Mi sueca


Ella tiene las manos muy blancas, grandes y suaves, la frente llana de arrugas y vestida de muro blanco nacarado y los ojos guias con luces de oriente contínuo, láseres fugaces. Al notar la algarabía en sus senos, dulzor de mosto de uvas en el repecho al sol sureño, pasas de mi alegría. Trae hoy la voz suave y el espíritu amable, me oye tanto que parece meterseme dentro, traduciendo mis pensamientos. Hablándome despacio en su lengua. Que acaricia los silencios enmarcados para el repaso de la lección de ayer.

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