado mi talento.

Le hice observar que era un Durmiente.

-Eso es aún peor. En todo caso, no tomamos a nadie de más de cuarenta y cinco años.

-Pero yo no tengo cuarenta y cinco; tengo treinta.

-Usted nació en 1940; lo siento.

-¿Y qué debo hacer? ¿Pegarme un tiro?

Se encogió de hombros:

-Si yo fuese usted, solicitaría mi pensión de retiro.

Me marché apresuradamente, sin darle ningún consejo. Luego caminé un kilómetro dando vueltas frente a la entrada, y entré de nuevo. El gerente general se llamaba Curtis. Pregunté por él.

Pasé a través de las dos primeras capas diciendo sencillamente que tenía que verle. Muchacha de Servicio, Inc., no utilizaba sus propios autómatas como recepcionistas; las usaba de carne y hueso. Finalmente, llegué a un punto que estaba a unos ocho pisos de altura y, según me pareció, a unas dos puertas del jefe, y allí me encontré con una del tipo minucioso que insistió en saber qué es lo que quería.

Miré en derredor. Era una oficina más bien grande, donde había unas cuarenta personas de verdad, y además muchas máquinas. La muchacha dijo muy secamente:

-¿Bueno? Diga qué desea, y hablaré con la secretaria de citacio­nes del señor Curtis.

Entonces yo le dije en voz alta, asegurándome que todos lo oirían:

-¡Quiero saber qué piensa hacer con mi mujer!

Sesenta segundos después me encontraba en su oficina particu­lar. Y levantó la vista:

-¿Bueno? ¿Qué son esas tonterías?

Se necesitó media hora y además algunos antiguos documentos para convencerle de que yo no estaba casado, y de que era el fundador de la casa. Después de eso, las cosas mejoraron mientras tomábamos unas copas y fumábamos unos cigarros, y me presentó al jefe de ventas y al ingeniero-jefe y a otros jefes.

-Creíamos que usted había muerto -me dijo Curtis-. En rea­lidad, así lo dice la historia oficial de la Compañía.

-Se trata solamente de un rumor; debe ser algún otro D.B. Davis.

El jefe de ventas, Jack Galloway, dijo de repente:

-¿Qué hace usted ahora, señor Davis?

– No hago gran cosa. He estado, bueno… en el negocio de automóviles. Pero voy a dimitir. ¿Por qué?

-¿Por qué? ¿Es que no es obvio? – Se volvió al ingeniero jefe, el señor McBee -. ¿Ha oído, Mac? Todos ustedes, los ingenieros, son lo mismo; no son capaces de ver un aspecto comercial aunque se les ponga delante de las narices «¿Por qué?». Señor Davis, pues porque usted tiene un gran valor de propaganda, ¡por eso! Porque usted representa lo romántico. «El Fundador de la Firma Regresa de la Sepultura para Visitar al Hijo de su Cerebro. El Inventor del Primer Servidor Robot Contempla los Frutos de su Ingenio.»

Yo me apresuré a decir:

-Un momento, por favor… No soy ni un modelo anunciante ni una estrella codiciosa. Me gusta conservar mi vida privada. No vine aquí para eso. Vine en busca de un empleo… como ingeniero.

El señor McBee arqueó las cejas, pero no dijo nada.

Discutimos durante un rato. Galloway intentó convencerme de que se lo debía a la firma que había fundado. McBee dijo poco, pero era evidente que no creía que fuese a servir en su departamen­to; en un momento dado me preguntó qué sabía acerca del diseño de circuitos macizos. Tuve que admitir que lo único que sabía de ellos era a través de la lectura de algunas publicaciones no cla­sificadas.

Finalmente, Curtis propuso un acuerdo de compromiso:

-Señor Davis, es evidente que usted ocupa una posición muy especial. Puede decirse que usted fundó, no solamente esta firma, sino toda la industria. No obstante y según ha dicho el señor McBee, la industria ha adelantado desde el año en que usted entró en el Gran Sueño. Supongamos que le ponemos en nuestra plantilla con el título de «Ingeniero Investigador Emérito».

Vacilé un poco:

-¿Qué querría decir?

-Lo que usted quisiese. Pero debo decirle con franqueza que confiaríamos en que usted colaborase con el señor Galloway. No solamente fabricamos estos trastos, sino que tenemos que venderlos.

-Ah… ¿y tendría alguna oportunidad de hacer ingeniería?

-Depende de usted. Tendría usted facilidades para hacerlo, y podría hacer lo que quisiese.

-¿Facilidades para uso del taller?

Curtis miró a McBee… El ingeniero jefe respondió:

-Sin duda, sin duda… dentro de ciertos límites, naturalmente.

Galloway dijo entonces alegremente:

-De acuerdo, pues. ¿Me excusa, B.J.? No se vaya, señor Davis, vamos a hacer una foto de usted con el primer modelo de Mucha­chas de Servicio.

Así lo hizo.

Me alegré de verla: el primer modelo que yo había montado con mis propias manos y el sudor de mi frente. Quise ver si todavía funcionaba, pero McBee no me dejó ponerla en marcha. Pienso que no estaba convencido de que supiera hacerla funcionar.

