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Los amigos que tienes si ya los has probado, enganchalos a tu alma con fuertes ganchos de acero.

He diluido los días felices como los granitos de azúcar de una tarde de café, resbalando el recuerdo dueños labios y su pasión por el borde de la taza, aguantando el deseo de pedirte un beso y de llorarle angustiosamente. Tu mi gatuna perfecta que sobrepones tu herida aún retenida alargándome los sinsentidos del destino feroz.