quiero


Quiero He mirado al horizonte, he observado la línea que separa el mar del cielo, allá al final de lo imaginable, y desde la otra orilla, espejo inverso sin cielo que se cierne en tierra, remando quemando los huesos en la mar que los ignoró cual leona hambrienta de disgustos y penas de soledades. Allí entretenido por el vaivén de las suaves olas que mecían todo mi cuerpo, cual baile sinfín, uniéndome a su rítmico balanceo cuna de madre imaginada retazo calostro de mi existencia pureza gratuita y un indicio de libertad y de goce y de disfrute en un solo gesto una clara mirada y su sonrisa puesta en mi alma, marcando los precipicios de los peligros avisándome y avispando mis primeros sentidos. Te adoro. Adoro tu sonrisa bella y mi incalculable amor sale de ti. Respeto y sumisión al amor tan principal. Riesgos del nacer, del vivir las bellas plazas rodeadas de planetas, cabezas de personas inimaginables universos recodos de callejuelas en esquinas con la gran piedra junto a la esquina blanca de granito, quien sabe de que ruina antigua salió. Pero adorna el contorno de la entrada el ruido y el fuerte olor , nauseabundo del humano testarudo y falso pero sobre todo mono asqueroso. Llevo a cabo las principales tareas para poder creer que mi capacidad de trabajo no ha disminuido. Sin embargo, las dudas se pegan a las muelas y mi explicar es chirriante, casi insulso y tan claramente definido que previamente el lector asume las imperfecciones de este cobarde. La tarde se esperaba tranquila pero adjetiva de dolores de muelas ennegrecidas y lastimosamente horadadas por la insurgente plaga de bacterias que malamente trasnochadas se retiraban tras hacer efecto la última dosis de medicamento químicamente testado. La plaza vacia, los asientos de obra ahora menos blanquecinas gastados por el diario masaje-