Durante todo marzo y abril lo pasé muy bien en Muchacha de Servicio. Disponía de todas las herramientas profesionales que pu­diera desear, revistas técnicas, los catálogos comerciales indispensa­bles, una biblioteca práctica, un Dan Dibujante (Muchacha de Servicio no construía máquinas de dibujar, de modo que utilizaban la mejor del mercado, que era la de Aladino), y la charla con los de mi profesión… ¡Música para mis oídos!

Hice especial amistad con Chuck Freudenberg, Ingeniero Segun­do Jefe de componentes. En mi opinión, Chuck era el único inge­niero verdadero que había allí. Los demás no eran sino mecánicos demasiado educados, incluido McBee… El ingeniero jefe parecía una prueba de que se necesitaba más que un titulo y un acento escocés para hacer a un ingeniero. Cuando llegamos a conocernos mejor, Chuck admitió que ésa era tambien su opinion.

-En realidad, a Mac no le gusta nada nuevo; prefiere hacer las cosas de la misma manera que las hacía su abuelito a orillas del Clyde.

-¿Y qué hace en este empleo?

Freudenberg ignoraba los detalles, pero al parecer la firma actual había sido una compañía manufacturera que no había hecho sino contratar las patentes (mis patentes) a Muchacha de Servicio, Inc. Luego, hacia veinte años, había habido una de aquellas fusiones para ahorrar impuestos, a consecuencia de la cual Muchacha de Servicio había cambiado sus acciones por acciones de la firma ma­nufacturera, y la nueva firma adoptó el nombre de la que yo había fundado. Chuck creía que McBee había sido contratado en aquella época:

-Creo que tiene participación -dijo.

Chuck y yo acostumbrábamos a pasar largas horas por las no­ches enfrente de nuestras cervezas discutiendo ingeniería, lo que la compañía necesitaba, y esto, lo otro y lo de más allá. Al principio su interés por mí se debió a que yo había sido un Durmiente. Me había podido percatar de que había demasiados que tenían un mal­sano interés en los Durmientes (como si fueran fenómenos) y en general evitaba hacérselo saber a las gentes. Pero a Chuck le fasci­naba este salto en el tiempo, y su interés era real por saber cómo era el mundo antes de haber nacido él, según una persona que lo recor­daba como si literalmente «fuese ayer»

En compensación estaba dispuesto a criticar los nuevos disposi­tivos que siempre bullían en mi cabeza, y me rectificaba cuando yo (cosa que ocurría con frecuencia) comenzaba a esbozar algo que ya era viejo… en 2001. Bajo su amistosa tutela me estaba convirtiendo en un ingeniero moderno, poniéndome al día rápidamente.

Pero cuando una tarde de abril le esbocé mi idea del autosecre­tario, me dijo lentamente:

-Dan, ¿has estado trabajando en eso en el tiempo de la compañía?

-¿Qué? Pues, la verdad es que no. ¿Por qué?

-¿Qué dice tu contrato?

-¿Cómo? No tengo contrato. Curtis me puso en la nómina, y Galloway me hizo fotografías y me envió a un escritor para que me hiciese preguntas estúpidas; nada más.

-Hum… camarada, si yo fuese tú no seguiría con eso hasta estar seguro del terreno que piso.

-No me había preocupado desde este punto de vista.

-Déjalo una temporada. Ya sabes cómo está la compañía. Gana dinero y hemos producido algunos buenos productos. Pero los úni­cos artículos que hemos puesto en el mercado desde hace cinco años han sido adquiridos por licencias. No puedo hacer que McBee me apruebe nada; en cambio, a ti te es posible pasar por encima de McBee y llevar eso al gran jefe. De modo que no lo hagas… a menos que estés dispuesto a regalárselo a la compañía por el impor­te de tu salario.

Seguí su consejo. Continué diseñando, pero quemé todos los dibujos que me parecieron buenos; una vez los tenía en la cabeza ya no me eran necesarios. No me sentí culpable por ello; no me habían contratado como ingeniero, sino que me pagaban para que sirviese a Galloway de maniquí para su escaparate. Cuando mi valor de anuncio se hubiese agotado, me darían un mes de paga y un voto de gracias y me soltarían.

Pero para entonces ya volvería a ser un verdadero ingeniero capaz de abrir mi propia oficina. Si Chuck estaba dispuesto a arriesgarse me lo llevaría conmigo.

En vez de entregar mi historia a los diarios, Jack Galloway se decidió a hacerlo lentamente a través de las revistas; quería que Lije le dedicase un gran artículo, combinado con el que habían publica­do hacía ya un tercio de siglo sobre el primer modelo de producción de Muchacha de Servicio. Lije no mordió el anzuelo, pero sí consi­guió colocarlo durante aquella primavera en otros varios sitios, unido a anuncios de propaganda.

Tuve la intención de dejarme crecer la barba. Pero luego pensé que nadie me reconocería, y que no me hubiese importado aunque hubiese ocurrido lo contrario.

Recibí cierta cantidad de correo de chiflados, incluso una carta de un hombre que me prometía que iba a arder eternamente en el infierno por haber contravenido el plan de Dios para mi vida. La tir