recogiendo los hilillos


   No he vuelto a intentar recoger los hilillos desde hace bastante tiempo, tanto como para olvidarme de como hacia para recogerlos sin mancharme las manos, y sin que la tierra se me metiera dentro del espacio que hay entre las uñas de los dedos. Aun así resbalandome el barro entre las manos manchadas, ya no pueden mancharse mas, sigo  buscando entre las teclas las adecuadas y rítmicas palabritas de este mes de septiembre, en sus postrimerías las uñas se van gastando rellenas de tierra de rebuscar los hilillos. Hilillos de historias que aun no contadas pero si pensadas. Pausas entre las artes, silencios que abonan como el estiercol. Campo de margaritas para que agoten la savia a las cañadas hirvientes de verdes matorrales.

I n t e n t o s


Cuando bailo, las rumbas gitanas no siempre bien cantadas me refrescan las alegrías y las penas se van deslizando hacia los pies y zapateo y zapateo hasta que las trituro contra el suelo brillante.

Las luces se sientan sobre la pista y juegan a darse culazos cada vez más rápido y su baile me refrescan las alegrías y las penas se van marchando evaporadas por la niebla que recubre todo el ambiente oscurecido a propósito como las ideas antes de salir del coche, compensando las próximas idas y venidas sin propósito aparente ni oportuno cubriendo de una manteca ejemplar dotada de libertad según se apriete uno mismo las ganas de marcha y de pasarlo bien con libertinaje cooperante de jaurías de jóvenes tan alterados por esencias prohibidas.

Escaleras medievales recorren los recorridos nocturnos húmedos de nocturna alevosía rellena de queso y de nuevos visitantes que retoman la idea de nueva cultura agregados sin ningún talento esencial, pero suficientes y sobresalientes por la novedad y la fuerza de la originalidad. Poniendo revistas de juicios diarios a lo dejado, olvidado, tras la frontera de la distancia, y de la huida de la realidad. Siempre huimos, siempre nos dejamos las cosas olvidadas a propósito. En este camino de la vida las cosas que vamos dejando, como los años, los meses los dias, el tiempo, bueno, malo a veces solo eso el tiempo. No recuerdo ya las veces que ese sentimiento se me ha alojado en lo alto de la azotea, pegando gritos en el mes de agosto, de algun año de mi infancia que me niego a calcular. Ese mismo se ha paseado por esta pecera, cual palometa que pica una y otra vez en el mismo anzuelo relatando la historia y multitud de refranes y de sabiduría popular llamada costumbre.