No dejes, pues,…


No dejes, pues, sin destilar tu savia,

que la mano invernal tu estío borre:

aroma un frasco y antes que se esfume

enriquece un lugar con tu belleza.

No ha de ser una usura prohibida

la que alegra a quien paga de buen grado;

y tú debes dar vida a otro tú mismo,

feliz diez veces, si son diez por uno.

Más que ahora feliz fueras diez veces,

si diez veces, diez hijos te copiaran:

¿qué podría la muerte, si al partir

en tu posteridad siguieras vivo?

No te obstines, que es mucha tu hermosura

para darla a la muerte y los gusanos.

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